-¿Un ángel?-repitió Serah, con los
ojos abiertos como platos, y las manos cubriendo su boca.
Lightning asintió con brusquedad.
-Pero no un ángel cualquiera. ¡El
ángel de Bhunivelze!-rabiosa, la joven señaló con la espada al joven que yacía
inconsciente en su cama-¿Te das cuenta de la clase de criatura que hemos estado
alojando en nuestra casa?
-Lightning… -Serah miró insegura al
joven, con una mezcla de temor y asombro-¿Estás… estás segura de que lo es?
-Todo encaja, Serah. Todas y cada una
de las malditas piezas-Lightning aferraba con fuerza la empuñadura de su
espada, apretando los dientes, e hizo ademán de alzarla contra él-. Si lo
hubiera sabido… ¡lo habría dejado desangrándose en la calle sin dudarlo!
-¡Lightning!-la voz de su hermana se
tornó severa, y se interpuso entre ella y el joven. Lightning la miró con un
brillo peligroso en los ojos-¡Déjalo en paz!
-¿Ahora quieres protegerlo? ¡Sabes tan
bien como yo lo peligroso que es y el daño que nos ha causado a todos!
Serah frunció el ceño, pero miró al joven
brevemente. Parecía dubitativa.
-Lo sé, más que nadie. Pero,
Lightning… no puedes matarlo.
-¿Ah, no?-Lightning torció el
gesto-¿Por qué?
Su hermana alzó la mirada. Sus ojos
azules brillaban con seriedad.
-Míralo. Está medio muerto, y desde
que está aquí no nos ha hecho nada. Me niego a quitarle la vida a una criatura
tan gravemente herida.
-No nos ha hecho nada porque está
inconsciente-replicó Lightning-. No es más que un siervo de Bhunivelze, Serah.
Va en contra de nuestros propios principios albergar a un ser como él en
nuestra casa.
-Me da igual-Serah sacudió la cabeza-.
Tú haz lo que quieras, Lightning, pero hasta que no haya oído su versión, no
pienso alzar mi arma contra él. Arrebatar vidas inocentes sin darles
oportunidad de defenderse me pondría a la altura de la Orden. Y a ti también.
Las palabras de su hermana hicieron
que Lightning vacilara. Había estado más que dispuesta a clavarle la espada en
el corazón al joven, y de hecho aquélla había sido su intención al llegar a
casa. Pero Serah tenía razón. Actuando de aquella forma se estaría rebajando al
nivel de la Orden, y antes que eso prefería tener al ángel del Altísimo en su
casa… al menos, de momento.
-… De acuerdo-Lightning envainó su
espada lentamente, aún fulminando con la mirada al joven-. No lo mataré, por
ahora.
Serah asintió, y esbozó una media
sonrisa. Lightning sabía que se sentía orgullosa. Ella era una guerrera y por
instinto estaba acostumbrada a eliminar todo aquello que amenazara a su
hermana. Pero Serah insistía en que también tenía que aprender a escuchar, y no
alzar una muralla en torno a su corazón por protegerla a ella.
-No te voy a pedir que lo
cuides-murmuró Serah-. Puedo hacerlo yo. Ya sé que tú no quieres hacerlo.
Lightning frunció el ceño. No, no
quería hacerlo, obviamente. ¿Ella, cuidar del ángel del Altísimo? La simple
idea le repugnaba. Pero si no lo hacía, Serah se quedaría en casa, y no podría
ir a trabajar. Y el trabajo de Serah era una de las cosas que le permitirían
seguir adelante… con vida.
-No, yo lo haré. Tú has de seguir con
tu vida-replicó la joven negando con la cabeza-. No puedes echar a perder ahora
todo lo que hemos avanzado.
Ella bajó la mirada con cierta
tristeza, y se frotó distraídamente el antebrazo izquierdo. No dijo nada, pero
Lightning sabía que se sentía culpable por causarle aquella molestia.
-Ni se te ocurra mencionarlo-le
advirtió, forzando una media sonrisa-. Nada es más importante que tu
recuperación, Serah. Si he de tragarme cuidar de este maldito ángel, lo haré.
Pero sólo por ti.
Serah le devolvió la sonrisa, aunque
algo apenada.
-Gracias, Lightning… Pero sabes,
también está bien hacer las cosas por todos los demás.
* * *
“No me puedo creer que esté haciendo esto”, pensaba Lightning más tarde, mientras le
cambiaba los vendajes al joven. Echó los viejos, húmedos y ensangrentados, a la
basura, y antes de lanzar un hechizo Cura sobre sus heridas las limpió con un
paño empapado con pociones desinfectantes.
Aprovechó la ocasión para examinar con
más detenimiento aquellas horribles heridas. No sabía mucho de ángeles, y aún
no tenía del todo claro que aquel joven lo fuera. En los cuentos populares a
veces se denominaba a los propios fal’Cie ángeles, aunque fueran
divinidades menores. Y los fal’Cie parecían de todo menos humanos.
