Lo primero que Hope pudo apreciar
cuando sus pies abandonaron el vagón del monorraíl y el mundo a su alrededor
empezó a dejar de dar vueltas fue el color verde. La estación estaba excavada
en la roca, sí, pero para entonces el monorraíl ya había seguido su camino y se
podía ver la exuberante pradera que se extendía frente a ésta bajo un cielo
sorprendentemente azul. El ángel inspiró hondo, sintiendo cómo iba
desapareciendo la sensación de mareo a medida que su fuerza vital asimilaba
toda aquella vibrante energía en el aire.
-¡Bienvenido a las Marcas
Salvajes!-anunció Noel abriendo los brazos jocosamente-El mejor lugar para
vivir de toda Nova Chrysalia. ¡Naturaleza por doquier, gastronomía sana y libre
de presencias indeseables!
-Ah, así que ¿ahora además de posadero
te dedicas a promocionar el turismo en las Marcas?-inquirió Lightning, burlona,
que estaba ayudando a Hope a sostenerse mientras se le pasaba el mareo-No sabía
que te fuera tan mal el negocio.
Noel arrugó la nariz; no era la
primera vez, ni sería la última, que sus compañeros le tomaban el pelo sobre su
labor como “guardián” de la base de operaciones del Alba de Gules.
-No me iría tan mal si no fuera porque
nos conviene que no nos visite mucha gente. Pero en fin, ¿qué te parece, Hope?
¿Te gustan las Marcas?
-Aún es pronto para darte una
respuesta definitiva-repuso Hope, todavía un poco mareado pero ya capaz de
sostenerse por sí mismo-, pero la primera impresión es buena. Se respira mucha
vida aquí… Mucha más que en cualquier lugar en el que haya estado.
-No en vano es uno de los pocos
lugares del mundo en el que la Orden no tiene potestad alguna, y por tanto no
han podido tomar la tierra ni talar los bosques para construir sus avanzadas.
No porque no lo hayan intentado, claro está-Lightning esbozó una media sonrisa
irónica-, pero la palabra clave aquí es “intentado”. Las Marcas aún resisten la
invasión del credo de Bhunivelze… aunque eso también implica que a veces los
secutores vienen por aquí a probar suerte.
Noel se rió.
-Sí, pero se nota que no están
acostumbrados a lidiar con las bestias de las Marcas. La mayoría termina como
plato fuerte en el estómago de los bégimos. Y los que se salvan, o bien huyen
como ratas cobardes o los cazadores terminan el trabajo.
-Todo esto que me contáis suena a que,
por muy pacíficas que parezcan, las Marcas se hallan en guerra.-observó Hope
frunciendo apenas el ceño. Lightning suspiró, siguiendo a Noel cuando éste les
hizo una seña para que se pusieran en marcha, y descendieron los escalones de
la estación hacia el exterior.
-Más o menos. Supongo que lleva siendo
así desde hace tanto tiempo que ya no lo consideramos como tal. Al fin y al
cabo, los secutores nunca han sido una amenaza real por aquí.
En ese momento, se abrió ante ellos la
salida de la cueva que albergaba la estación. La radiante luz del sol del
mediodía cegó brevemente a Hope, que hacía bastante tiempo que no salía al aire
libre, y aquella mañana habían salido muy temprano de Luxerion, casi al
amanecer. “Ahora que puedo volver la
vista atrás… me doy cuenta de que podría no haber vuelto a ver la luz del sol
nunca más, de no haber salido de ese pozo de oscuridad en mi interior”,
pensó el ángel. “Si no hubiera sido por
Light… no quiero imaginar qué habría sido de mí. Aunque en el fondo lo sepa.”
-¡Bueno!, vamos a repasar el plan-Noel
puso los brazos en jarras-. Nos espera un largo camino, plagado de peligros y obstáculos,
en el cual tendremos que dormir al raso y arriesgarnos a que monstruos
sedientos de sangre nos saquen las tripas mientras…
-Noel, por más que te esfuerces en
hacer que el trayecto parezca épico, no va a cambiar el hecho de que estamos
cumpliendo un recado.-le cortó Lightning, socarrona, a lo que el joven puso los
ojos en blanco.
-Vale, ¡vale! Sólo quería darle un
poco de emoción a la cosa. De todas formas, la segunda parte de nuestro viaje
sí que será épica, eso os lo garantizo. En fin… -Noel señaló hacia el este,
donde se alzaban unas altas colinas rocosas-Detrás de ese roquedal está la
Estepa del Anacoreta, nuestro primer destino en nuestra aventura por las Marcas
Salvajes. Allí encontraremos a nuestro contacto.
Lightning asintió, y Hope se limitó a
ladear la cabeza.
-Conozco las Marcas bastante bien,
pero a esta zona no he venido muchas veces, y nunca a pie. ¿Sabes más o menos
cuánto tardaremos en llegar?-preguntó la joven. Noel se encogió de hombros.
-Un par de días, tal vez, si no
hacemos más paradas de las necesarias. Pero creía que no teníamos que forzar a
Hope, ¿no es así? Ya sabes, por si aún no puede seguirnos el ritmo.
-No os preocupéis por mí-replicó Hope
adelantándose a la respuesta de Lightning-. Podré aguantar la marcha que
digáis. Yo os seguiré.
-¿Estás seguro?-Lightning no parecía
convencida-Aún no te has recuperado del todo. Y aunque tu espalda esté mucho
mejor, un esfuerzo excesivo podría abrir las heridas…
El ángel frunció el ceño.
-Podré con ello. Eso no es nada
comparado con lo que ya he soportado.
Ella quiso replicar, pero no se le
ocurrió nada apropiado, por lo que optó por permanecer en silencio. No sabía si
Hope se refería a sus anteriores viajes por Yusnaan y las Dunas de la Purgación
o las semanas de sufrimiento y desesperación que habían sucedido a su última
aventura. Mientras ambos seguían a Noel, que les hizo una seña mientras sonreía
para que le siguieran, Lightning se preguntó si realmente Hope estaba preparado
para las pruebas a las que las Marcas les someterían. Él insistía en que no se
preocuparan por él, pero eso no era responder a la pregunta concreta.
“Aunque hayan cambiado algunas cosas, otras
siguen como siempre, y la ambigüedad de Hope es una de ellas”, suspiró Lightning, mirándole de reojo. “Supongo que tendrá que demostrar si de
verdad está en condiciones para esta misión.”
* * *
-Muy bien-había dicho Fang unos días
antes en El Reposo del Visionario, de
pie frente a la mesa en la que Lightning había extendido su mapa de Nova
Chrysalia, estudiándolo con evidente interés-. Si estás completamente segura de
que tu ángel va a poder soportar el viaje por las Marcas Salvajes, no hay razón
para seguir retrasando más nuestra misión. Demasiado hemos tenido que esperar
ya, ¿no os parece?
Lightning tenía que darle la razón. Entre
la convalecencia de Hope y desde que le había dicho que estaba dispuesto a
acompañarla a las Marcas habían pasado casi dos meses. Y si bien les había
proporcionado tiempo para que la Orden bajara la guardia y poder proseguir sus
actividades con mayor seguridad, también había sido una larga e incierta espera
cuando ya tenían en su poder la información necesaria para continuar su
búsqueda.
-¿Cuál es nuestro siguiente
paso?-preguntó la joven, estudiando su viejo mapa. Había multitud de
anotaciones en él, producto de sus viajes por los cuatro continentes en pos del
Corazón de Bhunivelze. “Quién hubiera
dicho que su pista estaría tan cerca…”
-Obviamente, tendréis que ir a Poltae,
el ángel y tú-sonrió Fang señalando el punto en el mapa en el que se hallaba la
aldea-. ¿No fue eso lo que os dijo el fal’Cie que hicierais? Cómo ir hasta allí
es sencillo: tomáis el monorraíl y camináis hasta Poltae. El camino te lo
sabes, así que ésa es la menor de nuestras preocupaciones. La mayor, como
intuirás, es los obstáculos que puedan surgir en el camino.
