martes, 6 de octubre de 2015

XXIII. Auspicio

-Empiezo a dudar de que esto sea una buena idea-suspiró Lightning extrayendo su espada eléctrica del cuerpo de un gigamusino-. Deberíamos estar de camino a Poltae, sabéis.

Fang chasqueó la lengua. Había oído la misma protesta varias veces toda la mañana.

-¿Te tengo que recordar por enésima vez que fuiste tú quien insistió ayer en hacer esta excursión?

-Ya, lo sé. Pero… igual no lo pensé tanto como debía. Los secutores nos siguen la pista, y no quisiera llamar la atención otra vez como pasó en Yusnaan.

La dragontina sacudió la cabeza y señaló enérgicamente con la lanza la enorme roca con forma de mano que se alzaba sobre ellos:

-Pues haberlo pensado un poco antes, encanto. Ahora ya hemos llegado donde queríais, y como comprenderás, después del paseo por el desierto bajo el sol cuando podría estar tan feliz como tu hermana en mi cuarto, no tengo intención de volver sin hacer lo que me has suplicado que haga.

-Yo no te he suplicado nada.-protestó Lightning, picada.

-¿Ah, no? “¡Fang, por favor, por favor, llévanos a las ruinas, tengo que enseñarle a Hope la profecía de mi hermana y es la única manera de que pueda verla!”-imitó Fang con voz de niña pequeña, sonriendo con sarcasmo.

-¡Eso no es verdad!-Lightning se volvió hacia Hope, que las miraba con las manos en los bolsillos de su holgado pantalón como quien contempla un partido-Hope, ¿a que no le he suplicado?

-Le has suplicado.-dijo el ángel con una chispa de diversión en los ojos.

-… Vale, la próxima vez me ahorraré la pregunta.

Fang se echó a reír con ganas ante el leve rubor de Lightning, que enfundó su espada de mala gana. No podía rebatir que había sido su idea y que ella le había pedido a Fang que les llevara a ella y a Hope a las ruinas que se extendían bajo las Dunas de la Purgación, pero de ahí a suplicar… “Ni siquiera era necesario venir aquí”, pensó la joven, frunciendo el ceño. “No podría olvidar la profecía aunque quisiera. La única razón por la que hemos venido es porque Hope tenía curiosidad…”

* * *

La idea había surgido el día siguiente al festival de la Almenara, durante el cual todavía había mucha actividad en Razia y por tanto Fang no había podido hacer ningún hueco en su agenda para llevarles hasta la estación de monorraíl. Lightning, Serah y Hope habían pasado el día en la casa de Fang, durmiendo hasta bien entrado el mediodía sobre las gruesas alfombras y los cojines del suelo, agotados por el viaje hasta la capital y la noche de fiesta.

-Ah, veo que ya me habéis vaciado la despensa-dijo Fang, socarrona, cuando por la tarde regresó a su casa y se encontró a Lightning y Serah tratando de enseñarle a Hope a jugar a los dados rúnicos, un juego tradicional de las Dunas, y varios restos de comida sobre la mesa de granito rojo-. ¿Así que a esto dedican el tiempo mis guerreras? ¿A incitar al ángel al vicio y al juego? Qué vergüenza.

-Vamos, Fang-se rió Serah-. ¡Ni que fuera para tanto!

Ella agitó la mano, acentuando su sonrisa burlona cuando Lightning trató de esconder los dados y Hope levantó un cojín para que los metiera debajo cuando creyeron que la dragontina no los miraba.

-Estaba de broma, chica. También tenéis derecho a pasároslo bien, ¿verdad? No en vano se nos ha concedido el don de la eterna juventud-Fang dejó su lanza apoyada en el quicio de la puerta y se sentó junto a ellos-. Ahora hablando en serio, siento haber estado ocupada todo el día. Sé que podría haberos llevado hasta la estación, pero honrar nuestras tradiciones implica ciertas responsabilidades.

-No te preocupes. Teníamos prisa ayer, pero ahora ya no me importa tanto-repuso Lightning restándole importancia con un gesto; Serah esbozó una sonrisilla que trató de disimular cubriéndose la boca con la mano-. En teoría aquí en Razia no nos van a encontrar, ¿no es así?

-Podrían venir a buscaros, pero no tienen potestad para registrar la ciudad casa por casa-Fang se encogió de hombros-. La única forma que tendrían de descubriros es si salierais fuera, así que habéis hecho bien quedándoos hoy aquí.

Durante un largo rato, los cuatro estuvieron hablando sobre su próximo objetivo y cómo enfrentarse a los peligros de las Marcas Salvajes. En lugar de limitarse a escuchar como si no le interesara demasiado la conversación, como había sucedido hasta el momento, Hope se mostró mucho más atento de lo habitual en él, haciendo preguntas de vez en cuando en un intento de, tal y como comprendió Lightning tras darle vueltas al cambio, entender mejor de qué hablaban las tres lu’Cie y aprender más sobre su mundo. No había otra explicación para que el ángel les preguntara detalles sueltos sobre las Marcas Salvajes.

-Vaya, Hope, ¿desde cuándo tienes tanto interés en nuestras conversaciones?-sonrió Serah mientras cenaban en torno a la mesa; la charla había continuado y Hope acababa de expresar su curiosidad acerca de los Auspiciadores de los lu’Cie Oráculos-Habitualmente no hablas tanto. De hecho, parece que ni siquiera estés cuando hablamos los demás.

El ángel se encogió levemente de hombros, sin terminar de entender por qué lo miraban con tanta sorpresa.

-Me parece un tema interesante. No sé… Tal vez los últimos acontecimientos me hayan vuelto más curioso.

Lightning no pudo evitar desviar la mirada. Conocía lo suficiente a Hope como para saber que se refería a su encuentro con Pandemónium y las nuevas revelaciones acerca de los ángeles, pero aun así no pudo evitar recordar la noche anterior… No es que hubiera cambiado nada entre ellos, porque el ángel la trataba igual que siempre. Sin embargo, la joven no podía quitarse de la cabeza aquella mirada. Había sido como asomarse al corazón de la mismísima luz, un atisbo de la verdadera fuerza de una criatura como él.

-Light me ha contado que tú hiciste la profecía sobre ella y el rey Mikhail-sus pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de Hope dirigiéndose a su hermana-. Pero destruisteis tu Auspiciador…

-¿Eso le has contado, Lightning? Bueno, sí, así fue-Serah parecía entristecida-. Hace ya cinco años que me secuestró la Orden, pero aún echo en falta mi Auspiciador. Tenía muchas visiones guardadas en él… Algunas eran tonterías, como aquella en la que a Snow se le escurría una sartén mientras fregaba y le daba a mi hermana en la cara…

-Te he dicho cientos de veces que no le cuentes eso a nadie.-masculló Lightning tratando de disimular su rubor, a lo que Fang soltó una carcajada.

