Lo primero que Hope percibió tras una
oscuridad que se le antojó una eternidad fueron las voces. Después aquella
extraña asfixia, como si el aire no entrara a sus pulmones; tosió, en un
intento de respirar. Hasta que se percató de que en realidad estaba respirando
sin problemas, y que aquella opresión tenía que tener otra causa distinta.
Poco a poco, el ángel abrió los ojos.
Era de noche, y en la distancia relucía la llama eterna del Gran Faro,
iluminando tenuemente la arena. Se hallaba, no obstante, en una posición
distinta a la última vez que lo había visto, con lo cual no estaban en el lugar
que recordaba antes de haber perdido toda consciencia. “Dónde… ¿dónde estoy?”
Trató de moverse, y de pronto algo
produjo un fuerte calambrazo, como una corriente de energía rojiza que recorrió
todo su cuerpo. Hope dejó escapar un breve grito de dolor, sintiendo cómo
aquella sensación de asfixia crecía, obligándole a volver a toser.
-… ¿Hope?-oyó entonces la voz agotada
de Lightning a su lado; el ángel giró la cabeza y vio a la joven y a Fang a su
lado, junto a la roca-Estás despierto…
-Light… -murmuró él; también su voz
sonó ronca y exhausta, como si le costara pronunciar cada palabra-Fang… ¿Qué ha
pasado…? Dónde… ¿dónde estamos?
Lightning fue a responder, pero Fang
se le adelantó, con idéntica voz de agotamiento, aunque sin perder su descaro:
-Dónde estamos, en algún lugar al este
del Gran Faro. Respecto a lo que ha pasado, si estamos encadenados como estamos
es porque nos han atrapado… Yo que tú no me movería mucho si no quieres pasarlo
peor de lo que estás soportando.
Fue entonces cuando Hope reparó en los
grilletes que rodeaban sus muñecas, cuello y tobillos, sujetos por cadenas a la
roca. El metal despedía un siniestro brillo rojizo que le resultaba familiar.
También Lightning y Fang estaban encadenadas de la misma forma, aunque ellas parecían
llevarlo algo mejor que él.
-La Orden lleva… muchos siglos usando
este método contra nosotros… -explicó Lightning con evidente rabia, pese a lo
que le costaba hablar-Un hechizo expresamente diseñado… para bloquear la magia
de origen cristalino… como la de los lu’Cie. Como bien nos advertiste, es la
que aún persiste… en las celdas del palacio de Yusnaan.
Entonces Hope recordó que justo antes
de perder el conocimiento, había percibido aquella misma energía. Vio entonces,
un poco más allá, una tienda al frente de la cual había un estandarte clavado
en la arena con el símbolo de la Orden de la Salvación. “La Orden… ¿nos ha capturado? ¿Cómo habrán sabido dónde buscarnos?”
-Los he escuchado hablar
antes-masculló Fang mirando fijamente la tienda donde los secutores de la Orden
estarían guarecidos, sus palabras rezumando tanto veneno que Hope sintió un
escalofrío-. Por lo visto han perdido todo el respeto a la neutralidad de las
tribus nómadas. Capturaron a unos cazadores de la tribu de Mysidia y les hicieron
confesar a golpes dónde habíais ido antes de matarlos para que nadie se
enterara. Cuando iban de camino a Razia, se cruzaron con nosotros… -la
dragontina apretaba los puños con rabia-Miserables cerdos malnacidos…
Lightning, por su parte, parecía más
frágil y asustada que nunca, pese a sus esfuerzos por mantener la compostura. A
Hope no le gustaba nada verla así, y lamentó no poder moverse siquiera para
poder ofrecerle un mínimo de apoyo.
-Esos cobardes repugnantes de la Orden
jamás se atreverían a atacar Razia-espetó Fang como si la idea fuese un
auténtico despropósito-. Además, ¿para qué? Ya nos tienen aquí… A tu hermana no
les conviene dañarla, y lo sabes… pero nosotros somos una historia muy
diferente.
Aunque Hope no estaba tan acostumbrado
al aura de Fang, sí percibió una especie de oscura resolución, una
determinación casi resignada. Como quien acepta un destino nefasto y está
dispuesto a luchar hasta que llegue el fatídico desenlace.
-Fang… -murmuró Lightning, sacudiendo
la cabeza agachada-Lo siento… Ha sido culpa mía. Si no hubiéramos salido de
Razia por mi estúpida idea…
-Ahora ya de poco sirve lamentarse-replicó
Fang bruscamente-. Me interesa más cabrear a la Orden lo suficiente para que
nos concedan una muerte rápida. Es mucho más de lo que suelen ofrecer a los
lu’Cie… y a los traidores y espías como yo, ni te cuento.
Lightning no dijo nada. Se limitó a mirar
al suelo, pálida, su rostro serio y estoico de puertas para fuera, pero Hope
percibía su rabia, su frustración, su sensación de fracaso… y también su temor.
“Tiene miedo”, comprendió el ángel. “Teme que todo por lo que ha luchado no haya
servido de nada.”
Si eran prisioneros de la Orden y no
podían liberarse mediante la magia, ¿qué iba a ser de ellos? Fang daba por
sentado que los matarían, pero Hope no podía evitar preguntarse si realmente
eso era todo. De haber sido ése su objetivo, habrían puesto fin a sus vidas
nada más incapacitarlos. ¿A qué se debería que les hubiesen encadenado?
Tal vez Lightning se percató de la
inquietud del joven ángel, porque volvió el rostro hacia él mientras se
lamentaba por hallarse lo bastante débil todavía como para haber advertido la
emboscada con un mayor margen de tiempo.
-Hope… -repuso ella en voz baja, quizá
en un intento de tranquilizarle-Siento que haya tenido que pasar esto. Sé que
es muy irónico que te diga esto, pero… no tenía intención alguna de arrastrarte
a la muerte.
-Aún estamos vivos… -replicó Hope
sacudiendo la cabeza-¿Por qué te disculpas? Además, fui yo quien dijo que
querría ver la profecía… Puede que si me hubieras matado antes, no os hubiese
causado tantos problemas…
Ella fue a replicar, pero en ese momento
Fang les interrumpió:
-Dejaos de últimas voluntades… Ahí
vienen. Por lo que más queráis, no reveléis nada. Quizá nosotros caigamos hoy,
pero nuestra gente debe seguir adelante.
Lightning asintió con determinación.
Hope entendió qué era lo que Fang quería decir, y por qué los secutores no les
habían matado todavía: querían interrogarles, saber de sus escondites y
actividades. Recordó lo que le habían contado ambas mujeres, que sólo los
miembros del Alba de Gules luchaban activamente contra la Orden, mientras que
los lu’Cie inocentes se refugiaban del mundo hostil en la aldea de Poltae. Pero
el hecho de que se limitasen a vivir ocultos no detendría a los secutores a la
hora de dar muerte a todos y cada uno de ellos.