-Secutores y monstruos-intervino Noel,
que estaba sentado en una silla jugueteando distraídamente con un vaso-. Por
norma general, en las Marcas son más peligrosos los últimos. Es muy patético,
pero los secutores aún a día de hoy no tienen ni idea de cómo moverse por allí.
Fang frunció el ceño, y permaneció
unos segundos en silencio con los brazos cruzados, observando el mapa
fijamente. Lightning la conocía lo bastante bien como para saber cuándo la
dragontina temía por la seguridad de sus agentes, y que si lo hacía era por
buenas razones.
-Por más frustrantes que fuesen estas
semanas de rascarnos la tripa, me han resultado bastante útiles a la hora de
vigilar los movimientos de la Orden-dijo al fin, mirándolos con seriedad-. Y
además, me han proporcionado el tiempo necesario para poder recibir información
desde su interior, gracias a Vanille. Según mis averiguaciones, Noel, los
secutores podrían ser un problema mayor del que habitualmente representan.
-¿Y eso?-Noel parpadeó desconcertado.
Lightning no se lo podía reprochar: era nativo de las Marcas Salvajes y llevaba
toda la vida protegiendo su tierra de cualquier amenaza, lo que incluía a los
secutores. Y éstos se contaban entre las menos peligrosas según los criterios
de los cazadores.
Fang no respondió inmediatamente, y
cuando lo hizo, escogió las palabras con más cautela de lo habitual en ella:
-No quisiera apresurarme a confirmar
nada, pero basta con que no nos tomemos a la Orden a la ligera. Ya, ya sé que
vais a decirme que no lo hacéis, pero con el historial de las Marcas a la hora
de lidiar con los secutores, es casi una tradición hacerlo. Por lo pronto,
encanto-dijo, volviéndose hacia Lightning-, tú céntrate en llevar al ángel sano
y salvo a Poltae y volver de una pieza con la información que tengáis. Yo me
encargo de vigilar qué se trae la Orden entre manos… y cortárselas si empiezan
a dar más problemas de lo normal.
Lightning no estaba tan convencida,
pero no le quedó más remedio que asentir. Sabía que Fang les estaba ocultando
algo, pero por otro lado, tendría sus razones. Era la líder del Alba de Gules,
al fin y al cabo, y de ella dependía la seguridad del grupo. Por mucha
inquietud que sus secretos causasen a sus subordinados.
Sin embargo, Fang debió de percibir el
descontento de ambos, por lo que esbozó una sonrisa burlona.
-Oh, vamos. No me pongáis esas caras,
hay un momento para cada cosa y éste no lo es para hablar de estos temas. Aun
así… -la guerrera dragontina rebuscó entre los pliegues de su larga falda
escarlata, y sacó un pergamino enrollado con un cordel y un lacre-Tal vez sí me
venga bien un poco de ayuda, ¿sabes, Noel?
El joven alzó la cabeza hacia ella,
cogido por sorpresa.
-¿Ayuda? ¿Para qué? ¿Por qué me miras
de esa manera?
-Venga ya. Tú eres el que siempre se
está quejando por estar encerrado en la posada sin poder mostrar tu valía-Fang
puso los ojos en blanco con gesto teatral, y agitó el pergamino ante sus
narices-. Pues precisamente tengo una misión para ti. ¿O es que toda tu
palabrería sobre que marginamos al novato era sólo palabrería al fin y al cabo?
Noel parpadeó como si no se creyera lo
que estaba oyendo.
-Una… ¿una misión? ¿De
verdad?-tartamudeó-No te estás quedando conmigo, ¿verdad?, porque eso sería
demasiado cruel, hasta para ti.
-Pues no, por esta vez-Fang dejó
escapar una carcajada-. Verás, necesito entregarle este mensaje secreto a uno
de nuestros agentes en las Marcas Salvajes. Quizá pienses que hacer de
mensajero no es tan distinto a ser el chico de los recados, pero resulta que
aunque iría yo misma, ahora mismo no puedo abandonar mi vigilancia de la Orden
por el bien de todos nosotros, y eso sin contar que tú te conoces las Marcas
mucho mejor que yo. Y además, el contenido de este mensaje es demasiado
importante como para dárselo a cualquiera; en resumidas cuentas, me fío de ti,
Noel, para que este mensaje llegue intacto a su destino. Así que más te vale no
traicionar mi confianza, ¿me he explicado bien?
“Cristalino”,
pensó Lightning conteniendo a duras penas una sonrisa. Fang quería que el
mensaje llegase a su destinatario siendo secreto hasta para su portador, y pese
a sus formas bruscas, confiaba en la integridad de Noel. A primera vista no
parecía una misión muy relevante, pero si aquella misiva era realmente tan
importante, significaría mucho para Noel que se le asignara a él.
-Sí… ¡Sí, por supuesto! ¡Yo me
encargaré de que el mensaje llegue a su destino!-una vez repuesto de la
sorpresa, Noel, radiante de alegría, asintió entusiasmado-¡Puedes contar
conmigo, capitana Yun!
-Así me gusta-sonrió Fang-. Vamos a
hacer una cosa, entonces. Irás con Lightning y el ángel a las Marcas, y primero
entregaréis el mensaje. Después, les escoltarás a Poltae para que no tengamos
que lamentar ninguna desgracia por el camino. No creo que tengas ninguna queja
al respecto, ¿verdad que no? ¿Y tú, encanto? ¿Tampoco? Me alegro, porque no iba
a escucharlas, de todos modos.
Lightning y Noel no habían tenido
tiempo ni de replicar siquiera, pero tampoco pusieron ninguna objeción. No sólo
porque, efectivamente, a Fang le hubiera dado igual, sino porque el plan
resultaba perfecto para ambos. Era mucho más seguro que viajaran todos juntos,
si de verdad la Orden estaba tramando algo serio: tanto el mensaje como Hope
llegarían a su destino con mayor seguridad. “Cada
día estoy más convencida de que nadie en Nova Chrysalia tiene más descaro y
dotes de mando que Fang”, pensó la joven, divertida. “A veces creo que ni siquiera necesitaríamos a Mikhail para derrotar a
la Orden mientras ella siga al frente…”
* * *
Aunque las Marcas Salvajes desprendían
vida por los cuatro costados y ello era un bálsamo para el aura debilitada de
Hope, también el ángel empezaba a comprender por qué Lightning no le había
llevado antes a aquel lugar, no hasta que se hubiera recuperado
considerablemente. Era una tierra plagada de vida salvaje y despiadada en la
que los monstruos campaban a sus anchas y consideraban comida a cualquier
viajero que se aventurase en su campo de visión. Sólo gracias a estar
constantemente alerta habían podido repeler sus emboscadas a medida que se
abrían paso hacia el primero de sus destinos, hacia el norte de las Marcas.
Afortunadamente, no habían sido monstruos muy poderosos los que les habían
atacado, pero Noel ya había advertido de que durante la noche, las criaturas
más fieras salían a cazar, y que aquéllas sí que podían ser todo un reto hasta
para los cazadores más experimentados.
Aun así, Hope se preguntaba qué clase
de monstruos podrían suponer un desafío para un lu’Cie. Lightning y Noel habían
despejado el camino sin apenas problemas cuando alguna bestia hambrienta y
confiada les había salido al paso. Por lo pronto, lo más duro de aquel viaje
estaba siendo el propio trayecto, particularmente una vez dejaron atrás las
llanuras y se adentraron en las rocosas tierras que formaban la Estepa del
Anacoreta.
-¿Cómo te encuentras?-le preguntó
Lightning a Hope la noche del cuarto día; habían acampado bajo una enorme roca,
en torno a una pequeña hoguera, tras lanzar una serie de hechizos defensivos
que les protegían de los predadores nocturnos. Como de costumbre, Noel se había
dormido poco después de dar cuenta de la frugal cena –costillas de maimón, una
criatura simiesca que solía corretear por las planicies– y estaba un poco más
apartado de ellos.
