-Así que, ¿hoy también te toca reunión
con Fang y Noel?-le preguntó Serah a Lightning mientras ambas comían en la mesa
del comedor. Su hermana asintió, removiendo pensativa el humeante contenido del
plato que tenía frente a ella.
-Un día sí y otro también. Entiendo la
preocupación de Fang y la comparto, pero creo que se está pasando un poco. Si
al menos pudiéramos salir a hacer guardias… Pero nos limitamos a pasarnos el
rato debatiendo sobre estrategias sin ningún sentido.
-Lightning, ten en cuenta que la Orden
todavía está sobre alerta. Han perdido dos escuadrones y saben que hay lu’Cie a
la fuga-hizo notar Serah-. Fang sólo quiere protegernos hasta que podamos
volver a pasar a la acción.
-Ya lo sé. Sólo digo que preferiría
tener algo de acción en vez de tener que estar perdiendo el tiempo-suspiró
Lightning, resignada-. Y más ahora que sabemos cuál es nuestro próximo destino.
Serah movió la cabeza, pero esbozó una
media sonrisa.
-Bueno, no te preocupes. Gracias a ti,
las cosas parece que van a mejor. Seguro que muy pronto podréis volver a
poneros en marcha.
Lightning frunció el ceño ante el
comentario de su hermana pequeña, pero no dijo nada. “Es cierto que las cosas han mejorado en estos últimos días, pero de
ahí a estar en condiciones óptimas… si es que alguna vez las aguas regresan a
su cauce.”
-Ojalá pudiera acompañaros-siguió
diciendo Serah ante el silencio de Lightning-, pero ya que no me dejáis,
estaría bien que me contaras qué es lo que estáis planeando.
-Aún no estás como para venir a las
Marcas Salvajes. Lo de las Dunas fue un accidente-refunfuñó ella-, y podría
haberte costado caro. Tu Marca está sanando muy bien como para que reactives el
proceso después de cinco años de esfuerzos.
Serah exhaló un suspiro exagerado:
-Que sí, ya me lo has dicho millones
de veces. Y lo sé de sobra, a buenas horas si no iba a quedarme aquí mientras
vosotros os jugáis la vida. Pero con un poco de suerte, mi Marca se dormirá
pronto y entonces podré volver a ponerme al día, siempre y cuando no hayáis
derrotado a la Orden para entonces.
-Más quisiera yo-Lightning dejó
escapar una breve risa entre dientes-. Pero al ritmo que vamos, lo dudo. Fang
no deja de hablar de formas de asaltar la Catedral cuando ni siquiera hemos
puesto un pie en las Marcas, y casi todas las ideas que se le ocurren terminan
derivando a echar la puerta principal abajo. Empiezo a pensar que está
demasiado aburrida, o frustrada, o las dos cosas.
-Fang siempre ha tenido mucha menos
paciencia que tú-sonrió Serah-, y eso es mucho decir. Seguro que se llevó una
alegría cuando le contaste las mejorías.
La joven se encogió de hombros.
-A su manera. Desde que se lo dije,
habla más de las Marcas y menos de la Catedral, lo cual es un alivio. Noel
llegó a decir que estaba pensando en bombardear la Catedral él solo aunque sólo
fuera para que Fang dejara de darnos la lata.
-No iba a tener que aguantar muchos
sermones más si su plan terminara matando a Vanille.
-Sí, bueno. Dijo que prefería que Fang
lo ensartara que oír día tras día cómo atacar la Catedral y terminar llegando
al mismo sitio una y otra vez.
Serah se echó a reír, pero no añadió
nada más. Durante un largo rato, las hermanas Farron comieron en silencio, cada
una sumida en sus pensamientos. “Llevamos
más de un mes sin movilizarnos”, pensaba Lightning, “y eso me habría sacado de quicio no hace tanto tiempo… No puedo decir
que no me frustre, pero debo reconocer que ésa no es nuestra prioridad.”
Cuando finalmente terminó su plato, se
levantó sin demasiadas ganas y lo dejó en el fregadero. Su hermana la miró con
cierta diversión, sin lugar a dudas consciente de su resignación.
-Cómo se nota cuánto te apetece ir a
escuchar los sermones de Fang.
-No me digas.-ironizó Lightning, a lo
que la divertida sonrisa de Serah se acentuó.
-Podrías decirle que estás enferma y
que no puedes ir, si tan desagradable te resulta.
Lightning la miró como si hubiera
perdido la cabeza:
-Si se me ocurre decir eso, Fang
vendría directamente a casa a llevarme a rastras. Además, no creo que se
tragara que estoy enferma, los lu’Cie no es que enfermemos muy a menudo.
-Tú misma-Serah suspiró fingiendo
exasperación; entonces, cuando Lightning ya hacía ademán de marcharse, la
detuvo con un gesto-. Ah, espera, ¿podrías subirle el plato que le he dejado en
la nevera a Hope antes de irte?
-¿No se lo ha comido?-Lightning
frunció el ceño; si eso era así, era lo que faltaba.
-Dijo que se lo guardara para después,
pero empieza a hacerse tarde para comer. Quizá se haya dormido-dijo Serah en
tono tranquilizador al percibir la preocupación de su hermana-. Llévaselo, y de
paso mira a ver cómo está.
Lightning movió la cabeza, algo más
tranquila, y asintió. A pesar de que las cosas empezaban a ir mejor, no podían
permitirse el lujo de no prestarle constante atención a Hope, y al mismo tiempo
tampoco debían agobiarle. Era un equilibrio muy complicado de mantener, tan
delicado como el estado anímico del ángel. “A
veces es como si el mínimo gesto pudiera romperlo”, pensó la joven sacando
de la nevera el plato de sopa con trozos de carne que Serah había cocinado
especialmente para él, y mientras subía las escaleras a su habitación lo
calentó con una variante del hechizo Piro. “Y
el hecho de que intuya lo que pensamos hace las cosas todavía más difíciles.
Empiezo a entender por qué leer la mente es más una maldición que un don.”
Vaciló un momento antes de llamar a la
puerta. Todavía recordaba demasiado bien, hacía escasas tres semanas, cómo
reaccionaba Hope cuando alguien entraba en la habitación. Aunque ya no fuera
así, Lightning no podía evitar ponerse nerviosa. La estabilidad del ángel
pendía de un hilo. Un hilo muy frágil. “Pero
es mejor que nada.”
-¿Hope?-llamó Lightning tras tocar la
puerta con los nudillos suavemente. No hubo respuesta, por lo que quizá Serah
tenía razón y se había dormido. Sin más remedio, abrió la puerta y se asomó al
interior, esperando verle tendido en la cama. Sin embargo, comprobó que, en
realidad, el ángel estaba sentado en el pequeño sofá al lado de la ventana, con
expresión profundamente ausente y melancólica dentro de lo que su marmóreo
rostro solía reflejar. Pese a que no era el cambio más óptimo, por lo menos ya
no era una mueca constante de horror… y para Lightning, era motivo de alivio,
aunque fuera a costa de aquella apatía.
Suspiró, preocupada a pesar de todo, y
se acercó a él con el plato de sopa en las manos, procurando no hacer ruido
para sobresaltarlo. A veces parecía que tuviera que caminar entre un campo de
minas… lo cual, en realidad, no era tan descabellado. Un paso en falso, y Hope
podría volver a estallar de la forma tan explosiva en la que lo había hecho
hacía más de un mes.
Sin embargo, el ángel no se percató de
su presencia. No era la primera vez, y era lo que, en los últimos días, más
preocupaba a Lightning. Si se concentraba, Hope podía detectar las auras de las
personas en un radio de más de doscientos metros, y desde luego no le costaba
nada darse cuenta de si alguien se le estaba acercando. O bien los
acontecimientos recientes habían afectado a sus poderes, o se había encerrado
en sí mismo tanto que las auras de las personas rebotaban sobre su coraza.
-Hope… -dijo Lightning en voz baja,
tocando apenas su hombro. Él volvió la cabeza rápidamente, algo que demostraba
que, a pesar de las apariencias, no estaba tan ausente como creía; aun así, su
mirada seguía extrañamente lánguida y apagada cuando clavó sus ojos en ella.
-Hola, Light.-se limitó a murmurar,
parpadeando lentamente. Lightning contuvo un suspiro aliviado: a pesar de su
apatía, su respuesta había sido tan afable como… bueno, no como siempre, más
bien como desde hacía una semana. Pero no parecía que hubiera empeorado, en
absoluto.
Si bien tampoco podía asegurar que
hubiese mejorado, claro.
-Te he traído la comida-le dijo
Lightning mostrándole el plato de sopa-. Serah me ha dicho que le dijiste que
comerías luego, y me ha pedido que te lo subiera.
