Seis días después de que Hope
conociera a los amigos lu’Cie de Lightning, el joven ángel se encontró a sí
mismo acompañado por ella y por Fang, la líder del grupo rebelde, envuelto en
una larga capa negra y blanca con remaches dorados y con capucha al igual que
Lightning, atravesando las amplias y enlosadas calles de Luxerion, la capital
de Nova Chrysalia.
-Eh, encanto-le dijo Fang, sonriendo
burlona, a Lightning-. Por cómo tu ángel está mirándolo todo, diría que no lo
sacas mucho a pasear.
-Hace sólo seis días que salió por
primera vez de casa-explicó la joven suspirando al ver a Hope mirar de aquí
para allá, con aquel brillo de curiosidad en sus ojos-. Y aún se está
recuperando, así que no puede hacer demasiados esfuerzos. Y también es la
primera vez que ve la ciudad tal y como es, no nuestro barrio.
-Es muy diferente-dijo Hope observando
intrigado los puestos de los vendedores-. Está limpia y cuidada. Parece como si
las calles brillaran. Desde el Arca no me parecía tan bonita.
-¿Te gusta?-Fang acentuó aquella
sonrisa suya-A mí las grandes ciudades no me van, pero al margen de la Orden,
Luxerion es un lugar tranquilo donde vivir. La llaman la Ciudad de la Luz, y
antes de que esos beatos hicieran de ella su hogar, era la cuna de la erudición
y la ciencia.
-La Ciudad de la Luz. Es un nombre
apropiado-Hope ladeó la cabeza hacia Lightning-. Tú vives en ella, Light. Sin
duda es un nombre muy bien elegido.
Lightning le devolvió una mirada
extraña, como una mezcla de exasperación y resignación por aquel comentario
inocente.
-Ya, bueno, no es por mí por lo que
lleva ese nombre, te lo puedo asegurar.
Subieron por una escalinata que según
una señal cercana, llevaba hacia la parte sur de la ciudad. Cuando llegaron a
lo alto, la primera imagen que les recibió fue la enorme catedral que se alzaba
sobre Luxerion, y tras ella, en el cielo, se podía apreciar algo que Hope nunca
había visto: era una especie de gigantesco planeta formado por secciones
entramadas, rodeado por un anillo que relucía a la penumbra del ocaso. El ángel
se sintió inmediatamente fascinado por aquella imagen y el brillo que arrojaba
aquel extraño cuerpo celeste sobre las pulidas losas de la ciudad.
-Es… -la voz de Hope parecía
ligeramente ahogada; avanzó unos pasos, con los ojos brillantes-Es increíble.
¿Qué es ese planeta? Nunca lo había visto.
-Eso es el Nuevo Nido, un satélite
artificial-explicó Fang-. Pero la mayoría de la gente lo conoce como “luna”.
Hope se volvió hacia ella,
genuinamente sorprendido.
-¿Eso es la luna? ¿En serio?-el ángel
lo observó otra vez, su mirada repentinamente sobrecogida-Tal vez por eso nunca
lo vi. Allí es de donde vengo… El Arca está en su interior.
-¿De verdad? ¿Vivías dentro de la
luna?-preguntó Lightning, asombrada; Hope asintió sin apartar la vista del
Nuevo Nido-No me explico por qué demonios Bhunivelze decidiría criar a su ángel
ahí dentro, precisamente.
-¿Por qué no?-Hope ladeó la cabeza.
-Aparte de porque es artificial, por
su significado-respondió Fang, y dejó escapar un bufido sarcástico-. El viejo
Nido, que era la luna original de Nova Chrysalia, quedó destruido cuando los
fal’Cie Fenrir y Fénix se fusionaron para derrotar a Paals y Lindzei. Y para
conmemorar la coronación de la reina lu’Cie, Leonora, el fal’Cie Pandemónium y
los ángeles colaboraron conjuntamente para crear una nueva luna que se alzara
al cielo como símbolo de la libertad de humanos, lu’Cie y ángeles, y por eso el
linaje de la reina recibió el nombre de la Dinastía del Astro Naciente.
-¿Lo crearon los ángeles?-los ojos de
Hope despidieron un brillo extraño.
-En gran parte sí. Su magia era muy
poderosa, y con la ayuda de Pandemónium en apenas unos años lo tuvieron listo.
Ahora ya nadie recuerda lo que simboliza, pero en otro tiempo el Nuevo Nido se
consideraba un faro de esperanza para las razas menores.
