Desobedeciste mis órdenes, mi siervo.
La voz de Bhunivelze fue su primera
sensación clara en… ¿cuánto tiempo? No podía estar seguro. Lo último que recordaba
era oscuridad, frío y dolor.
Has descendido al plano mortal a pesar de la
voluntad del Altísimo. Mas eres un ángel y no puedes caminar entre ellos como
tal. Por tal motivo el Arca te retiró las alas.
Sintió pánico al oír aquello. ¿Había
perdido sus alas? ¿Por eso no podía batirlas? Si era cierto, estaba anclado al
suelo, incapaz de volar libre.
Puedo hacerte regresar donde debes estar. Mas
tu desobediencia merece un justo castigo. Tus alas pueden volver a crecer, mas
mientras tus heridas sanan, caminarás entre los humanos sin ser uno de ellos,
ni tampoco un ángel.
No pudo reprimir un breve escalofrío.
Quiso hablar, suplicarle tal vez a su amo… pero no podía hablar ni moverse.
Tus heridas tardarán en sanar, pues así lo he
dispuesto, y así tu castigo será apropiado. La oscuridad de los humanos te
mostrará por qué no debes caminar entre ellos. Mientras carezcas de alas, no
pertenecerás a ellos ni a los divinos. Estarás solo.
La voz del Altísimo se apagaba, y la
oscuridad se hacía más densa. No quería que se lo tragase. Pero no podía
moverse, estaba encadenado.
Ahora, mi siervo, sufre las consecuencias de
tu desobediencia.
* * *
-Entonces… ¿de verdad eres un
ángel?-preguntó Serah mirando al joven con una mezcla de temor y fascinación-¿Y
te has quedado sin alas porque desobedeciste al Altísimo?
Él asintió, con esfuerzo. Desde la
noche en la que había reaccionado por primera vez, habían pasado varios días,
en los que había ido recobrando el conocimiento a ratos. Finalmente, el día
anterior había logrado permanecer despierto durante un par de horas, y Lightning y Serah
consideraban que ya estaba en condiciones de poder hacerle las preguntas que
llevaban largo tiempo queriendo formular.
La mañana del día anterior había sido cuando el
Altísimo le había hablado en sueños y le había impuesto su castigo. Al verle
agitarse en sueños, Lightning lo había despertado sin mucha delicadeza. Cuando
ella le pidió explicaciones, el joven había accedido a hablar por fin al día siguiente con las
hermanas Farron, cuando se sintiera algo mejor.
Respondió a sus preguntas sobre quién
era y cómo había llegado hasta allí. No les contó lo que Bhunivelze le había
dicho porque no preguntaron, y no consideraba que debiera darles información
innecesaria. Pero sí les dijo que su situación se debía a haber desobedecido
sus órdenes.
Tampoco es que estuviera muy pendiente
de la conversación en sí. Aún estaba digiriendo el hecho de que se había
quedado sin alas, y que estaba atrapado en el mundo de los humanos, aquellos
caóticos y violentos seres.
Al menos, había ido a parar donde
quería, pensó mientras alzaba tímidamente la vista hacia Lightning. Dos días
después de su primera reacción, logró recobrar la consciencia durante breves
minutos y la reconoció mientras le limpiaba las heridas. A pesar de su estado,
se había puesto muy nervioso y trató de apartarse de ella. Lightning trató de
tranquilizarlo, algo que consiguió cuando le dijo su nombre, ya que le preguntó
a duras penas.
Al día siguiente había conocido a
Serah. Desde luego, ella había sido mucho más amable con él. Lightning lo
cuidaba, pero el ángel percibía su reticencia. Sentía negatividad hacia él por
su parte, y no sabía por qué. Y le estaba afectando, por extraño que fuese.
Porque percibía el temor de Serah, y sin embargo no le importaba ni de lejos
tanto como la animadversión de Lightning.
Claro que, al fin y al cabo, había
descendido al plano mortal con la intención de averiguar quién era, algo que le
había costado las alas y el castigo del Altísimo. Y todo para que ella, por
alguna razón, lo detestara.
-Eres el siervo de Bhunivelze-dijo
Lightning, cortante. A diferencia de Serah, estaba apoyada en la pared, alejada
de ellos-. ¿Pretendes que nos creamos que le has traicionado?
-No puedo mentiros-repuso él tras
coger aire; le costaba mucho pronunciar más de tres palabras seguidas, pero al
menos ya podía mantener una conversación-. Soy un ángel… No me está permitido.
-Pero sí que has conseguido engañar a
Bhunivelze.
El ángel frunció apenas el ceño.
Lightning y Serah ya había comprobado para entonces que no era lo que se dice
precisamente expresivo. Más bien, entre su palidez y su inexpresividad, parecía
una estatua de mármol.
