«Responded, forasteros», repitió aquella voz mecánica e imperiosa,
que retumbó en la penumbra. «¿Quiénes
sois? ¿Qué habéis venido a buscar?»
Lightning, Hope y Serah tardaron
varios segundos en reaccionar. Miraron a su alrededor, pero no hallaron ningún
signo sobre su interlocutor. La estancia estaba muy tenuemente iluminada, y no
había rastro de quien fuera que les hablara.
Se respiraba tensión en el ambiente:
los tres no tardaron en darse cuenta de que no era impresión suya. El aire
estaba empezando a relucir con minúsculas partículas brillantes, y cuando Hope
las observó con más detenimiento, descubrió que se trataba de cristal.
“Siento como si circulara electricidad en mi
interior”, pensó el ángel, asombrado. “El ambiente está cargado de energía mágica…
¿Será este cristal una consecuencia de la concentración?”
Antes de que pudiera seguir pensando,
Lightning rompió el silencio, en un tono un tanto vacilante que Hope nunca
había oído viniendo de ella:
-Venimos en son de paz… Estamos
buscando al fal’Cie que según se cuenta duerme bajo el Palacio de Yusnaan.
Se hizo una pausa. Entonces, la monótona
voz volvió a hablar:
«Yo soy el fal’Cie que mora en la prisión que
llamáis el Palacio de Yusnaan»,
declaró imperiosamente. «Pandemónium es
como me llaman. Ahora, dejad que os vea bien.»
La luz de la estancia se hizo más
intensa, pero no a causa de las antorchas, sino de algo que flotaba en medio de
la estancia. Algo que emitía una brillante luz rojiza que contrastaba con el
azul del fuego de las paredes.
«Acercaos»,
ordenó la voz del fal’Cie Pandemónium. Lightning, Hope y Serah miraron a su
alrededor, desconcertados; no veían nada en la sala que se pareciera a un
fal’Cie, aunque tampoco es que pudieran decir que supieran qué aspecto tenían
aquellos seres. Según las leyendas, podían manifestarse de muchas formas.
Sin tenerlas todas consigo, los tres avanzaron
hacia el centro de la estancia, de donde provenía el resplandor escarlata. A
medida que se fueron acercando, descubrieron que se trataba de un enorme
cristal rojo que levitaba sobre un pedestal, marcado con el mismo signo que
presentaban las Marcas de lu’Cie de Lightning y Serah.
-¿Vos sois Pandemónium?-preguntó
Serah, sobrecogida-¿Este cristal?
Lightning y Hope miraron con sorpresa
el cristal cuando Serah hizo aquella pregunta. “¿El fal’Cie es un cristal?”, Hope estaba asombrado. Se había
esperado alguna clase de gigantesca criatura mecánica; al menos así era como
tenía entendido que se manifestaban los de su raza.
«Pareces sorprendida, humana», replicó el fal’Cie, y su voz parecía resonar
por cada rincón de la sala. «Así es.
Llevo muchas centurias en esta forma, una sombra de lo que una vez fui, a fin
de escapar de la mirada de los ojos del Altísimo. Recluido en el interior de
esta crisálida, mi poder es mucho más difícil de detectar.»
Hope fue el que más se sorprendió por
aquella revelación. Así que Pandemónium había adoptado una forma para que el
Altísimo no le pudiera rastrear… o, mejor dicho, para que él no pudiera hacerlo. “Por
eso nunca percibí ninguna señal de la magia de los fal’Cie en la superficie. Y
tampoco pude detectarlo mientras estuvimos en Yusnaan.”
«Vosotros sabéis quién soy yo», dijo entonces Pandemónium, con un matiz de
desconfianza. «Mas yo no sé quiénes sois
vosotros. Decís que venís en son de paz, y no obstante, habéis atravesado el
sello angélico.»
De nuevo se hizo una pausa incómoda.
Lightning y Serah miraron de reojo a Hope, que parecía tenso. No era la primera
vez que le habían advertido de que Pandemónium podría tomarse muy poco a bien
que el ángel de Bhunivelze, de quien se había estado escondiendo milenios,
hubiese dado con su escondite.
Pandemónium no dijo nada. Se limitó a
brillar con algo más de intensidad mientras las hermanas Farron sentían como si
algo les escrutara con suma atención.
«Ya veo»,
repuso el fal’Cie. «Vuestra raza parece
que aún sobrevive a la Purga del Altísimo. Sin embargo, no sois las únicas que
os halláis en mi presencia. ¿Quién es el joven que os acompaña? Su aura me
resulta desconocida.»
-Fal’Cie Pandemónium, éste es quien nos
ha permitido el paso hasta vos-dijo Serah; él se volvió hacia ella, inquieto,
pero la pequeña de las Farron le hizo un gesto tranquilizador-. Es un ángel. Él
es quien ha abierto el sello angélico.
«¿Un ángel?»,
ahora no cabía duda de que la monótona voz de Pandemónium tenía un matiz de
curiosidad, además de su súbito brillo. «Tenía
entendido que los ángeles abandonaron Nova Chrysalia definitivamente tras la
caída de los Astro Naciente. Además, eres distinto a los que recuerdo. ¿Qué
eres realmente?»
