jueves, 17 de septiembre de 2015

XXI. Desierto

-¡Rápido! ¡Corred!-les gritó Lightning a Serah y a Hope, que saltaron desde lo alto de las vías a la enorme calzada suspendida que se extendía varios metros por debajo de ellos y se perdía en el horizonte. Antes de seguirles, arrojó un hechizo Electro++ contra los secutores que les perseguían. Muchos de ellos cayeron casi instantáneamente: era un hechizo de alto nivel conjurado por una lu’Cie. En general, los humanos normales poco tenían que hacer contra eso.

Lightning aterrizó al lado de su hermana pequeña y de Hope, que se había inclinado en un gesto de dolor. Pese a que era una caída que tanto lu’Cie como ángeles podían soportar sin mayores problemas, la joven adivinó que Hope se había hecho daño en su maltratada espalda. Maldijo para sus adentros. “Espero que eso no le impida correr como alma que lleva el diablo, por su bien.”

-¿Estás bien?-le preguntó Serah al ángel, que asintió con demasiada premura.

-Estoy bien… No es nada que pueda impedirme seguir adelante.         

-¡Pues toca demostrarlo!-advirtió Lightning señalando hacia arriba; los secutores no podían saltar desde tanta altura, pero se podía ver los vehículos antigravitatorios acercándose desde la ciudad-¡Vamos, no os quedéis ahí parados! ¡Hemos de alejarnos de Yusnaan lo antes posible!

-Pero, ¡Lightning…!-protestó Serah, mirando hacia la ciudad-¿Qué hay de Snow? ¡Él no sabe lo que nos ha pasado!

-¡No podemos preocuparnos por él ahora!-Lightning cogió a su hermana pequeña por la muñeca y tiró de ella-¡Serah, no tenemos tiempo para esto! ¡No me hagas tener que arrastrarte!

Serah no parecía nada conforme, pero terminó por ceder. Las hermanas Farron echaron a correr por la calzada, seguidas por Hope; al ángel le hacía daño la espalda, pero aun así era capaz de mantener el ritmo de Lightning y Serah, que sin duda habían recibido entrenamiento físico y por encima de todo eran lu’Cie y por tanto poseían capacidades superiores a las de los humanos normales. Cabía preguntarse la velocidad a la que Hope podía haber corrido de haberse encontrado en plenas facultades.

Corrieron sin parar, pese a que estaba anocheciendo y cada vez era más difícil ver lo que les rodeaba. En cualquier momento podrían tenderles una emboscada, y por eso los tres trataban de no bajar un ápice la guardia.

Entonces, de repente, sonó una ráfaga de disparos procedente del aire, por detrás de ellos. Instintivamente, los tres agacharon las cabezas, y por suerte no les alcanzó ninguno de los proyectiles. Cuatro vehículos volantes les estaban alcanzando, pilotados por secutores armados con bayonetas que parecían más elaboradas que las de los soldados normales.

-¡Maldita sea!-Lightning no tenía ganas de perder el tiempo, pero por lo visto la Orden no opinaba lo mismo que ella-¡Hope, cúbrenos!

Él se giró ágilmente pese al dolor de sus heridas y extendió la mano hacia los vehículos que se acercaban a gran velocidad: alzó una vez más su poderoso hechizo Coraza, que se expandió en el aire. Un fuerte sonido metálico extrañamente satisfactorio alcanzó sus oídos cuando los dos primeros vehículos impactaron de frente en la barrera y salieron volando, golpeando a su vez a los otros dos que les seguían. Descubrieron que se acercaba un grupo de secutores por la calzada porque se vieron obligados a romper la formación cuando uno de los vehículos impactó en el suelo y se arrastró dando vueltas de campana hacia ellos.

-¡Pleno!-sonrió Serah-¡Vamos, Lightning, yo te allanaré el camino!

Con un gesto de su mano, la pequeña de las Farron abarcó a los secutores dispersados, y un aura azulada rodeó sus dedos. Escasos segundos después, todo el grupo enemigo fue rodeado por un resplandor del mismo color en forma de espiral que giraba en torno a ellos, y sus movimientos se vieron instantáneamente ralentizados. Se trataba de Freno+, un hechizo de la rama de obstrucción, complejo y difícil de ejecutar. Haberlo usado podría haber sido demasiado para la Marca despierta de Serah, pero Lightning sabía que no estaba en condiciones de protestar por ello.

Los vehículos que aún seguían en el aire trataron de rodear la Coraza de Hope para poder disparar por encima de la barrera. El ángel frunció el ceño, consciente de que retirar el hechizo y volver a conjurar una Coraza más grande le llevaría unos segundos que podrían ser fatales. En su lugar, señaló hacia los vehículos y encadenó el movimiento hacia abajo; una esfera de energía oscura apareció en el punto señalado y arrastró consigo a los vehículos al suelo. Lightning y Serah se quedaron atónitas al reconocer el hechizo, uno que ni siquiera los lu’Cie de a pie eran capaces de realizar.

-¡Gravedad+!-exclamó Serah, la más entendida en magia de las dos-¡¿Cómo…?!

En vez de dar voz a su asombro, Lightning tomó el camino práctico: alzó la mano y arrojó un hechizo Electro++ de nuevo sobre sus enemigos, la enorme cantidad de rayos acabando con la vida de muchos de los ralentizados secutores e inutilizando los vehículos. Sin detenerse un segundo, la joven se lanzó contra los supervivientes espada en ristre, y con unos certeros tajos y varias acrobacias se libró de ellos sin más heridas que un par de cortes hechos por los filos de las bayonetas.

