jueves, 17 de septiembre de 2015

XIV. Comienzo

La recuperación de Hope era relativamente lenta, pero avanzaba a buen ritmo, y al cabo de tres semanas había mejorado sorprendentemente. Al principio solamente había podido sentarse en el borde de la cama, con esfuerzo, pero a la semana y media el ángel ya había insistido en intentar ponerse de pie. Y al cabo de los días, cuando por fin pudo mantenerse sin caerse y sin agotarse sobre sus debilitadas piernas, comenzó su recuperación para poder volver a caminar.

Aquello había costado mucho más, y había sido una suerte que Snow aún estuviera en casa, antes de regresar a Yusnaan para atender sus deberes de Patrón, porque ayudó a las hermanas Farron en todo lo relativo a la recuperación de Hope, aunque el joven ángel todavía se sentía incómodo cuando el prometido de Serah y su vozarrón estaban cerca.

Lo peor de aquella tercera fase de recuperación para que Hope pudiera volver a caminar fue el hecho de tener que enseñarle a caminar. La primera vez que lo había intentado, no había dado ni dos tambaleantes pasos cuando perdió el equilibrio y hubiera caído al suelo de no ser porque Lightning lo sostuvo a tiempo.

-¿Qué te ha pasado?-había preguntado Serah, mientras ayudaba a su hermana a sostenerlo y a ponerse en pie una vez más para evitar que se hiciera daño-¡Pero si ya puedes mantenerte en pie casi sin problemas!

-No lo sé… -Hope probó a soltarse de las hermanas, y cuando vio que podía mantenerse erguido sin grandes esfuerzos, flexionó las piernas con cuidado-No lo entiendo. De repente, cuando he intentado andar, era como si no pudiera mantener el equilibrio.

-No parece que tenga que ver con las piernas, ¿no?-Snow, que observaba los progresos de Hope desde la puerta de la habitación, se rascó la cabeza-Las puedes mover y eso desde hace unos días y no te cansas.

-No me agoto más de lo normal en mi condición. Puedo moverlas sin apenas esfuerzo. Pero cuando intento caminar… -Hope trató de posar un pie y hacer el ademán de avanzar un paso; no tardó en volver a tambalearse, y tuvo que apoyarse en el hombro de Lightning-Parece como si me faltara estabilidad.

Lightning lo observó atentamente. Había algo que estaban pasando por alto, pero no alcanzaba a ver qué era. En teoría Hope debería ser capaz de caminar sin mayores esfuerzos; sí, le dolía la espalda y se cansaba mucho antes que un humano normal, pero ya podía mover los músculos de las piernas sin agotarse apenas. Caminar no exigía un esfuerzo mucho mayor al margen de la coordinación, y el ángel no parecía moverse de manera diferente a ellos al andar.

“No me puedo creer que ahora tengamos que enseñarle a caminar”, pensó la joven, resignada, dejando escapar un suspiro. “Todo sería más fácil si se limitara a volar y no se hubiera quedado sin alas…”

Entonces fue cuando comprendió lo que sucedía. Miró a Hope sin poder creerse que no se le hubiera ocurrido antes, y se fijó en su torso vendado. Era tan sencillo que resultaba increíble que ninguno de ellos lo hubiera pensado.

-Hope-le dijo, y el ángel volvió la cabeza hacia ella-, cuando intentas caminar, ¿qué es exactamente lo que sientes que te pasa?

Él frunció el ceño.

-Pierdo el equilibrio.

-Ya lo sé, eso ya lo has dicho. Lo que quiero que me digas es cómo sucede.

-… -Hope se quedó pensativo-Es extraño. Siento como si mis piernas se cayeran hacia delante, al igual que todo mi cuerpo. Nunca antes me había pasado.

“Justo lo que pensaba.” Lightning esbozó una media sonrisa triunfante al confirmar lo que había sospechado. Conocía de sobra cómo se comportaba el cuerpo con peso adicional gracias a su entrenamiento como guerrera, y aunque aquello era algo distinto, el concepto seguía siendo el mismo.

