-Nada, no hay manera-suspiró Serah
pasando cansada las hojas del libro-. No dice nada sobre pasadizos secretos ni
nada por el estilo.
Lightning, Serah y Hope estaban en la
biblioteca de los archivos del Palacio de Yusnaan, examinando libros y más
libros que detallaban historias de la construcción y los planos de la ciudad.
Llevaban así ya varios días, sin éxito, a pesar de las horas que echaban a la
tarea. Era un trabajo tedioso, y sólo se detenían para comer, dormir y dar
alguna vuelta por Yusnaan para relajarse, y también para que Hope pudiera rastrear
la presencia de Pandemónium. Algo que, hasta la fecha, tampoco había dado
resultado.
-Estos libros parecen demasiado
recientes-observó Lightning, examinando las fechas del libro que estaba
leyendo, claramente irritada-. Claro que si queremos algún detalle sobre
pasadizos ocultos por ángeles destinados a proteger a un fal’Cie, tendríamos
que remontarnos a archivos que tengan más de 3131 años.
-¿Por qué?-Hope era el único que
encontraba aquella tarea interesante; de hecho, las hermanas Farron le habían descubierto
leyendo libros que no tenían nada que ver con lo que tenían entre manos-¿No se
supone que los historiadores registran todo lo sucedido?
-Se supone. Pero recuerda que la Orden
lleva más de tres milenios tratando de borrar la historia previa a su llegada
al poder-gruñó Lightning-. Aunque en este caso, estarían encantados de
encontrar un registro sobre un pasadizo que conduzca hasta un fal’Cie. Supongo
que si había algún escrito, puede que lo escondieran para que no cayera en
malas manos.
-Entonces, si está escondido, ¿por qué
buscamos aquí?-preguntó el ángel.
-Porque es lo único que tenemos-Serah
sonrió con cierta ironía-. Como ves, los archivos son enormes. Tal vez en medio
de todos estos libros se colara algún registro. No sería nada fácil encontrarlo
aunque lo hubieran dejado aquí.
-Y dudo que nadie excepto nosotros
tuviera ánimos para intentarlo-Lightning resopló con sarcasmo-.
Afortunadamente, somos lu’Cie. Tenemos todo el tiempo del mundo para leernos
todos estos libros.
Hope no entendía por qué las hermanas
Farron estaban tan aburridas. Él estaba encantado leyendo aquellos libros. Al
principio le había costado adaptarse a la escritura de los humanos, una versión
muy simple del alfabeto del Altísimo que no había reconocido en un primer
momento, pero ahora se podría decir que devoraba los libros. “Cuentan historias muy interesantes. Me
pregunto si habrán sucedido de verdad o se las inventan. Ojalá yo pudiera
hacerlo, si fuera lo último”, pensaba el ángel. “Pero no me está permitido mentir. En cambio, los humanos pueden tornar
la mentira en hermosos relatos.”
Serah miró por la ventana de la
biblioteca. Estaba anocheciendo, y los fuegos artificiales empezaban a iluminar
el cielo de Yusnaan.
-Yo creo que es suficiente por hoy-dijo,
cerrando el libro-. Además, Snow y yo hemos quedado en ir a ver una obra de
teatro en La Profecía esta noche, así que quiero arreglarme un poco.
-Pero si no estás mal.-comentó Hope
ladeando la cabeza. Serah se echó a reír.
-Gracias, Hope, pero no me refiero a
arreglarme porque esté mal. Es sólo para estar un poco más guapa.
-¿Por qué? No eres fea.
-Déjalo-intervino Lightning, que le
disparó una mirada divertida al ángel-. Es un caso perdido.
-Al menos, como Hope no puede mentir,
me ha dado el subidón de autoestima que necesitaba para esta noche-sonrió
Serah-. Bueno, yo me voy. Vosotros deberíais despejaros un poco también.
Y con estas palabras, les hizo un
gesto de despedida con la mano, dejó el libro en la estantería y abandonó la
biblioteca. Lightning la siguió con la mirada, sintiendo un desagradable vacío
ante la perspectiva de que su hermana prefiriera irse con Snow a compartir su
tiempo con ella. A pesar de que llevaban más de un año comprometidos, a la
joven todavía le costaba asimilarlo.
-No deberías preocuparte tanto por
Serah-dijo de pronto Hope; Lightning alzó la vista hacia él, y descubrió que el
ángel la miraba con la cabeza ladeada-. Snow la cuidará bien.
Lightning no sabía si Hope se refería
a que cuidaría de ella aquella noche o si sus palabras abarcaban un plazo más
largo. En cualquier caso, era innegable que había dado en el clavo.
-Es mi hermana-replicó sin muchas
ganas de hablar de ello-. Es lógico que me preocupe. Sólo quiero que esté
segura, ¿es eso algo malo?
-Claro que no. Proteger la vida de
aquellos que son más débiles nunca es algo malo. Pero… -Hope parecía
inseguro-Una cosa es proteger, y otra es sobreproteger. La sobreprotección
implica la pérdida de la libertad. No deja de ser un confinamiento.
Ella lo miró fijamente, entendiendo lo
que quería decir. Y lo que insinuaba no le hacía ninguna gracia. En cierto
modo, porque una vez más, Hope exhibía su don para decir llanas verdades.
-¿Y tú qué sabrás? No tienes ni idea
de lo que significa tener una familia, o mejor dicho, ser responsable de la
única que tienes.
Hope desvió la mirada, frunciendo
levemente el ceño.
-No sé nada sobre tener una familia.
Pero sí sé algo sobre lo que es estar sobreprotegido a costa de la
libertad-murmuró, pensativo-. Quizá también Pandemónium sepa lo que es eso.
¿Crees que los fal’Cie querían ser libres?
La pregunta tomó a Lightning de
improviso, básicamente porque Hope la había formulado después de haber hecho un
comentario como ése. Era desconcertante cómo el joven ángel era capaz de
tomarse aquellas cosas con tal resignación. Resignación, o indiferencia.
Lightning no podía estar segura de hasta dónde sus emociones podían llegar.
-Los fal’Cie no tenían mucho libre
albedrío-repuso al final, sin dejar de pensar en el comentario de Hope-, pero
lo cierto es que muchos se rebelaron contra sus amos. Quizá sí quisieran
liberarse de su control. Fueron creados con un solo propósito, y estaban
encadenados a él.
-Y cuando quisieron liberarse,
acabaron convertidos en cristal para siempre-reflexionó él, más para sí que para
ella-. Pagaron con sus vidas su rebelión. Eso fue lo que me contasteis. Así
que, en el fondo, nunca les permitieron ser libres.
Lightning le dirigió una mirada
suspicaz. No era extraño que Hope pensara en voz alta, pero intuía que lo que
decía era sólo una pequeña parte de lo que se le pasaba por la cabeza. Y en el
tiempo que lo conocía, sabía que no era sencillo imaginar qué se le pasaba por
la cabeza a un ángel.