-No le mentí. Solamente actué por mi
cuenta.
Lightning no parecía muy convencida,
pero no hizo ningún comentario. Se limitó a fulminarle con la mirada y a
cambiar el peso de una pierna a otra.
-Lo que no entiendo… -empezó Serah,
dubitativa-Es que, mírate. Tú no sabías lo que iba a pasarte, ¿verdad? Porque
has pagado muy caro haber descendido sin su permiso. ¿Por qué lo hiciste?
El ángel vaciló. No podía responder a
aquella pregunta, y mucho menos con Lightning delante. La miró de reojo, y
captó su dura mirada. Si se le ocurría decirlo, estaba seguro de que lo
mataría. Y además, tampoco iba a beneficiarla en nada saberlo.
Como ángel, no podía mentir. Pero sí
podía no decir toda la verdad.
-… Quería conocer mejor a los
humanos-murmuró-. Mi misión es observaros. Pero no puedo protegeros sin
comprender cómo pensáis.
Lightning y Serah se miraron
brevemente. El ángel percibía su desconcierto.
-¿Protegernos?-la voz de Lightning
sonó como un latigazo, haciéndole encogerse sobre sí mismo por un breve
instante-Tú eres quien nos ha arruinado la vida. ¡Eres tú quien le dice a la
Orden cómo tienen que tiranizarnos!
-¡Lightning!-advirtió Serah con
seriedad.
Él tomó aire, todavía un poco
intimidado. Seguía preguntándose por qué reaccionaba de aquella manera cuando
se trataba de Lightning, porque Serah apenas lograba arrancarle una respuesta…
¿emocional, tal vez?
-Yo soy el siervo del Altísimo… Como
tal, debo obedecerle. No he cuestionado nunca sus órdenes porque no puedo
hacerlo… El único motivo de mi existencia es servirle. No tengo permitido estar
de acuerdo o no.
Lightning chasqueó la lengua con
desdén, pero Serah parecía realmente compungida.
-Eso es horrible… ¿Cómo podías
aguantarlo?
-Sois humanas-replicó el ángel como si
bastara con esa explicación-. Vuestro libre albedrío os impediría concebir el
equilibrio de tan sencilla existencia.
-Tch… -Lightning le lanzó una mirada
asesina-¿Una existencia en la que estás atado de pies y manos y sometido a los
caprichos de tu amo? Empiezo a entender por qué la Orden actúa como lo hace.
Ése es el ideal de tu dios, ¿no? ¿Convertirnos en criaturas tan patéticas como
tú?
-¡Lightning! ¡Basta ya!-le regañó
Serah. El ángel no dijo nada, pero bajó la mirada ante las duras palabras de la
joven-¡Él no tiene la culpa de ser lo que es!
-¿Ah, no? ¡Ángel o no, podría haber
abandonado a Bhunivelze si hubiera querido!
-No puedo rebelarme-dijo entonces el
ángel-. A diferencia de vosotros los humanos, carezco de libre albedrío… Mi
voluntad es la suya.
-Y sin embargo… -observó Serah-sí que
le has desobedecido al descender a nuestro plano.
Lightning entornó los ojos
inquisitivamente, y el ángel permaneció en silencio largos segundos, procesando
lo que Serah acababa de decir.
-Sí-murmuró al fin, con un deje de
sorpresa en su voz-. Lo he hecho.
-¿Cómo es eso posible?-intervino
Lightning-Si no puedes tomar decisiones, ¿cómo pudiste rebelarte contra sus
órdenes?
-… No lo sé.-respondió él con total
sinceridad alzando la mirada hacia ella, con los ojos más abiertos de lo normal.
Parecía realmente desconcertado.
“Como un animal perdido”, pensó Lightning. No quería compadecerlo,
pero le estaba costando. Le producía repulsa oírle hablar de aquella forma,
como una máquina sin sentimientos y sin la voluntad de decidir su propio destino.
Pero también le daba algo de lástima.
Observó sus ojos fijos en ella. Ahora
que era de día y la estaba mirando de aquella forma, Lightning podía apreciar
mejor su color. Un verde muy extraño, casi etéreo. La verdad era que, con lo
delgado que era, su piel marmórea y su cabello plateado, el ángel en sí tenía
un aspecto muy etéreo. La joven se preguntó cómo sería sin los vendajes
ensangrentados y si no le hubieran arrancado las alas.
Suspiró, y sacudió la cabeza con
fastidio. Lo cierto es que aparte del odio y la rabia, sentía curiosidad, al
igual que su hermana. No era lo que se dice habitual tener un ángel en tu casa,
aunque fuera uno sin alas.