-Porque antes tenías alas, tonto. Y ahora ya no cuentas con ese peso a la espalda.

Hope la miró sorprendido, y giró la cabeza para intentar mirarse la espalda.

-Anda, ¡claro!-Snow se echó a reír y se dio una palmada en la frente-¡Mira que era fácil! ¡Anda que no darnos cuenta de eso!

-En realidad no es sorprendente-dijo Serah sonriendo amablemente-. Todos hemos conocido a Hope sin alas, es normal que nos cueste pensar en ello.

El joven ángel no dijo nada, pero parecía algo más serio de lo normal. Lightning intuía que no le hacía mucha gracia que le recordaran que era un ángel sin alas.

-Tu problema de equilibrio es que como tenías ese peso en la espalda tendías a inclinarte hacia delante y a hacer mucha más fuerza con las piernas para mantenerte erguido-le explicó la joven para que no se regodeara demasiado en su situación-. Con las armas de gran tamaño que se llevan a la espalda pasa lo mismo. Como ahora pesas menos, al hacer tanta fuerza te impulsas demasiado y eso hace que te caigas.

-Pero ahora ya no tengo alas.-replicó él.

-El problema tiene otra solución aparte de recuperar las alas. Es muy fácil: como estás acostumbrado a hacer fuerza hacia delante, lo que tienes que hacer es inclinarte un poco hacia atrás y flexionar menos las piernas. Vamos, inténtalo.

Hope no parecía muy convencido, pero adelantó un pie tentativamente. Trató de inclinar la espalda hacia atrás, algo que debió de hacerle daño a juzgar por su expresión, pero aguantó el dolor y siguió realizando el movimiento para caminar. Los primeros pasos fueron un poco vacilantes, pero logró mantenerse varios segundos estable hasta que su costumbre le traicionó y volvió a perder el equilibrio, evitando caerse gracias a la pronta intervención de Snow para sujetarlo.

-¡Eso es!-Serah le sonrió ampliamente-Sólo tienes que acostumbrarte, Hope. Pero casi lo tienes, lo único que has de hacer es encontrar tu nuevo punto de equilibrio.

-Pero he vuelto a caerme. Se supone que eso no tendría que pasar.

-Nadie nace enseñado. Cuanto más lo intentes, mejor te saldrá-adujo Lightning, asintiendo-. Otra vez más. Inténtalo hasta que no te caigas.

Y Hope siguió intentándolo hasta que, por fin, logró caminar, despacio y con cuidado pero sin caerse, por toda la habitación. Cuando por fin Lightning, Serah y Snow consideraron que había pasado la prueba pudo sentarse de nuevo en la cama para recuperar el aliento.

Había sido un gran esfuerzo y una larga recuperación que aún estaba lejos de concluir, pero tras cerca de dos meses había logrado volver a caminar. Ya no estaba atado a una cama, y volvía a gozar de cierta libertad.

“Si es que alguna vez he conocido realmente la libertad.”

* * *

Una vez Hope fue capaz de caminar con cierta normalidad, pese a sus continuos dolores por las heridas de la espalda, por fin pudo salir de la habitación de Lightning, que no había abandonado en dos meses desde el momento en el que Snow le había tendido sobre la cama, gravemente herido e inconsciente. Aquello ocurrió tres días después, una vez el prometido de Serah ya había marchado de nuevo a Yusnaan, por lo que volvía a compartir la casa únicamente con las hermanas Farron.

Lightning y Serah acompañaron a Hope para mostrarle la casa que le había acogido todo aquel tiempo y que el ángel aún no conocía. Era una casa pequeña de dos pisos: el piso superior estaba dividido en dos partes diferentes separadas por una pared, y a cada una de ellas se accedía por una escalera diferente; en una se hallaba el cuarto de baño general, un estudio y un almacén, y en el otro los dos dormitorios y un pequeño cuarto de baño para urgencias nocturnas. El piso inferior, por su parte, constaba casi en su totalidad del salón, con un gran sofá y un par de sillones frente a una televisión y una chimenea, y la cocina. Los suelos y paredes estaban revestidos de madera, y las cortinas eran de una tela muy fina, lo cual permitía una bonita y cálida iluminación a toda la casa.