-Te vendría bien que saliéramos un
rato a tomar el aire-repuso ella cerrando el libro y levantándose-. Cuando
estás cansado empiezas a decir cosas raras.
-¿Tú crees?-Hope frunció el ceño,
dubitativo-Pero hace ya días que estamos buscando el fal’Cie y no hemos dado
con nada.
-Dímelo a mí. Pero Serah tiene razón,
hay que tomarse descansos o nos explotará el cerebro-Lightning suspiró-.
¿Quieres que vayamos a dar una vuelta?
-Bueno-el ángel cerró el libro-. Pero
¿adónde quieres que vayamos? Ya me has enseñado casi toda la ciudad salvo ese
sitio que dices que no me gustaría.
-Porque sé que no aguantarías cinco
minutos cerca de El Desolladero. Te pondrías enfermo; ya sé que la violencia y
la sangre no es lo tuyo. Podríamos comprarnos algo de comer en Los Aromas y
bajar a la playa. Allí se está mucho más tranquilo, ¿qué opinas?
Hope se lo pensó un poco. Era cierto
que el ajetreo de Yusnaan por las noches era un tanto incómodo para él, pese a
que era a aquella hora cuando más fuerte se sentía por la alegría del ambiente,
y además a Lightning tampoco le gustaban las multitudes. Pero las veces que
habían estado en la playa se había sentido extrañamente nervioso. Lightning le
había contado que por la zona del polígono industrial solían originarse brotes
de Caos Cósmico, pero el ángel no sabía si realmente se debía a eso.
* * *
Horas más tarde, entrada la madrugada,
Lightning estaba tratando de dormir cuando escuchó cómo se abría la puerta de
su cuarto. Alerta, se incorporó sobre la cama y alargó la mano hacia su espada
cuando reconoció a la luz de la luna que se colaba por la ventana los rasgos de
Serah.
-¿Lightning?-susurró Serah,
sonriendo-¿Te he despertado?
-No, no podía dormir. ¿Qué ocurre?
-Oh, nada-su hermana entró en su
cuarto acentuando su sonrisa-. Es que Snow y yo ya hemos vuelto de ver la
función, y me preguntaba si Hope y tú estaríais aquí o habríais salido.
-Son las tres de la mañana-Lightning
sacudió la cabeza-. ¿Adónde quieres que vayamos a estas horas?
Serah se encogió de hombros.
-En Yusnaan la gente no duerme mucho
de noche, ya sabes.
-Y tampoco deja dormir-gruñó
Lightning-. Ojalá no hubiéramos tenido que venir aquí. Ya sé que para ti es una
alegría venir por Snow, pero…
-Ya lo sé, Lightning-Serah posó una
mano sobre el brazo de su hermana, tranquilizadora-. Sé lo mucho que te cuesta.
A mí también me resulta un poco difícil a veces, pero no tanto como a ti.
Lightning frunció el ceño, pero no
comentó nada. Tampoco iba a decir nada que Serah no supiese ya.
-Entonces, ¿qué habéis hecho Hope y
tú?-preguntó entonces Serah-¿Habéis salido al final?
-Un rato-contestó Lightning,
bostezando-. Bajamos a la playa; le gusta ese sitio. Dice que se pone un poco
nervioso por allí, pero que prefiere eso a las aglomeraciones de gente. En eso
coincidimos.
-¿Que se pone nervioso?
-Sí. Supongo que será porque por allí
suele haber concentraciones de Caos Cósmico.
Serah ladeó la cabeza, pensativa.
Lightning, por su parte, recordó la tarde que había pasado con el ángel, no muy
diferente a los previos paseos que ambos habían dado por Yusnaan para
despejarse. Habían comprado algo de comer en Los Aromas, que era más barato que
los restaurantes de la Villa de los Banquetes, y habían bajado a la playa. Allí
se sentaban en la arena o las rocas y hablaban: Lightning le contaba historias
sobre la ciudad o sobre sus andanzas con sus compañeros lu’Cie combatiendo a la
Orden, y Hope escuchaba con atención y preguntaba. El ángel no solía hablar
mucho, pero sí era un buen oyente. Su curiosidad, tan inocente, animaba a la
joven a compartir sus vivencias con él, algo que no solía hacer con nadie.
Lo cierto era que Lightning se sentía
más cómoda pasando los ratos con Hope en lugares apartados porque así llamaban
mucho menos la atención. No sólo por prudencia, sino porque se había dado
cuenta de que el ángel atraía una cantidad de miradas poco deseable y bastante
irritante. A ella nunca le había gustado que la gente se fijara en ella, e
inevitablemente cuando los ojos seguían a Hope, también pasaban por ella.
Lightning comprendía que el aspecto del ángel era, cuanto menos, inusual: un
joven alto y esbelto, de piel blanca y rasgos finos, de revuelta melena
plateada y ojos verdes con una cicatriz sobre el ojo izquierdo, y eso que sus
puntiagudas orejas no solían quedar a la vista. Su figura física era diferente
a la de los demás humanos, sin lugar a dudas…
Pero luego estaban los comentarios que había captado de no pocas mujeres
con las que se habían cruzado con respecto a él. A la joven le irritaba
sobremanera que la gente de Yusnaan fuera tan descarada; cierto, era la Ciudad
de los Festejos y era famosa por auspiciar los placeres de la comida, el ocio,
la sangre y el amor. Pero todo sumamente frívolo. Y pensar que Hope pudiera ser
víctima de aquella frivolidad la sacaba de quicio.
Obviamente, aquello no iba a
contárselo a Serah. Su hermana era muy dada a sacar las cosas de contexto.
-Supongo que él tampoco podrá
dormir-comentó entonces Serah-. Cuando he pasado por su cuarto para verle, no
estaba allí.
Lightning se volvió bruscamente hacia
ella, incorporándose de un salto de la cama.
-¿Que no estaba allí? ¡Pero si ha
venido conmigo! ¡Lo dejé en su habitación antes de venir! ¿Dónde se habrá
metido?
-Eh, tranquilízate. No tiene por qué
haberle pasado nada. Quizá sólo haya ido a dar una vuelta por el palacio. No es
la primera vez que no está en su cuarto de noche.
Su hermana alzó una ceja:
-¿Y tú cómo sabes eso?
-A veces me levanto de noche al baño,
todos tenemos necesidades-Serah se encogió de hombros-. Y resulta que el más
cercano a nuestra alcoba está un poco más allá de la habitación de Hope. Más de
una vez he pasado por delante y he visto que la puerta estaba abierta y él no
estaba dentro.
Lightning sacudió la cabeza,
desconcertada. No era normal en Hope lo de desaparecer sin avisar en plena
noche. De hecho, lo habitual era que se quedara en un mismo sitio hasta que le
dijeran lo contrario.
-Vamos a buscarlo, no sea que se meta
en algún lío-decidió la joven, echándose la espada envainada a la espalda-. ¿Se
te ocurre dónde puede estar?
Serah se lo pensó.
