jueves, 17 de septiembre de 2015

XI. Lu'Cie

-Así que sois lu’Cie-murmuró Hope, pensativo, aunque sin dejar de mirar de reojo el arma que Lightning mantenía desenvainada a su lado, si bien no le apuntaba-. ¿Es ése el secreto que con tanto recelo manteníais?

Lightning frunció levemente el ceño; estaba de pie, apoyada en su espada; Serah y Snow, por su parte, estaban sentados en el pequeño sofá de la habitación de Lightning. Observaban a Hope con cierto recelo y también con genuina sorpresa en sus ojos.

Horas antes, Lightning, espada en ristre, le había revelado a Hope aquel secreto. Un secreto que revelado al ángel del Altísimo les ponía en serio peligro, pues en cuanto lo supiera, lo primero que haría sería acabar con ellos sin vacilación alguna, o entregarlos a la Orden, porque ése era su cometido divino.

Al menos, eso habían creído…                 
                    
Porque cuando Lightning le reveló su condición de lu’Cie, la única reacción de Hope fue arquear las cejas brevísimamente. Miraba la espada que le apuntaba sin comprender, un poco encogido sobre sí mismo, sin dudas asustado. Aquello desconcertó mucho más a la joven que cualquier otra reacción.

-¿Lu’Cie?-le había preguntado Hope, sin variar un ápice el tono de voz-¿Eres una de los Eternos?

Lightning sabía que “Eternos” era otra forma de referirse a los lu’Cie, pero no solía escucharse mucho en aquellos tiempos. Otrora un apelativo honorífico para su gente, el respeto para los lu’Cie era polvo en el viento desde hacía mucho, mucho tiempo.

Por eso la dejó casi sin palabras el hecho de que el ángel del Altísimo se hubiera referido a ellos con aquel nombre. La mano que aferraba su espada tembló apenas.

-… -la joven no sabía qué decir-¿No… vas a atacarme?

Hope ladeó la cabeza. Aquella pregunta pareció descolocarle más que el hecho de que de repente Lightning le estuviera amenazando con una espada.

-¿Por qué iba a hacer eso?-preguntó el joven ángel con cautela-Te di mi palabra de que nunca os haría daño. ¿No te acuerdas?

-Sí, pero… -Lightning sacudió la cabeza-¡Eso era antes de que supieras lo que somos! ¿Qué hay de tu sagrada misión, o lo que diablos se supone que tienes para con nosotros?

Teniendo en cuenta que Hope no era lo que se dice precisamente expresivo, aquel momento fue en el que Lightning vio en su rostro lo más parecido a genuino desconcierto. Era casi cómico, de no ser porque la joven se había quedado de piedra.

-Sagrada… ¿misión? ¿De qué estás hablando, Light? No entiendo nada.

Lightning no se lo podía creer. ¿Le estaría tomando el pelo deliberadamente? ¿Estaría esperando a que bajara la guardia para poder acabar con ella?

“Es demasiado tonto para eso”, se dijo, no obstante. “Pero esto… es totalmente impensable. ¿Cómo es posible que ni se haya inmutado?”

-Light-llamó Hope en voz baja; ella alzó la vista, sobresaltada-. ¿Qué ocurre? ¿Por qué tienes miedo?

Ella le maldijo una vez más. Otra vez Hope veía a través de ella. Aunque en realidad no fuera a él a quien temía sino a su reacción y a las consecuencias, pero lo cierto era que el ángel se había acercado mucho.

Pero Hope no parecía hostil en absoluto. Es más, casi se le veía… preocupado. Lightning no podía comprenderlo.

-… No tengo miedo-respondió al fin, tratando de recobrar algo de su aplomo-. Pero… No lo entiendo. Soy una lu’Cie, deberías… acabar conmigo, o atacarme, ¡o cualquier cosa!

“¡Menos quedarte ahí plantado mirándome!”, quiso decir, pero no lo hizo. Pese a que la estaba poniendo nerviosa.

