lunes, 21 de septiembre de 2015

XXII. Fuego

La caravana se deslizaba perezosamente sobre la arena, tirada por los sahuagines de arena que los nómadas empleaban para arrastrar sus transportes. Al contemplar los sinuosos movimientos de las criaturas bajo la intensa luz del sol, Hope no podía evitar pensar en lo similares que eran a él. “No son sino esclavos al servicio de sus amos… Criados para ejercer una labor que los priva de la libertad, o peor quizá que yo, si han llegado a conocerla para sólo arrebatársela después.”

-Hope, como sigas sacando la cabeza al sol se te va a tostar el poco cerebro que tienes-dijo Lightning desde el interior del habitáculo del carro; el ángel metió la cabeza al momento, y vio a las hermanas Farron sentadas en el suelo sobre la alfombra-. Si estamos aquí a cubierto es por algo, tonto.

-Lo siento-Hope se sentó a su lado, aún pensativo-. Es que tenía curiosidad por las Dunas. Cuando llegamos no vimos mucho porque era de noche, en Mysidia la gente es nocturna y ahora estamos todo el día metidos entre cuatro cortinas…

-Créeme, no te gustaría estar ahí fuera con las horas de sol-Lightning sacudió la cabeza, sonriendo con ironía-. Los monstruos aún se pueden tolerar. El calor infernal, no tanto.

Hope se encogió brevemente de hombros. Seguía mirando pensativo las cortinas de gruesa tela, similar a la que los nómadas usaban para cubrir sus tiendas.

-Algo me dice que a Hope le aburre el viaje-comentó Serah, divertida-. Como los chiquillos cuando no se llevan algo con lo que entretenerse.

-No es que me aburra-el ángel parecía incómodo-. Pero llevamos cuatro días aquí dentro sin apenas poder salir. ¿Nos falta mucho para llegar a esa ciudad a la que vamos?

-¿A Razia? Bueno, no me conozco tanto el desierto como mi hermana. ¿Tú qué opinas, Lightning?

Lightning se lo pensó unos segundos. Hope se fijó en que estaba contando con los dedos al tiempo que murmuraba algo para sí. Se le antojó curioso.

-Llevamos cuatro días, y la verdad es que vamos bastante ligeros para lo que esperaba de una caravana, y más conociendo a la gente de por aquí, que se toma su tiempo… No deberíamos tardar. Quizá a mediodía.

-No pongas esa cara-rió Serah al ver a Hope fruncir el ceño; eran las siete de la mañana-. Son sólo unas horas más. ¿Qué prisa tienes?

-Yo no tengo prisa-protestó él, y se cruzó de brazos-. Y no pongo caras. Sólo tengo una.

“Tú lo has dicho”, pensó Lightning poniendo los ojos en blanco. “Al menos hemos aprendido a entenderle por lo que su única cara le permite expresar.”

Hubo unos minutos de silencio en los que sólo se oía el ruido del viento y el carro deslizándose sobre la arena; Lightning estaba tendida sobre unos cojines, Serah se había tumbado boca arriba y observaba distraída la decoración nómada del habitáculo, mientras que Hope permanecía sentado con la espalda más inclinada de lo normal. Le habían cambiado los vendajes en Mysidia, y dado que hacía tiempo que las hermanas Farron no veían el progreso de sus heridas, fue un alivio comprobar que ya no sangraban. Tenían un aspecto horrible –aún se podía apreciar la fibra muscular desgarrada y la carne viva– pero al menos habían empezado a cicatrizar lo suficiente como para no sangrar.

-¿Cómo es Razia?-quiso saber Hope rompiendo el silencio-Esa ciudad a la que nos llevan los nómadas. ¿Es como Luxerion o Yusnaan?

-Ni de lejos-replicó Lightning con sorna-. Una ciudad como ésas sería imposible de construir aquí. No, Razia es la capital de las Dunas de la Purgación, pero en realidad viene siendo como un asentamiento muy grande… para los estándares nómadas, claro. Aquí la gente no se caracteriza por el gusto a lo grande.

-Pero te gustará-intervino Serah, sonriente-. Aunque el desierto no sea el paisaje más acogedor y bello del mundo, tiene su encanto, y si te digo la verdad, Razia lo refleja totalmente.

Hope no dijo nada. Para él, el desierto olía a muerte. Nada vivo crecía sobre la arena, y aunque lo hubiera hecho, el implacable sol y las gélidas temperaturas nocturnas lo habrían matado. Como resultado, sus habitantes, humanos y monstruos, debían sobrevivir matándose unos a otros. “En este lugar se sucede una purga constante… No me extraña que las llamen ‘Dunas de la Purgación’”, pensó el ángel, cerrando los ojos y respirando hondo. “Incluso este viento ardiente arrastra la muerte consigo…”

* * *

-Hemos llegado a Razia-anunció uno de los mercaderes de la caravana cuando ésta se detuvo horas después, entrando en el cubículo donde aguardaban Lightning, Serah y Hope-. Aquí termina el trayecto. ¿Lo tenéis todo con vosotros?

-Sí, creo que no nos dejamos nada.-Serah echó un vistazo a su alrededor; hacía ya rato que Lightning y ella habían enfundado sus armas a medida que se acercaban a la capital del desierto, y los tres llevaban consigo los morrales con objetos curativos y útiles que les habían dado en Mysidia.

El mercader asintió y les hizo una seña para que le siguieran. Nada más abandonar la protección que era el techo de tela de su carro les recibió una bofetada de aire caliente; el sol de mediodía caía a plomo, y Hope entendió en aquel momento por qué los nómadas preferían vivir de noche en aquel lugar. Aunque a ellos no parecía afectarles tanto como a los forasteros: de hecho, el resto de mercaderes ya estaba empezando a montar los tenderetes y tiendas en torno al oasis en el que se habían detenido y en los que más tarde comerciarían con los habitantes de Razia.

-Gracias por traernos hasta aquí-le dijo Lightning al mercader con sincera gratitud-. Decidle al Anciano de vuestra tribu que estamos en deuda con él.

Sin más respuesta que una cortés inclinación, el nómada se retiró para ayudar a sus compañeros. Pese a ello, las hermanas Farron sabían que no era una descortesía; los nómadas eran reservados y no cruzaban muchas palabras con los forasteros. Sabían que para los mercaderes su presencia era una carga y un riesgo, y aunque no hubieran hablado mucho con ellos les habían cuidado bien.

-Bueno, pues… ya estamos aquí-Serah dirigió una mirada tentativa a su hermana, que parecía reticente a moverse pese al insoportable calor-. ¿Vamos?

-¿Dónde está la ciudad?-preguntó Hope mirando a su alrededor, desconcertado-Aquí no hay más que arena y rocas.

-Delante de ti-dijo Lightning señalando el muro de rocas que se alzaba unos quinientos metros más allá, frente a ellos-. Fíjate bien.

El ángel entornó los ojos, tratando de ver entre el aire distorsionado por el calor. Entonces pudo ver que, efectivamente, en las rocas había excavada multitud de oquedades a modo de ventanas y arcos, y a nivel del suelo se abrían tres grandes entradas en forma de arco, una más alta que las otras dos. Comprendió que el gran roquedal que tenían delante debía de albergar la capital entera en su interior, y que por eso no la había visto antes.

-¿Eso es Razia? ¿Viven dentro de las rocas?