Hope no dijo nada. Seguía con la
mirada fija en aquel planeta artificial, y Lightning lo vio llevarse una mano
al pecho. Intuyó que para el ángel tenía que ser duro ver desde tan lejos el
lugar del que procedía, desterrado por su amo con las alas arrancadas como
castigo por su desobediencia. Pero por otro lado… “El Nuevo Nido simbolizaba la libertad de los que en otro tiempo fueron
sirvientes”, se dijo, mirando a Hope con cierta lástima. “También la de los ángeles… Y él ha vivido
encerrado ahí dentro toda su vida al servicio de Bhunivelze. Por irónico que
sea, su primer contacto con la libertad ha sido cuando ha salido de ahí.”
Aunque, ¿realmente se podía decir que
Hope era libre? Lightning no estaba tan segura. El ángel estaba marcado por un
yugo de servidumbre que atestiguaba la oscura cicatriz sobre su ojo izquierdo y
las horribles heridas de su espalda.
-Venga, espabilad-les regañó Fang
dando unas palmadas-. Vanille sólo está libre de sus responsabilidades como
médium por la noche, pero la Catedral cerrará las puertas en apenas hora y
media. Y ya os dije que no quiero un solo fallo en el plan.
-Tienes razón-admitió Lightning, y le
dio un tirón a la manga de Hope para que caminara-. Vamos, hemos de darnos prisa.
Ya tendrás tiempo de mirar la luna en otro momento, no se va a mover de donde
está.
Él tardó un segundo en reaccionar,
pero finalmente siguió a las dos mujeres por las calles de Luxerion, iluminadas
por las farolas y la luz del Nuevo Nido. De vez en cuando seguía alzando la
vista, lanzando rápidas miradas hacia la luna. Lightning se preguntaba qué se
le estaría pasando por la cabeza. “Tiene
gracia, él puede deducir qué estamos pensando en cuestión de segundos, pero en
qué piensa él es todo un misterio para nosotros.”
No tardaron en llegar a las puertas de
la Catedral de Luxerion, que resultó que estaba más lejos de lo que Hope había
pensado en un primer momento. El edificio era lo bastante grande como para que
se viera desde todos los puntos de una ciudad que abarcaba una isla en su
totalidad.
-Bien, escuchadme atentamente-dijo
Fang deteniéndose a una distancia prudencial de la entrada y hablando en voz
baja; Lightning y Hope se acercaron a ella-. Tú esto ya lo sabes, encanto, pero
tu ángel no. Vais disfrazados como peregrinos devotos: se supone que yo os
escolto para que la Santa Doncella os conceda su bendición. Pero eso supone que
antes de marcharos vais a tener que darle un saludo a la Suma Sacerdotisa, y
ése es nuestro mayor problema.
-¿La Suma Sacerdotisa?-Hope miró
inquieto a Fang, y luego a Lightning-… ¿Tengo que hablar con ella?
-¿Crees que puede
reconocerte?-Lightning frunció el ceño, preocupada-¿Has hablado antes con ella?
-No. Yo sólo me he comunicado con la
Santa Doncella, pero la Suma Sacerdotisa es quien representa al Altísimo en el
mundo mortal-repuso Hope-. Técnicamente le debo cierto respeto por cuestión de
jerarquías.
-¿Jerarquías? Hope, por el amor del
cielo, eres un ángel. La Suma Sacerdotisa no es más que una humana. Una maga
muy poderosa, cierto, pero nada que ver ni siquiera con nosotros los lu’Cie. Y
además, ella es la líder de la Orden: ¿te merece respeto una mujer que ha
estado usando tu nombre en beneficio de su secta?
-… -Hope desvió la mirada, preocupado.
Pese a que no sabía qué le rondaba la mente, Lightning intuía que no era
exactamente el respeto a la Suma Sacerdotisa lo que le inquietaba, sino el
hecho de que meterse con la máxima autoridad de la Orden le acarreara otro
castigo por parte de Bhunivelze.
-Escrúpulos aparte, tenéis que hacerlo
queráis o no-zanjó Fang con severidad-. Sería sumamente sospechoso si dos
peregrinos no acudieran a la Suma Sacerdotisa para pedirle su protección en su
viaje. Y es algo que tendréis que hacer solos, porque yo tengo que quedarme
aquí después de que habléis con Vanille. Es mi turno de guardia, ya sabéis.
-Ya lo sé, Fang. Pero no te preocupes,
sé cuidarme sola.-Lightning sonrió, señalando su espalda; bajo la capa llevaba
oculta su espada enfundada.