El ángel parpadeó. Una sola vez, pero fue suficiente para dejar claro que no entendía nada. Ladeó la cabeza, confuso.

-… ¿Debería?

Sus ojos claros la miraban, más abiertos de lo normal. Lightning ya no sabía qué pensar. Había estado dispuesta a defenderse, a matarlo, una vez le hubiera revelado su condición y él hubiera reaccionado como se suponía que tendría que haber hecho. Pero aquello la había cogido totalmente por sorpresa.

Y por lo visto a él también, porque tal y como la estaba mirando, tanto a ella como a la espada, lo delataba. Y entonces creyó comprenderlo: no era que Hope estuviera haciendo honor a su promesa ni nada por el estilo, sino que no entendía por qué debía hacer daño a una lu’Cie.

¿Sería posible que de verdad no lo supiera? ¿Él? ¿El mismísimo ángel de Bhunivelze?

Llegada a esta hipótesis, Lightning decidió que lo más sensato sería hablar con Serah y Snow antes de revelarle nada más a Hope, por si acaso. Bajó la espada, vacilante, y le dirigió una dura mirada al ángel:

-… Hablaremos más tarde.

Y allí estaban, horas después, Lightning, Serah y Snow, dispuestos a contarle a Hope una historia que jamás hubieran pensado que le relatarían al siervo del Altísimo. Habían debatido sobre la conveniencia o no de revelarle más de la cuenta, pero al final habían decidido darle un voto de confianza. En otras circunstancias no se lo hubieran planteado, pero el hecho de que Hope no hubiera movido un solo dedo para atacarles al enterarse de que eran lu’Cie era tan insólito que había bastado para convencerles.

-Sí-explicó Serah a media voz, cogiendo algo más de confianza cuando comprobó de primera mano que Hope no se mostraba hostil al conocer que los tres eran lu’Cie-. Siento que hayamos tenido que ocultártelo, Hope, pero… no sólo somos nosotros. Nuestros amigos, también son lu’Cie. Podríamos haber puesto en peligro a toda nuestra gente.

-Pero, ¿por qué?-Hope ladeó la cabeza-Por lo que decís, deduzco que pensabais que iba a atacaros si llegaba a mi conocimiento. Pero no entiendo por qué creíais tal cosa.

-Porque somos lu’Cie, hombre-dijo Snow; era el único de los tres que se veía más relajado, aunque aquello era un rasgo muy típico de él-. La Orden siempre ha predicado que los lu’Cie desafiaban la voluntad del Altísimo y que su castigo divino caería sobre ellos por la mano de su ángel y cosas así.

Hope frunció apenas el ceño.

-Nunca he recibido órdenes de eliminar a los Eternos. No comprendo por qué la Orden iba a predicar lo contrario.

-Espera-interrumpió Lightning, sorprendida-. ¿Estás insinuando que perseguir a los lu’Cie no es una de tus tareas? ¿Que la Orden nos ha estado engañando?

-Eso parece-el joven ángel bajó la mirada-. Es extraño. Ni siquiera sé mucho sobre vuestra gente. ¿Por qué iba a destruiros?

Los tres lu’Cie se miraron entre ellos.

-¿Que no sabes mucho sobre los lu’Cie?-repitió Serah; Hope asintió-¿Cómo puede ser? Eres un ángel, ¿no? Y dijiste que hasta ahora habías estado observando nuestro mundo.

-Una cosa es observar y otra es comprender-repuso él-. Y no puedo comprender algo que veo si no escucho vuestras palabras. Lo único que sé sobre los Eternos es que estáis marcados, como los ángeles, y como vuestro nombre indica, sois eternos.

-Eso último, hasta cierto punto-replicó Lightning con brusquedad; Serah desvió la mirada-. Pero nuestra Marca es diferente a la tuya. No me explico que no lo sepas, eres un ángel, ¿o no?

