jueves, 17 de septiembre de 2015

X. Marca

-Con cuidado-le decía Serah a Hope, sosteniendo uno de sus brazos mientras Lightning hacía lo propio con el otro-. Venga, ya casi está.

Hope no respondió, pero en sus ojos podía verse claramente que tenía sus dudas. Las piernas le temblaban como si fueran de gelatina, y cada movimiento le producía una horrible punzada en la espalda.

-No estoy tan segura, Serah-advirtió Lightning al percatarse-. Aún no ha recuperado todas sus fuerzas. En cuanto le soltemos, se caerá.

-Pero si permanece más tiempo tumbado sin mover las piernas, luego no podrá caminar-replicó Serah, preocupada-. Es bueno que al menos intentemos que se ponga de pie, aunque sea un par de minutos.

Pero estaba claro que aquello no iba a ser tan fácil. Ni siquiera se había sentado al borde de la cama y las piernas de Hope ya hacían tremendos esfuerzos para tratar de incorporarse. Serah se había empeñado en, debido a su mejoría, intentar ayudarle a caminar para que no se le atrofiaran los músculos de las piernas. El joven ángel no se había quejado en ningún momento, pero no hacía falta ser un lince para darse cuenta de lo mucho que le dolía el esfuerzo.

-Déjalo, Serah-dijo Lightning, tajante, cuando decidió que la respiración entrecortada de Hope era suficiente prueba de que no iba a funcionar-. Aún es demasiado pronto.

Su hermana suspiró, decepcionada, y soltó el brazo de Hope, dejando que volviera a tenderse sobre la cama, con el semblante menos tenso.

-Supongo que tienes razón… Pero hace ya un mes que no se ha levantado de la cama. ¿Qué hay de las necesidades vitales, la higiene…?

Hope frunció apenas el ceño ante el comentario de Serah. Lo cierto era que en su estado no había podido apreciarlo con detenimiento, pero ahora que lo mencionaba, su agudo olfato percibía que su olor corporal no era ni mucho menos tan neutro como antes.

-No pongas esa cara-le dijo Lightning enarcando las cejas-. No me explico cómo, pero no apestas tanto como lo haría un humano después de un mes sin lavarse. Ni tampoco cómo es que no necesitas ir al baño.

Lo cierto es que Hope nunca había tenido aquellas necesidades, y por tanto no podía estar seguro. Pero creía saber la razón por deducción lógica.

-Soy un ángel-explicó a media voz-. Mi cuerpo está preparado para eliminar cualquier impureza en mi ser. Supongo que si bien vosotros necesitáis expulsar las toxinas de vuestro organismo, el mío las elimina.

Las hermanas Farron lo miraron con interés y tal vez una pizca de envidia. Hope, que ya llevaba un mes viviendo con ellas, creía saber por qué: no parecía una tarea muy agradable, la de expulsar toxinas sólidas del cuerpo.

-Aun así-prosiguió él-, hay algunas cosas que no puedo eliminar. Como entes infecciosos, y… -alzó un brazo y torció apenas el gesto al ver que su marmórea piel parecía un poco más opaca de lo normal-la suciedad del exterior, por lo que veo.

Lightning y Serah le estudiaron atentamente. Hacía tiempo que no retiraban las sábanas que cubrían la parte inferior de su cuerpo; Hope todavía vestía la larga pieza de tela que cubría totalmente sus caderas y su pierna izquierda, dejando la otra prácticamente al descubierto. El joven ángel las miró incómodo, sin saber por qué le estaban observando así.

-No es para tanto-dijo Serah entonces-. Esa suciedad se iría enseguida con una simple ducha.

Hope ladeó un poco la cabeza sin comprender.

-¿Ducha?

Hubo un breve silencio. Entonces Serah se echó a reír, y Lightning se llevó una mano a la frente con un suspiro resignado.

-Aún te falta mucho por aprender, por lo que veo.

El vozarrón de Snow les sobresaltó a los tres, muy próximo a la puerta entreabierta:

-¡Eh, chicos! ¿Necesitáis ayuda por ahí dentro?