La pregunta del fal’Cie era extraña,
pero era igualmente arriesgada de contestar. Hope era muy consciente de ello,
pero como ángel él era incapaz de mentir. Y probablemente Pandemónium lo sabía
también.
-Fal’Cie Pandemónium… -empezó
Lightning, pero él le cortó:
«Quiero que sea él quien me responda. Habla,
joven criatura.»
Sin más remedio, Hope se vio obligado
a obedecer.
-Soy un ángel, fal’Cie Pandemónium.
Fui creado por el Altísimo y durante milenios estuve a su servicio-respondió agachando
la cabeza en señal de respeto-. Pero desobedecí sus órdenes y como castigo me
arrancó las alas y me desterró a la superficie. Ahora he dado mi palabra a
estas Eternas de ayudarlas en todo aquello que sea capaz.
El brillo de Pandemónium se acentuó,
lo que hizo que Lightning y Serah se llevaran las manos a sus armas en caso de
que el fal’Cie montara en cólera ante tal revelación. Hope no se movió, sino
que permaneció quieto, con la cabeza inclinada, aguardando la reacción.
«Tus palabras me resultarían difíciles de
creer de no ser porque eres un ángel»,
dijo finalmente Pandemónium, con cierta dureza, pero al menos no parecía
mostrarse hostil. «Llevo milenios
escondiéndome de tu amo. Mas lo que dices tiene sentido. Ahora que sé que eres
un ángel, reconozco tu aura. Aunque ésta sea distinta a la de los demás ángeles
que recuerdo.»
Pandemónium no respondió enseguida.
Seguía brillando con fuerza, y Hope no dejaba de sentir cómo lo escrutaba con
sumo interés y cierta desconfianza. “¿Qué
será lo que encuentra tan interesante de mí?”, se preguntaba el ángel,
incómodo.
«Un ángel sin alas es sin duda una
circunstancia muy poco común. Hasta la fecha, no creo haber visto en mi larga
existencia ninguno que careciera de ellas»,
respondió el fal’Cie. «Mas no me refería
a eso en concreto. Tu aura es distinta a la de los demás ángeles que he
conocido, quizá por el hecho de que fuiste creado por el Altísimo y no por los
de mi raza.»
-¿Eso influye realmente en algo?-quiso
saber Lightning; habían acudido al encuentro del fal’Cie con el fin de
preguntarle sobre otros temas, pero ahora que había salido a colación la
naturaleza de Hope sentía curiosidad-Los fal’Cie creasteis a los ángeles, según
cuentan las leyendas. Vos habéis de saber más sobre ellos.
«De igual forma que yo creé la raza de los
Eternos», respondió Pandemónium, «otro de los míos dio vida a unos siervos
aún más poderosos. Pese a que compartió su hallazgo con toda mi raza, sólo él,
fal’Cie Edén de la Casa de Lindzei, conocía el verdadero secreto de la creación
de los ángeles.»
-¿Fal’Cie Edén fue el creador de los
ángeles?-Serah estaba sorprendida-He oído hablar de él. ¿No fue el líder de los
fal’Cie de la Casa de Lindzei?
«En su día lo fue. No obstante, fue
traicionado y asesinado previamente a nuestra alianza con los humanos para
proteger Nova Chrysalia. Por eso fal’Cie Fénix fue quien representó a la Casa
de Lindzei en el pacto.»
Serah hizo ademán de querer preguntar
más, pero Lightning se le adelantó; sabía lo mucho que a su hermana le
fascinaba la historia de la alianza entre humanos y fal’Cie, pero se estaban
desviando del tema.
-Fal’Cie Pandemónium-dijo la joven-,
puedo asegurar que este ángel ya no sirve a Bhunivelze. Podéis fiaros de él, no
nos traicionará.
«Cierto es que sus circunstancias no son
habituales», replicó el
fal’Cie, «mas un ángel siempre está
vinculado a su amo de una forma u otra, joven Eterna.»
-Pero…
«No obstante, él es un caso peculiar, al haber
sido repudiado por el Altísimo»,
siguió diciendo Pandemónium, brillando intrigado. «Hacía mucho tiempo que nada despertaba mi curiosidad. Dime, joven
ángel, ¿cuál es tu nombre?»
Hope no supo qué contestar al
principio. Se había quedado sin saber qué decir. ¿Cómo era que un fal’Cie le
estaba preguntando su nombre? “Los
ángeles carecemos de nombre… ¿Por qué me lo pregunta?”
-Disculpadle, fal’Cie Pandemónium, es
un poco tímido-dijo entonces Serah-. Se llama Hope.
«¿Hope?»,
repitió el fal’Cie. «No es un nombre
angélico. ¿Fue tal el nombre que el Altísimo te confirió?»
Las hermanas Farron miraron extrañadas
a Hope, aunque en realidad era el ángel el que más desconcertado estaba.
