jueves, 17 de septiembre de 2015

XIX. Prisión

-Nada, no hay manera-suspiró Serah pasando cansada las hojas del libro-. No dice nada sobre pasadizos secretos ni nada por el estilo.

Lightning, Serah y Hope estaban en la biblioteca de los archivos del Palacio de Yusnaan, examinando libros y más libros que detallaban historias de la construcción y los planos de la ciudad. Llevaban así ya varios días, sin éxito, a pesar de las horas que echaban a la tarea. Era un trabajo tedioso, y sólo se detenían para comer, dormir y dar alguna vuelta por Yusnaan para relajarse, y también para que Hope pudiera rastrear la presencia de Pandemónium. Algo que, hasta la fecha, tampoco había dado resultado.

-Estos libros parecen demasiado recientes-observó Lightning, examinando las fechas del libro que estaba leyendo, claramente irritada-. Claro que si queremos algún detalle sobre pasadizos ocultos por ángeles destinados a proteger a un fal’Cie, tendríamos que remontarnos a archivos que tengan más de 3131 años.

-¿Por qué?-Hope era el único que encontraba aquella tarea interesante; de hecho, las hermanas Farron le habían descubierto leyendo libros que no tenían nada que ver con lo que tenían entre manos-¿No se supone que los historiadores registran todo lo sucedido?

-Se supone. Pero recuerda que la Orden lleva más de tres milenios tratando de borrar la historia previa a su llegada al poder-gruñó Lightning-. Aunque en este caso, estarían encantados de encontrar un registro sobre un pasadizo que conduzca hasta un fal’Cie. Supongo que si había algún escrito, puede que lo escondieran para que no cayera en malas manos.

-Entonces, si está escondido, ¿por qué buscamos aquí?-preguntó el ángel.

-Porque es lo único que tenemos-Serah sonrió con cierta ironía-. Como ves, los archivos son enormes. Tal vez en medio de todos estos libros se colara algún registro. No sería nada fácil encontrarlo aunque lo hubieran dejado aquí.

-Y dudo que nadie excepto nosotros tuviera ánimos para intentarlo-Lightning resopló con sarcasmo-. Afortunadamente, somos lu’Cie. Tenemos todo el tiempo del mundo para leernos todos estos libros.

Hope no entendía por qué las hermanas Farron estaban tan aburridas. Él estaba encantado leyendo aquellos libros. Al principio le había costado adaptarse a la escritura de los humanos, una versión muy simple del alfabeto del Altísimo que no había reconocido en un primer momento, pero ahora se podría decir que devoraba los libros. “Cuentan historias muy interesantes. Me pregunto si habrán sucedido de verdad o se las inventan. Ojalá yo pudiera hacerlo, si fuera lo último”, pensaba el ángel. “Pero no me está permitido mentir. En cambio, los humanos pueden tornar la mentira en hermosos relatos.”

Serah miró por la ventana de la biblioteca. Estaba anocheciendo, y los fuegos artificiales empezaban a iluminar el cielo de Yusnaan.

-Yo creo que es suficiente por hoy-dijo, cerrando el libro-. Además, Snow y yo hemos quedado en ir a ver una obra de teatro en La Profecía esta noche, así que quiero arreglarme un poco.

-Pero si no estás mal.-comentó Hope ladeando la cabeza. Serah se echó a reír.

-Gracias, Hope, pero no me refiero a arreglarme porque esté mal. Es sólo para estar un poco más guapa.

-¿Por qué? No eres fea.

-Déjalo-intervino Lightning, que le disparó una mirada divertida al ángel-. Es un caso perdido.

-Al menos, como Hope no puede mentir, me ha dado el subidón de autoestima que necesitaba para esta noche-sonrió Serah-. Bueno, yo me voy. Vosotros deberíais despejaros un poco también.

Y con estas palabras, les hizo un gesto de despedida con la mano, dejó el libro en la estantería y abandonó la biblioteca. Lightning la siguió con la mirada, sintiendo un desagradable vacío ante la perspectiva de que su hermana prefiriera irse con Snow a compartir su tiempo con ella. A pesar de que llevaban más de un año comprometidos, a la joven todavía le costaba asimilarlo.

-No deberías preocuparte tanto por Serah-dijo de pronto Hope; Lightning alzó la vista hacia él, y descubrió que el ángel la miraba con la cabeza ladeada-. Snow la cuidará bien.

Lightning no sabía si Hope se refería a que cuidaría de ella aquella noche o si sus palabras abarcaban un plazo más largo. En cualquier caso, era innegable que había dado en el clavo.

-Es mi hermana-replicó sin muchas ganas de hablar de ello-. Es lógico que me preocupe. Sólo quiero que esté segura, ¿es eso algo malo?

-Claro que no. Proteger la vida de aquellos que son más débiles nunca es algo malo. Pero… -Hope parecía inseguro-Una cosa es proteger, y otra es sobreproteger. La sobreprotección implica la pérdida de la libertad. No deja de ser un confinamiento.

Ella lo miró fijamente, entendiendo lo que quería decir. Y lo que insinuaba no le hacía ninguna gracia. En cierto modo, porque una vez más, Hope exhibía su don para decir llanas verdades.

-¿Y tú qué sabrás? No tienes ni idea de lo que significa tener una familia, o mejor dicho, ser responsable de la única que tienes.

Hope desvió la mirada, frunciendo levemente el ceño.

-No sé nada sobre tener una familia. Pero sí sé algo sobre lo que es estar sobreprotegido a costa de la libertad-murmuró, pensativo-. Quizá también Pandemónium sepa lo que es eso. ¿Crees que los fal’Cie querían ser libres?

La pregunta tomó a Lightning de improviso, básicamente porque Hope la había formulado después de haber hecho un comentario como ése. Era desconcertante cómo el joven ángel era capaz de tomarse aquellas cosas con tal resignación. Resignación, o indiferencia. Lightning no podía estar segura de hasta dónde sus emociones podían llegar.

-Los fal’Cie no tenían mucho libre albedrío-repuso al final, sin dejar de pensar en el comentario de Hope-, pero lo cierto es que muchos se rebelaron contra sus amos. Quizá sí quisieran liberarse de su control. Fueron creados con un solo propósito, y estaban encadenados a él.

-Y cuando quisieron liberarse, acabaron convertidos en cristal para siempre-reflexionó él, más para sí que para ella-. Pagaron con sus vidas su rebelión. Eso fue lo que me contasteis. Así que, en el fondo, nunca les permitieron ser libres.

Lightning le dirigió una mirada suspicaz. No era extraño que Hope pensara en voz alta, pero intuía que lo que decía era sólo una pequeña parte de lo que se le pasaba por la cabeza. Y en el tiempo que lo conocía, sabía que no era sencillo imaginar qué se le pasaba por la cabeza a un ángel.

-Te vendría bien que saliéramos un rato a tomar el aire-repuso ella cerrando el libro y levantándose-. Cuando estás cansado empiezas a decir cosas raras.