-… Pero había otras que eran mucho más importantes-prosiguió Serah ignorando la protesta de su hermana mayor-. Y por supuesto, después de destruir mi Auspiciador he tenido otras visiones que no he podido almacenar. Si te digo la verdad, sería un momento estupendo para poder repasar la profecía sobre el rey Mikhail, porque fue mi primera visión y hace ya más de dos siglos de eso, no me sorprendería que después de tanto tiempo nos hayamos olvidado de algún detalle.

Hope alzó brevemente las cejas cuando Serah mencionó los dos siglos. Pese a que el ángel ya sabía más o menos la edad real de las hermanas Farron, debía de encontrarlo extraño, considerando el aspecto juvenil de ambas. “Tampoco es que él se conserve muy mal”, pensó Lightning con cierta socarronería, “teniendo en cuenta que tiene cerca de 3000 años.”

-Ojalá pudiera ver esa profecía-comentó Hope entonces, contemplando pensativo su bol de pescado cocido con arroz y verduras tantal-. Me habéis hablado mucho de ella. Y siempre decís que yo tengo mucho que ver con lo que augura…

-La profecía no habla de ti en realidad-explicó Lightning-, pero es evidente que sin un ángel como tú que nos guíe no podríamos cumplir lo que dice. Pero estoy de acuerdo contigo, estaría bien poder volver a ver el registro, en caso de que nos hayamos olvidado de algo después de estos cinco años…

Entonces Fang levantó la vista de su plato como si la hubiera alcanzado un rayo, una sonrisa burlona cruzando su rostro moreno:

-¿Quién ha dicho que no podáis verla otra vez? Desde luego, la suerte está de vuestra parte, porque estáis en el lugar correcto.

-¿De qué estás hablando?-inquirió Lightning, desconcertada, a lo que Fang puso los ojos en blanco.

-Ah, venga ya. ¡No me digas que te voy a tener que refrescar la memoria también con esto! Chica, parece que los años te pasan factura-ante el gruñido de Lightning, la dragontina se echó a reír-. Estáis en las Dunas de la Purgación, y ya sabéis que justo por debajo de nosotros se extienden unas ruinas que datan casi de la creación de los lu’Cie. ¿Y recordáis qué es lo que escondieron aquí dentro durante la guerra?

En ese instante, a Serah se le escapó un grito ahogado de sorpresa:

-¡El Auspiciador Máximo!

Lightning también abrió los ojos al máximo al oír a su hermana pronunciar aquellas palabras. Claro, ¿cómo había podido olvidarlo? Era verdad que no era fácil acceder hasta el lugar donde reposaba, pero no estaba tan protegido como otras reliquias en el mundo. De hecho, ella misma lo había consultado en una ocasión. “Fang tiene razón… Quizás los años sí me estén empezando a pasar factura”, pensó la joven llevándose la mano a la cabeza, irritada consigo misma. “Mira que no acordarme del mismísimo Auspiciador Máximo…”

-¿Qué es el Auspiciador Máximo?-quiso saber Hope, que para no variar era el único que no sabía de qué iba el tema.

-Ya te hemos hablado de los Auspiciadores, ¿verdad? Artefactos que sirven para almacenar las profecías del Oráculo que lo posee. Pues ahora imagínate un Auspiciador que guarde todas las profecías que se han realizado a lo largo de la historia-le explicó Serah con una sonrisa-. Eso es el Auspiciador Máximo. Cada vez que un Oráculo se asoma al futuro, su visión queda grabada en ese artefacto, porque se le hizo un hechizo para que estuviera conectado a todos los lu’Cie capaces de escudriñar la diacronía.

Hope parpadeó asombrado. Entendía lo suficiente de magia como para darse cuenta de que el lu’Cie que hubiera hechizado el Auspiciador Máximo de aquella forma tenía que haber sido excepcionalmente poderoso.

-También es cierto que esa conexión constante debilita a los Oráculos-intervino Fang-, pero con mis respetos a Serah, es un trato justo en comparación a lo que el Auspiciador Máximo nos ofrece: un registro imperecedero de todas las profecías que se han realizado a lo largo de la historia. Y dado que fue protegido con un sello de magia lu’Cie, cualquiera de nosotros podría adentrarse en las ruinas y consultarlo… si sabe llegar hasta él, claro.

-¡Fang, tú me guiaste la última vez!-saltó Lightning, con ojos suplicantes-Por favor, ¡llévanos hasta el Auspiciador Máximo! ¡Es la oportunidad perfecta para volver a ver la profecía del rey Mikhail!

La dragontina enarcó una ceja, en apariencia divertida por la apremiante petición de su amiga.

-Vaya, encanto, ¿no eras tú la que tenía tanta prisa por salir de las Dunas en dirección a las Marcas Salvajes?

Lightning vaciló. Sí, era cierto que quería marchar hacia Poltae cuanto antes, pero… no todos los días tenía el Auspiciador Máximo tan cerca. Al destruir el Auspiciador de Serah se habían quedado sin el registro de la profecía, y quería asegurarse, ahora que por fin había conseguido al ángel que necesitaba, de que estaba caminando en la dirección correcta.

Miró de reojo a Hope, que las miraba a ella y a Fang con interés. “Tiene derecho a ver por sí mismo cuál es su papel en toda esta historia”, pensó la joven. “Yo lo metí en esto… Lo mínimo que puedo hacer es darle la oportunidad de saber.”

-Ya lo sé, Fang. Pero podría ser interesante que Hope viera esa profecía. Es un ángel, quizá descubra algo que a nosotras se nos pueda haber escapado, ¿no crees? Por favor, a ti no te cuesta nada acompañarnos, te conoces el desierto como la palma de la mano.

Él frunció el ceño, cogido por sorpresa, pero Lightning le dio un leve codazo y le guiñó un ojo rápidamente para darle a entender que no dijera nada; sabía que iba a replicar que no estaba seguro de poder hacer tal cosa, y no le convenía si quería que Fang accediera.

Finalmente, la dragontina suspiró, fingiendo resignación:

-Está bien, está bien. No puedo negarme a tan vehemente súplica. ¡Pero os quiero mañana preparados para partir antes de que salga el sol! Como comprenderás, sería muy irresponsable que terminarais tostados sobre la arena de las Dunas.

-Gracias, Fang… Pero que conste que yo no te he suplicado nada.

-Sí lo has hecho, encanto, y tú lo sabes, yo lo sé, y todos los aquí presentes lo saben.

* * *

Así pues, allí estaban Lightning, Hope y Fang, pues Serah se había quedado en Razia después de que su hermana mayor insistiera en que era mejor que descansara tras tantos esfuerzos que podrían desembocar en que su Marca revirtiera el proceso de descristalización si las cosas se ponían feas y tenía que recurrir a la magia. Serah había protestado, como era lógico, pero aquella vez no insistió tanto como en Yusnaan, ya que Fang acompañaría a Lightning y a Hope. Habían pasado toda la mañana cruzando el desierto hacia la Mano del Gigante, una formación rocosa que marcaba la entrada de las ruinas, luchando contra los monstruos que les salían al paso. La magia de apoyo de Hope resultó esencial, de lo contrario Lightning y Fang se habrían agotado más de lo conveniente si hubieran tenido que enfrentarse solas a las bestias bajo el sol abrasador; el ángel había descubierto que el hechizo AntiFuego funcionaba bastante bien a la hora de protegerse del calor.