-Fal’Cie Pandemónium, “Hope” es el
nombre que los Eternos que me acogieron me dieron al descender-repuso Hope tras
una larga vacilación-. El Altísimo nunca me dio ningún nombre. Según lo que me
contaba, los ángeles no tenemos nombre. Sólo somos siervos al servicio de
nuestro amo y ésa es nuestra identidad.
«Curioso»,
Pandemónium relució un par de veces con más intensidad. «Desde siempre los fal’Cie dimos nombre a nuestros siervos ángeles. Es
cierto que servían para señalarles como nuestros servidores, mas cada uno tenía
su propia identidad y sus nombres tenían su propio significado.»
-¿Cómo?-Hope no daba crédito a lo que
estaba oyendo-Fal’Cie, ¿queréis decirme que… los ángeles tenían nombre? ¿Todos
y cada uno de ellos…?
«Así es. Me pregunto por qué el Altísimo te
negó el tuyo, joven ángel. El nombre de los ángeles tenía un significado muy
importante para nosotros. Eran nuestros siervos, pero eso nunca fue sinónimo de
que no nos preocupáramos por ellos. Un ángel sin nombre sería una vergüenza:
implicaría que carece de su consciencia de sí mismo, nada más que una mera marioneta.»
Hope retrocedió unos pasos, más pálido
de lo normal y con los ojos muy abiertos. Si lo que Pandemónium decía era
cierto, entonces… ¿por qué Bhunivelze no le había dado ningún nombre? ¿Quería
decir que había sido su voluntad que no tuviera una identidad propia? “¿Eso es lo que quería que fuera?”, el
ángel estaba incrédulo. “¿Una mera…
marioneta? ¿Una criatura sin voluntad?”
Sintió entonces la mano de Serah
posarse sobre su hombro, y vio que ella lo miraba con pena, pero también
tratando de tranquilizarle. También Lightning le dirigió una mirada
consoladora, y entonces fue cuando Hope recordó que, aunque no fuera el nombre
que le correspondiera, habían sido las dos hermanas las que le habían dado uno.
Ahora se daba cuenta de lo importante que había sido el gesto: a partir de
entonces, el ángel había empezado a tener consciencia de sí mismo.
«El Altísimo siempre fue para nosotros una
figura misteriosa», comentó
Pandemónium. «Él nunca se implicó en la
guerra que quebró Nova Chrysalia. Fueron sus hijos los que trataron de destruir
el mundo que una vez nos encomendaron. Mas la Orden de la Salvación dice hablar
en su nombre y es su voluntad que seamos destruidos por negarle. Por lo que no
me sorprende que si creó un ángel, quisiera privarle de su voluntad. Un siervo
que no pudiera rebelarse, como hicieron otrora los Eternos y los ángeles.»
-No parece que os guste la idea de que
alguien niegue la voluntad a los ángeles-observó Lightning; era cierto, el
fal’Cie parecía molesto-. Y fuisteis los fal’Cie quienes reprimisteis la
rebelión de humanos y lu’Cie.
«Eran otros tiempos», Pandemónium relució con fuerza. «Creímos a los humanos criaturas fallidas,
imperfectas, y bajo nuestra guía y potestad pensamos que podríamos darles un
lugar en el mundo y valernos de ellos para cumplir la tarea que las Deidades
Gemelas nos impusieron. Mas nunca les privamos de lo que necesitaban para
vivir. Gobernábamos a los humanos, y si bien nos servían, no les negamos nunca
su identidad. Yo fui el fal’Cie que más abogó por conceder a vuestra raza el
poder para valerse por sí misma. Por eso mismo hice surgir a los lu’Cie, y por
eso fui el primero de los míos que apoyó la rebelión contra las Deidades
Gemelas. A ojos de los dioses, tal vez, eso sea lo que me convierta en el
demonio que propició su caída al compartir sus poderes con los humanos.»
-¿Fuisteis vos quien apoyó la
rebelión?-quiso saber Serah, muy interesada-¿No fue fal’Cie Fenrir quien
representó a la Casa de Paals?
«Fal’Cie Fenrir era el líder de la Casa de
Paals, mas no quiere decir esto que fuese el primero que decidiera tomar parte», explicó Pandemónium. «Yo fui quien insistió. Envié a mi propia sierva a responder al
llamamiento de la diosa Etro.»
-¿La diosa Etro?-Hope alzó la cabeza,
algo más repuesto del impacto de la previa revelación, y se volvió hacia
Lightning y Serah-Ella es la tercera hija del Altísimo. ¿Qué tiene que ver ella
en todo esto? No recuerdo que me contarais que ella participara en la guerra.
-¿No te lo contamos?-Lightning se
cruzó de brazos-La diosa Etro era quien controlaba el ciclo de las almas.
Cuando Paals y Lindzei decidieron destruir el mundo, Etro se opuso a sus
hermanos y convocó a los ángeles de todos los fal’Cie para que ayudaran a
proteger Nova Chrysalia. Se podría decir que ellos representaban a la Diosa en
la alianza.