Sin embargo, no había tiempo para celebrar la victoria. Antes de que pudieran relajarse, aparecieron en el horizonte más vehículos antigravitatorios, y a lo lejos vislumbraron otro grupo de secutores corriendo en dirección a ellos por la calzada.

-¡Maldita sea!-Lightning maldijo entre dientes-¡Esta gente no sabe cuándo rendirse!

-Lightning, no podemos luchar contra todos ellos-hizo notar Serah, que parecía cansada; usar su magia con su Marca activa la drenaba más de lo habitual, y si seguían luchando podría revertir el proceso de recuperación que tanto le había costado alcanzar-. Tenemos que escapar antes de que nos alcancen.

-¡Esto es una calzada, Serah! ¡Sólo hay un camino posible y está delante de nosotros!-Lightning le señaló a su hermana con la espada hacia delante-¡La otra opción es arrojarnos al mar, y prefiero enfrentarme a los secutores antes que eso, aunque tenga que hacerlo yo sola!

-¡Lightning! ¡No lo estarás diciendo en serio! ¡No puedes luchar tú sola contra todos ellos! ¡Te agotarás!

Hope frunció el ceño y se alejó de las hermanas Farron, en parte contrariado por la discusión. Se acercó a uno de los vehículos antigravitatorios caídos y se arrodilló a su lado para examinarlo.

-¿Y qué sugieres que hagamos? ¡Tú no puedes usar la magia a placer y Hope no va a ayudarnos a matar secutores! ¡Yo soy la única que puede retener a todos estos miserables!

-¡Ya estamos como siempre! ¡Tú y sólo tú, Lightning, nadie más puede ayudarte, ni siquiera a huir! ¿Cuándo aprenderás que tú sola no puedes cargar con todas las responsabilidades?

-¡Eso no tiene nada que ver con…!

-Venid-las interrumpió de pronto Hope-. Vamos, rápido.

Lightning y Serah se volvieron hacia él. El ángel se las había arreglado para poner de pie uno de los maltrechos vehículos, y las miraba con un destello apremiante en los ojos.

-¿Cómo has levantado tú solo ese cacharro?-inquirió Lightning, olvidándose de su discusión con Serah. Hope le restó importancia con un gesto.

-Magia-se limitó a responder-. Venga, venid. Usaremos este artefacto para escapar.

Serah dirigió una mirada crítica al vehículo.

-Hope, no quisiera ser aguafiestas, pero ese vehículo está roto. Mira, ¿ves la rueda antigravitatoria trasera? Está hecha pedazos, así no va a volar.

Sin embargo, Hope sacudió la cabeza con más energía de lo habitual en él, algo que sorprendió a las hermanas Farron, acostumbradas a sus serenos y pausados movimientos.

-Volará, confiad en mí. Vamos, daos prisa, antes de que nos alcancen… Os sacaré de aquí, os lo prometo.

Lightning y Serah cruzaron una mirada de reojo, pero finalmente Serah se subió al asiento trasero del vehículo. Su hermana no parecía muy convencida, pero Hope asintió levemente, y cuando miró hacia atrás y vio cada vez más próximos a los secutores, supo que no tenían más opciones que seguirle el juego al ángel. La joven se sentó delante de Serah, y Hope se apresuró a subirse al asiento delantero.

-Muy bien, ya estamos donde nos querías. ¿Y ahora qué?-espetó Lightning al verle aferrar el volante con expresión de profunda concentración-¿Es que además de para crear barreras tus poderes también arreglan ruedas…?

No pudo decir más: el resto se vio sustituido por un grito ahogado cuando de pronto el vehículo entero se tambaleó, sacudido por una potente corriente de viento. Una segunda ráfaga, aún más fuerte que la anterior, los envolvió, y luego otra… y de pronto, cuando las hermanas Farron abrieron los ojos, descubrieron con asombro que estaban en el aire, a varios metros por encima del suelo, rodeados por intensos chorros de aire brillante.

-¡¿Pero qué…?! ¡Hope! ¡¿Qué diablos…?!

-Light, Serah, ¡agarraos fuerte!-advirtió el ángel sin volverse hacia ellas. Visto lo visto, Lightning y Serah no se pararon a cuestionar la orden de Hope; se aferraron a la cintura de quien tenían delante en el momento en el que otra potente ráfaga de aire golpeó el vehículo y lo arrastró por el aire a velocidad de vértigo, saliendo disparado hacia delante. Los otros vehículos enemigos que se habían acercado demasiado se tambalearon a causa del fuerte remolino, y tardaron unos segundos en estabilizarse y lanzarse en persecución de los tres fugitivos.

Aquello no era exactamente volar: Lightning y Serah habían comprendido que lo que Hope estaba haciendo no era sino propulsar el vehículo averiado mediante una variante del hechizo Aero+, controlando las corrientes de viento para mantenerse en el aire. No era una técnica desconocida para los lu’Cie, pero sólo los más poderosos podían emplear el hechizo Aero para la levitación, y desde luego ninguno de ellos podría aspirar a hacer lo que el ángel estaba haciendo. “Si es capaz de hacer esto cuando todavía no está recuperado del todo, ¿cómo de poderoso será de verdad?”, se preguntó Lightning.

Tampoco podía dedicar mucho tiempo a pensar en ello porque, por impresionante que fuera la demostración de poder de Hope, la técnica no era tan impecable. Resultaba obvio que el ángel no había propulsado nunca antes un objeto tan grande mediante las corrientes de viento, porque el vuelo era irregular por decir algo. Combinado con la velocidad a la que se estaban desplazando, las hermanas Farron empezaron a temer por sus vidas en las manos de las dotes de conducción aérea de Hope.