-¿Tú crees?-Hope frunció el ceño, dubitativo-Pero hace ya días que estamos buscando el fal’Cie y no hemos dado con nada.

-Dímelo a mí. Pero Serah tiene razón, hay que tomarse descansos o nos explotará el cerebro-Lightning suspiró-. ¿Quieres que vayamos a dar una vuelta?

-Bueno-el ángel cerró el libro-. Pero ¿adónde quieres que vayamos? Ya me has enseñado casi toda la ciudad salvo ese sitio que dices que no me gustaría.

-Porque sé que no aguantarías cinco minutos cerca de El Desolladero. Te pondrías enfermo; ya sé que la violencia y la sangre no es lo tuyo. Podríamos comprarnos algo de comer en Los Aromas y bajar a la playa. Allí se está mucho más tranquilo, ¿qué opinas?

Hope se lo pensó un poco. Era cierto que el ajetreo de Yusnaan por las noches era un tanto incómodo para él, pese a que era a aquella hora cuando más fuerte se sentía por la alegría del ambiente, y además a Lightning tampoco le gustaban las multitudes. Pero las veces que habían estado en la playa se había sentido extrañamente nervioso. Lightning le había contado que por la zona del polígono industrial solían originarse brotes de Caos Cósmico, pero el ángel no sabía si realmente se debía a eso.

Sin embargo, pasar las tardes con Lightning después de las horas que dedicaban exhaustivamente a buscar información en la biblioteca sobre Pandemónium era muy agradable. La joven le enseñaba la ciudad y le contaba cosas sobre ella cuando él le preguntaba. 

-De acuerdo.

* * *

Horas más tarde, entrada la madrugada, Lightning estaba tratando de dormir cuando escuchó cómo se abría la puerta de su cuarto. Alerta, se incorporó sobre la cama y alargó la mano hacia su espada cuando reconoció a la luz de la luna que se colaba por la ventana los rasgos de Serah.

-¿Lightning?-susurró Serah, sonriendo-¿Te he despertado?

-No, no podía dormir. ¿Qué ocurre?

-Oh, nada-su hermana entró en su cuarto acentuando su sonrisa-. Es que Snow y yo ya hemos vuelto de ver la función, y me preguntaba si Hope y tú estaríais aquí o habríais salido.

-Son las tres de la mañana-Lightning sacudió la cabeza-. ¿Adónde quieres que vayamos a estas horas?

Serah se encogió de hombros.

-En Yusnaan la gente no duerme mucho de noche, ya sabes.

-Y tampoco deja dormir-gruñó Lightning-. Ojalá no hubiéramos tenido que venir aquí. Ya sé que para ti es una alegría venir por Snow, pero…

-Ya lo sé, Lightning-Serah posó una mano sobre el brazo de su hermana, tranquilizadora-. Sé lo mucho que te cuesta. A mí también me resulta un poco difícil a veces, pero no tanto como a ti.

Lightning frunció el ceño, pero no comentó nada. Tampoco iba a decir nada que Serah no supiese ya.

-Entonces, ¿qué habéis hecho Hope y tú?-preguntó entonces Serah-¿Habéis salido al final?

-Un rato-contestó Lightning, bostezando-. Bajamos a la playa; le gusta ese sitio. Dice que se pone un poco nervioso por allí, pero que prefiere eso a las aglomeraciones de gente. En eso coincidimos.

-¿Que se pone nervioso?

-Sí. Supongo que será porque por allí suele haber concentraciones de Caos Cósmico.

Serah ladeó la cabeza, pensativa. Lightning, por su parte, recordó la tarde que había pasado con el ángel, no muy diferente a los previos paseos que ambos habían dado por Yusnaan para despejarse. Habían comprado algo de comer en Los Aromas, que era más barato que los restaurantes de la Villa de los Banquetes, y habían bajado a la playa. Allí se sentaban en la arena o las rocas y hablaban: Lightning le contaba historias sobre la ciudad o sobre sus andanzas con sus compañeros lu’Cie combatiendo a la Orden, y Hope escuchaba con atención y preguntaba. El ángel no solía hablar mucho, pero sí era un buen oyente. Su curiosidad, tan inocente, animaba a la joven a compartir sus vivencias con él, algo que no solía hacer con nadie.

Lo cierto era que Lightning se sentía más cómoda pasando los ratos con Hope en lugares apartados porque así llamaban mucho menos la atención. No sólo por prudencia, sino porque se había dado cuenta de que el ángel atraía una cantidad de miradas poco deseable y bastante irritante. A ella nunca le había gustado que la gente se fijara en ella, e inevitablemente cuando los ojos seguían a Hope, también pasaban por ella. Lightning comprendía que el aspecto del ángel era, cuanto menos, inusual: un joven alto y esbelto, de piel blanca y rasgos finos, de revuelta melena plateada y ojos verdes con una cicatriz sobre el ojo izquierdo, y eso que sus puntiagudas orejas no solían quedar a la vista. Su figura física era diferente a la de los demás humanos, sin lugar a dudas…  Pero luego estaban los comentarios que había captado de no pocas mujeres con las que se habían cruzado con respecto a él. A la joven le irritaba sobremanera que la gente de Yusnaan fuera tan descarada; cierto, era la Ciudad de los Festejos y era famosa por auspiciar los placeres de la comida, el ocio, la sangre y el amor. Pero todo sumamente frívolo. Y pensar que Hope pudiera ser víctima de aquella frivolidad la sacaba de quicio.

Obviamente, aquello no iba a contárselo a Serah. Su hermana era muy dada a sacar las cosas de contexto.

-Supongo que él tampoco podrá dormir-comentó entonces Serah-. Cuando he pasado por su cuarto para verle, no estaba allí.

Lightning se volvió bruscamente hacia ella, incorporándose de un salto de la cama.

-¿Que no estaba allí? ¡Pero si ha venido conmigo! ¡Lo dejé en su habitación antes de venir! ¿Dónde se habrá metido?

-Eh, tranquilízate. No tiene por qué haberle pasado nada. Quizá sólo haya ido a dar una vuelta por el palacio. No es la primera vez que no está en su cuarto de noche.

Su hermana alzó una ceja:

-¿Y tú cómo sabes eso?

-A veces me levanto de noche al baño, todos tenemos necesidades-Serah se encogió de hombros-. Y resulta que el más cercano a nuestra alcoba está un poco más allá de la habitación de Hope. Más de una vez he pasado por delante y he visto que la puerta estaba abierta y él no estaba dentro.

Lightning sacudió la cabeza, desconcertada. No era normal en Hope lo de desaparecer sin avisar en plena noche. De hecho, lo habitual era que se quedara en un mismo sitio hasta que le dijeran lo contrario.

-Vamos a buscarlo, no sea que se meta en algún lío-decidió la joven, echándose la espada envainada a la espalda-. ¿Se te ocurre dónde puede estar?

Serah se lo pensó.