Los secutores se dirigían hacia ellos,
sosteniendo sus bayonetas. Pese al hecho de que cubrieran sus rostros bajo sus
cascos, Hope percibía el aura de suficiencia y soberbia que desprendían: hasta
él, que todavía desconocía muchos de los secretos de las emociones humanas,
sabía que era debido al hecho de haber capturado lo que ellos pensaban que eran
tres lu’Cie rebeldes fugitivos. “Al menos
no saben que soy un ángel”, pensó. “Aunque,
en mi estado, ¿quién iba a sospecharlo siquiera?”
-Una espía, una traidora, una lu’Cie y
una cabecilla rebelde en una sola captura-replicó Fang con evidente sorna,
esbozando su característica sonrisa de tiburón-. Hoy es su día de suerte,
¿verdad, capitán? Mucho más del que haya podido tener a lo largo de estos años
dándonos caza. Sin duda habrá perdido el culo apresurándose a notificar a la
Suma Sacerdotisa de que ha hecho las cosas bien, para variar.
El capitán de los secutores se mostró
brevemente irritado, pero se recompuso apenas unos segundos después. Se acercó
a Fang a paso deliberadamente lento, y se inclinó a su lado, apuntándole con el
cuchillo de la bayoneta.
-Tan lenguaraz como siempre, Yun.
¿Acaso no se ha dado cuenta de que está desarmada, encadenada bajo los efectos
del hechizo antidemonios y que cualquier falta de respeto contra la sacra mano
de la Orden será consecuentemente castigada?
-¿Respeto?-Fang se rió en la cara del
secutor-¿Por una pandilla de cobardes que se amparan en la magia corrupta para
incapacitar a sus enemigos por la espalda en vez de luchar con un mínimo de honor,
que es lo máximo que se le puede exigir a la Orden? No lamento comunicarle que
el día que yo le tenga respeto a la Orden, capitán, será el mismo en el que
vuestro dios me lo inspire. Ya puede ir sacando cuentas.
El filo del cuchillo de la bayoneta
tocó la piel del pecho de Fang. Lightning y Hope contuvieron el aliento, pero
Fang se limitó a acentuar su sonrisa burlona.
-Osa mancillar el nombre del Altísimo
con sus groserías, pero aprenderá a temer su poder y su palabra, capitana Yun.
Pese a ser parte de los demonios que infestan nuestro mundo, tenía intención de
ofrecerle un trato de buena voluntad.
-Ah, no me diga. Es la primera vez que
me ofrecen un trato de buena voluntad mientras me clavan una bayoneta en el
pecho.
El secutor ignoró el sarcasmo de la
dragontina y prosiguió:
-Como ha sido parte del ejército
sacro, pese a su traición, confío en que parte de las enseñanzas del Altísimo
hayan podido calar en su corazón demoníaco-Fang resopló con evidente desdén, a
lo que la punta de la bayoneta se hundió un poco más en su piel, aun sin causar
herida, a modo de advertencia-. Y como líder de los rebeldes, Yun, es la más
indicada para hacer este pacto con la Orden.
-Cuánta consideración-se burló ella-.
Me siento honrada. Permítame que dude de que la Suma Sacerdotisa haya mostrado
tal interés en negociar con la jefa rebelde. Que yo recuerde, su especialidad
era masacrar todo lu’Cie que osara respirar en sus dominios, lo que viene
siendo Nova Chrysalia entera…
-La Suma Sacerdotisa todavía no está
al corriente de esto-replicó el secutor-. Sin duda su orden inmediata habría
sido su ejecución inmediata y la de sus esbirros. Pero aunque sus actos honren
la palabra divina, nosotros pensamos que hay forma de que pueda redimirse y tal
vez salvar la vida, haciendo un servicio a la Orden y a la voluntad del
Altísimo.
Fang alzó las cejas fingiendo interés,
pero el gesto era claramente despectivo. Pese a la situación en la que se
hallaban y que las provocaciones de la dragontina podrían acarrearles un aciago
destino, Hope no podía por menos que admirar su sangre fría. Cada vez
comprendía mejor por qué ella era la líder del Alba de Gules, y por qué se
había ganado el respeto de Lightning.
-El trato es sencillo-prosiguió el secutor-.
Nosotros les llevaremos a usted y a sus cómplices demonios a Luxerion e
intercederemos por su salvación ante la Suma Sacerdotisa… siempre y cuando
acceda a revelarnos aquí y ahora, y repetir ante su excelsa presencia, dónde se
hallan ocultos los demás demonios de su orden.
Hope percibió la rabia que emanó de
Lightning al oír las condiciones del capitán, pero la reacción de Fang fue muy
diferente: la dragontina miró un momento
al secutor como si éste le hubiera contado un chiste especialmente gracioso, y
estalló en carcajadas:
-Oh, sí, capitán. Es justamente lo que
estaba pensando hacer. ¿Cómo no se me habrá ocurrido antes, traicionar a toda
mi gente para satisfacer los deseos de una loca fanática? Lo firmaría con
ganas, pero suceden varias cosas: estoy encadenada, me importan mucho más las
vidas de los míos que salvar mi pellejo, y todos vosotros sois una pandilla de
payasos, empezando por usted. Lo siento de veras. Ah, espere… no, no lo siento.
Lástima.
Al momento, la punta del cuchillo de
la bayoneta atravesó la piel morena de Fang, haciendo fluir la sangre por su
pecho. A Lightning se le escapó un pequeño grito ahogado, pero una vez más, la
líder del Alba de Gules, indiferente al dolor, se limitó a sonreír como un
tiburón. “Fang soportaría cualquier dolor
si así salvara a quienes quiere”, pensó Hope, asombrado. “Dejaría que estos humanos le atravesaran el
corazón sin dudarlo si con ello pudiera sacarnos de aquí.”
-Tal vez deba explicarme mejor-el
secutor se agachó y hundió un poco más la hoja en la carne de Fang; ella enseñó
todavía más los dientes en aquella feroz sonrisa de depredador-. El trato
implica dos opciones, Yun: o acepta, o muere. Le estoy ofreciendo la
posibilidad de vivir, que es mucho más de lo que merece, honrando la sacra
voluntad del Altísimo limpiando de demonios esta tierra. La Orden perdona y
permite vivir a los demonios que escogen el camino de la redención. Lo único
que ha de hacer es revelarnos el paradero de los demás.