-Cansado-repuso el ángel, y se encogió
levemente de hombros-, pero por lo demás, estoy bien.
Lightning asintió, conforme. Había
visto que Hope era capaz de mantener el ritmo durante aquellos días, lo cual
era notable teniendo en cuenta que no hacía tanto que había estado
convaleciente.
-Me alegro. ¿Y la espalda? ¿Te duele?
Las últimas veces que Lightning había
comprobado las heridas de la espalda de Hope, se había dado cuenta de la gran
mejoría que habían experimentado en las últimas semanas. Aún se veían irritadas
y la piel era muy sensible y delicada, pero ya se habían cerrado y empezaban a
cicatrizar como era debido. “En ocasiones
parece casi como si se hubiera olvidado de sus heridas”, pensaba la joven, “y pensar que hasta hace apenas un mes le
costaba moverse sin que le dolieran.”
-Sólo después de un esfuerzo
prolongado. Ahora mismo la siento un poco cargada, pero… -Hope se desperezó con
cuidado, como si tanteara los límites de su dolor-Mañana ya estaré otra vez
bien. Y además, desde que estamos aquí, en las Marcas, me encuentro mucho mejor.
Lightning observó detenidamente sus
movimientos. Era cierto que desde hacía ya un tiempo, Hope estaba mucho más
ágil, más fuerte. No se había parado a considerar que se debiera a la
progresiva recuperación de sus heridas, sobre todo porque había sido a raíz de
su crisis post-traumática cuando los signos habían empezado a manifestarse. “O tal vez fuera incluso antes de eso…”,
caviló la joven, apartando la mirada del ángel, incómoda. “Tal vez a partir del tiempo que pasamos en las Dunas de la Purgación,
sólo que en aquel momento no nos dimos cuenta…”
-¿Qué es exactamente lo que hemos de
hacer en la Estepa del Anacoreta?-preguntó entonces Hope, sacándola de la
burbuja de sus recuerdos sobre aquella estancia en Razia-Ya sé que me dijiste
que veníamos por una misión del Alba de Gules, pero no me diste más detalles.
-No podía darte los detalles mientras
estábamos en Luxerion-aclaró ella-porque se supone que es una información que
la Orden no puede saber que poseemos bajo ningún concepto, y sería una
estupidez hablar de ello en pleno centro de su poder. Ahora que estamos en las
Marcas, te lo puedo decir. Vamos a entregar un mensaje a uno de los agentes de
Fang; bueno, en realidad es Noel el que va a hacerlo. Nosotros sólo le
acompañamos, y así después él nos escoltará hasta Poltae. Y hasta ahí puedo
decirte, porque ni siquiera él sabe el contenido del mensaje que lleva.
Un poco más allá, Noel se removió y
balbuceó algo en sueños junto a la hoguera, en el momento en el que Hope clavó
los ojos en él.
-¿Un agente del Alba de Gules,
entonces? ¿Lo conoces o es la primera vez que lo vas a ver?
-No somos tantos como para no
conocernos entre nosotros-Lightning esbozó una media sonrisa sarcástica-. Se
llama Sazh, y vive en una aeronave derribada con su familia, criando chocobos.
Todo muy bucólico en apariencia, pero en realidad es uno de nuestros mejores
informantes, además de proveernos monturas y provisiones aquí, en las Marcas. A
pesar de lo aislado que vive del resto de comunidades, lo cual en cierto modo
le beneficia, por aquí todos le conocen.
Hope ladeó la cabeza. Era difícil
saber qué estaba pensando, pero Lightning sospechaba que estaba considerando
qué clase de persona viviría en medio de la nada entre los restos de una
aeronave. Ella ya se lo había preguntado en su día, hasta que conoció
personalmente al afable criador de chocobos.
-Nunca he visto un chocobo.-comentó el
ángel de pronto. Lightning parpadeó ante el repentino comentario, aunque ya
estaba acostumbrada a aquellas observaciones que en apariencia nada tenían que
ver con el tema del cual habían estado hablando minutos antes. Era sólo que aún
le seguía pillando por sorpresa su –en ocasiones– errática forma de pensar.
-¿En serio? ¿Nunca has visto uno?
-Bueno, alguna vez, durante mis
visiones en el Arca… -reflexionó Hope-Pero nunca he visto uno de cerca. Sé que
son aves muy grandes que se usan como monturas en la superficie, pero poco más.
-La verdad es que antes, en los
tiempos en los que gobernaban los Astro Naciente, era muy habitual ver chocobos
por todo Nova Chrysalia-le explicó Lightning; le había resultado curioso cómo
Hope se había referido al mundo, “la superficie”-. Ahora ya sólo los verás en
las Marcas. A la Orden no le gustan nada, sabes.
-¿Por qué no? Sólo son pájaros
grandes.
Ella dejó escapar una breve risa entre
dientes. “Bendita inocencia que a pesar
de todo aún conserva.”
-Son mucho más que eso. Tienen
habilidades mágicas, casi como los lu’Cie, que varía en función del color del
plumaje de las diferentes especies. Según algunas leyendas, fueron un regalo de
fal’Cie Pandemónium para sus recién creados lu’Cie: aves mágicas que les
sirvieran como montura, compañía y protección. De hecho, la Orden acuñó el
término “pájaros demonio” para referirse a los chocobos, y resulta muy
sospechoso tener uno fuera de las Marcas.
Hope parecía sorprendido, dentro de lo
que era su espectro de expresión. Casi como un chiquillo al que le cuentan por
vez primera un cuento fantástico.
-Y este hombre… Sazh, dices… ¿los
cría?
-No es el único que lo hace-Lightning
se encogió de hombros-, pero sí es el mejor. Eso sí, no todo el mundo puede
permitirse uno de sus chocobos. Los miembros del Alba de Gules somos
afortunados en ese sentido.
-¿Quieres decir que todos vosotros
tenéis vuestro propio chocobo?-el ángel abrió los ojos un poco más de lo
habitual.
-Yo tenía mi propio chocobo-puntualizó ella de mala gana, y después
señaló a Noel-, pero Noel y los demás tienen todos uno. O deberían, en todo
caso. Sazh todavía no le ha dado uno a Serah porque por lo visto ninguna cría
le ha parecido adecuada para ella hasta la fecha. Es muy quisquilloso en ese
sentido, pueden pasar años enteros hasta que considere que es el mejor para ti.
Casi esperaba que Hope le preguntara
por su chocobo perdido, pero para su alivio, el ángel no comentó nada al
respecto. Probablemente ya hubiera sentido que no quería hablar del tema. “Como siempre, yo soy la oveja negra. De
alguna forma, y nunca buena para mí, he de destacar del resto.” Y no era
sólo por el chocobo. Había más razones, y Lightning no podía sino recordarlas
todos y cada uno de los días de su vida. Siempre estaban presentes, en mayor o
menor medida.
-Hay tantas cosas que no sé de este
mundo… -murmuró Hope al cabo de un rato, con la mirada fija en la hoguera-He
visto mucho, pero nunca lo he entendido. Vuestras leyendas, vuestra historia…
todo me resulta ajeno. Y fascinante. También me resulta fascinante.
-La historia de Nova Chrysalia sería
mucho más interesante y rica si la Orden no se hubiera dedicado a borrarla
hasta el punto que a ellos les convenía. Pero algunas cosas han perdurado,
sobre todo aquí, en las Marcas Salvajes. Yo no me he dedicado a estudiar todos
los antiguos mitos como hizo Serah, pero puedo tratar de contarte alguna
historia.-repuso Lightning. En el fondo no le sorprendía el interés de Hope por
el pasado; ya durante su estancia en Yusnaan se había escabullido de noche a la
biblioteca del palacio para leer todo aquello que cayera en sus manos. “Si yo me viera atrapada en un mundo del
cual no sé nada, y tuviera que convivir con sus habitantes, supongo que también
querría saber todo lo que pudiera sobre ellos.”
