La caravana se deslizaba perezosamente
sobre la arena, tirada por los sahuagines de arena que los nómadas empleaban
para arrastrar sus transportes. Al contemplar los sinuosos movimientos de las
criaturas bajo la intensa luz del sol, Hope no podía evitar pensar en lo
similares que eran a él. “No son sino
esclavos al servicio de sus amos… Criados para ejercer una labor que los priva
de la libertad, o peor quizá que yo, si han llegado a conocerla para sólo arrebatársela
después.”
-Hope, como sigas sacando la cabeza al
sol se te va a tostar el poco cerebro que tienes-dijo Lightning desde el
interior del habitáculo del carro; el ángel metió la cabeza al momento, y vio a
las hermanas Farron sentadas en el suelo sobre la alfombra-. Si estamos aquí a
cubierto es por algo, tonto.
-Lo siento-Hope se sentó a su lado,
aún pensativo-. Es que tenía curiosidad por las Dunas. Cuando llegamos no vimos
mucho porque era de noche, en Mysidia la gente es nocturna y ahora estamos todo
el día metidos entre cuatro cortinas…
-Créeme, no te gustaría estar ahí
fuera con las horas de sol-Lightning sacudió la cabeza, sonriendo con ironía-.
Los monstruos aún se pueden tolerar. El calor infernal, no tanto.
Hope se encogió brevemente de hombros.
Seguía mirando pensativo las cortinas de gruesa tela, similar a la que los
nómadas usaban para cubrir sus tiendas.
-Algo me dice que a Hope le aburre el
viaje-comentó Serah, divertida-. Como los chiquillos cuando no se llevan algo
con lo que entretenerse.
-No es que me aburra-el ángel parecía
incómodo-. Pero llevamos cuatro días aquí dentro sin apenas poder salir. ¿Nos
falta mucho para llegar a esa ciudad a la que vamos?
-¿A Razia? Bueno, no me conozco tanto
el desierto como mi hermana. ¿Tú qué opinas, Lightning?
Lightning se lo pensó unos segundos.
Hope se fijó en que estaba contando con los dedos al tiempo que murmuraba algo
para sí. Se le antojó curioso.
-Llevamos cuatro días, y la verdad es
que vamos bastante ligeros para lo que esperaba de una caravana, y más
conociendo a la gente de por aquí, que se toma su tiempo… No deberíamos tardar.
Quizá a mediodía.
-No pongas esa cara-rió Serah al ver a
Hope fruncir el ceño; eran las siete de la mañana-. Son sólo unas horas más.
¿Qué prisa tienes?
-Yo no tengo prisa-protestó él, y se
cruzó de brazos-. Y no pongo caras. Sólo tengo una.
“Tú lo has dicho”, pensó Lightning poniendo los ojos en blanco.
“Al menos hemos aprendido a entenderle
por lo que su única cara le permite expresar.”
Hubo unos minutos de silencio en los
que sólo se oía el ruido del viento y el carro deslizándose sobre la arena;
Lightning estaba tendida sobre unos cojines, Serah se había tumbado boca arriba
y observaba distraída la decoración nómada del habitáculo, mientras que Hope
permanecía sentado con la espalda más inclinada de lo normal. Le habían
cambiado los vendajes en Mysidia, y dado que hacía tiempo que las hermanas
Farron no veían el progreso de sus heridas, fue un alivio comprobar que ya no
sangraban. Tenían un aspecto horrible –aún se podía apreciar la fibra muscular
desgarrada y la carne viva– pero al menos habían empezado a cicatrizar lo
suficiente como para no sangrar.
-¿Cómo es Razia?-quiso saber Hope
rompiendo el silencio-Esa ciudad a la que nos llevan los nómadas. ¿Es como Luxerion
o Yusnaan?
-Ni de lejos-replicó Lightning con
sorna-. Una ciudad como ésas sería imposible de construir aquí. No, Razia es la
capital de las Dunas de la Purgación, pero en realidad viene siendo como un
asentamiento muy grande… para los estándares nómadas, claro. Aquí la gente no
se caracteriza por el gusto a lo grande.
-Pero te gustará-intervino Serah,
sonriente-. Aunque el desierto no sea el paisaje más acogedor y bello del
mundo, tiene su encanto, y si te digo la verdad, Razia lo refleja totalmente.
Hope no dijo nada. Para él, el
desierto olía a muerte. Nada vivo crecía sobre la arena, y aunque lo hubiera
hecho, el implacable sol y las gélidas temperaturas nocturnas lo habrían
matado. Como resultado, sus habitantes, humanos y monstruos, debían sobrevivir
matándose unos a otros. “En este lugar se
sucede una purga constante… No me extraña que las llamen ‘Dunas de la
Purgación’”, pensó el ángel, cerrando los ojos y respirando hondo. “Incluso este viento ardiente arrastra la
muerte consigo…”
* * *
-Hemos llegado a Razia-anunció uno de
los mercaderes de la caravana cuando ésta se detuvo horas después, entrando en
el cubículo donde aguardaban Lightning, Serah y Hope-. Aquí termina el
trayecto. ¿Lo tenéis todo con vosotros?
-Sí, creo que no nos dejamos
nada.-Serah echó un vistazo a su alrededor; hacía ya rato que Lightning y ella
habían enfundado sus armas a medida que se acercaban a la capital del desierto,
y los tres llevaban consigo los morrales con objetos curativos y útiles que les
habían dado en Mysidia.
El mercader asintió y les hizo una
seña para que le siguieran. Nada más abandonar la protección que era el techo
de tela de su carro les recibió una bofetada de aire caliente; el sol de
mediodía caía a plomo, y Hope entendió en aquel momento por qué los nómadas
preferían vivir de noche en aquel lugar. Aunque a ellos no parecía afectarles
tanto como a los forasteros: de hecho, el resto de mercaderes ya estaba
empezando a montar los tenderetes y tiendas en torno al oasis en el que se
habían detenido y en los que más tarde comerciarían con los habitantes de
Razia.
-Gracias por traernos hasta aquí-le
dijo Lightning al mercader con sincera gratitud-. Decidle al Anciano de vuestra
tribu que estamos en deuda con él.
Sin más respuesta que una cortés
inclinación, el nómada se retiró para ayudar a sus compañeros. Pese a ello, las
hermanas Farron sabían que no era una descortesía; los nómadas eran reservados
y no cruzaban muchas palabras con los forasteros. Sabían que para los
mercaderes su presencia era una carga y un riesgo, y aunque no hubieran hablado
mucho con ellos les habían cuidado bien.
-Bueno, pues… ya estamos aquí-Serah
dirigió una mirada tentativa a su hermana, que parecía reticente a moverse pese
al insoportable calor-. ¿Vamos?
-¿Dónde está la ciudad?-preguntó Hope
mirando a su alrededor, desconcertado-Aquí no hay más que arena y rocas.
-Delante de ti-dijo Lightning
señalando el muro de rocas que se alzaba unos quinientos metros más allá,
frente a ellos-. Fíjate bien.
El ángel entornó los ojos, tratando de
ver entre el aire distorsionado por el calor. Entonces pudo ver que,
efectivamente, en las rocas había excavada multitud de oquedades a modo de
ventanas y arcos, y a nivel del suelo se abrían tres grandes entradas en forma
de arco, una más alta que las otras dos. Comprendió que el gran roquedal que
tenían delante debía de albergar la capital entera en su interior, y que por
eso no la había visto antes.
-¿Eso es Razia? ¿Viven dentro de las
rocas?
-Así es-confirmó Serah con una
sonrisa-. Así están protegidos constantemente del sol y del frío, y de los
monstruos también. ¿Verdad que es ingenioso? Es el único sitio donde se podía
construir un lugar así, y por eso es la única ciudad estable de las Dunas.