-Muy bien, ángel, Lightning ya sabe esto, pero tú no-le dijo Fang a Hope mientras se adentraban en las ruinas, agradeciendo estar a cubierto después de horas soportando semejante calor-. Las ruinas no son un lugar seguro, para nada. Están llenas de trampas diseñadas para proteger el Auspiciador Máximo, y con los milenios no pocos monstruos han hecho de ellas su hogar, así que si no quieres acabar como el almuerzo de uno o varios, no te separes de nosotras, ¿entendido?

-Llevaré cuidado-repuso el ángel mirando con aprensión la reja que cerraba el camino, la cual Fang abrió trazando un símbolo mágico sobre ella-. ¿Aquí también hay brotes de Caos Cósmico, como en el pasaje al Palacio de Yusnaan?

-No, como es un lugar muy antiguo y probablemente protegido por hechizos antiguos, aquí no puede adentrarse el Caos Cósmico-dijo Lightning, que desenfundó su espada eléctrica y echó un vistazo a su alrededor, alerta-. Pero no te confíes, Hope. Cualquier cosa podría saltarnos encima en cualquier momento, incluso los muertos.

El ángel la miró como si le estuviera tomando el pelo.

-Los muertos son los únicos de los que podemos fiarnos. Ellos nunca nos atacarían. No pueden.

-Ya, bueno, pues los de aquí sí pueden-replicó Fang, socarrona-. Por si acaso, no te acerques mucho a las estatuas como ésa que tienes a tu derecha.

Con un sobresalto, Hope se apresuró a apartarse de una estatua de un esqueleto con armadura y los brazos cruzados sobre el pecho. Tras comprobar que no se movía, pareció tranquilizarse, pero no dejó de mirarla con desconfianza tanto a la estatua como a Fang, que se había echado a reír.

-Éste no parece que vaya a moverse-observó Lightning, y le dio un golpecito con el dedo al esqueleto-, pero hay otros que al mínimo roce nos atacarán. Tenemos que ir con mucho cuidado, y ya sabes… no te fíes de las estatuas.

Hope asintió en silencio. “Este lugar es el mundo al revés”, pensaba el ángel a medida que seguía a Lightning y a Fang por los pasillos cubiertos de arena. Todo su cuerpo estaba en tensión, y no sólo por el peligro del cual le habían advertido ambas mujeres, sino porque percibía en el ambiente una distorsión en la misma realidad. “Tal vez sea por los hechizos que los Eternos lanzaron sobre estas ruinas… pero que los muertos anden va contra todas las leyes de la naturaleza.”

Durante largo rato, los tres se adentraron en las profundidades de las ruinas, iluminadas por antorchas que según le contaron Lightning y Fang a Hope, ardían con fuego mágico que jamás se apagaba. Todo era producto de la magia de los lu’Cie, que habían diseñado aquel lugar a fin de proteger de las manos indignas el Auspiciador Máximo.

-Se respira magia en el aire-comentó Hope una vez llegaron a lo que parecía un vestíbulo cubierto de arena; un artefacto que parecía un enorme cubo grabado relucía en el centro de la estancia, y las puertas emitían un extraño resplandor-. Tengo la impresión de que el hecho de que los muertos puedan moverse aquí podría estar relacionado con esa magia. Quizá haya alterado el orden de las cosas con el paso del tiempo.

-Podría ser, pero no le des tantas vueltas-Lightning extendió una mano hacia el artefacto, que se iluminó, y el sello de las puertas se desvaneció-. Las ruinas están pensadas para guardar el Auspiciador Máximo y las profecías que tiene dentro, así que, cuantos más obstáculos, mejor, ¿no te parece?

Hope hizo un gesto de desagrado:

-¿A costa de los muertos? Eso no está bien. Quien se adentra en la oscuridad ya no debe volver a pisar el mundo de la luz. No, si no ha sido purificado.

-Ésa era la tarea de la diosa Etro-intervino Fang haciéndoles un gesto para que la siguieran a través de una de las puertas-, pero desde que fue destruida, las cosas no han ido tan bien para el ciclo de la reencarnación de las almas. Lo que no entiendo es cómo no se fue al garete todo, porque con Etro en su estado debería haberse venido abajo.

-Supongo que, como los dioses no pueden ser completamente destruidos, lo que quede del poder de Etro mantiene el ciclo. Pero, claro, no es lo mismo, y eso podría ser la causa de que las almas de quienes no han podido reencarnarse habiten sus esqueletos, o los de otros, aquí.-comentó Lightning, pensativa, apartando con su espada una calavera semienterrada en la arena.

Justo en ese instante, la arena se agitó, y el cráneo que Lightning había apartado se alzó, revelando un esqueleto entero que empuñaba dos enormes espadas. La joven saltó hacia atrás inmediatamente, esquivando el tajo que el esqueleto había lanzado contra ella.

-Maldita sea, ¡ya no te puedes fiar ni de lo que hay tirado por el suelo!-gruñó Fang, alzando su lanza-¡Eh, tú! ¡Ven a por mí, saco de huesos!

El esqueleto se volvió hacia la dragontina, claramente irritado, y respondió a su provocación abalanzándose contra ella con sus espadas por delante. Fang bloqueó el ataque con su lanza; un aura azulada la envolvía, como si todo su cuerpo se hubiera blindado, y relucía tenuemente. Una de las ramas de hechizos en las que Fang se había especializado era la de protección, y Lightning reconoció aquella técnica, Guardia Vital. Mientras su amiga distraía al enemigo, le brindaba la oportunidad de atacarlo por sorpresa.

Se lanzó contra el esqueleto con un grito de guerra, golpeando con su espada eléctrica sobre sus huesos endurecidos y resecos. El esqueleto se tambaleó, pero no había salido tan malparado como Lightning había creído: se giró hacia ella, mirándola con las cuencas vacías, y abrió la boca en un obvio gesto de enojo, alzando las espadas. La joven recordó que aquellos esqueletos poseían una afinidad especial con el elemento Tierra, por lo que los ataques de una espada como la suya veían seriamente mermada su efectividad. “Me había olvidado”, maldijo, “después del tiempo que hace que no he venido por aquí.”

-¡Light!-oyó de pronto a Hope tras ella, y un resplandor blanquecino envolvió su espada, rodeándola de pequeños remolinos de viento. Se trataba de Don de Aire, un hechizo que imbuía las armas con el elemento invocado para asestar golpes físicos elementales. Y el elemento Aire infligía más daño a aquellas criaturas que poseyeran afinidad con la Tierra… como era el caso de aquel esqueleto.