El ángel le dirigió una larga mirada.
A la joven le ponía nerviosa cuando hacía eso, sobre todo porque era
prácticamente imposible saber qué se le pasaba por la cabeza.
-Eso estaría bien-dijo entonces él, y
parpadeó lentamente-. Te estaría muy agradecido si me hablaras sobre el mundo,
Light. Así podría entenderlo mejor… de hecho, quisiera poder entenderlo mejor.
A cualquier otra persona no le habrían
resultado tan sorprendentes aquellas palabras, pero Lightning había compartido
el tiempo suficiente con Hope como para percatarse de que aquélla era la
primera vez que el joven ángel hablaba de algo que él quería. Sí, era cierto
que lo había hecho en su línea, con las palabras bien cuidadas y casi
tentativas, pero no hacía tanto tiempo habría sido impensable que el tímido y
callado Hope expresara en voz alta un deseo personal. Desde que salió de su
estado de shock post-traumático, había sido mucho
más directo y seco en algunas cosas que antes, pero aun así no había sido tan
claro hasta el momento. Antes, para deducir lo que Hope quería había que vadear
todo un mar de comentarios crípticos y lenguaje corporal.
-Si no es
molestia, claro.-adujo de pronto el ángel casi con cautela, y Lightning se dio
cuenta de que se había quedado tan perpleja y en silencio que probablemente
Hope hubiera pensado que se había tomado a mal su petición.
-Tonto-refunfuñó
ella, un tanto azorada, y se tumbó sobre la hierba-. ¿Acaso te he dicho que sea
una molestia? Si te lo he propuesto yo misma. Deja de hacer conjeturas y
duérmete, mañana tenemos un largo camino por delante. Y sí, te contaré cosas
sobre la historia de Nova Chrysalia, por si no te ha quedado lo bastante claro.
Hope asintió
brevemente, antes de recostarse él también junto a la hoguera. Al otro lado,
Noel roncaba, y Lightning consideró durante largos instantes lanzarle un
hechizo Mutis, pero se contuvo. “Si los
hechizos protectores fallan, tal vez sus ronquidos sirvan para disuadir a los
monstruos de acercarse.”
* * *
-¡Cuidado!
¡Apartaos!-gritó Noel un segundo antes de que un enorme brazo verde golpease el
lugar en el que había estado Lightning. La joven saltó y rodó a un lado,
esquivando el ataque, y blandió Lumen,
su espada eléctrica de cristal, en dirección a la criatura con la que habían
tenido la desgracia de cruzarse.
Después de
otros dos días más avanzando por la Estepa del Anacoreta, finalmente habían
avistado en el horizonte la carcasa de una aeronave caída sobre una colina.
Aquello, según Lightning le había indicado a Hope cuando el ángel preguntó, era
el hogar de Sazh y su familia. Habían tardado casi una semana en llegar a su
destino, lo que había hecho darse cuenta a Hope de la gran extensión de las
Marcas Salvajes. Costaba creer que todo aquel territorio todavía resistiese al
dominio de la Orden, pero después de todo era la tierra donde los lu’Cie habían
decidido refugiarse. “Es todavía más
increíble que la Orden intente conquistar un lugar donde los Eternos tienen
tanto poder”, pensaba Hope. “Sería
una misión suicida. Ningún humano podría derrotar a un lu’Cie, y mucho menos a
decenas de ellos.”
Pero aquella
tarde, cuando el sol ya estaba bajo, les había sorprendido un súbito brote de
Caos Cósmico que había surgido en algún lugar cercano y cuya influencia había
cubierto la zona donde ellos se hallaban. No había tardado en surgir un
monstruo influenciado por el Caos Cósmico con claras intenciones asesinas, y no
había podido ser otro que un comechocobos, una enorme bestia con dientes
letales y un hambre voraz. Y, como era lógico, tres pequeños humanos –aunque
éstos fuesen en realidad dos lu’Cie y un ángel– resultaban muy apetecibles.
Lightning
odiaba los comechocobos. Con todas sus fuerzas. No sólo eran las criaturas más
letales de las Marcas Salvajes, sino que su aversión a ellos era algo personal.
Hasta los cazadores más experimentados tenían que llevar extremo cuidado
enfrentándose a aquellas bestias, y para alguien que no fuera un lu’Cie, hacer
frente a uno en medio de un brote de Caos Cósmico era un billete directo a la
tumba, o mejor dicho, a su estómago.
A su lado,
Hope esquivó ágilmente una dentellada del comechocobos. Parecía estar evaluando
la situación, porque hasta el momento se había limitado a lanzar un par de
hechizos de protección cuando ella y Noel se habían visto en serios apuros.
Pero la verdad es que Lightning no podía reprocharle que todavía no se hubiera
decidido a usar su poder: ya había visto de lo que era capaz, y también sabía
que Hope todavía tenía miedo a perder el control. Para él era mucho más seguro
limitarse a apoyarles con su magia.
Noel se
abalanzó sobre el comechocobos enarbolando sus katanas, una envuelta en llamas
y la otra en remolinos de agua. Con ellas asestó varios tajos a la dura piel de
la bestia, pero de sobra sabían que de poco iba a servir: los comechocobos
tenían una resistencia física muy grande, por eso quienes no dominaran
mínimamente la magia no tenían ninguna oportunidad. El problema era que ni él
ni Lightning eran magos expertos más allá del hecho de su condición de lu’Cie,
y Hope no las tenía todas consigo a la hora de recurrir a hechizos ofensivos. Lightning
maldecía su suerte; aquel combate sólo podían ganarlo por desgaste, tal y como
estaban las cosas. Y un combate por desgaste contra un comechocobos
influenciado por el Caos Cósmico era algo muy peligroso.
En aquel
momento, el comechocobos lanzó un puñetazo en dirección a Hope. El ángel se
echó a un lado, de forma parecida a como lo había hecho antes Lightning, pero
entonces hizo una mueca de dolor al incorporarse. “La espalda”, adivinó la joven al verlo apretar los dientes, y no
pudo evitar cerrar el puño con rabia en torno a la empuñadura de Lumen. Definitivamente, por grande que
fuera su mejoría, no estaba del todo recuperado, ni mucho menos. Quiso
apresurarse a ayudarle, pero el comechocobos fue más rápido, y al momento
siguiente la boca llena de dientes que el monstruo tenía en el vientre se
cernía sobre Hope, cuyos reflejos fueron demasiado lentos como para esquivar lo
que se le venía encima.
-¡Hope!-gritó
ella, extendiendo la mano hacia él en un vano intento de alcanzarle. De pronto
hubo un fogonazo de luz verde, y el comechocobos se encontró con una barrera de
energía entre él y su presa, que despedía chispas cada vez que trataba de
atravesarla. Hope, aun tirado en el suelo, se las había arreglado para conjurar
una Coraza en el último segundo, tanto que por lo visto las fauces de la bestia
le habían rozado porque su mano izquierda, la que había alzado para lanzar el
hechizo, estaba sangrando.
-¡Vamos!-Noel
hizo reaccionar a Lightning con aquella palabra, y sin perder un momento saltó
sobre el comechocobos con sus katanas en ristre. Le asestó varios golpes antes
de, esquivando el airado puñetazo de la criatura, arrojar un Aero+ sobre él, lo
que pareció aturdirlo unos instantes. Fue entonces el turno de Lightning, que
conjuró una rápida serie de hechizos Electro que impactaron contra el
comechocobos; hubiera lanzado un hechizo más potente como Electro++, pero Hope
estaba demasiado cerca de la bestia y la Coraza, si bien protegía de los golpes
físicos, no repelía la magia. Aprovechando el aturdimiento del comechocobos,
Hope consiguió sobreponerse a la fuerza de sus mandíbulas contra su Coraza e
hizo estallar la barrera, lanzando al monstruo por los aires unos metros más
allá. No tardó en volver a atacar, pero para entonces el ángel ya se había
puesto en pie y se había alejado lo suficiente de él.