-Pero no duró mucho-adujo Serah con
tristeza-, porque cuando se enteraron, Paals y Lindzei enviaron a sus fal’Cie
más leales a matarla, y lo consiguieron.
Hope parpadeó, sorprendido.
-¿Mataron a la Diosa?
«Así es. Fal’Cie Baldanders de la Casa de
Lindzei fue el responsable. También se cree que fue el Traidor quien asesinó a
fal’Cie Edén cuando se planteó aliarse con los humanos para hacer frente a las
Deidades Gemelas», dijo
Pandemónium. «A raíz de aquel vil
asesinato, el equilibrio de Nova Chrysalia quedó eternamente dañado sin la
supervisión de la Diosa.»
-De todas formas, no se puede matar a
una deidad así como así-hizo notar Lightning-. Por eso Paals y Lindzei sólo
pudieron ser sellados, ¿recuerdas, Hope? Pasó lo mismo con Etro: quedó reducida
a un cristal, en profundo estado letárgico y con una ínfima parte de su poder.
-¿Y vos apoyasteis la intervención angélica,
fal’Cie Pandemónium?-preguntó el ángel. Le costaba creerlo, viniendo de un
demonio.
El fal’Cie desprendió un intenso
resplandor rojizo. A aquellas alturas, Lightning, Hope y Serah ya habían
deducido que eran su forma de expresar lo que sentía, si es que un ser como él
podía experimentar alguna clase de emoción.
«Desde el primer momento en el que la Diosa
reclamó la colaboración de los ángeles. Fue mi antigua sierva, Abdiel, quien
pronunció el Juramento Angélico frente a los líderes de la revolución como
representante de los ángeles»,
reveló Pandemónium. «Ella se convirtió en
el símbolo de la libertad para su gente, y cuando el resto de mi raza fue
destruida o se cristalizó, yo fui el único que quedó vivo para honrar el pacto
de los fal’Cie. Ambos luchamos por la libertad de nuestras razas y afrontamos
las consecuencias con dignidad.»
-¿Abdiel? ¿Así se llamaba vuestra
ángel?-el rostro de Serah denotaba lo intrigada que estaba con la historia, y
la verdad es que no se lo podían reprochar; no todos los días alguien podía
hablar con el único fal’Cie que quedaba en el mundo y que había vivido aquellos
eventos-¿Y ella fue la legendaria ángel que representó a los suyos en el pacto?
«Sí. Mas si bien sus esfuerzos concedieron la
libertad a los suyos, ella nunca pudo ver los frutos de su esfuerzo», el brillo de Pandemónium se apagó un poco,
como si se entristeciera. «Muchos ángeles
fueron los que cayeron durante la guerra. Abdiel fue una de ellos. En su nombre
decidí representar a los míos en la alianza que forjaron humanos, ángeles,
lu’Cie y fal’Cie. El vínculo que nos unía a nuestros ángeles era fuerte. Abdiel
fue una buena sierva y cayó con honor luchando por la libertad.»
Lightning, Serah y Hope se miraron.
Nunca hubieran imaginado que los fal’Cie pudieran sentir tal aprecio por sus
sirvientes, si es que podía decirse que sentían algo. Bien sabido era que
carecían de corazón y por tanto no podían tener sentimientos. Y para Hope,
aquello no hacía sino que se diera cuenta de cuán diferente había sido su
existencia al servicio de Bhunivelze. Mientras que Pandemónium había honrado a
su sierva caída como representante del pacto, el Altísimo le había abandonado
en el mundo de los mortales con las alas arrancadas al menor atisbo de libre
albedrío.
Entonces Pandemónium volvió a hablar:
«Por ese motivo me resultas extraño, ángel sin nombre. Eres muy distinto a los demás de tu raza que he conocido. No sólo por tu
aura, también por tus circunstancias. Un ángel creado por el Altísimo, sin
nombre ni alas. Y tras la marcha de los ángeles, eres el único de los tuyos que
ha pisado Nova Chrysalia en más de 3000 años. Quizá tu venida sea la señal de
que es hora de que aquello que fue una vez oculto salga de nuevo a la luz.»
Al oír aquellas palabras, Lightning
alzó la mirada súbitamente, recordando una vez más para qué habían ido al
encuentro del fal’Cie. Ya habían perdido mucho tiempo hablando, y no podían
permitirse el lujo de quedarse charlando sobre historia con Pandemónium.
-Lamento interrumpir vuestros
pensamientos, fal’Cie Pandemónium, pero no hemos acudido a vos para hablaros
sobre Hope-dijo la joven; Serah la miró con aire de reproche, pero no dijo
nada-. Ya que mencionáis lo que fue oculto, es eso precisamente lo que nos trae
aquí.
«Comprendo»,
repuso el fal’Cie. «Deduzco que buscáis
romper los sellos angélicos que se dejaron protegiendo los mayores secretos que
restan intactos en nuestro mundo.»
-Bueno, no exactamente-intervino
Serah-. No niego que tal vez necesitemos abrir alguno de esos sellos para
encontrar lo que buscamos… Pero lo que nos trae a vuestra presencia es el
legendario artefacto que se supone que es capaz de conceder los más profundos
deseos de su poseedor. Supongo que habréis oído hablar del Corazón de
Bhunivelze.
