La taberna conocida como El Reposo del Visionario se hallaba a
las afueras de Luxerion, no muy lejos de donde vivían las hermanas Farron. Era
un local pequeño y oscuro, en comparación con las posadas de la capital.
Pero era un lugar discreto, y ése era
en realidad el cometido de la taberna.
-¡Vaya, Lightning!-saludó el joven
Noel Kreiss, el dueño y camarero, cuando Lightning entró al local-Qué pronto
has venido. Fang me dijo que no te esperábamos hasta la tarde.
-Sí, ya-gruñó ella, sentándose a la
barra-. No tenía muchas ganas de estar en casa.
Noel la miró suspicaz, mientras
buscaba tras la barra un vaso grande y un par de botellas.
-Fang me contó algo al respecto. No sé
qué de un tío al que os encontrasteis herido en la calle al que estáis
cuidando. ¿Va por ahí, o tiene que ver con Snow?
Lightning resopló. Ni yendo a la
taberna podía librarse del maldito ángel.
-¿Y esa cara?-Noel alzó una ceja, y
llenó de licor de frelimón el vaso antes de pasárselo a la joven-No me digas
que te está dando guerra.
-Especifica. Porque como insinúes
algo, te tragas la botella.
-¡No iba por ahí! Aunque, vaya, sí que
has saltado rápido-rió Noel. Lightning frunció el ceño, irritada, y dio un
trago a su bebida-. Desde luego, con lo difícil que es hacerte perder el
control a ti…
-Cállate, Noel.
Noel ya conocía de sobra el temperamento
de Lightning, y prefirió no comentar nada, pero siguió esbozando una sonrisilla
que a la joven no le hacía ninguna gracia. A saber ahora qué se estaría
imaginando.
-¿Cómo le va a Serah?-preguntó él al
cabo de un rato, fregando unos vasos-Hace tiempo que no viene. Desde, ya sabes…
-Está mejor-Lightning suspiró-. Con un
poco de suerte, pronto volverá a dejar de estar activa. Pero ya sabes que en su
caso es mucho más frecuente que se le reactive.
-Sí, lo sé-Noel frunció el ceño-. A
estas alturas, qué me vas a contar.
Desde que eran niños, Noel y Serah
habían sido mejores amigos, casi como hermanos, así que el joven conocía de
sobra el particular don de la pequeña de las hermanas Farron. Y actualmente su
interés amoroso tenía el mismo don o maldición, algo que solía tenerle
constantemente en vilo, además del hecho de que apenas podía verla.
-Mira quién está aquí-dijo de pronto
la voz de Fang; Lightning se volvió, y efectivamente vio a su mejor amiga
entrando a la taberna-. Has venido mucho más pronto de lo habitual en ti.
-Eso le estaba diciendo yo-comentó
Noel sonriendo, y sacó una botella de un licor más fuerte para Fang-. Por lo
visto ese inquilino que tiene en casa le está dando quebraderos de cabeza.
-Oh, ¿en serio? Ya te lo dije, chaval,
que esto prometía.-Fang esbozó una sonrisa pícara, alzando las cejas y dándole
un codazo a Lightning. Ella resopló, irritada.
“Lo que me faltaba por oír”, pensó conteniendo las ganas de darles un
puñetazo a ambos.
-Ya he dicho que no tiene nada que ver
con eso. No me acercaría a ese ser ni a tres metros de distancia.
Fang y Noel intercambiaron una mirada
intrigada.
-¿Ese “ser”? ¿Lo dices de coña, o es
que no es humano?-quiso saber Noel.
-Eso mismo estoy diciendo. Y no sabéis
las ganas que tengo de librarme de él.
-Ah, ¿entonces tenía yo
razón?-intervino Fang-¿No es humano? Esto sí
que promete. Desembucha, encanto.
Lightning no tenía ganas de hablar del
ángel. Había ido a la taberna para desconectar y dejar de pensar en él, pero
parecía que Fang y Noel no eran de la misma opinión.
Y también los conocía lo suficiente
como para saber que no la iban a dejar en paz hasta que se lo contara.