A Hope le gustaba la casa. Acostumbrado al frío y vacío blanco del Arca, la calidez del hogar le resultaba muy acogedora. Incluso en el tiempo que había pasado en la habitación de Lightning, sin haber visto nada más del lugar donde vivían, había pensado que se sentía más a gusto allí que en el Arca.

-¿Qué te parece?-le preguntó Serah con una sonrisa cuando terminaron de enseñarle la casa.

-Es bonita-repuso Hope mirando con curiosidad todos los muebles; las hermanas se habían dado cuenta de que los aparatos electrónicos le intrigaban mucho-. Me gusta. Además, es pequeña.

-¿Te gusta que sea pequeña?-Lightning se cruzó de brazos. No era habitual que a la gente le gustaran las casas pequeñas, y mucho menos en Luxerion, la capital.

-Sí-respondió él ladeando la cabeza y estudiando con atención el interruptor de la luz que había en la pared-. Parece más llena de vida aunque sólo viváis vosotras en ella. Si fuera más grande, parecería más vacía.

Lightning y Serah compartieron una mirada. Desde luego, Hope tenía una curiosa y única forma de pensar. Pero la verdad es que tenía razón. Y tal vez él lo supiera mejor que nadie, pues al fin y al cabo había vivido completamente solo en –sin duda conociendo las historias sobre el gusto por las cosas a lo grande de Bhunivelze– un espacio demasiado amplio.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando el ángel pulsó el interruptor, intrigado, y las luces del pasillo se apagaron. Hope frunció el ceño, desconcertado, y miró a las hermanas como si se disculpara por haberlas estropeado.

-Vuelve a pulsarlo.-le dijo Serah, sonriendo.

Él obedeció, y sus ojos se abrieron un poco más de lo normal por la sorpresa cuando las luces volvieron a encenderse. Las hermanas Farron tuvieron que contener la risa al ver a Hope pulsar repetidamente el interruptor con el aire de un niño pequeño que descubría algo totalmente nuevo y fascinante para él y que era totalmente mundano para los adultos.

-Para ya, no vayas a romperlo de verdad.-le dijo Lightning, y Hope se separó de la pared, si bien con cierta reticencia.

-¿Cómo hacéis para que esto encienda y apague las luces? ¿Usáis la magia para ello?

-Sí y no-sonrió Serah-. Tenemos un generador mágico de energía de elemento Rayo, pero estos interruptores sólo cortan o dejan fluir la electricidad generada según su posición. Las casas de la ciudad funcionan de forma diferente, pero nosotras tenemos esta pequeña ventaja porque somos lu’Cie y podemos recargar mejor este generador que el resto de personas.

Hope miraba con curiosidad a su alrededor.

-Me sorprende que no supieras de todo esto-comentó Lightning-. Se supone que observabas nuestro mundo.

-Eran imágenes muy fugaces. Y no les prestaba demasiada atención a menos que mostrasen algo que amenazara la estabilidad de Nova Chrysalia-Hope examinó el teléfono que había sobre una pequeña mesa-. Todos estos artefactos son nuevos para mí.

-Eso me recuerda que habíamos quedado en que cuando pudieras levantarte de la cama podrías darte una ducha para quitarte toda la suciedad del cuerpo-recordó Serah-. ¿Qué te parece, Hope?

-Suena bien-repuso el ángel-. Pero yo no sé lo que es una ducha.

-Anda, ven-suspiró Lightning haciéndole una seña para que le siguiera a ella y a su hermana-. Ya va siendo hora de que lo sepas.

Hope las siguió al piso superior, por la escalera que llevaba a la parte del piso superior donde se encontraba el cuarto de baño general. La diferencia entre uno y otro era que éste era más grande, del mismo suelo y paredes de madera de la casa pero en un tono más claro, y tenía un lavabo sobre el cual pendía un espejo y una bañera rodeada por unas translúcidas cortinas de un blanco cándido.