-Así es-confirmó Serah con una sonrisa-. Así están protegidos constantemente del sol y del frío, y de los monstruos también. ¿Verdad que es ingenioso? Es el único sitio donde se podía construir un lugar así, y por eso es la única ciudad estable de las Dunas. Verás que sus habitantes son algo diferentes a los nómadas por esa misma razón.

-Sí, son mucho menos discretos-suspiró Lightning, echando a andar hacia la entrada más grande de Razia; Serah y Hope se apresuraron a seguirla-. Con un poco de suerte, ahora que es mediodía y la mayoría estará durmiendo, entraremos sin llamar demasiado la atención.

Serah puso los ojos en blanco.

-Vamos, Lightning. Ni que fuera para tanto. ¡Con lo bien que te tratan!

-Sí, bueno, ése suele ser el problema.

-¿Qué problema hay?-Hope miraba a las hermanas sin entender-Ya habéis estado aquí, ¿verdad? Le dijisteis al Anciano de Mysidia si podía traernos. Creía que era porque confiabais en la gente de aquí.

-No es que no confiemos en ellos… De hecho, estoy segura de que aquí nadie nos va a pegar la puñalada trapera. Pero no le pedimos al Anciano que nos trajera; eso fue porque no podían llevarnos hasta la estación-Lightning parecía cada vez más incómoda-. Si por mí fuera, nos habríamos ido de las Dunas sin pasar por aquí, y si venimos es porque necesitamos un guía. Quisiera entrar, encontrar uno y salir sin que nadie se entere de que hemos estado aquí, antes de que se corra la voz.

-Pero si acabamos de llegar-replicó el ángel alzando brevemente las cejas; la sombra del roquedal se cernió sobre ellos, aliviándoles de la ardiente luz solar-. Y en el desierto no hay mucha gente. ¿Cómo van a enterarse?

-No te confundas, en las Dunas las noticias corren rápido. Ya viste que en Mysidia no tardaron en enterarse de que los secutores nos estaban buscando.

-De todas formas, llevamos menos de una semana en el desierto-intervino Serah, en parte para tranquilizar a su hermana, que se iba poniendo más tensa a medida que cruzaban las puertas de Razia-. Y en todo ese tiempo no hemos salido de Mysidia ni de la caravana. ¿De veras crees…?

No pudo decir más: se detuvo en seco cuando se percató de que, en medio del vestíbulo de piedra en el que se hallaban, había un grupo de personas de pie: una mujer en medio de dos filas paralelas de cuatro personas, dos hombres y dos mujeres. Vestían ropas diferentes a las de los nómadas, pues no cubrían sus cuerpos completamente, sino que más bien exponían su piel, y sus atuendos eran coloridos y livianos. La mujer que se erguía en medio era de mediana edad y pese a que no vestía de forma muy distinta a los demás, saltaba a la vista que tenía una posición importante, sobre todo porque el turbante blanco con plumas que cubría su cabeza era muy similar al del Anciano Minu de Mysidia.

Lightning y Serah se quedaron quietas, la primera en especial, que además se había puesto pálida. Hope las imitó, un poco desconcertado al percibir la oleada de incomodidad que emanaba de la mayor de las hermanas Farron. No era miedo ni rechazo, sino… el ángel no podía descifrar completamente de qué se trataba, pues nunca había sentido nada similar viniendo de ella. “Es como si la presencia de esos humanos la pusiera nerviosa… pero no porque vayan a hacerle daño. De hecho, diría que la incomodan por esa misma razón.”

La mujer, con una amplia sonrisa, hizo una reverencia y abrió los brazos:

-Bienvenida de nuevo a Razia, Redentora. Y también a vos, joven Oráculo, y al forastero que os acompaña. Es un gran honor poder acogeros una vez más, y que nuestra capital sea agraciada por vuestra presencia.

Hope arqueó brevemente las cejas y miró a Lightning, que, para su sorpresa, se había ruborizado levemente y no sabía qué responder. Serah también parecía un poco incómoda, pero al menos ella había salido del paso esbozando una vacilante, aunque sincera, sonrisa. “¿Redentora?”, se preguntó el ángel sin comprender.

-Eh… Saludos, Anciana Fares-respondió finalmente una aturullada Lightning, evitando mirar a la mujer directamente-. No esperábamos… es decir, no imaginaba que sabríais de nuestra llegada…

-Recibimos la noticia hace dos días de que os dirigíais hacia aquí.

Lightning y Serah compartieron una mirada de reojo incrédula y resignada a partes iguales. Por su parte, Hope se limitó a parpadear brevemente.

-Sí que corren rápido las noticias en el desierto.-comentó en voz baja. Sin volverse hacia él, Lightning le dio un codazo en las costillas para que se callara.

-Decidnos-dijo la Anciana Fares, acercándose a los tres-, ¿quién es el joven que os acompaña, Redentora? ¿Tiene algo que ver con la profecía de vuestra hermana?

Una vez más, Hope se preguntó de qué iba todo aquello, pero antes de que pudiera abrir la boca, Serah se apresuró a responder:

-Anciana, éste es Hope. Nos está acompañando en nuestro viaje, nada más. Es un buen amigo nuestro.

Hope no sabía mucho de profecías, pero Lightning sí que le había hablado de una en concreto, la que Serah había realizado tiempo atrás sobre ella y el rey Mikhail. Si era la profecía de la que estaban hablando, entonces ciertamente él sí que estaba involucrado. De hecho, de no ser por ello, ni siquiera estaría allí. “¿Por qué considerarán necesario mentir a estas gentes sobre mí?”

-Los amigos de la Redentora y la Oráculo son y serán siempre bienvenidos en Razia-declaró la Anciana dirigiéndole una amable sonrisa a Hope. El ángel no supo qué contestar, por lo que simplemente inclinó la cabeza en señal de gratitud-. Podéis alojaros todo el tiempo que deseéis en nuestra ciudad.

-¡No, no! No hemos venido a alojarnos-interrumpió Lightning con más brusquedad de la que pretendía; bajó la voz para que los pajes de la Anciana no pudieran escucharla-. Anciana Fares, hemos venido de incógnito, como quien dice. Estamos de paso por las Dunas, y lo que más nos interesa es regresar a Luxerion cuanto antes. Y cuanta menos gente sepa que estamos aquí, mejor, ¿entendéis? Tan sólo necesitamos un guía que nos lleve a la estación del monorraíl, ni siquiera íbamos a quedarnos.

-¿Un guía, decís?-la Anciana se cruzó de brazos con gesto serio-Me gustaría complaceros, Redentora, pero me temo que es imposible en este momento. Esta noche es el festival de la Almenara, y todos los habitantes de Razia estamos ocupados preparando las piras sagradas.

-Ah, ¡claro! Es verdad, el festival… -Serah abrió mucho los ojos al comprender-Por eso venía la caravana de Mysidia justo ahora, supongo. Así que me imagino que no podemos contar con nadie hasta dentro de un día o dos…

Lightning frunció el ceño. No era la primera vez que había estado en Razia cuando se celebraba el festival de la Almenara, y pese a que no sabía mucho sobre éste, sí sabía que la ciudad entera se volcaba para prepararlo. Para sus gentes era la fiesta más importante del año. Lo cual implicaba que, lo quisiera o no, tendrían que pasar la noche allí. “Era demasiado pedir pasar desapercibida”, pensó la joven.

-Los secutores nos están buscando… Anciana Fares, no sé si es seguro que nos quedemos demasiado tiempo aquí.