-Dudo que haya podido salir del palacio, los guardias vigilan todas las entradas y salidas-dijo-. Conociéndole, habrá ido a algún sitio que le resulte curioso y familiar. Y sólo se me ocurre uno sin salir de aquí.

Hubo un breve silencio hasta que Lightning comprendió a lo que se refería su hermana. Asintió, y seguida por Serah, salió de su cuarto sigilosamente para no despertar a nadie en dirección a la biblioteca del Gran Palacio de Yusnaan. “Teniendo en cuenta lo que cuesta despegarlo de los libros desde que los descubrió, no sé cómo no se me ocurrió antes que se escaparía de noche para seguir leyendo lo que se le antojara y no aburridos registros de la ciudad.”

Y, efectivamente, minutos después, las hermanas Farron abrieron la puerta de la biblioteca para encontrar a Hope inclinado sobre la mesa con un libro delante y una pila de libros esparcida a su alrededor, a la titilante luz de un candil.

-¡Hope!-sonrió Serah, triunfante-Así que aquí es donde te has estado escapando todas estas noches.

Él se sobresaltó al oírlas y se volvió hacia ellas, pero no tardó en relajarse al comprobar que eran Lightning y Serah, y no un desconocido.

-Hola-saludó Hope, y volvió la vista al libro-. No quería preocuparos si es que os he preocupado. No creí que querríais que os dijera adónde iba cuando no podía dormir.

Lightning respiró aliviada. Al menos no se había metido en ningún lío, ni, como había temido por un momento, había sido secuestrado por alguien que quisiera echarle el guante al Corazón de Bhunivelze.

-Hope, ¿qué estás haciendo aquí?-le preguntó acercándose a la mesa, seguida por su hermana.

El ángel alzó la cabeza hacia ellas.

-Leo-respondió señalando los libros como si fuera obvio, que lo era-. Me gustan los libros que escribís los humanos. Cuentan cosas muy interesantes.

Serah examinó los libros que Hope había esparcido por la mesa, y sonrió divertida al leer los títulos.

-Estás leyendo cuentos infantiles.

-¿En serio?-Hope ladeó la cabeza-Son bonitos. Y parecen libros muy antiguos.

-Los cuentos infantiles de Nova Chrysalia son muy antiguos-explicó Lightning, que también había reconocido algunos de los títulos-. Muchos se consideran leyendas angélicas que fueron reescritas en claves y códigos tras la toma de poder de la Orden. Quizá por eso te gustan.

Hope parpadeó sorprendido, y miró el libro que estaba leyendo con renovado interés.

-¿Así que te escapas por las noches para leer?-preguntó Serah; Hope asintió-Qué aguante tienes. Nos pasamos todo el día leyendo, y aun así tú sigues devorando libros.

-Sí, pero los que leemos por el día no son tan entretenidos. No están mal y cuentan cosas, pero no es lo mismo.

Lightning esbozó una media sonrisa al ver a su hermana y a Hope empezar a hablar sobre los cuentos infantiles; Serah, como maestra, conocía muchos de ellos, y además de pequeñas les habían contado algunos que ya no se recordaban en las grandes ciudades. Le sorprendía que a un ángel como Hope le gustaran los cuentos infantiles; reafirmaba su teoría de que Hope era como un niño en un cuerpo adulto, y por alguna razón, se le antojaba adorable. “También es cierto que nunca antes ha leído ficción”, pensó la joven. “Al ser incapaz de mentir, su imaginación nunca ha podido volar, hasta ahora. Para alguien que se acaba de iniciar en el mundo de la lectura, los cuentos infantiles son lo más sencillo de comprender.”

-¿Qué cuento estás leyendo ahora?-le preguntaba Serah a Hope; el ángel le mostró el libro que tenía abierto frente a él-Ah, “El demonio y el alquimista”. Lo conozco, es una fábula muy conocida en Yusnaan.

-Ese libro es muy antiguo, ¿no?-comentó Lightning dirigiendo una mirada intrigada al ajado volumen.

-Pues la verdad es que sí-dijo Serah-. Bien podría ser la primera copia escrita del cuento. Si hasta está escrito a mano y todo.

Mientras su hermana estudiaba con curiosidad el libro, Lightning recordó lo que sabía de aquel cuento infantil. “El demonio y el alquimista” era un relato sobre un viejo alquimista que estudiaba el Caos Cósmico con el fin de condensar su poder creador en un cristal con el cual podría revivir a su querida hija, fallecida tiempo atrás. En su búsqueda, llegó a Yusnaan, y en la playa oyó la voz de un demonio, que le hablaba cada vez que se acercaba por allí, prometiéndole la solución a su problema si le concedía la libertad de la prisión en la que se hallaba. Pero debía primero resolver el enigma de dónde hallarle, con una pista que grabó en una roca. Incapaz de descifrarla y con el corazón roto por las vanas esperanzas, el alquimista, desesperado, terminó por arrojarse al océano para reunirse con su hija. La moraleja, según se consideraba, era que uno debe seguir su propio camino si deseaba desafiar al destino, sin dejarse influenciar por nadie, pues la determinación necesaria para sobrevivir debía ser propia, y si ésta flaqueaba acarrearía la desgracia.

-Fíjate-comentó Serah entonces; Lightning observó la página que su hermana estaba leyendo. Reconoció el párrafo que relataba el momento en el que el demonio grababa el enigma de su prisión en la roca-. ¿Has visto esto? Han dibujado el enigma y todo.

Efectivamente, había dibujada una roca de playa con un texto grabado en ella. Eran caracteres ininteligibles; Lightning no los había visto nunca, y a juzgar por su expresión, Serah, que había estudiado numerosos alfabetos y lenguajes con más interés que ella, tampoco.

-Qué símbolos más raros. Quien fuera que ilustrara esto, desde luego tenía imaginación.

-Déjame ver-pidió Hope; Serah le pasó el libro, y el ángel estudió la página con interés-. “Allá donde las olas rompen junto a las ruinas del castillo del caído imperio demoníaco. Allá se halla el secreto del origen de toda magia, otorgada por todos los demonios que ahora duermen el sueño eterno. Allá me hallarás, tú que buscas las respuestas de los misterios del mundo, tras la roca blanca celestial que te conducirá a las puertas de la oscuridad infernal.” Eso es lo que dice.

Lightning y Serah se habían quedado de piedra, mirando fijamente a Hope sin terminar de creerse lo que habían oído. Aquello era un cúmulo de caracteres sin sentido de un libro viejísimo… y el ángel lo había leído como si tal cosa. Y ambas sabían que Hope era incapaz de mentir, y por tanto no podía verbalizar ficción de su propia cosecha.

-Qué… ¡¿Qué has dicho?!-exclamó una atónita Lightning-¿Cómo has podido entenderlo?

-Es lenguaje angélico-explicó Hope sin comprender a qué se debía la estupefacción de las hermanas-. Y esos caracteres son angélicos. Soy un ángel: puedo leer ambas cosas con fluidez.