Al parecer,
que su presa se le escapara enfureció todavía más al comechocobos, cuyos
ataques empezaron a ser cada vez más frenéticos y violentos. Lightning y Noel
se salvaron de unos cuantos golpes que habrían sido seguramente mortales
gracias a las oportunas Corazas de Hope, y aun así ya habían sufrido unas
cuantas heridas que, si bien no parecían de gravedad, sí afectaban a su
capacidad de combate. También la bestia parecía cansada, pero debido al Caos
Cósmico, Lightning sabía de sobra que eso no le impediría seguir luchando y ser
una seria amenaza hasta el final. “¡Maldita
sea! ¡En qué mal momento tenías que aparecer!”, pensó rabiosa, arrojando
sobre el comechocobos un Piro+ antes de esquivar por los pelos un puñetazo.
Hacía un rato que Noel había tratado de lanzar Prisa sobre los tres, pero era
un hechizo que requería un poco de tiempo de conjuración que el comechocobos no
le concedía con sus continuos ataques. Aún gracias que Hope podía lanzar
Coraza, y sólo porque su poder le permitía lanzar hechizos de forma casi
instantánea. Incluso el ángel parecía cada vez más tenso y nervioso a medida
que el monstruo iba ganándoles terreno, y eso, viniendo de él, no era nada
habitual. Por un momento, Lightning se temió que volviera a estallar como lo
había hecho en las Dunas de la Purgación.
Y entonces,
de pronto, sonó un disparo, y las llamas estallaron en un costado del
comechocobos. Éste se volvió, cogido por sorpresa, al igual que Lightning, Hope
y Noel, pero en el momento en el que lo hizo, recibió otro tiro directo en la
cara, seguido por una corriente de viento que lo desestabilizó y lo hizo caer
hacia atrás, sin duda un hechizo Aero+ como el que Noel había usado antes.
Mientras la criatura trataba de incorporarse, un aura anaranjada rodeó a los
tres girando como las agujas de un reloj: era el hechizo Prisa que Noel no
había podido conjurar antes.
-¡Cómo os
habéis oxidado, chiquillos!-dijo una voz grave y madura, con un deje de
diversión-¿Desde cuándo los comechocobos os suponen tanto problema para
necesitar la ayuda de un vejestorio como yo?
Cuando
Lightning, Hope y Noel alzaron la vista, descubrieron sobre las rocas a una
gran ave amarilla de mirada pícara con una única pluma de color castaño
resaltando en su cabeza, y montado sobre ella había un hombre en apariencia
mediana edad, de tez oscura, barba corta y cabello afro que recordaba a un
nido. Vestía ropa ajada de color verde apagado y un pañuelo color crema al
cuello, y en su mano derecha sostenía un largo y lustroso revólver negro con
decoraciones doradas. El ave dejó escapar un graznido que sonó como un “¡kué!”,
y de un salto de sus poderosas patas bajó donde estaban ellos.
-¡Pero si no
es otro que Sazh!-exclamó Noel con una amplia sonrisa aliviada-¡No podías
llegar en mejor momento!
Hope arqueó
levemente las cejas al oír el nombre del recién llegado. “¿Éste es Sazh, el criador de chocobos?” Sus ojos se desviaron
hacia el ave de plumaje amarillo que montaba. “Entonces eso debe de ser un chocobo… Son más grandes de lo que
imaginaba.”
También
Lightning pareció aliviada por la oportuna llegada de Sazh y su chocobo:
-¡Menos mal
que te has dignado a aparecer! Vamos, ¡terminemos con esto de una vez!
Ni Sazh ni
Noel vieron necesario que se lo repitieran dos veces. Aún cogido por sorpresa
por la repentina aparición del criador de chocobos, Hope contempló asombrado
cómo el chocobo que montaba Sazh se abalanzaba sobre el comechocobos y le
propinaba una fuerte patada envuelta en ráfagas de aire mágico, mientras él
disparaba con su revólver desde su lomo. Empezaba a comprender por qué los
chocobos eran considerados tan especiales, y que lo que Lightning le había
contado sobre sus habilidades mágicas no eran ninguna exageración. Los ataques
de aquel ave casi parecían estar al nivel de poder de los propios lu’Cie.
Ante los
ataques combinados de Lightning, Noel, Sazh y el chocobo, el comechocobos se
vio cada vez más exhausto y arrinconado, y como suele pasar, las bestias
acorraladas son las más peligrosas. Sus golpes eran cada vez más brutales e
impredecibles, y el Caos Cósmico lo hacía mucho más resistente. “¡Muere ya de una vez, maldito desgraciado!”,
pensó Lightning, furiosa, al tiempo que descargaba a Lumen sobre la rugosa y sangrante piel del comechocobos. Pero
aquella ira impaciente nubló sus sentidos y sus reflejos por un instante, lo
suficiente como para que la bestia la golpeara de refilón con un puñetazo,
haciéndola caer al suelo con un grito ahogado de dolor; incluso un golpe
indirecto como aquél, viniendo de un comechocobos influenciado por el Caos
Cósmico, era peligroso y muy capaz de incapacitar a cualquiera. La joven trató
de levantarse, pero un dolor agudo en la cadera se lo impidió, momento que el
comechocobos aprovechó para lanzarse sobre ella con la boca de su vientre
abierta de par en par, sus incontables dientes cerniéndose irrevocablemente
sobre ella. Consciente de que no tenía tiempo para defenderse ni escapar,
Lightning cerró los ojos instintivamente, encogiéndose sobre sí misma y
preparándose para el fin.
Pero el
mortal mordisco no llegó. En su lugar, la joven oyó un fuerte estallido, un
rugido agónico y una súbita bofetada de calor en el rostro. Se atrevió a abrir
los ojos, y alcanzó a ver los restos de un estallido de llamas entre ella y el
comechocobos, que ahora se hallaba panza arriba unos metros más allá, con el
vientre prácticamente carbonizado y claramente muerto. Noel, Sazh y el chocobo
miraban alternativamente a la bestia y a algo tras ella, asombrados, y
Lightning se atrevió a volverse.
Lo que vio
fue a Hope, con el arma curva que había conjurado de la nada en aquella ocasión
en las Dunas de la Purgación entre las manos, con un brazo extendido y el otro
sujetando aquel bordón de energía que en aquel momento era de un color
anaranjado y despedía pequeñas llamas. Por un instante, el corazón de Lightning
se llenó de temor al ver aquella arma dorada de doble filo, al comprender que
el ángel había, una vez más, segado una vida con ella, aunque fuera la de un
monstruo que había estado a punto de matarla. La única y última vez que había
hecho aquello, las consecuencias habían sido terribles para él. Y no hacía
tanto tiempo que Hope había remontado de aquel pozo de oscuridad en el que se
había sumido durante semanas enteras y que por poco había acabado con su
cordura.
Sin embargo,
Hope no parecía haber reaccionado ante una muerte causada por su mano más allá
de fruncir el ceño con más intensidad de lo habitual, y con un enérgico
movimiento de su brazo hizo desaparecer su arco de doble filo en miríadas de
partículas doradas antes de correr al lado de Lightning, que lo miraba como si
fuera una bomba a punto de estallar.
-¿Estás
bien?-le preguntó el ángel, arrodillándose junto a ella. Oír su voz fue lo que
la hizo salir de aquel estado casi expectante, como si esperara un colapso
emocional en cualquier momento. Más que nada porque la voz de Hope, si bien
tenía un tono algo más seco de lo normal, seguía siendo serena y pausada.
-Sí… Estoy…
estoy bien.-alcanzó a decir Lightning, aunque Hope ya había identificado el
punto de su cadera en el cual el comechocobos la había golpeado antes de que
ella dijera nada; hizo un pase rápido con la mano sobre ella, la cual se iluminó
brevemente con una luz azulada, y el dolor desapareció casi al momento. “Ni siquiera Serah es capaz de sanar heridas
con esa facilidad”, pensó la joven al reconocerlo como un hechizo Cura, uno
excepcionalmente poderoso.