Como única respuesta, Fang le escupió
a la cara. El secutor llevaba puesto el casco, de modo que el efecto no fue tan
satisfactorio como lo hubiera sido en caso contrario, pero aun así era un claro
y descarado gesto del desprecio más absoluto. Rabioso, el hombre maldijo al
apartarse de un salto como si le hubiese mordido una serpiente –Hope estaba
seguro de que aquel escupitajo llevaba más veneno del que podría inyectar
ningún monstruo– y extrajo bruscamente el arma de la piel de Fang antes de
asestarle un airado tajo, provocándole un corte en la mejilla a modo de
represalia.
-Muy bien-masculló el secutor secándose
el visor con la manga, pinchando a la dragontina con la bayoneta; ella le
obsequió con su más amplia y despectiva sonrisa-. Ya veo que su naturaleza
demoníaca está más allá de la redención. Sin embargo, su lealtad para con los
de su calaña es encomiable…
Entonces, el secutor se giró
lentamente hacia Lightning y Hope. Al ángel no le gustó nada lo que percibió en
su aura, y mucho menos cuando vio que Lightning se ponía pálida.
-A ellos-indicó el capitán a dos de
los secutores con la cabeza; aquellos dos hombres, con las bayonetas en
posición, avanzaron hasta colocarse uno a cada lado de ambos-. Veremos cuánto es
capaz de soportar ver sufrir a sus demonios antes de confesar, capitana Yun.
Por primera vez, la sonrisa de Fang se
desvaneció de su rostro.
-Cobardes miserables-la voz de la
dragontina estaba cargada de veneno-. No os atreváis a tocarles un solo pelo
delante de mí. Matadnos a todos si tenéis algo de sangre en las venas.
Esta vez fue el turno del secutor para
reírse, y fue una risa fría, cruel, que provocó que un escalofrío recorriera el
cuerpo de Hope.
-Resulta que, por mucho que haya
buscado la muerte rápida, a nosotros nos interesa la información que sólo usted
puede darnos-replicó, y a un gesto suyo, sus esbirros apuntaron con sus
bayonetas al cuello de Lightning y Hope respectivamente-. Sin embargo, a
diferencia de usted, ellos no son imprescindibles… así que, si insiste en su
negativa, tendrá que cargar en su conciencia con la muerte de estos dos.
Fang apretó los dientes hasta hacerlos
rechinar, tratando en vano de tirar de las cadenas mágicas que la apresaban y
le impedían usar sus poderes. A Hope le dejó sin aliento la ira que emanaba la
dragontina: era algo que nunca antes había percibido, ni siquiera de Lightning.
Era una feroz ansia de protección, un instinto asesino no motivado por la sed
de sangre, sino por rescatar a los suyos. “Tanta
ira…”, el ángel miraba de reojo el cuchillo que le rozaba la piel, tan fina
que el simple hecho de apoyar el filo sobre ella la hacía sangrar. “Si estas cadenas no estuvieran malditas,
Fang ya las habría hecho pedazos.”
-Veamos… -el capitán de los secutores
se paseó con parsimonia frente a Lightning y Hope, probablemente para humillar
más a Fang. Se detuvo frente a Hope, y lo miró de arriba abajo con evidente menosprecio
pese a que su rostro estuviese oculto por el casco, antes de pincharlo con la
bayoneta en la pierna-Éste no parece precisamente fuerte, ni importante. De
hecho, creo que es el demonio más enclenque que he visto nunca. Mirad, ni
siquiera sería capaz de sostener una espada. ¿Tan desesperada está por
desafiarnos que ahora recluta secuaces tan patéticos como éstos, Yun?
Fang se limitó a torcer el gesto,
negándose a responder a la provocación, pero Lightning no dudó en pegarle una
patada como pudo al secutor que tenía más cerca:
-¡Dejadlo en paz! Si tan patético es,
¿por qué no os metéis con quienes de verdad os importan, desgraciados?
El secutor al que había golpeado
Lightning, irritado, pinchó a Hope en el costado como réplica, peligrosamente
cerca de sus heridas; el ángel apretó los dientes, conteniendo el dolor y la
humillación tanto como podía, pero no le estaba resultando nada fácil. “Y lo peor es que tienen razón. ¿Tan bajo he
caído como para que unos simples humanos me arponeen como a un pescado? ¿Queda
ya algo de mi dignidad que no hayan pisoteado todavía?”
-No, espera… La chica demonio tiene
razón-dijo el jefe de los secutores alzando una mano cuando su esbirro estaba a
punto de herir de nuevo a Hope-, éste probablemente ni siquiera le importe a su
líder. No tiene sentido perder el tiempo con él.-y con un rápido movimiento,
casi desganado, abrió un corte en la mejilla de Hope con la bayoneta, muy
similar al que sangraba en el rostro de Fang. El ángel ni siquiera protestó; se
quedó mirando el suelo con la mirada desenfocada, mientras su sangre caía sobre
la arena. “No, creo que no queda nada ya
de la dignidad del ángel del Altísimo que no se haya pisoteado”, pensó sin
piedad y con cierto sarcasmo.
-Sin embargo, a ti ya te conocemos…
¿No eres tú la hermana de la demonio Oráculo que tan generosamente nos concedió
una profecía?-la voz del secutor se tornó especialmente desagradable al
pronunciar aquellas palabras, y la rabia de Lightning le llegó perfectamente a
Hope-La Suma Sacerdotisa ordenó hace poco tu ejecución, muchacha, pues en su
infinita sabiduría sospechaba que eras una lu’Cie como tu hermana… y además,
llevas mucho tiempo impidiéndole acogerla en el seno de la Orden y poner su don
al servicio del Altísimo como ya hizo una vez. Sí, nos has causado muchas
molestias, chica demonio.
-Y pienso seguir haciéndolo-escupió
ella, rabiosa-mientras la Orden siga asesinando inocentes y trate de
arrebatarme a mi hermana para sus sucios fines. Si queréis haceros con ella,
será por encima de mi cadáver.
La punta de la bayoneta tocó la piel
del cuello de Lightning, hundiéndola suavemente. Ella no pudo evitar encogerse
de miedo al sentir el roce del arma, y al percibir su temor, Hope salió de su
trance autodespectivo y volvió el rostro hacia ella.
-¡Light!-exclamó, a lo que el secutor
que tenía al lado le lanceó bruscamente el costado de nuevo.
-¡Cállate!
El secutor se volvió hacia Fang, que
se veía obligada a mirar cómo sus compañeros eran heridos y humillados sin
poder hacer nada, antes de agacharse junto a Lightning para tener mejor ángulo
para aquello que fuera lo que tenía en mente hacerle.
-Que no te quepa la menor duda de
ello. Ya que sobreviviste a la sacra sentencia de muerte de la Suma
Sacerdotisa, nosotros nos encargaremos
de que esa orden se cumpla hoy, pero no antes de que hayas servido un último
propósito para que la capitana Yun revele lo que debe. Considéralo un justo
castigo y redención por todos los problemas que le has causado a la Orden… Tú
serás la primera en morir, y después lo harán todos los demás-declaró el
hombre, y clavó la hoja de la bayoneta girándola lentamente en el cuello de
Lightning, arrancándole un grito de dolor-, pues ésa es la divina palabra del
ángel del Altísimo.