-¿Existe un alfabeto angélico?-Serah estaba genuinamente sorprendida-No lo sabía. Hasta la fecha, siempre que hemos leído textos en el lenguaje angélico, o bien estaba transcrito a nuestro alfabeto común o a uno de los alfabetos de los tres dioses.

Fue entonces cuando Lightning empezó a ser consciente de las implicaciones de aquel descubrimiento. No era la primera vez que ella y sus camaradas lu’Cie habían dado con símbolos incomprensibles durante sus búsquedas; si era cierto que existía un alfabeto angélico, entonces podrían albergar secretos vitales para dar con el Corazón… y sólo Hope podría leer aquellas pistas. “Con razón la profecía decía que sólo un ángel podría conducir al Corazón a su legítimo poseedor.”

-Es curioso-comentó Hope, distrayéndolas a ambas de sus reflexiones-. Me sorprende que los demonios formen parte de vuestros cuentos infantiles. Aunque, por lo que me contasteis, no son tan malos como yo creía.

Las hermanas Farron lo miraron sin entender.

-¿Qué quieres decir? Los demonios son demonios. El de la fábula jugó con las esperanzas del alquimista y lo hizo suicidarse.

-Sí, lo sé. Sé que son tramposos e imprevisibles. Pero supongo… -Hope miró a Lightning con los ojos brillantes-Quizá sólo lo fueran porque querían ser libres. Como el del cuento.

Ella le devolvió la mirada, preguntándose qué diablos querría decir el ángel con aquello. ¿Cuándo le habían hablado Serah y ella de demonios? A diferencia de los ángeles, los demonios no eran sino criaturas literarias, a menos que se los identificara con monstruos con cierto grado de inteligencia.

-Espera… -Serah se había puesto pálida, y Lightning se percató de que su hermana había entendido lo que Hope estaba diciendo-Cuando dices “demonios”… ¿te refieres a los fal’Cie?

-Claro-repuso él, y entonces parpadeó-. Ah, es cierto. Olvidaba que no os gusta que los llame así. Lo siento.

Otra pieza encajaba, y de qué forma. Lightning no escuchó las disculpas de Hope; estaba demasiado ocupada en asimilar lo que aquello implicaba. El ángel usaba términos bastante trasnochados en su tiempo para referirse a algunas cosas, como por ejemplo su tendencia a llamar “Eternos” a los lu’Cie… y, desde luego, en tiempos muy antiguos, los dioses habían llamado “demonios” a los fal’Cie. Una palabra que ya nadie usaba en tal contexto, y por tanto nadie asociaría con una de aquellas criaturas.

-¿Quieres decir… que el demonio del cuento podría ser un fal’Cie?-Lightning alzó la vista hacia Serah, y su hermana asintió, indicándole que estaba pensando lo mismo que ella:

-¡Pandemónium!

-¿El fal’Cie que buscamos?-Hope ladeó la cabeza-¿Creéis que es el demonio del que habla el cuento?

-Vuelve a leerlo-Serah le señaló el párrafo del enigma-. Si lo que has dicho es cierto, habla de “el origen de toda magia, otorgada por todos los demonios”. El nombre del fal’Cie significa, literalmente, “todos los demonios” en un antiguo dialecto de nuestra lengua. Y como recordarás, Pandemónium fue, según la leyenda, quien concedió a los humanos el don de la magia.

-En ese caso, este cuento revelaría dónde podemos encontrarlo-intervino Lightning, sintiendo su corazón acelerarse por la expectación-. Habla de la roca blanca celestial… ¿Crees que podría referirse a la Aguja Astral, Serah?

-Puede ser… Es lo único que encaja en esa descripción.

-¿La Aguja Astral?-preguntó Hope-¿Qué es eso?

-¿Te acuerdas de nuestros paseos por la playa?-le dijo Lightning-No sé si te fijaste mucho en los acantilados cerca del polígono industrial, pero cerca de una de las entradas hay una roca muy alta en forma de pináculo; se la reconoce porque es de un color casi blanco, en comparación con las demás.

-Y la entrada es conocida por haberse derrumbado hace muchísimo tiempo-terció Serah, sonriendo ampliamente-. Milenios, de hecho. Ya casi nadie recuerda que existe, y como los brotes de Caos Cósmico son relativamente frecuentes, la gente tiende a no acercarse por allí.

Lightning asintió. Aún no salía de su asombro: acababan de averiguar como si tal cosa cómo podrían, tal vez, dar con el pasaje secreto que les llevara hasta el fal’Cie Pandemónium, y lo habían sacado de un libro de cuentos infantiles, nada menos. Se habían pasado más de una semana leyendo sin parar registros oficiales de la ciudad, y la joven se dio cuenta de que podrían haber seguido así sin éxito meses enteros. “Hemos sido unos estúpidos. ¿Quién registraría la ubicación de un escondrijo de un fal’Cie en un documento oficial al cual la Orden tiene acceso? Nos hemos olvidado de las leyendas populares como idiotas.”

-Pues ya está-dictaminó Lightning-. Ya sabemos dónde empezar a buscar. Mañana mismo iremos allí, ¿estáis de acuerdo?

-Sí-repuso Hope, que parecía contento por el giro de los acontecimientos-, pero deberíamos dormir si vamos a adentrarnos allí. Quién sabe lo que podríamos encontrar.

-Por mí vale-adujo Serah, y con una alegre risa echó a correr hacia la puerta-. ¡Voy a contárselo a Snow ahora mismo!

Lightning y Hope la vieron desaparecer en apenas unos segundos. Hubo un largo silencio, hasta que Hope se levantó despacio y empezó a devolver los libros a sus estantes.

-Supongo que tengo que darte las gracias.-dijo Lightning tras aquella pausa. El ángel sacudió la cabeza con calma.

-No tienes por qué. Lo único que he hecho ha sido leer. Lo demás ha sido mera casualidad.

-Sí, bueno. Pero si no hubiera sido por tu curiosidad, seguiríamos estancados-replicó ella-. Ahora tenemos que centrarnos en lo que nos aguarda mañana, de todas formas. ¿Crees que podrás seguirnos el ritmo? ¿Cómo llevas las heridas?

Hope frunció el ceño.

-Me siento mejor en general desde que estamos en Yusnaan. Me duele la espalda, pero me estoy acostumbrando a eso. Por lo demás, estoy bien.

-Me alegro-Lightning asintió, satisfecha, y se dirigió hacia la puerta-. Debemos descansar, como bien has dicho. Tú, el que más. Es muy posible que mañana necesitemos tu ayuda, Hope.

-No te preocupes por eso, Light-respondió el joven ángel volviendo la vista hacia ella, sus ojos ligeramente brillantes a la luz del candil-. Puedes contar con mi ayuda. Ahora y siempre.

* * *

-¿Estás segura de esto, Serah?-preguntó Snow, horas más tarde, cuando el sol del mediodía iluminaba el cielo sobre Yusnaan.