-Mira-le dijo Serah haciendo un gesto hacia la bañera-. Esto es una bañera. Sirve también para ducharse, pero ésta la usamos cuando queremos darnos un baño largo.

Hope se arrodilló al lado de la bañera y la estudió intrigado. Pasó un dedo por el grifo y alzó la vista hacia la alcachofa de la ducha.

-¿Y qué es eso de ducharse? ¿En qué se diferencia del baño?

-La ducha es mucho más rápida-explicó Lightning, y señaló la alcachofa-y uno permanece de pie. El agua cae de ahí arriba, y tú mientras te vas frotando y enjuagando. En el baño pones el tapón, llenas la bañera de agua, y te metes dentro. Lleva más tiempo, pero es más relajante.

-Entiendo-el ángel abrió el grifo y observó con curiosidad y sorpresa cómo manaba el agua-. Si me meto, ¿no importa que se mojen los vendajes?

Lightning y Serah se miraron, calibrando la cuestión. Las heridas de la espalda de Hope aún sangraban, y lo único que de momento evitaba que perdiera demasiada sangre o se infectaran eran aquellos vendajes y la magia curativa de las hermanas Farron.

-En todo caso te los tendríamos que cambiar cuando salieras, pero yo creo que con lo gruesos que son no pasaría nada-dijo Lightning-. Eso sí, cuando te metas, la ropa sí que te la has de quitar.

-¿Por qué?-Hope ladeó la cabeza-¿La ropa no se puede duchar?

-La ropa se lava, no se ducha-corrigió Serah riendo-. Pero eso se hace aparte y con otro proceso, no es lo mismo una tela que tu piel.

-A menos que quieras que te metamos a la lavadora.-la voz de Lightning sonó sarcástica, pero Hope la miró sin comprender.

-No sé lo que es una lavadora. Pero creo que prefiero esta bañera.

-Haces bien-sonrió Serah, divertida-. Bueno, ahora ya sabes cómo funciona, así que puedes usarla todo lo que quieras.

-Os lo agradezco.-respondió Hope inclinando la cabeza a modo de agradecimiento mientras ponía el tapón de la bañera y abría el grifo. Por lo visto al joven ángel lo que más le apetecía en aquel momento era un baño, y la verdad es que no se lo podían reprochar. Le vendría bien relajarse fuera de la habitación en la que se había pasado más de un mes confinado, y además se quitaría de encima toda la suciedad acumulada al cabo de tanto tiempo.

Lo que no se esperaron las hermanas Farron fue que Hope se pusiera lentamente de pie, de espaldas a ellas, y, sin inmutarse, empezara a manipular el cinto que sujetaba la pieza de seda púrpura que cubría la parte inferior de su cuerpo y que era su única prenda. Lightning y Serah comprendieron lo que estaba haciendo momentos antes de que la tela cayera al suelo.

-¡¿Pero qué diablos haces?!-a la velocidad del rayo, haciendo honor a su nombre, Lightning se había lanzado a por una de las toallas grandes un segundo antes de que el único atuendo del ángel se desprendiera de su cuerpo, y lo cubrió apresuradamente con ésta.

Hope, con la expresión más desconcertada que le habían visto nunca, miró el rostro encendido y apurado de Lightning y después a Serah, que se estaba riendo con tantas ganas que había tenido que apoyarse en el lavabo para no caerse, doblada sobre sí misma.

-… Me habíais dicho que para meterme dentro tenía que quitarme la ropa.-respondió cautelosamente, sin entender por qué Lightning lo estaba tapando con aquella toalla.

-¡Pero no con gente delante, idiota!-le espetó la joven-¡Y mucho menos si son mujeres!

-¿Por qué? ¿Es algo malo?-Hope frunció el ceño sin comprender-¿Os hace daño?

-Los humanos tenemos la costumbre de cubrir nuestro cuerpo-pudo explicar Serah cuando logró contener un poco la risa-. Se considera, digamos, obsceno, si no cubrimos mínimamente nuestra parte inferior y en el caso de las mujeres, la superior también, delante de otras personas, en especial del sexo opuesto. No es que nos haga daño, es que… no es precisamente habitual que un varón, ángel o no, se quite la ropa delante de nosotras.

