La recuperación de Hope era
relativamente lenta, pero avanzaba a buen ritmo, y al cabo de tres semanas
había mejorado sorprendentemente. Al principio solamente había podido sentarse
en el borde de la cama, con esfuerzo, pero a la semana y media el ángel ya
había insistido en intentar ponerse de pie. Y al cabo de los días, cuando por
fin pudo mantenerse sin caerse y sin agotarse sobre sus debilitadas piernas,
comenzó su recuperación para poder volver a caminar.
Aquello había costado mucho más, y
había sido una suerte que Snow aún estuviera en casa, antes de regresar a
Yusnaan para atender sus deberes de Patrón, porque ayudó a las hermanas Farron
en todo lo relativo a la recuperación de Hope, aunque el joven ángel todavía se
sentía incómodo cuando el prometido de Serah y su vozarrón estaban cerca.
Lo peor de aquella tercera fase de
recuperación para que Hope pudiera volver a caminar fue el hecho de tener que enseñarle a caminar. La primera vez que
lo había intentado, no había dado ni dos tambaleantes pasos cuando perdió el
equilibrio y hubiera caído al suelo de no ser porque Lightning lo sostuvo a
tiempo.
-¿Qué te ha pasado?-había preguntado
Serah, mientras ayudaba a su hermana a sostenerlo y a ponerse en pie una vez
más para evitar que se hiciera daño-¡Pero si ya puedes mantenerte en pie casi
sin problemas!
-No lo sé… -Hope probó a soltarse de
las hermanas, y cuando vio que podía mantenerse erguido sin grandes esfuerzos,
flexionó las piernas con cuidado-No lo entiendo. De repente, cuando he
intentado andar, era como si no pudiera mantener el equilibrio.
-No parece que tenga que ver con las
piernas, ¿no?-Snow, que observaba los progresos de Hope desde la puerta de la
habitación, se rascó la cabeza-Las puedes mover y eso desde hace unos días y no
te cansas.
-No me agoto más de lo normal en mi
condición. Puedo moverlas sin apenas esfuerzo. Pero cuando intento caminar…
-Hope trató de posar un pie y hacer el ademán de avanzar un paso; no tardó en
volver a tambalearse, y tuvo que apoyarse en el hombro de Lightning-Parece como
si me faltara estabilidad.
Lightning lo observó atentamente.
Había algo que estaban pasando por alto, pero no alcanzaba a ver qué era. En
teoría Hope debería ser capaz de caminar sin mayores esfuerzos; sí, le dolía la
espalda y se cansaba mucho antes que un humano normal, pero ya podía mover los
músculos de las piernas sin agotarse apenas. Caminar no exigía un esfuerzo
mucho mayor al margen de la coordinación, y el ángel no parecía moverse de
manera diferente a ellos al andar.
“No me puedo creer que ahora tengamos que
enseñarle a caminar”, pensó la joven,
resignada, dejando escapar un suspiro. “Todo
sería más fácil si se limitara a volar y no se hubiera quedado sin alas…”
Entonces fue cuando comprendió lo que
sucedía. Miró a Hope sin poder creerse que no se le hubiera ocurrido antes, y
se fijó en su torso vendado. Era tan sencillo que resultaba increíble que
ninguno de ellos lo hubiera pensado.
-Hope-le dijo, y el ángel volvió la
cabeza hacia ella-, cuando intentas caminar, ¿qué es exactamente lo que sientes
que te pasa?
Él frunció el ceño.
-Pierdo el equilibrio.
-Ya lo sé, eso ya lo has dicho. Lo que
quiero que me digas es cómo sucede.
-… -Hope se quedó pensativo-Es
extraño. Siento como si mis piernas se cayeran hacia delante, al igual que todo
mi cuerpo. Nunca antes me había pasado.
“Justo lo que pensaba.” Lightning esbozó una media sonrisa triunfante
al confirmar lo que había sospechado. Conocía de sobra cómo se comportaba el
cuerpo con peso adicional gracias a su entrenamiento como guerrera, y aunque
aquello era algo distinto, el concepto seguía siendo el mismo.