Verás que sus habitantes son algo diferentes a los nómadas por esa misma razón.
-Sí, son mucho menos discretos-suspiró
Lightning, echando a andar hacia la entrada más grande de Razia; Serah y Hope
se apresuraron a seguirla-. Con un poco de suerte, ahora que es mediodía y la
mayoría estará durmiendo, entraremos sin llamar demasiado la atención.
Serah puso los ojos en blanco.
-Vamos, Lightning. Ni que fuera para
tanto. ¡Con lo bien que te tratan!
-Sí, bueno, ése suele ser el problema.
-¿Qué problema hay?-Hope miraba a las
hermanas sin entender-Ya habéis estado aquí, ¿verdad? Le dijisteis al Anciano
de Mysidia si podía traernos. Creía que era porque confiabais en la gente de
aquí.
-No es que no confiemos en ellos… De
hecho, estoy segura de que aquí nadie nos va a pegar la puñalada trapera. Pero
no le pedimos al Anciano que nos trajera; eso fue porque no podían llevarnos
hasta la estación-Lightning parecía cada vez más incómoda-. Si por mí fuera,
nos habríamos ido de las Dunas sin pasar por aquí, y si venimos es porque
necesitamos un guía. Quisiera entrar, encontrar uno y salir sin que nadie se
entere de que hemos estado aquí, antes de que se corra la voz.
-Pero si acabamos de llegar-replicó el
ángel alzando brevemente las cejas; la sombra del roquedal se cernió sobre
ellos, aliviándoles de la ardiente luz solar-. Y en el desierto no hay mucha
gente. ¿Cómo van a enterarse?
-No te confundas, en las Dunas las
noticias corren rápido. Ya viste que en Mysidia no tardaron en enterarse de que
los secutores nos estaban buscando.
-De todas formas, llevamos menos de
una semana en el desierto-intervino Serah, en parte para tranquilizar a su
hermana, que se iba poniendo más tensa a medida que cruzaban las puertas de
Razia-. Y en todo ese tiempo no hemos salido de Mysidia ni de la caravana. ¿De
veras crees…?
No pudo decir más: se detuvo en seco
cuando se percató de que, en medio del vestíbulo de piedra en el que se hallaban,
había un grupo de personas de pie: una mujer en medio de dos filas paralelas de
cuatro personas, dos hombres y dos mujeres. Vestían ropas diferentes a las de
los nómadas, pues no cubrían sus cuerpos completamente, sino que más bien
exponían su piel, y sus atuendos eran coloridos y livianos. La mujer que se
erguía en medio era de mediana edad y pese a que no vestía de forma muy
distinta a los demás, saltaba a la vista que tenía una posición importante,
sobre todo porque el turbante blanco con plumas que cubría su cabeza era muy
similar al del Anciano Minu de Mysidia.
Lightning y Serah se quedaron quietas,
la primera en especial, que además se había puesto pálida. Hope las imitó, un
poco desconcertado al percibir la oleada de incomodidad que emanaba de la mayor
de las hermanas Farron. No era miedo ni rechazo, sino… el ángel no podía
descifrar completamente de qué se trataba, pues nunca había sentido nada
similar viniendo de ella. “Es como si la
presencia de esos humanos la pusiera nerviosa… pero no porque vayan a hacerle
daño. De hecho, diría que la incomodan por esa misma razón.”
La mujer, con una amplia sonrisa, hizo
una reverencia y abrió los brazos:
-Bienvenida de nuevo a Razia,
Redentora. Y también a vos, joven Oráculo, y al forastero que os acompaña. Es
un gran honor poder acogeros una vez más, y que nuestra capital sea agraciada
por vuestra presencia.
Hope arqueó brevemente las cejas y
miró a Lightning, que, para su sorpresa, se había ruborizado levemente y no
sabía qué responder. Serah también parecía un poco incómoda, pero al menos ella
había salido del paso esbozando una vacilante, aunque sincera, sonrisa. “¿Redentora?”, se preguntó el ángel sin
comprender.
-Eh… Saludos, Anciana Fares-respondió
finalmente una aturullada Lightning, evitando mirar a la mujer directamente-.
No esperábamos… es decir, no imaginaba que sabríais de nuestra llegada…
-Recibimos la noticia hace dos días de
que os dirigíais hacia aquí.
Lightning y Serah compartieron una
mirada de reojo incrédula y resignada a partes iguales. Por su parte, Hope se
limitó a parpadear brevemente.
-Sí que corren rápido las noticias en
el desierto.-comentó en voz baja. Sin volverse hacia él, Lightning le dio un
codazo en las costillas para que se callara.
-Decidnos-dijo la Anciana Fares,
acercándose a los tres-, ¿quién es el joven que os acompaña, Redentora? ¿Tiene
algo que ver con la profecía de vuestra hermana?
Una vez más, Hope se preguntó de qué
iba todo aquello, pero antes de que pudiera abrir la boca, Serah se apresuró a
responder:
-Anciana, éste es Hope. Nos está
acompañando en nuestro viaje, nada más. Es un buen amigo nuestro.
Hope no sabía mucho de profecías, pero
Lightning sí que le había hablado de una en concreto, la que Serah había
realizado tiempo atrás sobre ella y el rey Mikhail. Si era la profecía de la
que estaban hablando, entonces ciertamente él sí que estaba involucrado. De
hecho, de no ser por ello, ni siquiera estaría allí. “¿Por qué considerarán necesario mentir a estas gentes sobre mí?”
-Los amigos de la Redentora y la
Oráculo son y serán siempre bienvenidos en Razia-declaró la Anciana
dirigiéndole una amable sonrisa a Hope. El ángel no supo qué contestar, por lo
que simplemente inclinó la cabeza en señal de gratitud-. Podéis alojaros todo
el tiempo que deseéis en nuestra ciudad.
-¡No, no! No hemos venido a
alojarnos-interrumpió Lightning con más brusquedad de la que pretendía; bajó la
voz para que los pajes de la Anciana no pudieran escucharla-. Anciana Fares,
hemos venido de incógnito, como quien dice. Estamos de paso por las Dunas, y lo
que más nos interesa es regresar a Luxerion cuanto antes. Y cuanta menos gente
sepa que estamos aquí, mejor, ¿entendéis? Tan sólo necesitamos un guía que nos
lleve a la estación del monorraíl, ni siquiera íbamos a quedarnos.
-¿Un guía, decís?-la Anciana se cruzó
de brazos con gesto serio-Me gustaría complaceros, Redentora, pero me temo que
es imposible en este momento. Esta noche es el festival de la Almenara, y todos
los habitantes de Razia estamos ocupados preparando las piras sagradas.
-Ah, ¡claro! Es verdad, el festival…
-Serah abrió mucho los ojos al comprender-Por eso venía la caravana de Mysidia
justo ahora, supongo. Así que me imagino que no podemos contar con nadie hasta
dentro de un día o dos…
Lightning frunció el ceño. No era la
primera vez que había estado en Razia cuando se celebraba el festival de la
Almenara, y pese a que no sabía mucho sobre éste, sí sabía que la ciudad entera
se volcaba para prepararlo. Para sus gentes era la fiesta más importante del
año. Lo cual implicaba que, lo quisiera o no, tendrían que pasar la noche allí.
“Era demasiado pedir pasar desapercibida”,
pensó la joven.
-Los secutores nos están buscando…
Anciana Fares, no sé si es seguro que nos quedemos demasiado tiempo aquí.