La visión de la sangre de la joven,
combinada con aquellas palabras, provocaron que el corazón de Hope se detuviera
por un instante… antes de desbocarse en cuestión de segundos, latiendo como un
tambor en su pecho. Y con cada latido, la sangre ardía más y más en su
interior, como la lava acumulándose en un volcán a punto de entrar en erupción.
“La divina palabra… ¡¿del ángel del
Altísimo?!” De pronto, fue como si la humillación y la rabia pasaran a
través de él con la fuerza de una
tromba. El ángel tiró de las cadenas, con la mirada fija y ardiente de furia en
el secutor que estaba hiriendo a Lightning; le produjeron el mismo dolor que la
primera vez que lo había intentado, pero aquel dolor nada era en comparación
con la energía que se estaba empezando a desbordar en su interior, al punto de
que, en medio de la noche, su cuerpo comenzó a temblar al tiempo que desprendía
un brillo cada vez más intenso.
Lightning, Fang y los secutores,
desconcertados, se volvieron hacia el origen del resplandor. Lo que vieron fue
a Hope con el rostro desencajado de la ira contenida, tirando de las
invulnerables cadenas mágicas que lo retenían de una forma que debería haber
dejado a cualquiera retorciéndose de dolor. Sin embargo, en aquel momento no
parecían tan invulnerables: de hecho, estaban empezando a resquebrajarse a cada
furioso tirón del ángel.
-Yo… -murmuraba Hope entre dientes,
como en un trance, con aquella mirada desorbitada por la rabia fija en los
secutores, que retrocedieron apresuradamente-Yo…
-¡¿Pero qué…?!-el capitán se volvió
hacia uno de sus esbirros, el que estaba más cerca de Hope-¡Tú! ¡Haz algo!
¡Acaba con él!
Aunque el secutor hubiera reaccionado
a tiempo, no habría podido hacer nada para evitar lo que sucedió a
continuación. Con un último, imparable tirón, el cuerpo de Hope desprendió un
intensísimo resplandor dorado que los dejó a todos sin aliento:
-¡YO JAMÁS HE DADO SEMEJANTE ORDEN!-las cadenas mágicas, tanto las suyas como
las que retenían a Lightning y Fang, aquellas especialmente diseñadas para
retener a los poderosos lu’Cie, estallaron en mil pedazos, y lo siguiente que
alcanzaron a ver fue a un iracundo Hope, irradiando aquel halo dorado,
abalanzándose contra los secutores al tiempo que extendía una mano: una enorme
y ornamentada arma curva de doble filo se materializó en ella, y el ángel la
volteó a su alrededor con asombrosa rapidez, como si fuera una pluma,
reflejando así las balas que los aterrados secutores le disparaban. Veloz como
el viento, y sin que aquel brillo de rabia asesina abandonara sus ojos, Hope
alzó su arma contra ellos.
Pese a que Lightning y Fang habían
luchado en numerosas batallas y habían visto la muerte de cerca en no pocas
ocasiones, nada podría haberlas preparado para presenciar la ira del ángel.
Hope descargó aquella extraña y letal arma contra cada uno de los secutores,
sin piedad ni compasión alguna, segando sus cuerpos limpiamente como quien
corta una hoja de papel. Se movía con la agilidad y gracia de un felino,
esquivando sin apenas inmutarse, sin gritos ni aspavientos sino con el furioso
silencio de la sombra de la muerte. El hombre que mejor parado salió fue el que
la hoja del ángel empaló como si de mantequilla se tratase.
El último que quedaba en cuestión de
segundos, el capitán, que estaba más alejado, trató de aprovechar que Hope
había dado muerte a otro de sus hombres de espaldas a él, y alzó una temblorosa
bayoneta a fin de acabar con él. En cualquier otra ocasión, Lightning habría
advertido a Hope del ataque, pero era incapaz de hablar, de osar siquiera
interrumpir la cólera del ángel con su voz. Pero no fue necesario que lo hiciera:
tan rápido que apenas habían tenido tiempo de pestañear, Hope giró sobre sus
talones; tiró del mango de su arma curva y un hilo de energía mágica se
materializó entre sus dedos como el bordón de un arco, y al momento siguiente
una flecha de fuego dorado salió disparada contra el secutor, que apenas tuvo
tiempo de que su luz se reflejase en el visor de su casco antes de que ésta
impactara contra él y explotara violentamente, desintegrando su cuerpo en
ascuas y cenizas que se esparcieron al viento.
Aquella imagen, no obstante, tan sólo
duró unos instantes. De pronto, fue como si toda aquella ira abandonase tan
pronto como había inundado el cuerpo de Hope, y el joven ángel parpadeó como si
acabara de salir de un profundo trance. Entonces fue cuando, al mirar a su
alrededor, vio la carnicería que lo rodeaba.
-No… -susurró Hope, abriendo los ojos
como platos, temblando como una hoja. Su mirada se posó en el arma que sostenía
en sus manos, manchada con la sangre de los secutores, y el brillo de sus ojos,
que antes había sido de ira incontrolable, pasó a ser del más puro horror-No…
No es posible… Yo… ¿yo he hecho esto? … ¿He matado… a estos humanos? …
El arma cayó sobre la arena cuando las
manos de Hope empezaron a temblar tanto que fueron incapaces de seguir
aferrándola, y se disolvió en partículas doradas en cuanto tocó el suelo. Y
después fue él quien cayó de rodillas, horrorizado, sin poder terminar de
creérselo.
-No… por favor, no… No puede ser-murmuraba una y
otra vez como un mantra, todo su cuerpo en la más absoluta tensión, encogido
sobre sí mismo-. No puedo haber hecho esto… ¡Yo no puedo haber hecho esto! …
Lightning y Fang tardaron en
reaccionar, todavía impresionadas y asustadas por lo que habían presenciado,
pero cuando vieron a Hope derrumbarse sobre la arena recobraron parte de su
aplomo. La primera en levantarse, no sin cautela, fue Lightning, que se acercó
despacio a él tratando de no sobresaltarlo.
No sirvió de mucho, porque Hope
percibió su movimiento y se volvió hacia ella como un animal asustado, a lo que
Lightning, sin poder evitarlo, retrocedió. Y aquello fue el detonante. La joven
lo supo desde el instante en el que se dio cuenta de que Hope había percibido
el miedo en su aura.
-Light… -susurró el joven ángel, su
voz habitualmente serena quebrándose definitivamente. Ella nunca había visto
tantas cosas en sus ojos, y ninguna que deseara volver a ver: pánico,
confusión, consternación, y sobre todo, horror.