-Mmm. Recuerda que no sólo has de
cuidar de ti misma hoy, encanto.
Hope, un tanto incómodo, negó con la
cabeza.
-No será necesario. No causaré
problemas, lo prometo.
-El mayor problema son esas heridas-suspiró
Lightning observándole con ojo crítico-. Si ocurre cualquier cosa, el simple
hecho de correr podría empeorarlas. Tú limítate a hacer lo que Fang y yo te
digamos y todo saldrá bien.
El ángel todavía parecía preocupado,
pero asintió. Fang les hizo una seña, y Lightning y Hope la siguieron al
interior de la enorme Catedral. Desde dentro parecía todavía más grande, con un
amplio pasillo que atravesaba un foso sobre el cual estaba construida. Al fondo
se hallaban los bancos donde los fieles se sentaban a rezar, un altar de piedra
con candelabros y una estatua que representaba, sin duda, a Bhunivelze el
Altísimo.
A medida que avanzaban por el pasillo,
se cruzaban con gente que iba vestida de manera informal, y otros con túnicas
de color blanco y negro más elaboradas que las simples capas que Lightning y
Hope llevaban puestas. Otros, que eran los que más intimidaban a Hope, lucían
armaduras y cascos que cubrían todo su cuerpo, y llevaban una larga arma de
fuego con un cuchillo en su punta.
-Ésos son secutores-le susurró
Lightning al ángel al ver cómo los miraba-. Son el brazo armado de la Orden. Los
que vigilan la Catedral son la élite, pero los hay que solamente se dedican a
patrullar la ciudad, como Fang.
-¿Fang está en el ejército de la
Orden?-Hope se mostró desconcertado-Creía que era vuestra líder.
-Claro. Por eso mismo es nuestra
líder-sonrió Lightning-. Aunque no tenga un rango muy alto porque le conviene para no
llamar excesiva atención, tiene acceso a la mayoría de los planes militares y
políticos de la Orden.
-Y por motivos personales que no tengo
por qué explicar-dijo Fang sin darse la vuelta-. Cotillas.
Permanecieron en silencio mientras la
seguían hacia el altar. A Hope no le gustaba cómo les miraban algunos
sacerdotes y mucho menos los secutores; percibía recelo en sus auras, y no
creía que aquello fuese una buena señal. Sin duda, la presencia de Fang era lo
único que les impedía detenerles en aquel mismo momento.
Fang les guió hacia el fondo de la
nave, donde había tres sacerdotes que a juzgar por sus atuendos ligeramente
diferentes eran de mayor rango. Cuando la guerrera y los dos “peregrinos” se
acercaron a ellos, los miraron suspicaces.
-Disculpad que os importune-dijo Fang
con aplomo-. Estoy escoltando a estos dos peregrinos devotos del Altísimo para
recibir las bendiciones de la Santa Doncella en su largo camino.
Los sacerdotes los evaluaron en
silencio unos tensos segundos. Hope sentía su desconfianza, pero si Fang lo
había planeado todo bien, tendrían que ceder.
-La Catedral está a punto de cerrar
sus puertas-dijo un sacerdote-. Llegáis un poco justos de tiempo, peregrinos.
-El viaje ha sido largo y duro-replicó
Lightning con firmeza-. No hemos podido llegar antes, y hemos de partir con
premura. Nada nos haría más felices que recibir las bendiciones de la Santa
Doncella tras tan arduo camino en pos de la luz del Altísimo.
Hope podía percibir la rabia que le
producía a Lightning pronunciar aquellas palabras, y se asombró genuinamente
ante el hecho de que pudiera fingir tan bien en plena sede de sus enemigos. “Yo sería incapaz. Más que nada porque soy
un ángel. Mentir está más allá de mis capacidades.”
-Bien-asintió uno de los sacerdotes,
aunque poco convencido-. Condúcelos hasta los aposentos de la Doncella,
soldado, y vela por su seguridad. Nosotros avisaremos a la Suma Sacerdotisa de
la llegada de los peregrinos.
Fang hizo una reverencia, aunque
Lightning y Hope apreciaron perfectamente la burla en aquel gesto. Sin mediar
más palabra, les hizo una seña a ambos para que la siguieran por una pequeña y discreta
puerta.
-Ha ido bien-les susurró asintiendo
con su fiera sonrisa-, pero no podemos bajar la guardia. No se fían de
vosotros. Inteligente por su parte, sin duda, pero nada beneficioso para
nosotros.