-También nos han avisado de eso-la
Anciana negó con la cabeza sin perder la sonrisa-. La misma persona que nos
advirtió de vuestra llegada, de hecho.
Antes de que Lightning pudiera
preguntar de quién se trataba, en parte irritada porque su última baza para
evitar quedarse mucho tiempo en Razia hubiera acabado en saco roto por su
culpa, una fuerte voz femenina resonó en el amplio vestíbulo:
-Fares, ¡podrías haberme avisado de
que estos tres habían llegado ya! ¿Qué es esto de privarme del placer de
recibirles como es debido?
Lightning, Serah y Hope se volvieron
hacia la fuente de la voz, a la que habían reconocido antes de ver a la
mismísima Fang en persona frente a los arcos de los pasillos a la derecha, con
su fiel lanza siempre a la espalda. La líder de los lu’Cie rebeldes no se
mostró en absoluto cohibida ante la sorpresa de las hermanas Farron y el ángel,
y avanzó hacia ellos con paso decidido.
-Ah, dragontina Yun. Disculpa por no
haberte avisado, no quise interrumpirte la siesta-repuso la Anciana, y se
volvió hacia Lightning-. La dragontina Yun fue quien me avisó de vuestra
llegada y de la amenaza de la Orden que eso suponía, hace dos días.
-Sí, sí, soy una mensajera muy
eficiente, todos contentos-interrumpió Fang adelantándose a las preguntas, y le
dio una palmada en el hombro a la Anciana sin una pizca de reparo-. Fares, si
no te importa, yo me hago cargo a partir de aquí. Ya has oído a la Redentora:
nada de homenajes, alboroto y demás en lo que dure su estancia. Completo
incógnito, ya sabes. Cosas de trabajo.
La Anciana no pareció ofenderse por el
tono informal y más bien descarado con el que Fang se dirigía a ella, sino que
sonrió plácidamente.
-Por supuesto. Podéis alojaros en
cualquiera de nuestras estancias para huéspedes, por supuesto, y dado que vais
a permanecer esta noche al menos en Razia, no dudéis en disfrutar del festival
que estamos preparando si así lo deseáis-y con estas palabras, hizo una
reverencia hacia Lightning, inclinó la cabeza respetuosamente hacia Serah, Hope
y Fang, y se volvió hacia sus pajes, que aguardaban unos metros más allá-. Si
me disculpáis…
A un gesto de la Anciana, los pajes la
flanquearon, y no tardaron en desaparecer una vez cruzaron los arcos del fondo
del vestíbulo. Una vez a solas, Fang pareció relajarse, pues exhaló un profundo
suspiro y se apoyó en su lanza:
-Menos mal que he llegado a tiempo. Un
poco más y Fares te hubiera montado todo un festival de bienvenida, encanto, ya
sabes cómo es.
-Sí, gracias, Fang-respondió Lightning,
más aliviada-. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Y cómo sabías…?
-Ah, ah-la guerrera dragontina levantó
un dedo-. Aquí no. Las preguntas, donde nadie más pueda meter las narices donde
no le importa; aunque ahora la mayoría de la gente duerma, nunca se sabe.
Venid, os llevaré a un sitio donde podáis acomodaros, y allí hablaremos.
Durante un rato, Fang los guió por los
pasadizos de Razia en silencio. Apenas se cruzaron con nadie, y la gente con la
que sí se toparon no parecía reconocerles, si bien sí les miraron con
curiosidad. Razia se componía de pasillos y escaleras excavados en la roca y
revestidos de metal grabado, y las viviendas particulares eran cuevas con un
gran portón metálico en la entrada. A Hope le recordó a una ciudadela
fortificada, especialmente diseñada y construida para defenderse de posibles
ataques y asaltos, en parte también por lo laberíntica que era.
-¿Verdad que impresiona?-le dijo Serah
a Hope al percibir el interés del ángel-Es una ciudad muy antigua, y aun así
mira lo imponente que es.
-Parece que la hayan blindado-repuso
Hope, estudiando con curiosidad lo que veía-. Es como si estuviera preparada
para la guerra, entre lo escondida que está y todo el metal que la cubre.
-Razia fue construida por las tribus
de bandidos que hace mucho tiempo vivieron en el desierto-le explicó
Lightning-. Eran gente que huyó de las ciudades y pueblos que controlaban los
fal’Cie cuando los humanos estábamos dominados por ellos, y se vinieron al
único lugar en el que los fal’Cie no habían establecido ningún dominio porque
no les interesaba lo que el desierto les pudiera ofrecer, que era más bien
nada. Los bandidos se dedicaban a robar a las ciudades controladas por los
fal’Cie, y como eran perseguidos terminaron construyendo esta ciudad a modo de
bastión, que nunca ha sido conquistado en toda su historia.
-Y por eso las gentes de las Dunas de
la Purgación no nos doblegamos nunca ante nadie que intente imponernos su
ley-intervino Fang con orgullo-. Desde tiempos antiguos hemos resistido a los
invasores y vivido a nuestra manera, y la Orden no será una excepción.
-¿Eres nativa de las Dunas?-preguntó
Hope, intrigado; estaba seguro de que aquel dato no había sido nunca antes
mencionado en su presencia.
-Claro que sí, ¿es que ves que me
parezca mucho a la gente blancuzca de ciudad?-la dragontina sacudió la cabeza
con fingida exasperación. Se detuvo frente a una puerta, sacó unas llaves del
zurrón que llevaba pendido del cinto y la abrió-Venga, entrad, ¡no tengo todo
el día!
Lightning, Serah y Hope obedecieron
sin rechistar. Una vez dentro, echaron un vistazo a la estancia: se trataba de
una habitación excavada en la roca, con el suelo de piedra negra grabada sobre
el cual había varias alfombras tejidas del mismo rojo de la toga que Fang
llevaba sobre su –más bien escasa– armadura; todas tenían el mismo símbolo
bordado, un fénix dorado alzándose desde una luna creciente plateada hacia un
sol naciente. Varios cojines se hallaban esparcidos por el suelo, en torno a
una pequeña mesa de granito rojo. A decir verdad, en aquella estancia
predominaba el color rojo con diferencia; combinado con el calor del desierto,
Hope tuvo la impresión de haberse adentrado entre llamas. Nada que ver con las
hermanas Farron, que a juzgar por su expresión ya habían estado antes en aquel
lugar.
-Bueno, ¿qué hacéis ahí
plantados?-Fang puso los brazos en jarras y señaló los cojines del suelo con la
cabeza-¡Vamos, sentaos! Mi casa es vuestra casa, quitaos los zapatos y
acomodaos cuanto queráis.
-¿Vives aquí?-preguntó Hope con
curiosidad, sentándose sólo cuando Lightning y Serah lo hicieron-Creía que
vivías en Luxerion.
-Fang vive en Luxerion, sí-le explicó
Lightning; Fang se dirigió a una barra que había algo más allá y empezó a
buscar en los estantes de debajo-, más concretamente en la taberna de Noel, pero
éste es su, digamos, refugio, cuando las cosas se ponen feas. Más de una vez la
Orden ha estado a punto de cazarnos, y cuando eso ha pasado nos hemos escondido
aquí, en Razia, hasta que se calma el ambiente.
-Y como Fang es de las Dunas, nunca hemos
tenido problema para que la gente nos acoja-adujo Serah, sonriente-. Además, en
Razia la gente es mucho más sociable que las tribus nómadas.
-Reconoced que parte del mérito es
vuestro-terció Fang sentándose junto a ellos, con dos botellas de licor y unos
vasos de cristal-. Muy bien, dejémonos de chácharas sobre mí y vayamos al
grano. ¿Se puede saber en qué habéis estado metidos? Os fuisteis a Yusnaan a
buscar al fal’Cie y de lo siguiente que me entero es que todos los secutores de
allí se han vuelto locos buscándoos. No entraba en los planes llamar tanto la
atención, como bien recordaréis.