-Ya te he dicho que sí, Snow. Hemos venido expresamente por esto, y yo quiero ir también.

-Por una vez estoy de acuerdo con Snow-intervino Lightning, preocupada-. Tu Marca todavía sigue activa. ¿Y si mientras luchamos usas demasiada magia y todo el esfuerzo que hemos estado haciendo se pierde?

Serah suspiró con paciencia. Tras haberle contado a Snow su descubrimiento acerca del posible paradero del pasadizo que les llevaría hasta Pandemónium, el Patrón había insistido en acompañar a su prometida, a su hermana y a Hope hasta la base de la Aguja Astral, un enorme pináculo de roca blanca a orillas del mar, cerca del polígono industrial. Pero ahora, tanto Lightning como Snow se mostraban reticentes a permitirle a la pequeña de las hermanas Farron adentrarse en aquel pasadizo.

-Os olvidáis los dos de que yo también soy una lu’Cie y me han entrenado para luchar. Yo también formo parte de todo por lo que luchamos, y no he venido de turismo-replicó Serah, severa-. Y desde luego no voy a dejar que tú y Hope os metáis ahí dentro solos.

Lightning frunció el ceño, pero no insistió. Sabía de sobra lo cabezota que era su hermana, y no iba a conseguir hacerla cambiar de opinión. “Es cierto que no sería inteligente meterme ahí dentro sólo con un ángel medio convaleciente, pero tampoco puede decirse que Serah esté al cien por cien…”

-Sigo pensando que debería ir con vosotros-dijo Snow rascándose la cabeza-. Esta zona suele llenarse de brotes de Caos Cósmico hacia la noche… y vete a saber la clase de engendros que podéis encontraros ahí dentro.

-Tú no puedes venir, Snow. Ya lo sabes, eres uno de los Patrones. Si los demás notan tu ausencia, podríamos llamar la atención más de lo que quisiéramos. Tú vuelve al palacio y quédate tranquilo y sin hacer ninguna locura.

Snow alzó las manos, en un gesto de resignación:

-Está bien, está bien. No me meteré y os cubriré las espaldas. Pero dejadme que os allane el camino… -el Patrón avanzó hacia la base de la Aguja Astral, y empezó a palpar la zona en la que, momentos antes, Hope había detectado rastros de una concentración anormal de Caos Cósmico. Entonces, con un grito, Snow alzó un puño, que se rodeó de un halo de magia gélida, y golpeó con todas sus fuerzas aquella parte de roca, que reventó en medio de una nube de polvo-¡Ajá! ¡Parece que no eran cuentos de viejas después de todo! ¡Mirad eso!

Cuando se disipó la polvareda, Lightning, Serah y Hope descubrieron que, en el punto en el que Snow había golpeado la Aguja Astral, se había abierto un enorme agujero cuyos bordes brillaban con un resplandor rojizo. Era lo bastante grande como para que cupiera una persona, algo de lo que estaban seguros que la magia de Snow no habría podido causar.

Hope se acercó para examinar aquel agujero, pasando sus dedos con cautela por los resplandecientes bordes, y frunció el ceño levemente.

-Es una barrera mágica-explicó el joven ángel, volviéndose hacia los tres lu’Cie-. Reacciona al contacto con la magia de los Eternos. Cuando la hayamos atravesado, el pasadizo volverá a sellarse.

-Perfecto. Entonces no tendremos que preocuparnos por si alguien nos sigue-Lightning asintió, satisfecha, desenvainando su espada-. Bien, vamos allá. Tenemos un fal’Cie que encontrar.

Serah sacó un par de dagas gemelas que guardaba en unas vainas atadas a sus tobillos, y antes de dirigirse hacia la entrada del pasadizo, abrazó a Snow con fuerza:

-Hasta luego, mi héroe-le dijo, y lo besó suavemente en los labios cuando él la levantó del suelo-. No te preocupes por mí, te prometo que saldré de una pieza de ahí.

-No me cabe la menor duda, nena. Eres una mujer de armas tomar. Sé que no vas a dejar que ningún monstruo de tres al cuarto nos deje sin boda.

Lightning observaba a la pareja con una mezcla de disgusto y envidia. Seguía sin llevar bien que su hermana fuera a casarse y la dejaría sola, pero no sólo era eso… “Si tan sólo tuviera lo que ellos tienen… entonces ya no tendría que preocuparme por la soledad.”

Entonces sintió un breve roce sobre su hombro. Se volvió hacia atrás, alerta, pero sólo vio a Hope, que había retirado la mano tan pronto como la había posado. La expresión del ángel era casi marmórea, como de costumbre, pero Lightning ya había aprendido a leer en sus ojos, y éstos brillaban con comprensión y simpatía. La joven comprendió que Hope había percibido lo que estaba pensando y había querido ofrecerle algo de consuelo. “Tiene razón. Gracias a él, si todo sale como espero, pronto Mikhail regresará y entonces la profecía se hará realidad. Y yo ya no estaré sola.”

Serah se unió a ellos, y dirigió una última mirada a su prometido, que se despidió de los tres con la mano antes de que, una vez atravesado el umbral, la barrera volviera a cerrarse, dejándoles en la oscuridad más absoluta.

-Vaya… Dadme un momento-murmuró Serah, y de pronto una esfera de fuego iluminó tenuemente el pasillo flotando sobre la mano de la pequeña de las hermanas Farron-. Ya está. Vamos, ya podemos seguir.

-Bien hecho, Serah, pero no abuses de tu magia-advirtió Lightning, preocupada; se puso a la cabeza, blandiendo su espada eléctrica-. Hope, quédate entre nosotras; Serah, cubre la retaguardia. Y estad atentos a cualquier movimiento, por esta zona los brotes de Caos Cósmico son muy comunes.

Hope asintió, situándose tras Lightning, seguido por Serah. Durante un largo rato, los tres avanzaron por el pasillo, que parecía hundirse en las entrañas de la tierra. No podían ver mucho de lo que tenían delante porque la esfera de fuego que flotaba frente a ellos y controlaba Serah no era muy grande, pero tampoco querían llamar demasiado la atención de los posibles monstruos que merodearan por allí.

Al cabo de media hora larga, Lightning, Hope y Serah llegaron a lo que parecía el final del pasadizo. Se abría a una caverna algo más amplia, llena de estalactitas y estalagmitas. Y sobre ellos parecía flotar una extraña niebla negra, tan densa que parecía líquido; pequeños cristales violetas flotaban en el aire.

-¿Qué es eso?-preguntó Hope, mirando la niebla con desconfianza.

-Eso es Caos Cósmico-explicó Serah-. Así es como se manifiesta en el plan físico, ¿ves?

El ángel parecía intrigado. Se acercó con curiosidad a la niebla negra, examinándola atentamente, y extendió una mano hacia ella.

-Yo que tú no lo tocaría-dijo Lightning; Hope bajó la mano al momento-. Nunca sabes qué puede pasar si lo haces. Por eso mismo se llama “caos”, es imposible adivinar qué te espera dentro.