-También nos han avisado de eso-la Anciana negó con la cabeza sin perder la sonrisa-. La misma persona que nos advirtió de vuestra llegada, de hecho.

Antes de que Lightning pudiera preguntar de quién se trataba, en parte irritada porque su última baza para evitar quedarse mucho tiempo en Razia hubiera acabado en saco roto por su culpa, una fuerte voz femenina resonó en el amplio vestíbulo:

-Fares, ¡podrías haberme avisado de que estos tres habían llegado ya! ¿Qué es esto de privarme del placer de recibirles como es debido?

Lightning, Serah y Hope se volvieron hacia la fuente de la voz, a la que habían reconocido antes de ver a la mismísima Fang en persona frente a los arcos de los pasillos a la derecha, con su fiel lanza siempre a la espalda. La líder de los lu’Cie rebeldes no se mostró en absoluto cohibida ante la sorpresa de las hermanas Farron y el ángel, y avanzó hacia ellos con paso decidido.

-Ah, dragontina Yun. Disculpa por no haberte avisado, no quise interrumpirte la siesta-repuso la Anciana, y se volvió hacia Lightning-. La dragontina Yun fue quien me avisó de vuestra llegada y de la amenaza de la Orden que eso suponía, hace dos días.

-Sí, sí, soy una mensajera muy eficiente, todos contentos-interrumpió Fang adelantándose a las preguntas, y le dio una palmada en el hombro a la Anciana sin una pizca de reparo-. Fares, si no te importa, yo me hago cargo a partir de aquí. Ya has oído a la Redentora: nada de homenajes, alboroto y demás en lo que dure su estancia. Completo incógnito, ya sabes. Cosas de trabajo.

La Anciana no pareció ofenderse por el tono informal y más bien descarado con el que Fang se dirigía a ella, sino que sonrió plácidamente.

-Por supuesto. Podéis alojaros en cualquiera de nuestras estancias para huéspedes, por supuesto, y dado que vais a permanecer esta noche al menos en Razia, no dudéis en disfrutar del festival que estamos preparando si así lo deseáis-y con estas palabras, hizo una reverencia hacia Lightning, inclinó la cabeza respetuosamente hacia Serah, Hope y Fang, y se volvió hacia sus pajes, que aguardaban unos metros más allá-. Si me disculpáis…

A un gesto de la Anciana, los pajes la flanquearon, y no tardaron en desaparecer una vez cruzaron los arcos del fondo del vestíbulo. Una vez a solas, Fang pareció relajarse, pues exhaló un profundo suspiro y se apoyó en su lanza:

-Menos mal que he llegado a tiempo. Un poco más y Fares te hubiera montado todo un festival de bienvenida, encanto, ya sabes cómo es.

-Sí, gracias, Fang-respondió Lightning, más aliviada-. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Y cómo sabías…?

-Ah, ah-la guerrera dragontina levantó un dedo-. Aquí no. Las preguntas, donde nadie más pueda meter las narices donde no le importa; aunque ahora la mayoría de la gente duerma, nunca se sabe. Venid, os llevaré a un sitio donde podáis acomodaros, y allí hablaremos.

Durante un rato, Fang los guió por los pasadizos de Razia en silencio. Apenas se cruzaron con nadie, y la gente con la que sí se toparon no parecía reconocerles, si bien sí les miraron con curiosidad. Razia se componía de pasillos y escaleras excavados en la roca y revestidos de metal grabado, y las viviendas particulares eran cuevas con un gran portón metálico en la entrada. A Hope le recordó a una ciudadela fortificada, especialmente diseñada y construida para defenderse de posibles ataques y asaltos, en parte también por lo laberíntica que era.

-¿Verdad que impresiona?-le dijo Serah a Hope al percibir el interés del ángel-Es una ciudad muy antigua, y aun así mira lo imponente que es.

-Parece que la hayan blindado-repuso Hope, estudiando con curiosidad lo que veía-. Es como si estuviera preparada para la guerra, entre lo escondida que está y todo el metal que la cubre.

-Razia fue construida por las tribus de bandidos que hace mucho tiempo vivieron en el desierto-le explicó Lightning-. Eran gente que huyó de las ciudades y pueblos que controlaban los fal’Cie cuando los humanos estábamos dominados por ellos, y se vinieron al único lugar en el que los fal’Cie no habían establecido ningún dominio porque no les interesaba lo que el desierto les pudiera ofrecer, que era más bien nada. Los bandidos se dedicaban a robar a las ciudades controladas por los fal’Cie, y como eran perseguidos terminaron construyendo esta ciudad a modo de bastión, que nunca ha sido conquistado en toda su historia.

-Y por eso las gentes de las Dunas de la Purgación no nos doblegamos nunca ante nadie que intente imponernos su ley-intervino Fang con orgullo-. Desde tiempos antiguos hemos resistido a los invasores y vivido a nuestra manera, y la Orden no será una excepción.

-¿Eres nativa de las Dunas?-preguntó Hope, intrigado; estaba seguro de que aquel dato no había sido nunca antes mencionado en su presencia.

-Claro que sí, ¿es que ves que me parezca mucho a la gente blancuzca de ciudad?-la dragontina sacudió la cabeza con fingida exasperación. Se detuvo frente a una puerta, sacó unas llaves del zurrón que llevaba pendido del cinto y la abrió-Venga, entrad, ¡no tengo todo el día!

Lightning, Serah y Hope obedecieron sin rechistar. Una vez dentro, echaron un vistazo a la estancia: se trataba de una habitación excavada en la roca, con el suelo de piedra negra grabada sobre el cual había varias alfombras tejidas del mismo rojo de la toga que Fang llevaba sobre su –más bien escasa– armadura; todas tenían el mismo símbolo bordado, un fénix dorado alzándose desde una luna creciente plateada hacia un sol naciente. Varios cojines se hallaban esparcidos por el suelo, en torno a una pequeña mesa de granito rojo. A decir verdad, en aquella estancia predominaba el color rojo con diferencia; combinado con el calor del desierto, Hope tuvo la impresión de haberse adentrado entre llamas. Nada que ver con las hermanas Farron, que a juzgar por su expresión ya habían estado antes en aquel lugar.

-Bueno, ¿qué hacéis ahí plantados?-Fang puso los brazos en jarras y señaló los cojines del suelo con la cabeza-¡Vamos, sentaos! Mi casa es vuestra casa, quitaos los zapatos y acomodaos cuanto queráis.

-¿Vives aquí?-preguntó Hope con curiosidad, sentándose sólo cuando Lightning y Serah lo hicieron-Creía que vivías en Luxerion.

-Fang vive en Luxerion, sí-le explicó Lightning; Fang se dirigió a una barra que había algo más allá y empezó a buscar en los estantes de debajo-, más concretamente en la taberna de Noel, pero éste es su, digamos, refugio, cuando las cosas se ponen feas. Más de una vez la Orden ha estado a punto de cazarnos, y cuando eso ha pasado nos hemos escondido aquí, en Razia, hasta que se calma el ambiente.

-Y como Fang es de las Dunas, nunca hemos tenido problema para que la gente nos acoja-adujo Serah, sonriente-. Además, en Razia la gente es mucho más sociable que las tribus nómadas.