-Porque antes tenías alas, tonto. Y
ahora ya no cuentas con ese peso a la espalda.
Hope la miró sorprendido, y giró la
cabeza para intentar mirarse la espalda.
-Anda, ¡claro!-Snow se echó a reír y
se dio una palmada en la frente-¡Mira que era fácil! ¡Anda que no darnos cuenta
de eso!
-En realidad no es sorprendente-dijo
Serah sonriendo amablemente-. Todos hemos conocido a Hope sin alas, es normal
que nos cueste pensar en ello.
El joven ángel no dijo nada, pero
parecía algo más serio de lo normal. Lightning intuía que no le hacía mucha
gracia que le recordaran que era un ángel sin alas.
-Pero ahora ya no tengo alas.-replicó
él.
-El problema tiene otra solución
aparte de recuperar las alas. Es muy fácil: como estás acostumbrado a hacer
fuerza hacia delante, lo que tienes que hacer es inclinarte un poco hacia atrás
y flexionar menos las piernas. Vamos, inténtalo.
Hope no parecía muy convencido, pero
adelantó un pie tentativamente. Trató de inclinar la espalda hacia atrás, algo
que debió de hacerle daño a juzgar por su expresión, pero aguantó el dolor y
siguió realizando el movimiento para caminar. Los primeros pasos fueron un poco
vacilantes, pero logró mantenerse varios segundos estable hasta que su
costumbre le traicionó y volvió a perder el equilibrio, evitando caerse gracias
a la pronta intervención de Snow para sujetarlo.
-¡Eso es!-Serah le sonrió
ampliamente-Sólo tienes que acostumbrarte, Hope. Pero casi lo tienes, lo único
que has de hacer es encontrar tu nuevo punto de equilibrio.
-Pero he vuelto a caerme. Se supone
que eso no tendría que pasar.
-Nadie nace enseñado. Cuanto más lo
intentes, mejor te saldrá-adujo Lightning, asintiendo-. Otra vez más. Inténtalo
hasta que no te caigas.
Y Hope siguió intentándolo hasta que,
por fin, logró caminar, despacio y con cuidado pero sin caerse, por toda la
habitación. Cuando por fin Lightning, Serah y Snow consideraron que había
pasado la prueba pudo sentarse de nuevo en la cama para recuperar el aliento.
Había sido un gran esfuerzo y una
larga recuperación que aún estaba lejos de concluir, pero tras cerca de dos
meses había logrado volver a caminar. Ya no estaba atado a una cama, y volvía a
gozar de cierta libertad.
“Si es que alguna vez he conocido realmente la
libertad.”
* * *
Una vez Hope fue capaz de caminar con
cierta normalidad, pese a sus continuos dolores por las heridas de la espalda,
por fin pudo salir de la habitación de Lightning, que no había abandonado en
dos meses desde el momento en el que Snow le había tendido sobre la cama,
gravemente herido e inconsciente. Aquello ocurrió tres días después, una vez el
prometido de Serah ya había marchado de nuevo a Yusnaan, por lo que volvía a
compartir la casa únicamente con las hermanas Farron.
Lightning y Serah acompañaron a Hope
para mostrarle la casa que le había acogido todo aquel tiempo y que el ángel
aún no conocía. Era una casa pequeña de dos pisos: el piso superior estaba
dividido en dos partes diferentes separadas por una pared, y a cada una de
ellas se accedía por una escalera diferente; en una se hallaba el cuarto de
baño general, un estudio y un almacén, y en el otro los dos dormitorios y un
pequeño cuarto de baño para urgencias nocturnas. El piso inferior, por su
parte, constaba casi en su totalidad del salón, con un gran sofá y un par de
sillones frente a una televisión y una chimenea, y la cocina. Los suelos y
paredes estaban revestidos de madera, y las cortinas eran de una tela muy fina,
lo cual permitía una bonita y cálida iluminación a toda la casa.