-Hope… -Lightning avanzó un paso,
vacilante, y le tendió una mano-Tranquilo… Ya pasó… ven aquí.
-¡No!-una ráfaga de energía invisible
pero lo suficientemente fuerte como para tirarla al suelo surgió del cuerpo de
Hope, y Lightning se vio obligada a retroceder para clavar los pies en la arena
y no salir volando-¡No te acerques a mí! ¡Aléjate!
-¡Tranquilízate, Hope! ¡Soy yo,
Lightning! Vamos, ¡no puedes quedarte aquí! ¡Tenemos que irnos!
No sirvió de nada; en cuanto la joven
avanzó unos pasos, Hope se alejó de ella de un salto, tratando de correr sobre
la arena todo lo que le permitieron sus temblorosas piernas, que no fue mucho.
Tropezó a los pocos metros y cayó de bruces, pero él no pareció darse cuenta e
intentó ponerse en pie sin demasiado éxito.
-¡Vete!-gritó el ángel con aquella voz
rota, teñida de pánico y horror, cuando Lightning se volvió a acercar
demasiado; de pronto, ella chocó contra un hechizo Coraza de frente que la hizo
trastabillar-¡No te acerques! ¡Márchate!
-¡No pienso irme sin ti, Hope! ¡Retira
esta estúpida barrera ahora mismo!
Hope logró incorporarse un poco, pero
se vio obligado a apoyarse en la pared de roca para no perder el equilibrio.
Entre su voz quebrada, sus ojos desorbitados de horror y el corte que cruzaba
su mejilla derecha, parecía que estuviera llorando lágrimas de sangre. Parecía
mentira que hacía escasos minutos hubiera acabado con las vidas de todos
aquellos secutores con semejante furia, y ahora estuviera tan aterrorizado.
-¡¿Quieres acabar como esos
humanos?!-espetó el ángel negando frenéticamente con la cabeza. Le costaba
mantenerse en pie, pero desde luego no le faltaba fuerza para mantener la
barrera mágica, incluso cuando Lightning trató de eliminarla con un hechizo AntiCoraza-¡Aléjate
de mí!
-¡Hope, basta ya! ¡Tú no nos harías
eso a nosotras!-Lightning no estaba segura de por qué le decía aquello si por
un momento había pensado que Hope las mataría igual que a los secutores, pero
lo cierto es que viéndole así se arrepentía profundamente de haberlo
imaginado-¡Por favor, ven conmigo!
Él retrocedió como pudo, pero antes de
que pudiera hacer nada más, una sombra cayó desde lo alto de las rocas y lo
golpeó justo en la nuca. Hope se quedó inmóvil un momento antes de poner los
ojos en blanco y caer al suelo, y la Coraza se desvaneció. Por un segundo a
Lightning se le heló la sangre en las venas, pero no tardó en reconocer a Fang
cuando ésta avanzó unos pasos y la luz del Gran Faro iluminó su figura.
-Era más rápido así-dijo la dragontina
a modo de explicación cuando Lightning se acercó a ella y al cuerpo
inconsciente de Hope-. No te preocupes, sólo lo he calmado.
-¿Cómo has conseguido ponerte por
detrás de él sin que te viera?-le preguntó la joven arrodillándose junto al
ángel, preocupada: el método de Fang, pese a ser mucho más efectivo, no era el
que ella hubiera elegido.
-Tú estabas demasiado pendiente de él,
y él demasiado ofuscado como para detectarme-Fang se encogió de hombros-. Pero
ése no es el tema ahora. ¿Qué tienes en mente hacer, Lightning?
Ella entendió a qué se refería Fang.
Bajó la mirada hacia Hope; incluso desmayado, el rostro del ángel, cubierto de
sangre, estaba contraído en una mueca de horror, y todo su cuerpo temblaba
todavía. “Parece tan frágil…”, pensó
Lightning, aún incrédula. “Cuesta tanto
creer que sea la misma criatura que ha matado de esa forma a esos secutores…”
-No lo sé, Fang. Pero eso lo podemos
discutir luego… Tenemos que volver a Razia cuanto antes, y cuando estemos fuera
de peligro, ya hablaremos de todo esto. Además… creo que necesitamos algo de
tiempo para pensar.
Fang asintió.
-Me parece bien. Por suerte, estos
imbéciles acamparon bastante cerca del faro, y eso significa que no estamos muy
lejos de Razia. Iré a buscar nuestras armas, y nos iremos. Tú vigílalo hasta
que vuelva.
Lightning se mostró conforme. Mientras
Fang se dirigía a la tienda de los secutores, ahora vacía, la joven examinó las
heridas de Hope; no parecían peores que las suyas o las de Fang, pero tuvo la
impresión de que no eran más que un reflejo de las que se habían abierto en su
alma. “Hope siempre decía que la vida
había que cuidarla, nos regañaba cuando matábamos y nunca alzó su mano contra
nadie… ¿Cómo ha sido capaz de hacer esto?”, pensó, y se sintió muy triste
de repente al recordar cómo había tratado de huir de ella. “Este mundo es demasiado cruel para alguien como él.”
Escasos minutos después, Fang regresó
con su fiel lanza a la espalda y la vaina de Lumen, la espada eléctrica de Lightning, colgada al hombro. Se la
lanzó a la joven, que la cogió al vuelo y se la ajustó a la espalda.
-¿Cómo hacemos para
llevárnoslo?-inquirió mirando con ojo crítico al inconsciente Hope-Aunque Razia
esté bastante cerca, vamos a tener que caminar, y no estamos del todo enteras.
-No pesa mucho, si le pasamos los
brazos por los hombros entre las dos no nos costará moverlo. Ya lo hemos hecho
alguna vez.
Fang enarcó las cejas sin tenerlas
todas consigo, pero una vez hizo lo que Lightning le decía y comprobó que efectivamente
el ángel era más bien ligero, asintió conforme, y ambas mujeres echaron a andar
dejando atrás el macabro resultado de su captura a manos de los secutores, en
gran medida aliviadas por perderlo de vista.
Así, siguiendo la luz del Gran Faro,
Lightning y Fang arrastraron a Hope por el desierto, en constante alerta, y no
dijeron una sola palabra más hasta que el enorme roquedal que albergaba en su
interior la capital de las Dunas de la Purgación apareció en la distancia al
subir un risco. Sólo entonces Fang se permitió una pequeña sonrisa burlona,
mirando a Lightning con el brillo que siempre aparecía en sus ojos cuando
estaba impresionada:
-Bueno, supongo que, a pesar de todo,
tu ángel nos ha hecho dos grandes favores hoy, chica. Nos ha salvado el pellejo,
y de paso no ha dejado nadie vivo para que le vaya con el cuento a la Suma
Sacerdotisa, así que el Alba de Gules va a poder seguir infiltrada en la Orden.