-Dudo que haya podido salir del
palacio, los guardias vigilan todas las entradas y salidas-dijo-. Conociéndole,
habrá ido a algún sitio que le resulte curioso y familiar. Y sólo se me ocurre
uno sin salir de aquí.
Hubo un breve silencio hasta que
Lightning comprendió a lo que se refería su hermana. Asintió, y seguida por
Serah, salió de su cuarto sigilosamente para no despertar a nadie en dirección
a la biblioteca del Gran Palacio de Yusnaan. “Teniendo en cuenta lo que cuesta despegarlo de los libros desde que
los descubrió, no sé cómo no se me ocurrió antes que se escaparía de noche para
seguir leyendo lo que se le antojara y no aburridos registros de la ciudad.”
Y, efectivamente, minutos después, las
hermanas Farron abrieron la puerta de la biblioteca para encontrar a Hope
inclinado sobre la mesa con un libro delante y una pila de libros esparcida a
su alrededor, a la titilante luz de un candil.
-¡Hope!-sonrió Serah, triunfante-Así
que aquí es donde te has estado escapando todas estas noches.
Él se sobresaltó al oírlas y se volvió
hacia ellas, pero no tardó en relajarse al comprobar que eran Lightning y
Serah, y no un desconocido.
-Hola-saludó Hope, y volvió la vista
al libro-. No quería preocuparos si es que os he preocupado. No creí que
querríais que os dijera adónde iba cuando no podía dormir.
Lightning respiró aliviada. Al menos
no se había metido en ningún lío, ni, como había temido por un momento, había
sido secuestrado por alguien que quisiera echarle el guante al Corazón de
Bhunivelze.
-Hope, ¿qué estás haciendo aquí?-le
preguntó acercándose a la mesa, seguida por su hermana.
El ángel alzó la cabeza hacia ellas.
-Leo-respondió señalando los libros
como si fuera obvio, que lo era-. Me gustan los libros que escribís los
humanos. Cuentan cosas muy interesantes.
Serah examinó los libros que Hope
había esparcido por la mesa, y sonrió divertida al leer los títulos.
-Estás leyendo cuentos infantiles.
-¿En serio?-Hope ladeó la cabeza-Son
bonitos. Y parecen libros muy antiguos.
Hope parpadeó sorprendido, y miró el
libro que estaba leyendo con renovado interés.
-¿Así que te escapas por las noches
para leer?-preguntó Serah; Hope asintió-Qué aguante tienes. Nos pasamos todo el
día leyendo, y aun así tú sigues devorando libros.
-Sí, pero los que leemos por el día no
son tan entretenidos. No están mal y cuentan cosas, pero no es lo mismo.
Lightning esbozó una media sonrisa al
ver a su hermana y a Hope empezar a hablar sobre los cuentos infantiles; Serah,
como maestra, conocía muchos de ellos, y además de pequeñas les habían contado algunos
que ya no se recordaban en las grandes ciudades. Le sorprendía que a un ángel
como Hope le gustaran los cuentos infantiles; reafirmaba su teoría de que Hope
era como un niño en un cuerpo adulto, y por alguna razón, se le antojaba
adorable. “También es cierto que nunca
antes ha leído ficción”, pensó la joven. “Al ser incapaz de mentir, su imaginación nunca ha podido volar, hasta
ahora. Para alguien que se acaba de iniciar en el mundo de la lectura, los
cuentos infantiles son lo más sencillo de comprender.”
-¿Qué cuento estás leyendo ahora?-le
preguntaba Serah a Hope; el ángel le mostró el libro que tenía abierto frente a
él-Ah, “El demonio y el alquimista”. Lo conozco, es una fábula muy conocida en
Yusnaan.
-Ese libro es muy antiguo,
¿no?-comentó Lightning dirigiendo una mirada intrigada al ajado volumen.
-Pues la verdad es que sí-dijo Serah-.
Bien podría ser la primera copia escrita del cuento. Si hasta está escrito a
mano y todo.
Mientras su hermana estudiaba con
curiosidad el libro, Lightning recordó lo que sabía de aquel cuento infantil.
“El demonio y el alquimista” era un relato sobre un viejo alquimista que
estudiaba el Caos Cósmico con el fin de condensar su poder creador en un
cristal con el cual podría revivir a su querida hija, fallecida tiempo atrás.
En su búsqueda, llegó a Yusnaan, y en la playa oyó la voz de un demonio, que le
hablaba cada vez que se acercaba por allí, prometiéndole la solución a su
problema si le concedía la libertad de la prisión en la que se hallaba. Pero
debía primero resolver el enigma de dónde hallarle, con una pista que grabó en
una roca. Incapaz de descifrarla y con el corazón roto por las vanas
esperanzas, el alquimista, desesperado, terminó por arrojarse al océano para
reunirse con su hija. La moraleja, según se consideraba, era que uno debe
seguir su propio camino si deseaba desafiar al destino, sin dejarse influenciar
por nadie, pues la determinación necesaria para sobrevivir debía ser propia, y
si ésta flaqueaba acarrearía la desgracia.
-Fíjate-comentó Serah entonces;
Lightning observó la página que su hermana estaba leyendo. Reconoció el párrafo
que relataba el momento en el que el demonio grababa el enigma de su prisión en
la roca-. ¿Has visto esto? Han dibujado el enigma y todo.
Efectivamente, había dibujada una roca
de playa con un texto grabado en ella. Eran caracteres ininteligibles;
Lightning no los había visto nunca, y a juzgar por su expresión, Serah, que
había estudiado numerosos alfabetos y lenguajes con más interés que ella,
tampoco.
-Qué símbolos más raros. Quien fuera
que ilustrara esto, desde luego tenía imaginación.
Lightning y Serah se habían quedado de
piedra, mirando fijamente a Hope sin terminar de creerse lo que habían oído.
Aquello era un cúmulo de caracteres sin sentido de un libro viejísimo… y el
ángel lo había leído como si tal cosa. Y ambas sabían que Hope era incapaz de
mentir, y por tanto no podía verbalizar ficción de su propia cosecha.
-Qué… ¡¿Qué has dicho?!-exclamó una
atónita Lightning-¿Cómo has podido entenderlo?
-Es lenguaje angélico-explicó Hope sin
comprender a qué se debía la estupefacción de las hermanas-. Y esos caracteres
son angélicos. Soy un ángel: puedo leer ambas cosas con fluidez.
-¿Existe un alfabeto angélico?-Serah
estaba genuinamente sorprendida-No lo sabía. Hasta la fecha, siempre que hemos
leído textos en el lenguaje angélico, o bien estaba transcrito a nuestro
alfabeto común o a uno de los alfabetos de los tres dioses.
Fue entonces cuando Lightning empezó a
ser consciente de las implicaciones de aquel descubrimiento. No era la primera
vez que ella y sus camaradas lu’Cie habían dado con símbolos incomprensibles
durante sus búsquedas; si era cierto que existía un alfabeto angélico, entonces
podrían albergar secretos vitales para dar con el Corazón… y sólo Hope podría
leer aquellas pistas. “Con razón la
profecía decía que sólo un ángel podría conducir al Corazón a su legítimo
poseedor.”