Se hizo un largo silencio. Pandemónium
emitió un breve parpadeo, como si se sorprendiese, y entonces su brillo rojizo
se intensificó, iluminando los rostros de las lu’Cie y el ángel.
«Obviamente conozco la historia del Corazón de
la Luz Cósmica», dijo el fal’Cie
al cabo. «Es una leyenda ancestral que
data de tiempos inmemoriales. Durante muchas generaciones se creyó que su dueño
sería el elegido para liberar a las razas menores del yugo de los dioses, mas
cuando nuestra alianza venció a Paals y Lindzei la leyenda cayó en el olvido,
relegado a la condición de mito.»
-Pero ahora nuestras razas vuelven a
estar sometidas. Es posible que la leyenda no se refiriera a la guerra que
libramos contra Paals y Lindzei, sino a nuestra situación actual-observó
Lightning con un fiero brillo en sus ojos-. Si nos hacemos con el Corazón,
podremos traer de vuelta al rey Mikhail, y de esa forma salvaremos a nuestras razas
cuando reclame lo que le corresponde por derecho.
Pandemónium resplandeció ante aquellas
palabras. Hope percibió su interés, y entonces sintió cómo el fal’Cie volvía a
desviar su atención hacia él. Empezaba a sentirse incómodo ante su constante
escrutinio.
«Y por tal motivo habéis traído al ángel sin nombre con vosotras», observó
Pandemónium. «Sólo un ángel podrá
conducir al legítimo poseedor del Corazón de la Luz Cósmica hasta él. Así reza
la profecía, y no le falta razón. Sólo un ángel podrá abrir los sellos que su
raza dejó en el camino hacia su paradero.»
Lightning y Serah alzaron la cabeza
hacia el fal’Cie al mismo tiempo. Al contrario que Hope, que lo miraba sin
terminar de comprender qué quería decir, las hermanas Farron lo habían
entendido al momento.
-Fal’Cie Pandemónium-dijo Serah, con
los ojos muy abiertos-, ¿es que vos sabéis dónde está el Corazón? ¿Existe de
verdad?
«Ignoro tal detalle», fue la respuesta del fal’Cie. «Mas sí sé que los ángeles eran los
custodios de los secretos relativos al Corazón de la Luz Cósmica. En su día no
se le concedió mayor relevancia, dado que no era más que una vieja leyenda que
auguraba la venida de un mesías salvador que ya no requería Nova Chrysalia.
Tras la desgracia del Astro Caído y la Purga que llevó a cabo la Orden de la
Salvación en nombre del Altísimo, los ángeles abandonaron el mundo a través de
un portal y se llevaron con ellos el secreto, fuera del alcance de manos
aviesas.»
Lightning no pudo ocultar su
decepción. Había esperado que Pandemónium supiera dónde estaba escondido el
Corazón de Bhunivelze. Por sus palabras, le había parecido entender que sabía
de su paradero… pero, si lo que decía era cierto, sólo los ángeles podían responder
sus preguntas. Y a excepción de Hope, un ángel advenedizo que ni siquiera había
sabido de la existencia de más como él hasta hacía poco, todos los demás se
habían marchado de Nova Chrysalia, a saber en qué dimensión. “Hemos venido hasta aquí para nada”, se
lamentó la joven, apretando los puños, frustrada y desolada. “Si ni siquiera Pandemónium sabe dónde puede
estar el Corazón, ¿cómo vamos a encontrarlo? ¿Cómo podré traer de vuelta a
Mikhail?”
Y en ese instante, Hope rompió el
silencio:
-Fal’Cie Pandemónium, permitidme
preguntaros algo. El portal que decís que cruzaron los ángeles al marcharse de
este mundo… ¿sabéis dónde fue abierto?
Lightning y Serah se volvieron hacia
él con semblante extrañado. Hasta Pandemónium pareció sorprenderse por la
pregunta, a juzgar por su brevísimo titileo.
-¿Por qué preguntas eso, Hope?-quiso
saber Serah.
-La magia siempre deja rastros-replicó
él, sin entender a qué se debía tanta sorpresa-. En especial la magia poderosa,
y se necesita mucha energía para abrir un portal. Si supiéramos dónde fue
abierto ese portal, y si fue creado mediante magia angélica, quizá yo pudiera
rastrear sus coordenadas espaciotemporales y reactivarlo.
Las hermanas Farron miraron a Hope
estupefactas. El asombro dio paso segundos después, en el caso de Lightning, a
un nuevo hálito de esperanza en su corazón, y la joven aferró los brazos del
ángel y lo sacudió con energía:
-¡¿De verdad puedes hacer algo así?!
¡¿Podrías reabrir ese portal, Hope?!
-… Puedo intentarlo-repuso Hope, un
tanto azorado por la entusiasta reacción de la habitualmente estoica
Lightning-, pero no puedo garantizarte que lo consiga.