El tercer favor se lo ha hecho a los cometierras… Deben de estar ya hartos de
cenar escuadrones de secutores en estos últimos días.
* * *
-Todavía no puedo creerme lo que me
contáis-Serah negó con la cabeza, pálida y consternada, sentada en uno de los
cojines-. Ya sé que no os lo ibais a inventar… pero es que no me lo puedo
creer.
-Pues créetelo-replicó Fang, aburrida
de tener que repetir por enésima vez lo mismo-. Tu hermana y yo vimos al ángel
en vivo y directo cargarse a esos secutores con la facilidad con la que cortas
mantequilla y con más mala leche que un bégimo cabreado. Y para que yo diga que
hasta a mí me dio miedo…
-Pero después de verlo… no lo parece
en absoluto. Está tan asustado… -dijo Serah. Sus ojos azules estaban llorosos,
y Lightning no podía culparla. A ella también le había afectado, más de lo que
imaginaba, el estado en el que se hallaba Hope después de lo sucedido unos
pocos días atrás.
Cuando Lightning y Fang consiguieron
llegar a Razia cargando consigo a un desmayado Hope, tuvieron la suerte de que
sus habitantes estuvieran comiendo –lo que para gente nocturna como ellos era
la hora de comer– y por tanto pudieron no llamar apenas la atención. Los
guardas acudieron a recibirlas al ver que llevaban a alguien herido, y al ver
que ellas también estaban heridas se apresuraron a llamar a la Anciana Fares.
Ella había conducido inmediatamente a los tres al ala de los sanadores mientras
avisaban a Serah de su llegada, y allí habían permanecido el resto de la noche
y parte del día hasta que sus heridas y el efecto de las cadenas antimagia se
hubieron sanado. O al menos, ése fue el caso de Lightning y Fang, porque Hope
aún seguía allí, en una habitación apartada del resto de pacientes; ellas no
habían dicho nada sobre lo sucedido en el desierto, pero tampoco hizo falta dar
muchas explicaciones porque en cuanto el ángel recobró la consciencia había
tratado de alejarse desesperadamente de cualquiera que se le acercase. Los
sanadores habían tenido que sedarle con hechizos antes de poder llevarlo a
aquella estancia, donde en teoría estaba siendo atendido… sin que los cuidados
tuvieran demasiado efecto sobre el pánico y el horror que se habían adueñado de
él, por lo visto, pues ya habían pasado más de cuatro días y Hope no daba
señales de mejorar.
Lightning y Serah habían ido a verle
la noche anterior. Y realmente, “verle” era lo único que habían podido hacer,
pues en cuanto habían tratado de acercarse, Hope se atrincheró en un rincón de
la habitación y alzó una Coraza para evitar que pudieran aproximarse a él. De
nada sirvieron las súplicas de Serah y la pérdida de paciencia de Lightning: el
ángel no cedió, insistiendo una y otra vez en que se fueran, que se alejaran de
él, con aquellos ojos desorbitados de horror. Al salir, los sanadores les
contaron a las hermanas Farron que Hope se pasaba las horas que no estaba bajo
los efectos de sus hechizos murmurando entre dientes, como en trance: “qué he
hecho”, decía sin parar con la voz quebrada.
-Los sanadores dicen que está en
estado de shock-repuso Lightning
frotándose la venda que cubría su herida del cuello-. No les hemos contado
nada, claro, porque si se llegara a enterar alguien… Sé que Hope no nos haría
daño, no por voluntad propia. Mira cómo está después de haber hecho lo que ha
hecho… Y por eso no sé qué pensar. No entiendo cómo es posible que llegara a
hacer algo así.
-Mmm-Fang se rascó la barbilla-. Si
dices que tu ángel es incapaz de hacernos daño por voluntad propia, ¿te has
parado a pensar que tal vez haya sido una orden de su superior?
Lightning parpadeó, palideciendo. “¿Una orden de Bhunivelze? ¿Podría ser que
todavía tuviera semejante nivel de control sobre Hope?”
-Eso no tiene ningún sentido-intervino
Serah antes de que su hermana pudiera pensar mucho más en lo que eso
implicaría-. Si hubiera recibido una orden del Altísimo, ¿para qué atacar a los
miembros de la Orden que le sirven? Habría ido directamente a por vosotras, y
sin embargo… Lightning, dices que Hope montó en cólera cuando el capitán de los
secutores dijo que el ángel del Altísimo había dicho que debías morir, ¿verdad?
-Sí, así fue. Justo después de que me
clavara la bayoneta en el cuello.
-Pues ahí lo tienes-declaró su hermana
con firmeza-. Hope sólo te estaba protegiendo, y de hecho os salvó la vida. Vale,
desde luego ninguna de nosotras esperábamos que lo hiciera de la forma que me
contáis, pero… no deja de ser algo que vosotras haríais.
-Nosotras sí. Yo, desde luego, habría
hecho lo mismo o incluso más-Fang sacudió la cabeza-. Pero no me lo hubiera
esperado en la vida de él. Y sé que es muy irónico decir esto cuando hemos
creído durante la mayor parte de nuestra existencia que el ángel del Altísimo
hacía eso mismo con nosotros los lu’Cie. Aún más irónico es que la única vez
que lo hemos visto actuar tal y como la Orden predica que hace, ha sido
precisamente contra ellos.
Lightning asintió, inmersa en sus
pensamientos. Era cierto que Hope las había protegido… pero si hacía pocos
días, durante el festival de la Almenara, había podido ver el fuego en los ojos
del ángel, lo que había visto la otra noche había sido el corazón de un volcán
en erupción. Una criatura silenciosa y tranquila, a veces casi letárgica, hasta
que, de repente, estallaba con ira asesina. “Y
durante el proceso, ha perdido algo de sí mismo.”
-Pero bueno, hablemos de lo que nos
interesa ahora-dijo Fang, mirando con seriedad a las hermanas Farron-. Yo tengo
que volver cuanto antes a Luxerion y reportar la “pérdida” de los dos
escuadrones a manos de los malvados lu’Cie; estas heridas que el imbécil del
capitán me hizo me valdrán de coartada. En cuanto a vosotras… cuando el enemigo
busca fugitivos, lo que menos espera es encontrarlos en su territorio. Además,
no creo que la Orden en Luxerion sepa exactamente a qué lu’Cie están buscando,
porque las divisiones de Luxerion y Yusnaan no se llevan precisamente bien. Lo
mejor que podéis hacer es veniros conmigo y tomaros un merecido descanso en
casa antes de que vayáis a Poltae.