Con una sonrisa feroz, Fang golpeó al esqueleto por la espalda con su lanza para que desviara su atención de Lightning; éste se volvió rabioso y trató de alcanzar a la dragontina lanzando tajos con sus espadas, los cuales ella bloqueó rápidamente. Lightning no perdió el tiempo y atacó al esqueleto con su espada, ahora potenciada con el poder del aire. El aullido del viento resonó por el pasillo con cada golpe, que impactó con gran potencia sobre el esqueleto, cogido por sorpresa. Segundos después, un montón de huesos quebrados cayó sobre la arena, inertes.

-Gracias, Hope.-le dijo Lightning al ángel, que se limitó a ladear la cabeza en su gesto habitual de “no hay de qué”.

-Bien hecho-dijo Fang apartando de una patada los huesos y haciéndoles una seña para que continuaran-. No son muy fuertes, pero sí son pesados. Y como nuestra querida Redentora le tiene demasiado cariño a Lumen, siempre sufre más de la cuenta cuando viene por aquí si se le olvida que puede usar la magia a placer como buena lu’Cie que es.

Lightning arrugó el entrecejo, picada, a lo que Hope la miró sin comprender:

-¿Lumen? ¿Qué es Lumen?

-Ah, ¿no se lo has contado a tu ángel, encanto? Lumen es como llama a su espada-le explicó Fang a Hope, y él estudió con renovada curiosidad la hoja eléctrica de Lightning-. Como ves, no es un arma al uso, y por eso le puso un nombre. Enternecedor, si me preguntas a mí. Pero tú tranquilo, por mucho que signifique esa espada para ella, no es ningún competidor para ti.

-Fang.-gruñó Lightning a modo de advertencia. La dragontina se echó a reír, y Hope las siguió por el pasillo sin terminar de verle la gracia al chiste. A juzgar por lo que percibía de Lightning, no era la primera vez que alguien hacía un comentario relacionado, pero él no entendía por qué irritaba tanto a la joven. “¿Quién querría competir conmigo y para qué? Light no es ningún trofeo… Igual se molesta porque cuando se lo dicen se siente como tal.”

Siguieron avanzando un rato más. Durante el camino les salieron al paso otros esqueletos, pero gracias al Don de Aire que Hope había lanzado sobre Lumen, Lightning pudo derrotarlos con facilidad con la ayuda de Fang. La dragontina parecía intrigada por la razón por la cual el ángel no luchaba y se limitaba a defenderlas de los ataques; cuando Hope se lo explicó, Fang resopló con evidente condescendencia, comentando que era un auténtico desperdicio sabiendo lo poderosa que era la magia de los de su raza, y que podría deshacerse de los esqueletos con un simple soplido si quisiera. Él no estaba tan seguro de ello: sí, indudablemente se sentía mucho más fuerte que antes, en especial después del festival de la Almenara, pero aún le dolían las heridas de la espalda, y era consciente de que todavía seguía convaleciente, en parte.

Al cabo de aquel largo recorrido entre pasillos y algún monstruo que otro –esqueletos en particular– llegaron a un lugar que parecía un amplio vestíbulo, de paredes cuidadosamente talladas y con mucha menos arena cubriendo el suelo enlosado. Sin embargo, cuando estaban a punto de cruzar una de las puertas, ésta se cerró súbitamente en las narices de Fang, que retrocedió de un salto y soltó una maldición.

-¿Qué ocurre?-quiso saber Hope, preocupado-¿Es que hemos hecho saltar alguna trampa?

-No, ten por seguro que yendo conmigo no pisaréis ninguna-Fang lanzó una mirada asesina a la puerta-. Esto no tiene nada que ver. Es uno de los fantásticos mecanismos que nuestros ancestros lu’Cie pusieron en las ruinas para proteger el Auspiciador Máximo y confundir a los forasteros.

-Mira-Lightning le señaló al ángel lo alto del umbral; Hope vio un círculo de color rojo dividido en doce segmentos, y dos agujas como las de un reloj apuntando en diferentes direcciones-. Son puertas con temporizadores, y eso quiere decir que se abren y se cierran dependiendo del momento del día.

-Con la mala suerte de que hemos llegado unos segundos tarde-gruñó Fang, y suspiró-. En fin, por suerte vais conmigo, y eso significa que lo único que tenemos que hacer es dar un rodeo hasta la puerta que ahora estará abierta. Si fuerais forasteros y no os conocierais las ruinas, lo más probable es que no volvierais a salir.

La dragontina les hizo un gesto para que la siguieran, y echó a andar a largas zancadas; sin duda no quería perder un segundo, lo cual era comprensible si aquellas puertas se abrían o cerraban en función de la hora. “Si la puerta alternativa se cierra por haber llegado demasiado tarde, no quiero ni imaginarme el cabreo que podría cogerse Fang”, pensó Lightning, y sonrió. “Aunque tal vez fuera capaz de echar la puerta abajo de la rabia.”

No obstante, Hope se había quedado atrás. Lightning tardó unos momentos en darse cuenta de que no las seguía, y al volverse lo descubrió estudiando la puerta con gran interés. En otros tiempos se habría mostrado exasperada, pero la joven ya conocía al ángel, y sabía que no era muy inteligente ignorar cualquier cosa que lograra captar su atención.

-¿Qué haces, Hope?-le preguntó acercándose a él-Mira que si no nos damos prisa se cerrará la otra puerta, y no creo que quieras llevarte una bronca por parte de Fang.

-Estaba leyendo-repuso Hope dando un paso hacia atrás, azorado-. Lo siento, no quería retrasaros. Es sólo que… me parecía una lectura interesante.

Lightning enarcó las cejas. “¿Leyendo qué?”, pensó sin comprender. La puerta estaba grabada con multitud de filigranas, pero ninguna que perteneciese a los cuatro alfabetos que había estudiado, de eso estaba segura.

-Eso no son más que grabados. Admito que muchos críticos de arte tratarían de averiguar si significan algo, pero…

-Ah, claro… Siempre me olvido de que los humanos no sabéis leerlo-la interrumpió Hope, y pasó sus largos dedos sobre los intricados relieves de la puerta, resiguiendo parte de ellos para que Lightning pudiera apreciarlos-. Son caracteres del lenguaje angélico, ¿ves? Los han camuflado bastante bien, pero cuando me he fijado en la pared, me he dado cuenta de que hay algunos textos grabados.

Ahora Lightning le prestaba toda la atención. Y no era para menos: una vez más, Hope había conseguido dejarla sin palabras.  “¿Textos angélicos en las ruinas?”, se asombró la joven, estudiando ávidamente la puerta. “¿Cómo puede ser? Creíamos que este lugar era más antiguo que los propios ángeles, si fue construido por los primeros lu’Cie…”

-¡Eh, pareja!-resonó la voz de Fang por la sala; la dragontina había regresado a por ellos una vez se hubo percatado de que no la seguían-¿Qué diablos estáis haciendo, mirando la puerta como estúpidos? No pretenderéis esperar aquí a que se abra, ¿verdad?