-Es curioso-comentó Hope,
distrayéndolas a ambas de sus reflexiones-. Me sorprende que los demonios
formen parte de vuestros cuentos infantiles. Aunque, por lo que me contasteis,
no son tan malos como yo creía.
Las hermanas Farron lo miraron sin
entender.
-¿Qué quieres decir? Los demonios son
demonios. El de la fábula jugó con las esperanzas del alquimista y lo hizo
suicidarse.
-Sí, lo sé. Sé que son tramposos e
imprevisibles. Pero supongo… -Hope miró a Lightning con los ojos
brillantes-Quizá sólo lo fueran porque querían ser libres. Como el del cuento.
Ella le devolvió la mirada,
preguntándose qué diablos querría decir el ángel con aquello. ¿Cuándo le habían
hablado Serah y ella de demonios? A diferencia de los ángeles, los demonios no
eran sino criaturas literarias, a menos que se los identificara con monstruos
con cierto grado de inteligencia.
-Espera… -Serah se había puesto
pálida, y Lightning se percató de que su hermana había entendido lo que Hope
estaba diciendo-Cuando dices “demonios”… ¿te refieres a los fal’Cie?
-Claro-repuso él, y entonces
parpadeó-. Ah, es cierto. Olvidaba que no os gusta que los llame así. Lo
siento.
Otra pieza encajaba, y de qué forma.
Lightning no escuchó las disculpas de Hope; estaba demasiado ocupada en
asimilar lo que aquello implicaba. El ángel usaba términos bastante
trasnochados en su tiempo para referirse a algunas cosas, como por ejemplo su
tendencia a llamar “Eternos” a los lu’Cie… y, desde luego, en tiempos muy
antiguos, los dioses habían llamado “demonios” a los fal’Cie. Una palabra que
ya nadie usaba en tal contexto, y por tanto nadie asociaría con una de aquellas
criaturas.
-¿Quieres decir… que el demonio del
cuento podría ser un fal’Cie?-Lightning alzó la vista hacia Serah, y su hermana
asintió, indicándole que estaba pensando lo mismo que ella:
-¡Pandemónium!
-¿El fal’Cie que buscamos?-Hope ladeó
la cabeza-¿Creéis que es el demonio del que habla el cuento?
-Vuelve a leerlo-Serah le señaló el
párrafo del enigma-. Si lo que has dicho es cierto, habla de “el origen de toda
magia, otorgada por todos los demonios”. El nombre del fal’Cie significa,
literalmente, “todos los demonios” en un antiguo dialecto de nuestra lengua. Y
como recordarás, Pandemónium fue, según la leyenda, quien concedió a los
humanos el don de la magia.
-En ese caso, este cuento revelaría
dónde podemos encontrarlo-intervino Lightning, sintiendo su corazón acelerarse
por la expectación-. Habla de la roca blanca celestial… ¿Crees que podría
referirse a la Aguja Astral, Serah?
-Puede ser… Es lo único que encaja en
esa descripción.
-¿La Aguja Astral?-preguntó Hope-¿Qué
es eso?
-¿Te acuerdas de nuestros paseos por
la playa?-le dijo Lightning-No sé si te fijaste mucho en los acantilados cerca
del polígono industrial, pero cerca de una de las entradas hay una roca muy
alta en forma de pináculo; se la reconoce porque es de un color casi blanco, en
comparación con las demás.
-Y la entrada es conocida por haberse
derrumbado hace muchísimo tiempo-terció Serah, sonriendo ampliamente-.
Milenios, de hecho. Ya casi nadie recuerda que existe, y como los brotes de
Caos Cósmico son relativamente frecuentes, la gente tiende a no acercarse por
allí.
Lightning asintió. Aún no salía de su
asombro: acababan de averiguar como si tal cosa cómo podrían, tal vez, dar con
el pasaje secreto que les llevara hasta el fal’Cie Pandemónium, y lo habían
sacado de un libro de cuentos infantiles, nada menos. Se habían pasado más de
una semana leyendo sin parar registros oficiales de la ciudad, y la joven se
dio cuenta de que podrían haber seguido así sin éxito meses enteros. “Hemos sido unos estúpidos. ¿Quién
registraría la ubicación de un escondrijo de un fal’Cie en un documento oficial
al cual la Orden tiene acceso? Nos hemos olvidado de las leyendas populares
como idiotas.”
-Pues ya está-dictaminó Lightning-. Ya
sabemos dónde empezar a buscar. Mañana mismo iremos allí, ¿estáis de acuerdo?
-Sí-repuso Hope, que parecía contento
por el giro de los acontecimientos-, pero deberíamos dormir si vamos a adentrarnos
allí. Quién sabe lo que podríamos encontrar.
-Por mí vale-adujo Serah, y con una
alegre risa echó a correr hacia la puerta-. ¡Voy a contárselo a Snow ahora
mismo!
Lightning y Hope la vieron desaparecer
en apenas unos segundos. Hubo un largo silencio, hasta que Hope se levantó
despacio y empezó a devolver los libros a sus estantes.
-Supongo que tengo que darte las
gracias.-dijo Lightning tras aquella pausa. El ángel sacudió la cabeza con
calma.
-No tienes por qué. Lo único que he
hecho ha sido leer. Lo demás ha sido mera casualidad.
-Sí, bueno. Pero si no hubiera sido
por tu curiosidad, seguiríamos estancados-replicó ella-. Ahora tenemos que
centrarnos en lo que nos aguarda mañana, de todas formas. ¿Crees que podrás
seguirnos el ritmo? ¿Cómo llevas las heridas?
Hope frunció el ceño.
-Me siento mejor en general desde que
estamos en Yusnaan. Me duele la espalda, pero me estoy acostumbrando a eso. Por
lo demás, estoy bien.
-Me alegro-Lightning asintió,
satisfecha, y se dirigió hacia la puerta-. Debemos descansar, como bien has
dicho. Tú, el que más. Es muy posible que mañana necesitemos tu ayuda, Hope.
-No te preocupes por eso,
Light-respondió el joven ángel volviendo la vista hacia ella, sus ojos
ligeramente brillantes a la luz del candil-. Puedes contar con mi ayuda. Ahora
y siempre.
* * *
-¿Estás segura de esto,
Serah?-preguntó Snow, horas más tarde, cuando el sol del mediodía iluminaba el
cielo sobre Yusnaan.
-Ya te he dicho que sí, Snow. Hemos
venido expresamente por esto, y yo quiero ir también.
-Por una vez estoy de acuerdo con
Snow-intervino Lightning, preocupada-. Tu Marca todavía sigue activa. ¿Y si
mientras luchamos usas demasiada magia y todo el esfuerzo que hemos estado
haciendo se pierde?