Al instante, Hope se sobresaltó. Ya conocía a Snow, por supuesto, pues hacía ya casi una semana que se lo habían presentado oficialmente, pero aun así el ángel tendía a mostrarse tenso cuando el prometido de Serah estaba cerca, probablemente por lo bullicioso que era aunque tuviera buena intención.

-¡No!-gritó Lightning para que Snow le oyera-¡Haz algo útil, Snow, y prepara algo de comer!

-¡Vale, vale!-Snow dejó escapar una breve risa-¡Yo sólo quería echaros una mano, cuñada!

-¡No soy tu cuñada!

Serah se echó a reír y se levantó, dirigiéndose a la puerta.

-Voy a ayudarle, o pegará fuego a la cocina-dijo, sonriente-. Lightning, ¿qué tal si te encargas tú de ayudar a Hope a lavarse un poco hasta que pueda ducharse?

Lightning enarcó peligrosamente las cejas:

-¿Qué? ¿Ahora tengo que ponerme a limpiarle el culo también? ¿Qué es esto, una guardería?

Hope apartó la mirada, claramente incómodo. Lightning, Serah y Snow tendían a hablar de aquella forma sobre él aunque estuviera presente, tal vez porque pensaban que al carecer de emociones no tenían por qué llevar excesivo cuidado a la hora de expresarse. Algo que no era completamente cierto, porque el ángel cada vez iba aprendiendo más sobre los humanos, e inevitablemente aquello se reflejaba en su forma de ver el mundo.

-Lightning.-Serah puso los brazos en jarras, y lanzó a su hermana una mirada entre divertida y exasperada. Lightning resopló, pero terminó por asentir.

-Está bien… Tú ve a la cocina y asegúrate de que Snow no rompa nada, o lo haré arreglar sus desastres a puñetazos.

Sin perder la sonrisa, Serah salió de la habitación. Cuando se volvió hacia Hope, Lightning descubrió que el ángel la miraba con una chispa de curiosidad y temor.

-¿Y a ti qué te pasa?

-No comprendo por qué tratas a Snow de esa forma-respondió Hope ladeando la cabeza, casi con cautela-. Es el prometido de tu hermana. Sois familia.

-No lo somos-gruñó ella con fastidio; lo que menos le apetecía era ahora tener que darle explicaciones al ángel-. No nos une ningún lazo de sangre. Snow no es mi familia y no lo será nunca.

Hope la miraba fijamente.

-No veo la relación. ¿Qué tiene que ver que compartáis sangre o no? Compartís a una misma persona a la que consideráis familia.

Lightning le lanzó una mirada asesina, que sin embargo no podía disimular completamente la sorpresa. ¿Desde cuándo Hope era un entendido en filosofía familiar? ¿Él, una criatura que ni siquiera era humana?

-¿A ti qué más te da? No lo entenderías.

-Supongo que no.-concedió él, apoyando la cabeza en la almohada y enarcando brevísimamente una ceja. Durante la última semana, Hope había realizado aquel gesto unas cuantas veces, pero a Lightning le seguía sorprendiendo. Sin contar sus ocasionales y muy sutiles muestras de sarcasmo.

A la joven, por supuesto, le irritaba su sarcasmo. Pero en cierta manera le hacía más sencillo tolerar al ángel, quizá porque no se le antojaba tan insoportablemente impasible.

“Somos aliados”, se obligaba a recordar Lightning. “Tengo que soportarlo. Sólo él podrá conducirme al Corazón si la leyenda es cierta.”

* * *

Un poco más tarde, Lightning se hallaba sentada al borde de la cama, con unas toallas húmedas en el regazo. Hope la observaba en silencio mientras ella frotaba su pálida piel para quitarle la suciedad acumulada durante aquel mes, que, por suerte, no era demasiada.

-De las piernas te encargas tú-le advirtió la joven frotando las partes de la espalda que no estaban cubiertas por los vendajes-. No eres un bebé para que tenga que estar lavándote entero.

-Haré lo que pueda.-repuso él haciendo un esfuerzo para reprimir el dolor que le causaba la toalla tirando de la dolorida piel de su espalda. Sabía que lo que Lightning estaba haciendo iba en contra de sus principios, y tampoco era cuestión de tentar a la suerte. Últimamente le toleraba mejor a raíz de aquella conversación en la que habían acordado aliarse en la misión que Lightning tenía entre manos y que aún desconocía, pero seguía, como era de esperar, siendo brusca con él.