-¡Hope ha encontrado algo interesante! Según él, hay escritos angélicos escondidos en los relieves-y sin pararse a darle más explicaciones a Fang, Lightning se volvió hacia Hope-¿Qué es lo que dice ahí? ¿Puedes leerlo?

El ángel entornó los ojos tratando de descifrar el texto; pese a que, obviamente, no tenía problemas a la hora de leer el lenguaje angélico, si los caracteres estaban ocultos entre los grabados podía resultar confuso interpretarlos. Fang se cruzó de brazos, impaciente, pero Lightning sabía que no iba a perder la oportunidad de que Hope tradujera información que sólo él podía comprender.

-“Contemplad la gloria de nuestros hacedores, señores de todo lo que existe en este mundo. Los honorables Eternos, nuestros predecesores, construyeron estos sagrados salones en honor a los cuatro dioses que gobiernan los cielos, la tierra y el océano. Paals el Destructor, Lindzei el Sabio, Etro la Necia y Bhunivelze el Altísimo son sus nombres, y nosotros grabamos aquí su historia para que no caiga en el olvido como ellos harán eventualmente. Su recuerdo tras la catástrofe se ha desvanecido entre las razas libres, mas los dioses no pueden ser completamente olvidados. Nosotros nunca los podremos olvidar…”-Hope ladeó la cabeza, apartándose un paso de la puerta-Eso es lo que dice… Entonces, ¿los Eternos antiguos dedicaron este templo al Altísimo y sus hijos?

Lightning, asombrada, miró a Fang, que sacudió la cabeza:

-Yo no tenía ni idea. Si esto es así, debe de ser un dato que se ha perdido, porque no recuerdo haber oído jamás que nuestros ancestros lu’Cie dedicaran las ruinas a los dioses. De hecho, nunca hubiera imaginado que rindieran culto alguna vez a aquellos que nos oprimían.

-Yo tampoco… pero piensa que este sitio se construyó poco después de que fal’Cie Pandemónium creara a los lu’Cie-repuso Lightning-. Sin duda en su día se vio como una bendición divina… Si lo veo así, me puedo imaginar por qué al principio veneraron a los dioses, aunque luego éstos se aprovecharan de ellos y los esclavizaran.

-Ya, bueno-Fang hizo un gesto brusco con la mano de mala gana-, tampoco tiene mucho sentido darle vueltas a lo que hicieran cuatro tíos fanáticos hace miles de años. Me importa el presente, y en el presente sólo queda un dios, y con un poco de suerte algún día también él caerá en el olvido.

Por su parte, Hope seguía mirando la puerta, casi con tristeza.

-Si es lenguaje angélico, esto debieron grabarlo los demás ángeles… -murmuró-A diferencia de mí, ellos conocían la historia del mundo que se supone que debía cuidar. Me pregunto…

Antes de que Lightning pudiera preguntarle nada, Fang se le adelantó:

-Bueno, ya está bien de perder el tiempo. Si ves algún otro texto interesante, ángel, avísanos, pero lo importante es llegar a la puerta que os decía cuanto antes. Una vez la crucemos, estaremos muy cerca del lugar donde está sellado el Auspiciador Máximo. Venga, ¡vamos, moved el trasero!

Afortunadamente, y pese a las prisas de Fang –o tal vez por ese mismo motivo–, después de acabar con un par de esqueletos que les salieron al paso consiguieron llegar hasta la puerta que les indicó la dragontina cuando sólo faltaban dos segmentos para que se cerrase. Hope no sabía exactamente cuánto habrían descendido, pero estaba seguro de que llevaban como mínimo tres horas vagando por las ruinas. Debían de estar a bastante profundidad, y cuanto más se adentraban, más percibía la magia en el ambiente. “Por aquí el rastro de los hechizos de los lu’Cie es más intenso… Si de verdad protegieron con tanta magia ese artefacto que ya de por sí ha de albergar mucho poder, no es de extrañar que sólo los Eternos y los ángeles puedan moverse por aquí con cierta tranquilidad. Un mortal no podría soportar semejante cantidad de magia en el aire.”

A medida que descendían, Hope se percató de que todas las puertas de las ruinas estaban grabadas con aquellos textos angélicos; no podían detenerse a leerlas todas, pero por lo que al ángel le daba tiempo a descifrar, la historia de Nova Chrysalia desde la creación de los lu’Cie estaba recogida en los relieves. Obviamente sólo pasaron por algunas puertas, por lo que la información era fragmentada, pero cada vez que Hope conseguía leer algo se lo contaba a Lightning y Fang, pese a que la mayor parte eran datos que ya conocían. Sin embargo, para el ángel era fascinante leer, aunque fuera de aquella forma tan poco cohesionada, la historia de su mundo escrita allí por los miembros perdidos de su raza. De alguna manera, era como si los textos de las ruinas le recordaran que no estaba completamente solo.

-¡Hemos llegado!-anunció Fang cuando, tras cruzar un largo pasillo, llegaron a un gran vestíbulo ricamente decorado, con multitud de imágenes grabadas sobre las paredes y losas cuidadosamente pulidas a pesar de su antigüedad; una enorme puerta plateada y dorada se alzaba al fondo de la estancia, cubierta de relucientes símbolos mágicos de color escarlata-Ésta es la antesala a la cámara del Auspiciador Máximo. Lightning ya ha estado aquí en otra ocasión, así que ella se sabe las normas, pero las repetiré para ti: no se te ocurra tocar esa puerta hasta que no hayamos desactivado el sello. He visto personalmente lo que pasa con quienes no siguen esta instrucción básica.

-¿De verdad?-Hope observó con curiosidad la puerta, sin duda tratando de descifrar los grabados a través de los glifos mágicos, manteniéndose a una prudente distancia de ella.

-Así es. Probablemente estés pisando lo que quede de ellos en el suelo-Fang se echó a reír cuando el ángel dio un paso hacia atrás mirando hacia abajo, sobresaltado-. El hechizo de Fuego que se lanzó sobre esa puerta consume a todo aquel que la toque sin haber deshecho el sello, convirtiéndolos en polvo y carbonilla. Créetelo, lo he visto con mis propios ojos.

-¿Qué tal si en vez de asustarle retiras el sello?-Lightning puso los brazos en jarras, a lo que Fang sonrió ampliamente, burlona, y extendió la mano hacia las puertas cerradas.

-Lo siento, chica, es que es muy fácil tomarle el pelo a tu ángel-la dragontina trazó unos signos en el aire con el dedo, que se iluminó con el mismo tono rojizo de los glifos, y tras un breve resplandor, éstos se desvanecieron-. Muy bien, Redentora, sus deseos han sido cumplidos. Vamos, el Auspiciador Máximo está justo detrás.

-Espera un momento-le pidió Lightning, y se volvió hacia Hope, que se había acercado de nuevo a las puertas e intentaba leer las inscripciones-. ¿Has encontrado algo digno de mención, Hope? Es la puerta más importante de las ruinas, seguro que grabaron algún texto aquí.