-Soy un ángel. Pero eso no significa que sea omnisciente, ni mucho menos.

Lightning no terminaba de creérselo. Pero entonces recordó una frase que Hope había mencionado horas antes, mientras hablaban de su marca de servidumbre. Él sólo sabía lo que era necesario para su propósito, y acababa de decir que eliminar a los lu’Cie nunca había sido parte de ello. Lo cual explicaría que tampoco supiera mucho sobre su gente.

“Con razón nos mira así”, reflexionó, incrédula. “No entiende por qué reaccionamos de esta forma porque no tiene ni idea de que llevamos generaciones creyendo que él es nuestro verdugo… ¿Será posible que la Orden nos haya mangoneado de esta forma? ¿Es nuestra persecución parte de un decreto divino de verdad, o estarán actuando a espaldas de Bhunivelze?”

Por suerte, Snow formuló la pregunta que le rondaba por la cabeza:

-No sé si termino de pillarlo muy bien… Si la Orden nos ha estado contando trolas, ¿quiere decir eso que el Altísimo no quiere destruirnos?

-Yo eso no lo puedo saber-respondió Hope-. Mi posición como siervo me impedía cuestionarle, y tampoco era algo que yo me plantease nunca. Me limitaba a observar vuestro mundo y alertarle de los desequilibrios que percibiera en el mundo.

-¿Me quieres decir que nunca transmitiste órdenes de Bhunivelze a la Orden?-inquirió Lightning con cierta brusquedad. Hope captó la rabia que emanaba de ella, y se encogió apenas.

-Claro que lo hice. Cuando ocurría algún desequilibrio en las energías del mundo, mi deber era comunicarlo a la Orden para que lo solucionara. También se me informaba de los nombramientos de nuevas médiums y Sumas Sacerdotisas, para que los comunicara al Altísimo.

Los tres lu’Cie lo miraron fijamente, sin terminar de creérselo.

-¿Y ya está?-preguntó Snow-¿De verdad nunca comunicaste órdenes de matar o aprisionar a todo lu’Cie que se encontrara, o recluir a aquellos que no seguían los dogmas de la Orden, o… cosas por el estilo?

Hope lo miró largamente largos segundos. Lightning y Serah, que ya conocían más o menos sus reacciones, intuyeron que el ángel estaba deliberando si Snow se estaba quedando con él. Aunque era cierto que siempre se mostraba más tenso que de costumbre con el prometido de Serah.

-Eso es lo que acabo de decir.

Se hizo el silencio una vez más. Hope no podía mentir, como otras veces había demostrado. Si eso era cierto… entonces la Orden había estado engañándoles durante siglos. La rabia inundó los corazones de los tres, llenos de indignación.

Hope parecía inquieto. Lightning lo vio bajando la mirada, mirándose las manos con el ceño levemente fruncido. Sin duda estaba captando la rabia de los tres, pero había algo diferente en aquella expresión. No llegaba a ser enojo, pero estaba en aquella línea. Se preguntó si el ángel habría deducido lo que implicaba aquella revelación. Por fin sabía más o menos por qué habían sentido tanta hostilidad hacia él, y por lo visto se trataba de una farsa elaborada en torno a su nombre.

Pero a ojos de Lightning, aquello no cambiaba demasiado. Lo cierto es que se habían perdido numerosas vidas y otras se habían roto para siempre en el nombre del ángel del Altísimo. Y no podía decirse que él hubiera hecho mucho para evitarlo. Tenía que haber presenciado aquellas atrocidades contra su gente, y aun así nunca actuó para evitarlo. Lo cual la reafirmaba en su opinión de que Hope no era más que una carcasa vacía de todo sentimiento.

Y además… sería una traición inconcebible hacia su Rey sentir simpatía hacia un siervo de Bhunivelze.

-Nos han tomado el pelo como a tontos-bufó Snow, enfadado; no era habitual verlo así-. Y lo que le hicieron a Serah… ¡Todo fue en nombre de una mentira!