El ángel la
ayudó a levantarse, sin mediar palabra, pero con delicadeza. Era obvio que no
le había hecho ninguna gracia tener que acabar él mismo con el comechocobos,
pero lo cierto era que no había vacilado un segundo en hacerlo al verla en
peligro inminente. Igual que en las Dunas de la Purgación, sólo que esta vez
Hope no lo había hecho con ira o violencia, sino que se había mantenido
prácticamente impasible y había disparado aquella flecha mágica con calma y
frialdad. Lightning recordó aquello que le había dicho cuando le dijo que estaba
preparado para acompañarla a las Marcas Salvajes, que si debía volver a
mancharse las manos de sangre para salvar su vida o la de su hermana lo haría
sin dudarlo. Y así lo había hecho.
-¡Eh!-gritó
entonces Noel, acercándose a ellos, preocupado-¿Todo bien, Lightning?
Ella
asintió.
-No te
preocupes. Ha faltado poco, pero todo está bien.
-¡Y tanto
que ha faltado poco! ¡Lo que ha hecho Hope ha sido una pasada!-exclamó el
cazador, que contemplaba asombrado a Hope. El ángel arrugó la nariz, mostrando
claramente su desacuerdo, y a Lightning no le costaba imaginar por qué: una
cosa era tener que arrebatar una vida para salvar otra, pero dudaba que Hope
creyera que aquello entrara dentro de la categoría de “pasada”-¡Le acertó de
lleno en la barriga al comechocobos! ¡Ha sido un disparo increíble!
Lightning se
limitó a asentir, todavía pálida e impresionada por haber visto la muerte tan
de cerca; no era la primera vez, desde luego, pero sí había sido la única en la
que ella no habría podido hacer nada de no ser por la intervención de Hope. Le
había salvado la vida, casi sin inmutarse. “Otra
vez. Ya le debo mi vida unas cuantas veces. Quién lo hubiera imaginado…”
-Por lo
menos no hemos tenido que lamentar ningún daño mayor-observó Sazh, que había
desmontado y se había acercado a ellos junto a su chocobo-. Lightning,
chiquilla, ¿cómo es que te has arriesgado tanto contra ese condenado
bicharraco? ¡Ya sabes lo peligrosos que son!
-Ya, ya lo
sé. Ha sido… un impulso, nada más. No me gustan los comechocobos, y lo sabes.
Sazh
suspiró, como un padre que acaba de regañar a su hija por haber sido
descuidada. Entonces desvió la mirada hacia Hope, que todavía sostenía a la
joven entre sus brazos, aunque ya no le hiciera falta. Cuando captó la mirada
de Sazh, Lightning fue consciente de que Hope aún no se había separado de ella,
y se apartó instintivamente un paso. El ángel volvió la cabeza hacia ella y la
miró fijamente unos segundos con expresión indescifrable, pero no dijo nada y
sus ojos se dirigieron de nuevo hacia Sazh.
-Y a ti no
te conozco, muchacho-dijo entonces el criador de chocobos, mirándole con
interés-. Pero a juzgar por lo que veo, no eres un lu’Cie al uso, ¿eh? A menos
que la cicatriz y las orejas sean las nuevas tendencias por la capital.
A su pesar,
Hope se llevó una mano a una de sus orejas puntiagudas, rozándola apenas, pero
se dio cuenta de que Sazh se había fijado enseguida en uno de los detalles que
delataban que no era humano, ni siquiera lu’Cie. No supo qué responder, pero
por suerte para él, Lightning decidió sacarlo del apuro:
-Éste es
Hope, Sazh. Quizá Fang te haya hablado de él, ya sabes. La llave del Corazón de
Bhunivelze.
-¡Ah!,
entiendo-Sazh contempló al ángel con mayor detenimiento-. Sí, Fang me ha
hablado de ti, pero mejor será que tratemos los intríngulis de la cuestión
lejos de oídos ajenos. Pero es un placer conocerte, Hope. Como ya te habrán
dicho estos dos, me llamo Sazh Katzroy, y me dedico a criar chocobos para todas
las Marcas Salvajes… además de algunos pequeños trabajos extra.-adujo, guiñándoles
un ojo con simpatía.
Hope fue a
corresponder a su saludo, pero en ese momento el chocobo que acompañaba a Sazh
dejó escapar un “¡kué, kué!” más bien irritado y apartó al criador de chocobos
de un leve empujón, y estudió de arriba abajo al ángel con sus grandes ojos
castaños.
-Vale,
¡vale!-protestó Sazh frotándose el punto donde el ave le había golpeado, aunque
sonreía-¡No me había olvidado de ti, aunque no te lo creas! Pero ya que estás,
¿por qué no te presentas tú misma?
Lightning y
Noel sonrieron también, divertidos por la escena, pero Hope no terminaba de
entender cómo iba a presentarse el chocobo, que por lo visto era una hembra.
Sin embargo, su pregunta no verbalizada se respondió sorprendentemente cuando,
de pronto, el ave emitió un intenso resplandor rojizo que le cubrió por
completo, casi cegándole. Entonces, la silueta del chocobo cambió rápida pero
progresivamente tras la luz: su plumaje se retrajo, sus patas se transformaron
en piernas, su torso se estrechó y se alargó y su cabeza se hizo más pequeña al
tiempo que su pico se retraía y su cola desaparecía. Y cuando el resplandor
cesó, el joven ángel contempló, asombrado, a una mujer joven, de cabello
castaño y ojos marrones, vestida con ropas ligeras de colores verdes y blancos
de las mangas muy largas y emplumadas, con una gorra coronada por una pluma
roja. Sus pantalones parecían muy ceñidos, y sus zapatos parecían los pies de
un ave… hasta que Hope cayó en la cuenta de que no era que llevara pantalones
ni zapatos, sino que sus propias piernas eran las de un chocobo. “¿Qué clase de magia es ésta?”, pensó,
atónito, retrocediendo un paso por instinto.
Sin embargo,
aquella extraña mujer se echó a reír alegremente ante el recelo de Hope, al
mismo tiempo que lo hicieron Sazh y Noel. Lightning, por su parte, le puso una
mano en el hombro para tranquilizarle, también haciendo claros esfuerzos para
no reírse.
-¡Ah, venga
ya! ¡No me digas que te he asustado!-la voz de la mujer era casi como un trino,
tan cantarina que al sensible oído de Hope al principio le resultó casi
incómoda-¡Creía que los de tu clase eran, no sé, algo más estoicos! Vamos, ¡no
pasa nada! ¡No te voy a picotear ni nada de eso!
-Lo
siento-murmuró Hope, algo menos receloso, aunque seguía mirándola con
suspicacia-. Es la primera vez que veo una bestia transformarse en un ser
humano.
Ella le
dedicó una radiante sonrisa, mostrando su blanca y perfecta dentadura.
-¡Pues ya lo
has visto! Tranquilo, ¡para todo hay una primera vez! Me llamo Chocolina-dijo,
llevándose una mano cubierta por la manga emplumada al pecho-, ¡aunque tú
puedes llamarme Lina! Sazh es mi compañero de vida, y como ya has podido
comprobar, ¡soy una animista!
-¿Una
animista?-Hope ladeó la cabeza y frunció apenas el ceño.
-Es uno de
los dones con los que a veces nacen los lu’Cie-le explicó Lightning-, como
Serah y su poder de Oráculo. Los animistas son lu’Cie que se pueden transformar
en animales a voluntad, y en el caso de Chocolina, como indica su prefijo
tribal, es una chocobo.
-Así
es-corroboró Sazh, pasándole un brazo por la cintura a Chocolina con cariño, y
ella sonrió-. Bueno, si ya están hechas todas las presentaciones, ¿nos vamos,
chiquillos? Seguro que agradeceréis tener esta noche un techo bajo el cual
dormir. Y si no me equivoco, tenemos varias cosas que discutir antes de que
sigáis vuestro camino.