Hope ladeó la cabeza, estudiando con atención los relieves entrelazados. Tardó un par de minutos en responder, justo cuando Fang empezaba a impacientarse:

-“Fal’Cie Fenrir de la Casa de Paals y fal’Cie Fénix de la Casa de Lindzei se fundieron en uno solo, y con todo el poder de los de su raza embistieron a sus antiguos amos. Superados por la fuerza del Eclipse, Paals y Lindzei fueron sellados en otra dimensión, al tiempo que los fal’Cie de su lado eran reducidos a cenizas, al igual que la luna que una vez fue el Nido. El espacio-tiempo quedó dañado, multitud de agujeros en el tejido de la realidad se abrieron. Intradimensiones es como llamamos a los agujeros del espacio-tiempo, dimensiones abiertas dentro del tejido de otra dimensión, unidas entre sí a través del Umbral de las Eras, el túnel de la diacronía que conecta las moradas de los dioses”-leyó el ángel con su voz pausada-. “Cuando el polvo de la batalla se posó, nuestros amos se habían cristalizado, y fal’Cie Fenrir y fal’Cie Fénix se habían desvanecido. Humanos, Eternos, fal’Cie y ángeles éramos libres, habíamos salvado Nova Chrysalia. Así, la reina Eterna, Leonora, fue coronada como el Astro Naciente, y en su honor, ayudados por fal’Cie Pandemónium de la Casa de Paals, construimos una nueva luna para conmemorar su ascensión, la cual lanzamos a los cielos el día de su coronación. Mas el Nuevo Nido alberga un secreto: ocultamos en su interior una de las intradimensiones creadas durante el Eclipse, un enlace al Umbral de las Eras. Aquel que llegue hasta aquí se ha ganado el derecho de saber que es posible ascender a los cielos, siempre y cuando la verdad haya alcanzado su corazón.”

Se produjo un silencio. Fang había dejado de mostrarse indiferente hacia la mitad de la lectura, y Lightning se había quedado sin habla. Pero, por una vez, la sorpresa se reflejaba con más claridad que nunca en el marmóreo rostro de Hope; el ángel había abierto los ojos como platos, sus labios entreabiertos a causa de la sorpresa.

-¿Una intradimensión en el interior del Nuevo Nido?-dijo Fang, genuinamente asombrada-¿Eso es lo que los ángeles regalaron realmente a los Astro Naciente? ¿Un enlace con el mismísimo Umbral de las Eras?

-Si eso fuera así, los Astro Naciente tendrían que haber dispuesto de un portal… Tal vez nunca llegaron a alcanzar la verdad, como dice el texto-repuso Lightning, y suspiró-. Ojalá Serah estuviera aquí, ella es la que mejor recuerda la historia. Pero si eso es cierto, tendría que existir en alguna parte del mundo un portal que condujese al Umbral de las Eras para alcanzar la intradimensión del interior del Nuevo Nido…

-El Arca-murmuró entonces Hope, atónito; las dos mujeres se volvieron hacia él-. Eso es la intradimensión del Nuevo Nido. Si los escritos no mienten, el Umbral de las Eras conecta la morada de los dioses, y en el Arca existe un portal a Cosmogénesis, la dimensión donde reside el Altísimo.

Lightning dejó escapar un pequeño grito ahogado de sorpresa:

-Entonces… ¡el Arca no ha podido ser obra de Bhunivelze! Si los ángeles sabían de la existencia de esa intradimensión y construyeron el Nuevo Nido a modo de crisálida, ¡tienen que haberla creado ellos!

-¿Quieres decir que Bhunivelze se apropió de un regalo de los ángeles a la humanidad?-Fang dejó escapar un gruñido desdeñoso-No sé por qué, no me cuesta imaginármelo. Pero aunque eso sea así, ¿qué diferencia hay? Está claro que los Astro Naciente nunca hallaron el portal de enlace, porque aunque la Orden haya destruido todo lo que ha podido sobre la dinastía, entre nosotros los lu’Cie lo habríamos recordado. Y nadie sabía que ahí arriba había ninguna intradimensión, eso os lo puedo garantizar. Tampoco es que lo que buscamos esté ahí arriba, o de lo contrario, el ángel lo sabría.

-Es cierto que a nosotros no nos concierne, pero… -Lightning se volvió hacia Hope, que seguía mirando las puertas casi sin verlas-Hope… ¿te has planteado que si el Arca era un espacio creado por los ángeles, quizá…?

-… ¿Quizá yo sea uno de los ángeles del pasado, que terminó encerrado por algún motivo allí?-terminó él la frase, sin volverse siquiera-Sí, Light, me lo he planteado. No podría decirte si es cierto o no. Mis recuerdos datan de hace unos 3000 años, y el propio fal’Cie Pandemónium dijo que mi aura era diferente a la de los demás ángeles. Sé que estoy vinculado al Altísimo, pero… más allá de lo que es obvio, es decir, que soy un ángel y que él fue mi creador… Además, yo no he ascendido al Nuevo Nido, más bien he hecho lo contrario. Tal vez no fuera digno de permanecer en un santuario de mis ancestros…

-Tienes razón… -concedió la joven, un tanto desilusionada. Tenía que admitir que se había precipitado a la hora de sacar conclusiones, quizá deseosa por desvincular a Hope de su servidumbre hacia Bhunivelze-Sin embargo, no tienes por qué ser tan duro contigo mismo. Fíjate, si es cierto que existe un portal de enlace en algún lugar de Nova Chrysalia con el Arca, podrías regresar allí una vez hayamos terminado con nuestra misión, si lo encontramos. Y si quieres, yo le doy una paliza a Bhunivelze para que no vuelva a molestarte más.-le dijo, con una amable media sonrisa.

Hope no respondió. Se limitó a bajar la mirada, sin saber qué decir. Sabía que el ofrecimiento de Lightning era sincero, podía percibirlo en su aura. Pero en ese momento había caído en la cuenta de que hacía mucho tiempo que no pensaba en la posibilidad real de volver al Arca, había dado por supuesto que permanecería en el plano mortal. Sí, era cierto que Bhunivelze había dado a entender que sus alas podrían crecer de nuevo, pero habían pasado tres meses y no había vuelto a tener noticia alguna de su amo, de modo que había descartado inconscientemente volver alguna vez al Arca. No obstante, aquel pensamiento le había aterrado cuando descendió, y ahora… “Si ese portal existiera, ¿podría de verdad regresar al Arca?”, se preguntó el ángel sin poder evitarlo. “O… ¿querría regresar allí? Yo… no lo sé. Si el Altísimo me llamara a su lado… ¿podría negarme?”

-Creo que ya hemos teorizado bastante por hoy-Fang, como de costumbre, interrumpió sus pensamientos-. Vamos, hemos venido hasta aquí por lo que hay en la siguiente sala. ¿Haréis vos los honores, oh Redentora?