Aunque, quién sabe. Tal vez lograra
convencerles para acabar con el ángel una vez les contara lo que era.
* * *
El tacto de unas manos extrañas sobre
la dolorida piel de su espalda hizo que Hope despertara de su sueño. Abrió los
ojos débilmente y se estremeció, intentando apartarse de quien fuera que
estuviera tocándole.
-Tranquilo-le llegó la tranquilizadora
voz de Serah-. Sólo voy a sanarte las heridas, ¿vale?
Hope se giró entre las sábanas, y vio
allí a Serah, sentada al borde de la cama, con las manos envueltas en el suave
brillo azulado que despedían las manos de Lightning cuando le curaba.
-… ¿Dónde está Lightning?-preguntó el
joven ángel, mirando con esfuerzo a su alrededor. Desde que había recobrado la
consciencia, había sido siempre ella la que le había sanado. Tal vez por eso
había reaccionado de aquella forma con Serah.
-Se ha ido… Volverá para cenar, pero
mientras tanto tengo que cambiarte yo los vendajes y curarte en su lugar-Serah esbozó
una dulce sonrisa-. ¿Es que quieres que lo haga mi hermana?
Hope frunció levemente el ceño. No
sabía si quería o no, pero quizá por la costumbre, se sentía más cómodo cuando
Lightning era quien le curaba.
-Siempre lo hace ella… No me hace
daño. Aunque sé que no quiere curarme.
Serah suspiró.
-No te haré daño, te lo prometo. Sé
que no es lo mismo para ti, pero si te dejo los vendajes puestos se te podrían
infectar las heridas. Lo haré lo más rápido que pueda para no molestarte, ¿te
parece bien?
No parecía que tuviera otra opción.
Hope no dijo nada, pero se incorporó con dificultad para dejar que Serah le
curase, no sin cierta reticencia. Sintió su cuerpo tensarse cuando la joven
rozó de nuevo su espalda con sus dedos al ir a retirarle los vendajes.
-Lo siento… -murmuró Serah, procurando
tocarle lo menos posible-¿Te hago daño?
-No es daño-repuso Hope en voz baja-.
No me gusta que los humanos me toquen.
Ella ladeó la cabeza, mientras
desprendía la primera capa de los gruesos vendajes. A pesar de los días que
habían pasado, todavía estaban manchados de sangre, lo cual significaba que las
heridas de Hope seguían sangrando.
-Supongo que es normal, si no estás
acostumbrado al contacto físico. Debe de ser duro para ti, ahora que estás
atrapado con nosotros…
-Respetáis bastante mi espacio
personal-Hope contuvo un gesto de dolor cuando Serah retiró la siguiente capa
de vendajes, más próxima a sus heridas-. Lo cual es de agradecer… Aun así, me
afectáis.
-¿Que te afectamos? ¿Qué quieres
decir?-Serah lo miró preocupada.
-Percibo la energía que desprenden
todas las entidades-explicó el joven ángel-. Tanto la energía positiva como la
negativa. Mediante este poder, puedo saber cuándo el mundo está en equilibrio o
está amenazado, según las concentraciones de energía… Pero también me afectan a
mí. La energía positiva refuerza mi energía vital, mientras que la negativa la
debilita.
Serah abrió mucho los ojos,
sorprendida. Empezaba a comprender por qué Hope dormía tanto últimamente, y por
qué se estaba quedando tan delgado.
-¿Quieres decir que estamos haciendo
que tu energía vital… se consuma?
-No exactamente-respondió Hope,
respirando hondo-. Es cierto que en vuestro plano vuestra energía conjunta me
afecta más, pero emanáis tanto energía positiva como negativa, lo cual debería
dejarme en un estado neutral. Sin embargo… -el joven hizo una pausa-Cuando esta
energía se proyecta directamente hacia mí, sí tiene consecuencias en mi energía
vital.
No añadió nada más, pero no hizo
falta. Serah entendió inmediatamente qué era lo que estaba dejando a Hope sin
energía, y entornó los ojos con tristeza.
-Es mi hermana, ¿verdad? Estás
captando toda la negatividad que siente hacia ti, y te está drenando la
energía.