Lightning y
Noel asintieron. Hope siguió al grupo de lu’Cie hacia la aeronave derribada que
se veía en el horizonte, el hogar de Sazh, cavilando para sí sobre todos
aquellos nuevos descubrimientos que se abrían ante él. Había sospechado que las
Marcas Salvajes guardaban multitud de secretos aguardando a ser desvelados, y
aquél había sido, desde luego, uno de ellos. ¿Quién le hubiera dicho que entre
los lu’Cie existían criaturas capaces de cambiar de forma a su antojo? “¿Cuántos más misterios rodean a los Eternos
y a los dones que les otorgaron los fal’Cie? ¿Hasta dónde puede llegar su
potencial mágico?”, se preguntó el joven ángel, y era una pregunta que le
hizo sentir un extraño escalofrío. Por algún motivo, tal vez en el fondo no
deseara conocer la respuesta.
* * *
Horas
después, ya entrada la noche, Lightning, Noel y Sazh se hallaban en torno a una
mesa, sentados en unos cómodos sillones. Hacía rato que habían cenado, un
sabroso estofado de bégimo y verduras tantal que había cocinado la propia
Chocolina con todo su buen humor y radiante predisposición. Dajh, el hijo de
Sazh y de su primera pareja, jugaba con una maqueta de una aeronave por detrás
de ellos; Lightning y Noel ya lo conocían, y el pequeño se había alegrado mucho
de volver a verlos, pero se había mostrado inquieto en presencia de Hope. Para
el ángel, era la primera vez que interactuaba con un niño humano, y no había
sabido qué pensar de la actitud temerosa de Dajh. “El poderoso ángel de Bhunivelze, preocupado por no agradarle a un
niño”, pensó Lightning, sonriendo para sí. Pese a lo poco expresivo que era
Hope, había leído la inseguridad en sus ojos cuando, al hacer ademán de
acercarse a Dajh, el niño había corrido a esconderse detrás de las piernas de
su padre, y él se había vuelto hacia ella como para preguntarle qué estaba
haciendo mal. Y después, durante toda la cena, había quedado patente que Hope
se pasó el rato intentando que Dajh no le tuviera miedo, y que no sabía cómo,
porque lo único que había hecho fue mirarlo de reojo cada dos por tres.
Lightning, que era consciente de que el ángel era casi como un niño grande, lo
había encontrado adorable: como dos niños que son demasiado tímidos como para
hablarse, aunque quisieran hacerse amigos.
“Aun así, Dajh tiene motivos para no
fiarse de los desconocidos”, se dijo la joven. Porque era algo que Sazh le había inculcado
desde hacía mucho tiempo. Y es que la familia Katzroy era de todo menos normal,
incluso para los estándares de una familia lu’Cie: Chocolina era una animista,
un don muy raro entre los Eternos; la Marca de Sazh había despertado muchos
años después de haber alcanzado la plenitud, lo cual lo convertía en uno de los
pocos lu’Cie cuya apariencia física era la de una persona madura en lugar de la
de un adolescente o un joven adulto; en el caso de Dajh, había sido todo lo
contrario, pues su Marca despertó cuando el chiquillo tenía sólo seis años,
deteniendo así su envejecimiento a tan tierna edad. A aquellos lu’Cie
destinados a permanecer como niños toda la eternidad se les conocía como
Infantes, y por poco halagüeño que sonara aquel futuro, lo cierto era que los
Infantes jamás perdían la inocencia infantil. Eran muy protegidos por las
comunidades lu’Cie, que los consideraban un regalo para aliviar el cinismo y el
tedio que podía provocar la vida eterna que era al mismo tiempo bendición y
maldición.
Aunque a la
Orden de la Salvación le importaba más bien poco lo que significaba un Infante
para los lu’Cie, sí que mostrarían especial interés en hacerse con Dajh si supieran
de su don, de la misma forma que una vez consiguieron raptar a Serah y trataron
de forzarla a usar aquel don para sus propios fines. Pero en el caso de Dajh,
sería infinitamente más peligroso para todos ellos. Porque aquel chiquillo
tenía la habilidad de reconocer a los lu’Cie y toda la magia relacionada con
ellos. Y la Orden tenía sus métodos para detectar lu’Cie, sí, pero se basaba en
el simple concepto de cuantificar el nivel de magia del aura de los
sospechosos, que no era precisamente fiable. En sus manos, Dajh sería el
detector perfecto de lu’Cie, y por eso Sazh había dedicado toda su vida a
proteger a su hijo de todo peligro. Y, por supuesto, también le ayudaba a
reconocer a los nuevos miembros del Alba de Gules que acudían a su puerta.
-A ver-dijo
entonces Sazh, sacando a Lightning de sus pensamientos-, Fang me dijo que
traíais algo para mí, chiquillos. ¿De qué se trata?
Fue Noel
quien rebuscó entre los bolsillos de sus amplios pantalones, hasta que sacó el
rollo lacrado de pergamino que la líder del Alba de Gules le había entregado.
Con mal disimulado orgullo, el joven se lo dio a Sazh.
-Ahí lo
tienes. Enterito y sin leer, como me ordenó la capitana. Dijo que era alto
secreto hasta para nosotros.
Sazh enarcó
brevemente las cejas mientras rompía el lacre, sin duda sorprendido por la
inusual petición de Fang. Y no era de extrañar, porque pese a la cautela que la
caracterizaba, la dragontina solía compartir sus planes con sus agentes de
confianza, y desde luego Lightning y Noel formaban parte de aquel grupo. El
contenido de aquella misiva tenía que ser de altísima importancia.
Durante
largos minutos, Sazh leyó con suma atención el mensaje de Fang mientras
Lightning y Noel esperaban impacientes a que terminara, en parte deseando que
les contara algo sobre su contenido. La joven lanzó una mirada hacia una de las
ventanas de la aeronave, al exterior: Hope había salido hacía ya un rato porque
Chocolina, al enterarse de que ella era el primer chocobo que veía de cerca,
había considerado que aquello era inaceptable y se lo había llevado a los
establos para que viera todas las aves que ella y Sazh criaban en aquel remoto
lugar de las Marcas Salvajes.
Finalmente,
con un profundo suspiro, Sazh enrolló la misiva con el ceño fruncido. Lightning
no lo consideró buena señal. Sabía de sobra que el criador de chocobos era un
hombre risueño y optimista, y no era muy dado a mostrarse preocupado.
-Parece que
nuestros temores no eran tan infundados como creíamos-comentó, y tamborileó
pensativo con sus dedos sobre la mesa-. Si lo que Fang ha averiguado es cierto…
ojalá que no sea así, pero si lo es, dentro de poco puede que se nos acabe la
relativa paz de la que hemos estado disfrutando estos años.
-Pero ¿qué
es lo que dice?-quiso saber Noel, intrigado. Lightning también quería saber,
pero tuvo la impresión de que Sazh no iba a decirles nada, y probablemente
porque Fang le habría indicado en el mensaje que no lo hiciera. La conocía
bien, y también conocía lo suficiente a Sazh como para saber que al criador de
chocobos le encantaba compartir novedades con los demás.
-No puedo
contároslo, por más que quisiera hacerlo-replicó Sazh, confirmando sus
sospechas-. Órdenes de la jefa. Pero supongo que puedo ofreceros algo de
información… Veréis, últimamente la Orden ha estado mucho más presente de lo
normal en las Marcas Salvajes y causando más problemas de los esperados. Y no
me refiero a problemas aislados: han estado atacando pequeñas comunidades y
cada vez se han ido acercando más a los pueblos más grandes. El otro día los
cazadores de Jagd y los Filos en la Noche se las vieron negras para evitar que
un grupo de secutores atacara la aldea de Aryas.
Noel se
incorporó como si le hubieran mordido.
-¿Me quieres
decir que la Orden está atacando las Marcas Salvajes abiertamente? ¡Pero si
nunca antes se habían atrevido a aventurarse mucho más allá de las fronteras!