Lightning dejó escapar un resoplido de fastidio, pero avanzó unos pasos y posó la mano sobre las puertas cerradas. Los relieves se iluminaron de pronto, y con un fuerte chirrido se abrieron las enormes puertas de piedra, dejando a la vista una enorme estancia de piedra azulada, en la cual se extendía un pasillo sobre el abismo flanqueado por antorchas de fuego mágico de color azul, muy similares a las que Lightning, Serah y Hope habían visto en la cámara del fal’Cie Pandemónium, en el Palacio de Yusnaan.

El fuego de las antorchas se avivaba al tiempo que los tres atravesaban el pasillo, iluminando sus rostros en la penumbra. Al fondo había un altar dorado, sobre el cual reposaba un objeto del mismo color que despedía un intenso brillo. Parecía un prisma redondeado de múltiples caras, grabado con un símbolo circular en cada una, a modo de engranaje. Hope lo observó con gran respeto al percibir el enorme poder mágico que desprendía aquel artefacto.

-¿Es éste el Auspiciador Máximo?-preguntó el ángel en voz baja, cauteloso.

-Exacto-afirmó Lightning, que también contemplaba el objeto con fascinación, nada que ver con Fang, que incluso parecía aburrida-. Por fin podremos volver a ver la profecía… después de tanto tiempo. Hope, préstale toda la atención que puedas, por si descubres algo más.

El ángel asintió brevemente.

-¿Cómo funciona?

-Mira-la joven extendió la mano hacia el Auspiciador Máximo; sus dedos se iluminaron, y un segundo más tarde, una intensa luz rodeó el artefacto-. Has de dirigir tu magia hacia él, y concentrarte en la profecía que quieres ver. Fíjate bien…

Un hilo de luz vertical surgió del Auspiciador Máximo, y empezó a formar un óvalo suspendido en el aire, como una ondeante pantalla. Como si de la superficie del agua se tratara, se empezaron a formar imágenes sobre ellas, de un tono de color más apagado, como si lo estuvieran viendo a través de un cristal. Unos instantes más tarde, apreciaron un escenario que parecía un frondoso bosque, a través de las copas de los árboles se filtraba la luz del atardecer. Hope estaba seguro de que no había visto todavía ningún lugar como ése en su tiempo en Nova Chrysalia, tan lleno de naturaleza.

De pronto, una voz femenina surgió del Auspiciador Máximo, como un susurro reverberante, casi etéreo. Hope conocía aquella voz de sobra, no en vano llevaba tres meses oyéndola a diario.

-“El astro caído busca la luz que su mundo ha de iluminar”-resonó la voz de Serah, mientras las imágenes del artefacto mostraban más y más árboles sacudidos por la brisa bajo aquel cielo teñido por el ocaso-. “Con los vientos del norte el rey perdido habrá de retornar.”

En ese momento, la imagen cambió. Frente a un gran árbol, Hope pudo apreciar dos figuras de pie, cogidas de las manos, una frente a la otra. A su lado, Fang se cruzó de brazos con seriedad, y Lightning dejó escapar un pequeño suspiro. El ángel percibió su aura teñirse de aquella nostalgia, aunque lo cierto era que no se le antojó tan profunda como la última vez.

No le costó entender a qué se debía su reacción. Una de las figuras era una joven de cabello rosado a la que ya conocía bastante bien. La Lightning de la visión parecía más feliz de lo que nunca la había visto en la realidad. “Tiene lo que más desea”, comprendió Hope al ver aquella sonrisa. “La profecía realmente muestra un futuro que ella ansía. No me sorprende que quiera que se cumpla.”

Sin embargo, se fijó por primera vez en la otra figura. No pudo apreciar gran cosa: la persona a la que Lightning había cogido por las manos era una silueta borrosa, como si alguien hubiera envuelto en sombras su cuerpo y sus rasgos. Hope tan sólo podía apreciar que parecía alto y delgado, pero definitivamente se trataba del cuerpo de un varón. “El rey Mikhail”, pensó, sintiendo una vez más aquel extraño rechazo.

-“A la dama eterna de cabello de alba ha venido a buscar”-susurró de nuevo la voz de Serah-. “Juntos en corazón y alma la redención vendrán a portar.”

Y con estas palabras, la visión se desvaneció, y el resplandor del Auspiciador Máximo disminuyó, retomando su suave brillo inicial.

Se produjo un silencio. Fang no parecía muy impresionada, pero Lightning miraba a Hope como si aguardara expectante su opinión. Él no tenía muy claro qué decir: ver la profecía por sí mismo era la prueba definitiva de que, efectivamente, Lightning y aquel rey de otros tiempos estaban destinados a encontrarse. Pese a que la figura de Mikhail estuviera borrada del auspicio, las palabras de Serah habían sido muy claras. “Y eso confirma que no soy sino una herramienta del destino en su realización”, pensó el ángel, apretando ligeramente sin darse cuenta los puños.

-¿Y bien?-dijo Fang, enarcando una ceja-¿Qué piensas, ángel? ¿Has visto algo en la profecía que pueda habérsenos escapado?

-No sabría decirlo-murmuró Hope, y lamentó haber respondido de aquella forma al sentir la decepción de Lightning, pero no podía mentir-. Es obvio que, por lo que me habéis contado, el rey Mikhail está destinado a regresar y a liberar a su gente junto a Light… Pero me temo que no hay ningún código angélico oculto en el auspicio, si es lo que esperabais que encontrara.

Fang suspiró con evidente fastidio, y Lightning desvió la mirada, mordiéndose el labio inferior. El joven ángel hubiera deseado poder decirles algo más, serles de utilidad… pero por lo pronto, eso era lo único que podía ofrecerles. Sabía que él era la clave para que pudieran dar con el Corazón de Bhunivelze, lo único que, según Lightning, podía traer de vuelta a Mikhail, dondequiera que estuviera, incluso desde más allá de la muerte. Y por eso era por lo que lo mantenían a su lado. Lightning había depositado su confianza en él, y odiaba decepcionarla. Aunque en el fondo opinara que, de igual forma que los esqueletos que moraban en aquellas ruinas, aquel rey del pasado debería descansar en paz, en lugar de caminar por un tiempo y espacio que no le correspondían. “Los muertos que andan no albergan más que odio y locura hacia los vivos. Este lugar es una prueba tangible de ello.”

-Bueno, al menos ya has podido ver por ti mismo la profecía-repuso Lightning, finalmente reponiéndose de su desilusión-. Aún hay cosas para las que podríamos requerir tus conocimientos angélicos, Hope, así que tampoco hay razón para desanimarse.

-Ah, te refieres al Arrabal-Fang se rascó la barbilla con una media sonrisa de tiburón-. Pues sí, encanto, la verdad es que quizá esta excursión no haya sido totalmente en vano. De hecho, tampoco tendríamos que esperar demasiado.

-¿El Arrabal?-Hope miró a ambas mujeres sin entender.