Lightning y Serah se miraron, un tanto
avergonzadas. Hope tenía que reconocer que Fang intimidaba lo suficiente como
para que incluso una guerrera como Lightning le tuviera gran respeto.
-Lo sentimos mucho, Fang. No queríamos
montar semejante alboroto-repuso Serah-. Tampoco tuvimos otra opción, la
verdad. Hubo un fallo en las defensas angélicas y nos detectaron. Tuvimos que
usar nuestros poderes plenamente para poder escapar.
Fang exhaló un suspiro resignado y se
llevó una mano a la frente.
-Está bien, no tiene sentido montaros
una bronca por lo que ya no tiene remedio. Por suerte para vosotras, sé que la
mayor parte del tiempo sois discretas. Me interesa más si todo el jaleo ha
servido para algo. ¿Encontrasteis al fal’Cie?
-No fue nada fácil, pero sí, pudimos
hablar con Pandemónium-asintió Lightning enérgicamente-. Y te puedo garantizar
que ha merecido la pena.
Las hermanas Farron procedieron a
contarle a la dragontina su encuentro con el fal’Cie Pandemónium, la historia
sobre la guerra y los ángeles y también sobre el posible paradero del Corazón
de Bhunivelze. Hope se limitaba a escuchar, preguntándose una vez más por qué
él había sido creado tan diferente a los demás ángeles, y si de verdad había
sido voluntad del Altísimo que se le negara una identidad propia. No había
tenido mucho tiempo para asimilar la información entre la persecución de los
secutores, la accidentada llegada a las Dunas de la Purgación y el trayecto
hacia Razia. Oír a Lightning y Serah repetir el relato a Fang avivó aquella
extraña y confusa sensación en su interior. “¿Encontraré
alguna vez mi lugar en este mundo?”, se preguntó el joven ángel, cerrando
los ojos. “Aun si regresara al Arca, no
creo que pudiera servir al Altísimo de la misma forma. No, después de todo lo que sé.”
-Qué interesante… -comentó Fang una
vez las hermanas terminaron de contarle la historia, devolviendo a Hope a la
realidad-Pues sí, ha compensado el quebradero de cabeza que me habéis causado.
Así que tu ángel podría reactivar el portal por el cual los demás ángeles se
llevaron el secreto del Corazón, ¿eh?
-Dije que era una posibilidad-murmuró
él, incómodo, cuando las tres mujeres lo miraron fijamente-. No puedo dar
garantías de que vaya a funcionar, porque no sé cuán diferente es mi magia de
la de los demás de mi raza. Pero puedo intentarlo, al menos.
-Lo que sea-la guerrera dragontina le
restó importancia con un gesto-, es mucho más cerca de lo que hemos estado
nunca del condenado artefacto. La cuestión será cómo vais a ir hasta Poltae. Desde
la estación de las Dunas podríais ir directamente hasta las Marcas Salvajes.
Lightning parpadeó sorprendida.
-¡Es verdad! ¡No me acordaba que el
monorraíl de las Marcas pasa por aquí! En ese caso, ¡tú podrías acompañarnos a
la estación hoy mismo…!
-Eh, eh, encanto, no te
precipites-Fang enarcó las cejas-. Aunque no os hubierais metido en semejante
lío, hubiera venido a Razia igualmente. ¿Te crees que no iba a acudir al
festival de la Almenara? Lo que más me fastidia es no poder traer a Vanille.
Así que, lo siento, pero vas a tener que esperarte un día como mínimo; las
tradiciones son las tradiciones.
Ante su réplica, Lightning arrugó la
nariz, pero no hizo ningún comentario. Los años en la capital y enrolada en el
ejército de la Orden habían cambiado a Fang, pero ella la conocía bien, y sabía
que siempre trataba de honrar las costumbres de su tierra. Se había visto
obligada a renunciar a muchas de ellas por la situación de Vanille, y por más
que insistiera, no convencería a Fang de saltarse la celebración más importante
de las Dunas.
-¿Qué es Poltae?-preguntó Hope
entonces, tras un silencio en el que las tres mujeres bebían en silencio del
licor que había llevado Fang; desde que la dragontina había intentado hacerle
probar el alcohol –y ni siquiera había sido una bebida fuerte– en El Reposo del Visionario, el ángel había
decidido no volver a acercarse a aquel brebaje que le había abrasado la
garganta-Me dijisteis que era una aldea, y fal’Cie Pandemónium la llamó el
Refugio.
-Es la aldea donde los lu’Cie se
refugiaron tras el ascenso al poder de la Orden-explicó Serah con una media
sonrisa entristecida-. Desde siempre fue una comunidad donde abundaban los
lu’Cie, pero desde entonces es donde nos ocultamos de quienes quieren
exterminarnos.
-Salvo nosotros-adujo Lightning, sus
ojos despidiendo un brillo acerado-. Como ya te conté, Hope, los que estamos en
Luxerion somos los que queremos luchar. Y debemos proteger a los que se
esconden en Poltae, y en las Marcas Salvajes en general, por eso debemos llevar
mucho cuidado para no llamar la atención.
-Algo de lo que desde luego habéis
pasado olímpicamente en vuestra última excursión-intervino Fang con sorna;
Lightning y Serah se ruborizaron levemente-. Por suerte para vosotros, los
secutores de Yusnaan y los de Luxerion no se llevan demasiado bien. Sólo dos
destacamentos en la capital se han movilizado, lo cual nos conviene.
-¿Y cómo es que has venido,
Fang?-quiso saber Serah, intrigada. Fang se encogió de hombros.
-Bueno, recibí un mensaje de un amigo
que me avisó tanto de que los secutores de Yusnaan estaban metiendo sus sucias
narices en las Dunas como de que los lu’Cie fugitivos iban de camino a Razia. Y
digamos que aproveché para que los peces gordos de Luxerion me colocaran como
capitana de uno de los destacamentos que enviaron aquí.
-¿Quieres decir que viniste con un
grupo de secutores?-Lightning abrió mucho los ojos-¿Y llevas aquí dos días? ¿No
sospecharán por el hecho de que tardes tanto en volver?
-Oh, no lo creo-repuso Fang
tamborileando los dedos sobre su lanza; una sonrisa de tiburón se extendió por
su rostro-. Tal y como los dejé, lo más probable es que a estas alturas ya se
hayan convertido en alimento de los cometierras.
Hope hizo un gesto de disgusto,
mientras que Serah sacudió la cabeza brevemente y Lightning le devolvió a Fang
una sonrisa cómplice. En una guerra en la que los cuatro se enfrentaban al
mismo enemigo, era curioso ver cómo cada uno reaccionaba ante la caída del
enemigo.
-Bueno, entonces, ¿qué hacemos?-preguntó
Serah.
-De momento, nada en particular-dijo Fang
apurando su vaso de licor y levantándose enérgicamente-. Podéis pasaros el día
aquí si queréis, no os lo reprocharía. Yo tengo que ir a ayudar a preparar el
festival de esta noche, ya sabéis. Aunque por supuesto sois bienvenidos a
uniros a la fiesta. Entre la multitud no llamaréis tanto la atención, cielos.