 -¡Hope! ¡Como no hagas que esto se eleve, nos vamos a estrellar!-gritó Lightning cuando el vehículo se acercó peligrosamente al suelo. Aunque por un lado les vino bien, porque justo tras ellos oyeron una explosión que indicaba que uno de los vehículos enemigos había cometido el error de tratar de seguir su trayectoria.

-¡Lo estoy intentando!-el rostro de Hope estaba contorsionado en una mueca de concentración que nunca antes habían visto en él. Una nueva ráfaga de viento los elevó súbitamente, y por debajo de ellos pasó disparado otro vehículo que fue a estrellarse de frente contra las rocas. Los dos vehículos que quedaban se lanzaron tras ellos al tiempo que empezaban a dispararles.

-¡Están disparando!-exclamó Serah, que se aferraba a la cintura de su hermana como si la hubieran pegado a ella-¿Qué hacemos?

-¡Hope!, ¿no puedes hacer algo?-le preguntó Lightning al ángel, pero él ni siquiera se volvió, y su respuesta fue más bien seca:

-¿Os parece que estoy en condiciones de mantener dos hechizos al mismo tiempo?

Lightning suspiró. “Tiene razón, pero al verlo mostrar así de repente tanto poder nos hemos olvidado de que tampoco es que esté para hacer milagros.”

-Ya me hago cargo yo. Pero tenemos que quitarnos de encima a esos pesados, o no nos dejarán en paz. Serah, ¿crees que podrías ayudar a Hope a impulsar este cacharro?

Ella no parecía muy segura.

-Puedo intentarlo, pero no por mucho tiempo. Si me fuerzo demasiado, mi Marca podría revertir el proceso.

-Sólo necesitaríamos un poco más de velocidad para darles esquinazo-le aseguró Lightning-. Cuando creas que es suficiente, para. ¿De acuerdo?

-De acuerdo.-asintió su hermana.

Tras un brusco giro que Hope tuvo que dar para esquivar un peñasco, Lightning alzó la mano y conjuró una Coraza frente a ellos para repeler la ráfaga de balas que les disparaban los vehículos enemigos; a su vez, Serah lanzó un Aero+ para ayudar a Hope a mantener el vehículo en el aire y aumentar su velocidad. La Coraza se mantuvo en el aire reteniendo a los enemigos mientras ellos se alejaban, y antes de que pudieran rodearla, Lightning arrojó un Piro+ contra ellos. A aquella distancia era difícil saber si les había alcanzado y complicado que hubiera bastado para eliminarlos, pero los hechizos de Fuego creaban densas humaredas al hacer contacto, por lo que eran perfectos para batirse en retirada o cegar al enemigo. Al menos la cortina de humo sí la pudo ver Lightning antes de que los vehículos enemigos se perdiesen de vista tras la curva.

-Creo que los hemos despistado.-anunció Lightning, pero en ese momento algo le entró en los ojos y le obligó a frotárselos al provocarle un fuerte escozor. Se parecía demasiado a…

-¡Lightning!-exclamó Serah, que también se estaba frotando los ojos-¡Mira!

Arena. Incluso en la penumbra era distinguible. Un mar de arena se alzaba frente a ellos. “Oh, no”, pensó Lightning al comprender que se habían equivocado de calzada. “Lo que nos faltaba.”

Las Dunas de la Purgación, el enorme y baldío desierto que se extendía al sur de Yusnaan. Y, tal y como las hermanas Farron comprendieron, el viento que estaba conjurando Hope estaba levantando la arena y cegándoles. No sólo a ellas, sino también al ángel, a juzgar por el vuelo todavía más errático que empezó a seguir el vehículo momentos después.

-¡Hope! ¡¿Qué estás haciendo?!-gritó Lightning, aferrándose como podía a su cintura, cuando pasaron rozando un pilar de roca-¡Mantén el control!

-¡No puedo!-replicó él-Mis ojos… ¡No puedo ver nada!

Lightning maldijo entre dientes. No podía reprochárselo, pero eso no impedía que ahora estuviesen en serio peligro, a tal altura y semejante velocidad.

-¡Haz bajar este trasto! ¡Con cuidado, pero hazlo bajar! ¡Si no, nos estrellaremos contra las rocas!

-Lo… ¡lo intentaré!-Hope trató de hacer amainar el viento, pero con el impulso que llevaba el vehículo era complicado reducir la velocidad sin caer a plomo al suelo o salir volando sin control. Lightning, que estaba aferrada a la cintura del ángel, notaba lo tenso que estaba, y se dio cuenta de que tanta tensión debía de estar haciéndole daño en la espalda.

Para colmo de males, ya se había hecho de noche, y la luz de la luna no era lo suficientemente brillante como para ver por dónde iban. Fue cuestión de tiempo que Hope calculara mal y la parte trasera del vehículo golpeara un saliente rocoso. Suficiente para que perdiera la estabilidad y que Hope perdiera la concentración.

Serah chilló cuando el vehículo se precipitó contra el suelo. Instintivamente, Lightning cerró los ojos, preparándose para el inevitable impacto.

Sin embargo, cuando éste llegó, si bien la arrojó fuera del vehículo, no fue tan terrible como había imaginado. Sí, fue doloroso y le hizo perder la consciencia durante unos instantes, pero cuando Lightning abrió los ojos de nuevo, descubrió que podía moverse sin demasiados problemas. La arena había amortiguado el golpe en gran medida, y además, al mirar hacia atrás y ver el saliente en el que habían chocado, comprobó que no estaba a demasiada altura. Hope había conseguido hacer descender el vehículo después de todo, y eso les había salvado la vida.