Hope se miró en silencio durante unos segundos y luego alzó la vista hacia las hermanas Farron –a la enfadada y ruborizada Lightning y a la divertida y sonriente Serah– con un brillo de culpabilidad en sus ojos, cogiendo la toalla con la que Lightning le estaba tapando.

-… Lo siento-se disculpó, envolviendo la toalla en torno a su cintura cubriendo así sus piernas-. Vuestras costumbres todavía son desconocidas para mí.

-Pues menos mal que te lo hemos dicho-gruñó Lightning-. No te metas al agua con la toalla, pero no vayas a quitártela mientras estemos nosotras delante.

-Vamos-le dijo Serah a su hermana, conteniendo la risa-. Dejémosle bañarse en paz, anda. Ya te dejamos intimidad, Hope.

Hope ladeó la cabeza, como diciendo que para él la presencia de las hermanas no era una molestia, pero en vistas de la reacción de Lightning y Serah tal vez quienes necesitaban más aquella intimidad eran ellas.

Cuando salieron del cuarto de baño cerrando la puerta tras de sí, Lightning dejó escapar un suspiro irritado, sacudiendo la cabeza.

-La madre que lo parió-masculló entre dientes; captó la mirada divertida de Serah, que se estaba tapando la boca con la mano para no reírse-. ¿Se puede saber de qué te ríes?

-De que no sé quién es más crío aquí-respondió Serah con una risita-. Cualquiera diría que eres una mujer adulta, Lightning.

La joven sintió sus mejillas ruborizarse ligeramente.

-Soy una mujer adulta, ¡lo que pasa es que no estamos acostumbradas a que los hombres se queden como vinieron al mundo en nuestra propia casa!-replicó, molesta.

Serah se echó a reír con picardía.

-Habla por ti, hermanita.-y con un gesto un tanto burlón, Serah se dirigió hacia las escaleras, sin dejar de reírse por lo bajo.

Lightning resopló asqueada y la siguió, prometiéndose a sí misma que castraría a Snow la próxima vez que pusiera un pie en su casa.

* * *

-Lleva casi dos horas ahí metido-observó Lightning mirando el reloj de la pared del salón-. ¿Qué demonios estará haciendo?

-Es la primera vez que se baña-respondió Serah, que estaba sentada en el sofá mirando la televisión con aire distraído-. No te preocupes por él.

-Tch. Vete a saber. Con lo tonto que es, igual hasta se ha ahogado.-Lightning suspiró, resignada, y se levantó del sillón.

-¿Adónde vas?

-A echarle un vistazo, no sea que tengamos algún disgusto después. Y deja de reírte de una vez, ¿quieres?-le espetó la joven a su hermana, que volvió a dejar escapar una risita.

Sacudió la cabeza, irritada, y se dirigió hacia las escaleras en dirección al cuarto de baño donde hacía más de hora y media que habían dejado a Hope. No era normal que tardara tanto tiempo en salir de allí. Hacía rato que Serah le había buscado algo de ropa para que mientras le conseguían algo más apropiado a su talla pudiera vestir en lugar de aquella especie de faldón, así que Lightning aprovechó para coger aquella ropa y llevársela. “A lo mejor no sale porque se cree que no tiene ropa y no nos quiere incomodar. Aunque la verdad podría habérselo pensado un poco antes.”

Suspiró otra vez, frente a la puerta del baño. Dudó antes de llamar; a saber qué sorpresa se llevaría ahora. Esperaba que no fuese una tan embarazosa como la anterior.

-Hope-llamó en voz alta para que el ángel la oyera a través de la puerta-. ¿Puedo pasar un momento, o no estás presentable?

-Pasa-le llegó la voz amortiguada de Hope-. Estoy presentable.

Ella no las tenía todas consigo, pero giró el pomo de la puerta y la abrió, temiendo un nuevo desastre por su parte, dijera lo que dijese.