Serah entornó los ojos, pero no comentó nada al respecto. Alzó la vista hacia Hope, y el ángel pudo ver en su mirada que había desaparecido aquella levísima chispa de rencor y miedo que hasta entonces había visto.

Sin embargo, Lightning mantenía aquella rígida postura, con la espada desenvainada, si bien no le amenazaba con ella. Hope sentía que su sed de sangre ya no estaba, pero su odio seguía ahí. Y no lo comprendía: si había sido aquella farsa lo que le hacía odiarle, ¿por qué ahora que la verdad estaba al descubierto no había cambiado aquel sentimiento negativo hacia él?

Liberó el aire contenido en sus pulmones en un suave suspiro. Se sentía tenso, y se percató de que aquella revelación le había afectado más de lo que creía posible. Su amo le había llamado en ocasiones la “esperanza de la humanidad” –lo que le había dado ahora el nombre por el que aquellos humanos le conocían– y acababa de enterarse que a ojos de las gentes de Nova Chrysalia él era algo así como un verdugo.

Y era cierto que había presenciado algunas imágenes de violencia y desastre, pero habían sido fugaces y sin contexto alguno. Además, en aquellos tiempos Hope no había sido más que un siervo sin más preocupación que detectar alteraciones en el equilibrio del mundo, una tarea mucho más importante que cualquier rencilla entre humanos debido a la frágil estabilidad de Nova Chrysalia.

Hope sabía muy poco acerca de los lu’Cie, y sentía cierta curiosidad. Ahora comprendía por qué las auras de Lightning, Snow y Serah eran tan diferentes a las de los humanos normales: hasta donde sabía, la energía mágica de los lu’Cie era sumamente poderosa en comparación. Los observó atentamente, preguntándose dónde tendrían la Marca que los caracterizaba.

-¿Qué es lo que hace que la Orden os persiga?-quiso saber-Hasta donde yo sé, los Eternos estáis bendecidos con los poderes de la divinidad. Deberían reverenciaros.

-Hace muchos siglos que nadie nos reverencia-respondió Lightning con sarcasmo-. La Orden nos teme, sobre todo. Somos la única amenaza restante que lleva cientos de años desafiando sus mentiras. Pero también codician los dones de algunos de nosotros.

-¿De algunos?-repitió él, intrigado.

-Sí-intervino Serah en voz baja-. Los lu’Cie desarrollamos una especie de don, por así decirlo, que se supone que es único, aunque se han dado casos en los que dos lu’Cie han compartido ese mismo poder. Algunos de esos dones son extremadamente ansiados por la Orden, que busca lu’Cie que los posean para obligarles a usarlos para ellos, argumentando que les fueron otorgados por el mismo Bhunivelze y que son los únicos que serán perdonados por su ángel si colaboran.

Lightning gruñó, y Snow pasó un brazo por los hombros de su prometida. Hope captaba la energía que emanaban, y percibió la tristeza y la rabia en sus corazones. Creyó comprender lo que estaba sucediendo.

-Os ha pasado a vosotros-murmuró, con cautela-. La Orden os ha utilizado en mi nombre.

Los tres lu’Cie alzaron la mirada hacia él a la vez, la sorpresa reflejada en sus rostros. Lightning estaba más acostumbrada a que Hope fuera aprendiendo a identificar mejor sus emociones, pero para Snow y Serah aquello era casi una novedad.

-No a todos-dijo Lightning entonces-. Sólo a mi hermana. Pero debido a eso, su Marca se ha reactivado. Y por ello la Orden va a pagarlo muy caro.

Hope desvió la mirada hacia Serah.

-¿Su Marca se ha reactivado?

-¿No sabes lo que significa?-Snow se subió una de las mangas de su chaqueta negra y le mostró el antebrazo. Gracias a su aguda visión, Hope acertó a distinguir un símbolo blanquecino, con flechas y algo que parecía un ojo en su centro-Ésta es mi Marca, ¿ves? Normalmente tienen este aspecto, no importa a qué casa pertenezcas.