La joven se incorporó poco a poco; sabía que estaba herida, pero no parecía ser de gravedad. Nada que fuera a impedirle socorrer a su hermana y a Hope. “He pasado por cosas mucho peores.

No tardó en encontrar a Serah, tendida sobre la arena. Lightning se apresuró a acudir a su lado tan deprisa como pudo, ya que sus pies se hundían en aquel suelo tan poco firme. Su hermana pequeña estaba consciente, pero parecía aturdida.

-¡Serah! ¿Estás bien?

-… Sí, creo que aún estoy entera-respondió Serah, mirando a su alrededor con los ojos un poco desenfocados-. ¿Y tú?

-También de una pieza. Hemos tenido suerte…

-Pues sí, podríamos habernos matado… -Serah se incorporó con una mueca-¿Y Hope? ¿Lo has visto?

Su hermana negó con la cabeza.

-No, todavía no. Has sido la primera a la que he encontrado.

-¡Pues tenemos que encontrarlo!-exclamó Serah, preocupada, poniéndose en pie con ayuda de Lightning-Caímos de frente, y él iba delante. ¡Quizá esté herido!

Lightning asintió. No quería admitirlo, pero estaba tan preocupada como su hermana. Y eso sin recordar hasta entonces que con aquella caída el ángel podía haberse llevado la peor parte. “Para no variar”, pensó la joven.

Afortunadamente, no tuvieron que buscar mucho. Encontraron unos metros más allá el vehículo accidentado, partido por la mitad y con el morro hundido en la arena; en el asiento del piloto estaba Hope, inconsciente y con el cuerpo apoyado en el volante como un muñeco de trapo. Las hermanas Farron se apresuraron a correr hacia él, alarmadas, y respiraron aliviadas cuando comprobaron que seguía vivo, si bien, tal y como habían temido, se había llevado un golpe más fuerte que ellas.

-Hope, ¡despierta! ¿Puedes oírme?-le dijo Lightning sacudiendo suavemente sus hombros cuando entre ella y Serah lo sacaron cuidadosamente del vehículo-¡Hope!

-Nnngh… -fue la respuesta del ángel, que apenas reaccionó. Sus heridas no parecían muy graves, pero Lightning sabía de sobra lo frágil que era y que su estado aún era delicado. Sin contar que había hecho un esfuerzo tremendo para conseguir escapar de los secutores y ponerlas a ella y a su hermana a salvo.

-Serah, ¿crees que podrías curarlo?-le preguntó la joven, limpiando con una esquina del manto que colgaba de su hombro izquierdo un rastro de sangre que manaba de una herida abierta en la frente de Hope. Serah se miró las manos, indecisa.

-No lo sé… Estoy hecha polvo, y ya he usado demasiada magia por hoy. Si pudiera, con gusto lo haría, pero…

-Ya, ya lo sé. No te preocupes-le cortó Lightning, y suspiró-. Y mi magia curativa no es ninguna maravilla, y nos acabamos de pegar una buena torta, y estamos en medio del desierto de noche, y nos estará buscando un montón de secutores… ¿Qué más puede pasarnos hoy?

No había acabado de decirlo cuando las hermanas Farron oyeron voces que se acercaban más y más; Serah, alarmada, le señaló a Lightning la cumbre de una duna cercana, sobre la que se adivinaba un grupo de unas siete personas que se acercaba a ellos.

“Para qué abriré la boca”, maldijo Lightning para sus adentros; después de semejante choque no estaban en condiciones de luchar. Sin embargo, antes de que pudiera desenvainar la espada, su hermana la detuvo:

-Espera… Creo que no son enemigos.

-¿Cómo lo sabes?

-Mira, no llevan los cascos. Si los llevaran, los cristales que llevan por visera reflejarían la luz de la luna.

Era cierto: ahora que estaban más cerca, Lightning podía apreciar que los desconocidos llevaban ropas holgadas. A pesar de la distancia, la joven conocía razonablemente bien el atuendo típico de los pueblos nómadas de las Dunas de la Purgación. Aunque eso no tenía por qué significar estrictamente que no eran enemigos, se sintió mucho más aliviada.

-¡Por aquí!-oyeron decir a un hombre-¡Mirad! ¡Creo que hay supervivientes!

-¡Sí! ¡Vamos, rápido!

Los nómadas no tardaron en llegar donde estaban las hermanas Farron y el todavía inconsciente Hope. Llevaban ropas amplias que cubrían sus cuerpos, pero aun así distinguieron que el grupo constaba de cuatro varones y tres mujeres. Iban armados con cimitarras, pero no las habían desenvainado, lo que interpretaron como una señal pacífica.

-¿Estáis bien?-les preguntó una de las mujeres a las hermanas, agachándose a su lado-Ibais en este artefacto volador, ¿verdad?

-Sí-respondió Serah con una sonrisa cansada-. Estamos todos enteros, creo… Pero nuestro compañero se ha llevado la peor parte, y tampoco es que hayamos salido sin un rasguño…

Uno de los hombres del grupo examinó de cerca a Hope, y frunció el ceño.

-No parece muy grave, pero lo mejor será que os llevemos con nosotros para que podamos atenderos como es debido-les dijo-. No os preocupéis, nuestra aldea no está lejos.

-Estábamos cazando y vimos caer el vehículo-explicó otra mujer mientras el hombre que había hablado daba órdenes a los demás-y después la nube de polvo que levantó al chocar. Gracias a eso pudimos saber dónde habíais caído, y vinimos a ver qué había pasado.

-Os lo agradecemos mucho-dijo Lightning; su sonrisa no era tan amplia como la de Serah, pero aun así era sincera-. De no ser por vosotros, nos habríamos quedado aquí para los restos, me temo.