Lightning le hizo tumbarse para poder frotarle la parte descubierta del torso, frunciendo el ceño ante el gesto de dolor contenido de Hope.

-¿Quieres hacer el favor de relajarte?

-Lo intento. Pero duele…

-Ya sé que duele-resopló Lightning-. A estas alturas deberías estar acostumbrado. Pero cuanto más te tenses, más te dolerá. Respira hondo.

Hope obedeció, y efectivamente notó cómo el dolor mermaba. Entornó los ojos, y mientras Lightning frotaba, trató de mover una pierna. Apenas pudo levantarla, y bastó aquello para que se sintiera súbitamente agotado.

-¿Qué demonios haces?-Lightning lo miró inquisitiva.

-Trato de mover una pierna.-respondió él, mirándola como un niño que no termina de comprender una pregunta, o por qué se le pregunta. En aquel caso, estaba claro que se la había tomado literalmente.

-Aunque no te lo creas, eso lo había deducido yo sola. Lo que quería que me respondieras era por qué intentabas hacerlo.

Hope ladeó la cabeza. Se pensó la respuesta durante unos momentos.

-No me gusta estar así.

-¿Así?-Lightning alzó una ceja-Así, ¿cómo?

-Así. Postrado en una cama. Sin poder apenas moverme. Sin alas-el joven ángel arrugó apenas el entrecejo-. No me gusta. Me siento atrapado.

Lightning permaneció en silencio unos segundos, procesando sus palabras. Aquello era interesante: hasta la fecha, Hope nunca se había quejado de su situación, y tenía motivos sobrados para ello. A la joven le había sacado de quicio desde el primer momento aquella pasividad, como si se hubiera resignado a soportarlo sin más o no tuviera voluntad para luchar contra las desgracias impuestas sobre él.

Las quejas provenían de los sentimientos. Decir “no me gusta” implicaba una opinión propia. ¿Acaso los ángeles, seres sin emociones, podían tenerlas? ¿O tal vez, después de todo, Hope estaba aprendiendo de verdad rasgos humanos?

Por supuesto, eran detalles ínfimos en comparación con los verdaderos sentimientos humanos. Pero comparado con cómo era Hope un mes antes, era bastante notable.

Lightning no quiso darle más vueltas. Sacudió la cabeza y empezó a frotar el brazo izquierdo de Hope, o por lo menos, las partes de él que no estaban cubiertas por cintas de tela púrpura. Algo bastante complicado si quería dejarlo bien limpio.

-Así no se puede-gruñó al final-. ¿Puedo quitar estas estúpidas cintas?

Hope giró la cabeza hacia ella, sin comprender, hasta que bajó la vista hacia su brazo.

-Ah, esto-murmuró-. Supongo que sí.

-¿Supones?-Lightning alzó las cejas-¿No sabes si puedo o te ocurrirá algo si te las quito?

Él pareció momentáneamente inseguro.

-No puedo saberlo con certeza. Nunca me las he quitado.

Lightning suspiró.

-En fin. Habrá que correr el riesgo.

Hope la observó con cierta aprensión mientras la joven desanudaba las cintas que cubrían su brazo. Poco a poco las fue desenredando, hasta que dejó el brazo completamente libre.

El joven ángel abrió y cerró la mano, tensando los músculos del brazo, frunciendo los labios.

-¿Qué te pasa ahora?-inquirió Lightning, sintiendo una punzada de preocupación; ¿habría sido mala idea quitarle aquellas cintas?

-Siento el brazo extraño-repuso Hope-. Como si me hirviera bajo la piel. Duele un poco…

-Eso es porque se te está desentumeciendo-explicó ella, aliviada, al reconocer los síntomas-. Si llevabas milenios sin quitarte esas cintas, no me sorprende. No es nada que te deba preocupar.

-Mmm… -Hope no parecía tan convencido. Pero aquello siempre le pasaba cuando experimentaba una nueva sensación física. Lightning sabía que no tardaría en acostumbrarse, igual que se había acostumbrado al hambre y la sed.