Y con estas palabras, Fang agitó la
mano a modo de despedida y salió de la estancia. La dragontina tenía aquella costumbre
de dejar a la gente con la palabra en la boca tras decir las suyas, algo a lo
que Lightning estaba acostumbrada, pero Hope y Serah se mostraron un tanto
desconcertados. Se hizo un breve silencio, en el cual las hermanas Farron
compartían miradas dubitativas. “Me
pregunto qué será lo que las inquieta, en especial a Light…”, pensaba el
joven ángel observándolas atentamente con la cabeza ladeada, tratando de
descifrar sus emociones. Ellas, abstraídas como estaban, no se percataron.
-Menos mal que no hemos causado tanto
revuelo como creía-dijo Serah al fin-. Aun así, estoy preocupada… Snow ni
siquiera sabe si estamos bien.
-No te preocupes, seguramente Fang le
habrá avisado de alguna forma. Pero deberíamos marcharnos de las Dunas cuanto
antes… No es seguro pasar más tiempo del necesario aquí.-replicó Lightning con
cierta sequedad. Una vez más, Hope percibió su inquietud.
-Estoy de acuerdo, pero… no estaría
mal ver el festival. Hace mucho que no venimos por aquí, y la verdad es que
después de cuatro días encerrada en la caravana me apetece respirar aire
fresco.
Su hermana mayor dejó escapar un
elocuente resoplido.
-Pues ve tú si quieres. Yo me niego a
no poder dar un paso sin que nadie me pare para adularme y reverenciarme.
-Oh, vamos, Lightning-Serah puso los
ojos en blanco-. ¡La Anciana Fares te dijo que no te iban a molestar! Además,
la gente va a estar disfrutando del festival, no fijándose en ti. No irás a
encerrarte aquí sola toda la noche, ¿verdad?
-No voy a estar sola-refunfuñó
Lightning-. Hope estará conmigo. ¿Verdad, Hope?
El ángel, que había estado escuchando
la discusión sin demasiado interés, alzó la cabeza al oír su nombre, y vio a
Lightning mirándolo fijamente aguardando su respuesta, y a Serah arqueando las
cejas.
-Eh…
-Desde luego-intervino Serah, en parte
para echarle un cable al desprevenido Hope, aunque con una extraña sonrisilla
en los labios-, vergüenza debería darte tratar de condicionar a Hope. A ver si
te crees que porque tú te quedes aquí él tiene que hacer lo mismo. En vez de
portarte como una niña, deberías salir a tomar el aire y disfrutar del
ambiente, te vendría de maravilla para endulzar esa cara agria que tienes desde
que hemos llegado.
-No te esfuerces, Serah. No voy a
salir, y punto. Y no vas a convencerme de lo contrario.
Su hermana pequeña entornó los ojos
peligrosamente, poniendo los brazos en jarras. Algo le dijo a Hope que aquella
discusión no iba a terminar ahí.
* * *
-No me puedo creer que esté haciendo
esto.-gruñó Lightning, mirando recelosa a su alrededor cuando sus pies se
hundieron en la red.
-Tu hermana es realmente
convincente.-repuso Hope, que caminaba a su lado; ambos iban unos metros por
detrás de Serah. Lightning torció el gesto al atisbar el brillo divertido en
los ojos del joven ángel.
-Sí, venga, ríete. Gracias por
apoyarme antes, eh.
Era de noche, y hacía largo rato que
había comenzado el festival de la Almenara. Las gentes de Razia, con sus
coloridas ropas, paseaban junto al gran oasis, curioseaban los puestos de los
mercaderes de las caravanas de las diferentes tribus nómadas y bailaban en torno
a las enormes hogueras que iluminaban toda la zona exterior de la capital de
las Dunas. Era un ambiente muy animado, lleno de alegría y emoción, y Hope
inspiró hondo, sintiendo cómo la energía positiva del aire fortalecía su fuerza
vital. “A mí me sienta bien, y en cambio
a Light parece afectarle negativamente”, pensó el ángel. “Y aún no sé por qué. Tal vez…”
-Vaya, hombre, mira quiénes se han
dignado a abandonar mi madriguera-Fang,
que se había abierto paso entre la multitud, interrumpió una vez más los
pensamientos de Hope-. ¿Así que al final has decidido escuchar la voz de la
razón, encanto?
-Más bien la voz de Serah-refunfuñó
Lightning, a lo que Serah sonrió con fingida inocencia-. Bueno, ya nos tienes
aquí. ¿Contenta? Por tu bien y el de Fares, espero que nadie nos moleste.
-Oooh, qué miedo-ironizó Fang alzando
las manos, y le dio una palmada en la espalda a Lightning tan fuerte que por
poco la tiró de cara a la arena-. Tranquilidad, por suerte vuestra capitana lo
tiene todo bajo control. Venid conmigo, tengo reservado un lugar especial para
vosotros.
-¿Nos has guardado un sitio? Admítelo,
Fang, sabías que íbamos a convencer a Lightning, ¿a que sí?-Serah sonreía
ampliamente, y la dragontina se limitó a devolverle la sonrisa. Lightning
resopló con fastidio, mientras Hope las seguía observándolas de vez en cuando
para no perderlas de vista y mirando todo lo que le rodeaba, intrigado.
Después de andar unos minutos entre la
multitud –tan entretenida que ni se percató de su presencia, que era lo que inquietaba
a Lightning– Fang los llevó hasta una hoguera más apartada, con mucha menos
gente a su alrededor. Hope había visto que en cada una había símbolos y
decoraciones diferentes; ésta estaba rodeada por pequeños estandartes de color
escarlata con el mismo emblema que había visto en la habitación de Fang y
símbolos astrales.
-Henos aquí-Fang abrió los brazos
con una sonrisa-. ¡Una hoguera especialmente pensada para nosotros! No os
preocupéis por la gente que anda por aquí; son amigos míos, y además ya les he
dicho que ni se les ocurra molestaros. Tenéis suerte de que no saben quiénes
sois.
Lightning frunció el ceño, pero no
dijo nada. Aun así, saltaba a la vista que no se fiaba, y seguía tensa, como si
esperara que en cualquier momento alguien se le acercara. Todo lo contrario a
Serah, que sonreía alegremente y parecía estar disfrutando del ambiente
festivo.
-¡Esto es genial! ¡Gracias, Fang! Oye,
aunque no seamos de ninguna tribu, podemos bailar nosotros también, ¿verdad?
¡Siempre me ha gustado vuestra danza!
-Pues claro que puedes, ésta es nuestra hoguera-Fang señaló los
estandartes-. ¡Baila todo lo que quieras, chica! ¡Y que no te importe hacer el
ridículo!
Serah no dudó en unirse a la danza en
torno a la hoguera, seguida por la dragontina. Con un bufido de irritación,
Lightning se alejó de la gente y se sentó sobre la arena varios metros más
allá, abrazada a sus piernas. Tras dudar un segundo, Hope decidió seguirla.
-Light-murmuró el joven ángel,
sentándose a su lado-. ¿Estás bien?
Ella arrugó la nariz.
-Tch. Qué más te dará a ti.
Hope ladeó la cabeza, pero no comentó
nada. Percibía la incomodidad de la joven, y por experiencia ya sabía que era
mejor preguntarle cuando se sentía más tranquila, o de lo contrario lo más
probable era recibir un buen mordisco.
Durante un rato, ambos observaron cómo
bailaba la gente alrededor de la hoguera al son de la música de tambores y flautas
tribales. Fang se movía con suma agilidad y elegancia, como una pantera, sin
duda mucho más experimentada en aquella danza que Serah, que trataba de imitar
a la gente que bailaba con más éxito a veces que otras, pero cada vez que
tropezaba con la arena se reía alegremente y volvía a unirse a la fiesta. A
medida que pasaban los minutos, Hope percibió que la postura de Lightning se
relajaba al ver a su hermana pasárselo tan bien, y sus dedos empezaron a
tamborilear sobre su rodilla al ritmo de la música. Tal vez porque había pasado
un largo rato sin que nadie se acercara a ella, parecía que empezaba a
calmarse.