-Por lo general, monstruos-apostilló Serah-, pero en ocasiones ha habido gente que ha sido absorbida en otra dimensión, o bien se han convertido ellos mismos en monstruos.

Hope se separó del Caos Cósmico, receloso. Frunció el ceño y echó una mirada a su alrededor; a excepción de lo que la esfera de fuego de Serah iluminaba, el resto estaba completamente oscuro.

-¿Hemos llegado a donde queríamos?

-No creo-dijo Lightning, sacudiendo la cabeza-. Si estuviéramos dentro del Palacio nos habríamos dado cuenta. Esto debe de ser alguna clase de antesala, a juzgar por lo que hemos andado.

-Así es. El Palacio ha de estar un poco más adelante. Sin embargo… -Serah avanzó unos pasos, haciendo flotar la esfera de fuego a su alrededor para poder ver mejor lo que les rodeaba-Fijaos, por allí ha de estar la salida, pero esto no es Caos Cósmico sin más. Es un brote entero, míralo.

Lightning frunció el ceño. Aquello sólo significaba problemas.

-Supongo que no tenemos más remedio que atravesarlo.

-Ajá-asintió Serah, no sin fastidio-. Mucha suerte estábamos teniendo.

Hope las miraba sin comprender muy bien dónde estaba el problema, pero decidió no preguntar nada y limitarse a obedecer lo que le dijeran. Ellas eran las expertas, al fin y al cabo.

-Vamos, Hope-Lightning le hizo un gesto para que se acercara-. No te separes de nosotras cuando estemos dentro del brote, ¿de acuerdo? Ahí dentro puede haber monstruos muy poco amigables, y no creo que quieras acabar como su almuerzo.

-Más bien no-replicó él con una chispa de sarcasmo-. Tan sólo decidme qué he de hacer.

-Estar alerta-dijo Serah aferrando sus dagas al tiempo que los tres echaban a caminar, adentrándose en el brote de Caos Cósmico-. En cualquier momento puede aparecer algún monstruo con ganas de marcha. Si ves cualquier cosa, avísanos.

El ángel asintió, tenso. No sólo por el hecho de que de repente algún bicho hambriento se abalanzara sobre ellos desde las sombras, sino porque algo tenía el Caos Cósmico que le ponía nervioso. Quizá fuera la energía que sentía que manaba de él… una energía pura, imparable, imprevisible. Ahora que sabía que la magia nacía del Caos Cósmico, comprendía que era una alteración de las leyes naturales… Y eso era algo que él debía detectar. Se trataba de un desequilibrio más antiguo que el tiempo, que debía ser vigilado y estabilizado. Al menos, eso era lo poco que tenía claro sobre aquel fenómeno.

Los tres siguieron su camino en el interior del brote de Caos Cósmico. Pese a la densa niebla negra, la esfera de fuego de Serah les permitía ver razonablemente bien. Poco a poco, la roca empezó a dar paso al metal, y las paredes del camino dejaron de ser de bordes irregulares para ser cada vez más pulidas.

-Nos acercamos-informó Lightning, respirando hondo y acelerando el paso-. Menos mal, creía que este pasadizo no se iba a acabar nunca.

Serah, animada, también echó a andar más deprisa, pero entonces Hope se volvió hacia las sombras detrás de ellos. Su instinto le acababa de mandar una señal de alerta, y la última vez que lo había hecho un asesino había tratado de acabar con la vida de Lightning.

-¡Cuidado!-exclamó, interponiéndose entre Serah y lo que fuera que acechara en el Caos Cósmico. Las hermanas Farron, que habían bajado la guardia, fueron demasiado lentas en reaccionar cuando vieron a un enorme cíclope, un monstruo de cuerpo escarlata, pezuñas y un único ojo del color de la sangre, lanzarse sobre ellas enarbolando una enorme porra llena de pinchos encarnados…

… que chocó de lleno contra una barrera mágica de color verde que se había alzado de pronto ante ellas. Lightning y Serah, asombradas, vieron a Hope de pie frente al monstruo enfurecido, con los brazos alzados, manteniendo aquel inusitadamente poderoso hechizo Coraza. “¿Cómo diablos lo ha hecho? Un hechizo Coraza normal no habría aguantado un golpe directo de un cíclope potenciado por un brote de Caos Cósmico”, pensó Lightning, atónita. A juzgar por la expresión de Serah, su hermana estaba pensando lo mismo que ella.

Sin embargo, no era momento de pararse a pensar en ello; Hope había aturdido al monstruo erigiendo la barrera justo en el momento de su ataque, y el cíclope había salido despedido hacia atrás al chocar contra la Coraza. Lightning echó a correr hacia el monstruo con su espada eléctrica en alto, saltó sobre él y le asestó una serie de profundos tajos. El cíclope, gruñendo, trató de quitársela de encima; la joven se vio obligada a retroceder para evitar ser aplastada por la porra del engendro.

-¡Lightning!-oyó exclamar a Serah; una serie de rayos pasaron por encima de ella cuando se agachó, impactando en el cíclope, que rugió de dolor. Lightning sonrió, reconociendo la táctica de su hermana, que consistía en aturdir al enemigo con rápidas cadenas de hechizos Electro. Gracias a su intervención, consiguió clavarle la espada en el vientre; el cíclope rugió de dolor y pataleó con furia mientras la electricidad del arma y de los hechizos de Serah recorría su cuerpo.

Pero, contra todo pronóstico, aquello no bastó para acabar con el monstruo, que en su agonía se revolvió inesperadamente y golpeó a Lightning de refilón con la porra, haciéndola caer al suelo con un grito ahogado de dolor. Aturdida, la joven trató de incorporarse, pero cuando consiguió coger su espada y volverse hacia el cíclope, éste ya estaba descargando su porra contra ella. Lightning cerró los ojos instintivamente, preparándose para el impacto.

Que, una vez más, no llegó a producirse; sonó una especie de tañido metálico, como un objeto duro golpeando una superficie de acero. Cuando Lightning abrió los ojos, descubrió que entre ella y la porra del cíclope se había alzado aquella poderosa Coraza, y que Hope estaba a su lado con los brazos extendidos, haciendo evidentes esfuerzos para repeler el envite del engendro.

Al final, el poder del ángel se impuso: de pronto, la Coraza arrastró al cíclope contra la pared en un estallido de magia, haciéndolo impactar contra el muro y caer al suelo. Agotado, Hope cayó de rodillas a su lado, pero antes siquiera de que Lightning pudiera reaccionar, Serah corrió hacia el monstruo caído, se abalanzó sobre él y le clavó una de sus dagas en el ojo con todas sus fuerzas. El cíclope aulló con todas sus fuerzas antes de desplomarse definitivamente, muerto, y que su cadáver se desvaneciera en miríadas de pequeños cristales.

-Ha estado cerca-pudo decir Serah tras respirar hondo, acercándose a ellos-. ¿Estáis bien?