Hope bajó la vista lentamente hacia el
plato, como si necesitara hacer un gran esfuerzo de concentración para
comprender lo que Lightning le estaba diciendo.
-Ah… Me había olvidado-respondió, y
volvió a desviar la mirada hacia la ventana-. Gracias… Puedes dejarlo ahí, en
la mesa.
Su respuesta no era muy entusiasta, y
a Lightning le preocupaba que Hope volviera a olvidarse de comer. No era la
primera vez que le había pasado, y lo único que le faltaba era dejar de comer.
Ya se había pasado unas cuantas semanas sin apenas alimentarse los días en los
que Lightning y Serah habían tenido que mantenerlo sedado mediante el hechizo
Morfeo, y le habían pasado seria factura. La joven se había preguntado no pocas
veces si su falta de energía no sería un efecto secundario de aquel período de
inanición. No obstante, tampoco podía ponerse a discutir con él; sabía lo que
estaba en juego, y la brusquedad ya no era una opción.
Dejó el plato sobre la pequeña mesa al
lado del sofá, tal y como Hope le había pedido, y se dispuso a marcharse, pero
volvió la vista hacia el joven ángel y no pudo evitar dar media vuelta. Verlo
tan apático, tan apagado, después de haber sido testigo de cómo su fuerza vital
se hacía más y más fuerte hasta aquel terrible estallido en las Dunas de la
Purgación le producía una dolorosa punzada en el corazón… y lo triste era que
aquel estado era mil veces más deseable que en el que se había hallado hasta
unas tres semanas antes.
-Oye, Hope… -Lightning se agachó al
lado del sofá y posó, no sin cierta vacilación, la mano sobre su muñeca,
cubierta por aquella tela amarilla que le había regalado para, en principio,
cubrir la herida ya cicatrizada que le había provocado aquella asesina de la
Orden; él se tensó ligeramente al sentir el contacto, pero no apartó su mano-¿Estás
bien?
El ángel tardó largos segundos en
responder.
-No puedo decir que estoy bien-dijo
entonces, con su voz teñida de cansancio-. No estoy peor, que no es poco.
-Ya lo sé, pero… -Lightning se mordió
el labio inferior, sin saber muy bien cómo expresar lo que quería decir. “La otra vez me salió por instinto… Ni
siquiera sé si sería capaz de volver a hacerlo”, pensó, frustrada-Si hay
algo que te atormenta… ya sabes, no tienes por qué guardártelo. Puedes
compartirlo.
Aquello hizo que Hope apartara por fin
la mirada de la ventana y la mirara. Por un momento, Lightning temió haber
cometido un error, pero el ángel no parecía haber perdido el control sobre sí
mismo. Sus ojos tenían un débil brillo entristecido, casi culpable, pero
sereno.
-Te agradezco la oferta, Light-repuso
Hope, y sacudió la cabeza-, pero ya hiciste demasiado por mí el otro día. Sé
que lo pasaste mal varios días por ello.
No le faltaba razón, tuvo que
reconocer Lightning. Pero tampoco se arrepentía. Había sido necesario, y
volvería a hacerlo si fuera menester. No en vano había conseguido comprender…
-¿Lo percibiste?-al menos eso era una
buena noticia, pues significaba que Hope no estaba tan ajeno a lo que sucedía a
su alrededor como creía-Bueno, vale, es cierto, pero… si necesitas ayuda, unos
días malos no son tan terribles.
La expresión del ángel se suavizó
apenas, pero Lightning se dio cuenta antes de que su rostro volviera a su
habitual inexpresividad. Sin embargo, la calidez del brillo de sus ojos no
desapareció.
-He tenido peores momentos-respondió
parpadeando con lentitud-. Además…
Ella aguardó a que terminara la frase,
pero Hope no continuó.
-Además, ¿qué?-insistió ante su
silencio, pero él frunció el ceño y negó con la cabeza.
-No importa. No te preocupes, Light.
Tú me ayudaste el otro día… pero ahora debo seguir el camino por mí mismo, sin
arrastrar a nadie más conmigo.
Lightning quiso seguir preguntándole,
pero Hope ya había vuelto a apartar la mirada hacia la ventana, señal de que no
tenía ganas de seguir hablando. Aun así, creía intuir a qué se refería, y eso
quería decir que había estado dándole vueltas todo aquel tiempo a lo ocurrido
días atrás. “¿Será por eso por lo que
apenas habla y reacciona? ¿Tan absorto está cavilando acerca de lo que pasó?”
De todas formas, no tenía tiempo para
continuar con la conversación. Cuando alzó la vista hacia el reloj de pared, se
dio cuenta de que llegaba tarde a la reunión con Fang y Noel, y sabía bien lo
poco que le gustaba la falta de puntualidad a la líder del Alba de Gules.
-Está bien… -asintió, y retiró la mano
de la muñeca de Hope antes de levantarse, no sin antes posarla brevemente sobre
su hombro-Pero recuerda que, en caso de que realmente lo necesites, puedes
contar conmigo. ¿Vale?
La única respuesta de Hope fue
entornar apenas los ojos, pero Lightning sabía bien que con aquel gesto, el
ángel se daba por enterado. Sin añadir nada más, la joven abandonó la
habitación, procurando hacer el menor ruido posible, como si no quisiera
perturbar su reflexivo silencio.
Se despidió de Serah, y mientras salía
de casa y se dirigía hacia la taberna de Noel, Lightning no pudo evitar pensar
en cuánto había cambiado todo desde aquel día, hacía apenas tres semanas. No
sólo porque las cosas habían ido a mejor, si bien por un camino que era muy
distinto al que habían recorrido antes de los eventos sucedidos en las Dunas…
También porque ella había conseguido comprender.
* * *
Los días posteriores al regreso desde
las Dunas de la Purgación no habían sido nada fáciles para las hermanas Farron.
No sólo porque tenían que estar en constante alerta en caso de que la Orden las
identificara como las lu’Cie fugitivas de Yusnaan, sino porque ahora tenían que
atender a un Hope en profundo estado de shock
prácticamente las veinticuatro horas del día. Y eso, tal y como averiguó Lightning
poco después de volver a su casa en la capital, era mucho más difícil que
mantener a la Orden a raya.
No porque fuera especialmente
peligroso, sino porque era descorazonador ver a Hope, aquel ángel sereno e
inocente, consumido por aquel horror que se había apoderado de él.
El hechizo Morfeo que la joven le
había lanzado para poder llevarlo de las Dunas a Luxerion duró un par de días,
tal y como había calculado. Eso le permitió a ella y a Serah reforzar las
defensas mágicas de la casa y acomodarle algo mejor sin tener la preocupación
por su estado constantemente en su cabeza. Sin embargo, en cuanto el hechizo
perdió su efecto, las hermanas Farron habían tenido que recurrir a la sedación
casi a diario, a su pesar.
No podía decirse que Hope actuara
violentamente, ni mucho menos. De haberlo dejado completamente solo, se habría
consumido casi silenciosamente, exceptuando sus períodos de tiempo en los que
repetía sin parar “qué he hecho” entre atormentados murmullos. Y se habría
consumido literalmente, porque había perdido el apetito por completo y era
incapaz de conciliar el sueño, por muy agotado que estuviera y las horas que
llevara despierto. Y como era de esperar, en cuanto Lightning o Serah aparecían
en la puerta, el ángel no perdía un segundo en bloquearles el paso con aquel
hechizo Coraza tan potente.
Al final, las hermanas tomaron la
decisión de mantenerlo sedado bajo los efectos del hechizo Morfeo, tanto para
que descansara lo que su estado no le permitía como para al menos darle de
beber y mantenerlo mediante suplementos vitamínicos y transfusiones de energía,
dado que no podían hacerle comer. Y sí, eso servía para que no se dejara morir,
pero inevitablemente, Hope, que ya de por sí era muy delgado, fue perdiendo más
y más peso, hasta el punto en el que ya no parecía etéreo sino directamente
espectral.
Las únicas veces en las que Lightning
se había podido acercar a Hope desde el aciago momento en el que el ángel las
había salvado a ella y a Fang segando las vidas de aquellos secutores en medio
de aquel estallido de rabia había sido cuando estaba profundamente dormido por
el hechizo Morfeo. Y se estaba dando cuenta de lo mucho que le afectaba verlo
en semejante estado. “Lo acusaba de ser
una cáscara vacía”, pensó una noche en la que había subido para darle de
beber, casi dos semanas después de su vuelta; para entonces, Hope ya había
adelgazado alarmantemente y sus oscuras ojeras resaltaban la palidez de su
piel. “Si lo llego a saber… Ahora es
cuando realmente lo parece, y ojalá no tuviera que haberlo visto nunca así.”