¿Qué pasa con los lu’Cie que protegen la zona?
-Eso
quisiéramos saber muchos. Pero por lo que Fang me cuenta, creo que empiezo a
entender por qué se están volviendo tan osados-Sazh arrugó el entrecejo-. Y no
son buenas noticias. Además, están empleando una táctica de guerrilla, con lo
que a nuestras patrullas les cuesta mucho más dar con ellos. Todo esto,
chiquillos, me huele muy mal.
-No podemos
consentir que campen a sus anchas por las Marcas-se indignó Lightning apretando
los puños-. ¡Si siguen así, podrían incluso poner en peligro Poltae! Si de
verdad están causándonos problemas a los lu’Cie, ¿cómo es posible que Fang no
nos haya movilizado a todos? No pienso permitirlo, ¡aunque tenga que acabar con
ellos yo sola y…!
-Calma,
calma-la interrumpió entonces Sazh alzando las manos-. Los jóvenes siempre
pensáis que podéis hacerlo todo solos. Puede que suene mal, pero creo que eso
fue lo que hace milenios perdió al rey al que tanto admiras-Lightning le lanzó
una mirada fulminante, pero el criador no se inmutó-. Mira, ya sé que tenéis
buena intención y que vuestra ayuda sería muy valiosa, pero Fang no os ha
mandado aquí para que os deis de tortas con la Orden. Para eso ya están los
cazadores y los Filos en la Noche, así que limitaos a hacer lo que la jefa os
ha dicho que hagáis.
-Yo debería
estar luchando-murmuró Noel, cabizbajo, con los puños apretados y los nudillos
blancos-. Luchando y defendiendo las Marcas.
-Tú lo que
tienes que hacer es acompañar a Lightning y al chico ángel a Poltae como te han
dicho. Deja de machacarte con tonterías, no eres el único que puede defender
este lugar.
A pesar de
que Sazh tenía razón, Noel no parecía nada convencido. Lightning sabía que el
joven se sentía responsable y en parte culpable, pero poco podía decirle que no
le hubieran dicho ya. Y es que, a pesar de su humilde labor como posadero en El Reposo del Visionario dentro del Alba
de Gules, dentro de las Marcas Salvajes tenía una posición mucho más
importante. O la había tenido, antes de unirse al grupo rebelde de Fang.
Fue entonces
cuando, de repente, Dajh, el hijo de Sazh, se acercó a su padre con la maqueta
de la aeronave entre las manos. Sobre el dorso de su mano izquierda destacaba
una Marca de color blanquecino, aunque diferente a las de todos los lu’Cie allí
presentes: Dajh era un lu’Cie de la Casa de Lindzei, a diferencia de ellos, que
eran de la Casa de Paals. No había mayores diferencias, pero por alguna razón,
los lu’Cie de la Casa de Lindzei no eran tan comunes.
-Papá, ¿el
chico ángel es de los buenos?-preguntó, con aquella inocencia infantil que los
muchos años de vida no le habían arrebatado. La pregunta hizo sonreír a todos
los presentes; dado que Hope era una cara nueva para él, Dajh no sabía cómo
tomarse su presencia.
-Bueno, es
una pregunta compleja-repuso Sazh subiendo al niño a su regazo-. Vamos a ver,
¿es un ángel bueno o no? Lightning, ¿tú qué opinas?
“¿Y por qué tengo que responder yo?”, pensó ella, cogida por sorpresa.
Pero estaba empezando a hacerse a la idea de que todo lo relacionado con Hope
iba ligado a ella también a ojos de los demás. No en vano era ella la que se
suponía que debía devolver la gloria a su gente con la guía de un ángel.
-No tienes
por qué tenerle miedo, Dajh-le dijo la joven, con una pequeña sonrisa-. No le
haría daño a nadie si pudiera evitarlo. Aunque no sea un lu’Cie, no tienes nada
que temer.
Dajh la miró
fijamente, con los ojos muy abiertos.
-Yo creía
que los ángeles tenían alas. El chico ángel no tiene. ¿Por qué no tiene alas?
Lightning
dudó un momento. Lo cierto era que Hope nunca había hablado mucho sobre la
verdadera naturaleza de la pérdida de sus alas. Él decía que el Arca se las
había arrancado cuando desobedeció las órdenes de Bhunivelze, pero ahí quedaba
la cosa. Y sí, Hope no podía mentir, con lo cual aquello tenía que ser verdad…
pero hasta qué punto, se preguntó la joven. Ya había comprobado por sí misma
que el ángel sabía capear el temporal contando sólo parte de la verdad, y no se
le daba precisamente mal.
-Un dios muy
malo se las quitó-oyó entonces decir a Noel, y suspiró aliviada para sí cuando
el joven le sacó del apuro resumiendo lo poco que sabían-cuando quiso bajar del
cielo a conocernos. Y ahora está acompañando a Lightning para ayudarnos a todos
a darles su merecido a los malos que están de parte de ese dios.
-¡¿De
verdad?!-los ojos de Dajh se iluminaron, fascinados-Es que… es tan raro. No
tiene alas, tiene orejas raras… No parece malo, pero es que… me pone nervioso.
-¿Nervioso?
¿Cómo es eso?-le preguntó su padre. Dajh se encogió de hombros.
-No sé… Se
parece a lo que siento cuando estáis conmigo, pero… es como si algo estuviese
como mal dentro de él. Da un poco de miedo…
Lightning
frunció el ceño. “¿Como si algo estuviese
como mal dentro de Hope?” ¿A qué se referiría el niño con eso? Su poder le
permitía percibir la magia de los lu’Cie por el aura que despedían las
personas, lo cual ya era extraño de por sí porque el ángel no lo era; de hecho,
había dado por sentado que Dajh se había sentido incómodo alrededor de él
porque no podía percibir el aura de los lu’Cie y había pensado que era una de
las personas sobre las que su padre le había advertido tanto. Pero por lo
visto, lo que inquietaba al chiquillo era que algo “no estaba bien” en su aura,
fuera lo que fuera.
Sazh debió
de imaginarse lo que se le estaba pasando por la cabeza a la joven en aquel momento,
por lo que le dirigió una sonrisa tranquilizadora:
-Sin duda es
porque es la primera vez que te encuentras con un ángel. Son mucho más
poderosos que nosotros los lu’Cie, hijo. No me cabe duda que eso es lo que
sientes cuando estás cerca de él, pero no le tienes que tener miedo. Sólo es
distinto a nosotros, nada más.
Sí, aquello
tenía sentido. No en vano los ángeles, según las leyendas, habían sido creados
por los fal’Cie para sustituir a los lu’Cie como siervos, y dado que los
propios lu’Cie habían nacido producto de un hechizo de origen fal’Cie, era
lógico que sus auras desprendieran la misma huella mágica. Y no era de extrañar
que semejante nivel de poder pudiera haber asustado a un pobre chiquillo
acostumbrado a percibir la magia de los lu’Cie, que estaba por debajo de las
capacidades de los ángeles. Pero aun así… Lightning no pudo evitar sentir
preocupación ante la observación de Dajh de que algo “estaba mal” dentro de
Hope. Sobre todo porque, no hacía tanto, había descubierto que era incapaz de
canalizar y expresar sus propias emociones, y eso, desde luego, entraba dentro
de la categoría de “estar mal”.
Mientras
Noel, Sazh y Dajh se olvidaban rápidamente del tema y comenzaban a conversar
alegremente en torno a la mesa, Lightning miró sin poder evitarlo hacia la
ventana, en dirección a los establos, donde habían ido Hope y Chocolina para
ver a los chocobos. Tenía la escalofriante impresión de que el descubrimiento
de hacía semanas sobre las limitaciones del joven ángel no era sino la punta
del iceberg. Y mucho se temía que, si lo descubría, las consecuencias no serían
precisamente agradables.
“¿Qué es lo que realmente oculta
Hope? ¿Qué secreto tan terrible es el que hace que algo no esté bien dentro de
él?”