Lightning procedió a frotarle el brazo con la toalla húmeda. Ahora que ya no estaba cubierto por las cintas, la joven podía apreciar mejor su forma. Tan delgada y frágil como el resto de su cuerpo. Hope emitía aquella sensación de fragilidad, como si todo su ser no fuera más que una sombra etérea. O tal vez como un recipiente de cristal vacío.

Entonces, cuando empezó a frotar su muñeca izquierda, Lightning reparó en algo que las cintas habían estado cubriendo. Algo blanquecino, más incluso que su piel.

-¿Qué es esto?-inquirió, cautelosa. No era posible que fuese lo que en un primer momento había pensado que fuese: no tenía una forma definida. Eran como manchas y líneas distribuidas aleatoriamente sobre su muñeca.

Hope se miró la mano.

-No lo sé. Es la primera vez que lo veo.

-¿Me quieres decir que no sabías que tenías esas cicatrices?-Lightning sacudió la cabeza y siguió frotando-Lo tuyo no tiene definición. Podrías no tener cerebro y ni siquiera saberlo.

El ángel entornó los ojos, pensativo.

-Sé que tengo cerebro. Pero esas cicatrices son nuevas para mí. Tal vez sean algún distintivo que el Altísimo me puso al crearme para identificarme.

-¿Para identificarte?-repitió Lightning torciendo el gesto; aquello le sonaba demasiado a lo que los pastores de las Marcas Salvajes hacían con sus rebaños, marcándolos con un hierro al rojo vivo que dejaba un símbolo indeleble en su piel-Pero tú dijiste que eras el único ángel de Bhunivelze.

-Hasta donde yo sé, es así-Hope frunció el ceño levemente-. Pero a diferencia de él, yo no soy omnisciente. Sólo soy su siervo. Me limito a saber lo que he de saber para llevar a cabo mi tarea, por lo que existe la posibilidad de que tenga más ángeles a su servicio en otros mundos.

Lightning prefirió no decir nada. Si de verdad era cierto, quizá a Bhunivelze le bastara con crear otro ángel para suplir la ausencia de Hope. Al fin y al cabo, había desterrado a su siervo al plano mortal con las alas arrancadas. En otras palabras, le había despojado de su rasgo más distintivo como ángel.

-Sea como fuere-prosiguió Hope, interrumpiendo sus pensamientos-, las cicatrices son parte de los ángeles. No me sorprende tener más de una.

-No termino de comprenderlo-Lightning desató las cintas del otro brazo y empezó a frotarlo; en este no había marcas de ningún tipo-. Es bien sabido que Bhunivelze es un condenado perfeccionista. ¿Por qué marcar a sus siervos con cicatrices? Aunque sean físicas, no dejan de ser imperfecciones.

-Supongo que porque es práctico-repuso él, su voz adoptando un levísimo matiz cansado-. Los ángeles somos siervos. No nos está permitido rebelarnos contra nuestro amo, de ninguna manera. Para eso está pensada la marca de servidumbre. Para recordarnos que debemos obedecer.

Lightning se volvió lentamente hacia él, cautelosa. ¿Marca de servidumbre? ¿Tendría algo que ver con…? Se llevó una mano al pecho, encima de su corazón.

No, era imposible. Alejó aquellos pensamientos de su mente y estudió atentamente al ángel, intrigada.

-¿Tú tienes una marca? ¿Dónde? Nunca te he visto ninguna.

-Esto es mi marca de servidumbre-Hope se señaló la zigzagueante cicatriz que cubría su ojo izquierdo-. No se lleva muy oculta. De hecho, se supone que ha de verse. Es lo que nos distingue como lo que somos.

-Pero si sólo es una cicatriz-observó Lightning un tanto decepcionada; lógicamente había reparado hacía tiempo en aquella cicatriz, pero nunca le había concedido mayor importancia-. Creía que lo que de verdad os distinguía era un par de alas.

-Eso nos distingue como ángeles-replicó Hope en voz baja-. Define la especie a la que pertenecemos. Pero lo que somos lo define esta marca: siervos sin otro propósito que obedecer las órdenes de nuestro amo y hacer cumplir su voluntad.