-Nos vendría bien que fueran un poco
más estúpidos-Lightning frunció el ceño-. ¿Cuánto tiempo tenemos para hablar
con Vanille?
-Menos del que sin duda querrías. Pero
es lo que hay, encanto. Así que aprovechadlo bien, tú y tu ángel.
Cualquier cosa que pudieran haber
añadido se quedó en el aire porque en aquel momento entraron en un pequeño
salón lleno de velas aromáticas y extraños adornos en forma de runas y
símbolos. Había unas sillas en un rincón, una cama con dosel y unos pocos
muebles. Sentada en una de las sillas había una chica joven, en apariencia de
poco menos de veinte años, pelirroja y por lo que Hope podía apreciar, lo
llevaba recogido en dos coletas; era difícil apreciarlo, no obstante, porque
tenía la cabeza casi cubierta por un tocado muy elaborado del cual dos velos
pendían a ambos lados de su rostro. Vestía de forma sencilla y ornamentada a la
vez: su atuendo se componía por una corta pieza de ropa en su torso y una larga
falda sujeta por un cinturón que dejaba expuesta su pierna derecha, pero
llevaba multitud de pulseras variocolores y finos collares dorados. A su lado,
apoyado en la pared, había un largo báculo muy decorado con imágenes del sol y
la luna, del que colgaban dos penachos de seda.
-¡Fang!-exclamó la chica nada más ver
entrar por la puerta a la guerrera. Se levantó de un salto y se lanzó a sus
brazos en cuestión de un segundo-¡Has venido!
-¿No te prometí que vendría? Me ha
costado lo mío, pero no iba a permitir perder la oportunidad de verte.-sonrió
Fang, apartándose un poco para dejar que Lightning y Hope pasaran.
-Te he echado mucho de menos, Fang.
-Sólo hace tres días que no nos vemos.
-Es igual. Te he echado de menos de
todas formas.
Lightning y Hope asistieron a la
escena sin intervenir. A juzgar por la expresión de Lightning, Hope dedujo que
ya la había presenciado alguna que otra vez, pero él estaba sorprendido. Fang
se le había antojado una mujer sumamente dura y feroz: verla abrazando con
tanta fuerza a aquella chica menuda le resultaba, cuanto menos, inesperado.
-Bueno, venga, ya está bien de
arrumacos-Fang se separó de la chica y, con un brazo rodeando sus hombros, hizo
un gesto hacia Lightning y Hope-. Qué van a pensar tus invitados, Vanille.
Vanille, la Santa Doncella, los miró
con curiosidad en sus ojos, de un tono verde más claro que los de Fang.
Lightning avanzó un paso hacia ella, sonriendo:
-Hola, Vanille. Hacía tiempo que no te
veía. Ya sabes, desde entonces.
-Lightning-Vanille le devolvió la
sonrisa, aunque parecía triste-. Me alegro de verte. Siento mucho lo que le
pasó a Serah. Ojalá hubiera podido haberos avisado antes.
-No te culpes. Hiciste mucho
diciéndole a Fang dónde la tenían presa. Sin ti, tal vez no hubiéramos llegado
a tiempo y se hubiera convertido totalmente en Cie’th. Se está recuperando, y
te lo debemos a ti.
Vanille no dijo nada, pero esbozó una
dulce sonrisa, aunque un poco forzada, correspondiendo a las agradecidas
palabras de Lightning. Entonces se volvió hacia Hope, y lo miró con curiosidad,
sin duda preguntándose quién era.
-Es un honor conoceros en persona,
Santa Doncella.-dijo el ángel con respeto, llevándose una mano al pecho y
haciendo una reverencia, o lo que las heridas de su espalda le permitían.
Los ojos de la joven médium se
abrieron de par en par al escuchar la voz de Hope, su rostro blanco como la
leche en apenas un segundo. Se apartó de Fang, con pasos vacilantes, y
temblando, se acercó a él.
-Esa voz… y vuestra aura… Yo os
conozco… -susurró Vanille, incrédula-No es posible… Vos sois… ¡Sois el ángel del
Altísimo! …
Fang y Lightning se miraron alarmadas,
y se volvieron hacia Hope, que parecía igual de sorprendido. Habían pretendido
mantener la identidad del ángel en secreto incluso a Vanille, pero no habían
tenido en cuenta que ella sí que conocía su voz, y que su habilidad para
comunicarse con los espíritus también le confería cierto poder sobre todo tipo
de manifestaciones espirituales, incluyendo las almas. Lo cual, probablemente,
le permitiría identificar la esencia viva del interior de las personas.