Serah suspiró con paciencia. Tras
haberle contado a Snow su descubrimiento acerca del posible paradero del
pasadizo que les llevaría hasta Pandemónium, el Patrón había insistido en
acompañar a su prometida, a su hermana y a Hope hasta la base de la Aguja
Astral, un enorme pináculo de roca blanca a orillas del mar, cerca del polígono
industrial. Pero ahora, tanto Lightning como Snow se mostraban reticentes a
permitirle a la pequeña de las hermanas Farron adentrarse en aquel pasadizo.
-Os olvidáis los dos de que yo también
soy una lu’Cie y me han entrenado para luchar. Yo también formo parte de todo
por lo que luchamos, y no he venido de turismo-replicó Serah, severa-. Y desde
luego no voy a dejar que tú y Hope os metáis ahí dentro solos.
Lightning frunció el ceño, pero no
insistió. Sabía de sobra lo cabezota que era su hermana, y no iba a conseguir
hacerla cambiar de opinión. “Es cierto
que no sería inteligente meterme ahí dentro sólo con un ángel medio
convaleciente, pero tampoco puede decirse que Serah esté al cien por cien…”
-Sigo pensando que debería ir con vosotros-dijo
Snow rascándose la cabeza-. Esta zona suele llenarse de brotes de Caos Cósmico
hacia la noche… y vete a saber la clase de engendros que podéis encontraros ahí
dentro.
-Tú no puedes venir, Snow. Ya lo
sabes, eres uno de los Patrones. Si los demás notan tu ausencia, podríamos
llamar la atención más de lo que quisiéramos. Tú vuelve al palacio y quédate
tranquilo y sin hacer ninguna locura.
Snow alzó las manos, en un gesto de
resignación:
-Está bien, está bien. No me meteré y
os cubriré las espaldas. Pero dejadme que os allane el camino… -el Patrón
avanzó hacia la base de la Aguja Astral, y empezó a palpar la zona en la que,
momentos antes, Hope había detectado rastros de una concentración anormal de
Caos Cósmico. Entonces, con un grito, Snow alzó un puño, que se rodeó de un
halo de magia gélida, y golpeó con todas sus fuerzas aquella parte de roca, que
reventó en medio de una nube de polvo-¡Ajá! ¡Parece que no eran cuentos de
viejas después de todo! ¡Mirad eso!
Cuando se disipó la polvareda, Lightning,
Serah y Hope descubrieron que, en el punto en el que Snow había golpeado la
Aguja Astral, se había abierto un enorme agujero cuyos bordes brillaban con un
resplandor rojizo. Era lo bastante grande como para que cupiera una persona,
algo de lo que estaban seguros que la magia de Snow no habría podido causar.
Hope se acercó para examinar aquel
agujero, pasando sus dedos con cautela por los resplandecientes bordes, y
frunció el ceño levemente.
-Es una barrera mágica-explicó el
joven ángel, volviéndose hacia los tres lu’Cie-. Reacciona al contacto con la
magia de los Eternos. Cuando la hayamos atravesado, el pasadizo volverá a
sellarse.
-Perfecto. Entonces no tendremos que
preocuparnos por si alguien nos sigue-Lightning asintió, satisfecha,
desenvainando su espada-. Bien, vamos allá. Tenemos un fal’Cie que encontrar.
Serah sacó un par de dagas gemelas que
guardaba en unas vainas atadas a sus tobillos, y antes de dirigirse hacia la
entrada del pasadizo, abrazó a Snow con fuerza:
-Hasta luego, mi héroe-le dijo, y lo
besó suavemente en los labios cuando él la levantó del suelo-. No te preocupes
por mí, te prometo que saldré de una pieza de ahí.
-No me cabe la menor duda, nena. Eres
una mujer de armas tomar. Sé que no vas a dejar que ningún monstruo de tres al
cuarto nos deje sin boda.
Lightning observaba a la pareja con
una mezcla de disgusto y envidia. Seguía sin llevar bien que su hermana fuera a
casarse y la dejaría sola, pero no sólo era eso… “Si tan sólo tuviera lo que ellos tienen… entonces ya no tendría que
preocuparme por la soledad.”
Entonces sintió un breve roce sobre su
hombro. Se volvió hacia atrás, alerta, pero sólo vio a Hope, que había retirado
la mano tan pronto como la había posado. La expresión del ángel era casi
marmórea, como de costumbre, pero Lightning ya había aprendido a leer en sus
ojos, y éstos brillaban con comprensión y simpatía. La joven comprendió que
Hope había percibido lo que estaba pensando y había querido ofrecerle algo de
consuelo. “Tiene razón. Gracias a él, si
todo sale como espero, pronto Mikhail regresará y entonces la profecía se hará
realidad. Y yo ya no estaré sola.”
Serah se unió a ellos, y dirigió una
última mirada a su prometido, que se despidió de los tres con la mano antes de
que, una vez atravesado el umbral, la barrera volviera a cerrarse, dejándoles
en la oscuridad más absoluta.
-Vaya… Dadme un momento-murmuró Serah,
y de pronto una esfera de fuego iluminó tenuemente el pasillo flotando sobre la
mano de la pequeña de las hermanas Farron-. Ya está. Vamos, ya podemos seguir.
-Bien hecho, Serah, pero no abuses de
tu magia-advirtió Lightning, preocupada; se puso a la cabeza, blandiendo su
espada eléctrica-. Hope, quédate entre nosotras; Serah, cubre la retaguardia. Y
estad atentos a cualquier movimiento, por esta zona los brotes de Caos Cósmico
son muy comunes.
Hope asintió, situándose tras
Lightning, seguido por Serah. Durante un largo rato, los tres avanzaron por el
pasillo, que parecía hundirse en las entrañas de la tierra. No podían ver mucho
de lo que tenían delante porque la esfera de fuego que flotaba frente a ellos y
controlaba Serah no era muy grande, pero tampoco querían llamar demasiado la
atención de los posibles monstruos que merodearan por allí.
Al cabo de media hora larga,
Lightning, Hope y Serah llegaron a lo que parecía el final del pasadizo. Se
abría a una caverna algo más amplia, llena de estalactitas y estalagmitas. Y
sobre ellos parecía flotar una extraña niebla negra, tan densa que parecía
líquido; pequeños cristales violetas flotaban en el aire.
-¿Qué es eso?-preguntó Hope, mirando
la niebla con desconfianza.
-Eso es Caos Cósmico-explicó Serah-.
Así es como se manifiesta en el plan físico, ¿ves?
El ángel parecía intrigado. Se acercó
con curiosidad a la niebla negra, examinándola atentamente, y extendió una mano
hacia ella.
-Yo que tú no lo tocaría-dijo
Lightning; Hope bajó la mano al momento-. Nunca sabes qué puede pasar si lo
haces. Por eso mismo se llama “caos”, es imposible adivinar qué te espera
dentro.
-Por lo general, monstruos-apostilló
Serah-, pero en ocasiones ha habido gente que ha sido absorbida en otra
dimensión, o bien se han convertido ellos mismos en monstruos.
Hope se separó del Caos Cósmico,
receloso. Frunció el ceño y echó una mirada a su alrededor; a excepción de lo
que la esfera de fuego de Serah iluminaba, el resto estaba completamente
oscuro.