-Por más que me fastidie, tienes
razón-suspiró Lightning-. Tal y como estamos, no duraríamos mucho en las Marcas
Salvajes. Además, necesitamos a Hope…
-Pero él todavía está mal… ¿Cuándo
tienes pensado que nos vayamos, Fang?-preguntó Serah, preocupada. La dragontina
ladeó la cabeza para hacer un cálculo rápido.
-Como máximo, en dos días más. Cada
momento cuenta, y no puedo retrasar mi vuelta más de eso, o la Orden
sospechará. Si el ángel no se ha recuperado para entonces, nos lo tendremos que
llevar a la fuerza, lo quiera o no.
-Espero que no tengamos que llegar a
eso-replicó Lightning alzando una ceja-. Ya me conozco tus métodos para
tranquilizar a la gente, Fang.
Ella se encogió de hombros,
indiferente.
-¿Y te crees que de no ser por mis “métodos”
habrías conseguido traerlo hasta aquí? Aunque no te lo creas, he tenido que
tratar más de una vez con gente en un estado parecido al del ángel después de
ver cosas que es mejor que no tengas que ver tú. La compasión está muy bien,
pero hay veces en las que es mejor ahorrarse los dramas.
Antes de que Lightning pudiera
replicar, Serah se adelantó a su hermana:
-Dos días… No es mucho tiempo. Pero
creo que quizá Hope lo lleve mejor lejos de aquí. Ya sabéis… donde no esté
recordando todo el rato que está en el sitio donde mató a esos secutores. Podríamos
irnos antes, quizá sea lo más adecuado para él.
Lightning asintió en silencio después
de meditarlo, y Fang se incorporó sobre su cojín, jugueteando con su vaso de
licor, pensativa.
-No me importa irme antes, ya os he
dicho que como máximo me marcharía en dos días. Si consideráis que es mejor
largarse antes, por mí perfecto. De hecho, si me decís que queréis que nos
vayamos ahora mismo, lo único que tengo que hacer es pedir un carro a Fares y
en media hora como mucho estamos saliendo de Razia.
-Creo que lo mejor será esperar hasta
mañana en cuanto salga el sol-dijo Lightning-. Aún tenemos que prepararnos, y
aparte de eso, lo mejor será dejar descansar a Hope. Yo hablaré con él antes de
irnos y trataré de convencerlo… Con una vez que lo hayas calmado con tus
métodos, Fang, es suficiente.
-Allá tú-replicó la dragontina,
burlona-. Luego no me vengas a suplicar que lo convenza yo por ti si no te hace
caso. El ángel es tuyo, haz con él lo que quieras.
Lightning resopló, irritada. “Hope no es mi mascota”, pensó. “Todo el mundo lo ha tratado como si no
fuera más que un animal, incluida yo misma… Y ahora es como un animalito herido
que rehúye incluso a su propio cuidador. Ojalá supiera qué hacer para que me
dejara acercarme, pero no es lo mismo que me tenga miedo a mí… a que se lo
tenga a sí mismo.”
-Voy a hablar con Fares-dijo entonces
Fang, levantándose de un salto; no parecía que hubiera sido víctima de las
cadenas antimagia hacía pocos días, a diferencia de Lightning que todavía
acusaba los efectos-para que mañana a primera hora tengamos el carro y nos
vayamos. Vosotras dos, preparad lo que tengáis que llevaros y descansad todo lo
que podáis. Lightning, si vas a convencer a tu ángel te tendrás que levantar
antes que nosotras.
Y sin añadir nada más, como era
habitual en ella, la dragontina atravesó la habitación con dos largas zancadas
y se marchó. Durante un rato, Lightning y Serah permanecieron en silencio,
observando el cielo que iba haciéndose cada vez más rojizo a medida que
avanzaba la tarde.
-Lightning, no te culpes-dijo Serah
entonces, poniendo una mano sobre la de su hermana-. Tú no eres la responsable
de que Hope esté así. Han sido los secutores, y tú lo sabes.
Ella no le preguntó cómo había sabido
lo que le rondaba por la cabeza. Serah la conocía de sobra como para hacerse
una idea, y sin necesidad de los poderes empáticos de Hope.
-Ya lo sé-suspiró la joven llevándose
una mano a la frente-, pero no puedo evitar pensar que he sido yo quien lo ha
metido en todo este lío, y ahora… ¿Qué pasará si Hope no se recupera nunca?
-No digas eso. Sólo tiene que asumir
lo que ha hecho y aprender a vivir con ello… También lo hemos hecho tú y yo.
-Pero él no es como nosotras, Serah.
No es humano, y sabemos que no siente igual que nosotras.
Serah negó con la cabeza.
-Sí, lo sabemos, pero eso no quiere
decir que no podamos ayudarle-insistió, mirando a Lightning con firme
convicción-. Estoy convencida de que encontrarás la manera de hacerlo. Sólo tú
podrías.
* * *
“Serah dice que sólo yo puedo ayudar a Hope…”, pensó Lightning muchas horas después, cuando
aún no había amanecido, frente a la puerta donde el ángel se hallaba recluido
en el ala de los sanadores. “Eso es muy
fácil decirlo para ella. ¿Cómo voy a poder ayudarle, si ni siquiera me deja
acercarme?”
No tenía demasiado tiempo para tratar
de convencer a Hope para que les acompañara, pero quería intentarlo por las
buenas antes de forzarle a nada. En parte sabía que Fang tenía razón, que las
personas en estado de shock como él
no estaban en condiciones de decidir nada, pero no se veía capaz de pegarle un
golpe en la nuca y dejarlo inconsciente como había hecho su amiga.
Respiró hondo antes de girar el pomo
del portón de metal, haciéndose a la idea de lo que iba a encontrar al abrir.
Cuando la luz de las antorchas se coló en el interior de la habitación abierta,
Lightning vislumbró la figura encogida de Hope sobre las mantas, abrazado a sus
rodillas y con aquella mirada que tanto la sobrecogía, sus grandes ojos
abiertos de par en par y llenos de horror perdidos en el infinito. Era como si
la visión de los hombres a los que había arrebatado la vida siguiera allí,
grabada en sus retinas, y fuera lo único que podía ver.
Lightning trató de entrar en el cuarto
sin que Hope se diera cuenta de su presencia a fin de acercársele, pero él giró
la cabeza hacia ella en cuanto dio unos pocos pasos. Inmediatamente, Lightning
chocó contra la barrera mágica que estaba empezando a odiar.
-¡Vete!-exclamó Hope encogiéndose
todavía más sobre sí mismo, pese a estar pegado al rincón, como si quisiera
fundirse con la pared-¡No te acerques más!
-¿Y cómo quieres que lo haga, si no
dejas de usar esta estúpida Coraza?-espetó ella, y golpeó enfadada con un puño
la barrera verdosa-Hope, ¡deja de huir! ¡Déjame pasar! ¡No voy a hacerte daño!