En aquel momento, Vanille cayó al
suelo de rodillas, y se postró ante Hope, temblando. Fang hizo ademán de
protestar, pero el ángel fue más rápido:
-Por favor, Santa Doncella. No hagáis
eso. No lo merezco. Tan sólo soy un simple siervo.
Ella alzó la mirada. Tenía los ojos
llorosos, y brillaban con profunda culpabilidad.
-Perdonadme… Os lo ruego,
perdonadme-sollozó-. Nunca quise haceros daño, mensajero del Altísimo.
-No he dudado de vos. Lo que sucedió
fue un accidente-Hope sacudió la cabeza y se agachó-. Fue una decisión que yo
mismo tomé. No es culpa vuestra.
-¡No!-exclamó Vanille. Fang se apresuró
a correr a su lado y la abrazó para calmarla-Fue culpa mía. Cuando dijisteis
que queríais descender… Justo después de haberme preguntado por Lightning y
Serah… Creí que queríais ejecutarlas por ser lu’Cie. Accedí a guiaros, pero mi
intención era cortar el vínculo antes de que pudierais hacerlo. Pero salió mal…
y os hice descender, ¡a costa de perder vuestras alas!
Hope parpadeó, sorprendido por las
palabras de la Santa Doncella. “¿De
verdad será ella la responsable?” Pero entonces recordó las palabras de
Bhunivelze, cuando le comunicó su castigo por su desobediencia. Había
mencionado que el Arca se las había arrancado, y no los poderes de Vanille.
-Perder las alas fue parte de mi
castigo, Santa Doncella, por mi desobediencia. No es sino la consecuencia de
mis actos. Vos hicisteis lo que os pedí; de no ser por ello, no estaría aquí.
-Pero… -Vanille fue a protestar, pero
Lightning, que se había mantenido en silencio, intervino en aquel momento:
Hope le dirigió una mirada agradecida
a la cual ella restó importancia con un rápido gesto de la mano. Vanille, algo
más tranquila gracias a sus palabras y al abrazo de Fang, se secó las lágrimas
y lo miró insegura.
-Aun siendo así, os ruego me perdonéis
por haberos mentido, mensajero del Altísimo.
-Por favor, no me llaméis así-el ángel
negó con la cabeza y le tendió una mano-. Podéis llamarme Hope.
Vanille dudó un momento antes de tomar
su mano para ayudarla a levantarse, y una vez de pie, todavía en brazos de
Fang, le dirigió una mirada intrigada.
-¿Hope? ¿Es ése vuestro nombre?
-Así es como me llama Light.
La Santa Doncella inclinó la cabeza
hacia Lightning, con una sonrisa divertida.
-¿En serio, Lightning? ¿Le has puesto
tú el nombre? ¡Qué adorable!-rió la chica. Fang enarcó las cejas, socarrona, y
Lightning dejó escapar un bufido.
-Desde luego, sois tal para cual. Y
sí, le puse ese nombre porque no tenía otro. ¿Algún problema con eso?-Vanille y
Fang negaron con la cabeza, sin dejar de sonreír-Me alegro, porque vamos justos
de tiempo, y queríamos hacerte unas preguntas, Vanille.
Ella asintió, y se separó de Fang.
Parecía más tranquila, y su rostro mostraba una serena sonrisa.
-Eso me dijo Fang. Pero tenemos poco
tiempo, desgraciadamente.
-Por eso hay que darse prisa-dijo Fang
mirando fijamente a Lightning y a Hope-. Vamos, encanto. Pregúntale a Vanille
lo que quieras saber, y rápido.
-Vanille, sabes de sobra lo que
llevamos años buscando. El motivo por el cual Fang, yo, y todos los demás
luchamos.
-El Corazón de Bhunivelze-sonrió
Vanille con cierta melancolía-. Por el retorno del Astro Caído. Y tú, más
que nadie, ansías ambas cosas. Lo sé, Lightning.
-¿El Astro Caído?-preguntó Hope,
extrañado. Lightning y Fang le chistaron a la vez, enojadas, y el ángel optó
por callarse y no preguntar nada hasta que las mujeres se lo permitieran.