Y pese a que Serah le insistía una y
otra vez que no había sido culpa suya, Lightning no podía evitar sentirse
responsable. Hope había hecho algo totalmente en contra de su naturaleza al
verla en peligro, y con ello, se había asestado un golpe brutal contra sí
mismo. De no ser por él, muy probablemente ahora tanto ellos como Fang estarían
muertos, y el Alba de Gules habría sido condenada al fracaso. Y todo por salvar
su vida, la vida de una persona que hasta la fecha no le había mostrado lo más
mínimo de gratitud.
“Lo traté como un objeto”, se dijo Lightning, apretando los dientes,
rabiosa consigo misma al ver al joven ángel tan frágil, tan demacrado, tendido
en la cama, casi peor que cuando lo rescataron en medio de aquella tormenta
frente a su casa con las alas arrancadas. “Le
hice creer que el mundo lo odiaba, desprecié todos y cada uno de sus actos, lo
juzgué sin siquiera dejarle hablar por sí mismo. No he hecho más que exigir de
él, y pese a que nunca le he dado las gracias por nada de corazón, no sólo jamás
se ha quejado, sino que nunca ha dejado de apoyarme, incluso en un propósito
que todos consideran una utopía. Y no he sabido verlo hasta que me ha salvado
la vida a costa de su propia cordura.”
No podía evitar sentir rechazo hacia
el ángel y su vínculo con Bhunivelze. Pero había aprendido a leer más allá del
rostro de mármol de Hope, de sus limitaciones, y había conseguido descifrar
emociones a través de su inexpresividad. Tiempo atrás, se había querido
convencer de que eran imaginaciones suyas, que Hope no era más que un siervo
sin voluntad del Altísimo. Pero a medida que pasaba más tiempo con él, se hacía
evidente que eso no tenía nada que ver con la realidad. Por mucho que ella
hubiera querido convencerse de lo contrario.
Y por ese motivo, nunca había
agradecido a Hope todo lo que había hecho por ella. El ángel no había hecho más
que dar sin recibir nada a cambio.
“Serah insiste en que sólo yo puedo ayudarte a
salir de ésta…”, pensó Lightning,
con un nudo en la garganta, rozando sin darse cuenta la tela amarilla de la
muñequera que le había dado hacía no tanto tiempo como parecía, a raíz de otra
ocasión en la que Hope ya había arriesgado su vida para protegerla. “Pero en realidad, lo único que he hecho ha
sido meterte en ella. ¿Cómo puedo ayudarte, si ni siquiera he sabido cuidar de
ti? ¿Cómo?”
* * *
Un par de horas después de que
Lightning se hubiera marchado a su reunión con Fang y Noel en El Reposo del Visionario, Serah subió
las escaleras al piso superior una vez hubo acabado de fregar los platos y
limpiar la cocina. Acababa de acordarse de que le faltaba un plato, el que
había subido su hermana a Hope con aquella sopa especial que llevaba unos días
preparando para él; su estado le había dejado el estómago delicado, y si bien
el hecho de que el ángel fuera incapaz de expulsar de su cuerpo aquello que le
sentaba mal en algunas cosas era una ventaja, no impedía que se encontrara
mucho peor hasta que su metabolismo eliminara las toxinas en su organismo. Así
que Serah había decidido cocinar comidas que no fueran muy difíciles de
asimilar hasta que se encontrara mejor, y la sopa era la que mejor funcionaba,
en parte porque a Hope le resultaba menos engorroso tener que tomarla.
Serah suspiró, sacudiendo la cabeza,
al tiempo que se dirigía hacia la puerta de la habitación de su hermana, que
desde que habían acogido a Hope se había convertido en el suyo. Aunque no fuera
tan responsable de él como lo era Lightning, se había acostumbrado a la
presencia del ángel en la casa, y era innegable que había terminado cogiéndole
cariño. Le resultaba muy duro verlo en el estado en el que se encontraba,
quería poder ayudarle a superar aquel golpe. Y por más que Lightning se
esforzara en negarlo, ella también se había encariñado del ángel, y Serah sabía
de buena tinta que la frustraba enormemente no poder hacer más para ayudarle.
También sospechaba que para su
hermana, ayudar a Hope ya no era sólo en pos de cumplir cuanto antes su misión
de dar con el Corazón de Bhunivelze.
La simple idea le hizo esbozar una
pequeña sonrisa. Ya que Lightning se negaba a admitir lo que llevaba tiempo
tratando de hacerle comprender, quizá terminara por darse cuenta por ella
misma. Pero tampoco quería hacerse ilusiones: era muy consciente de lo
intransigente que podía llegar a ser su hermana mayor.
Y al fin y al cabo, aquella misión
había sido lo que la había hecho seguir adelante durante casi dos siglos… No
renunciaría tan fácilmente a lo que llevaba tanto tiempo ansiando.
Frunció el ceño, tratando de apartar
aquellos pensamientos de su mente, y giró el pomo de la puerta de la habitación
procurando no hacer mucho ruido al abrirla para no molestar a Hope en caso de
que estuviera dormido. Cuando se asomó al interior, vio que el joven ángel
estaba tumbado boca arriba en la cama, pero Serah sabía que no estaba dormido,
no cuando tenía una pierna cruzada sobre la otra.
-Hola, Hope-lo saludó con una dulce
sonrisa-. Perdona si te he asustado.
-No pasa nada-respondió él sin
inmutarse; ni siquiera se molestó en abrir los ojos-. Sabía que eras tú antes
de que abrieras la puerta. Además, Light siempre dice que nunca llamas antes de
entrar.
Ella acentuó su sonrisa. No podía
decirse que Hope fuera muy proclive al sarcasmo, pero desde hacía unos días –es
decir, desde que había empezado a mejorar– había notado que sus respuestas eran
mucho más secas y directas que antes. Era un cambio notable viniendo del
cauteloso y tímido ángel que siempre medía sus palabras para evitar hacer daño
a quienes lo rodeaban, pero Serah lo consideraba una mejoría. Aunque fuera a
costa de su pura, genuina inocencia.
-Ah, veo que esta vez no te has dejado
nada en el plato-Serah asintió satisfecha al comprobar que Hope se había tomado
toda la sopa; en otras ocasiones, se había dejado casi la mitad, pero era
consciente de que no podían obligar a su frágil estómago a más de lo que
podía-. Así me gusta. Espero que no te estés aburriendo de todas estas comidas
tan frugales…
-No. De hecho, te las agradezco. No
soy tan delicado como los humanos con la comida, no me importa si saben mejor
unas que otras. Y prefiero una comida insulsa a pasarme horas encontrándome
peor.
Serah sonrió, aunque Hope no se diera
cuenta dado que no había abierto los ojos. A decir verdad, su aspecto había
mejorado mucho en los últimos días. Por lo menos ya no parecía estar más muerto
que vivo, tanto física como anímicamente. Dijera lo que dijera Lightning, había
conseguido sacar a Hope del pozo de su horror, y con ello, el ángel estaba
mucho más receptivo a la energía positiva de las hermanas Farron. A veces, de hecho,
parecía que Hope se alimentaba mucho más de aquella energía que de cualquier
comida.
Cogió el plato vacío y se encaminó
hacia la puerta sin decir nada, con la intención de dejar a Hope tranquilo,
pues bastante le costaba encontrar momentos de paz como para que alguien fuera
a arruinarlos. Sin embargo, cuando estaba a mitad de camino, la interrumpió la
voz del ángel:
-Serah…
Ella se volvió, y descubrió que Hope
había abierto los ojos al fin. Su expresión, como siempre, era indescifrable,
pero su mirada tenía un brillo extraño que no supo identificar.
-¿Qué pasa, Hope?-le preguntó,
preocupada.
Él no respondió enseguida. Frunció
apenas el ceño, como si no supiera exactamente qué decir, antes de proseguir,
probablemente una vez hubo ordenado sus ideas. Lo cual era inusual, pensó
Serah, porque por norma general Hope no solía vacilar.
-Tú fuiste quien hizo la profecía
sobre Light y el rey Mikhail-dijo finalmente a media voz-. Esa profecía que
tanto ansía Light que se cumpla.
Serah, sorprendida por lo repentino de
aquella aseveración, parpadeó sin comprender.
-Sí, así es. ¿Por qué lo dices? La
viste con mi hermana y Fang cuando estábamos en las Dunas… -se interrumpió
bruscamente: habían procurado no mencionar las Dunas de la Purgación cuando
Hope estaba delante para evitar recordarle lo sucedido. Sin embargo, Hope se
limitó a cerrar los ojos un momento como única reacción.