En cualquier otra circunstancia, Lightning se habría mostrado más desconfiada y reticente a aceptar que unos desconocidos la llevasen a ella y a su hermana a un lugar desconocido, pero el giro que habían tomado los acontecimientos era muy oportuno: si los nómadas les llevaban con ellos, podrían alejarse del vehículo accidentado y hacer que los secutores les perdiesen la pista. Además, Hope necesitaba atención médica, y a ellas tampoco les vendría mal.

En ese momento regresaron los nómadas a los que aquel hombre, que parecía ser su líder, había ordenado que se fueran. Llevaban un carro de madera con forma de barca tirado por tres sahuagines de arena, unos animales anfibios que en general vivían cerca del agua, pero aquella variedad de las Dunas se había adaptado al desierto y podía nadar en la arena.

-Ayudad a las chicas a subir-ordenó el líder de los nómadas a los demás-. Vosotros dos, ayudadme a llevar al chico, con mucho cuidado.

Lightning torció el gesto cuando tres nómadas cogieron al inconsciente Hope para subirlo al carro, pero en aquel momento la mujer que se les había acercado primero y otro hombre la ayudaron a ella y a Serah a incorporarse, separándolas del ángel. Se obligó a sí misma a confiar en sus salvadores, pese a que no le gustaba nada dejar a Hope en manos ajenas.

Una vez estuvieron las hermanas acomodadas en el carro, los nómadas tendieron con cuidado a Hope sobre unas mantas a su lado, y se subieron a su vez. Con una sacudida de riendas, los sahuagines de arena se pusieron en marcha, surcando la arena como si de agua se tratara a una velocidad sorprendente. No tardaron en perder de vista el vehículo accidentado tras una duna, lo cual hizo que Lightning y Serah se relajaran al fin.

-No sois de por aquí-observó el líder de los nómadas al cabo de unos minutos cuando vio que las jóvenes se tranquilizaron-. ¿Qué os trae a las Dunas de la Purgación? No es un lugar al que venga mucha gente.

-Hemos venido por accidente-respondió Serah con una sonrisa, frotándose un chichón que le estaba saliendo en la frente-. Es una larga historia.

El nómada asintió sin más. Lightning sabía que las gentes del desierto eran discretas y no se metían en lo que no les concernía. Por eso habían logrado mantener sus estilos de vida en considerable paz tras la llegada al poder de la Orden.

-¿Adónde vamos?-quiso saber la joven, en parte por precaución, y también por curiosidad.

-Al asentamiento de Mysidia. No es una aldea muy grande, pero puedo garantizaros que os cuidaremos bien. Yo soy Fado-se presentó el hombre-. Soy el jefe de los cazadores de nuestra tribu, y también el sanador mayor.

Lightning y Serah lo miraron con interés. Si era sanador, eso significaba que tenía que saber usar la magia. No parecía un lu’Cie, pero si bien la magia podía ser usada por cualquiera, para llegar a ser sanador o mago como tal eran necesarias ciertas aptitudes y un determinado grado de poder.

-Encantadas-replicó Serah, sonriente-. Yo me llamo Serah, y ésta es mi hermana mayor, Lightning. Y él…

-… Nn… -en ese momento, los párpados de Hope temblaron levemente antes de separarse, apenas una rendija que mostraba unos ojos claramente desenfocados.

-… Él es Hope, un amigo nuestro.-completó Lightning sin poder evitar esbozar una media sonrisa al ver que el ángel se había despertado.

-¿Eh…?-Hope trató de incorporarse con gesto de dolor, y buscó con la mirada a las hermanas Farron; se sobresaltó cuando vio a los nómadas sentados a su lado en el carro-¿Dónde…?

-Tranquilo, no pasa nada-le dijo Serah, y Hope se volvió inmediatamente hacia ella y Lightning, relajándose al verlas-. Estamos aquí, ¿ves?

El joven ángel asintió, pero dirigió una mirada un tanto recelosa a los nómadas. Lightning sabía de sobra que le costaba coger confianza con los desconocidos –en parte por su culpa, por haberle metido el miedo en el cuerpo a que todo el mundo lo quería ver muerto– hasta que empezaba a identificar sus emociones a través de la energía que desprendían y se hacía una idea de si sus intenciones eran buenas o no.

-No nos harán nada-le aseguró la joven a Hope en voz baja-. Ellos han sido los que nos han encontrado. Van a llevarnos a su aldea para curarnos, ¿vale? A ti te va a venir muy bien, te diste un buen golpe. Así que túmbate y descansa hasta que lleguemos, y no hagas más esfuerzos.

-… Está bien-el ángel volvió a tenderse sobre la manta, pero no cerró los ojos completamente; Lightning se percató de que no perdía de vista a los nómadas por entre las pestañas-. Me fío de ti, Light.

Fado, el líder del grupo de nómadas, meneó la cabeza. Pese a que tenía el rostro cubierto, Lightning y Serah intuyeron que le resultaba divertida la desconfianza de Hope.

-No parece que vuestra confianza sea fácil de ganar.-comentó una de las mujeres, que claramente sonreía tras la tela que cubría su rostro, a excepción de sus ojos.

-Se acostumbrará-trató de justificar Serah-. No es que desconfiemos de vosotros, es que…

-No pasa nada-dijo Fado, mirando a los tres con un brillo reflexivo en los ojos-. Así viviréis más. Es un dicho que tenemos aquí en las Dunas. Se confía en quien se ama, pues sólo él te será fiel.

Lightning y Serah se miraron. Hope se limitó a entreabrir los ojos brevemente.