-Como recordarás, uno de los
requisitos para hallar el Corazón era un ángel, y gracias a ti, Vanille, aquí
tenemos uno-Lightning señaló a Hope-. Pero su paradero todavía sigue siendo una
incógnita. Pensé que quizá tú podrías ayudarnos. Si les preguntas a los
espíritus…
Vanille frunció el ceño, pensativa.
-¿Quieres que pregunte a los
espíritus? No sé si ellos sabrán darte una respuesta concreta, Lightning. Como
mucho, pueden orientarte.
-Eso es lo que quiero.
-No lo entiendes. Quiero decir que los
espíritus ven y entienden el mundo de una forma muy diferente a nosotros. No
entienden de lugares y gente, sino de energía.
-Tal vez yo pueda intentar
ayudaros-intervino Hope, mostrándose un poco azorado cuando las tres mujeres lo
miraron a la vez-. Durante mucho tiempo yo también he traducido lo que sucedía
en el mundo según la energía que captaba en él. Quizá pueda comprender mejor
aquello que los espíritus os digan, Santa Doncella.
-¿Crees que podrías hacer
eso?-preguntó Lightning, dubitativa-Tú mismo dijiste que tus poderes funcionan
de manera distinta aquí, en Nova Chrysalia.
-Sí, pero no he olvidado el lenguaje
de la energía del mundo. Tengo razonable experiencia en ello.
Vanille se cruzó de brazos, y miró el
reloj que pendía de la pared.
-Si queréis que lo haga, tendrá que
ser ya. Apenas nos queda tiempo antes de que cierren las puertas de la
Catedral. Mensajero… quiero decir, Hope… Quizá pueda transmitiros a vos también
lo que los espíritus me digan. De esa forma vos podríais oírlo también.
-¿No te supondrá mucho esfuerzo?-Fang
parecía preocupada.
-No. Esto no es una invocación, Fang.
Tan sólo es hacer una pregunta.
Lightning, por su parte, le preguntó a
Hope:
-¿Estás seguro de que esto puede
ayudarnos?
-Eres tú la que ha insistido, Light. Y
no tenemos tiempo para rituales más complejos.
La joven suspiró.
-Tienes razón. De acuerdo, Vanille. Por
favor, hazlo.
La Santa Doncella asintió brevemente,
y se acercó a Hope.
-Tomad mis manos-le dijo,
tendiéndoselas-. Canalizaré hacia vos lo que los espíritus me transmitan.
Hope obedeció, no demasiado cómodo por
el contacto con otro ser humano que no fuera Lightning o Serah. Por suerte, las
manos de Vanille eran cálidas, y transmitían bondad como toda su aura. “Es tan distinta al aura de Fang. Son polos
opuestos, y sin embargo percibo en ellas un vínculo como nunca he visto entre
dos humanos tan diferentes. Es como si se necesitaran mutuamente para existir.”
Bajo la atenta mirada de Lightning y
Fang, Vanille cerró los ojos y se concentró. Hope la vio mover apenas los
labios, sin duda abriendo sus canales de comunicación con el mundo espiritual.
Se fijó en que los hilos tensados entre los cuernos que decoraban su tocado
comenzaban a vibrar, coincidiendo con un aumento del calor en las manos de la
joven médium. El ángel se dio cuenta de que aquel tocado, por más ornamentado
que estuviera –acorde a su posición como Santa Doncella–, tenía una función
mucho más importante: amplificar la recepción de las energías y mensajes del
mundo de los espíritus.
Y entonces escuchó a los espíritus.
Comenzaron como inaudibles susurros, murmurando sensaciones que hablaban sobre
las tierras de Nova Chrysalia, de las energías que fluían por aquel mundo
inestable. Hope nunca las había oído, pero conocía la sensación: era muy
parecida a lo que había sentido cuando desde el Arca sondeaba la energía del
mundo en busca de desequilibrios. El ángel cerró los ojos también, como
Vanille, tratando de descifrar lo que le decían. Los vientos del norte
parecieron envolverle, y creyó detectar un olor salado y húmedo en su nariz,
así como el distante rumor de las olas.
Pero de pronto aquellos susurros se
vieron eclipsados por una súbita cacofonía de voces que sin previo aviso
comenzaron a martillear la mente de Hope, que dejó escapar un grito ahogado
cuando aquellas etéreas voces le asolaron sin piedad.
“Traidor…”
“No deberías existir…”
“Vergüenza…”
“Márchate…”
“No perteneces a este lugar…”
“Deshonra…”
“Éste nunca será tu sitio…”
“No hay lugar para ti aquí…”
“Esclavo de los dioses…”
“Debiste morir el momento que naciste…”
“Abominación…”
“Estigma de tu raza…”
“Vete…”
“Desaparece…”
“Engendro sin corazón…”
-¡Hope! ¡Abre los ojos, Hope!