A Hope le gustaba la casa. Acostumbrado
al frío y vacío blanco del Arca, la calidez del hogar le resultaba muy
acogedora. Incluso en el tiempo que había pasado en la habitación de Lightning,
sin haber visto nada más del lugar donde vivían, había pensado que se sentía
más a gusto allí que en el Arca.
-¿Qué te parece?-le preguntó Serah con
una sonrisa cuando terminaron de enseñarle la casa.
-Es bonita-repuso Hope mirando con
curiosidad todos los muebles; las hermanas se habían dado cuenta de que los
aparatos electrónicos le intrigaban mucho-. Me gusta. Además, es pequeña.
-¿Te gusta que sea pequeña?-Lightning
se cruzó de brazos. No era habitual que a la gente le gustaran las casas
pequeñas, y mucho menos en Luxerion, la capital.
-Sí-respondió él ladeando la cabeza y
estudiando con atención el interruptor de la luz que había en la pared-. Parece
más llena de vida aunque sólo viváis vosotras en ella. Si fuera más grande,
parecería más vacía.
Lightning y Serah compartieron una
mirada. Desde luego, Hope tenía una curiosa y única forma de pensar. Pero la
verdad es que tenía razón. Y tal vez él lo supiera mejor que nadie, pues al fin
y al cabo había vivido completamente solo en –sin duda conociendo las historias
sobre el gusto por las cosas a lo grande de Bhunivelze– un espacio demasiado
amplio.
Sus pensamientos se vieron
interrumpidos cuando el ángel pulsó el interruptor, intrigado, y las luces del
pasillo se apagaron. Hope frunció el ceño, desconcertado, y miró a las hermanas
como si se disculpara por haberlas estropeado.
-Vuelve a pulsarlo.-le dijo Serah,
sonriendo.
Él obedeció, y sus ojos se abrieron un
poco más de lo normal por la sorpresa cuando las luces volvieron a encenderse.
Las hermanas Farron tuvieron que contener la risa al ver a Hope pulsar
repetidamente el interruptor con el aire de un niño pequeño que descubría algo
totalmente nuevo y fascinante para él y que era totalmente mundano para los
adultos.
-Para ya, no vayas a romperlo de
verdad.-le dijo Lightning, y Hope se separó de la pared, si bien con cierta reticencia.
-¿Cómo hacéis para que esto encienda y
apague las luces? ¿Usáis la magia para ello?
-Sí y no-sonrió Serah-. Tenemos un
generador mágico de energía de elemento Rayo, pero estos interruptores sólo
cortan o dejan fluir la electricidad generada según su posición. Las casas de
la ciudad funcionan de forma diferente, pero nosotras tenemos esta pequeña
ventaja porque somos lu’Cie y podemos recargar mejor este generador que el
resto de personas.
Hope miraba con curiosidad a su
alrededor.
-Me sorprende que no supieras de todo
esto-comentó Lightning-. Se supone que observabas nuestro mundo.
-Eran imágenes muy fugaces. Y no les
prestaba demasiada atención a menos que mostrasen algo que amenazara la
estabilidad de Nova Chrysalia-Hope examinó el teléfono que había sobre una
pequeña mesa-. Todos estos artefactos son nuevos para mí.
-Suena bien-repuso el ángel-. Pero yo
no sé lo que es una ducha.
-Anda, ven-suspiró Lightning
haciéndole una seña para que le siguiera a ella y a su hermana-. Ya va siendo
hora de que lo sepas.
Hope las siguió al piso superior, por
la escalera que llevaba a la parte del piso superior donde se encontraba el
cuarto de baño general. La diferencia entre uno y otro era que éste era más
grande, del mismo suelo y paredes de madera de la casa pero en un tono más
claro, y tenía un lavabo sobre el cual pendía un espejo y una bañera rodeada
por unas translúcidas cortinas de un blanco cándido.
-Mira-le dijo Serah haciendo un gesto
hacia la bañera-. Esto es una bañera. Sirve también para ducharse, pero ésta la
usamos cuando queremos darnos un baño largo.