-Cuidaremos de vosotros, de eso tenéis nuestra palabra. No obstante-prosiguió Fado-, una vez estéis mejor, sería conveniente que hablarais con nuestro Anciano. Ya sabéis, todo en este mundo va en ambas direcciones.

No añadió más, pero no fue necesario. Habían entendido perfectamente a qué se refería el nómada, y no podían sino comprenderlo. De la misma forma que ellos no tenían por qué confiar en sus salvadores porque sí, tampoco los nómadas tenían que confiar en tres forasteros.

“Y menos si han llegado aquí en un vehículo usado por la Orden.”

* * *

-Así que nos estrellamos… -murmuró Hope, pensativo, con la mano sobre la venda que le habían puesto en la frente-Y estas gentes nos encontraron. Y ahora estamos en su aldea. ¿No es así?

Habían pasado la noche en el asentamiento nómada de Mysidia, que se hallaba cerca de las orillas del mar, próximo a una enorme formación rocosa en forma de mano que según le habían contado las hermanas Farron a Hope, se conocía como la Mano del Gigante. Los cazadores nómadas les habían llevado a una de sus tiendas una vez llegaron, y Fado, acompañado por un par de aprendices sanadores, había tratado sus heridas y les había llevado algo de comer. Les había dicho que descansaran, y que a la noche siguiente les concertaría una audiencia con el Anciano de la tribu de Mysidia.

Así que allí estaban los tres, sentados sobre las mantas tras dormir casi hasta el mediodía. En aquel momento era por la tarde, y el sol empezaba a ponerse; curiosamente, había notado Hope, era ahora cuando comenzaba a haber actividad en el asentamiento, por lo que podía oír a su alrededor.

-¿Y dónde estamos exactamente?-preguntó el ángel con curiosidad.

-A grandes rasgos, en las Dunas de la Purgación-explicó Serah; era la que menos perjudicada había salido del choque, y ya podía moverse sin mayores molestias-. Ya sabes, el desierto que hay al sur de Yusnaan. Es difícil definir dónde está cada aldea aquí, dado que sus habitantes son casi en su total mayoría nómadas, pero según nos han dicho, esto es el asentamiento de Mysidia.

-Nómadas.-repitió Hope ladeando la cabeza. Parecía un poco confuso.

-Son gente que no tienen un hogar fijo-le explicó Lightning ante su extrañeza-. Van de aquí para allá en busca de recursos. Como en el desierto no abundan, se tienen que desplazar para poder sustentarse, así que se llevan sus aldeas con ellos y se establecen en los sitios durante un tiempo hasta que se les acaba la comida. Por eso no tienen casas tan elaboradas, porque se las tienen que llevar.

-Entiendo-Hope había expresado su curiosidad al llegar la noche anterior a la aldea por qué los nómadas hacían casas tan pequeñas y frágiles-. ¿Y viven de noche porque hace calor?

-Más o menos-se rió Serah-. Verás, en el desierto los monstruos salen a cazar durante el día, así que a los nómadas les compensa más quedarse en sus tiendas durante las horas de sol y luego cuando los monstruos vuelven a sus guaridas de noche salir ellos a cazarlos.

-Sabéis mucho del desierto.-observó Hope mirándolas con interés. Lightning se encogió de hombros.

-No te creas que sabemos tanto. Hemos estado de paso algunas veces, y conocemos sus costumbres, pero poco más. Las Dunas de la Purgación no son un lugar muy idóneo para establecerse, sabes.

Hope asintió. Ya había percibido desde hacía rato la poca vida que desprendía aquel lugar. Por eso los nómadas le resultaban tan extraños. “¿Por qué iba nadie a vivir en un lugar donde lo que más se respira es la muerte?”

-Pero nosotros no queríamos venir aquí-observó el ángel-. Dijisteis que teníamos que ir a las Marcas Salvajes, ¿verdad? Allí era donde el fal’Cie dijo que se abrió el portal de los ángeles.

-Ésa era nuestra intención, pero nos equivocamos de calzada al huir-admitió Lightning de mala gana-. Tampoco es que estuviéramos en condiciones de ponernos a averiguar si era la calzada correcta, pero de todas formas ahora nos toca ver cómo podemos regresar a Luxerion. Desde allí es mucho más fácil ir a las Marcas.

-Pero el problema es que, si no recuerdo mal, la estación de monorraíl de las Dunas está al otro lado del desierto-intervino Serah frunciendo el ceño-. Ése es el mayor de nuestros problemas, cruzar el desierto. Hacerlo nosotros sin guía sería una locura.

Hope ladeó la cabeza, mirando distraídamente una de las antorchas que iluminaban la tienda.

-¿No podrían llevarnos los nómadas? Seguro que ellos sí conocen el desierto.

-Ya lo habíamos hablado Serah y yo mientras tú dormías-replicó Lightning, y suspiró-. Pero ya oíste a ese tal Fado, no tienen por qué fiarse de nosotros. Llegamos aquí en un vehículo de los que usa la Orden, y como comprenderás, es motivo suficiente como para que desconfíen. Primero tendremos que hablar con el Anciano y convencerlo de que no venimos a causar problemas.

El ángel pareció sorprendido ante aquella revelación. Lightning intuyó por qué: a fin de cuentas, los únicos lugares que había visitado desde su descenso eran Luxerion y Yusnaan, las grandes ciudades donde la fe en la Orden y en Bhunivelze eran la ley. Pese a su convivencia con dos lu’Cie y haber conocido al grupo rebelde de Fang, Hope no había oído hablar de lugares donde la Orden no fuese bien vista.