-El festival de la Almenara-comentó
Hope, decidiéndose al fin a romper el silencio-. Me pregunto en qué consiste.
¿Tú lo sabes?
-Más o menos-repuso Lightning, ya sin
la sequedad de su previa respuesta-. Fang me lo contó en alguna otra ocasión
que vinimos aquí. Para las gentes de las Dunas, el fuego es su elemento patrón,
en parte por la protección del Gran Faro.
-¿El Gran Faro? ¿Qué es eso?
Como respuesta, Lightning señaló el
cielo, un punto situado hacia el oeste. Hope vio entonces, reluciendo con
intensidad, un enorme punto rojizo flotando en medio de la noche. Tardó unos
momentos en darse cuenta, asombrado, de que no flotaba, sino que estaba en el
punto más alto de una gigantesca torre.
-Se cuenta que antes a la catástrofe
que destruyó el resto del mundo durante la guerra-prosiguió la joven-, las
Dunas de la Purgación estaban hundidas bajo el mar, y el Gran Faro servía para
guiar a los barcos en la noche a tierra. Hoy en día, orienta a los viajeros
hacia Razia. Así que las gentes del desierto rinden culto al fuego que les guía
en la oscuridad y los protege de todo mal. Ya habrás visto que cada hoguera
tiene un símbolo y un estandarte diferente: cada una pertenece a una de las
tribus nómadas. Son hogueras sagradas, los chamanes de cada tribu aplican una
serie de hechizos y rituales a cada una para que les traigan la buena fortuna.
De hecho, creo que también las encienden cuando una pareja formaliza su unión,
porque simbolizan la felicidad y la armonía.
-Entonces, esta hoguera… -Hope estudió
intrigado los estandartes rojos alrededor del fuego-¿es la de la tribu de Fang?
-No. Ése símbolo es el emblema del
Alba de Gules. ¿No sabes lo que es?-Lightning esbozó una pequeña media sonrisa
ante el gesto de desconcierto del ángel-Aunque, ahora que lo pienso, nunca te
he hablado de nosotros en profundidad, ¿verdad? El Alba de Gules es como se
conoce a nuestro grupo, los lu’Cie que nos enfrentamos a la Orden. Fang fue la
que eligió el nombre, sabes. Salta a la vista, con ese amor que le tiene al
fuego, como todos los nativos de las Dunas.
Hope estudió con más interés el
emblema de los estandartes. No entendía mucho de símbolos humanos, pero creía
entender por qué Fang había elegido aquel nombre para su grupo, en especial
después de haber visto la luz del Gran Faro iluminando la noche del desierto. “El Alba de Gules”, pensó el ángel, observando
la luna de la que surgía el ave, portando el sol naciente. “De la oscuridad a la luz, hacia el fuego del faro en los cielos.”
-Mira-Lightning le señaló el sol del
emblema, que tenía una estrella de siete puntas inscrita en el interior del círculo-.
Ése era el antiguo escudo de la Dinastía del Astro Naciente, de ahí que Fang
eligiera que fuéramos el “Alba” de Gules. Simboliza nuestra búsqueda del rey
Mikhail, el último de los Astro Naciente, al que nos referimos en clave como el
Astro Caído. Y como la Orden destruyó el recuerdo de todo lo que pudieron sobre
la Dinastía, ya ni ellos mismo se acuerdan del escudo de armas, con lo que es
un símbolo casi inidentificable.
Hope desvió la mirada. Cómo no, el rey
Mikhail otra vez. No sabía por qué, pero aquel nombre empezaba a provocarle una
sensación extraña, como de… no sabía definirlo. Rechazo, tal vez.
-¿Fang quería también traer al rey de
vuelta?-preguntó el ángel, en parte para pensar en otra cosa.
-Bueno, no era ése su objetivo
principal. Ella empezó luchando contra la Orden cuando apartaron a Vanille de
su lado-Lightning sonrió con cierta amargura-. La búsqueda del Corazón de
Bhunivelze sólo entró a formar parte de sus planes cuando nos conoció a Serah y
a mí. Y la verdad, aunque me tome el pelo, me debe lo de asegurarse que nadie
nos moleste mientras estamos en Razia, porque en gran medida fue cosa suya.
-¿Quieres decir que te sientes
incómoda cuando vienes aquí por culpa de Fang?-Hope entornó un poco los ojos.
Lightning ya conocía el gesto: quería decir que el ángel estaba molesto.
-Culpar a Fang sería un poco cruel.
Ella hizo lo que en su momento consideraba correcto-suspiró la joven-. Verás,
por aquel entonces, el Alba de Gules apenas contaba con apoyo, y con razón.
Nadie quería enfrentarse a la Orden, con todo el poder que tienen. Y entonces
llegamos Serah, una lu’Cie con poderes de Oráculo, y yo. Habíamos oído hablar
de Fang, de sus ambiciosos planes y de su fiereza, y supusimos que tendríamos
que ganarnos el derecho de formar parte de sus filas. Así que llevamos con
nosotras el Auspiciador de mi hermana.
-¿Un Auspiciador?-Hope ladeó la cabeza
sin comprender.
-Es un artefacto que almacena las
visiones de los Oráculos. Por tradición, en tiempos antiguos, cuando la Marca
de un lu’Cie Oráculo indicaba que su alma ya era cristal, se le regalaba un Auspiciador
para que guardara ahí sus profecías. Hoy en día no son fáciles de encontrar,
pero Serah tenía uno… hasta que lo tuvimos que destruir cuando la Orden la
secuestró, por si acaso.
-Entiendo… ¿Y os llevasteis el Auspiciador
para convencer a Fang de que os dejara formar parte del Alba?-Hope parecía
realmente intrigado por la historia.
-Sí. ¿Recuerdas que te hablé de que mi
hermana profetizó que yo me uniría al rey Mikhail y que juntos liberaríamos
Nova Chrysalia del yugo de la Orden? Eso fue lo que le ofrecimos a Fang: la
promesa de que íbamos a traer de vuelta al rey y que acabaríamos con la Orden.
Y ella… bueno, ya te he dicho que el Alba de Gules no tenía mucho apoyo por
aquel entonces; todo el mundo pensaba que era una locura desafiar a la Orden.
Así que usó esa profecía para captar seguidores aquí, en Razia, presentando la
visión del Auspiciador ante la Anciana Fares y los ciudadanos, hace ya más de
veinte años.
El ángel parpadeó, asombrado. Sin
embargo, le llamaba la atención la desgana con la que Lightning relataba
aquella historia.
-¿Y funcionó? ¿Convenció a la gente?
-Si no hubiera funcionado, no tendría
por qué esconderme cada vez que vengo por aquí-repuso ella con evidente
sarcasmo-. Es cierto que benefició inmensamente al grupo, porque se corrió la
voz y lu’Cie de otras partes del mundo acudieron a nosotros. Pero también ha
provocado unas expectativas demasiado grandes en torno a mí. La gente espera
que yo salve el mundo, Hope. Creen que seré yo quien les traiga de vuelta a su
legítimo rey y expulse a la Orden del poder, y créeme, no será porque yo no lo
desee. Pero… -Lightning dejó escapar un suspiro-no es fácil saber que eres la
esperanza de montones de personas, y que hasta ahora no has podido hacer nada
digno de mención por ellos. Se me considera una especie de mesías entre los lu’Cie,
la que expiará las culpas de nuestra raza y detendrá la purga de nuestra gente.
Y por eso no puedo decepcionarlos. No podría faltar a mi deber para con ellos.