-¡Al menos es más que no tener
nada!-hizo notar Serah, exultante, y se volvió hacia Pandemónium-Fal’Cie
Pandemónium, ¿sabéis dónde abrieron los ángeles ese portal?
El fal’Cie no respondió enseguida.
«Los ángeles se marcharon en secreto. No puedo
decir que sepa con certeza por dónde abrieron su portal», repuso al fin. Sin embargo, antes de que la
desazón inundara el corazón de Lightning por segunda vez, agregó: «Mas como bien dice el ángel sin nombre, la
magia de su raza deja huellas. Yo soy el fal’Cie más vinculado a la magia, y
desde hace largo tiempo percibo el rastro de fuerzas angélicas al norte de las
Marcas Salvajes.»
Lightning y Serah compartieron una
exclamación de asombro, a diferencia de Hope, que las miró sin comprender, como
de costumbre. Lo único que el ángel entendía era que la pista de Pandemónium
podía conducirle allá donde el resto de los suyos se había marchado. Y pese a
su limitado abanico emocional, sentía una leve agitación en su interior ante
aquella idea. O eso creía él.
-¿En las Marcas? ¿En serio?-Serah
estaba francamente sorprendida.
-¡Pues claro! ¿Os acordáis de lo que
le dijeron los espíritus a Vanille?-saltó Lightning con los ojos muy
abiertos-Ya sé que tú no estabas, Serah, pero Hope se tiene que acordar porque
lo oyó también. ¿Te acuerdas? Un lugar cercano al mar, los vientos del norte…
Si no era en Yusnaan, ¡tenían que ser las Marcas Salvajes!
-Y encima al norte… -reflexionó Serah-Eso
tiene que estar al lado de Poltae. Si es así, nos hemos pasado años rondando
por allí y ni se nos pasó por la cabeza.
-¿Qué es Poltae?-quiso saber Hope.
-Una aldea. Luego te lo contamos.
«Me complace saber que el Refugio sigue en
pie», dijo Pandemónium. «Si es cierto que habéis consultado a los
espíritus de la naturaleza, y ellos os han orientado al mismo lugar, entonces
seguid su guía y acudid. Tal vez logréis dar con los ángeles exiliados tras más
de tres milenios. Es posible que ellos sepan contestar a todos los enigmas que
ansiáis desvelar.»
Lightning iba a responder, pero en
aquel preciso instante Hope alzó súbitamente la cabeza y se volvió hacia la
entrada de la estancia con los ojos reluciendo. Las hermanas Farron ya habían
visto el sexto sentido del ángel en acción más de una vez, y reconocían los
síntomas: cuando Hope entraba en tensión, por regla general significaba
“peligro”.
-¿Qué pasa, Hope?-le preguntó Serah,
alarmada. Él cerró los ojos brevemente, concentrándose, y se llevó dos dedos a
la sien.
-Percibo humanos… Se acercan. Están
descendiendo hacia aquí, y creo que no tienen buenas intenciones.
Lightning y Serah palidecieron, e
incluso el brillo de Pandemónium pareció apagarse. Pero Hope no podía mentir, y
si él decía que venía gente a por ellos, era verdad. Por inverosímil que
pareciera.
-¡¿Qué?!-pudo exclamar Lightning tras
unos segundos de incrédulo silencio-¡Imposible! ¡Pero si se supone que este
lugar está sellado y camuflado con magia angélica! ¡Tendría que ser
indetectable!
«El sello de esta cámara no es como los sellos
creados por la magia de los Eternos que os habéis encontrado hasta ahora», dijo Pandemónium entonces. «Esos sellos se cierran por sí solos una vez
se cruza el umbral. Mas éste debe volver a cerrarse manualmente cada vez que se
entra y se sale, pues las interferencias que crea mi poder impiden el flujo
normal de la magia angélica. ¿Debo suponer que cuando cruzasteis el umbral no
sellasteis tras vosotros la barrera?»
Las dos lu’Cie y el ángel se miraron.
Las hermanas Farron estaban lívidas de horror, y Hope, pese a su marmórea
expresión, tenía un destello de miedo en sus ojos.
«Ya veo que así es», el fal’Cie desprendió un fuerte resplandor. «Por tal motivo han detectado nuestra
presencia. A través de la brecha se ha filtrado mi poder, y sin protección no
es difícil captarlo. Quizá no sepan lo que se oculta aquí, mas una vez lo
descubran, no dudarán en destruirnos a todos.»
-¡Maldita sea!-nadie mejor que
Lightning sabía lo que implicaría la caída del fal’Cie Pandemónium; la joven
desenvainó su espada eléctrica e hizo un gesto brusco a su hermana y a
Hope-¡Tenemos que salir de aquí y sellar la entrada antes de que sea demasiado
tarde!
Hope asintió, y Serah desenvainó
también sus dagas antes de volverse hacia Pandemónium:
-Lamentamos tener que dejaros de esta
forma, fal’Cie Pandemónium. ¡De verdad que no queríamos causaros problemas! Os
protegeremos, ¡tened por seguro que no permitiremos que no entre ningún
soldado!