Nada más abrir la puerta, la recibió un fuerte olor que la hizo retroceder momentáneamente y empezar a toser: era empalagoso, dulzón y ácido al mismo tiempo, potenciado por la cantidad de vapor que escapó del cuarto de baño, tan denso que parecía verdadera niebla.

-Pero ¡¿se puede saber qué has hecho?!-pudo decir Lightning tosiendo, cubriéndose la boca con el brazo y tratando de ver algo entre tanto vapor-¿Dónde te has metido?

-Estoy aquí dentro-respondió Hope, que no parecía en absoluto afectado por aquel ambiente tan viciado de perfume y vapor-. En la bañera.

Lightning, irritada, se atrevió a abrirse paso entre el denso vapor, agitando los brazos hacia la puerta abierta del cuarto de baño para que se fuese disipando. No tardó mucho en conseguir vislumbrar la bañera, para su alivio rodeada por las cortinas, de forma que lo único que veía de Hope era una borrosa silueta, en gran parte tan borrosa gracias al vapor.

-De verdad, no se te puede dejar solo un momento-gruñó la joven acercándose a la bañera y fulminando con la mirada a la silueta del ángel-. ¿Qué diablos has hecho ahora?

Hope asomó la cabeza entre las cortinas de la bañera. A Lightning se le antojó momentáneamente curioso su aspecto; su habitualmente revuelta melena plateada estaba empapada y completamente lacia, de forma que cubría sus ojos más de lo normal. Sus orejas asomaban por entre el mojado cabello, y Lightning comprobó, con sorpresa, que no eran redondas como las de los humanos normales, sino puntiagudas.

-Había unos tarros llenos de pequeños cristales de colores-explicó el joven ángel con aquel brillo que sus ojos adquirían cuando descubría algo nuevo para él-. Olían bien, y cuando los eché al agua se disolvieron y olían todavía mejor. Y ahora el agua es de muchos colores.

Los ojos de Lightning se abrieron de par en par.

-¿Has echado todas las sales de baño al agua?-se llevó una mano a la frente, exasperada-Con razón aquí apesta tanto que no se puede respirar.

-Pero huelen bien-Hope olisqueó el aire como un animalillo-. ¿A ti no te gusta, Light?

-No es que no me guste, aunque las sales de baño son cosa de mi hermana-suspiró Lightning, arrodillándose al lado de la bañera-. ¡Pero tirarlas todas al agua es una barbaridad! Se echa un puñado o dos, como mucho. ¡No cinco tarros enteros!

-… -el ángel desvió la mirada hacia el interior de la bañera-¿Ya no tenéis más?

-No-replicó ella, enfadada-. Ahora a ver cómo le explicas a Serah que has gastado todas sus sales de un plumazo.

Hope bajó la mirada, sintiéndose culpable.

-Lo siento. Yo no sabía que le gustaban tanto. Sólo tenía curiosidad.

Lightning lo miró fijamente unos segundos, y luego volvió a suspirar. “Podría haber sido mucho peor”, pensó, y entonces contuvo las ganas de reír. “Si la Orden supiera que a su ángel le gusta jugar en la bañera con sales de baño.”

-A lo mejor deberíamos comprarte un sahuagín de goma para que juegues.-bromeó la joven, mordaz.

-¿Qué es eso?-Hope ladeó la cabeza sin comprender. Esta vez a Lightning sí se le escapó una breve risa. El ángel tenía un aspecto muy gracioso, con el pelo plateado empapado, sus grandes ojos con aquella chispa de inocencia y sus orejas puntiagudas. Parecía de todo menos el ángel exterminador que la Orden predicaba.

-Esto es para ti-le dijo, cambiando de tema, mostrándole la ropa que llevaba bajo el brazo y dejándosela sobre el lavabo-. Es provisional, necesitarás algo más de ropa para cuando puedas salir de casa, pero para estar aquí en casa te valdrá. Quizá te venga un poco grande, pero como verás sólo vivimos dos mujeres en esta casa, y si te prestáramos algo de Snow te saldrías por el cuello de la camisa.