-¿Casa?-Hope ladeó la cabeza.

-Los lu’Cie podemos pertenecer a dos casas, o clases-terció Serah-. Nosotros somos lu’Cie de la Casa de Paals, y luego están los de la Casa de Lindzei, aunque los lu’Cie de nuestra casa son los más numerosos. Esta Marca es la de Paals.

Hope asintió, reconociendo los nombres de las Deidades Gemelas, Paals y Lindzei. No sabía mucho sobre ellos, salvo que eran hijos de Bhunivelze y tenían una hermana, la diosa Etro.

-Bueno, pues habitualmente está así, blanca-siguió diciendo Snow-. Cuando nacemos, nuestras Marcas no tienen flechas, o el patrón que sea el de la Casa de Lindzei, y están poco definidas, por lo que es fácil pasarlas por alto si eres claro de piel. Y cuando alcanzamos una determinada edad que es variable para cada lu’Cie, entonces aparecen las flechas, y es cuando nuestro envejecimiento se detiene.

-Entiendo-reflexionó Hope, frunciendo levemente el ceño-. Por eso se os conoce como los Eternos.

-Sí, pero eso sería demasiado bonito como para ser cierto-Lightning dejó escapar una breve risa sardónica-. Dones especiales, magia poderosa, eterna juventud… Los lu’Cie tenemos que pagar un precio por ello, y en más ocasiones de las que nos gustaría esa eternidad no es nada deseable.

Hope la miró, pensativo. Bien mirado, Lightning tenía razón. La condición de lu’Cie parecía demasiado privilegiada si reflexionaba sobre ello.

-Verás, resulta que la magia que llevamos dentro, cuando la Marca evoluciona, hace que una parte de nuestra alma cristalice-le contó Snow, reclinándose sobre el respaldo del sofá-. Se podría decir que nosotros también cristalizamos porque ahí es cuando dejamos de hacernos viejos.

-Pero también nos vuelve inestables-prosiguió Serah en voz baja-. Nuestras auras son más poderosas de esa forma porque nuestro poder se condensa. Pero al comprimir ese poder, si perdemos el control de nuestras energías… hemos de pagar por ello.

El joven ángel escuchaba con curiosidad. Sentía la tristeza de Serah, y se preguntaba qué podría haberle ocurrido. A juzgar por la impotencia de Snow y la rabia de Lightning, nada bueno.

-¿Cómo?-quiso saber.

-Los lu’Cie podemos morir asesinados o enfermos como el resto de los humanos-intervino Lightning, su voz más brusca de lo normal-, pero si evitamos estas cosas podríamos vivir para siempre. Claro que a la larga esto sería más una maldición que una bendición, así que tenemos el poder de, llegado el momento, decidir convertirnos en cristal. De esta forma vivimos realmente para siempre, dormidos, y por eso es por lo que realmente se nos llamaba Eternos.

-Pero eso sólo lo puedes hacer si tu cuerpo está totalmente puro-adujo Snow, que había cerrado un poco los puños-. Cuando usamos nuestro poder más allá de nuestras capacidades o cuando no es el momento adecuado, o cuando sufrimos un fuerte impacto emocional, existe el riesgo de que nuestra Marca se active. Y cuando eso sucede… -el prometido de Serah hizo una pausa-Nuestro cuerpo comienza a cristalizarse, poco a poco, durante meses o años. Y si te cristalizas por completo, te conviertes en Cie’th.

Hope sabía algo sobre los Cie’th. Eran seres que solían deambular por los lugares donde más distorsiones y desequilibrios había detectado. Horribles y agresivas criaturas cubiertas de cristal.

-¿Los Cie’th son lu’Cie?-el ángel parecía sorprendido.