Ella frunció el ceño. Aquella explicación podría ser la razón por la cual Hope no había tenido nombre hasta ahora: si el nombre definía lo que un ser era, entonces el ángel realmente no necesitaba uno, pues su marca de servidumbre ya lo hacía por él. Y también explicaba por qué Hope se había llamado a sí mismo “siervo del Altísimo”, porque ése había sido su nombre.

“Y ahora ya ni siquiera tiene alas”, pensó Lightning. “Pero sigue teniendo la marca. No es ni humano ni ángel. Tal vez después de todo no sea tan distinto a nosotros…”

-… ¿Ocurre algo?-preguntó Hope de repente; Lightning, sobresaltada, alzó la vista y lo descubrió mirándola fijamente con la cabeza ladeada.

-No-replicó ella con cierta brusquedad-. ¿Por qué iba a ocurrir algo?

Él siguió mirándola.

-Percibo tus energías muy alteradas… Creo que es preocupación. O confusión. ¿Es porque te he hablado de mi marca?

“Pero será posible…”, pensó Lightning, irritada. Le sacaba de quicio el poder de Hope para deducir los pensamientos ajenos a través de las energías irradiadas. Y debido a su convivencia con humanos, cada vez se le daba mejor.

-Light, ya sé que no me crees, pero te di mi palabra de que no os haría daño. Ahora mismo el Altísimo no me presta apenas atención. Y esta marca no me obliga a obedecer como tal…

-Cállate-le interrumpió ella; Hope obedeció al momento, azorado-. No tiene que ver con tu marca.

Hope volvió a ladear la cabeza, y la miró entornando los ojos. A Lightning le ponía nerviosa aquel gesto: sabía que el joven ángel lo hacía cuando intentaba descifrar sus emociones.

-Entonces, ¿con cuál?

Lightning palideció.

-¿Qué estás diciendo?-le espetó, apartándose un poco de él-¿Qué insinúas?

Él pareció desconcertado. Lightning dedujo que no comprendía su reacción, pero no quería arriesgarse. Si el ángel de Bhunivelze lo descubría…

… ¿qué pasaría? Hope había mencionado que el Altísimo no le estaba prestando mucha atención, si es que le prestaba alguna. Y él por sí mismo no parecía muy capaz de hacerles daño. Pero si lo que la Orden contaba era cierto…

-Algo se altera en tu interior cada vez que mencionas una marca-respondió el ángel cautelosamente-. Si no es la mía la que provoca esa reacción, ¿cuál es la que te preocupa?

Ella no supo cómo responder a aquello. En cierto modo sabía que aquella conversación iba a llegar en algún momento, pero no se hubiera imaginado que apenas una semana después de su pacto con Hope el ángel hubiera llegado tan al fondo de la cuestión.

Era peligroso. Muy peligroso. Había esperado que el momento se prolongara hasta que hubiera garantías de que Hope no iba a traicionarles. Si se lo contaba, podría poner en peligro lo que generaciones enteras habían logrado construir.

-… ¿Light?-la voz de Hope la hizo sobresaltarse. El joven ángel la estaba mirando con una chispa de preocupación en los ojos.

“Preocupación genuina”, percibió Lightning, sorprendida. Como un ser que apenas estaba aprendiendo lo que eran las emociones, Hope no podía fingir porque básicamente no sabía hacerlo. “Está realmente preocupado… ¿pero cómo es posible que lo esté?”

Aquello fue lo que la hizo decidirse. Se levantó de la cama, retrocedió hacia la pared lentamente sin perderle de vista y tanteó a sus espaldas en busca de la espada envainada apoyada en el muro. Mejor prevenir que curar. La reacción de Hope sería lo que decidiría si viviría o no más allá de aquel día.

Él la miraba sin comprender. Parecía asustado, incluso.

-Light, ¿qué sucede? ¿Qué estás haciendo?

-No es tu marca la que me preocupa-replicó ella devolviéndole una dura mirada que trataba de ocultar su temor-. Sino tú. Y cómo actuarás al saber sobre la nuestra.

Hope frunció levemente el ceño, desconcertado.

-No comprendo…

Ella respiró hondo. Ahora ya no había vuelta atrás.

-Tal vez esto lo explique-respondió desenvainando la espada y apuntándole con ella-. Somos tan siervos de una marca como tú. Soy una lu’Cie.

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