-¿Cómo te llamas?-preguntó Serah en
aquel momento. Lightning giró la cabeza hacia ellos con renovado interés: no
había caído en la cuenta de que aún no le habían preguntado su nombre al ángel.
Él las miró sin comprender.
-… ¿Cómo… me llamo?-repitió,
dubitativo.
-Sí, eso te hemos preguntado-gruñó
Lightning-. ¿Es que además de alas tampoco tienes nombre?
-¡Lightning!
El ángel ladeó la cabeza, frunciendo
el ceño. Negó ligeramente con la cabeza.
-No… Soy el siervo del Altísimo, y ése
es mi único nombre. Nunca he necesitado uno.
Los ojos de Serah estaban llenos ya de
verdadera lástima. El ángel no terminaba de comprender por qué. ¿Qué le verían
de interesante a un nombre?
-Pues si vas a permanecer entre los
humanos vas a necesitarlo-dijo Lightning con cierta dureza-. Los humanos
necesitamos diferenciarnos unos de otros mediante nombres. Y sin alas no
pareces tan diferente a nosotros.
Serah le lanzó una mirada severa a su
hermana antes de volver a prestarle atención al desconcertado ángel.
-¿Seguro que no tienes otro nombre
aparte? O alguna otra forma de referirse a ti… Sé que la Orden te llama
“mensajero del Altísimo”, pero ése tampoco nos sirve. ¡Alguno tendrás que
tener!
Él no estaba seguro de que realmente
necesitara un nombre, pero lo cierto es que Lightning había puesto el dedo en
la llaga. Ahora estaba atrapado en el mundo de los humanos y en cierto modo se
parecía a ellos. Iba a tener que acoplarse a algunas de sus costumbres si
quería sobrevivir.
-No tengo un nombre como lo entendéis
vosotros… -el ángel frunció el ceño, tratando de pensar o recordar, sin
éxito-En ocasiones, el Altísimo me llamaba “la esperanza de la humanidad”
porque yo era quien velaba por vosotros. Pero tampoco es un nombre según
vuestras costumbres…
-¿La “esperanza de la humanidad”? Muy
propio-Lightning enarcó las cejas con sarcasmo-. En fin, supongo que como no
tenemos nada más adecuado a lo que eres, podemos llamarte Hope, que significa “esperanza”.
El ángel la miró sin saber qué decir,
pero Serah asintió tras unos momentos, sonriendo.
-Hope… Me gusta-dijo, y le sonrió
amablemente-. Creo que te queda bien. ¿Qué te parece a ti?
¿Tenía que parecerle algo? A él el
nombre no le decía nada. Pero tampoco le disgustaba, y si los humanos de verdad
necesitaban llamarle de alguna forma, tendría que aceptarlo.
Y además había sido Lightning quien lo
había sugerido. Tal vez por eso no le parecía que sonara mal, pese a su obvio
sarcasmo.
-… Podéis llamarme así, si lo
deseáis.-dijo al fin, apoyando la cabeza en la almohada, agotado.
-Entonces está decidido-Serah acentuó
su sonrisa-. A partir de ahora te llamaremos Hope. ¿Lo ves?, ahora ya tienes un
nombre. Ya verás, estoy segura de que te gustará tener uno.
Él no dijo nada, pero tenía sus dudas.
Era sólo un nombre, ¿no? ¿Por qué los humanos le darían tanta importancia?
“Lightning dijo que los humanos los necesitan
para diferenciarse…”, pensó, cerrando
los ojos. “A lo mejor es porque como son
tantos y tan parecidos, les confiere la sensación de que de alguna forma son
especiales.”
-Me parece que ya ha hablado mucho por
ahora-dijo Lightning separándose de la pared-. Vámonos, Serah. Dejémosle que
duerma.
-Tienes razón-asintió su hermana,
levantándose, y se inclinó hacia él-. Ahora descansa todo lo que puedas, Hope.
Volveremos por la noche, ¿de acuerdo?
El ángel asintió, ya sin apenas
fuerzas para hablar. Oyó la puerta del cuarto de Lightning cerrarse tras las
dos hermanas, aunque hubiera jurado que percibió la desconfiada mirada de la
joven sobre él antes de que saliera de la habitación.
Ahora tenía nombre. Nunca antes
hubiera pensado que lo tendría. Como ángel, no necesitaba nombre. Hasta donde
él sabía, era el único que existía, al menos en aquel mundo. No tenía por qué
diferenciarse.
Pero ahora… en cierto modo, sí era
especial. No de una forma positiva, por supuesto. Era un ángel caído, sin alas,
encadenado a un plano al cual no pertenecía. Era diferente a los humanos, y por
supuesto al concepto de lo que era un ángel.
Y ahora su diferencia estaba sellada con
un nombre.
“Me llamo Hope.”
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