¡Reacciona!
Aquella voz sonaba mucho más real que
todas las demás. Haciendo un gran esfuerzo, Hope abrió los ojos, y descubrió
que estaba tendido en el suelo, con la cabeza apoyada en la rodilla de
Lightning, que se había agachado a su lado. Fang y Vanille, con rostros
alarmados, lo observaban preocupadas.
-Light… -murmuró el ángel, sintiendo
su piel cubierta por un desagradable sudor frío, y todo su cuerpo temblaba-Las
voces… ¿Qué ha pasado…?
-Te has desmayado de pronto-dijo ella,
respirando aliviada al verle consciente-. Parecías estar sufriendo una
pesadilla.
-¡Lo siento! ¡Lo siento
muchísimo!-Vanille estaba al borde de las lágrimas otra vez-Nunca antes había
pasado nada parecido. ¡No quería haceros daño!
-Estoy bien… creo-repuso él, tratando
de incorporarse; hizo un gesto de dolor cuando sintió su espalda doler más que
antes-. Pero… esas voces…
-Eran los susurros de los espíritus.
Los habéis escuchado vos también, ¿verdad?
Hope alzó la mirada hacia ella. Lo que
había oído distaba mucho de ser “susurros”. Pero justo antes de disponerse a
preguntarle, se le ocurrió que tal vez Vanille no las hubiera escuchado. “Parecían ir dirigidas expresamente a mí…”
-… Sí-dijo, desviando la mirada y
poniéndose en pie con la ayuda de Lightning-. Creo que he podido deducir lo que
querían responder a nuestra pregunta, Santa Doncella. Hablaban del norte, de un
lugar cercano al mar.
La joven médium asintió.
-Yo también he llegado a la misma
conclusión.
-¿Un lugar cercano al mar situado al
norte?-Lightning miró a Fang-Eso nos deja dos opciones.
-Y ninguna de ellas clara-suspiró la
guerrera-, pero al menos es un comienzo.
-Gracias, Vanille. Has sido de mucha
ayuda-Lightning inclinó la cabeza hacia Vanille, que le devolvió el gesto, y se
volvió hacia Hope-. ¿No has podido averiguar nada más?
Hope dudó. No era una pregunta
directa, por suerte, por lo que podía esquivar contarles lo que aquellas voces
le habían dicho.
-… No.
Su respuesta no debió de sonar muy
convincente, sin embargo. Lightning frunció el ceño y lo miró inquisitivamente,
pero en aquel momento sonaron unas fuertes campanadas que sobresaltaron a los
cuatro.
-¡Las diez!-Vanille miró preocupada a
Lightning y Hope-¡Van a cerrar las puertas de la Catedral! ¡Debéis iros antes
de que sea tarde!
-Rápido, os acompañaré hasta la nave
principal-les indicó Fang abriéndoles la puerta de la habitación-. Luego vendré
a verte, Vanille. Vosotros dos, ¡vámonos!
Lightning y Hope se apresuraron a
seguir a Fang, no sin antes volver a darle las gracias apresuradamente a
Vanille, que les dijo:
-Buena suerte. Espero que ambos
encontréis lo que buscáis.
* * *
Minutos más tarde, con el cielo ya
solamente iluminado por el Nuevo Nido, Lightning y Hope caminaban en silencio
por las calles de Luxerion, de vuelta a casa de las hermanas Farron. Habían
dejado la Catedral atrás hacía rato, pero aun así ambos seguían en tensión.
Al salir apresuradamente de los
aposentos de Vanille, habían tenido que presentarle sus respetos brevemente a
la Suma Sacerdotisa, una mujer de claro cabello azulado ataviada con una túnica
roja y una máscara dorada flanqueada por varios secutores. Pese a ocultar sus
rostros bajo las capuchas, Hope había tenido la incómoda sensación de que la
Suma Sacerdotisa no dejaba de mirar con una inquietante media sonrisa a
Lightning. Y sin duda ella también se habría dado cuenta, porque no había dicho
nada más desde que habían abandonado la Catedral.
Hope trataba de sondear su aura, pero
lo único que sentía era aquella tensión tan fuerte. A él también le preocupaba
su encuentro con la Suma Sacerdotisa, pero estaba más preocupado por aquellas
voces que no abandonaban sus recuerdos.