-La vi, sí. También oí lo que decía la
profecía. Y mostraba a Light junto a ese rey. Ella parecía feliz… Más feliz de
lo que nunca la he visto. Todo parecía perfecto…
El ángel se detuvo, y frunció los
labios. Era complicado saber qué se le pasaba por la cabeza, pero Serah intuía
que tenía problemas para expresar lo que fuera que quisiera decirle o
preguntarle. Pero a ella le llamaba más la atención que, en aquellas
circunstancias, Hope estuviera hablando de algo que no tenía nada que ver con
la muerte de aquellos secutores a sus manos en las Dunas.
Aquello era buena señal, sin duda,
aunque no tuviera ni idea de adónde quería ir a parar Hope con tal reflexión.
Ante su silencio, Serah asintió para darle a entender que estaba escuchando y
que continuara hablando, en parte por la curiosidad que había despertado en
ella por saber qué pensaba él de la profecía.
Lo que no se esperaba era la pregunta
de Hope, seca y directa, y ante todo, lapidaria:
-¿Crees que esa profecía debería
cumplirse?
Se hizo un breve silencio en el que
Serah parpadeó un par de veces, atónita; la pregunta la había cogido
completamente por sorpresa. Aquello sí que no era normal en él: no era la
primera vez que Hope se mostraba en desacuerdo, pero siempre había sido después
de que otra persona expusiera sus propias ideas o planes. Hasta entonces, el
ángel nunca había expresado una crítica que naciera de su criterio. Y desde
luego, tampoco se esperaba que la crítica en cuestión fuera sobre la misión que
todos daban por hecho que debía hacerse realidad.
-Hope… -Serah trató de recobrar la
compostura al percatarse de que la miraba fijamente, aguardando su
respuesta-¿Por qué me preguntas eso a mí? ¿No deberías planteárselo a mi
hermana? Es ella la que está realmente interesada en traer de vuelta al rey
Mikhail, no yo.
-Por eso mismo te lo pregunto a
ti-repuso Hope alzando brevemente las cejas-. Light desea tanto que se cumpla
esa profecía que la simple pregunta le resultaría inconcebible. Tú, en cambio,
no pareces tan de acuerdo con ella, pese a que fuiste tú quien la realizó. No
soy estúpido, pese a lo que podáis pensar de mí-hizo notar al percibir el
asombro de Serah ante aquel comentario-. Llevo ya algún tiempo entre humanos y
no fue ayer cuando aprendí a identificar cuándo estáis conformes con algo y
cuándo no.
Serah movió la cabeza, sin saber qué
responderle al principio. Estaba sorprendida ante la repentina fuerza que
emanaban las palabras de Hope, y era una grata sorpresa, aunque no la hubiera
visto venir después de todo lo que había pasado. Quizá, después de todo, su
horrible experiencia en las Dunas le hubiera servido para más de lo que creía.
Y desde luego, su pregunta era lo
bastante profunda e interesante como para no concederle su opinión.
-No has errado mucho en tu
suposición-Serah esbozó una pequeña sonrisa y, con un suspiro, dejó el plato
vacío sobre la mesa-. Pero en realidad es mucho más complicado que estar de
acuerdo o no. Estamos hablando de una profecía, y en teoría, son visiones de
cosas que van a pasar en el futuro. No tendría mucho sentido tratar de oponerse
a ello, y menos si es una visión que augura un buen porvenir. Y tampoco, si es
algo que va a suceder, tendría lógica tratar de que se cumpliera, ¿me explico?
-No demasiado-replicó Hope alzando
brevemente las cejas-. Pero deduzco que intentas decirme que, si la profecía va
a cumplirse, no sería necesario hacer nada para que se cumpla porque ése es el
futuro que está por venir.
-Sí, más o menos. Sin embargo, a veces
ocurren cosas… Acciones o circunstancias que alteran la diacronía original en
la que la profecía tenía lugar, y la historia toma otro curso-explicó Serah-.
Te lo he explicado así porque de esa forma es más fácil entender lo que ocurre
con esta profecía en concreto. Si el retorno del rey Mikhail está profetizado,
entonces ¿por qué luchamos para que esa profecía tenga lugar?
Hope entornó los ojos, mirándola con
fijeza.
-Creo que sé a lo que te refieres.
-Cuando la diacronía cambia, las
profecías afectadas se tornan borrosas-confirmó Serah con una media sonrisa de
aprobación-. Eso quiere decir que ya no pueden cumplirse, son ecos de rutas que
podían haber sido pero ya no son. Queda una simple huella, pero la imagen se
pierde. No ocurre muy a menudo, pero como habrás deducido, es el caso de
nuestra profecía.
El ángel permaneció largos momentos en
silencio. Serah casi podía ver los engranajes de su cerebro girando al tiempo
que procesaba aquella nueva información.
-Si la figura del rey estaba borrada,
¿quiere decir que no se cumplirá? ¿Por qué entonces Light está tan obcecada en
que ocurra?
-Porque según mi hermana, la diacronía
siempre está cambiando. Y en cierto modo, tiene razón-suspiró Serah, casi con
amargura-. Si nuestros actos pueden cambiar una profecía, también pueden
corregirla. Ésa es la teoría, y tiene su lógica, pero si te soy sincera, que yo
sepa nadie ha conseguido cambiar la diacronía a su antojo para que una profecía
concreta se corrija. Además, en la profecía sólo se borró la figura de Mikhail
y no toda la imagen, lo cual hasta la fecha nunca había sucedido. Por eso
Lightning está tan empeñada en creer que tan sólo tiene que cambiar aquello que
provocara que el rey no pueda regresar… y supongo que ya habrás adivinado cómo
pretende obrar ese milagro.
-El Corazón de Bhunivelze-murmuró
Hope, y frunció el ceño-. ¿Pretende usarlo para corregir la diacronía? ¿Y cómo
sabrá qué es lo que debe cambiar para que el rey retorne de entre los muertos?
-Si te soy sincera, no lo sé. Creo que
en sus planes sólo entra usar el poder del Corazón para traerlo de vuelta. Y la
verdad, si es cierto que el Corazón concede los más profundos deseos de su
dueño, supongo que corregiría la diacronía por sí solo… Pero ya que me has preguntado
mi opinión, te diré que, aunque la forma de hacer regresar a Mikhail fuera
completamente segura, llevo muchos años tratando de convencer a Lightning de
que se olvide del plan-confesó Serah, su voz cansada de repente-. Verás, la
profecía lleva velada desde el mismo momento en que la formulé. Ella insiste en
que si la realicé es porque aún podía cumplirse, pero yo no estoy tan de
acuerdo. Los poderes de los Oráculos no son fáciles de entender ni para
nosotros mismos, Hope. Y mi hermana se está aferrando a un clavo ardiendo desde
hace casi dos siglos… Todo porque la profecía le auguró un futuro donde podría
vivir en paz junto a alguien que la amara.
-Entonces, ¿la única razón por la que
Light está tan obsesionada con cumplir la profecía es porque le prometía que el
rey sería su amor futuro?-Hope ladeó la cabeza.
-Hay otras razones, por supuesto… pero
ésa es la más poderosa, sin duda. Tampoco es que la culpe-repuso Serah,
entristecida-porque nuestra vida no ha rebosado amor precisamente. Ella se
esfuerza en evitar que eso interfiera con nuestra misión, pero lo cierto es que
se ha convertido en su misión, y ha renunciado a demasiadas cosas en pos de
cumplirla. Yo perdí la fe en la profecía hace mucho tiempo, Hope, pero lucho
por mis propias convicciones. Y ver que mi propia hermana cada día sufre más y
más porque es incapaz de dejar atrás la profecía y la promesa del retorno de
Mikhail me afecta mucho más de lo que puede imaginar.
Hope no dijo nada, al principio. Se
había quedado reflexionando profundamente sobre las palabras de la pequeña de
las hermanas Farron. Era cierto, el ángel no dudaba de la sinceridad de Serah;
percibía claramente su frustración y su dolor ante el sufrimiento de su
hermana. De la misma forma que él llevaba tiempo notando la añoranza en el aura
de Lightning. “Light no sabe lo que es
vivir plenamente… Lleva casi dos centurias en pos de una profecía que ya no
puede cumplirse, en busca de lo único que podría hacerla realidad, a cambio de
su propia felicidad”, pensó, y cerró los ojos brevemente. “Empiezo a entender por qué Light dice que
somos más parecidos de lo que creía. Yo tampoco he conocido lo que es vivir
realmente, y es posible que jamás llegue a hacerlo. No soy humano… y he
cometido crímenes indignos de un ángel. Si tan sólo supiera cuál ha de ser mi
camino… Al menos Light sabe lo que quiere.”