-Eran-puntualizó Lightning-. Si te conviertes en Cie’th, tu alma queda prácticamente destruida. Sufren lo indecible, no recuerdan nada y sólo sienten dolor, y por eso atacan a todo lo que se mueve. Lo mejor que se puede hacer con ellos es clavarles una espada y acabar con su tormento.

-Pero el proceso es lento, y a medida que avanza es más y más doloroso-siguió diciendo Snow-. Tu carne empieza a convertirse en cristales y a deformarse, y te va transformando poco a poco. Si eso te pasa, por poco que sea, ya no puedes entrar en el sueño de cristal. Se puede revertir, pero es complicado y no todo el mundo consigue hacerlo, se necesita mucho autocontrol y estabilidad emocional.

Serah asintió levemente. Hope creyó saber lo que le había sucedido a la pequeña de las hermanas Farron.

-Entonces, ¿es eso lo que te sucede? ¿Tu Marca está activa y te estás convirtiendo en Cie’th?

Lightning y Snow miraron alternativamente a Serah y al ángel. Ella tardó un poco en responder, pero al final alzó la vista hacia él.

-Sí-le dijo; se retiró el brazalete que cubría su brazo izquierdo, y le mostró una Marca idéntica a la que Snow le había mostrado, sólo que en su caso era negra y el ojo de su centro era de un tono rojo intenso. Alrededor de ella se podía apreciar que su piel estaba cubierta de cristales de un tono azul violáceo-. ¿Lo ves? Antes estaba más extendido, pero llevo tiempo tratando de revertir el proceso. Si lo consigo, mi Marca volverá a aletargarse.

-Se puede aletargar la Marca sin revertir el proceso, pero como comprenderás ningún lu’Cie quiere estar medio cristalizado. El problema es que no todo el mundo lo puede hacer.-explicó Lightning entonces, apartando la vista de la piel cristalizada de su hermana.

Hope la observaba con curiosidad, hasta que Serah cubrió su Marca de nuevo. Recordó entonces que le habían dicho antes que había sido la Orden la que había provocado que la joven empezara a cristalizarse, y no pudo evitar preguntarse con qué motivo lo habrían hecho.

-¿Por qué se activó la Marca? Habéis dicho que lo causa un descontrol de energía mágica o un fuerte impacto emocional-preguntó el ángel-. ¿Fue alguna de esas cosas lo que te hizo la Orden?

-Las dos cosas-repuso Lightning, tratando de controlar su ira al recordarlo-. Como ya te hemos dicho antes, todos los lu’Cie tenemos una especie de don particular. En el caso de Serah, ella posee el don de la profecía, lo que se conoce como un Oráculo.

Hope ladeó la cabeza.

-¿Un Oráculo? ¿Puedes ver el futuro?

-Así es-contestó Serah entornando los ojos con cansancio-. Es uno de los dones más raros entre los lu’Cie, por lo que supondrás que es muy codiciado. Pero es un don que nos hace muy sensibles y vulnerables porque se alimenta de nuestra energía vital, y por eso los Oráculos somos más propensos a que la Marca se nos active.

-No tiene por qué si se lleva cuidado y uno mismo aprende a adiestrarse para controlar las emociones y el flujo de magia-apostilló Snow, y apretó un puño-. Pero lo que le hizo la Orden a Serah le activaría la Marca a cualquiera.

-Me capturaron y me llevaron a la Catedral-relató Serah respirando hondo-. Se enteraron de alguna forma de que yo era un Oráculo; según sus palabras, había sido una divina revelación del ángel del Altísimo. Dijeron que se me exigía una profecía, y yo me negué porque en realidad no tengo el control de mis visiones, suceden cuando han de suceder. Pero ellos me forzaron-la joven tembló, y Hope sintió su miedo y dolor-. Sus magos ejercieron alguna clase de tortura mental sobre mí hasta que consiguieron quebrar mi magia y conseguir la profecía que querían de mí. En ese momento se activó la Marca, y cuando mi hermana y Snow me rescataron, casi todo mi hombro era cristal. Fue una transformación muy rápida.