Hope se arrodilló al lado de la bañera
y la estudió intrigado. Pasó un dedo por el grifo y alzó la vista hacia la
alcachofa de la ducha.
-¿Y qué es eso de ducharse? ¿En qué se
diferencia del baño?
-La ducha es mucho más rápida-explicó
Lightning, y señaló la alcachofa-y uno permanece de pie. El agua cae de ahí
arriba, y tú mientras te vas frotando y enjuagando. En el baño pones el tapón,
llenas la bañera de agua, y te metes dentro. Lleva más tiempo, pero es más
relajante.
-Entiendo-el ángel abrió el grifo y
observó con curiosidad y sorpresa cómo manaba el agua-. Si me meto, ¿no importa
que se mojen los vendajes?
Lightning y Serah se miraron,
calibrando la cuestión. Las heridas de la espalda de Hope aún sangraban, y lo
único que de momento evitaba que perdiera demasiada sangre o se infectaran eran
aquellos vendajes y la magia curativa de las hermanas Farron.
-En todo caso te los tendríamos que
cambiar cuando salieras, pero yo creo que con lo gruesos que son no pasaría
nada-dijo Lightning-. Eso sí, cuando te metas, la ropa sí que te la has de
quitar.
-¿Por qué?-Hope ladeó la cabeza-¿La
ropa no se puede duchar?
-La ropa se lava, no se ducha-corrigió
Serah riendo-. Pero eso se hace aparte y con otro proceso, no es lo mismo una
tela que tu piel.
-A menos que quieras que te metamos a
la lavadora.-la voz de Lightning sonó sarcástica, pero Hope la miró sin
comprender.
-No sé lo que es una lavadora. Pero
creo que prefiero esta bañera.
-Haces bien-sonrió Serah, divertida-.
Bueno, ahora ya sabes cómo funciona, así que puedes usarla todo lo que quieras.
-Os lo agradezco.-respondió Hope
inclinando la cabeza a modo de agradecimiento mientras ponía el tapón de la
bañera y abría el grifo. Por lo visto al joven ángel lo que más le apetecía en
aquel momento era un baño, y la verdad es que no se lo podían reprochar. Le
vendría bien relajarse fuera de la habitación en la que se había pasado más de
un mes confinado, y además se quitaría de encima toda la suciedad acumulada al
cabo de tanto tiempo.
Lo que no se esperaron las hermanas
Farron fue que Hope se pusiera lentamente de pie, de espaldas a ellas, y, sin
inmutarse, empezara a manipular el cinto que sujetaba la pieza de seda púrpura
que cubría la parte inferior de su cuerpo y que era su única prenda. Lightning
y Serah comprendieron lo que estaba haciendo momentos antes de que la tela
cayera al suelo.
-¡¿Pero qué diablos haces?!-a la
velocidad del rayo, haciendo honor a su nombre, Lightning se había lanzado a
por una de las toallas grandes un segundo antes de que el único atuendo del
ángel se desprendiera de su cuerpo, y lo cubrió apresuradamente con ésta.
Hope, con la expresión más
desconcertada que le habían visto nunca, miró el rostro encendido y apurado de
Lightning y después a Serah, que se estaba riendo con tantas ganas que había
tenido que apoyarse en el lavabo para no caerse, doblada sobre sí misma.
-… Me habíais dicho que para meterme
dentro tenía que quitarme la ropa.-respondió cautelosamente, sin entender por
qué Lightning lo estaba tapando con aquella toalla.
-¡Pero no con gente delante,
idiota!-le espetó la joven-¡Y mucho menos si son mujeres!
-¿Por qué? ¿Es algo malo?-Hope frunció
el ceño sin comprender-¿Os hace daño?
-Los humanos tenemos la costumbre de
cubrir nuestro cuerpo-pudo explicar Serah cuando logró contener un poco la risa-.
Se considera, digamos, obsceno, si no cubrimos mínimamente nuestra parte
inferior y en el caso de las mujeres, la superior también, delante de otras
personas, en especial del sexo opuesto. No es que nos haga daño, es que… no es
precisamente habitual que un varón, ángel o no, se quite la ropa delante de
nosotras.