Aunque lo cierto era que algunos
fal’Cie mayores podían adoptar apariencias humanas. Y según
se contaba, la propia diosa fal’Cie, Etro, hija de Bhunivelze, tenía alas de
plumas.
Lightning se preguntaba si habría
alguna diferencia entre un fal’Cie en forma de ángel y un ángel de verdad. Las
formas de los fal’Cie no eran más que ilusiones, después de todo. No tenían
alas pese a lo que pudiera parecer.
Pero cada vez estaba más segura de que
aquellas dos heridas eran lo que quedaba de dos alas brutalmente arrancadas.
A su pesar, la joven no podía evitar
sentir escalofríos de sólo pensarlo. Por mucha animadversión que sintiera hacia
el ángel del Altísimo, le costaba imaginar quién sería lo suficientemente cruel
como para hacer tal cosa. Una cosa era matarlo rápidamente, sin sufrimiento,
una estocada en el corazón; arrancarle las alas y dejarlo abandonado a su
suerte para que se desangrara era otra muy diferente.
Sin alas, desde luego no parecía un
ángel. Más bien se le antojaba un humano flaco y mortalmente pálido. Lightning
se preguntó si realmente sería un ángel, pese a que todo apuntaba en tal
dirección. Porque no era ni la mitad de impresionante de lo que la Orden
pintaba al gran mensajero de Bhunivelze.
Suspiró, frustrada. Lo cierto es que
no podía estar segura de nada hasta que el joven recuperase la consciencia y
pudiera contestar a sus preguntas. Si resultaba que era el ángel, no sabía qué
hacer. Intuía que Serah no le permitiría matarlo, al menos mientras se
estuviera recuperando.
Pero si se había quedado sin alas,
¿qué pasaría con él? ¿Podría volver a… los cielos, o dondequiera que viviese?
¿Le devolvería el Altísimo sus alas?
“Ahora que lo pienso, si se supone que es su
sirviente…”, la joven
frunció el ceño, cogiendo los vendajes limpios. “¿Bhunivelze no tendría que haber intervenido? Si le ordenó descender a
nuestro plano, y algo salió mal o alguien lo atacó, ¿no tendría que haber
sanado a su siervo?”
La idea era… extraña. Lightning
sacudió la cabeza, tratando de apartar aquellos pensamientos de su mente. No
quería compadecerse de él, pero no podía dejar de sentir algo de lástima.
Vendó con cuidado el torso del joven,
procurando no agravar las heridas, que seguían sangrando pese a los tres días
que habían pasado, aunque por suerte mucho menos abundantemente. Como guerrera,
Lightning sabía que una herida de aquel tipo, que sin duda había dañado
seriamente el tejido muscular, tardaba mucho tiempo en curarse por completo.
Fue entonces cuando lo sintió moverse.
Fue apenas un instante, pero Lightning detuvo sus manos, alerta. Estaba segura
de que no se lo había imaginado.
Escrutó su pálido rostro, en busca de
alguna señal que le indicara que en efecto, estaba empezando a reaccionar. Era
un poco difícil de hacer en aquella suave penumbra, pero en ese momento detectó
que sus párpados temblaban ligeramente.
-Ngh… -aquel sonido escapó, apenas
audible, de sus labios. Lightning aguardó, en tensión, sin saber muy bien qué
hacer. Y en un susurro tan débil como un suspiro, el joven logró musitar:-…
Quién… eres…
Sorprendida, Lightning alzó la vista y
descubrió que sus párpados se habían separado, apenas una rendija, que al
momento siguiente se había vuelto a cerrar.
-¡Eh…!-la joven alcanzó a decir, tal
vez intentando despertarlo. Pero él ya había vuelto a perder el conocimiento,
no sin antes susurrar en su delirio, su voz teñida de miedo y confusión:
-… Mis alas… no puedo…
Aquellas palabras hicieron que
Lightning se quedara sin aliento. No se había equivocado. Aquel joven era de
verdad el ángel del Altísimo.
Lo miró fijamente. Por un lado lo
odiaba intensamente, pero por otro… realmente estaba indefenso, y no se sentía
capaz de levantar su espada contra él después de haber oído su voz tan débil y
confusa.
“¿Será consciente de que se ha quedado sin
alas?”, se preguntó. Y también se preguntó
qué supondría para un ángel haber perdido sus alas. Era como un ave con las
alas rotas. Había perdido todo lo que era y no tenía lugar en el mundo.
Lightning no quería compadecerlo. Pero
había leído el miedo en su mirada, en aquel fugaz instante.
La joven resopló y se obligó a sí
misma a terminar de vendarle el torso sin pensar en nada más. Ya había
conseguido que perdiera las ganas de matarlo. Pero había aumentado las de
querer perderlo de vista.
“Condenado ángel caído”, pensó irritada, conteniendo las ganas de
pegarle un puñetazo antes de tumbarse en el pequeño sofá de su cuarto. “Más te vale despertar pronto y largarte
antes de que me hagas perder más cosas todavía.”
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