Hope la miró, y pese a su habitual
expresión marmórea, era fácil adivinar la tristeza en su rostro al oír aquellas
palabras. Era el reflejo de la tristeza que el ángel percibía en el aura de
Lightning. Tal vez fuese sólo el efecto del fuego, pero le pareció que los ojos
de la joven brillaban más de lo normal.
-Ahora ya lo sabes. Ésta es la razón
por la cual me llaman “Redentora”. Y ésta es la razón por la que lucho-dijo
Lightning en voz baja, casi en un susurro-. Por la que he luchado casi toda mi
vida.
-Y dime… ¿Luchas por la profecía?-Hope
movió la cabeza y miró al cielo estrellado-¿O por lo que la profecía muestra?
-¿Qué diferencia hay?-ella lo miró
como si estuviera loco.
-No es lo mismo… Luchar por tus
convicciones, o sólo porque te han prometido algo a cambio. Si luchas por tus
ideas, sabes que haces lo correcto y no pierdes la fe. De lo contrario… he
aprendido muchas cosas conviviendo con vosotros, los humanos, y una de ellas es
que no estáis obligados a cumplir vuestras promesas. ¿Qué pasaría si al
sacrificar tanto por la profecía, al final no te concediera lo que muestra?
Hubo un largo silencio. Lightning
tardó largo rato en responder, sus ojos clavados en Hope con dureza y cierta
incredulidad, pero el ángel le sostuvo la mirada hasta que ella la apartó de
mal humor:
-No me vengas con tonterías, Hope.
¿Acaso Serah te ha estado contando historias para no dormir?
-¿Serah?-él frunció apenas el ceño-No,
claro que no. ¿Por qué iba a…?
En ese momento, Serah se acercó a
ellos. Estaba cubierta de arena de la cabeza a los pies por sus numerosas
caídas, pero una sonrisa radiante iluminaba su rostro aún más que la luz de la
hoguera.
-¿Qué andáis diciendo de mí, aquí tan
alejados de los demás?-la pequeña de las hermanas Farron puso los brazos en
jarras, fingiendo enfadarse-Lightning, por más que le hables mal a Hope de mí,
él sabe que soy una buena persona y que si no fuera por mí estarías pudriéndote
encerrada en la habitación de Fang.
-Tengo mejores cosas que hacer que
ponerme a hablar mal de ti-replicó Lightning arqueando las cejas, aunque
sonrió-. ¿Ya has conseguido aprenderte los pasos de baile?
-Más o menos-Serah se encogió de
hombros-. Fang me ha estado enseñando. Aunque dice que la gente luego baila como
le da la gana. ¡Pero es muy divertido! Lightning, tú sabes hacerlo, Fang me lo
ha contado. ¿Por qué no te vienes a bailar?
Lightning palideció y se sonrojó a
partes iguales, algo que despertó la curiosidad de Hope. “Creía que eso era biológicamente imposible.”
-Ni en sueños, Serah. Y dile a Fang
que la próxima vez le cortaré la lengua.
-¡Oh, vamos! ¡Deja de hacerte la dura
por una vez!-su hermana pequeña le cogió de la mano y con una fuerza
sorprendente para alguien como ella tiró de la joven poniéndola en pie-¡Aquí
nadie te va a molestar! ¡Tienes que divertirte un poco, y tú al menos sabes!
-¡Sólo bailé una vez! ¡Ni siquiera me
acuerdo de cómo se hace!-protestó Lightning, mientras Serah la arrastraba tras
de sí sin contemplaciones hacia la hoguera-Serah, por favor, ¡voy a hacer el
ridículo!
-Bla, bla, bla, lo que tú digas.
¡Venga, deja de lloriquear! ¡Eh, Fang, ayúdame a refrescarle la memoria a mi
hermana!
Hope sacudió la cabeza, divertido,
observando desde aquella distancia cómo Serah y Fang, entre risas, trataban de
hacer bailar a la azorada Lightning. Era curioso ver cómo aquella poderosa
guerrera podía parecer tan… tímida. La había visto enfrentarse a monstruos y
soldados armados sin vacilar un solo segundo, pero sin embargo, la perspectiva
de bailar junto a la gente era capaz de convertirla en un auténtico manojo de
nervios.
Sin embargo, al final Serah y Fang
consiguieron convencerla, y Lightning se unió a la danza a regañadientes. El
ángel estudiaba intrigado cómo las tres mujeres bailaban al ritmo que marcaban
los tambores tribales, trazando elegantes figuras al cruzar brazos y girar
entre ellas, moviendo los pies ágilmente sobre la arena. Era hermoso, pensaba
Hope. Había visto a Lightning moverse de manera muy similar cuando luchaba,
pero aquello era muy distinto. Obviamente, no estaba segando vidas, ni tratando
de defender a quienes quería. Quizá por eso, podía pararse a apreciar de otra
forma aquella danza, simplemente por su gracia y belleza… y porque a medida que
pasaban los minutos, Lightning empezó a sonreír, al igual que hacían Serah y
Fang. “Se siente feliz cuando baila”,
pensaba Hope, sin darse cuenta de que no había apartado los ojos de ella, igual
que la primera vez que la vio desde el Arca. “Se siente feliz cuando no ha de moverse así para luchar.”
Tan concentrado estaba que le pilló
completamente por sorpresa cuando Serah, que llevaba a Lightning de la mano, se
acercó a él:
-Oye, Hope, ¿es que no quieres venir
con nosotros? ¡Vamos, anímate! ¡Incluso Lightning ha accedido a bailar y todo!
-Sólo porque no ibais a dejarme en paz
hasta que lo hiciera.-replicó su hermana, aunque sonreía.
El ángel parpadeó, desconcertado por
el ofrecimiento y también porque le habían hecho volver a la realidad de una
forma un tanto brusca.
-Lo haría muy mal, yo no sé
bailar-respondió sacudiendo la cabeza-. Además, podría hacerme daño en
la espalda.
Era un argumento de peso, y Serah se
cruzó de brazos, pensativa, mirando a Hope con cierta lástima. Resultaba obvio
que le daba pena que por culpa de sus heridas tuviera que quedarse apartado del
grupo.
-Bueno, no pasa nada. No tienes por
qué bailar como nosotras, si vas más despacio no tienes por qué lastimarte-entonces,
Serah tiró de él para ponerlo en pie y se volvió hacia Lightning-. ¡Venga,
Lightning, enséñale los pasos básicos!
-¿Yo?-su hermana mayor abrió los ojos
como platos.
-¡Pues claro!, ¿quién si no? Tú le has
estado enseñando desde que descendió, ¿no? Pues esto también recae sobre
ti-dijo Serah, y le dio una palmadita en el hombro antes de volverse hacia la
hoguera-. ¡Y ni se te ocurra dejar en la estacada al pobre Hope!
Sin dejar que Lightning pudiera
protestar siquiera, Serah se alejó de ellos, reuniéndose con Fang y uniéndose a
la danza una vez más. La joven, allí plantada, dejó escapar un bufido.
-Será posible… ¡Pero si ella está tan
implicada como yo haya podido estar! ¿Y tiene la cara dura de cargarme el muerto a mí?
Hope ladeó la cabeza, casi con
timidez.
-Light… -murmuró, dubitativo-No tienes
por qué hacerlo. Yo estoy bien, no me importa quedarme aquí, de verdad.
-Ya, lo sé, pero mi hermana me matará
si se me ocurre “dejarte en la estacada”-suspiró ella llevándose una mano a la
frente-. Ven, anda. Ya se nos ocurrirá algo.