Hope se miró en silencio durante unos
segundos y luego alzó la vista hacia las hermanas Farron –a la enfadada y
ruborizada Lightning y a la divertida y sonriente Serah– con un brillo de culpabilidad
en sus ojos, cogiendo la toalla con la que Lightning le estaba tapando.
-… Lo siento-se disculpó, envolviendo
la toalla en torno a su cintura cubriendo así sus piernas-. Vuestras costumbres
todavía son desconocidas para mí.
-Pues menos mal que te lo hemos
dicho-gruñó Lightning-. No te metas al agua con la toalla, pero no vayas a
quitártela mientras estemos nosotras delante.
-Vamos-le dijo Serah a su hermana,
conteniendo la risa-. Dejémosle bañarse en paz, anda. Ya te dejamos intimidad,
Hope.
Hope ladeó la cabeza, como diciendo
que para él la presencia de las hermanas no era una molestia, pero en vistas de
la reacción de Lightning y Serah tal vez quienes necesitaban más aquella
intimidad eran ellas.
Cuando salieron del cuarto de baño
cerrando la puerta tras de sí, Lightning dejó escapar un suspiro irritado,
sacudiendo la cabeza.
-La madre que lo parió-masculló entre
dientes; captó la mirada divertida de Serah, que se estaba tapando la boca con
la mano para no reírse-. ¿Se puede saber de qué te ríes?
-De que no sé quién es más crío
aquí-respondió Serah con una risita-. Cualquiera diría que eres una mujer
adulta, Lightning.
La joven sintió sus mejillas
ruborizarse ligeramente.
-Soy una mujer adulta, ¡lo que pasa es
que no estamos acostumbradas a que los hombres se queden como vinieron al mundo
en nuestra propia casa!-replicó, molesta.
Serah se echó a reír con picardía.
-Habla por ti, hermanita.-y con un
gesto un tanto burlón, Serah se dirigió hacia las escaleras, sin dejar de
reírse por lo bajo.
Lightning resopló asqueada y la
siguió, prometiéndose a sí misma que castraría a Snow la próxima vez que
pusiera un pie en su casa.
* * *
-Lleva casi dos horas ahí
metido-observó Lightning mirando el reloj de la pared del salón-. ¿Qué demonios
estará haciendo?
-Es la primera vez que se
baña-respondió Serah, que estaba sentada en el sofá mirando la televisión con
aire distraído-. No te preocupes por él.
-Tch. Vete a saber. Con lo tonto que
es, igual hasta se ha ahogado.-Lightning suspiró, resignada, y se levantó del
sillón.
-¿Adónde vas?
-A echarle un vistazo, no sea que
tengamos algún disgusto después. Y deja de reírte de una vez, ¿quieres?-le
espetó la joven a su hermana, que volvió a dejar escapar una risita.
Sacudió la cabeza, irritada, y se
dirigió hacia las escaleras en dirección al cuarto de baño donde hacía más de
hora y media que habían dejado a Hope. No era normal que tardara tanto tiempo
en salir de allí. Hacía rato que Serah le había buscado algo de ropa para que
mientras le conseguían algo más apropiado a su talla pudiera vestir en lugar de
aquella especie de faldón, así que Lightning aprovechó para coger aquella ropa
y llevársela. “A lo mejor no sale porque
se cree que no tiene ropa y no nos quiere incomodar. Aunque la verdad podría
habérselo pensado un poco antes.”
Suspiró otra vez, frente a la puerta
del baño. Dudó antes de llamar; a saber qué sorpresa se llevaría ahora.
Esperaba que no fuese una tan embarazosa como la anterior.
-Hope-llamó en voz alta para que el
ángel la oyera a través de la puerta-. ¿Puedo pasar un momento, o no estás
presentable?
-Pasa-le llegó la voz amortiguada de
Hope-. Estoy presentable.
Ella no las tenía todas consigo, pero
giró el pomo de la puerta y la abrió, temiendo un nuevo desastre por su parte,
dijera lo que dijese.