-Reconoced que parte del mérito es vuestro-terció Fang sentándose junto a ellos, con dos botellas de licor y unos vasos de cristal-. Muy bien, dejémonos de chácharas sobre mí y vayamos al grano. ¿Se puede saber en qué habéis estado metidos? Os fuisteis a Yusnaan a buscar al fal’Cie y de lo siguiente que me entero es que todos los secutores de allí se han vuelto locos buscándoos. No entraba en los planes llamar tanto la atención, como bien recordaréis.

Lightning y Serah se miraron, un tanto avergonzadas. Hope tenía que reconocer que Fang intimidaba lo suficiente como para que incluso una guerrera como Lightning le tuviera gran respeto.

-Lo sentimos mucho, Fang. No queríamos montar semejante alboroto-repuso Serah-. Tampoco tuvimos otra opción, la verdad. Hubo un fallo en las defensas angélicas y nos detectaron. Tuvimos que usar nuestros poderes plenamente para poder escapar.

Fang exhaló un suspiro resignado y se llevó una mano a la frente.

-Está bien, no tiene sentido montaros una bronca por lo que ya no tiene remedio. Por suerte para vosotras, sé que la mayor parte del tiempo sois discretas. Me interesa más si todo el jaleo ha servido para algo. ¿Encontrasteis al fal’Cie?

-No fue nada fácil, pero sí, pudimos hablar con Pandemónium-asintió Lightning enérgicamente-. Y te puedo garantizar que ha merecido la pena.

Las hermanas Farron procedieron a contarle a la dragontina su encuentro con el fal’Cie Pandemónium, la historia sobre la guerra y los ángeles y también sobre el posible paradero del Corazón de Bhunivelze. Hope se limitaba a escuchar, preguntándose una vez más por qué él había sido creado tan diferente a los demás ángeles, y si de verdad había sido voluntad del Altísimo que se le negara una identidad propia. No había tenido mucho tiempo para asimilar la información entre la persecución de los secutores, la accidentada llegada a las Dunas de la Purgación y el trayecto hacia Razia. Oír a Lightning y Serah repetir el relato a Fang avivó aquella extraña y confusa sensación en su interior. “¿Encontraré alguna vez mi lugar en este mundo?”, se preguntó el joven ángel, cerrando los ojos. “Aun si regresara al Arca, no creo que pudiera servir al Altísimo de la misma forma. No, después de todo lo que sé.”

-Qué interesante… -comentó Fang una vez las hermanas terminaron de contarle la historia, devolviendo a Hope a la realidad-Pues sí, ha compensado el quebradero de cabeza que me habéis causado. Así que tu ángel podría reactivar el portal por el cual los demás ángeles se llevaron el secreto del Corazón, ¿eh?

-Dije que era una posibilidad-murmuró él, incómodo, cuando las tres mujeres lo miraron fijamente-. No puedo dar garantías de que vaya a funcionar, porque no sé cuán diferente es mi magia de la de los demás de mi raza. Pero puedo intentarlo, al menos.

-Lo que sea-la guerrera dragontina le restó importancia con un gesto-, es mucho más cerca de lo que hemos estado nunca del condenado artefacto. La cuestión será cómo vais a ir hasta Poltae. Desde la estación de las Dunas podríais ir directamente hasta las Marcas Salvajes.

Lightning parpadeó sorprendida.

-¡Es verdad! ¡No me acordaba que el monorraíl de las Marcas pasa por aquí! En ese caso, ¡tú podrías acompañarnos a la estación hoy mismo…!

-Eh, eh, encanto, no te precipites-Fang enarcó las cejas-. Aunque no os hubierais metido en semejante lío, hubiera venido a Razia igualmente. ¿Te crees que no iba a acudir al festival de la Almenara? Lo que más me fastidia es no poder traer a Vanille. Así que, lo siento, pero vas a tener que esperarte un día como mínimo; las tradiciones son las tradiciones.

Ante su réplica, Lightning arrugó la nariz, pero no hizo ningún comentario. Los años en la capital y enrolada en el ejército de la Orden habían cambiado a Fang, pero ella la conocía bien, y sabía que siempre trataba de honrar las costumbres de su tierra. Se había visto obligada a renunciar a muchas de ellas por la situación de Vanille, y por más que insistiera, no convencería a Fang de saltarse la celebración más importante de las Dunas.

-¿Qué es Poltae?-preguntó Hope entonces, tras un silencio en el que las tres mujeres bebían en silencio del licor que había llevado Fang; desde que la dragontina había intentado hacerle probar el alcohol –y ni siquiera había sido una bebida fuerte– en El Reposo del Visionario, el ángel había decidido no volver a acercarse a aquel brebaje que le había abrasado la garganta-Me dijisteis que era una aldea, y fal’Cie Pandemónium la llamó el Refugio.

-Es la aldea donde los lu’Cie se refugiaron tras el ascenso al poder de la Orden-explicó Serah con una media sonrisa entristecida-. Desde siempre fue una comunidad donde abundaban los lu’Cie, pero desde entonces es donde nos ocultamos de quienes quieren exterminarnos.

-Salvo nosotros-adujo Lightning, sus ojos despidiendo un brillo acerado-. Como ya te conté, Hope, los que estamos en Luxerion somos los que queremos luchar. Y debemos proteger a los que se esconden en Poltae, y en las Marcas Salvajes en general, por eso debemos llevar mucho cuidado para no llamar la atención.

-Algo de lo que desde luego habéis pasado olímpicamente en vuestra última excursión-intervino Fang con sorna; Lightning y Serah se ruborizaron levemente-. Por suerte para vosotros, los secutores de Yusnaan y los de Luxerion no se llevan demasiado bien. Sólo dos destacamentos en la capital se han movilizado, lo cual nos conviene.

-¿Y cómo es que has venido, Fang?-quiso saber Serah, intrigada. Fang se encogió de hombros.

-Bueno, recibí un mensaje de un amigo que me avisó tanto de que los secutores de Yusnaan estaban metiendo sus sucias narices en las Dunas como de que los lu’Cie fugitivos iban de camino a Razia. Y digamos que aproveché para que los peces gordos de Luxerion me colocaran como capitana de uno de los destacamentos que enviaron aquí.

-¿Quieres decir que viniste con un grupo de secutores?-Lightning abrió mucho los ojos-¿Y llevas aquí dos días? ¿No sospecharán por el hecho de que tardes tanto en volver?

-Oh, no lo creo-repuso Fang tamborileando los dedos sobre su lanza; una sonrisa de tiburón se extendió por su rostro-. Tal y como los dejé, lo más probable es que a estas alturas ya se hayan convertido en alimento de los cometierras.

Hope hizo un gesto de disgusto, mientras que Serah sacudió la cabeza brevemente y Lightning le devolvió a Fang una sonrisa cómplice. En una guerra en la que los cuatro se enfrentaban al mismo enemigo, era curioso ver cómo cada uno reaccionaba ante la caída del enemigo.

-Bueno, entonces, ¿qué hacemos?-preguntó Serah.

-De momento, nada en particular-dijo Fang apurando su vaso de licor y levantándose enérgicamente-. Podéis pasaros el día aquí si queréis, no os lo reprocharía. Yo tengo que ir a ayudar a preparar el festival de esta noche, ya sabéis. Aunque por supuesto sois bienvenidos a uniros a la fiesta. Entre la multitud no llamaréis tanto la atención, cielos.

Y con estas palabras, Fang agitó la mano a modo de despedida y salió de la estancia. La dragontina tenía aquella costumbre de dejar a la gente con la palabra en la boca tras decir las suyas, algo a lo que Lightning estaba acostumbrada, pero Hope y Serah se mostraron un tanto desconcertados. Se hizo un breve silencio, en el cual las hermanas Farron compartían miradas dubitativas. “Me pregunto qué será lo que las inquieta, en especial a Light…”, pensaba el joven ángel observándolas atentamente con la cabeza ladeada, tratando de descifrar sus emociones. Ellas, abstraídas como estaban, no se percataron.

-Menos mal que no hemos causado tanto revuelo como creía-dijo Serah al fin-. Aun así, estoy preocupada… Snow ni siquiera sabe si estamos bien.

-No te preocupes, seguramente Fang le habrá avisado de alguna forma. Pero deberíamos marcharnos de las Dunas cuanto antes… No es seguro pasar más tiempo del necesario aquí.-replicó Lightning con cierta sequedad. Una vez más, Hope percibió su inquietud.

-Estoy de acuerdo, pero… no estaría mal ver el festival. Hace mucho que no venimos por aquí, y la verdad es que después de cuatro días encerrada en la caravana me apetece respirar aire fresco.

Su hermana mayor dejó escapar un elocuente resoplido.

-Pues ve tú si quieres. Yo me niego a no poder dar un paso sin que nadie me pare para adularme y reverenciarme.

-Oh, vamos, Lightning-Serah puso los ojos en blanco-. ¡La Anciana Fares te dijo que no te iban a molestar! Además, la gente va a estar disfrutando del festival, no fijándose en ti. No irás a encerrarte aquí sola toda la noche, ¿verdad?

-No voy a estar sola-refunfuñó Lightning-. Hope estará conmigo. ¿Verdad, Hope?

El ángel, que había estado escuchando la discusión sin demasiado interés, alzó la cabeza al oír su nombre, y vio a Lightning mirándolo fijamente aguardando su respuesta, y a Serah arqueando las cejas.

-Eh…

-Desde luego-intervino Serah, en parte para echarle un cable al desprevenido Hope, aunque con una extraña sonrisilla en los labios-, vergüenza debería darte tratar de condicionar a Hope. A ver si te crees que porque tú te quedes aquí él tiene que hacer lo mismo. En vez de portarte como una niña, deberías salir a tomar el aire y disfrutar del ambiente, te vendría de maravilla para endulzar esa cara agria que tienes desde que hemos llegado.

-No te esfuerces, Serah. No voy a salir, y punto. Y no vas a convencerme de lo contrario.

Su hermana pequeña entornó los ojos peligrosamente, poniendo los brazos en jarras. Algo le dijo a Hope que aquella discusión no iba a terminar ahí.

* * *

-No me puedo creer que esté haciendo esto.-gruñó Lightning, mirando recelosa a su alrededor cuando sus pies se hundieron en la red.

-Tu hermana es realmente convincente.-repuso Hope, que caminaba a su lado; ambos iban unos metros por detrás de Serah. Lightning torció el gesto al atisbar el brillo divertido en los ojos del joven ángel.

-Sí, venga, ríete. Gracias por apoyarme antes, eh.

Era de noche, y hacía largo rato que había comenzado el festival de la Almenara. Las gentes de Razia, con sus coloridas ropas, paseaban junto al gran oasis, curioseaban los puestos de los mercaderes de las caravanas de las diferentes tribus nómadas y bailaban en torno a las enormes hogueras que iluminaban toda la zona exterior de la capital de las Dunas. Era un ambiente muy animado, lleno de alegría y emoción, y Hope inspiró hondo, sintiendo cómo la energía positiva del aire fortalecía su fuerza vital. “A mí me sienta bien, y en cambio a Light parece afectarle negativamente”, pensó el ángel. “Y aún no sé por qué. Tal vez…”

-Vaya, hombre, mira quiénes se han dignado a abandonar mi madriguera-Fang, que se había abierto paso entre la multitud, interrumpió una vez más los pensamientos de Hope-. ¿Así que al final has decidido escuchar la voz de la razón, encanto?

-Más bien la voz de Serah-refunfuñó Lightning, a lo que Serah sonrió con fingida inocencia-. Bueno, ya nos tienes aquí. ¿Contenta? Por tu bien y el de Fares, espero que nadie nos moleste.

-Oooh, qué miedo-ironizó Fang alzando las manos, y le dio una palmada en la espalda a Lightning tan fuerte que por poco la tiró de cara a la arena-. Tranquilidad, por suerte vuestra capitana lo tiene todo bajo control. Venid conmigo, tengo reservado un lugar especial para vosotros.

-¿Nos has guardado un sitio? Admítelo, Fang, sabías que íbamos a convencer a Lightning, ¿a que sí?-Serah sonreía ampliamente, y la dragontina se limitó a devolverle la sonrisa. Lightning resopló con fastidio, mientras Hope las seguía observándolas de vez en cuando para no perderlas de vista y mirando todo lo que le rodeaba, intrigado.

Después de andar unos minutos entre la multitud –tan entretenida que ni se percató de su presencia, que era lo que inquietaba a Lightning– Fang los llevó hasta una hoguera más apartada, con mucha menos gente a su alrededor. Hope había visto que en cada una había símbolos y decoraciones diferentes; ésta estaba rodeada por pequeños estandartes de color escarlata con el mismo emblema que había visto en la habitación de Fang y símbolos astrales.

-Henos aquí-Fang abrió los brazos con una sonrisa-. ¡Una hoguera especialmente pensada para nosotros! No os preocupéis por la gente que anda por aquí; son amigos míos, y además ya les he dicho que ni se les ocurra molestaros. Tenéis suerte de que no saben quiénes sois.

Lightning frunció el ceño, pero no dijo nada. Aun así, saltaba a la vista que no se fiaba, y seguía tensa, como si esperara que en cualquier momento alguien se le acercara. Todo lo contrario a Serah, que sonreía alegremente y parecía estar disfrutando del ambiente festivo.

-¡Esto es genial! ¡Gracias, Fang! Oye, aunque no seamos de ninguna tribu, podemos bailar nosotros también, ¿verdad? ¡Siempre me ha gustado vuestra danza!

-Pues claro que puedes, ésta es nuestra hoguera-Fang señaló los estandartes-. ¡Baila todo lo que quieras, chica! ¡Y que no te importe hacer el ridículo!

Serah no dudó en unirse a la danza en torno a la hoguera, seguida por la dragontina. Con un bufido de irritación, Lightning se alejó de la gente y se sentó sobre la arena varios metros más allá, abrazada a sus piernas. Tras dudar un segundo, Hope decidió seguirla.

-Light-murmuró el joven ángel, sentándose a su lado-. ¿Estás bien?

Ella arrugó la nariz.

-Tch. Qué más te dará a ti.

Hope ladeó la cabeza, pero no comentó nada. Percibía la incomodidad de la joven, y por experiencia ya sabía que era mejor preguntarle cuando se sentía más tranquila, o de lo contrario lo más probable era recibir un buen mordisco.

Durante un rato, ambos observaron cómo bailaba la gente alrededor de la hoguera al son de la música de tambores y flautas tribales. Fang se movía con suma agilidad y elegancia, como una pantera, sin duda mucho más experimentada en aquella danza que Serah, que trataba de imitar a la gente que bailaba con más éxito a veces que otras, pero cada vez que tropezaba con la arena se reía alegremente y volvía a unirse a la fiesta. A medida que pasaban los minutos, Hope percibió que la postura de Lightning se relajaba al ver a su hermana pasárselo tan bien, y sus dedos empezaron a tamborilear sobre su rodilla al ritmo de la música. Tal vez porque había pasado un largo rato sin que nadie se acercara a ella, parecía que empezaba a calmarse.