-¿Los nómadas son lu’Cie?-preguntó Hope, intrigado; las hermanas Farron no pudieron evitar sonreír ante su conclusión, que en el fondo era lógica de acuerdo a su experiencia en el plano mortal.

-Hay lu’Cie entre ellos, como en toda Nova Chrysalia-le explicó Serah amablemente-, pero en el desierto las cosas son distintas. Aquí, como verás, la gente no se mete en lo que no le importa. Los nómadas pasan de la Orden, aunque los secutores a veces vienen a husmear y, según dicen, a asegurarse de que la palabra del Altísimo se cumple en toda Nova Chrysalia.

-Pero eso a los nómadas les da igual-añadió Lightning, y esbozó una media sonrisa irónica-. Ya has visto que la máxima para ellos es cuidar de los suyos porque son los únicos que les son fieles. Cuando vienen los secutores, las tribus nómadas ayudan a los lu’Cie a ocultarse hasta que pasa el peligro. No son en absoluto mal vistos en su sociedad; de hecho, ha habido muchos lu’Cie que han sido chamanes o Ancianos de sus tribus.

Les interrumpieron en ese momento tres hombres que entraron en la tienda. Uno de ellos era Fado, y otro era un hombre de aspecto discreto de mediana edad vestido con ropas oscuras. Ambos flanqueaban al tercero, que exhibía una barba abundante y vestía de blanco, con un turbante adornado con plumas. Pese a que no llevaba un atuendo muy ostentoso, Lightning, Serah y Hope intuyeron que se trataba de una persona importante en la tribu.

-Saludos, forasteros-dijo el hombre del turbante de plumas inclinando brevemente la cabeza, a lo que las hermanas Farron devolvieron el gesto; Lightning le dio un discreto codazo a Hope para que las imitara-. Mi nombre es Minu, y soy el Anciano de la tribu de Mysidia. Ya conocéis a Fado, nuestro sanador mayor, y éste es Halim, mi umbra y consejero.

-Es un honor, Anciano Minu-respondió Serah, a la que se le daba mejor la cortesía y los protocolos que a su hermana y por supuesto a Hope-. Yo soy Serah, ésta es mi hermana mayor Lightning, y éste es nuestro amigo Hope. Os agradecemos mucho vuestra hospitalidad y que hayáis cuidado de nosotros.

El Anciano asintió, aceptando su gratitud.

-Fado me ha contado que os estrellasteis en el desierto con uno de esos vehículos voladores que usa el ejército de la Orden-repuso mirándolos inquisitivamente-. No parecéis secutores, pero aun así quisiera oír de vuestros labios vuestra historia.

Lightning tomó la palabra entonces; era un asunto delicado del cual era mejor revelar lo justo y necesario para evitar exponerse demasiado:

-Es complicado explicarlo todo y no podemos contaros los detalles, Anciano, por nuestra seguridad. Confío en que podáis entenderlo. Pero podemos aseguraros que no somos parte de la Orden ni les guardamos ninguna simpatía. Huíamos de ellos desde Yusnaan, les robamos uno de sus vehículos y les dimos esquinazo, pero terminamos chocando.

El Anciano Minu compartió una mirada con Fado y el hombre al que había llamado su umbra, Halim.

-Nos han llegado rumores de otras tribus de que secutores de Yusnaan están peinando las Dunas-dijo el Anciano-. Según dicen, van en busca de tres fugitivos. Dos mujeres y un varón. Vuestra historia coincide con los rumores.

A Lightning se le cayó el alma a los pies. “¿Ya nos están buscando? ¿Tan pronto?”

-¿Vais a entregarnos?-preguntó Hope. Las hermanas Farron lo miraron, sorprendidas por el matiz desafiante de su voz; a cualquier otra persona le habría pasado desapercibido, pero ellas ya conocían demasiado bien el tono monótono de la voz del ángel y cualquier inflexión era claramente identificable a sus oídos.

-No tenemos por qué ayudar con sus maquinaciones a la Orden-respondió el Anciano con calma-. No es asunto nuestro; ya tenemos suficiente con que registren nuestras aldeas y se metan en nuestras vidas. Pero espero que comprendáis que podemos encubriros hasta cierto punto. No pondré a mi tribu en peligro por unos forasteros. Por eso he venido a preguntaros qué tenéis pensado hacer una vez os sintáis bien, y ver qué podemos hacer por vosotros.

En otras palabras, el Anciano quería ayudarles a escapar, siempre y cuando ello no supusiera ningún riesgo para su gente, para evitar involucrar a su tribu. Aún tenían suerte, pensó Lightning, que estaba más familiarizada con las costumbres de los nómadas de las Dunas. Podían haberles dicho perfectamente que se las arreglaran solos cuando se hubieran recuperado de sus lesiones.

-Teníamos intención de regresar a Luxerion, que es donde vivimos-explicó Serah tentativamente-. Pero no conocemos el desierto, y la estación está justo al otro lado… Tendríamos que cruzarlo, y si lo hiciéramos solos sería una locura. Pensamos que quizá… podríais ayudarnos a llegar hasta allí.

El Anciano frunció el ceño.

-Es un trayecto largo hasta para los cazadores-intervino Fado, que se había cruzado de brazos-. No solemos movernos por esa zona. Ni siquiera nos establecemos por allí.

-Así es-confirmó el Anciano-. No podemos escoltaros hasta allí. Tendréis que buscar otra solución.

-Pero, Anciano… -Lightning fue a replicar, pero en ese momento el umbra Halim les dirigió una mirada tranquilizadora y se volvió hacia el Anciano y Fado:

-Con vuestro permiso, Anciano Minu, sanador Fado… ¿Recordáis la caravana mercante que sale en un par de días? Podrían aprovecharla para ir hacia el norte.