Nada más abrir la puerta, la recibió
un fuerte olor que la hizo retroceder momentáneamente y empezar a toser: era
empalagoso, dulzón y ácido al mismo tiempo, potenciado por la cantidad de vapor
que escapó del cuarto de baño, tan denso que parecía verdadera niebla.
-Pero ¡¿se puede saber qué has
hecho?!-pudo decir Lightning tosiendo, cubriéndose la boca con el brazo y
tratando de ver algo entre tanto vapor-¿Dónde te has metido?
-Estoy aquí dentro-respondió Hope, que
no parecía en absoluto afectado por aquel ambiente tan viciado de perfume y
vapor-. En la bañera.
Lightning, irritada, se atrevió a
abrirse paso entre el denso vapor, agitando los brazos hacia la puerta abierta
del cuarto de baño para que se fuese disipando. No tardó mucho en conseguir
vislumbrar la bañera, para su alivio rodeada por las cortinas, de forma que lo
único que veía de Hope era una borrosa silueta, en gran parte tan borrosa
gracias al vapor.
-De verdad, no se te puede dejar solo
un momento-gruñó la joven acercándose a la bañera y fulminando con la mirada a
la silueta del ángel-. ¿Qué diablos has hecho ahora?
Hope asomó la cabeza entre las
cortinas de la bañera. A Lightning se le antojó momentáneamente curioso su
aspecto; su habitualmente revuelta melena plateada estaba empapada y completamente
lacia, de forma que cubría sus ojos más de lo normal. Sus orejas asomaban por
entre el mojado cabello, y Lightning comprobó, con sorpresa, que no eran
redondas como las de los humanos normales, sino puntiagudas.
-Había unos tarros llenos de pequeños cristales
de colores-explicó el joven ángel con aquel brillo que sus ojos adquirían
cuando descubría algo nuevo para él-. Olían bien, y cuando los eché al agua se
disolvieron y olían todavía mejor. Y ahora el agua es de muchos colores.
Los ojos de Lightning se abrieron de
par en par.
-¿Has echado todas las sales de baño
al agua?-se llevó una mano a la frente, exasperada-Con razón aquí apesta tanto
que no se puede respirar.
-Pero huelen bien-Hope olisqueó el
aire como un animalillo-. ¿A ti no te gusta, Light?
-No es que no me guste, aunque las
sales de baño son cosa de mi hermana-suspiró Lightning, arrodillándose al lado
de la bañera-. ¡Pero tirarlas todas al agua es una barbaridad! Se echa un
puñado o dos, como mucho. ¡No cinco tarros enteros!
-… -el ángel desvió la mirada hacia el
interior de la bañera-¿Ya no tenéis más?
-No-replicó ella, enfadada-. Ahora a
ver cómo le explicas a Serah que has gastado todas sus sales de un plumazo.
Hope bajó la mirada, sintiéndose
culpable.
-Lo siento. Yo no sabía que le gustaban
tanto. Sólo tenía curiosidad.
Lightning lo miró fijamente unos
segundos, y luego volvió a suspirar. “Podría
haber sido mucho peor”, pensó, y entonces contuvo las ganas de reír. “Si la Orden supiera que a su ángel le gusta
jugar en la bañera con sales de baño.”
-A lo mejor deberíamos comprarte un
sahuagín de goma para que juegues.-bromeó la joven, mordaz.
-¿Qué es eso?-Hope ladeó la cabeza sin
comprender. Esta vez a Lightning sí se le escapó una breve risa. El ángel tenía
un aspecto muy gracioso, con el pelo plateado empapado, sus grandes ojos con
aquella chispa de inocencia y sus orejas puntiagudas. Parecía de todo menos el
ángel exterminador que la Orden predicaba.
-Esto es para ti-le dijo, cambiando de
tema, mostrándole la ropa que llevaba bajo el brazo y dejándosela sobre el
lavabo-. Es provisional, necesitarás algo más de ropa para cuando puedas salir
de casa, pero para estar aquí en casa te valdrá. Quizá te venga un poco grande,
pero como verás sólo vivimos dos mujeres en esta casa, y si te prestáramos algo
de Snow te saldrías por el cuello de la camisa.