Ambos se acercaron a la hoguera, que
lanzaba brillantes chispas al aire mientras la gente bailaba en torno a los
estandartes del Alba de Gules. Lightning guió a Hope hasta una parte algo más
apartada, para que tuvieran algo de espacio mientras ella le enseñaba los pasos
básicos.
-Es un poco distinto cuando bailan más
de dos o baila sólo uno-le explicaba ella-. Los movimientos se adecúan según
las circunstancias. Lo primero que tienes que hacer es aprenderte el ritmo y
cómo mover los pies. Lo hago yo primero y tú me sigues, ¿vale?
Hope asintió. Al principio le costaba
mucho repetir los ágiles pasos de Lightning, sobre todo cuando ella empezó a
enseñarle a desplazarse al tiempo que mantenía el ritmo, y más de una vez acabó
en el suelo al resbalar con la arena. Pero poco a poco fue cogiéndole el truco,
y después de un rato fue capaz de coordinar sus movimientos con los de ella.
Fue entonces cuando Lightning consideró que estaba listo para aprender los
pasos como tal.
-Cuando yo giro, tú tienes que girar
hacia el lado inverso. Tienes que predecir un poco mis movimientos, y entonces
tú te mueves según me haya movido yo-le dijo la joven mientras le enseñaba cómo
se enlazaban las manos de uno y otro en los diferentes giros-. En teoría tiene
que ser rápido, pero como tienes las heridas de la espalda tendremos que
ajustar los tiempos. Vamos, inténtalo. Si yo me muevo a la izquierda, tú a la
derecha…
Así, intento tras intento, Hope iba
adecuando sus tentativos pasos a los que realizaba Lightning. Al principio
tardaba un poco, pues tenía que ver lo que hacía ella primero y actuar en
consecuencia. Pero, con cada intento, el ángel aprendía a identificar el
lenguaje corporal de Lightning previo a cada paso, a cada giro, y no tardó
mucho, para sorpresa de la joven, en anticiparse incluso a sus acciones.
-No se te da nada mal.-observó
Lightning con una sonrisa cuando ambos ejecutaron una secuencia casi perfecta,
a excepción de un paso erróneo porque Hope había tropezado con una piedra. Él
se encogió levemente de hombros.
-Tampoco es que tenga mucho mérito.
Recuerda que puedo deducir lo que piensas por la energía que desprendes, e
identificar qué clase de energía emites en cada acción no es muy difícil.
-Ah, conque jugando con ventaja,
¿eh?-ella enarcó las cejas-Ya que vas tan de sobrado, ¿qué tal si probamos algo
más difícil, a ver si puedes seguirme el ritmo?
Hope no respondió, pero aceptó el reto
con una chispa de diversión en sus ojos. Esa vez, Lightning aceleró sus pasos,
no tanto como era capaz para no obligar al ángel a hacerse daño, pero sí eran mucho
más rápidos y complejos que antes. Le costó un poco al principio, ya que no
estaba acostumbrado a aquella velocidad, pero no tardó en adecuarse al ritmo de
ella, anticipándose así a todos sus movimientos, coordinándose a la perfección
con la danza de la joven.
De no ser por lo concentrados que
estaban ambos en los pasos del otro, se habrían percatado de la impecable
compenetración que presentaba su baile. Indudablemente era mucho más lento que
el de los demás, sí, pero no había fallo alguno en su coordinación: Lightning y
Hope giraban al mismo tiempo, sus manos se unían al unísono, sus pies golpeaban
la arena en idéntica cadencia. La luz del fuego recortaba las siluetas de
ambos, moviéndose en perfecta armonía, como si supieran en todo momento lo que
su compañero haría a continuación. Como un perfecto reflejo en movimiento, un
espejo contra las llamas.
Completamente ajenos al resto de las
personas que bailaban en torno a la hoguera –y eso que más de uno se había
quedado mirándoles–, Lightning y Hope prosiguieron su danza durante un largo
rato. Ella sonreía ampliamente, estaba pletórica de energía y positividad, y
aquello fortalecía todavía más la fuerza vital del ángel. Parecía que brillaran
por sí mismos, como el Gran Faro en la oscuridad de la noche, pese a la luz de
las hogueras. Si alguien hubiera podido deducir que Hope era un ángel, tendría
que haber sido entonces. No le habría hecho falta tener alas; casi se podía
sentir la extraordinaria energía de su fuerza vital que emanaba su cuerpo, como
una hoguera en sí mismo.
Finalmente, agotados, ambos se
detuvieron, respirando entrecortadamente tras el esfuerzo. Lightning tuvo que
apoyarse en el brazo de Hope, y en aquel momento, cuando el ángel bajó la vista
hacia ella, las miradas de ambos se cruzaron.
La joven no sabría definir lo que vio
en los ojos de Hope. Quizá fuera tan sólo el reflejo de la hoguera en ellos,
pero habría jurado que relucían con la intensidad del fuego. Era algo que jamás
había visto en los ojos verdes y habitualmente melancólicos del ángel. La
asustaba y la atraía al mismo tiempo, como si se tratara del corazón del mismo
sol. Una mirada que no podía ser humana, pero a la vez cargada de humanidad.
Hasta el descenso de Hope, Lightning sólo sabía acerca de los ángeles lo que viejas historias y leyendas contaban. Seres mágicos, sobrenaturales, carentes de
emoción y con mucho más poder del que un lu’Cie podría llegar a soñar. A raíz
de su convivencia con el ángel, había pensado que sabía cómo y lo que era él realmente, sobre todo después de haberle visto cambiar a lo largo de casi tres meses.
Nunca se habría imaginado que vería
algo así en sus ojos. En ese instante, Lightning fue plenamente consciente de
que Hope era un ángel. Una criatura con una fuerza vital que ardía con la
intensidad de mil hogueras.
-¿Estás bien?-le preguntó entonces él
por segunda vez aquella noche, rompiendo aquella silenciosa conexión entre
ambos de tal forma que la joven dejó escapar un pequeño grito ahogado-¿Light?
-Sí… Sí, estoy bien-respondió ella
parpadeando en un intento de volver a la realidad-. No te preocupes. ¿Y tú? ¿Te
duele la espalda?
-No-y como para demostrarlo, el joven
ángel se estiró como un gato, todavía con aquel brillo en los ojos-. De hecho, me
siento mejor que nunca. Me alegro de haber bailado contigo, Light. Ha sido muy
divertido.
Ella no supo qué decir. Todavía no se
le quitaba de la cabeza la mirada de Hope, la mirada del ángel, después de
aquella danza en la que, ahora se daba cuenta, se había sentido… completa.
-¡Eh, encanto!-una vez más, Fang se
las arregló para sacarlos a ambos de sus pensamientos; la dragontina palmeó la
espalda de Lightning con una sonrisa socarrona-Parece que has encontrado un
ángel bailarín, ¿eh? ¡Creo que no te he visto moverte con tanta sincronía en
todo el tiempo que te conozco! A ver si aplicamos lo mismo en los
entrenamientos, si es necesario me traigo al ángel para que practiques con él.
Serah, a su lado, no comentó nada
mientras Fang le tomaba el pelo a su hermana, pero no dejaba de sonreír ampliamente,
como si las cosas hubieran salido tal y como ella esperaba. Pero ¿qué se
suponía que esperaba Serah? Lightning estaba demasiado aturdida como para
preguntárselo. Y por lo que parecía, también Hope tenía la mente perdida en sus
propios pensamientos.
De pronto, la joven había perdido las ganas
de seguir bailando. Y también, por primera vez, su convicción ciega en la
profecía.
Ambas se habían convertido en cenizas
al viento, consumidas por el fuego en los ojos del ángel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario