jueves, 17 de septiembre de 2015

XVI. Voces

Seis días después de que Hope conociera a los amigos lu’Cie de Lightning, el joven ángel se encontró a sí mismo acompañado por ella y por Fang, la líder del grupo rebelde, envuelto en una larga capa negra y blanca con remaches dorados y con capucha al igual que Lightning, atravesando las amplias y enlosadas calles de Luxerion, la capital de Nova Chrysalia.

-Eh, encanto-le dijo Fang, sonriendo burlona, a Lightning-. Por cómo tu ángel está mirándolo todo, diría que no lo sacas mucho a pasear.

-Hace sólo seis días que salió por primera vez de casa-explicó la joven suspirando al ver a Hope mirar de aquí para allá, con aquel brillo de curiosidad en sus ojos-. Y aún se está recuperando, así que no puede hacer demasiados esfuerzos. Y también es la primera vez que ve la ciudad tal y como es, no nuestro barrio.

-Es muy diferente-dijo Hope observando intrigado los puestos de los vendedores-. Está limpia y cuidada. Parece como si las calles brillaran. Desde el Arca no me parecía tan bonita.

-¿Te gusta?-Fang acentuó aquella sonrisa suya-A mí las grandes ciudades no me van, pero al margen de la Orden, Luxerion es un lugar tranquilo donde vivir. La llaman la Ciudad de la Luz, y antes de que esos beatos hicieran de ella su hogar, era la cuna de la erudición y la ciencia.

-La Ciudad de la Luz. Es un nombre apropiado-Hope ladeó la cabeza hacia Lightning-. Tú vives en ella, Light. Sin duda es un nombre muy bien elegido.

Lightning le devolvió una mirada extraña, como una mezcla de exasperación y resignación por aquel comentario inocente.

-Ya, bueno, no es por mí por lo que lleva ese nombre, te lo puedo asegurar.

Subieron por una escalinata que según una señal cercana, llevaba hacia la parte sur de la ciudad. Cuando llegaron a lo alto, la primera imagen que les recibió fue la enorme catedral que se alzaba sobre Luxerion, y tras ella, en el cielo, se podía apreciar algo que Hope nunca había visto: era una especie de gigantesco planeta formado por secciones entramadas, rodeado por un anillo que relucía a la penumbra del ocaso. El ángel se sintió inmediatamente fascinado por aquella imagen y el brillo que arrojaba aquel extraño cuerpo celeste sobre las pulidas losas de la ciudad.

-Es… -la voz de Hope parecía ligeramente ahogada; avanzó unos pasos, con los ojos brillantes-Es increíble. ¿Qué es ese planeta? Nunca lo había visto.

-Eso es el Nuevo Nido, un satélite artificial-explicó Fang-. Pero la mayoría de la gente lo conoce como “luna”.

Hope se volvió hacia ella, genuinamente sorprendido.

-¿Eso es la luna? ¿En serio?-el ángel lo observó otra vez, su mirada repentinamente sobrecogida-Tal vez por eso nunca lo vi. Allí es de donde vengo… El Arca está en su interior.

-¿De verdad? ¿Vivías dentro de la luna?-preguntó Lightning, asombrada; Hope asintió sin apartar la vista del Nuevo Nido-No me explico por qué demonios Bhunivelze decidiría criar a su ángel ahí dentro, precisamente.

-¿Por qué no?-Hope ladeó la cabeza.

-Aparte de porque es artificial, por su significado-respondió Fang, y dejó escapar un bufido sarcástico-. El viejo Nido, que era la luna original de Nova Chrysalia, quedó destruido cuando los fal’Cie Fenrir y Fénix se fusionaron para derrotar a Paals y Lindzei. Y para conmemorar la coronación de la reina lu’Cie, Leonora, el fal’Cie Pandemónium y los ángeles colaboraron conjuntamente para crear una nueva luna que se alzara al cielo como símbolo de la libertad de humanos, lu’Cie y ángeles, y por eso el linaje de la reina recibió el nombre de la Dinastía del Astro Naciente.

-¿Lo crearon los ángeles?-los ojos de Hope despidieron un brillo extraño.

-En gran parte sí. Su magia era muy poderosa, y con la ayuda de Pandemónium en apenas unos años lo tuvieron listo. Ahora ya nadie recuerda lo que simboliza, pero en otro tiempo el Nuevo Nido se consideraba un faro de esperanza para las razas menores.

Hope no dijo nada. Seguía con la mirada fija en aquel planeta artificial, y Lightning lo vio llevarse una mano al pecho. Intuyó que para el ángel tenía que ser duro ver desde tan lejos el lugar del que procedía, desterrado por su amo con las alas arrancadas como castigo por su desobediencia. Pero por otro lado… “El Nuevo Nido simbolizaba la libertad de los que en otro tiempo fueron sirvientes”, se dijo, mirando a Hope con cierta lástima. “También la de los ángeles… Y él ha vivido encerrado ahí dentro toda su vida al servicio de Bhunivelze. Por irónico que sea, su primer contacto con la libertad ha sido cuando ha salido de ahí.”

Aunque, ¿realmente se podía decir que Hope era libre? Lightning no estaba tan segura. El ángel estaba marcado por un yugo de servidumbre que atestiguaba la oscura cicatriz sobre su ojo izquierdo y las horribles heridas de su espalda.

-Venga, espabilad-les regañó Fang dando unas palmadas-. Vanille sólo está libre de sus responsabilidades como médium por la noche, pero la Catedral cerrará las puertas en apenas hora y media. Y ya os dije que no quiero un solo fallo en el plan.

-Tienes razón-admitió Lightning, y le dio un tirón a la manga de Hope para que caminara-. Vamos, hemos de darnos prisa. Ya tendrás tiempo de mirar la luna en otro momento, no se va a mover de donde está.

Él tardó un segundo en reaccionar, pero finalmente siguió a las dos mujeres por las calles de Luxerion, iluminadas por las farolas y la luz del Nuevo Nido. De vez en cuando seguía alzando la vista, lanzando rápidas miradas hacia la luna. Lightning se preguntaba qué se le estaría pasando por la cabeza. “Tiene gracia, él puede deducir qué estamos pensando en cuestión de segundos, pero en qué piensa él es todo un misterio para nosotros.”

No tardaron en llegar a las puertas de la Catedral de Luxerion, que resultó que estaba más lejos de lo que Hope había pensado en un primer momento. El edificio era lo bastante grande como para que se viera desde todos los puntos de una ciudad que abarcaba una isla en su totalidad.

-Bien, escuchadme atentamente-dijo Fang deteniéndose a una distancia prudencial de la entrada y hablando en voz baja; Lightning y Hope se acercaron a ella-. Tú esto ya lo sabes, encanto, pero tu ángel no. Vais disfrazados como peregrinos devotos: se supone que yo os escolto para que la Santa Doncella os conceda su bendición. Pero eso supone que antes de marcharos vais a tener que darle un saludo a la Suma Sacerdotisa, y ése es nuestro mayor problema.

-¿La Suma Sacerdotisa?-Hope miró inquieto a Fang, y luego a Lightning-… ¿Tengo que hablar con ella?

-¿Crees que puede reconocerte?-Lightning frunció el ceño, preocupada-¿Has hablado antes con ella?

-No. Yo sólo me he comunicado con la Santa Doncella, pero la Suma Sacerdotisa es quien representa al Altísimo en el mundo mortal-repuso Hope-. Técnicamente le debo cierto respeto por cuestión de jerarquías.

-¿Jerarquías? Hope, por el amor del cielo, eres un ángel. La Suma Sacerdotisa no es más que una humana. Una maga muy poderosa, cierto, pero nada que ver ni siquiera con nosotros los lu’Cie. Y además, ella es la líder de la Orden: ¿te merece respeto una mujer que ha estado usando tu nombre en beneficio de su secta?

-… -Hope desvió la mirada, preocupado. Pese a que no sabía qué le rondaba la mente, Lightning intuía que no era exactamente el respeto a la Suma Sacerdotisa lo que le inquietaba, sino el hecho de que meterse con la máxima autoridad de la Orden le acarreara otro castigo por parte de Bhunivelze.

-Escrúpulos aparte, tenéis que hacerlo queráis o no-zanjó Fang con severidad-. Sería sumamente sospechoso si dos peregrinos no acudieran a la Suma Sacerdotisa para pedirle su protección en su viaje. Y es algo que tendréis que hacer solos, porque yo tengo que quedarme aquí después de que habléis con Vanille. Es mi turno de guardia, ya sabéis.

-Ya lo sé, Fang. Pero no te preocupes, sé cuidarme sola.-Lightning sonrió, señalando su espalda; bajo la capa llevaba oculta su espada enfundada.

-Mmm. Recuerda que no sólo has de cuidar de ti misma hoy, encanto.

Hope, un tanto incómodo, negó con la cabeza.

-No será necesario. No causaré problemas, lo prometo.

-El mayor problema son esas heridas-suspiró Lightning observándole con ojo crítico-. Si ocurre cualquier cosa, el simple hecho de correr podría empeorarlas. Tú limítate a hacer lo que Fang y yo te digamos y todo saldrá bien.

El ángel todavía parecía preocupado, pero asintió. Fang les hizo una seña, y Lightning y Hope la siguieron al interior de la enorme Catedral. Desde dentro parecía todavía más grande, con un amplio pasillo que atravesaba un foso sobre el cual estaba construida. Al fondo se hallaban los bancos donde los fieles se sentaban a rezar, un altar de piedra con candelabros y una estatua que representaba, sin duda, a Bhunivelze el Altísimo.

A medida que avanzaban por el pasillo, se cruzaban con gente que iba vestida de manera informal, y otros con túnicas de color blanco y negro más elaboradas que las simples capas que Lightning y Hope llevaban puestas. Otros, que eran los que más intimidaban a Hope, lucían armaduras y cascos que cubrían todo su cuerpo, y llevaban una larga arma de fuego con un cuchillo en su punta.

-Ésos son secutores-le susurró Lightning al ángel al ver cómo los miraba-. Son el brazo armado de la Orden. Los que vigilan la Catedral son la élite, pero los hay que solamente se dedican a patrullar la ciudad, como Fang.

-¿Fang está en el ejército de la Orden?-Hope se mostró desconcertado-Creía que era vuestra líder.

-Claro. Por eso mismo es nuestra líder-sonrió Lightning-. Aunque no tenga un rango muy alto porque le conviene para no llamar excesiva atención, tiene acceso a la mayoría de los planes militares y políticos de la Orden.

-Y por motivos personales que no tengo por qué explicar-dijo Fang sin darse la vuelta-. Cotillas.

Permanecieron en silencio mientras la seguían hacia el altar. A Hope no le gustaba cómo les miraban algunos sacerdotes y mucho menos los secutores; percibía recelo en sus auras, y no creía que aquello fuese una buena señal. Sin duda, la presencia de Fang era lo único que les impedía detenerles en aquel mismo momento.

Fang les guió hacia el fondo de la nave, donde había tres sacerdotes que a juzgar por sus atuendos ligeramente diferentes eran de mayor rango. Cuando la guerrera y los dos “peregrinos” se acercaron a ellos, los miraron suspicaces.

-Disculpad que os importune-dijo Fang con aplomo-. Estoy escoltando a estos dos peregrinos devotos del Altísimo para recibir las bendiciones de la Santa Doncella en su largo camino.

Los sacerdotes los evaluaron en silencio unos tensos segundos. Hope sentía su desconfianza, pero si Fang lo había planeado todo bien, tendrían que ceder.

-La Catedral está a punto de cerrar sus puertas-dijo un sacerdote-. Llegáis un poco justos de tiempo, peregrinos.

-El viaje ha sido largo y duro-replicó Lightning con firmeza-. No hemos podido llegar antes, y hemos de partir con premura. Nada nos haría más felices que recibir las bendiciones de la Santa Doncella tras tan arduo camino en pos de la luz del Altísimo.

Hope podía percibir la rabia que le producía a Lightning pronunciar aquellas palabras, y se asombró genuinamente ante el hecho de que pudiera fingir tan bien en plena sede de sus enemigos. “Yo sería incapaz. Más que nada porque soy un ángel. Mentir está más allá de mis capacidades.”

-Bien-asintió uno de los sacerdotes, aunque poco convencido-. Condúcelos hasta los aposentos de la Doncella, soldado, y vela por su seguridad. Nosotros avisaremos a la Suma Sacerdotisa de la llegada de los peregrinos.

Fang hizo una reverencia, aunque Lightning y Hope apreciaron perfectamente la burla en aquel gesto. Sin mediar más palabra, les hizo una seña a ambos para que la siguieran por una pequeña y discreta puerta.

-Ha ido bien-les susurró asintiendo con su fiera sonrisa-, pero no podemos bajar la guardia. No se fían de vosotros. Inteligente por su parte, sin duda, pero nada beneficioso para nosotros.

-Nos vendría bien que fueran un poco más estúpidos-Lightning frunció el ceño-. ¿Cuánto tiempo tenemos para hablar con Vanille?

-Menos del que sin duda querrías. Pero es lo que hay, encanto. Así que aprovechadlo bien, tú y tu ángel.

Cualquier cosa que pudieran haber añadido se quedó en el aire porque en aquel momento entraron en un pequeño salón lleno de velas aromáticas y extraños adornos en forma de runas y símbolos. Había unas sillas en un rincón, una cama con dosel y unos pocos muebles. Sentada en una de las sillas había una chica joven, en apariencia de poco menos de veinte años, pelirroja y por lo que Hope podía apreciar, lo llevaba recogido en dos coletas; era difícil apreciarlo, no obstante, porque tenía la cabeza casi cubierta por un tocado muy elaborado del cual dos velos pendían a ambos lados de su rostro. Vestía de forma sencilla y ornamentada a la vez: su atuendo se componía por una corta pieza de ropa en su torso y una larga falda sujeta por un cinturón que dejaba expuesta su pierna derecha, pero llevaba multitud de pulseras variocolores y finos collares dorados. A su lado, apoyado en la pared, había un largo báculo muy decorado con imágenes del sol y la luna, del que colgaban dos penachos de seda.

-¡Fang!-exclamó la chica nada más ver entrar por la puerta a la guerrera. Se levantó de un salto y se lanzó a sus brazos en cuestión de un segundo-¡Has venido!

-¿No te prometí que vendría? Me ha costado lo mío, pero no iba a permitir perder la oportunidad de verte.-sonrió Fang, apartándose un poco para dejar que Lightning y Hope pasaran.

-Te he echado mucho de menos, Fang.

-Sólo hace tres días que no nos vemos.

-Es igual. Te he echado de menos de todas formas.

Lightning y Hope asistieron a la escena sin intervenir. A juzgar por la expresión de Lightning, Hope dedujo que ya la había presenciado alguna que otra vez, pero él estaba sorprendido. Fang se le había antojado una mujer sumamente dura y feroz: verla abrazando con tanta fuerza a aquella chica menuda le resultaba, cuanto menos, inesperado.

-Bueno, venga, ya está bien de arrumacos-Fang se separó de la chica y, con un brazo rodeando sus hombros, hizo un gesto hacia Lightning y Hope-. Qué van a pensar tus invitados, Vanille.

Vanille, la Santa Doncella, los miró con curiosidad en sus ojos, de un tono verde más claro que los de Fang. Lightning avanzó un paso hacia ella, sonriendo:

-Hola, Vanille. Hacía tiempo que no te veía. Ya sabes, desde entonces.

-Lightning-Vanille le devolvió la sonrisa, aunque parecía triste-. Me alegro de verte. Siento mucho lo que le pasó a Serah. Ojalá hubiera podido haberos avisado antes.

-No te culpes. Hiciste mucho diciéndole a Fang dónde la tenían presa. Sin ti, tal vez no hubiéramos llegado a tiempo y se hubiera convertido totalmente en Cie’th. Se está recuperando, y te lo debemos a ti.

Vanille no dijo nada, pero esbozó una dulce sonrisa, aunque un poco forzada, correspondiendo a las agradecidas palabras de Lightning. Entonces se volvió hacia Hope, y lo miró con curiosidad, sin duda preguntándose quién era.

-Es un honor conoceros en persona, Santa Doncella.-dijo el ángel con respeto, llevándose una mano al pecho y haciendo una reverencia, o lo que las heridas de su espalda le permitían.

Los ojos de la joven médium se abrieron de par en par al escuchar la voz de Hope, su rostro blanco como la leche en apenas un segundo. Se apartó de Fang, con pasos vacilantes, y temblando, se acercó a él.

-Esa voz… y vuestra aura… Yo os conozco… -susurró Vanille, incrédula-No es posible… Vos sois… ¡Sois el ángel del Altísimo! …

Fang y Lightning se miraron alarmadas, y se volvieron hacia Hope, que parecía igual de sorprendido. Habían pretendido mantener la identidad del ángel en secreto incluso a Vanille, pero no habían tenido en cuenta que ella sí que conocía su voz, y que su habilidad para comunicarse con los espíritus también le confería cierto poder sobre todo tipo de manifestaciones espirituales, incluyendo las almas. Lo cual, probablemente, le permitiría identificar la esencia viva del interior de las personas.

En aquel momento, Vanille cayó al suelo de rodillas, y se postró ante Hope, temblando. Fang hizo ademán de protestar, pero el ángel fue más rápido:

-Por favor, Santa Doncella. No hagáis eso. No lo merezco. Tan sólo soy un simple siervo.

Ella alzó la mirada. Tenía los ojos llorosos, y brillaban con profunda culpabilidad.

-Perdonadme… Os lo ruego, perdonadme-sollozó-. Nunca quise haceros daño, mensajero del Altísimo.

-No he dudado de vos. Lo que sucedió fue un accidente-Hope sacudió la cabeza y se agachó-. Fue una decisión que yo mismo tomé. No es culpa vuestra.

-¡No!-exclamó Vanille. Fang se apresuró a correr a su lado y la abrazó para calmarla-Fue culpa mía. Cuando dijisteis que queríais descender… Justo después de haberme preguntado por Lightning y Serah… Creí que queríais ejecutarlas por ser lu’Cie. Accedí a guiaros, pero mi intención era cortar el vínculo antes de que pudierais hacerlo. Pero salió mal… y os hice descender, ¡a costa de perder vuestras alas!

Hope parpadeó, sorprendido por las palabras de la Santa Doncella. “¿De verdad será ella la responsable?” Pero entonces recordó las palabras de Bhunivelze, cuando le comunicó su castigo por su desobediencia. Había mencionado que el Arca se las había arrancado, y no los poderes de Vanille.

-Perder las alas fue parte de mi castigo, Santa Doncella, por mi desobediencia. No es sino la consecuencia de mis actos. Vos hicisteis lo que os pedí; de no ser por ello, no estaría aquí.

-Pero… -Vanille fue a protestar, pero Lightning, que se había mantenido en silencio, intervino en aquel momento:

-Vanille, él no puede mentir. Es un ángel. Te está diciendo la verdad. Tú no tienes la culpa.

Hope le dirigió una mirada agradecida a la cual ella restó importancia con un rápido gesto de la mano. Vanille, algo más tranquila gracias a sus palabras y al abrazo de Fang, se secó las lágrimas y lo miró insegura.

-Aun siendo así, os ruego me perdonéis por haberos mentido, mensajero del Altísimo.

-Por favor, no me llaméis así-el ángel negó con la cabeza y le tendió una mano-. Podéis llamarme Hope.

Vanille dudó un momento antes de tomar su mano para ayudarla a levantarse, y una vez de pie, todavía en brazos de Fang, le dirigió una mirada intrigada.

-¿Hope? ¿Es ése vuestro nombre?

-Así es como me llama Light.

La Santa Doncella inclinó la cabeza hacia Lightning, con una sonrisa divertida.

-¿En serio, Lightning? ¿Le has puesto tú el nombre? ¡Qué adorable!-rió la chica. Fang enarcó las cejas, socarrona, y Lightning dejó escapar un bufido.

-Desde luego, sois tal para cual. Y sí, le puse ese nombre porque no tenía otro. ¿Algún problema con eso?-Vanille y Fang negaron con la cabeza, sin dejar de sonreír-Me alegro, porque vamos justos de tiempo, y queríamos hacerte unas preguntas, Vanille.

Ella asintió, y se separó de Fang. Parecía más tranquila, y su rostro mostraba una serena sonrisa.

-Eso me dijo Fang. Pero tenemos poco tiempo, desgraciadamente.

-Por eso hay que darse prisa-dijo Fang mirando fijamente a Lightning y a Hope-. Vamos, encanto. Pregúntale a Vanille lo que quieras saber, y rápido.

Lightning asintió.

-Vanille, sabes de sobra lo que llevamos años buscando. El motivo por el cual Fang, yo, y todos los demás luchamos.

-El Corazón de Bhunivelze-sonrió Vanille con cierta melancolía-. Por el retorno del Astro Caído. Y tú, más que nadie, ansías ambas cosas. Lo sé, Lightning.

-¿El Astro Caído?-preguntó Hope, extrañado. Lightning y Fang le chistaron a la vez, enojadas, y el ángel optó por callarse y no preguntar nada hasta que las mujeres se lo permitieran.

-Como recordarás, uno de los requisitos para hallar el Corazón era un ángel, y gracias a ti, Vanille, aquí tenemos uno-Lightning señaló a Hope-. Pero su paradero todavía sigue siendo una incógnita. Pensé que quizá tú podrías ayudarnos. Si les preguntas a los espíritus…

Vanille frunció el ceño, pensativa.

-¿Quieres que pregunte a los espíritus? No sé si ellos sabrán darte una respuesta concreta, Lightning. Como mucho, pueden orientarte.

-Eso es lo que quiero.

-No lo entiendes. Quiero decir que los espíritus ven y entienden el mundo de una forma muy diferente a nosotros. No entienden de lugares y gente, sino de energía.

-Tal vez yo pueda intentar ayudaros-intervino Hope, mostrándose un poco azorado cuando las tres mujeres lo miraron a la vez-. Durante mucho tiempo yo también he traducido lo que sucedía en el mundo según la energía que captaba en él. Quizá pueda comprender mejor aquello que los espíritus os digan, Santa Doncella.

-¿Crees que podrías hacer eso?-preguntó Lightning, dubitativa-Tú mismo dijiste que tus poderes funcionan de manera distinta aquí, en Nova Chrysalia.

-Sí, pero no he olvidado el lenguaje de la energía del mundo. Tengo razonable experiencia en ello.

Vanille se cruzó de brazos, y miró el reloj que pendía de la pared.

-Si queréis que lo haga, tendrá que ser ya. Apenas nos queda tiempo antes de que cierren las puertas de la Catedral. Mensajero… quiero decir, Hope… Quizá pueda transmitiros a vos también lo que los espíritus me digan. De esa forma vos podríais oírlo también.

-¿No te supondrá mucho esfuerzo?-Fang parecía preocupada.

-No. Esto no es una invocación, Fang. Tan sólo es hacer una pregunta.

Lightning, por su parte, le preguntó a Hope:

-¿Estás seguro de que esto puede ayudarnos?

-Eres tú la que ha insistido, Light. Y no tenemos tiempo para rituales más complejos.

La joven suspiró.

-Tienes razón. De acuerdo, Vanille. Por favor, hazlo.

La Santa Doncella asintió brevemente, y se acercó a Hope.

-Tomad mis manos-le dijo, tendiéndoselas-. Canalizaré hacia vos lo que los espíritus me transmitan.

Hope obedeció, no demasiado cómodo por el contacto con otro ser humano que no fuera Lightning o Serah. Por suerte, las manos de Vanille eran cálidas, y transmitían bondad como toda su aura. “Es tan distinta al aura de Fang. Son polos opuestos, y sin embargo percibo en ellas un vínculo como nunca he visto entre dos humanos tan diferentes. Es como si se necesitaran mutuamente para existir.”

Bajo la atenta mirada de Lightning y Fang, Vanille cerró los ojos y se concentró. Hope la vio mover apenas los labios, sin duda abriendo sus canales de comunicación con el mundo espiritual. Se fijó en que los hilos tensados entre los cuernos que decoraban su tocado comenzaban a vibrar, coincidiendo con un aumento del calor en las manos de la joven médium. El ángel se dio cuenta de que aquel tocado, por más ornamentado que estuviera –acorde a su posición como Santa Doncella–, tenía una función mucho más importante: amplificar la recepción de las energías y mensajes del mundo de los espíritus.

Y entonces escuchó a los espíritus. Comenzaron como inaudibles susurros, murmurando sensaciones que hablaban sobre las tierras de Nova Chrysalia, de las energías que fluían por aquel mundo inestable. Hope nunca las había oído, pero conocía la sensación: era muy parecida a lo que había sentido cuando desde el Arca sondeaba la energía del mundo en busca de desequilibrios. El ángel cerró los ojos también, como Vanille, tratando de descifrar lo que le decían. Los vientos del norte parecieron envolverle, y creyó detectar un olor salado y húmedo en su nariz, así como el distante rumor de las olas.

Pero de pronto aquellos susurros se vieron eclipsados por una súbita cacofonía de voces que sin previo aviso comenzaron a martillear la mente de Hope, que dejó escapar un grito ahogado cuando aquellas etéreas voces le asolaron sin piedad.

“Traidor…”

“No deberías existir…”

“Vergüenza…”

“Márchate…”

“No perteneces a este lugar…”

“No mereces tu nombre…”

“Deshonra…”

“Éste nunca será tu sitio…”

“No hay lugar para ti aquí…”

“Esclavo de los dioses…”

“Debiste morir el momento que naciste…”

“Abominación…”

“Estigma de tu raza…”

 “Vete…”

“Desaparece…”

“Engendro sin corazón…”

-¡Hope! ¡Abre los ojos, Hope! ¡Reacciona!

Aquella voz sonaba mucho más real que todas las demás. Haciendo un gran esfuerzo, Hope abrió los ojos, y descubrió que estaba tendido en el suelo, con la cabeza apoyada en la rodilla de Lightning, que se había agachado a su lado. Fang y Vanille, con rostros alarmados, lo observaban preocupadas.

-Light… -murmuró el ángel, sintiendo su piel cubierta por un desagradable sudor frío, y todo su cuerpo temblaba-Las voces… ¿Qué ha pasado…?

-Te has desmayado de pronto-dijo ella, respirando aliviada al verle consciente-. Parecías estar sufriendo una pesadilla.

-¡Lo siento! ¡Lo siento muchísimo!-Vanille estaba al borde de las lágrimas otra vez-Nunca antes había pasado nada parecido. ¡No quería haceros daño!

-Estoy bien… creo-repuso él, tratando de incorporarse; hizo un gesto de dolor cuando sintió su espalda doler más que antes-. Pero… esas voces…

-Eran los susurros de los espíritus. Los habéis escuchado vos también, ¿verdad?

Hope alzó la mirada hacia ella. Lo que había oído distaba mucho de ser “susurros”. Pero justo antes de disponerse a preguntarle, se le ocurrió que tal vez Vanille no las hubiera escuchado. “Parecían ir dirigidas expresamente a mí…”

-… Sí-dijo, desviando la mirada y poniéndose en pie con la ayuda de Lightning-. Creo que he podido deducir lo que querían responder a nuestra pregunta, Santa Doncella. Hablaban del norte, de un lugar cercano al mar.

La joven médium asintió.

-Yo también he llegado a la misma conclusión.

-¿Un lugar cercano al mar situado al norte?-Lightning miró a Fang-Eso nos deja dos opciones.

-Y ninguna de ellas clara-suspiró la guerrera-, pero al menos es un comienzo.

-Gracias, Vanille. Has sido de mucha ayuda-Lightning inclinó la cabeza hacia Vanille, que le devolvió el gesto, y se volvió hacia Hope-. ¿No has podido averiguar nada más?

Hope dudó. No era una pregunta directa, por suerte, por lo que podía esquivar contarles lo que aquellas voces le habían dicho.

-… No.

Su respuesta no debió de sonar muy convincente, sin embargo. Lightning frunció el ceño y lo miró inquisitivamente, pero en aquel momento sonaron unas fuertes campanadas que sobresaltaron a los cuatro.

-¡Las diez!-Vanille miró preocupada a Lightning y Hope-¡Van a cerrar las puertas de la Catedral! ¡Debéis iros antes de que sea tarde!

-Rápido, os acompañaré hasta la nave principal-les indicó Fang abriéndoles la puerta de la habitación-. Luego vendré a verte, Vanille. Vosotros dos, ¡vámonos!

Lightning y Hope se apresuraron a seguir a Fang, no sin antes volver a darle las gracias apresuradamente a Vanille, que les dijo:

-Buena suerte. Espero que ambos encontréis lo que buscáis.

* * *

Minutos más tarde, con el cielo ya solamente iluminado por el Nuevo Nido, Lightning y Hope caminaban en silencio por las calles de Luxerion, de vuelta a casa de las hermanas Farron. Habían dejado la Catedral atrás hacía rato, pero aun así ambos seguían en tensión.

Al salir apresuradamente de los aposentos de Vanille, habían tenido que presentarle sus respetos brevemente a la Suma Sacerdotisa, una mujer de claro cabello azulado ataviada con una túnica roja y una máscara dorada flanqueada por varios secutores. Pese a ocultar sus rostros bajo las capuchas, Hope había tenido la incómoda sensación de que la Suma Sacerdotisa no dejaba de mirar con una inquietante media sonrisa a Lightning. Y sin duda ella también se habría dado cuenta, porque no había dicho nada más desde que habían abandonado la Catedral.

Hope trataba de sondear su aura, pero lo único que sentía era aquella tensión tan fuerte. A él también le preocupaba su encuentro con la Suma Sacerdotisa, pero estaba más preocupado por aquellas voces que no abandonaban sus recuerdos.

Por ese motivo, le pilló totalmente por sorpresa que, mientras cruzaban un callejón a oscuras, Lightning se volviera de pronto hacia él y lo empujara hacia la pared, arrinconándole.

-… ¿Light?-el ángel la miró, asustado, al ver su expresión-¿Qué ocurre?

-No te hagas el inocente conmigo-replicó ella con fiereza-. Me estás ocultando algo. Sé que has oído algo más cuando estabas escuchando a los espíritus con Vanille.

Así que al final había resultado ser cierto que Lightning no se había creído sus palabras. Hope no quería hablar de ello, porque en realidad tampoco sabía lo que había escuchado. Pero si la joven le hacía una pregunta directa, no tendría más remedio que responder.

-Te he dicho la verdad, Light. No puedo mentir. No he escuchado nada más acerca del Corazón.

-No estoy hablando del Corazón-espetó ella-. Ya sé que no me estabas mintiendo porque Vanille ha dicho exactamente lo mismo que tú. Pero también soy consciente de que puedes no decir toda la verdad, y tengo razones para creer que, después de lo que te ha pasado, es lo que estás haciendo.

Hope desvió la mirada, frunciendo los labios.

-… Carece de importancia para nuestra búsqueda. No tiene sentido hablar de ello.

-¿Eso crees?-Lightning, enfadada, lo arrinconó todavía más contra la pared; la espalda del ángel empezó a protestar-¿Me quieres decir que pierdes el conocimiento por lo que sea que hayas oído, y carece de importancia? ¡Te recuerdo que también tu seguridad es importante! Eres lo único que tenemos para dar con el Corazón y traer de vuelta a Mikhail, ¡y a ti te importa un bledo lo que te ocurra!

Al oír aquellas palabras, Hope cerró los ojos y respiró hondo. Sabía de sobra que a lo que los lu’Cie les importaba de él era que era lo único que podía ayudarles en su misión. No esperaba su compasión, ni su genuina preocupación por su persona. Era consciente de que Lightning sólo veía en él la herramienta que le reuniría con el hombre que amaba.

Pero el hecho de ser consciente no impedía que aquellas palabras dolieran.

“¿Por qué estoy haciendo esto?”, no pudo evitar preguntarse el ángel. “Me estoy arriesgando y tal vez desafiando al Altísimo por una causa que a mí en el fondo no me beneficia. Acepté porque Light me lo pidió, pero ¿por qué lo hice? ¿Qué bien me reporta ser tratado como un simple objeto?”

El recuerdo de las implacables voces y sus despiadadas acusaciones volvió a inundar su confusa mente. Se sentía desorientado, y por primera vez sintió un extraño impulso de salir corriendo lejos de todo y de todos.

-Hope, ¿qué demonios te pasa?-insistió Lightning, zarandeando sus hombros-¿Qué es lo que me estás ocultando?

Y entonces, de pronto, Hope abrió los ojos y alzó la cabeza. Miró a derecha e izquierda, de reojo, súbitamente tenso.

Podía sentirlo. No era más que una intuición, pero el ángel percibía una concentración de energía en el aire que no debía estar allí.

Algo iba mal.

-… ¿Hope?-Lightning se separó un poco de él, inquieta; había percibido el cambio en su actitud, y nunca le había visto tan alerta.

Fue apenas un segundo lo que transcurrió. Hope sintió la energía crecer desde un punto situado por encima de ellos, dirigirse disparada hacia donde se encontraban… o mejor dicho, donde se encontraba Lightning.

No se lo pensó. Cualquier duda que hubiera tenido momentos antes se disipó cuando comprendió lo que sucedía. Haciendo acopio de fuerzas, Hope se libró de Lightning y la empujó hacia atrás:

-¡Light! ¡Apártate!

Y entonces recibió el fuerte impacto de algo que abrasaba al tiempo que quemaba en el costado, derribándolo sobre las losas del callejón y arrastrándolo varios metros más allá. El dolor se apoderó de todo su cuerpo, tanto por lo que fuera que le hubiera golpeado como por el duro aterrizaje sobre el suelo. Pero lo peor fue que aquel golpe reavivó el dolor de las horribles heridas de su espalda, obligándole a gritar.

Lo último que oyó antes de que el dolor se apoderara de él y todo se volviera negro fue la voz de Lightning gritando su nombre.

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