-El festival de la Almenara-comentó Hope, decidiéndose al fin a romper el silencio-. Me pregunto en qué consiste. ¿Tú lo sabes?

-Más o menos-repuso Lightning, ya sin la sequedad de su previa respuesta-. Fang me lo contó en alguna otra ocasión que vinimos aquí. Para las gentes de las Dunas, el fuego es su elemento patrón, en parte por la protección del Gran Faro.

-¿El Gran Faro? ¿Qué es eso?

Como respuesta, Lightning señaló el cielo, un punto situado hacia el oeste. Hope vio entonces, reluciendo con intensidad, un enorme punto rojizo flotando en medio de la noche. Tardó unos momentos en darse cuenta, asombrado, de que no flotaba, sino que estaba en el punto más alto de una gigantesca torre.

-Se cuenta que antes a la catástrofe que destruyó el resto del mundo durante la guerra-prosiguió la joven-, las Dunas de la Purgación estaban hundidas bajo el mar, y el Gran Faro servía para guiar a los barcos en la noche a tierra. Hoy en día, orienta a los viajeros hacia Razia. Así que las gentes del desierto rinden culto al fuego que les guía en la oscuridad y los protege de todo mal. Ya habrás visto que cada hoguera tiene un símbolo y un estandarte diferente: cada una pertenece a una de las tribus nómadas. Son hogueras sagradas, los chamanes de cada tribu aplican una serie de hechizos y rituales a cada una para que les traigan la buena fortuna. De hecho, creo que también las encienden cuando una pareja formaliza su unión, porque simbolizan la felicidad y la armonía.

-Entonces, esta hoguera… -Hope estudió intrigado los estandartes rojos alrededor del fuego-¿es la de la tribu de Fang?

-No. Ése símbolo es el emblema del Alba de Gules. ¿No sabes lo que es?-Lightning esbozó una pequeña media sonrisa ante el gesto de desconcierto del ángel-Aunque, ahora que lo pienso, nunca te he hablado de nosotros en profundidad, ¿verdad? El Alba de Gules es como se conoce a nuestro grupo, los lu’Cie que nos enfrentamos a la Orden. Fang fue la que eligió el nombre, sabes. Salta a la vista, con ese amor que le tiene al fuego, como todos los nativos de las Dunas.

Hope estudió con más interés el emblema de los estandartes. No entendía mucho de símbolos humanos, pero creía entender por qué Fang había elegido aquel nombre para su grupo, en especial después de haber visto la luz del Gran Faro iluminando la noche del desierto. “El Alba de Gules”, pensó el ángel, observando la luna de la que surgía el ave, portando el sol naciente. “De la oscuridad a la luz, hacia el fuego del faro en los cielos.”

-Mira-Lightning le señaló el sol del emblema, que tenía una estrella de siete puntas inscrita en el interior del círculo-. Ése era el antiguo escudo de la Dinastía del Astro Naciente, de ahí que Fang eligiera que fuéramos el “Alba” de Gules. Simboliza nuestra búsqueda del rey Mikhail, el último de los Astro Naciente, al que nos referimos en clave como el Astro Caído. Y como la Orden destruyó el recuerdo de todo lo que pudieron sobre la Dinastía, ya ni ellos mismo se acuerdan del escudo de armas, con lo que es un símbolo casi inidentificable.

Hope desvió la mirada. Cómo no, el rey Mikhail otra vez. No sabía por qué, pero aquel nombre empezaba a provocarle una sensación extraña, como de… no sabía definirlo. Rechazo, tal vez.

-¿Fang quería también traer al rey de vuelta?-preguntó el ángel, en parte para pensar en otra cosa.

-Bueno, no era ése su objetivo principal. Ella empezó luchando contra la Orden cuando apartaron a Vanille de su lado-Lightning sonrió con cierta amargura-. La búsqueda del Corazón de Bhunivelze sólo entró a formar parte de sus planes cuando nos conoció a Serah y a mí. Y la verdad, aunque me tome el pelo, me debe lo de asegurarse que nadie nos moleste mientras estamos en Razia, porque en gran medida fue cosa suya.

-¿Quieres decir que te sientes incómoda cuando vienes aquí por culpa de Fang?-Hope entornó un poco los ojos. Lightning ya conocía el gesto: quería decir que el ángel estaba molesto.

-Culpar a Fang sería un poco cruel. Ella hizo lo que en su momento consideraba correcto-suspiró la joven-. Verás, por aquel entonces, el Alba de Gules apenas contaba con apoyo, y con razón. Nadie quería enfrentarse a la Orden, con todo el poder que tienen. Y entonces llegamos Serah, una lu’Cie con poderes de Oráculo, y yo. Habíamos oído hablar de Fang, de sus ambiciosos planes y de su fiereza, y supusimos que tendríamos que ganarnos el derecho de formar parte de sus filas. Así que llevamos con nosotras el Auspiciador de mi hermana.

-¿Un Auspiciador?-Hope ladeó la cabeza sin comprender.

-Es un artefacto que almacena las visiones de los Oráculos. Por tradición, en tiempos antiguos, cuando la Marca de un lu’Cie Oráculo indicaba que su alma ya era cristal, se le regalaba un Auspiciador para que guardara ahí sus profecías. Hoy en día no son fáciles de encontrar, pero Serah tenía uno… hasta que lo tuvimos que destruir cuando la Orden la secuestró, por si acaso.

-Entiendo… ¿Y os llevasteis el Auspiciador para convencer a Fang de que os dejara formar parte del Alba?-Hope parecía realmente intrigado por la historia.

-Sí. ¿Recuerdas que te hablé de que mi hermana profetizó que yo me uniría al rey Mikhail y que juntos liberaríamos Nova Chrysalia del yugo de la Orden? Eso fue lo que le ofrecimos a Fang: la promesa de que íbamos a traer de vuelta al rey y que acabaríamos con la Orden. Y ella… bueno, ya te he dicho que el Alba de Gules no tenía mucho apoyo por aquel entonces; todo el mundo pensaba que era una locura desafiar a la Orden. Así que usó esa profecía para captar seguidores aquí, en Razia, presentando la visión del Auspiciador ante la Anciana Fares y los ciudadanos, hace ya más de veinte años.

El ángel parpadeó, asombrado. Sin embargo, le llamaba la atención la desgana con la que Lightning relataba aquella historia.

-¿Y funcionó? ¿Convenció a la gente?

-Si no hubiera funcionado, no tendría por qué esconderme cada vez que vengo por aquí-repuso ella con evidente sarcasmo-. Es cierto que benefició inmensamente al grupo, porque se corrió la voz y lu’Cie de otras partes del mundo acudieron a nosotros. Pero también ha provocado unas expectativas demasiado grandes en torno a mí. La gente espera que yo salve el mundo, Hope. Creen que seré yo quien les traiga de vuelta a su legítimo rey y expulse a la Orden del poder, y créeme, no será porque yo no lo desee. Pero… -Lightning dejó escapar un suspiro-no es fácil saber que eres la esperanza de montones de personas, y que hasta ahora no has podido hacer nada digno de mención por ellos. Se me considera una especie de mesías entre los lu’Cie, la que expiará las culpas de nuestra raza y detendrá la purga de nuestra gente. Y por eso no puedo decepcionarlos. No podría faltar a mi deber para con ellos.