-¿Hemos llegado a donde queríamos?
-No creo-dijo Lightning, sacudiendo la
cabeza-. Si estuviéramos dentro del Palacio nos habríamos dado cuenta. Esto
debe de ser alguna clase de antesala, a juzgar por lo que hemos andado.
-Así es. El Palacio ha de estar un
poco más adelante. Sin embargo… -Serah avanzó unos pasos, haciendo flotar la
esfera de fuego a su alrededor para poder ver mejor lo que les rodeaba-Fijaos,
por allí ha de estar la salida, pero esto no es Caos Cósmico sin más. Es un
brote entero, míralo.
Lightning frunció el ceño. Aquello
sólo significaba problemas.
-Supongo que no tenemos más remedio
que atravesarlo.
-Ajá-asintió Serah, no sin fastidio-.
Mucha suerte estábamos teniendo.
Hope las miraba sin comprender muy
bien dónde estaba el problema, pero decidió no preguntar nada y limitarse a
obedecer lo que le dijeran. Ellas eran las expertas, al fin y al cabo.
-Vamos, Hope-Lightning le hizo un
gesto para que se acercara-. No te separes de nosotras cuando estemos dentro
del brote, ¿de acuerdo? Ahí dentro puede haber monstruos muy poco amigables, y
no creo que quieras acabar como su almuerzo.
-Más bien no-replicó él con una chispa
de sarcasmo-. Tan sólo decidme qué he de hacer.
-Estar alerta-dijo Serah aferrando sus
dagas al tiempo que los tres echaban a caminar, adentrándose en el brote de
Caos Cósmico-. En cualquier momento puede aparecer algún monstruo con ganas de
marcha. Si ves cualquier cosa, avísanos.
El ángel asintió, tenso. No sólo por el
hecho de que de repente algún bicho hambriento se abalanzara sobre ellos desde
las sombras, sino porque algo tenía el Caos Cósmico que le ponía nervioso.
Quizá fuera la energía que sentía que manaba de él… una energía pura,
imparable, imprevisible. Ahora que sabía que la magia nacía del Caos Cósmico,
comprendía que era una alteración de las leyes naturales… Y eso era algo que él
debía detectar. Se trataba de un
desequilibrio más antiguo que el tiempo, que debía ser vigilado y estabilizado.
Al menos, eso era lo poco que tenía claro sobre aquel fenómeno.
Los tres siguieron su camino en el
interior del brote de Caos Cósmico. Pese a la densa niebla negra, la esfera de
fuego de Serah les permitía ver razonablemente bien. Poco a poco, la roca
empezó a dar paso al metal, y las paredes del camino dejaron de ser de bordes
irregulares para ser cada vez más pulidas.
-Nos acercamos-informó Lightning,
respirando hondo y acelerando el paso-. Menos mal, creía que este pasadizo no
se iba a acabar nunca.
Serah, animada, también echó a andar
más deprisa, pero entonces Hope se volvió hacia las sombras detrás de ellos. Su
instinto le acababa de mandar una señal de alerta, y la última vez que lo había
hecho un asesino había tratado de acabar con la vida de Lightning.
-¡Cuidado!-exclamó, interponiéndose
entre Serah y lo que fuera que acechara en el Caos Cósmico. Las hermanas
Farron, que habían bajado la guardia, fueron demasiado lentas en reaccionar
cuando vieron a un enorme cíclope, un monstruo de cuerpo escarlata, pezuñas y un
único ojo del color de la sangre, lanzarse sobre ellas enarbolando una enorme
porra llena de pinchos encarnados…
… que chocó de lleno contra una
barrera mágica de color verde que se había alzado de pronto ante ellas.
Lightning y Serah, asombradas, vieron a Hope de pie frente al monstruo
enfurecido, con los brazos alzados, manteniendo aquel inusitadamente poderoso
hechizo Coraza. “¿Cómo diablos lo ha
hecho? Un hechizo Coraza normal no habría aguantado un golpe directo de un
cíclope potenciado por un brote de Caos Cósmico”, pensó Lightning, atónita.
A juzgar por la expresión de Serah, su hermana estaba pensando lo mismo que
ella.
Sin embargo, no era momento de pararse
a pensar en ello; Hope había aturdido al monstruo erigiendo la barrera justo en
el momento de su ataque, y el cíclope había salido despedido hacia atrás al
chocar contra la Coraza. Lightning echó a correr hacia el monstruo con su
espada eléctrica en alto, saltó sobre él y le asestó una serie de profundos
tajos. El cíclope, gruñendo, trató de quitársela de encima; la joven se vio
obligada a retroceder para evitar ser aplastada por la porra del engendro.
-¡Lightning!-oyó exclamar a Serah; una
serie de rayos pasaron por encima de ella cuando se agachó, impactando en el
cíclope, que rugió de dolor. Lightning sonrió, reconociendo la táctica de su
hermana, que consistía en aturdir al enemigo con rápidas cadenas de hechizos
Electro. Gracias a su intervención, consiguió clavarle la espada en el vientre;
el cíclope rugió de dolor y pataleó con furia mientras la electricidad del arma
y de los hechizos de Serah recorría su cuerpo.
Pero, contra todo pronóstico, aquello
no bastó para acabar con el monstruo, que en su agonía se revolvió
inesperadamente y golpeó a Lightning de refilón con la porra, haciéndola caer al
suelo con un grito ahogado de dolor. Aturdida, la joven trató de incorporarse,
pero cuando consiguió coger su espada y volverse hacia el cíclope, éste ya
estaba descargando su porra contra ella. Lightning cerró los ojos
instintivamente, preparándose para el impacto.
Que, una vez más, no llegó a
producirse; sonó una especie de tañido metálico, como un objeto duro golpeando
una superficie de acero. Cuando Lightning abrió los ojos, descubrió que entre
ella y la porra del cíclope se había alzado aquella poderosa Coraza, y que Hope
estaba a su lado con los brazos extendidos, haciendo evidentes esfuerzos para
repeler el envite del engendro.
Al final, el poder del ángel se
impuso: de pronto, la Coraza arrastró al cíclope contra la pared en un
estallido de magia, haciéndolo impactar contra el muro y caer al suelo.
Agotado, Hope cayó de rodillas a su lado, pero antes siquiera de que Lightning
pudiera reaccionar, Serah corrió hacia el monstruo caído, se abalanzó sobre él
y le clavó una de sus dagas en el ojo con todas sus fuerzas. El cíclope aulló
con todas sus fuerzas antes de desplomarse definitivamente, muerto, y que su
cadáver se desvaneciera en miríadas de pequeños cristales.
-Ha estado cerca-pudo decir Serah tras
respirar hondo, acercándose a ellos-. ¿Estáis bien?
-… Sí, creo que aún estoy
entera-respondió Lightning, clavando su espada en el suelo para poder apoyarse
sobre ella y levantarse-. Gracias por tu ayuda, Serah.
Su hermana sonrió.