-Pero yo ya tengo ropa.-Hope bajó la
mirada hacia la pieza de tela púrpura que aún seguía en el suelo.
-Aunque te sorprenda, en nuestro mundo
eso no cuenta como ropa-Lightning
puso los ojos en blanco, cogió aquella prenda del suelo y se levantó-. Cuando
vayas a salir, quita el tapón y pisa en la toalla que tienes en el suelo para
no mojarlo. Y la que te he dado antes, úsala para secarte.
El ángel asintió, aunque parecía un
poco confuso. Lightning supuso que estaba procesando la información, y lo veía
mirar poco convencido la ropa que le había llevado.
-No tardes en salir-advirtió Lightning
dirigiéndose hacia la puerta del cuarto de baño-. Hay algunas cosas de las que
quiero hablar contigo, Hope. Ya sabes, respecto a lo que hablamos hace semanas.
-Ah-dijo él, recordando su
conversación con ella acerca de la búsqueda que tenía entre manos-. De acuerdo.
No tardaré.
La joven asintió, satisfecha.
-Y procura no montar otro desastre en
el tiempo que tardes en salir.-le dijo, socarrona, antes de cerrar la puerta
tras ella.
Hope tardó varios minutos más en
decidirse por fin a salir de la bañera. Se sentía mucho mejor que antes, y
también más relajado. Incluso diría que las heridas de la espalda no le dolían
tanto. Sabía que seguían sangrando, pero tal vez el hecho de estar tan en
calma, en el agua, había ayudado a que sus músculos dejaran de estar tan
tensos.
“Hacía tiempo que no encontraba algo de paz”, pensó el ángel saliendo cuidadosamente de la
bañera y cubriéndose con la toalla, como Lightning le había indicado. “Pero tengo la sensación de que esto no ha
hecho más que empezar…”
Una vez se hubo secado, Hope se estuvo
peleando un rato con la ropa que Lightning le había llevado para poder
ponérsela. No por la talla –de hecho, le venía grande– sino porque no sabía cómo ponérsela, pues estaba acostumbrado
a llevar simplemente aquel faldón que apenas rozaba su piel. Ahora le picaba
todo el cuerpo debido al roce de la tela, más basta que la seda.
Una vez hubo terminado, Hope alzó la
vista hacia el espejo que colgaba de la pared, sobre el lavabo. Era la primera
vez que veía su reflejo nítidamente, a diferencia de la borrosa imagen que la
esfera mágica del Arca le devolvía. El espejo mostraba a un joven
extremadamente pálido y delgado, casi etéreo, de rasgos delicados pero
marcados, con una melena plateada que pese a la humedad estaba revuelta,
permitiendo así ver dos orejas puntiagudas, y ojos de un claro verde agua, el
izquierdo cubierto por una zigzagueante cicatriz; ahora, en aquel reflejo más
nítido, Hope podía ver que los bordes de su marca de servidumbre tenían un tono
negruzco que la hacían destacar todavía más sobre su marmórea y fina piel.
El ángel estudió críticamente su
atuendo. Una holgada camisa blanca que al venirle grande formaba multitud de
pliegues y dejaba entrever su pecho vendado, y unos amplios pantalones grises
que había tenido que ajustarse para que no se le cayeran. Ladeó la cabeza al
verse allí, sin alas, de forma que más que un ángel parecía un humano sumamente
frágil y enfermizo.
¿Y aquél era el ángel que según la
profecía iba a ayudar a Lightning a encontrar un artefacto cósmico que trajera
a un legendario rey de entre los muertos? A Hope su aspecto le parecía de todo
menos angélico.
Suspiró levemente, sintiéndose cansado
de repente. La criatura que le devolvía la mirada desde el espejo se le
antojaba desconocida para él. Le costaba creer que en tan poco tiempo, apenas
un segundo en su larga existencia, le costara reconocerse.
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