«No teníais forma de saber acerca del sello», respondió Pandemónium, menguando su brillo
hasta casi apagarse. «Marchaos rápido,
jóvenes criaturas. Yo volveré a aletargarme para que el ángel sin nombre pueda
sellar el umbral sin interferencias.»
Serah y Hope se apresuraron a seguir a
Lightning, que ya había echado a correr hacia la entrada de la cámara sin
pararse a despedirse del fal’Cie. A sus espaldas, el brillo de Pandemónium se
apagó por completo, al tiempo que el fuego sobrenatural de las antorchas,
dejándoles en completa oscuridad, pero para entonces los tres ya habían entrado
en el pasadizo que les conduciría a la antesala donde se hallaba la pared
sellada… sólo que, tal y como el fal’Cie había dicho, ya no estaba sellada. Un
error que podría salirles muy, muy caro si no llegaban a tiempo. “¡Idiota! ¿Por qué no nos aseguramos de que
la entrada estaba sellada cuando cruzamos?”, se decía Lightning, furiosa
consigo misma; había estado tan ansiosa por entrar a la cámara del fal’Cie para
que éste le revelara al fin dónde se hallaba el Corazón de Bhunivelze que había
pasado por alto aquel detalle.
Por fin divisaron una tenue luz a lo
lejos, la puerta que habían cruzado y que, a medida que se acercaban, veían que
desprendía un suave resplandor dorado en sus contornos; era el sello abierto, y
para horror de los tres, también oían distantes voces desconocidas.
Cuando salieron a la estancia de las
celdas mágicas, las voces se oían cada vez más y más cerca. Con los nervios a
flor de piel, Lightning se volvió hacia Hope:
-¡Séllala! ¡Rápido, Hope!, ¡¿a qué
esperas?!
El ángel le devolvió una mirada
cargada de miedo e inseguridad.
-Yo… ¡no sé cómo se hace, Light!
Nunca… ¡nunca lo he hecho!
-¡Ya sé que nunca lo has hecho,
diablos! ¡Pero si no lo haces, estamos todos condenados! ¡Así que hazlo ya!
-Tranquilízate, Hope-Serah ya había
percibido el inusual nerviosismo del ángel, y aunque la situación no era para
menos, no iba a ayudarle-. ¿Te acuerdas de cómo la abriste? Haz lo mismo.
Seguro que se te ocurre alguna idea. ¡Venga, vamos! ¡Inténtalo!
Hope no parecía tan convencido, y no
dejaba de mirar de reojo a Lightning y a su alrededor, sin duda percibiendo a
todos los soldados que se acercaban. Pero asintió, y posó una mano sobre la
pared. Le costó unos instantes en los que tuvo que respirar hondo varias veces
para calmarse, pero al final el muro despidió un intenso resplandor dorado y la
brecha se cerró como si nunca hubiera existido.
Fue realmente oportuno, porque en el
mismo instante en el que se selló el umbral fue cuando un grupo de secutores,
vestidos con los uniformes negros de la división de la Orden en Yusnaan, bajó
las escaleras que llevaban a aquella sala, la más profunda bajo el palacio.
-¡Intrusos!-gritó uno de ellos, y
todos alzaron las bayonetas-¡Detenedlos!
Lightning maldijo entre dientes. Alzó
tan rápido como pudo un hechizo Coraza para proteger a Serah y a Hope de la
salva de balas que llovió sobre ellos, y que rebotaron contra la barrera verde
que apareció frente a ellos. Aprovechando la oportunidad que le había brindado
su hermana, Serah lanzó un hechizo Piro+ sobre los secutores; dos de ellos
fueron alcanzados por las llamas, y los demás cesaron momentáneamente el
ataque, cogidos por sorpresa.
-¡Son magos!-advirtió un secutor, con
un matiz de pánico en su voz ahogada bajo el casco.
-¡Ningún mago tiene tanto poder como
para lanzar esos hechizos con tanta facilidad!-replicó el que parecía el
líder-¡Tienen que ser lu’Cie! ¡Y ya sabéis lo que tenemos que hacer con los demonios!
“¡Maldición!”, pensó Lightning, pálida. No se había parado
a pensar en las consecuencias que podía traer usar magia delante de aquellos
soldados de la Orden. No era lo mismo que cuando se enfrentó a aquellos
mercenarios en las callejuelas de Luxerion: probablemente ellos no supieran
distinguir a un mago poderoso de un lu’Cie, algo que los miembros de la Orden
sí sabían, evidentemente, porque les adiestraban especialmente para ello,
fueran soldados o sacerdotes.
-¡Matadlos!-aulló el líder de aquellos
secutores. Los soldados se dispusieron a volver a atacar, pero para entonces
Lightning ya se había abalanzado sobre ellos, blandiendo su espada eléctrica
con un grito de guerra. En apenas cinco segundos, la joven acabó con la vida de
tres de los secutores en una rápida y certera cadena de tajos.
-¡Vamos!-Serah tocó a Hope en el brazo
y echó a correr hacia donde estaba su hermana luchando contra los secutores. El
ángel vaciló, pero al final sacudió la cabeza y se dirigió hacia ellas.