Hope la miró, y pese a su habitual expresión marmórea, era fácil adivinar la tristeza en su rostro al oír aquellas palabras. Era el reflejo de la tristeza que el ángel percibía en el aura de Lightning. Tal vez fuese sólo el efecto del fuego, pero le pareció que los ojos de la joven brillaban más de lo normal.

-Ahora ya lo sabes. Ésta es la razón por la cual me llaman “Redentora”. Y ésta es la razón por la que lucho-dijo Lightning en voz baja, casi en un susurro-. Por la que he luchado casi toda mi vida.

-Y dime… ¿Luchas por la profecía?-Hope movió la cabeza y miró al cielo estrellado-¿O por lo que la profecía muestra?

-¿Qué diferencia hay?-ella lo miró como si estuviera loco.

-No es lo mismo… Luchar por tus convicciones, o sólo porque te han prometido algo a cambio. Si luchas por tus ideas, sabes que haces lo correcto y no pierdes la fe. De lo contrario… he aprendido muchas cosas conviviendo con vosotros, los humanos, y una de ellas es que no estáis obligados a cumplir vuestras promesas. ¿Qué pasaría si al sacrificar tanto por la profecía, al final no te concediera lo que muestra?

Hubo un largo silencio. Lightning tardó largo rato en responder, sus ojos clavados en Hope con dureza y cierta incredulidad, pero el ángel le sostuvo la mirada hasta que ella la apartó de mal humor:

-No me vengas con tonterías, Hope. ¿Acaso Serah te ha estado contando historias para no dormir?

-¿Serah?-él frunció apenas el ceño-No, claro que no. ¿Por qué iba a…?

En ese momento, Serah se acercó a ellos. Estaba cubierta de arena de la cabeza a los pies por sus numerosas caídas, pero una sonrisa radiante iluminaba su rostro aún más que la luz de la hoguera.

-¿Qué andáis diciendo de mí, aquí tan alejados de los demás?-la pequeña de las hermanas Farron puso los brazos en jarras, fingiendo enfadarse-Lightning, por más que le hables mal a Hope de mí, él sabe que soy una buena persona y que si no fuera por mí estarías pudriéndote encerrada en la habitación de Fang.

-Tengo mejores cosas que hacer que ponerme a hablar mal de ti-replicó Lightning arqueando las cejas, aunque sonrió-. ¿Ya has conseguido aprenderte los pasos de baile?

-Más o menos-Serah se encogió de hombros-. Fang me ha estado enseñando. Aunque dice que la gente luego baila como le da la gana. ¡Pero es muy divertido! Lightning, tú sabes hacerlo, Fang me lo ha contado. ¿Por qué no te vienes a bailar?

Lightning palideció y se sonrojó a partes iguales, algo que despertó la curiosidad de Hope. “Creía que eso era biológicamente imposible.”

-Ni en sueños, Serah. Y dile a Fang que la próxima vez le cortaré la lengua.

-¡Oh, vamos! ¡Deja de hacerte la dura por una vez!-su hermana pequeña le cogió de la mano y con una fuerza sorprendente para alguien como ella tiró de la joven poniéndola en pie-¡Aquí nadie te va a molestar! ¡Tienes que divertirte un poco, y tú al menos sabes!

-¡Sólo bailé una vez! ¡Ni siquiera me acuerdo de cómo se hace!-protestó Lightning, mientras Serah la arrastraba tras de sí sin contemplaciones hacia la hoguera-Serah, por favor, ¡voy a hacer el ridículo!

-Bla, bla, bla, lo que tú digas. ¡Venga, deja de lloriquear! ¡Eh, Fang, ayúdame a refrescarle la memoria a mi hermana!

Hope sacudió la cabeza, divertido, observando desde aquella distancia cómo Serah y Fang, entre risas, trataban de hacer bailar a la azorada Lightning. Era curioso ver cómo aquella poderosa guerrera podía parecer tan… tímida. La había visto enfrentarse a monstruos y soldados armados sin vacilar un solo segundo, pero sin embargo, la perspectiva de bailar junto a la gente era capaz de convertirla en un auténtico manojo de nervios.

Sin embargo, al final Serah y Fang consiguieron convencerla, y Lightning se unió a la danza a regañadientes. El ángel estudiaba intrigado cómo las tres mujeres bailaban al ritmo que marcaban los tambores tribales, trazando elegantes figuras al cruzar brazos y girar entre ellas, moviendo los pies ágilmente sobre la arena. Era hermoso, pensaba Hope. Había visto a Lightning moverse de manera muy similar cuando luchaba, pero aquello era muy distinto. Obviamente, no estaba segando vidas, ni tratando de defender a quienes quería. Quizá por eso, podía pararse a apreciar de otra forma aquella danza, simplemente por su gracia y belleza… y porque a medida que pasaban los minutos, Lightning empezó a sonreír, al igual que hacían Serah y Fang. “Se siente feliz cuando baila”, pensaba Hope, sin darse cuenta de que no había apartado los ojos de ella, igual que la primera vez que la vio desde el Arca. “Se siente feliz cuando no ha de moverse así para luchar.”

Tan concentrado estaba que le pilló completamente por sorpresa cuando Serah, que llevaba a Lightning de la mano, se acercó a él:

-Oye, Hope, ¿es que no quieres venir con nosotros? ¡Vamos, anímate! ¡Incluso Lightning ha accedido a bailar y todo!

-Sólo porque no ibais a dejarme en paz hasta que lo hiciera.-replicó su hermana, aunque sonreía.

El ángel parpadeó, desconcertado por el ofrecimiento y también porque le habían hecho volver a la realidad de una forma un tanto brusca.

-Lo haría muy mal, yo no sé bailar-respondió sacudiendo la cabeza-. Además, podría hacerme daño en la espalda.

Era un argumento de peso, y Serah se cruzó de brazos, pensativa, mirando a Hope con cierta lástima. Resultaba obvio que le daba pena que por culpa de sus heridas tuviera que quedarse apartado del grupo.

-Bueno, no pasa nada. No tienes por qué bailar como nosotras, si vas más despacio no tienes por qué lastimarte-entonces, Serah tiró de él para ponerlo en pie y se volvió hacia Lightning-. ¡Venga, Lightning, enséñale los pasos básicos!

-¿Yo?-su hermana mayor abrió los ojos como platos.

-¡Pues claro!, ¿quién si no? Tú le has estado enseñando desde que descendió, ¿no? Pues esto también recae sobre ti-dijo Serah, y le dio una palmadita en el hombro antes de volverse hacia la hoguera-. ¡Y ni se te ocurra dejar en la estacada al pobre Hope!

Sin dejar que Lightning pudiera protestar siquiera, Serah se alejó de ellos, reuniéndose con Fang y uniéndose a la danza una vez más. La joven, allí plantada, dejó escapar un bufido.

-Será posible… ¡Pero si ella está tan implicada como yo haya podido estar! ¿Y tiene la cara dura de cargarme el muerto a mí?

Hope ladeó la cabeza, casi con timidez.

-Light… -murmuró, dubitativo-No tienes por qué hacerlo. Yo estoy bien, no me importa quedarme aquí, de verdad.

-Ya, lo sé, pero mi hermana me matará si se me ocurre “dejarte en la estacada”-suspiró ella llevándose una mano a la frente-. Ven, anda. Ya se nos ocurrirá algo.