El joven ángel no supo qué decir. Aquella crueldad le parecía horrible incluso a él, un ser sin emociones. No había sentido especial simpatía por la Orden cuando había ejercido como siervo y mensajero de Bhunivelze, pero ahora no podía evitar preguntarse cuánto mal habían causado a las gentes de Nova Chrysalia… en su nombre.

-Me hicieron creer que tú habías ordenado mi secuestro y tortura, Hope-siguió diciendo Serah, triste-, y durante largo tiempo te maldije igual que mi hermana, y también Snow. Pero al fin y al cabo tú no estuviste allí forzándome a usar mi don y te concedí el beneficio de la duda cuando te acogimos y supimos quién eras. Ahora me alegro de haberlo hecho, si te soy sincera, porque por lo que nos has contado habríamos acabado con una vida inocente.

-No sé si se me puede considerar inocente-murmuró Hope-. Se supone que yo debía cuidar del mundo y de sus habitantes. Los humanos no me hacíais mucha gracia antes porque destruís más que creáis y conserváis, pero ahora que llevo cierto tiempo viviendo con vosotros me doy cuenta de mi ignorancia. Y todo esto que me contáis… -el ángel sacudió la cabeza-Yo no sabía nada. Vuestra raza me odia, y tal vez tengan razón. Tal vez podría haberlo comunicado al Altísimo. Él podría haber hecho algo.

-¿Quién? ¿Bhunivelze? ¡Bah!-Lightning resopló con desdén-A los dioses les importamos un bledo. ¿De verdad eres tan ingenuo como para creer que Bhunivelze habría movido un dedo para ayudarnos? ¿A los lu’Cie?

-Es cierto que el Altísimo no suele preocuparse por los asuntos humanos-admitió Hope, dubitativo-. Debe velar por cuestiones mucho más trascendentales. Pero aun así…

No terminó la frase, y aquello era poco común en él, observó Lightning. Hope solía explicarse con gran claridad, pese a ser breve en general. El hecho de que dejara una frase a medias no era nada normal.

“No me extraña”, pensó la joven, mirándolo inquisitivamente. “Si está diciendo la verdad, se acaba de enterar de que han estado usando su nombre para cometer todo tipo de abusos sobre el mundo que técnicamente ha de proteger. Pero tiene razón, podría haber hecho algo al respecto si no fuera una condenada carcasa sin sentimientos.”

-No entiendo cómo se ha llegado a esto-dijo Hope al fin, negando con la cabeza-. Cómo es posible que no lo supiera. ¿Por qué la Orden es tan cruel con los Eternos? Vuestros dones proceden de las Deidades Gemelas. Tendrían que teneros respeto.

Lightning, Serah y Snow compartieron una mirada. Hasta la fecha habían creído que el ángel del Altísimo debía saberlo, pero según él, se había limitado a observar sin comprender realmente lo que veía. Y al fin y al cabo, la historia de la actual trágica situación de los lu’Cie era la historia del odio de su gente hacia su persona. Hope tenía derecho a saber cómo y por qué su nombre era maldecido por los habitantes de Nova Chrysalia que no seguían los dogmas de la Orden.

-Es una larga historia-replicó Lightning cruzándose de brazos y lanzándole una fiera mirada-. Y no creo que te resulte muy grata en algunos aspectos.

Hope le devolvió una mirada límpida y determinada. Lightning nunca se había dado cuenta antes de lo grandes que eran sus ojos en realidad.

-Creo que debo saberlo. No puedo, ni quiero, seguir en la ignorancia. Por favor, contádmelo.

Su respuesta sorprendió, una vez más, a la joven. Tuvo que hacer un esfuerzo para mantener el porte frío y distante. “Condenado ángel”, pensó, irritada.

Serah sonrió suavemente, y Snow asintió con una breve risotada.

-De acuerdo, Hope-dijo Serah-. Te lo contaremos.

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