-¡No! ¡Me niego a hacértelo yo a
ti!-el ángel temblaba, aterrado-¡¿Te crees que quiero verte en el suelo partida
en dos?! ¡Aléjate!
Lightning apretó los dientes, tan
frustrada como consternada. Sabía que Hope se había asustado de sí mismo, era
obvio, pero ahora entendía que también temía hacerles daño. Él era el primero
que se consideraba un peligro para los demás, para la gente a la que se suponía
que debía proteger. No sólo se trataba de una cuestión de culpabilidad.
Regañar a Hope, comprendió, era lo
peor que podía hacer. Le estaba haciendo sentir aún peor. Tampoco podía decirse
que la dulzura de Serah hubiera servido de mucho la noche anterior, pero
empezaba a entender el problema y la raíz del pánico del ángel. “¿Y cómo puedo convencerle de que no nos va
a hacer daño? Si tan sólo no estuviera tan aterrorizado de sí mismo…”
-Hope, ¡escúchame! Sé que no vas a
hacerme daño. Me prometiste que no nos harías daño, ¿recuerdas?
-¡También se suponía que hice un voto
para proteger toda vida!-replicó él-¡Tú has visto igual que yo lo que he hecho!
¡Te lo podría hacer a ti de igual forma que a ellos!
-¿Y tú crees que lo harías? ¿Tan poco
confías en ti mismo?-contraatacó ella, tratando de apelar al amor propio de
Hope-¡Yo no soy ningún secutor, ni lo son Serah y Fang! ¿Por qué ibas a matar a
quien no tienes motivos para matar?
-¡Nunca hay motivos para arrebatar una
vida! ¡Nunca!-aquellas palabras sonaban como una lección aprendida, y Lightning
frunció el ceño, sin saber qué decirle-Nada excusa causarle la muerte a un ser
vivo… No existe excusa posible para lo que he hecho… Si he matado sin razón,
¡¿quién te dice que no lo volveré a hacer?!
Cada vez más frustrada, Lightning
golpeó de nuevo la Coraza que Hope mantenía, como es lógico sin conseguir que
ésta cediera ni un centímetro.
-¡Maldita sea, Hope! ¡No tengo tiempo
para esto! Tenemos que volver a Luxerion, ¡no puedes quedarte aquí encerrado
como un criminal!
-¡¿Y acaso no es eso lo que soy?!-Hope
había rehuido su mirada todo el rato, pero en aquel momento la miró
directamente a los ojos. Lightning tuvo que obligarse a mantener la compostura al
ver aquellos ojos, hasta entonces siempre sosegados y casi ausentes,
desencajados por el espanto y la desesperación-¡No soy más que un asesino!
¡Márchate y olvídate de mí!
La joven tuvo que respirar hondo para
intentar calmarse. “¿Cómo pretende Serah
que le ayude? ¡No tengo ni idea de lo que puedo hacer, ni qué decir!”,
pensó, desviando la mirada, incapaz de sostenérsela al aterrado ángel. “Pero se está haciendo de día, y no puedo permitirme
el lujo de pasar horas y horas tratando de convencerle… por nuestra propia
seguridad.”
-Márchate… -murmuraba Hope, que
también había apartado la vista y hundido el rostro entre sus rodillas,
temblando, con la voz rota de miedo y dolor-Por favor, márchate…
Y Lightning tomó una decisión. Si era
demasiado pronto para recurrir al consejo de Serah, habría que seguir el de
Fang. “Pero lo haré a mi manera… No puedo
causarte más dolor del que ya estás sufriendo.”
-No voy a marcharme-dijo a media voz,
extendiendo una mano hacia él tras la Coraza-. No te abandonaré.
Con un suave gesto, la joven dirigió
su magia hacia él. Pasó a través de la barrera, cuyo propósito era reflejar los
ataques físicos, no los mágicos, a diferencia de su variante Escudo. En
cuestión de segundos, los párpados de Hope se cerraron, y el ángel cayó
profundamente dormido sobre las mantas. El hechizo Morfeo o una variación de
éste era posiblemente lo que los sanadores habían usado para sedarlo, pero
Lightning estaba segura de que al ser lanzado por una lu’Cie el efecto sería
mucho más poderoso. Quizá pasara un día o dos antes de que volviera a
despertar.
-¿Lightning?-oyó entonces la voz de
Serah detrás de ella; Lightning se giró hacia su hermana, que acababa de
llegar-Fang dice que el carro ya está preparado… ¿Cómo ha ido?
Ella se limitó a dejar que Serah viera
por sí misma a Hope dormido en el rincón. El rostro de Serah adoptó una
expresión entristecida, pero asintió:
-Se pondrá bien a su debido tiempo.
Todo saldrá bien, ya lo verás.
-No estoy tan segura de eso,
Serah-suspiró Lightning, afectada, mientras un par de sanadores entraban en la
estancia para llevar a Hope al carro de Fang-. Tú no lo has visto como yo. Me
temo que ya nunca volverá a ser el mismo de antes…
Su hermana pequeña frunció el ceño, observando
cómo los sanadores levantaban al ángel dormido y se lo llevaban. Lightning
parecía querer acompañarles, pero era consciente de que aquellos hombres
estaban mucho mejor preparados que ella para casos como aquél.
-Nunca nadie es el mismo de antes
después de haber matado a otro ser vivo, aunque haya sido por defensa. Pero
aprendemos de ello y nos hacemos más fuertes-reflexionó Serah al cabo de unos
momentos de silencio-. Una vez lo haya superado, puede que Hope sea distinto,
pero aunque ahora esté sufriendo, se fortalecerá. Eso es lo único que has de
enseñarle, lo demás debe descubrirlo él.
Lightning no dijo nada. Ella y Serah
abandonaron el lugar a paso lento, cada una sumida en sus propios pensamientos,
hasta salir de Razia, donde se hallaba Fang junto a un par de guardas y un
pequeño carro tirado por dos sahuagines de arena, al cual habían subido a Hope.
El sol empezaba a despuntar, con lo que debían darse prisa antes de que hiciera
demasiado calor.
Cuando el carro, conducido por Fang,
se puso en marcha en dirección a la estación de monorraíl de las Dunas de la
Purgación, Lightning clavó su mirada en Razia hasta que la ciudad en la roca desapareció
de la vista, antes de desviarla al ángel que dormía junto a las hermanas sobre
una manta, con el rostro pálido y ojeroso, casi como cuando yacía convaleciente
nada más descender y perder sus alas.
Se marchaban del desierto al fin, pero
una parte de Hope se había quedado allí para siempre, y la cicatriz que había
dejado en su alma no se borraría nunca.
“Su ira nos ha salvado a todos… pero el precio
ha sido demasiado alto. Y no puedo pasar por alto que he sido yo quien le ha
obligado a aceptarlo…”
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