Por ese motivo, le pilló totalmente
por sorpresa que, mientras cruzaban un callejón a oscuras, Lightning se
volviera de pronto hacia él y lo empujara hacia la pared, arrinconándole.
-… ¿Light?-el ángel la miró, asustado,
al ver su expresión-¿Qué ocurre?
-No te hagas el inocente
conmigo-replicó ella con fiereza-. Me estás ocultando algo. Sé que has oído
algo más cuando estabas escuchando a los espíritus con Vanille.
Así que al final había resultado ser
cierto que Lightning no se había creído sus palabras. Hope no quería hablar de
ello, porque en realidad tampoco sabía lo que había escuchado. Pero si la joven
le hacía una pregunta directa, no tendría más remedio que responder.
-Te he dicho la verdad, Light. No
puedo mentir. No he escuchado nada más acerca del Corazón.
-No estoy hablando del Corazón-espetó
ella-. Ya sé que no me estabas mintiendo porque Vanille ha dicho exactamente lo
mismo que tú. Pero también soy consciente de que puedes no decir toda la
verdad, y tengo razones para creer que, después de lo que te ha pasado, es lo
que estás haciendo.
Hope desvió la mirada, frunciendo los
labios.
-… Carece de importancia para nuestra
búsqueda. No tiene sentido hablar de ello.
-¿Eso crees?-Lightning, enfadada, lo
arrinconó todavía más contra la pared; la espalda del ángel empezó a
protestar-¿Me quieres decir que pierdes el conocimiento por lo que sea que hayas
oído, y carece de importancia? ¡Te recuerdo que también tu seguridad es
importante! Eres lo único que tenemos para dar con el Corazón y traer de vuelta
a Mikhail, ¡y a ti te importa un bledo lo que te ocurra!
Al oír aquellas palabras, Hope cerró
los ojos y respiró hondo. Sabía de sobra que a lo que los lu’Cie les importaba
de él era que era lo único que podía ayudarles en su misión. No esperaba su
compasión, ni su genuina preocupación por su persona. Era consciente de que
Lightning sólo veía en él la herramienta que le reuniría con el hombre que
amaba.
Pero el hecho de ser consciente no
impedía que aquellas palabras dolieran.
“¿Por qué estoy haciendo esto?”, no pudo evitar preguntarse el ángel. “Me estoy arriesgando y tal vez desafiando
al Altísimo por una causa que a mí en el fondo no me beneficia. Acepté porque
Light me lo pidió, pero ¿por qué lo hice? ¿Qué bien me reporta ser tratado como
un simple objeto?”
El recuerdo de las implacables voces y
sus despiadadas acusaciones volvió a inundar su confusa mente. Se sentía
desorientado, y por primera vez sintió un extraño impulso de salir corriendo
lejos de todo y de todos.
-Hope, ¿qué demonios te pasa?-insistió
Lightning, zarandeando sus hombros-¿Qué es lo que me estás ocultando?
Y entonces, de pronto, Hope abrió los
ojos y alzó la cabeza. Miró a derecha e izquierda, de reojo, súbitamente tenso.
Podía sentirlo. No era más que una
intuición, pero el ángel percibía una concentración de energía en el aire que
no debía estar allí.
Algo
iba mal.
-… ¿Hope?-Lightning se separó un poco
de él, inquieta; había percibido el cambio en su actitud, y nunca le había
visto tan alerta.
Fue apenas un segundo lo que
transcurrió. Hope sintió la energía crecer desde un punto situado por encima de
ellos, dirigirse disparada hacia donde se encontraban… o mejor dicho, donde se
encontraba Lightning.
No se lo pensó. Cualquier duda que
hubiera tenido momentos antes se disipó cuando comprendió lo que sucedía.
Haciendo acopio de fuerzas, Hope se libró de Lightning y la empujó hacia atrás:
-¡Light! ¡Apártate!
Y entonces recibió el fuerte impacto
de algo que abrasaba al tiempo que quemaba en el costado, derribándolo sobre
las losas del callejón y arrastrándolo varios metros más allá. El dolor se
apoderó de todo su cuerpo, tanto por lo que fuera que le hubiera golpeado como
por el duro aterrizaje sobre el suelo. Pero lo peor fue que aquel golpe reavivó
el dolor de las horribles heridas de su espalda, obligándole a gritar.
Lo último que oyó antes de que el
dolor se apoderara de él y todo se volviera negro fue la voz de Lightning
gritando su nombre.
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