Ambos se acercaron a la hoguera, que lanzaba brillantes chispas al aire mientras la gente bailaba en torno a los estandartes del Alba de Gules. Lightning guió a Hope hasta una parte algo más apartada, para que tuvieran algo de espacio mientras ella le enseñaba los pasos básicos.

-Es un poco distinto cuando bailan más de dos o baila sólo uno-le explicaba ella-. Los movimientos se adecúan según las circunstancias. Lo primero que tienes que hacer es aprenderte el ritmo y cómo mover los pies. Lo hago yo primero y tú me sigues, ¿vale?

Hope asintió. Al principio le costaba mucho repetir los ágiles pasos de Lightning, sobre todo cuando ella empezó a enseñarle a desplazarse al tiempo que mantenía el ritmo, y más de una vez acabó en el suelo al resbalar con la arena. Pero poco a poco fue cogiéndole el truco, y después de un rato fue capaz de coordinar sus movimientos con los de ella. Fue entonces cuando Lightning consideró que estaba listo para aprender los pasos como tal.

-Cuando yo giro, tú tienes que girar hacia el lado inverso. Tienes que predecir un poco mis movimientos, y entonces tú te mueves según me haya movido yo-le dijo la joven mientras le enseñaba cómo se enlazaban las manos de uno y otro en los diferentes giros-. En teoría tiene que ser rápido, pero como tienes las heridas de la espalda tendremos que ajustar los tiempos. Vamos, inténtalo. Si yo me muevo a la izquierda, tú a la derecha…

Así, intento tras intento, Hope iba adecuando sus tentativos pasos a los que realizaba Lightning. Al principio tardaba un poco, pues tenía que ver lo que hacía ella primero y actuar en consecuencia. Pero, con cada intento, el ángel aprendía a identificar el lenguaje corporal de Lightning previo a cada paso, a cada giro, y no tardó mucho, para sorpresa de la joven, en anticiparse incluso a sus acciones.

-No se te da nada mal.-observó Lightning con una sonrisa cuando ambos ejecutaron una secuencia casi perfecta, a excepción de un paso erróneo porque Hope había tropezado con una piedra. Él se encogió levemente de hombros.

-Tampoco es que tenga mucho mérito. Recuerda que puedo deducir lo que piensas por la energía que desprendes, e identificar qué clase de energía emites en cada acción no es muy difícil.

-Ah, conque jugando con ventaja, ¿eh?-ella enarcó las cejas-Ya que vas tan de sobrado, ¿qué tal si probamos algo más difícil, a ver si puedes seguirme el ritmo?

Hope no respondió, pero aceptó el reto con una chispa de diversión en sus ojos. Esa vez, Lightning aceleró sus pasos, no tanto como era capaz para no obligar al ángel a hacerse daño, pero sí eran mucho más rápidos y complejos que antes. Le costó un poco al principio, ya que no estaba acostumbrado a aquella velocidad, pero no tardó en adecuarse al ritmo de ella, anticipándose así a todos sus movimientos, coordinándose a la perfección con la danza de la joven.

De no ser por lo concentrados que estaban ambos en los pasos del otro, se habrían percatado de la impecable compenetración que presentaba su baile. Indudablemente era mucho más lento que el de los demás, sí, pero no había fallo alguno en su coordinación: Lightning y Hope giraban al mismo tiempo, sus manos se unían al unísono, sus pies golpeaban la arena en idéntica cadencia. La luz del fuego recortaba las siluetas de ambos, moviéndose en perfecta armonía, como si supieran en todo momento lo que su compañero haría a continuación. Como un perfecto reflejo en movimiento, un espejo contra las llamas.

Completamente ajenos al resto de las personas que bailaban en torno a la hoguera –y eso que más de uno se había quedado mirándoles–, Lightning y Hope prosiguieron su danza durante un largo rato. Ella sonreía ampliamente, estaba pletórica de energía y positividad, y aquello fortalecía todavía más la fuerza vital del ángel. Parecía que brillaran por sí mismos, como el Gran Faro en la oscuridad de la noche, pese a la luz de las hogueras. Si alguien hubiera podido deducir que Hope era un ángel, tendría que haber sido entonces. No le habría hecho falta tener alas; casi se podía sentir la extraordinaria energía de su fuerza vital que emanaba su cuerpo, como una hoguera en sí mismo.

Finalmente, agotados, ambos se detuvieron, respirando entrecortadamente tras el esfuerzo. Lightning tuvo que apoyarse en el brazo de Hope, y en aquel momento, cuando el ángel bajó la vista hacia ella, las miradas de ambos se cruzaron.

La joven no sabría definir lo que vio en los ojos de Hope. Quizá fuera tan sólo el reflejo de la hoguera en ellos, pero habría jurado que relucían con la intensidad del fuego. Era algo que jamás había visto en los ojos verdes y habitualmente melancólicos del ángel. La asustaba y la atraía al mismo tiempo, como si se tratara del corazón del mismo sol. Una mirada que no podía ser humana, pero a la vez cargada de humanidad.

Hasta el descenso de Hope, Lightning sólo sabía acerca de los ángeles lo que viejas historias y leyendas contaban. Seres mágicos, sobrenaturales, carentes de emoción y con mucho más poder del que un lu’Cie podría llegar a soñar. A raíz de su convivencia con el ángel, había pensado que sabía cómo y lo que era él realmente, sobre todo después de haberle visto cambiar a lo largo de casi tres meses.

Nunca se habría imaginado que vería algo así en sus ojos. En ese instante, Lightning fue plenamente consciente de que Hope era un ángel. Una criatura con una fuerza vital que ardía con la intensidad de mil hogueras.

-¿Estás bien?-le preguntó entonces él por segunda vez aquella noche, rompiendo aquella silenciosa conexión entre ambos de tal forma que la joven dejó escapar un pequeño grito ahogado-¿Light?

-Sí… Sí, estoy bien-respondió ella parpadeando en un intento de volver a la realidad-. No te preocupes. ¿Y tú? ¿Te duele la espalda?

-No-y como para demostrarlo, el joven ángel se estiró como un gato, todavía con aquel brillo en los ojos-. De hecho, me siento mejor que nunca. Me alegro de haber bailado contigo, Light. Ha sido muy divertido.

Ella no supo qué decir. Todavía no se le quitaba de la cabeza la mirada de Hope, la mirada del ángel, después de aquella danza en la que, ahora se daba cuenta, se había sentido… completa.

-¡Eh, encanto!-una vez más, Fang se las arregló para sacarlos a ambos de sus pensamientos; la dragontina palmeó la espalda de Lightning con una sonrisa socarrona-Parece que has encontrado un ángel bailarín, ¿eh? ¡Creo que no te he visto moverte con tanta sincronía en todo el tiempo que te conozco! A ver si aplicamos lo mismo en los entrenamientos, si es necesario me traigo al ángel para que practiques con él.

Serah, a su lado, no comentó nada mientras Fang le tomaba el pelo a su hermana, pero no dejaba de sonreír ampliamente, como si las cosas hubieran salido tal y como ella esperaba. Pero ¿qué se suponía que esperaba Serah? Lightning estaba demasiado aturdida como para preguntárselo. Y por lo que parecía, también Hope tenía la mente perdida en sus propios pensamientos.

De pronto, la joven había perdido las ganas de seguir bailando. Y también, por primera vez, su convicción ciega en la profecía.

Ambas se habían convertido en cenizas al viento, consumidas por el fuego en los ojos del ángel.