-Es la parte de Luxerion en la que la Orden recluye a aquellos que no acatan sus normas. Una especie de prisión en muchos sentidos-explicó Lightning, y su voz adoptó aquel matiz furioso que siempre aparecía cuando hablaba de la tiranía de la Orden-. Allí es donde hace milenios estaba el alcázar de los Astro Naciente; cuando la Orden subió al poder, fue saqueado y destruido, pero sus cimientos y criptas aún están intactos.

-Y allí es donde los lu’Cie escondimos todo lo que pudimos sobre la Dinastía del Astro Naciente, para que su historia sobreviviera a la purga de la Orden-prosiguió Fang-. Hay una cámara sellada bajo lo que una vez fue el hogar de nuestros reyes. Se lanzó un poderoso hechizo sobre ella, de forma que tan sólo se abre una vez cada trece años. Allí se guardan fragmentos de la historia de la dinastía y sus miembros, desde la propia reina Leonora.

Hope parpadeó, sorprendido.

-¿También del rey Mikhail?

-Él es el único del cual no hemos hallado ningún registro-Lightning sacudió la cabeza, y alzó la mirada hacia el ángel-. Pero dentro de esa cámara hay otra que fue sellada por magia angélica, y se dice que allí dentro se guardó toda la historia de Mikhail, el principal objetivo de la Orden. Y ya sabes, dado que eres el único ángel que ha pisado Nova Chrysalia en 3131 años, nadie ha podido nunca deshacer esa barrera. Dentro de cuatro meses se abrirá la cripta, y… bueno, si no hemos encontrado ninguna pista en ese tiempo, ¿querrías acompañarme? Sólo tú eres capaz de romper ese sello, Hope.

Él frunció apenas el ceño. “Empiezo a sentirme encadenado a ese rey”, pensó con cierta amargura. Parecía que, fuera cual fuese la situación, el rey Mikhail siempre estaba presente, y él no era sino el medio para acercarlo a Lightning. Y aquello no le gustaba.

Pero no se vio capaz de negarse. La mirada de Lightning era casi suplicante, y Hope se obligó a recordar su sonrisa en la profecía, cuán feliz le haría reunirse con el hombre que el futuro le había prometido.

-Por supuesto, Light. Te seguiré allá donde vayas.

Ella sonrió. Su sincera gratitud nutría la fuerza vital de Hope, y el joven ángel tuvo que admitir que sus recelos no eran nada comparados con su sonrisa. “Ojalá nunca desapareciera de su rostro.”

Pero, como era de esperar, Fang puso los ojos en blanco y dio un par de palmadas:

-Bueno, creo que ya está bien de perder el tiempo aquí, pareja. Y si tengo que ser sincera, me muero de hambre. ¿Qué tal si, en vez de invertir las horas en conversaciones que podríamos tener en mi habitación, regresamos a Razia?

-Tienes razón-concedió Lightning, irguiéndose y adoptando de nuevo su porte serio-. Además, Serah estará deseosa de que le contemos todo lo que hemos averiguado. Vamos, Fang, guíanos de nuevo.

La dragontina se echó a reír, haciéndoles un gesto con la mano para que la siguieran:

-Debería empezar a cobrar por hacer visitas turísticas. Tienes suerte de ser la Redentora, a ti al menos te haría un descuento.

* * *

Pocas horas después, el trío salió por fin al exterior, tras recorrer el camino de vuelta –en el que, una vez más, habían tenido que dar un par de rodeos a causa de las puertas con temporizador– y luchar con los impertinentes esqueletos. El sol empezaba a ponerse, tiñendo de tonos rosados y escarlatas el horizonte, y arrancando reflejos ambarinos al océano.

-¡Esto ya es otra cosa!-con una amplia sonrisa, Fang se estiró como una pantera-Chicos, me conozco las ruinas de cabo a rabo, pero no hay nada como el desierto en sí. Vais a tener que compensarme por este rato tan poco agradable bajo tierra.

-Deja de hacerte la víctima-contestó Lightning, fingiendo exasperación-. A ti te gusta meter las narices en todo lo que puedes, Fang. Si hubiéramos venido Hope y yo solos, te habrías apuntado igualmente.

Ella se encogió de hombros.

-Así es como sobrevivo, chica. ¿De verdad crees que la líder del Alba de Gules habría vivido tantos años sin meter las narices en todo lo que no es de su incumbencia? Nunca sabes quién puede apuñalarte por la espalda.

-Por suerte las Dunas de noche no son tan peligrosas… Y está el Gran Faro, así que si te pones muy pesada podemos seguir por nuestra cuenta.

-Oooh, vaya, se te ha subido a la cabeza, ¿eh?-la dragontina enarcó las cejas-Aunque Fares te trate como una heroína, encanto, aún me necesitas para volver a Luxerion, Gran Faro o no.

-Tocada y hundida-concedió Lightning, sonriente, echando a andar por detrás de Fang-. En fin, eras tú la que tenías prisa por volver a Razia, ¿no? Vamos, Hope…

Entonces fue cuando se dio cuenta de que Hope no las seguía. Se había quedado muy quieto, mirando al cielo, con el ceño fruncido. Lightning reconocía aquellos signos: incluso a cierta distancia, podía apreciar cómo el delgado cuerpo del ángel se había tensado, alerta.

-¿Hope?-alarmada, la joven se acercó a él-¿Qué ocurre? ¿Qué es lo que percibes?

Él tardó unos segundos en responder. Por su parte, Fang, que no perdió el tiempo en hacer preguntas, empuñó su lanza, dispuesta a lanzarse contra cualquiera que se acercara.

-La magia de Yusnaan-murmuró entonces Hope-. Es la misma energía que percibí en las celdas del palacio. Está aquí, sobre nosotros.

Lightning y Fang sólo tuvieron unos segundos para asimilar, con horror, lo que las palabras del ángel implicaban. De pronto, resonaron unos chasquidos metálicos desde lo alto del risco, y cuatro arpones se clavaron en torno a ellos, rodeándolos. En cuanto se hundieron en la arena, se produjo un estallido de luz rojiza al tiempo que un círculo glífico se extendía a los pies de los tres. Inmediatamente, Lightning, Hope y Fang sintieron cómo su magia, su poder, era brutalmente confinado en lo más profundo de su ser, incapaces de acceder a ella para defenderse y dejándoles sin fuerzas en apenas unos segundos. “¡No…!”, fue lo único que pudo pensar Lightning antes de caer de rodillas sobre la arena. A su lado, Fang trataba sin éxito de resistir antes de caer como un fardo, inconsciente; Hope, respirando con dificultad, extendió una mano hacia Lightning, sin duda en un vano intento de pedirle ayuda, pero finalmente también perdió el conocimiento, y su mano cayó, inerte.

Antes de que todo a su alrededor se tornara una opresora oscuridad, Lightning pudo atisbar una bayoneta clavándose a su lado, y el destello rojizo de un casco a la luz del ocaso.

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