-Ah, es cierto. La caravana… Sí, podría ser.

-¿Una caravana?-inquirió Lightning-¿Y decís que va al norte?

-Sí, nuestros artesanos y mercaderes se dirigirán en caravana dentro de dos días hacia Razia-explicó el umbra Halim-. Sé que no es donde queréis ir, pero allí seguramente podéis encontrar a alguien que os escolte con seguridad a la estación de las Dunas. No podemos ofreceros más, pero si estáis conformes, podéis subir en nuestra caravana y os llevaremos a Razia.

-¿Razia?-Serah miró a Lightning con los ojos brillantes-¡Lightning! …

Ella entendió lo que quería decir su hermana. Desde luego, en Razia no tendrían problema en encontrar a alguien que les ayudara… si bien no le hacía gracia llamar la atención. Pero de lo que estaba segura era de que la gente allí sí que les ocultaría. “No todo iba a ser malo”, pensó la joven.

-De acuerdo, estamos conformes-asintió Lightning-. Iremos en la caravana.

El Anciano asintió a su vez, y sonrió.

-Muy bien. La caravana partirá dentro de dos días, así que os sugiero que aprovechéis vuestra estancia en Mysidia para descansar y recuperaros. El viaje a través del desierto será duro igualmente-les dijo-. Ahora debo retirarme, jóvenes forasteros, debo atender otros asuntos. En caso de que no nos veamos, os deseo que los vientos de las Dunas soplen a vuestro favor.

-Y también al vuestro, Anciano Minu-replicó Serah inclinando la cabeza, y Lightning la imitó; Hope tardó unos segundos en hacer lo propio-. Os agradecemos mucho vuestra ayuda.

Sin más respuesta que una breve inclinación a modo de cortesía, el Anciano y Fado salieron de la tienda. El umbra Halim, que se había rezagado, se acercó a ellos esbozando una serena media sonrisa:

-Me alegro de haber podido ayudaros-les confió-. Tal vez muchos de los míos no estarían de acuerdo, pero no me fío de la Orden. Y todo aquel que les plante cara debería tener nuestra ayuda.

-¿Nos habéis ayudado entonces porque la Orden va tras nosotros?-Hope ladeó la cabeza, tan sorprendido como las hermanas Farron.

-Claro. Por norma general, a ninguna tribu se le ocurriría montar en sus caravanas mercantes a tres extranjeros. No tenemos por costumbre implicarnos tanto en asuntos ajenos-Halim se encogió de hombros-. Pero si habéis enojado a la Orden lo suficiente como para que vengan a buscaros a las mismísimas Dunas de la Purgación, al menos os habéis ganado mis respetos, y creo que los de mucha gente también. También los del Anciano Minu, aunque deba mantenerse neutral como dictan las leyes de nuestras tribus.

Lightning y Serah sonrieron azoradas, mientras que Hope se limitó a arquear brevemente las cejas con curiosidad.

-Gracias por vuestra ayuda, consejero Halim-dijo Lightning, y esbozó una sonrisa sarcástica-. Puedo prometeros que no tenemos intención de dejar a la Orden en paz.

Halim les guiñó un ojo amablemente.

-Os tomo la palabra. Y puedo aseguraros que el Anciano estaría encantado de oír eso. Mi lux puede parecer neutral, pero en el fondo desea librarse de la Orden como el que más.

-¿Vuestro lux?-repitió Hope, confuso-¿Qué es eso?

Lightning y Serah compartieron una rápida mirada de reojo, pero antes de que pudieran explicárselo, Halim se les adelantó con total naturalidad:

-Ah, claro, habíais dicho que sois de Luxerion… Hablo de Minu, por supuesto. El Anciano es mi… ¿cómo decís vosotros? … Ah, sí, “marido” lo llamáis. No tiene un equivalente, creo, pero para que me entendáis, es mi pareja.

Las hermanas Farron observaron intrigadas la reacción de Hope, pero el ángel se limitó a parpadear como si la respuesta sólo fuese algo que desconocía.

-Oh, entiendo. Disculpad la pregunta, no conocía el término.

-No pasa nada-dijo el consejero Halim, comprensivo-. Bueno, debo irme. No os preocupéis, os cuidaremos bien y trataremos de mantener alejados a los secutores de Mysidia. Ahora sólo centraos en descansar.

-Gracias una vez más por todo, consejero.-dijo Serah, y con una cortés inclinación, Halim salió de la tienda.

En cuanto se perdió de vista, Lightning y Serah no pudieron evitar dirigirle una mirada divertida a Hope, que no tardó en captar las sonrisillas de las hermanas.

-¿Qué?-preguntó, claramente incómodo. Ellas se echaron a reír, en especial por la genuina extrañeza que leían en sus ojos.

-Nada, Hope, es que es la primera vez que vemos a un ángel preguntarle a alguien por su vida sentimental.-rió Serah sentándose sobre las mantas. Hope frunció el ceño y se cruzó de brazos.

-Yo no sabía lo que significaba la palabra. ¿Cómo queríais que lo supiera? No es que me importe mucho si ese humano tiene marido o no. Si desde el primer momento hubiera dicho que era su pareja, ni le hubiera preguntado.

Lightning sacudió la cabeza, riendo entre dientes, recordando aquellos tiempos en los que ella y los demás aún creían que Hope era un ángel enviado por Bhunivelze para castigar a todos aquellos que no siguieran las leyes del Altísimo.

“Tendríais que haber visto esto por vosotras mismas para creerlo, amigas mías, y ya nada tendría por qué deteneros para ser felices.”

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