-Pero esto que quede entre tú y yo-la
voz de Serah le devolvió a la realidad-. Lightning ya ha oído mis sermones al
respecto muchas veces y dudo que le haga gracia que “condicione” tu opinión.
Sólo quiero que sepas que no eres el único que piensa así. Conseguir el Corazón
de Bhunivelze es una cosa, pero usarlo para lo que mi hermana desea me parece
un error. Como tú bien has dicho, no deberíamos remover el pasado. Aferrarnos a
él nos impide seguir adelante, y mi hermana es un claro ejemplo de eso.
-No mencionaré esta
conversación-repuso Hope reclinando la cabeza sobre la almohada y cerrando los
ojos, mientras dejaba su mente divagar entre sus caóticos pensamientos-.
Gracias, Serah. Agradezco que me hayas confiado tus opiniones… Ahora necesito
reflexionar. Si me disculpas…
Ella sonrió cálidamente, y cogió el
plato vacío de nuevo antes de dirigirse a la puerta.
-Por supuesto, ya no te molesto más.
Si necesitas cualquier cosa, avísame, ¿vale?
Él asintió, apenas reaccionando cuando
Serah abandonó la habitación y cerró la puerta tras ella. Aquella conversación
le había dado mucho en qué pensar…
“Light no comparte sus anhelos y temores con
nadie. Los guarda en su interior, sin darles salida jamás, hasta que llega un
punto en el que es incapaz de contenerlos más”, meditó Hope, comprendiendo muchas cosas. “Lo que hizo conmigo… es tan impropio de
ella. Pero ahora entiendo por qué. Era lo único que podía hacer por mí. Quizá
yo debería hacer lo mismo, aunque no sea lo que yo deseo hacer. Tal vez el
camino sea dejar de pensar en mí mismo… y pensar por mí mismo.”
* * *
“Esto no puede seguir así”, era la conclusión a la que Lightning había
llegado tras varias semanas tras el incidente en las Dunas de la Purgación, incapaz
de soportar más la visión día tras día de Hope consumiéndose en su propio
horror y sin poder siquiera acercarse a razonar con él cuando estaba despierto
y consciente. “Tengo que intentar algo,
cualquier cosa, para que me escuche. Y si no lo hace por las buenas, será por
las malas.”
Aquella noche, tras horas sin poder
dormir a causa de aquella creciente preocupación por el estado del ángel, la
joven había decidido tomar medidas drásticas. Se levantó de la cama procurando
no despertar a Serah –dado que sólo tenían dos dormitorios y Hope se había
acostumbrado a la habitación de Lightning, las hermanas Farron habían optado
por dormir juntas– y se dirigió al fondo del pasillo, donde se hallaba su
cuarto. No tenía ni la más remota idea de cómo sacar a Hope de aquel trance,
pero al menos una cosa tenía clara: le iba a escuchar, quisiera o no.
Y aunque la idea básica de cómo
conseguirlo llevaba tiempo rondándole la cabeza, le había sido imposible
llevarla a cabo hasta hacía apenas un par de días, cuando por fin había sentido
que su magia volvía a estar plenamente recuperada; los efectos de los hechizos
antidemonio, como la Orden llamaba a la clase de magia que les permitía
bloquear los poderes de origen cristalino como los de los lu’Cie, no
desaparecían instantáneamente. Por eso eran tan peligrosos para los lu’Cie y
tan eficaces contra ellos. Y sin su magia al cien por cien, Lightning sabía que
no podía contrarrestar los poderes mágicos de un ángel como Hope.
No lo había hecho antes porque estaba
esperando a averiguar cómo ayudar a Hope, tal y como le decía Serah. Pero las
semanas pasaban y nada se le ocurría, y no estaba dispuesta a que el estado del
ángel le robara horas de sueño ni una noche más.
Una vez llegó frente a la puerta de su
habitación, Lightning se detuvo y cerró los ojos. A juzgar por la hora que era,
el efecto del último hechizo Morfeo que habían usado para sedar a Hope ya debía
de haber desaparecido, pero ella prefería asegurarse, pues de nada le serviría
su convicción si él estaba dormido. Al escudriñar los rastros de magia al otro
lado de la puerta, confirmó que así era: Hope estaba despierto, y probablemente
tan absorto en su horror interno que ni siquiera se habría dado cuenta de que
ella estaba al otro lado de la puerta. Pero podía ser cuestión de tiempo que
percibiese su aura, por lo que Lightning decidió no arriesgarse un momento más.
Concentrándose todo lo posible, pues el hechizo que iba a lanzar era complicado
y no solía utilizarlo, la joven realizó un rápido pase mágico con la mano hacia
la habitación a través de la puerta. Percibió un cambio en el aire que la
rodeaba, una especie de distorsión en el ambiente, y sonrió para sí.
Había salido bien. Ahora tan sólo
restaba comprobar si su hechizo era lo bastante poderoso como para contrarrestar
el poder de Hope.
Tras inspirar hondo, Lightning abrió
la puerta, dispuesta a encararse al joven ángel, pálido y demacrado, abrazado a
sus piernas con los ojos desorbitados. Estaba casi irreconocible, nada que ver
con la serena e inocente criatura que había sido antes de lo sucedido en las
Dunas. Un espectro de su antiguo yo, inmerso en una pesadilla de la que no
podía despertar.
En cuanto Lightning entró en la
habitación, Hope reaccionó como un resorte, algo que pese a que ella ya había
visto en numerosas ocasiones, seguía sorprendiéndola; cualquier persona, humano
o lu’Cie, no tendría fuerzas para moverse siquiera tras semanas enteras sin
comer y apenas dormir. Mucho menos para mantener un hechizo Coraza lo bastante
poderoso como para impedir el paso a un lu’Cie que tratara de deshacerlo.
-¡Vete!-exclamó, como de costumbre,
alzando la mano hacia ella para extender aquella barrera mágica que Lightning
había llegado a odiar con todas sus fuerzas.
Sin embargo, en aquella ocasión,
sucedió algo que no había pasado hasta el momento: el hechizo Coraza no se
materializó. Ni siquiera cuando Hope volvió a insistir.
-¿Qué…?-el ángel se miró las manos,
aterrado y confuso al ver que su magia no surtía efecto, ante la satisfecha
mirada de Lightning-No… Mi magia… ¿Qué está pasando? ¡¿Por qué no funciona?!
-Tranquilízate, y no te molestes en
esforzarte. Tu magia no ha dejado de funcionar por ti, sino por mí.-explicó
ella sin poder disimular una pequeña sonrisa de suficiencia. Hope alzó la
mirada hacia ella, con una chispa de pánico en sus ojos.
-No puede ser… ¡¿Qué has hecho?! ¡Tú
no puedes disolver mi magia!
-Ya me he dado cuenta de que usar
AntiCoraza contigo es una pérdida de tiempo. Mi especialidad no son los
hechizos de obstrucción. Pero aunque no pueda comparar mi poder al de un ángel,
entre los míos soy una lu’Cie con el poder suficiente para bloquear cualquier
hechizo no dañino-Lightning alzó una ceja-. Si has oído hablar del hechizo
Antimagia, sabrás que no tienes más remedio que olvidarte de tu Coraza y
escucharme de una vez por todas.
Si quedaba algún rastro de color en el
rostro de Hope, aquellas palabras terminaron de borrarlo. No era difícil
entender por qué: durante todo aquel tiempo, se había escudado tras su magia
para evitar que las hermanas Farron se acercaran a él, y por lo visto se había
confiado en que ambas eran incapaces de contrarrestar sus poderes. Y era
cierto, sí… pero no había contado con que un lu’Cie con suficiente poder, como
era el caso de Lightning, podía usar Antimagia para crear una interferencia
mágica que le impidiera usar hechizos de inspiración y obstrucción. Ahora se
había quedado sin recursos, acorralado en la habitación y sin ninguna vía de
escape.
-¡No!-Hope saltó de la cama, tratando
de retroceder y alejarse de ella, pero fue entonces cuando su falta de descanso
y alimento hicieron acto de presencia, haciéndole tambalearse en cuanto sus
pies tocaron el suelo; aun así, se las arregló para no desplomarse-¡No te
acerques a mí! ¡No sabes lo que estás haciendo!
-Me voy a acercar y tú me vas a
escuchar-replicó Lightning avanzando hacia él, a lo que el ángel miró en
rededor desesperadamente, sin duda en busca de alguna manera o bien de escapar
o de impedírselo-. Hope, mírate. ¿Es esto en lo que quieres convertirte? Una
cosa es lo que hayas hecho, pero ¿no dejar que nadie te ayude?
-¡Nada ni nadie puede ayudarme! ¡¿No
lo entiendes?! ¡No hay nada ni nadie en el mundo que pueda justificar lo que he
hecho!-a pesar de que sus piernas tenían obvios problemas para sostenerle, Hope
no dejaba de retroceder en un vano intento de crear distancia entre él y
Lightning-¡He arrebatado las vidas que se supone que debía proteger! ¡Incluso
entre vosotros, humanos, el asesinato se paga con la vida! ¡No merezco sino la
muerte por mis crímenes!
Lightning se esperaba muchas
respuestas, pero desde luego no imaginaba que Hope replicara que, básicamente,
al no poder condenarse a muerte a sí mismo, consideraba justo dejarse morir. “¿Tanto se ha hundido sin que nos diésemos
cuenta?”
-¿Me quieres decir que crees que debes
morir para expiar tus culpas? ¡¿Has perdido la cabeza?!-la joven sacudió la
cabeza sin terminar de creérselo-¡Reacciona de una vez, Hope! ¡Tú no has hecho
nada malo! ¿O acaso eres tan idiota que consideras las vidas de quienes
intentan matarte más importantes que la tuya propia?
-Yo… yo… ¡No lo sé!-exclamó Hope,
confuso; en su vano intento de alejarse de ella, su espalda terminó encontrando
la pared, y el pánico se lo tragó al saberse acorralado-¡Pero no hay mayor
crimen que arrebatar la vida que debía proteger! Y si lo he hecho con ellos,
¡¿quién te dice que no pueda acabar con tu vida, o la de tu hermana, con la
misma facilidad y sin ninguna razón?!
-¡Deja de decir tonterías! ¡Tenías
razones sobradas para hacer lo que hiciste! Además, ¿no recuerdas tu promesa?
¡Dijiste que nunca nos harías daño a Serah y a mí! Y que yo sepa, ¡los ángeles
no pueden mentir!
-¡Los ángeles tampoco pueden
contradecir las órdenes expresas de sus amos!-replicó él, cada vez más aterrado
a medida que Lightning se acercaba lentamente, pues la joven no quería
asustarlo más de lo que ya estaba-¡Yo debía cuidar de toda la vida del planeta!
No merezco llamarme ángel… ¡No soy más que un asesino! ¡He fallado mi propósito
y mis manos estarán manchadas de sangre para siempre! ¡¿Con qué moral o
principios puedo yo seguir viviendo?!
Lightning sentía la rabia y la
frustración empezar a bullir en su interior, pero no era una rabia dirigida
contra Hope. Estaba empezando a entender qué era lo que estaba devorando al
ángel por dentro, y si era lo que creía que era, ayudarle no sería tan difícil…
de no ser porque Hope no estaba dando pie alguno a dejarse ayudar. “¡Malditas sean tu moral y tus principios!
¡Al infierno con lo que sea que tu estúpido amo te haya inculcado!”
-¡Era una cuestión de vida o muerte,
Hope!-le espetó, avanzando un par de enérgicas zancadas hacia él, sintiendo
cómo sus nervios y su impotencia la invadían-¡Era tu vida o la suya! ¿No has
aprendido nada en el tiempo que llevas aquí? ¿Tan pronto has olvidado todas las
lecciones que llevo meses tratando de que entiendas?
De pronto, el ángel dejó de tratar de
alejarse de ella y se le encaró, con una rapidez y una energía propia de un
animal herido y acorralado, lo que disparó las alarmas de Lightning; ya había
comprobado por sí misma que Hope podía ser una bomba de relojería si perdía el
control sobre sí mismo.
-¡Tú no puedes entenderme! ¡Nadie
puede!-gritó él; en sus ojos había una chispa furiosa de angustia, de
desesperación, casi como si se tratara de una fiera enjaulada-¡Me consideráis
un estúpido por desear una y otra vez volver atrás en el tiempo y devolver la
vida a las personas a las que se las arrebaté! He visto cientos, miles,
millones morir sin que nadie lamentara las muertes de los caídos en vuestras
innumerables guerras sin sentido… ¡A los humanos la muerte no os importa! ¡Os
da igual a quién matéis para defender vuestras vidas, mientras vosotros sigáis
en pie!
Lightning no pudo soportarlo más.
La tensión y la frustración que
llevaban tanto tiempo acumulándose en su interior se desbordaron al oír
aquellas palabras, y la joven le propinó un puñetazo en la mejilla tan rápido
que Hope ni siquiera lo vio venir. La fuerza del impacto le hizo perder el poco
equilibrio que mantenía, y el ángel cayó de espaldas al suelo.
-¿Que no puedo entenderte? ¡Eres tú el
que no sabes nada sobre mí!-le espetó Lightning, furiosa, respirando
agitadamente-¿Te crees que soy una máquina de matar sin sentimientos? ¿Que
disfruto matando a aquellos que quieren hacernos daño? ¿Que no deseo con toda
mi alma, más de lo que te imaginas, no haber tenido nunca que derramar sangre
ajena? La primera vez que maté a una persona, me pasé semanas enteras sin poder
dormir, sin dejar de llorar. ¡Mi hermana sufrió lo mismo que yo cuando se vio
obligada a matar para sobrevivir! Llevamos años, décadas, luchando y matando,
desde que éramos más niñas que adultas, y lo único que mantiene la cordura de
un guerrero, lo único que le permite seguir adelante sin quitarse la vida, ¡es
la convicción de que con cada muerte ajena está protegiendo a aquellos a
quienes ama! ¿Cómo te atreves a insinuar siquiera que no nos importa cada vida
que segamos? ¡Si sigo luchando y en pie es porque hace mucho que ya no me
quedan más lágrimas por derramar por aquellos que han muerto a mis manos! ¡Pero
una vez decidí que mi vida y la de mi hermana merecían más la pena que la de
aquellos que querían verme muerta! ¡¿Y tú me dices que no puedo entenderte?!
¡Si hay algo que no entiendo, es por qué ni siquiera consideras tu propia vida
más importante que la de aquellos que no la respetan, ni por qué eres incapaz
de aceptar que lo que hiciste fue en legítima defensa, ni por qué te has
aislado de nosotras cuando más lo necesitabas!
Se hizo un largo, tenso silencio.
Lightning trató de calmarse, de recobrar la compostura, ya arrepintiéndose de
haber perdido el control y haberle pegado a Hope. “Hace tiempo quería hacer lo mismo que acabo de hacer, y ahora… Ojalá
no lo hubiera hecho. Muy bien, Lightning, si querías terminar de arreglar las
cosas, lo has estropeado todo definitivamente.”
Sin embargo, Hope no reaccionó. Se
había quedado sentado en el suelo, claramente desorientado y confuso, con una
mano sobre la mejilla que Lightning había golpeado. Y estaba temblando, con los
ojos muy abiertos y desenfocados, la respiración entrecortada, los dientes
apretados. Parecía casi como si aquel monstruo herido y acorralado que había
visto en su mirada apenas unos minutos antes luchara por salir, arañando las
paredes de su prisión. La joven sintió la rabia y la impotencia surgir de nuevo
al ver al ángel allí en el suelo, sin mover un dedo para protestar o defenderse
siquiera a pesar del puñetazo gratuito que se había llevado. “¡Maldita sea! ¿Tan poco respeto se tiene a
sí mismo? ¡Ninguna persona normal se quedaría ahí quieta después de esto sin
montar en cólera o echarse a…!”
Y de pronto se hizo la luz en su
mente.
La respiración agitada de Hope, su
cuerpo tembloroso, su mirada desenfocada… Pese a sus limitaciones expresivas,
Lightning se dio cuenta de que era el lenguaje corporal de cualquier persona
que estuviera sollozando. Y sin embargo, el ángel no había derramado una sola
lágrima. Sus ojos estaban completamente secos, abiertos de par en par, como una
presa vacía.
Fue entonces cuando recordó las
palabras de Hope aquella tarde en Yusnaan, cuando ella y Serah paseaban junto a
él por las calles de la ciudad, acerca de por qué parecía más contento de lo
normal: “La alegría no es mía. Es lo que
hay a mi alrededor lo que ves. Yo estoy… digamos, bastante limitado para
experimentarla por mí mismo.”
Hope era una especie de canalizador.
De la misma forma que se mostraba más contento cuando había alegría a su
alrededor, también se entristecía con la tristeza ajena. Pero él no era sino el
reflejo de lo que le rodeaba, un recipiente efímero diseñado para percibir el
flujo de las energías que circulaban por el planeta.
Su propósito era canalizar la energía
que recibía del exterior y darle un sentido a través de él. No había sido
creado para hacer lo propio con la que surgía de él mismo.
Cuando Lightning comprendió lo que
ello implicaba, toda rabia dirigida hacia él se esfumó, sustituida por un
insoportable nudo en la garganta. “No es
que Hope esté demasiado horrorizado como para llorar…”, se dijo. “Es que es completamente incapaz de llorar.