-… Sí, creo que aún estoy entera-respondió Lightning, clavando su espada en el suelo para poder apoyarse sobre ella y levantarse-. Gracias por tu ayuda, Serah.

Su hermana sonrió.

-Ya te dije que podía apañármelas, hermanita-dijo con cierta sorna, y entonces se volvió hacia Hope, que trataba de recobrar el aliento-. ¿Y tú, Hope? ¿Cómo estás?

-Bien… Estoy bien-repuso él en voz baja, y tosió-. Dadme sólo un minuto…

-Tranquilo-Lightning le ofreció una mano que él tomó, y le ayudó a levantarse poco a poco-. Apóyate en mi hombro, ¿vale? Y no hagas más esfuerzos de los necesarios. Bastante has hecho ya.

Él se limitó a fruncir apenas el ceño mientras le pasaba el brazo a Lightning por los hombros para que le ayudara a caminar, y siguieron adelante a paso más lento para que el ángel pudiera recuperar algo de su fuerza.

-¿Cómo has hecho eso, Hope?-preguntó Serah al cabo de unos minutos, cuando ya parecía que el ángel se encontraba mejor y ya no necesitaba apoyarse en Lightning.

-¿El qué?-Hope la miró sin comprender.

-¡Pues ese hechizo Coraza! Nunca había visto uno tan poderoso. ¡Si hasta lo has usado para repeler a ese cíclope! Eso nunca lo ha hecho nadie, ni siquiera los lu’Cie pueden hacer eso. A nosotros incluso nos cuesta mantener una protección en pie ante un ataque de un monstruo nacido en un brote de Caos Cósmico.

Hope se miró las manos, sin saber qué decir.

-No sé qué quieres que te responda. Lo he hecho sin más, Serah. Nunca antes había usado magia, pero eso no quiere decir que no sepa usarla.

-No me refiero a eso. Quiero decir… -Serah buscaba las palabras adecuadas, pero Lightning se le adelantó:

-Lo que Serah intenta preguntarte es cómo has hecho un hechizo tan poderoso, pero creo que eso es bastante obvio. Eres un ángel, ¿no? Se dice que eran seres aún más fuertes que los lu’Cie.

Hope se limitó a ladear la cabeza, pero no dijo nada. Lightning se preguntó qué se le estaría pasando por la mente. Desde luego, era la primera vez que ella y Serah veían al ángel usar su poder, aunque era obvio que no estaba en su mejor momento. “Me pregunto cómo de poderoso es realmente… aunque quizá nunca vuelva a recuperar toda su fuerza.”

En ese momento, apareció una puerta de metal labrado ante ellos, ya cuando el pasadizo había dejado de ser de roca por completo. Una extraña luz rojiza, sobrenatural, flotaba en torno a ella.

-¡Mirad! Creo que ya estamos-anunció Serah, apresurándose a acercarse a la puerta. Al pasar un dedo sobre ella, sonrió-. Está sellada, pero es un sello hecho por magia lu’Cie. Ésta la podemos abrir sin problemas.

-¿Y cómo vais a hacerlo?-preguntó Hope con curiosidad.

En vez de responder, Serah posó la palma de la mano sobre la puerta y murmuró las palabras de un hechizo. Una salpicadura de agua surgió de su mano, y en ese instante, con un fuerte quejido y un resplandor rojizo, las puertas se abrieron ante ellos.

Los tres atravesaron el umbral, preparados para reaccionar en cualquier momento, mientras la puerta se cerraba tras ellos y volvía a sellarse. Aquella zona estaba tenuemente iluminada, por lo que Serah hizo desaparecer la esfera de fuego para evitar llamar la atención. Se trataba de un lugar húmedo, lúgubre, de paredes de metal e iluminación fría, casi aséptica. Nada que ver con el radiante palacio que sabían que se alzaba por encima de ellos.

-¿Esto son los sótanos del Palacio de Yusnaan?-Lightning frunció el ceño, sorprendida-Parece que las historias eran ciertas después de todo.

-¿Las historias?-Hope la miró sin comprender.

-Luego te lo contamos-intervino Serah-. Lo mejor será que nos pongamos en marcha; según Snow, hay algunos guardias por aquí, y puede que hayan oído algo cuando abrimos la puerta.

-Bien-asintió Lightning, y se volvió hacia Hope-. Ahora que ya estamos dentro del palacio, Hope, tienes que concentrarte, a ver si puedes detectar por dónde puede estar Pandemónium. ¿Notas algo en especial?

El ángel arrugó levemente el entrecejo. Era complicado detectar nada sin saber exactamente qué estaba buscando. Pero al fin y al cabo, sólo él podía hacerlo. “Y por esto es por lo que Light me ha traído. Le prometí que la ayudaría, y voy a cumplir mi parte.”

Se concentró todo lo que pudo, rastreando la energía que fluía por la zona. Por una parte sentía el Caos Cósmico, rezumando por las partes más recónditas del subsuelo; también detectaba signos vitales de humanos, seguramente los guardias que Lightning y Serah habían mencionado…

… Y también un extraño rastro de energía, una fuerza que no se parecía en nada que hubiera percibido nunca. De hecho, una vez la detectó, se dio cuenta de que podía seguir su rastro, como si hubiera un hilo que lo ligara a su fuente.

-Seguidme-les dijo a las hermanas Farron, echando a andar-. Creo que lo he encontrado.

-Espera-le detuvo Lightning, reteniéndole por el hombro-, ¿vas a ir tú delante? Aún no estás del todo bien, y acabas de agotarte.

-Me las arreglaré. Siempre y cuando vosotras estéis de acuerdo en que vaya delante.-el ángel las miró, un tanto inseguro. Pero Serah sonrió alentadora, y Lightning terminó por ceder, con un suspiro.

-Está bien. Nosotras te cubrimos la retaguardia; tú mantén la vista al frente.

* * *

Durante un largo rato, Lightning y Serah siguieron a Hope en su descenso por los niveles más profundos del palacio de Yusnaan. En el camino se encontraron con varios guardias, pero por suerte el ángel los percibía desde una distancia considerable, con lo cual podían ocultarse fácilmente de ellos y avanzar sin ser vistos. Hubo un par de ocasiones en las que por poco los descubrieron, pero consiguieron descender hasta las zonas menos vigiladas sin hacer saltar las alarmas.

-¿Por qué vigilan tanto este lugar?-preguntó Hope una vez dejaron atrás a los guardias; ya no detectaba signos vitales humanos en las áreas inferiores-No saben que hay un fal’Cie aquí, ¿verdad?

-Claro que no, pero en los sótanos del palacio se guardan muchos suministros-explicó Serah-. Y no sólo eso, sino que se dice que muchos de los tesoros de la Orden se guardan aquí. No te extrañe que haya tantos guardias; puede que haya verdaderas fortunas aquí guardadas.