-Ya te dije que podía apañármelas,
hermanita-dijo con cierta sorna, y entonces se volvió hacia Hope, que trataba
de recobrar el aliento-. ¿Y tú, Hope? ¿Cómo estás?
-Bien… Estoy bien-repuso él en voz
baja, y tosió-. Dadme sólo un minuto…
-Tranquilo-Lightning le ofreció una
mano que él tomó, y le ayudó a levantarse poco a poco-. Apóyate en mi hombro,
¿vale? Y no hagas más esfuerzos de los necesarios. Bastante has hecho ya.
Él se limitó a fruncir apenas el ceño
mientras le pasaba el brazo a Lightning por los hombros para que le ayudara a
caminar, y siguieron adelante a paso más lento para que el ángel pudiera
recuperar algo de su fuerza.
-¿Cómo has hecho eso, Hope?-preguntó
Serah al cabo de unos minutos, cuando ya parecía que el ángel se encontraba
mejor y ya no necesitaba apoyarse en Lightning.
-¿El qué?-Hope la miró sin comprender.
-¡Pues ese hechizo Coraza! Nunca había
visto uno tan poderoso. ¡Si hasta lo has usado para repeler a ese cíclope! Eso
nunca lo ha hecho nadie, ni siquiera los lu’Cie pueden hacer eso. A nosotros
incluso nos cuesta mantener una protección en pie ante un ataque de un monstruo
nacido en un brote de Caos Cósmico.
Hope se miró las manos, sin saber qué
decir.
-No sé qué quieres que te responda. Lo
he hecho sin más, Serah. Nunca antes había usado magia, pero eso no quiere
decir que no sepa usarla.
-No me refiero a eso. Quiero decir…
-Serah buscaba las palabras adecuadas, pero Lightning se le adelantó:
-Lo que Serah intenta preguntarte es
cómo has hecho un hechizo tan poderoso, pero creo que eso es bastante obvio.
Eres un ángel, ¿no? Se dice que eran seres aún más fuertes que los lu’Cie.
Hope se limitó a ladear la cabeza,
pero no dijo nada. Lightning se preguntó qué se le estaría pasando por la
mente. Desde luego, era la primera vez que ella y Serah veían al ángel usar su
poder, aunque era obvio que no estaba en su mejor momento. “Me pregunto cómo de poderoso es realmente… aunque quizá nunca vuelva a
recuperar toda su fuerza.”
En ese momento, apareció una puerta de
metal labrado ante ellos, ya cuando el pasadizo había dejado de ser de roca por
completo. Una extraña luz rojiza, sobrenatural, flotaba en torno a ella.
-¡Mirad! Creo que ya estamos-anunció
Serah, apresurándose a acercarse a la puerta. Al pasar un dedo sobre ella,
sonrió-. Está sellada, pero es un sello hecho por magia lu’Cie. Ésta la podemos
abrir sin problemas.
-¿Y cómo vais a hacerlo?-preguntó Hope
con curiosidad.
En vez de responder, Serah posó la
palma de la mano sobre la puerta y murmuró las palabras de un hechizo. Una
salpicadura de agua surgió de su mano, y en ese instante, con un fuerte quejido
y un resplandor rojizo, las puertas se abrieron ante ellos.
Los tres atravesaron el umbral,
preparados para reaccionar en cualquier momento, mientras la puerta se cerraba
tras ellos y volvía a sellarse. Aquella zona estaba tenuemente iluminada, por
lo que Serah hizo desaparecer la esfera de fuego para evitar llamar la
atención. Se trataba de un lugar húmedo, lúgubre, de paredes de metal e
iluminación fría, casi aséptica. Nada que ver con el radiante palacio que
sabían que se alzaba por encima de ellos.
-¿Esto son los sótanos del Palacio de
Yusnaan?-Lightning frunció el ceño, sorprendida-Parece que las historias eran
ciertas después de todo.
-¿Las historias?-Hope la miró sin
comprender.
-Luego te lo contamos-intervino
Serah-. Lo mejor será que nos pongamos en marcha; según Snow, hay algunos
guardias por aquí, y puede que hayan oído algo cuando abrimos la puerta.
-Bien-asintió Lightning, y se volvió
hacia Hope-. Ahora que ya estamos dentro del palacio, Hope, tienes que
concentrarte, a ver si puedes detectar por dónde puede estar Pandemónium.
¿Notas algo en especial?
El ángel arrugó levemente el
entrecejo. Era complicado detectar nada sin saber exactamente qué estaba
buscando. Pero al fin y al cabo, sólo él podía hacerlo. “Y por esto es por lo que Light me ha traído. Le prometí que la
ayudaría, y voy a cumplir mi parte.”
Se concentró todo lo que pudo,
rastreando la energía que fluía por la zona. Por una parte sentía el Caos
Cósmico, rezumando por las partes más recónditas del subsuelo; también
detectaba signos vitales de humanos, seguramente los guardias que Lightning y
Serah habían mencionado…
… Y también un extraño rastro de
energía, una fuerza que no se parecía en nada que hubiera percibido nunca. De
hecho, una vez la detectó, se dio cuenta de que podía seguir su rastro, como si
hubiera un hilo que lo ligara a su fuente.
-Seguidme-les dijo a las hermanas
Farron, echando a andar-. Creo que lo he encontrado.
-Espera-le detuvo Lightning,
reteniéndole por el hombro-, ¿vas a ir tú delante? Aún no estás del todo bien,
y acabas de agotarte.
-Me las arreglaré. Siempre y cuando
vosotras estéis de acuerdo en que vaya delante.-el ángel las miró, un tanto
inseguro. Pero Serah sonrió alentadora, y Lightning terminó por ceder, con un
suspiro.
-Está bien. Nosotras te cubrimos la
retaguardia; tú mantén la vista al frente.
* * *
Durante un largo rato, Lightning y
Serah siguieron a Hope en su descenso por los niveles más profundos del palacio
de Yusnaan. En el camino se encontraron con varios guardias, pero por suerte el
ángel los percibía desde una distancia considerable, con lo cual podían
ocultarse fácilmente de ellos y avanzar sin ser vistos. Hubo un par de
ocasiones en las que por poco los descubrieron, pero consiguieron descender
hasta las zonas menos vigiladas sin hacer saltar las alarmas.
-¿Por qué vigilan tanto este lugar?-preguntó
Hope una vez dejaron atrás a los guardias; ya no detectaba signos vitales
humanos en las áreas inferiores-No saben que hay un fal’Cie aquí, ¿verdad?
-Claro que no, pero en los sótanos del
palacio se guardan muchos suministros-explicó Serah-. Y no sólo eso, sino que
se dice que muchos de los tesoros de la Orden se guardan aquí. No te extrañe
que haya tantos guardias; puede que haya verdaderas fortunas aquí guardadas.
-La mayoría de ellas, conseguidas a
costa de los lu’Cie que la Orden asesinó a lo largo de los siglos-apostilló
Lightning, no sin rabia-. De hecho…
Hizo una pausa y miró a su alrededor.