No puede canalizar fuera de sí mismo la energía que nace de él. O se le queda
dentro… o explota. Como sucedió en las Dunas”, adivinó la joven,
palideciendo. “Ese miserable de Bhunivelze…
¿Quién podría negarle a su siervo el derecho a llorar y a reír por sí mismo?”
Si esto era cierto, Hope llevaba semanas enteras con el horror y el
remordimiento estancados en su interior, corroyendo su alma y su integridad
mental, sin poder desahogarse por el simple y sencillo hecho de que no había
sido creado para ello. No era de extrañar que hubiera terminado llegando a las
conclusiones que en su desesperación le había dicho. Cualquier otra persona se
habría vuelto loca irremediablemente por menos que lo que el ángel estaba
sufriendo.
Instintivamente, Lightning supo entonces
lo que tenía que hacer. Inspiró hondo para relajarse, y se arrodilló junto a
él. Sin darle tiempo a que reaccionara –cosa que, inmerso como estaba en su
propio trance, no hizo– y sin permitirse pensar en que lo que estaba haciendo
iba en contra de sus principios, la joven lo estrechó entre sus brazos, tan
firme como con delicadeza.
-… Light, ¿qué estás
haciendo?-protestó Hope con un hilo de voz, tensándose, y trató de apartarse de
ella-¡No te acerques a mí! ¿No te das cuenta del peligro que…?
-Cállate, tonto-le interrumpió ella,
abrazándolo con más fuerza para impedirle que se apartara-. Compártelo conmigo.
El joven ángel se quedó sin palabras.
Seguía tenso, pero dejó de intentar alejarla de sí.
-¿Qué…?
-Comparte conmigo todo tu dolor. No
puedes quedártelo dentro para siempre, Hope. Si he de ser yo quien lo canalice
por ti, que así sea.
-Pero… -musitó Hope, casi sin
aliento-Light, yo… Si hago eso, tú…
-Sé lo que estoy haciendo, y no me
importa. Cierra el pico y hazlo de una vez-las palabras de Lightning eran
bruscas, pero su voz era suave-. No pasarás por esto solo.
Él vaciló, pero finalmente
correspondió a su abrazo tras largos momentos y hundió el rostro en su hombro.
Apenas unos segundos después, Lightning percibió una corriente de energía, al
principio muy débil, que empezó a manar del cuerpo del ángel hacia ella, y
sintió cómo su corazón la absorbía poco a poco. Al principio poco faltó para
quedarse sin aire: aquella energía estaba cargada de miedo, de dolor, de
remordimiento, de horror. Era como hundirse en un pozo de la más oscura
desesperación, sin salida posible. La joven reprimió un grito ahogado y se
aferró un poco más a Hope, como si fuera su única ancla de salvación: tenía que
resistir, por horrible que fuera lo que estaba sintiendo. Sabía bien que
aquella desesperación no era sino una mínima parte de la que él llevaba tanto
tiempo experimentando en su interior.
Durante largos minutos, Lightning y
Hope permanecieron abrazados en el suelo, mientras el ángel le transfería
aquella energía negativa. Ella hacía lo posible para mantenerse firme, pero el
dolor y la tristeza eran cada vez más y más profundos, y empezaban ya a nublar
su mente y debilitar su cuerpo, que empezó a temblar, y sus ojos se iban
humedeciendo a medida que pasaban los segundos. Pero no podía permitirse el
lujo de detenerse, por profundo que fuese el sufrimiento que la embargaba. “Tengo que aguantar”, se repetía una y
otra vez, esforzándose por mantener la concentración, “no puedo parar ahora. Tengo que ayudarle… tengo que absorber todo lo
que él no puede canalizar… Tengo que…”
Entonces, sin previo aviso, el flujo
de energía mermó bruscamente hasta apagarse. Desconcertada, Lightning trató de
volver a establecer aquel vínculo de transferencia, pero se topó con los claros
ojos verdes de Hope, agotados y enmarcados por unas oscuras ojeras, sí, pero
alentados por una débil chispa de seriedad y firmeza. Hacía tanto tiempo que no
veía los ojos del ángel tan serenos que la joven se quedó sin palabras.
-Ya es suficiente, Light… -murmuró
Hope, posando las manos sobre sus hombros y apartándola un poco de sí-Déjalo
ya.
-No digas tonterías-protestó ella,
aunque le falló la voz y tuvo que tomar aire un par de veces para evitar que se
le volviera a quebrar-. Aún no he terminado. Todavía puedo aguantar un poco
más…
-No-el ángel negó con la cabeza-. Me
has dicho que lo compartiera, no que te lo transfiriera todo a ti… Y ya has
sufrido demasiado por mí cuando no tenías por qué hacerlo.
Lightning quiso replicar, pero en ese
momento sintió cómo le daba vueltas la cabeza cuando le sobrevino toda la
energía negativa que había absorbido de Hope. Estaba a punto de que se le
desbordaran las lágrimas, pero hizo un esfuerzo para controlarse. No podía
permitir que viera lo mucho que le había afectado, no si quería volver a
ayudarle. Sabía cómo era Hope, no le permitiría hacerlo de nuevo.
El ángel la sostuvo en silencio,
aguardando pacientemente a que se recuperara. También él parecía estar poniendo
en orden… lo que fuera que estuviera sintiendo ahora mismo. Seguía tan frágil,
tan demacrado como antes, pero ahora Lightning podía ver en él al Hope que
conocía. Quizá la dureza de su rostro, el brillo cansado de sus ojos, no
estuvieran antes ahí… pero al menos ya no parecía un espectro consumido por el
tormento de un horror del cual no podía liberarse.
-Estaré bien… No te preocupes por mí-dijo
la joven una vez recobró el aliento y la fuerza para no verse sobrepasada por
la desesperación absorbida-. Pero hubiera querido poder ayudarte algo más de lo
que he hecho…
-Has hecho mucho más por mí de lo que
te imaginas-repuso Hope mirándola fijamente con aquellos ojos apagados, pero
mucho más serenos de lo que habían estado en aquellas largas, horribles
semanas-. No sabes cuánto.
Ella trató de sonreír, aunque fue una
sonrisa débil, sin fuerzas. La negatividad que había canalizado de Hope nublaba
su energía positiva, pero ver al ángel fuera de su trance la aliviaba más de lo
que había creído. “Lo he conseguido…
Serah tenía razón, como de costumbre. Lo único que tenía que hacer era
comprender el verdadero problema… Tenía que ponerme en su lugar, nada más.”
-¿Puedes levantarte?-le preguntó la
joven a Hope, al tiempo que se separaba de él e intentaba ponerse en pie;
maldijo para sus adentros la flaqueza que le había provocado aquella transferencia
de energía negativa, pues sus piernas parecían hechas de mantequilla.
-Podría hacerte la misma
pregunta-replicó él cuando tuvo que sostenerla para evitar que se cayera, y
ella hizo lo mismo cuando el ángel, a quien empezaba a pasarle factura la falta
de comida y descanso, estuvo a punto de perder el equilibrio-. Lo siento,
Light. Yo no quería…
-Te disculpas una vez más y te ganas
otro puñetazo-gruñó la joven, a lo que Hope optó por no llevarle la contraria-.
Me las puedo arreglar… Tú ahora tienes que descansar, ¿de acuerdo? Así que
duérmete y no protestes más. ¿Necesitarás algún hechizo para poder dormir?
Hope, que se había sentado en el borde
de la cama, negó con la cabeza:
-No hace falta. Creo… creo que podré
conciliar el sueño por mí mismo, gracias a ti.
Lightning sonrió, esta vez con un poco
más de éxito. A paso lento para no caer de bruces al suelo, se dirigió a la
puerta de la habitación.
-Está bien. Ahora procura descansar y
no pensar demasiado en lo que no tienes que pensar de momento, ¿me oyes? Y si
necesitas cualquier cosa, dímelo. Yo me voy a dormir, pero para que conste… No
estás solo, Hope. Estaré pendiente de ti.
Antes de cerrar la puerta y, por fin,
dejar atrás aquellos fatídicos eventos que habían amenazado con sumirlos a
todos en la oscuridad, la joven oyó la voz del ángel, cansada pero suave y serena,
cuando susurró:
-Gracias, Light… Gracias.