Los secutores disparaban con rapidez y
furia, pero no tenían nada que hacer contra las dos hermanas luchando juntas.
Ambas se coordinaban perfectamente, se entendían con cada gesto y eliminaban a
todo aquel que se plantaba ante ellas, tanto con su magia como con la espada y
las dagas. En apenas cinco minutos, Lightning y Serah habían eliminado a casi
todo el grupo, y luchaban entre los cadáveres de los secutores caídos.
Lightning acababa de hundir su espada
en el vientre de uno de los soldados cuando de pronto el último que quedaba la
apuntó con la bayoneta a su espalda. Serah lanzó un grito de advertencia, pero
sabía que no iba a llegar a tiempo para cubrir a su hermana…
Y entonces, justo cuando el secutor
disparaba, una barrera verde apareció entre Lightning y él, y la bala rebotó en
el hechizo Coraza directa hacia quien la había disparado. El soldado cayó con
un grito de dolor cuando la bala lo golpeó en la pierna, y sin vacilar un
segundo, Lightning se volvió y acabó con su vida con un tajo de su espada.
Serah se giró hacia Hope, que aún
seguía con la mano extendida hacia donde había lanzado su hechizo Coraza. No
había sido tan espectacular como antes, durante el combate contra el cíclope,
pero desde luego seguía siendo más fuerte que las que Lightning y Serah podían
conjurar.
-Gracias, Hope-suspiró Lightning
clavando la espada en el suelo, con las manos ligeramente temblorosas a causa
de la tensión-. Aunque podrías habernos echado un cable antes, ¿no te parece?
Hope desvió la mirada hacia el círculo
de cadáveres que manchaban el suelo de sangre. Su gesto era más duro que de
costumbre, y la joven recordó lo mucho que el ángel detestaba la violencia y el
derramamiento de sangre.
-No alzaré mi mano contra las vidas
que se me encomendó proteger-repuso él a media voz-. No le arrebataré la vida a
los seres vivos, pero sí puedo evitar que os hagan daño. Sé que tenemos que
matarlos, pero yo no lo haré. Lo siento.
-No lo sientas-lo tranquilizó Serah
con una sonrisa que contrastaba con sus dagas ensangrentadas-. Tú no te
preocupes, Hope. Nosotras nos encargaremos de abrir camino, si tú nos proteges.
-De todas formas, Serah, tampoco te
esfuerces más de lo necesario. Sabes lo que hay en juego-replicó Lightning, y
se irguió de nuevo una vez recuperó el aliento-. Tenemos que salir de aquí
cuanto antes. No sé si los hemos matado a todos, pero no me sorprendería que
alguno se haya escabullido para dar la voz de alarma. Y si se corre la voz de
que somos lu’Cie… ya os lo podéis imaginar.
-Vienen más-dijo Hope, con los dedos
en las sienes-. Hay muchos, y quieren acabar con nosotros.
-No podemos matarlos a todos,
Lightning. Si hacemos algo así, llamaríamos muchísimo la atención, y ya no
cabría duda de que somos lu’Cie-intervino Serah-. Y eso sin contar las celdas
mágicas que hay aquí. Interfieren en nuestra magia, ya sabes.
Lightning resopló. No había caído en
eso. Ahora sí que no tenía opción: sin su magia a pleno rendimiento, era un
suicidio enfrentarse a todos aquellos secutores. Y, tal y como su hermana había
señalado, matarlos a todos llamaría excesivamente la atención, y podría traerle
problemas a Snow.
-Muy bien-dijo al final-, vamos a
buscar una salida. Si subimos a las zonas superiores nos encontraremos con las
vías de suministro del monorraíl. Escaparemos por allí.
-¿Y por qué no salimos por donde
entramos?-preguntó Hope.
-¿Tú crees que tenemos tiempo para
ponernos a buscar esa entrada? Es mucho más fácil encontrar unas vías. Además,
eso es un pasaje secreto. No vamos a conducir a esos desgraciados de los
secutores por ahí.
Y sin aguardar respuesta, Lightning
les hizo un gesto y echó a correr escaleras arriba. Sin más remedio, Serah y
Hope la siguieron, dejando atrás el círculo de secutores muertos.
No llegaron muy lejos, a pesar de las
prisas de Lightning. En la siguiente sala, un piso más arriba, cuando estaban a
punto de alcanzar las escaleras que les llevarían al piso superior, otro grupo
de soldados bajó por las escaleras, armas en ristre.
Lightning, Serah y Hope se vieron
obligados a detenerse en seco y a prepararse para luchar. Por si necesitaban
más confirmación, en aquel momento les quedó claro que no les iba a resultar
fácil salir de aquella prisión.
“Pero no voy a detenerme”, pensó Lightning, feroz determinación
alentando sus ojos al tiempo que alzaba su espada. “No vais a pararme ahora que sé dónde buscar.”
Y si tenía que abrirse paso a través
de todos aquellos soldados… así sería.
-¡Matad a los demonios!
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