Hope y Serah la imitaron, y descubrieron que, en su camino, habían llegado a
una sala de aspecto lúgubre, plagada de celdas cuyos barrotes desprendían una
inquietante luz rojiza. Los tres se tensaron, inquietos; algo había en el
ambiente que les ponía nerviosos.
-¿Qué es todo esto?-preguntó Hope en
voz baja. Serah se acercó a una de las celdas, con el ceño fruncido, e hizo un
gesto de desagrado.
-Pues sí que era verdad, Lightning.
¿Has visto esto?
-Ya lo creo-gruñó su hermana, y se
volvió hacia Hope, que no entendía nada-. El palacio de Yusnaan parece muy
radiante, como habrás visto, pero esconde un secreto muy oscuro. Supongo que te
lo estarás imaginando al ver esta sala.
El ángel miró a su alrededor. Lo único
que veía eran decenas y decenas de celdas de brillantes barrotes.
-Son jaulas mágicas.
-Prisiones, más bien-corrigió Serah,
con tristeza, mientras seguían su camino-. El palacio de Yusnaan fue durante
mucho tiempo la prisión en la que la Orden encerraba a los lu’Cie, después de
su llegada al poder. Como puedes ver, las celdas están hechizadas; es un
conjuro para neutralizar nuestra magia. De esa forma, los lu’Cie no podían usar
sus poderes para escapar.
Ahora que se fijaba más, Hope alcanzó
a ver el interior de una de las celdas. Había un esqueleto en un rincón, en
bastante mal estado a juzgar por lo que veía. No fue el único que vio; muchas
de ellas aún tenían uno o dos esqueletos medio destartalados dentro. “Parece que llevan siglos aquí dentro…
¿Dejaban a los Eternos morir aquí, sin más, y se olvidaban de ellos? Ni
siquiera recibieron una sepultura digna…”
-Supongo que la fábula tenía más
lógica de la que pensábamos-siguió diciendo Serah, pensativa-. Esto era una
prisión para los lu’Cie, y en el cuento, había un demonio prisionero que
resulta ser el fal’Cie Pandemónium, el que creó a los lu’Cie. Encerrado en el
mismo sitio que los seres a los que creó después de la llegada al poder de la
Orden.
-Pero cuando todo esto acabe-dijo
Lightning-, Pandemónium ya no tendrá que esconderse. Y nosotros tampoco. Pero
para eso primero tenemos que encontrarle. Hope, ¿sabes por dónde puede estar?
-Sí-repuso él, sin dejar de caminar-.
Creo que no está ya lejos. Siento la energía haciéndose cada vez más fuerte.
Y efectivamente, el ángel no se
equivocaba. Quince minutos más tarde, tras descender todavía más entre celdas y
celdas llenas de esqueletos de desafortunados lu’Cie, los tres dieron con un
gran muro de metal labrado que les cortaba el paso. Era un callejón sin salida…
en apariencia, al menos, porque Hope se acercó a la pared frunciendo el ceño.
-¿No hay salida?-Lightning miró
irritada a su alrededor-¿Y esto es la parte más profunda del palacio?
-Hope, ¿estás seguro de que aquí es
donde sientes esa energía que decías?-le preguntó Serah al verle examinar el
muro.
-Estoy seguro-asintió Hope, sin ápice
de duda en su voz-. Es aquí, justo en este muro. Probablemente se trate de una
puerta sellada, si lo que me dijisteis es cierto.
Las hermanas Farron asintieron.
-Con magia angélica, según las
leyendas-puntualizó Lightning-. Si es cierto, sólo tú podrías abrir esa puerta,
Hope. ¿Sabes cómo hacerlo?
Hubo una pausa incómoda.
-… No puede decirse que lo
sepa-admitió el ángel con evidente reticencia-. Nunca me he visto en la
necesidad de abrir un sello como el que decís.
Antes de que Lightning pudiera
intervenir, y seguramente lo haría con obvia incredulidad e indignación, Serah
sugirió:
-Prueba a ver si tocándola se te
ocurre algo. Nos has visto a nosotras abrir los sellos de magia lu’Cie, ¿no?
Quizá si usas tu magia sobre la pared te orientes un poco.
Hope no parecía muy convencido; se
miró las manos, inseguro, pero finalmente siguió el consejo de Serah bajo la
expectante mirada de las hermanas. Con cautela, apenas rozó el metal labrado
con los dedos, tratando de concentrarse en la magia angélica que percibía sobre
el muro.
No necesitó más, la verdad. Apenas un
segundo después de que sus dedos tocasen la pared, hubo un fogonazo de luz que
deslumbró a los tres; Hope retiró la mano rápidamente en un acto reflejo, al
tiempo que toda la sala temblaba y, de repente, el pedazo de muro que estaba
labrado se desvaneció como si nunca hubiera existido, dejando a la vista un
oscuro pasadizo que se hundía todavía más en las entrañas de la tierra.
-¡Lo has conseguido!-exclamó
Lightning, asombrada-¿Cómo lo has hecho?
-No lo sé-reconoció Hope-. Lo único
que he hecho ha sido tocarla…
-Quizá el simple hecho de que te
reconociera como ángel era suficiente-supuso Serah, que estaba tan emocionada
como su hermana-. No importa, ¡la cuestión es que has abierto el sello! Ahora
tenemos que ir a ver si de verdad Pandemónium está ahí dentro.
-Sí-una vez repuesta de la sorpresa,
Lightning se volvió hacia Hope-, y debemos tener cuidado. Pandemónium no sabe
quiénes somos, y quizá trate de atacarnos si sospecha que estamos aquí para
entregarlo a la Orden. Hemos de ser muy, muy cautelosos. Y Hope, recuerda que
eres el ángel de Bhunivelze; puede que el fal’Cie no se muestre muy amigable
contigo.
-Yo no voy a hacerle nada-replicó Hope
mirándola fijamente, sin parpadear-. Tan sólo vamos a preguntarle. No creo que vaya
a enfadarse por eso.
Lightning suspiró mientras se
adentraban en el pasadizo, alerta ante cualquier posibilidad de peligro. La
inocencia de Hope no conocía límites, como de costumbre. “No se plantea siquiera que su simple condición sea motivo para que
mucha gente, más de la que se imagina, lo quiera muerto. Y un fal’Cie como
Pandemónium, que terminó encerrado en esta prisión a causa de Bhunivelze, es
sin duda uno de ellos.”
No tuvieron que avanzar mucho rato
hasta llegar a una gran sala, muy tenuemente iluminada por antorchas de fuego
azul. No se podía ver apenas en la densa penumbra, pero antes de que Serah
pudiera invocar de nuevo un fuego para iluminar la estancia, una voz, monótona
y mecánica, resonó por toda la estancia, dejando a Lightning, Serah y Hope
clavados en el sitio, cogidos por sorpresa:
«¿Quién ha atravesado el sello ancestral?
¿Quiénes sois, forasteros, que osáis adentraros en mi prisión?»
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