* * *
Lightning suspiró con resignación
mientras cruzaba el pasillo en dirección a las escaleras; otra vez, como casi
todos los días, tocaba reunión con Fang y Noel en El Reposo del Visionario, para discutir más planes de acción que de
nada servían mientras Hope siguiera recuperándose. Habían pasado dos semanas
desde aquel día en el que había subido a llevarle la comida, y si bien no era
la última vez que habían hablado, sí había sido la última conversación larga que
habían mantenido. De hecho, desde aquel día, Hope se había inmerso en un estado
de profunda reflexión, y ni Lightning ni Serah sabían con certeza si se trataba
de una buena señal o no. Durante su recuperación, se habían acostumbrado a que
el ángel apenas pronunciara más de tres frases seguidas, pero su repentino
silencio después de su lenta aunque progresiva mejoría las había tomado por
sorpresa.
Para ser sinceros, mucho más a
Lightning que a Serah. La pequeña de las hermanas Farron parecía saber a qué se
debía, pero por más que le insistió, Lightning no consiguió que abriera la
boca.
“Si tan sólo nos contara qué es lo que le
ronda la cabeza…”, pensó la joven,
frustrada. “A veces creo que sería mucho
más fácil hablarle a una pared.”
Comprender a Hope no era sencillo. A
lo largo de su convivencia con él, Lightning y Serah habían tenido que aprender
a descifrar el curso de sus pensamientos por sus mínimos gestos, pero, por
supuesto, no siempre sus deducciones eran correctas. Al fin y al cabo, era un
ángel; pese a que sin alas no parecía tan distinto a los humanos, no lo era.
Sin embargo, a raíz de que Hope
hubiera compartido su energía con ella, Lightning ahora sabía mucho más sobre
cómo pensaba y cómo sentía. En los días que había pasado recobrándose y
filtrando toda aquella energía negativa, había procesado de pasada otras
emociones que también, probablemente sin pretenderlo, el ángel le había
transferido. Descifrar las emociones de una criatura tan emocionalmente
limitada como él no era nada fácil, pero por lo menos Lightning tenía clara una
cosa: ya no podía decir que Hope era una cáscara vacía.
“Piensa y siente de forma parecida a la
nuestra”, pensaba Lightning, aún apesadumbrada
por aquella revelación que había sido la clave para sacar a Hope de su trance, “pero no puede expresarlo porque no ha sido
creado para sentir por sí mismo. Le ha sido negada su propia consciencia de sí
mismo desde el mismo instante en que nació… y sólo ha sabido vivir a través de
quienes le rodean. Por eso valora infinitamente más la vida ajena que la suya
propia. Si tan sólo nos hubiéramos dado cuenta antes…”
Y aunque Hope parecía cada vez más
estable y recuperado, quién sabía cuándo iba a volver a estar en condiciones de
proseguir la búsqueda del Corazón de Bhunivelze. ¿Cuánto hacía que habían
regresado de las Dunas? Lightning calculaba que poco faltaba para los dos
meses. Todo aquel tiempo sin haber hecho ningún avance, y todo por culpa, como
de costumbre, de la Orden.
Lo único que podían hacer era esperar…
y aguantar los interminables sermones de Fang entre tanto.
Pero entonces, cuando Lightning ya
había bajado un par de escalones, oyó a sus espaldas una voz serena que la hizo
detenerse en seco, sobre todo porque llevaba casi dos meses sin escucharla
fuera de su habitación:
-Espera, Light…
Ella, atónita, se volvió para
descubrir a Hope medio asomado en el umbral de su cuarto, como si no se
atreviera del todo a salir; no obstante, llevaba todo aquel tiempo encerrado
allí dentro a tiempo total, y eso fue lo que había dejado a Lightning boquiabierta.
Se dio cuenta de que había llegado a pensar que nunca volvería a ver la luz
natural.
-¿Tienes mucha prisa?-le preguntó él,
devolviéndola a la realidad-No quisiera entretenerte… Sólo quería decirte algo
antes de que te fueras con Fang y Noel.
-No, no te preocupes. Pueden esperar
un poco-no iba a decirle que llegaba tarde cuando el ángel al fin había
decidido abandonar su refugio para hablar con ella, claro está-. ¿Qué ocurre,
Hope? ¿Va todo bien?
Hope se encogió apenas de hombros.
Había una chispa de inseguridad en sus ojos, pero no vaciló cuando clavó su
mirada en ella.
-He estado mejor, pero sobreviviré. No
es eso de lo que quería hablar, de todas formas… Dime, ¿ya sabéis cuándo iréis
a las Marcas Salvajes?
Lightning no supo qué contestar al
principio. Se había esperado cualquier pregunta viniendo de él, pero desde
luego no una tan directa.
-Bueno… Fang lleva haciendo planes
desde hace semanas enteras, pero aún no hay nada oficial sobre la mesa.
Estábamos esperando a que las cosas, por así decirlo, se calmaran… ¿Por qué lo
preguntas?
-Porque no es necesario retrasarlo
más-respondió el ángel sin apartar los ojos de los suyos-. Cuando hayáis tomado
una decisión, dímelo, ¿vale?
Si la anterior réplica había dejado a
Lightning desconcertada, aquélla le robó toda palabra que pudiera tener. No daba
crédito a lo que estaba oyendo. ¿De verdad estaba diciendo lo que creía que
quería decir?
-Hope… ¿Estás insinuando que tú…?
Quiero decir… ¿eres consciente de lo que dices?
-He tenido tiempo de sobra para
serlo-replicó él alzando brevemente las cejas-. Y sí, estoy diciendo que iré
con vosotros a las Marcas cuando consideréis que debemos marchar. No es tan
difícil de entender, ¿verdad? ¿O es que preferíais que no os acompañara?
-¡No! No, nada de eso. Es sólo que…
¿estás completamente seguro?-Lightning hizo un esfuerzo por poner orden en sus
incrédulos pensamientos-Si vienes, tendremos que hacer frente a saber a cuántos
peligros, y no habrá más alternativa que luchar para abrirnos paso… ¿Estás
preparado para pasar por ello? Ya sé que tú no luchas como tal, pero…
Se interrumpió cuando Hope ladeó la
cabeza, como hacía siempre que reflexionaba. Pero no había rastro de duda en
sus ojos, clavados en ella con profunda determinación.
-Mis manos ya están manchadas de
sangre para siempre. Me mantendré fiel a mis principios, pero si he de volver a
arrebatar una vida, lo haré si no tengo más opción. He pensado mucho durante
estos días, y, sabes, tenías razón… No considero mi vida más importante que la
de cualquier otra criatura viva. Pero sí la tuya, y también la de tu hermana.
Me salvasteis la vida, y no he olvidado esa deuda-repuso, y dejó escapar un
hondo, cansado suspiro-. Si por no derramar sangre permitiera que os mataran…
estaría traicionando mis principios de la misma forma que cuando yo pongo fin a
una vida con mis propias manos. Vuestra vida me importa más que la mía, y por
supuesto, mucho más que las de quienes os desean algún mal.
Al principio, Lightning fue incapaz de
reaccionar. Sabía demasiado bien lo mucho que afectaba a Hope la violencia y la
muerte, máxime si él era el responsable. Ella misma había sentido en su propia
alma el dolor y los remordimientos que provocaban en su interior. Pero estaba
dispuesto a volver a sufrir algo así… por ella y por Serah. Porque ellas habían
sido su salvación.
Y durante todo el tiempo que le conocían, había estado devolviéndoles el favor.
Una vez más, obedeciendo a un impulso
que su lógica y su dignidad habrían rechazado, la joven lo abrazó, embargada
por la gratitud. Hope no se resistió, pero tampoco correspondió al abrazo; de
hecho, a juzgar por cómo se tensó su delgado cuerpo, más bien parecía haberle
cogido totalmente por sorpresa.
-Light, ¿qué haces? Te estoy diciendo
que voy a ir con vosotros. Si ya no necesito compartir contigo nada malo para
estar mejor…
-Tonto-se rió ella entre dientes,
separándose de él-, los humanos no sólo compartimos las cosas malas. También
podemos compartir todo lo positivo. Si tú me transferiste tu dolor, yo también
puedo hacer lo mismo con mi gratitud, ¿no te parece?
Hope la miró con una mezcla de
confusión y curiosidad.
-No me debes nada. Lo has pasado mal
por mi culpa, me pegas un puñetazo y ahora pagas con gratitud el sufrimiento
que te he causado. No te entiendo, Light.
La joven esbozó una sonrisa y sacudió
la cabeza, pero no dijo nada más. Se dispuso a seguir su camino hacia El Reposo del Visionario, impaciente por
comunicarles a Fang y Noel las buenas noticias, no sin antes despedirse del
ángel con la mano y señalando el reloj de la pared a modo de explicación, a lo que él asintió y volvió a entrar en su cuarto para no robarle más tiempo.
“Te debo mucho más de lo que crees, Hope. Y de
no ser por ti, nunca habría llegado a comprenderlo… ni tampoco a comprenderte.”