Hope no respondió. Estaba de espaldas
a Serah, pero ella no necesitaba verle la cara para saber la respuesta. Sobre
todo porque apenas habría cambiado su expresión.
-Lo siento mucho, Hope-murmuró la
joven, suspirando-. Te ruego que perdones a mi hermana. Ya sé que no tienes la
culpa de ser lo que eres, pero me temo que Lightning no piensa igual…
-No tengo motivos para exigirle
disculpas. Está en su derecho de odiarme, y yo no puedo hacer nada al respecto.
Al fin, Serah retiró la última capa de
vendajes, dejando al aire aquellas dos horribles heridas. Tal y como temía,
seguían sangrando, pero no tan abundantemente como antes. Hope se estremeció al
sentir de nuevo el dolor de su espalda abierta.
-Relájate, te dolerá menos-le dijo
Serah amablemente; el joven respiró hondo y trató de relajar los músculos de su
espalda. El dolor remitió un poco-. Creo que van mejor… Mi hermana es la que
entiende de heridas de este tipo, pero tienen mejor aspecto que antes.
Él optó por no decir nada. No estaba
tan seguro de ello. En el caso de que sus heridas se cerraran, no tenía
garantías de que sus alas volvieran a crecer, más que la ambigua palabra de Bhunivelze.
Y su amo le había dejado tirado en el mundo de los humanos, a su suerte. ¿Tenía
realmente motivos para fiarse de él?
Al instante, su marca de servidumbre
le ardió, haciéndole dar un respingo. Se llevó una mano a la cicatriz que
cubría su ojo izquierdo: un recordatorio de que pese a su castigo y a haber
perdido sus alas, seguía siendo siervo del Altísimo, y no tenía permitido dudar
de él.
-¿Qué te pasa?-preguntó Serah,
preocupada.
-No es nada que deba
preocuparte.-murmuró Hope, y bajó la mano. Serah frunció el ceño, pero no hizo
ningún comentario al respecto: se limitó a seguir curando las heridas del joven
con sus hechizos Cura.
Durante unos minutos, permanecieron en
silencio. Hope trataba de relajar la espalda, sintiéndose con algo más de
energía gracias a la magia curativa de Serah, pero el agotamiento seguía
pesando sobre él.
-Mi hermana no te odia a ti en
concreto-dijo Serah al cabo, suavemente, retirando las manos-. Es lo que representas.
Te considera una amenaza, en muchos sentidos.
-No voy a haceros daño-murmuró Hope-.
No comprendo por qué iba a hacéroslo. Sois humanas, pero no tengo nada contra
vosotras. Me habéis acogido y me habéis salvado.
Serah sonrió con tristeza.
-Es un alivio oírlo… Pero en realidad
no sabes apenas sobre nosotras, Hope… Y seguramente no pensarías lo mismo si
supieras ciertas cosas.
Hope frunció el ceño ligeramente.
¿Ciertas “cosas”? Hubiera preguntado con más interés si hubiera sido cualquier
otra persona, pero él era un ángel y su curiosidad estaba muy limitada.
-Si temes que no piense lo mismo y os
haga daño si me lo cuentas, no entiendo la razón por la cual lo mencionas.
Ella dejó escapar una breve risa,
cogiendo los vendajes que tenía al lado, y empezó a vendar de nuevo la espalda
de Hope.
-Visto así, es absurdo, lo sé… No sé
por qué te lo he dicho. No es que desconfíe de ti, pero tenemos motivos para
tener nuestras reservas contigo.
-Deduzco entonces que estás
tanteándome.
Serah esbozó una media sonrisa.
-Para no saber cómo sienten los
humanos, la verdad es que eres muy agudo.
-No es cuestión de agudeza-replicó
Hope, ladeando la cabeza-. Como ya te he dicho, puedo sentir la energía que
desprenden los seres vivos. Percibo cierta negatividad por tu parte. No es
agresiva como la de Lightning, por lo que intuyo que puede ser miedo.
Se hizo un silencio. Serah siguió
vendando la espalda del joven ángel, pero sus manos temblaban apenas.
-No sé si es miedo… Tal vez
recelo-murmuró al cabo de un par de minutos-. No pareces capaz de hacernos
daño, Hope, pero no sé hasta qué punto eres responsable de la tiranía de la
Orden, como todos dicen. Y de su trato hacia los que son como mi hermana, mis
amigos y yo.
Hope no dijo nada, pero las palabras
de Serah le intrigaban. ¿Qué clase de personas serían, que la Orden parecía
tratarles tan mal? Ya había percibido algo en la energía que emanaban las
hermanas, algo que otros humanos carecían. Pero no sabría decir qué era.
“En el caso de Lightning es mucho más
intensa…”, pensó el joven, entornando los ojos.
“Me pregunto si será su aura lo que me
atrae tanto… Pero su negatividad no me permite ahondar en su ella.”
-Ya está-dijo Serah cuando terminó de
vendarle la espalda, sonriente-. Espero no haberte molestado mucho, Hope. Procuraré
que mañana lo haga mi hermana.
-No te preocupes. Te agradezco que me
hayas curado tú-repuso él, reposando la cabeza en la almohada. A pesar de haber
recobrado un poco de energía, seguía sintiéndose agotado en general-. Es sólo
que… me siento más cómodo cuando Lightning lo hace.
Serah lo miró con una chispa extraña
en sus ojos azules. Sonreía de una forma que Hope no terminaba de identificar.
Era como si guardara alguna clase de secreto.
-Pero dices que estar cerca de mi
hermana te drena la fuerza vital, y no puede decirse que te trate precisamente
bien.
-Así es.
-¿Y aun así quieres que sea ella la
que te cure? ¿Por qué?
-… No lo sé-Hope cerró los ojos,
confuso-. Sólo sé que es así. Quizá sea la costumbre.
La sonrisa de Serah se acentuó apenas.
Pero la joven no hizo ningún comentario más al respecto; se levantó de la cama
con los vendajes sucios en las manos y cubrió a Hope con la manta.
-Esta noche vendrá mi prometido y se
quedará unos días con nosotras-le dijo. Hope entreabrió los ojos en un gesto
que Serah identificó como alarma-. Tranquilo, es muy buena gente. Un poco bruto
a veces, pero no te hará nada, te lo prometo. Y además fue él quien te trajo a
casa, aunque tal vez no lo recuerdes.
Él no parecía muy convencido, pero se
limitó a asentir débilmente. No recordaba haber conocido al prometido de Serah,
pero la perspectiva de tener más humanos rondando cerca de él le inquietaba.
Sabía que no era bien recibido, y tener que soportar más energía negativa
aparte de la que Lightning proyectaba contra él no le hacía especial ilusión.
“¿Qué se supone que he hecho para ganarme el
odio de todos estos humanos? ¿Me odian todos ellos, o sólo son las personas
como Lightning y Serah, sean lo que sean?”
No debería, pero la idea le producía
un extraño vacío. Muy leve, por supuesto, pero para un ser que se suponía que
no tenía emociones, totalmente inusitado.
-Ahora descansa tranquilo, Hope-Serah
interrumpió el curso de sus pensamientos-. Te dejaré algo de comida si sigues
dormido cuando cenemos nosotros, por si te despiertas mientras dormimos y
tienes hambre, ¿de acuerdo?
Él volvió a asentir, ya presa del
agotamiento que le invadía siempre que la confusión se adueñaba de él. Tardaría
apenas unos segundos en dormirse, algo que las hermanas Farron ya habían
aprendido a prever.
Cuando Serah salió de la habitación y
cerró la puerta tras ella, esbozó una media sonrisa y se llevó una mano al
corazón. No podía evitar preguntarse si aquel ángel tenía algo que ver con lo
que había visto hacía largos años… y que durante todo aquel tiempo había guiado
a su hermana.
Tal vez, sólo tal vez… Lightning había
errado el camino.
O quizá era eso lo que ella, Serah,
quería creer. Tal vez, Hope representaba una amenaza diferente a la que su
hermana podía imaginar.
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