-La mayoría de ellas, conseguidas a costa de los lu’Cie que la Orden asesinó a lo largo de los siglos-apostilló Lightning, no sin rabia-. De hecho…

Hizo una pausa y miró a su alrededor. Hope y Serah la imitaron, y descubrieron que, en su camino, habían llegado a una sala de aspecto lúgubre, plagada de celdas cuyos barrotes desprendían una inquietante luz rojiza. Los tres se tensaron, inquietos; algo había en el ambiente que les ponía nerviosos.

-¿Qué es todo esto?-preguntó Hope en voz baja. Serah se acercó a una de las celdas, con el ceño fruncido, e hizo un gesto de desagrado.

-Pues sí que era verdad, Lightning. ¿Has visto esto?

-Ya lo creo-gruñó su hermana, y se volvió hacia Hope, que no entendía nada-. El palacio de Yusnaan parece muy radiante, como habrás visto, pero esconde un secreto muy oscuro. Supongo que te lo estarás imaginando al ver esta sala.

El ángel miró a su alrededor. Lo único que veía eran decenas y decenas de celdas de brillantes barrotes.

-Son jaulas mágicas.

-Prisiones, más bien-corrigió Serah, con tristeza, mientras seguían su camino-. El palacio de Yusnaan fue durante mucho tiempo la prisión en la que la Orden encerraba a los lu’Cie, después de su llegada al poder. Como puedes ver, las celdas están hechizadas; es un conjuro para neutralizar nuestra magia. De esa forma, los lu’Cie no podían usar sus poderes para escapar.

Ahora que se fijaba más, Hope alcanzó a ver el interior de una de las celdas. Había un esqueleto en un rincón, en bastante mal estado a juzgar por lo que veía. No fue el único que vio; muchas de ellas aún tenían uno o dos esqueletos medio destartalados dentro. “Parece que llevan siglos aquí dentro… ¿Dejaban a los Eternos morir aquí, sin más, y se olvidaban de ellos? Ni siquiera recibieron una sepultura digna…”

-Supongo que la fábula tenía más lógica de la que pensábamos-siguió diciendo Serah, pensativa-. Esto era una prisión para los lu’Cie, y en el cuento, había un demonio prisionero que resulta ser el fal’Cie Pandemónium, el que creó a los lu’Cie. Encerrado en el mismo sitio que los seres a los que creó después de la llegada al poder de la Orden.

-Pero cuando todo esto acabe-dijo Lightning-, Pandemónium ya no tendrá que esconderse. Y nosotros tampoco. Pero para eso primero tenemos que encontrarle. Hope, ¿sabes por dónde puede estar?

-Sí-repuso él, sin dejar de caminar-. Creo que no está ya lejos. Siento la energía haciéndose cada vez más fuerte.

Y efectivamente, el ángel no se equivocaba. Quince minutos más tarde, tras descender todavía más entre celdas y celdas llenas de esqueletos de desafortunados lu’Cie, los tres dieron con un gran muro de metal labrado que les cortaba el paso. Era un callejón sin salida… en apariencia, al menos, porque Hope se acercó a la pared frunciendo el ceño.

-¿No hay salida?-Lightning miró irritada a su alrededor-¿Y esto es la parte más profunda del palacio?

-Hope, ¿estás seguro de que aquí es donde sientes esa energía que decías?-le preguntó Serah al verle examinar el muro.

-Estoy seguro-asintió Hope, sin ápice de duda en su voz-. Es aquí, justo en este muro. Probablemente se trate de una puerta sellada, si lo que me dijisteis es cierto.

Las hermanas Farron asintieron.

-Con magia angélica, según las leyendas-puntualizó Lightning-. Si es cierto, sólo tú podrías abrir esa puerta, Hope. ¿Sabes cómo hacerlo?

Hubo una pausa incómoda.

-… No puede decirse que lo sepa-admitió el ángel con evidente reticencia-. Nunca me he visto en la necesidad de abrir un sello como el que decís.

Antes de que Lightning pudiera intervenir, y seguramente lo haría con obvia incredulidad e indignación, Serah sugirió:

-Prueba a ver si tocándola se te ocurre algo. Nos has visto a nosotras abrir los sellos de magia lu’Cie, ¿no? Quizá si usas tu magia sobre la pared te orientes un poco.

Hope no parecía muy convencido; se miró las manos, inseguro, pero finalmente siguió el consejo de Serah bajo la expectante mirada de las hermanas. Con cautela, apenas rozó el metal labrado con los dedos, tratando de concentrarse en la magia angélica que percibía sobre el muro.

No necesitó más, la verdad. Apenas un segundo después de que sus dedos tocasen la pared, hubo un fogonazo de luz que deslumbró a los tres; Hope retiró la mano rápidamente en un acto reflejo, al tiempo que toda la sala temblaba y, de repente, el pedazo de muro que estaba labrado se desvaneció como si nunca hubiera existido, dejando a la vista un oscuro pasadizo que se hundía todavía más en las entrañas de la tierra.

-¡Lo has conseguido!-exclamó Lightning, asombrada-¿Cómo lo has hecho?

-No lo sé-reconoció Hope-. Lo único que he hecho ha sido tocarla…

-Quizá el simple hecho de que te reconociera como ángel era suficiente-supuso Serah, que estaba tan emocionada como su hermana-. No importa, ¡la cuestión es que has abierto el sello! Ahora tenemos que ir a ver si de verdad Pandemónium está ahí dentro.

-Sí-una vez repuesta de la sorpresa, Lightning se volvió hacia Hope-, y debemos tener cuidado. Pandemónium no sabe quiénes somos, y quizá trate de atacarnos si sospecha que estamos aquí para entregarlo a la Orden. Hemos de ser muy, muy cautelosos. Y Hope, recuerda que eres el ángel de Bhunivelze; puede que el fal’Cie no se muestre muy amigable contigo.

-Yo no voy a hacerle nada-replicó Hope mirándola fijamente, sin parpadear-. Tan sólo vamos a preguntarle. No creo que vaya a enfadarse por eso.

Lightning suspiró mientras se adentraban en el pasadizo, alerta ante cualquier posibilidad de peligro. La inocencia de Hope no conocía límites, como de costumbre. “No se plantea siquiera que su simple condición sea motivo para que mucha gente, más de la que se imagina, lo quiera muerto. Y un fal’Cie como Pandemónium, que terminó encerrado en esta prisión a causa de Bhunivelze, es sin duda uno de ellos.”

No tuvieron que avanzar mucho rato hasta llegar a una gran sala, muy tenuemente iluminada por antorchas de fuego azul. No se podía ver apenas en la densa penumbra, pero antes de que Serah pudiera invocar de nuevo un fuego para iluminar la estancia, una voz, monótona y mecánica, resonó por toda la estancia, dejando a Lightning, Serah y Hope clavados en el sitio, cogidos por sorpresa:

«¿Quién ha atravesado el sello ancestral? ¿Quiénes sois, forasteros, que osáis adentraros en mi prisión?»

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