-Pero yo ya tengo ropa.-Hope bajó la mirada hacia la pieza de tela púrpura que aún seguía en el suelo.

-Aunque te sorprenda, en nuestro mundo eso no cuenta como ropa-Lightning puso los ojos en blanco, cogió aquella prenda del suelo y se levantó-. Cuando vayas a salir, quita el tapón y pisa en la toalla que tienes en el suelo para no mojarlo. Y la que te he dado antes, úsala para secarte.

El ángel asintió, aunque parecía un poco confuso. Lightning supuso que estaba procesando la información, y lo veía mirar poco convencido la ropa que le había llevado.

-No tardes en salir-advirtió Lightning dirigiéndose hacia la puerta del cuarto de baño-. Hay algunas cosas de las que quiero hablar contigo, Hope. Ya sabes, respecto a lo que hablamos hace semanas.

-Ah-dijo él, recordando su conversación con ella acerca de la búsqueda que tenía entre manos-. De acuerdo. No tardaré.

La joven asintió, satisfecha.

-Y procura no montar otro desastre en el tiempo que tardes en salir.-le dijo, socarrona, antes de cerrar la puerta tras ella.

Hope tardó varios minutos más en decidirse por fin a salir de la bañera. Se sentía mucho mejor que antes, y también más relajado. Incluso diría que las heridas de la espalda no le dolían tanto. Sabía que seguían sangrando, pero tal vez el hecho de estar tan en calma, en el agua, había ayudado a que sus músculos dejaran de estar tan tensos.

“Hacía tiempo que no encontraba algo de paz”, pensó el ángel saliendo cuidadosamente de la bañera y cubriéndose con la toalla, como Lightning le había indicado. “Pero tengo la sensación de que esto no ha hecho más que empezar…”

Una vez se hubo secado, Hope se estuvo peleando un rato con la ropa que Lightning le había llevado para poder ponérsela. No por la talla –de hecho, le venía grande– sino porque no sabía cómo ponérsela, pues estaba acostumbrado a llevar simplemente aquel faldón que apenas rozaba su piel. Ahora le picaba todo el cuerpo debido al roce de la tela, más basta que la seda.

Una vez hubo terminado, Hope alzó la vista hacia el espejo que colgaba de la pared, sobre el lavabo. Era la primera vez que veía su reflejo nítidamente, a diferencia de la borrosa imagen que la esfera mágica del Arca le devolvía. El espejo mostraba a un joven extremadamente pálido y delgado, casi etéreo, de rasgos delicados pero marcados, con una melena plateada que pese a la humedad estaba revuelta, permitiendo así ver dos orejas puntiagudas, y ojos de un claro verde agua, el izquierdo cubierto por una zigzagueante cicatriz; ahora, en aquel reflejo más nítido, Hope podía ver que los bordes de su marca de servidumbre tenían un tono negruzco que la hacían destacar todavía más sobre su marmórea y fina piel.

El ángel estudió críticamente su atuendo. Una holgada camisa blanca que al venirle grande formaba multitud de pliegues y dejaba entrever su pecho vendado, y unos amplios pantalones grises que había tenido que ajustarse para que no se le cayeran. Ladeó la cabeza al verse allí, sin alas, de forma que más que un ángel parecía un humano sumamente frágil y enfermizo.

¿Y aquél era el ángel que según la profecía iba a ayudar a Lightning a encontrar un artefacto cósmico que trajera a un legendario rey de entre los muertos? A Hope su aspecto le parecía de todo menos angélico.

Suspiró levemente, sintiéndose cansado de repente. La criatura que le devolvía la mirada desde el espejo se le antojaba desconocida para él. Le costaba creer que en tan poco tiempo, apenas un segundo en su larga existencia, le costara reconocerse.

“Estoy cambiando”, pensó, entornando los ojos, antes de apartar la vista y caminar hacia la puerta. “Adónde me llevará este cambio, me pregunto… Esto no es más que el comienzo de un futuro que no acierto a imaginar.”

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