-Comenzaremos por el principio-dijo
Serah, juntando las manos-. Es una historia complicada, y nosotros tampoco
sabemos exactamente todos los detalles. Lo que te vamos a contar es un
compendio de datos históricos y leyendas, ¿de acuerdo?
Hope asintió en silencio. Se había
incorporado sobre la cama todo lo que las heridas de su espalda le permitían, y
escuchaba atentamente. Los tres lu’Cie habían acordado posponer la conversación
durante una hora para comer y pensar cómo contarle al ángel la historia de cómo
Nova Chrysalia había llegado a ser el dominio de la Orden. Él se había mostrado
de acuerdo, pues también necesitaba tiempo para procesar lo que le habían
contado.
“Los humanos me odian”, había pensado Hope, una y otra vez, mientras
Lightning, Serah y Snow comían en la cocina. “En mi nombre se han cometido injusticias, y yo no lo sabía. Si el
divino deber que el Altísimo me encomendó era velar por las criaturas vivas,
sin duda he fracasado en mi propósito…”
Pero, ¿cómo iba a haberlo sabido? La
esfera mágica del Arca tan sólo le mostraba fugaces imágenes. Cierto, él podía
invocarlas a placer, pero sólo lo había hecho en contadas ocasiones. Había observado
a los humanos luchar entre ellos y causar destrucción, pero no lo había
considerado sino producto de su caótica naturaleza. Él debía proteger la vida,
y nada podía hacer con respecto a los seres que se mataban entre ellos porque
era su decisión, a menos que amenazaran vidas de otras criaturas. Al menos, eso
era lo que había creído.
Pero aquello era totalmente distinto.
Se suponía que la Orden debía seguir los designios de Bhunivelze: cuidar de la
creación. Una cosa era que los humanos luchasen entre ellos por su simple libre
albedrío, pero tergiversar la palabra del Altísimo y valerse de su propia
persona para subyugar al resto de formas de vida… Hope no terminaba de
comprender por qué. Él mismo les había transmitido mensajes de Bhunivelze para
que protegieran la vida de los desastres mágicos o naturales que azotaban con
relativa frecuencia su inestable mundo.
El joven ángel había pasado toda su
existencia observando desde un segundo plano, sin escuchar ni comprender.
Siempre había creído en la paz y el equilibrio, y su negativa opinión de los
humanos se había apoyado en su propia experiencia. Pero ahora que estaba
formando parte de su mundo, estaba comprobando de primera mano que tal vez
aquellos conceptos no fueran más que una quimera.
El vozarrón de Snow interrumpió el
curso de sus pensamientos:
-Bueno, lo más probable es que te
terminemos contando cosas que ya sabrás, si has estado observando nuestro
mundo. Pero como nos dijiste que no escuchabas las palabras, seguro que te
ayudan a entenderlo mejor, ¿cómo lo ves?
-Me parece bien-repuso Hope una vez se
hubo recobrado del sobresalto; la voz de Snow siempre le provocaba algo de
incomodidad-. Os lo agradezco.
Lightning se hallaba apoyada en la
pared, cruzada de brazos y observándolo como un halcón. Hope comprobó que no
empuñaba la espada, pero la tenía desenvainada, cerca de ella. Sintió una
punzada en el pecho: percibía su desconfianza, y aquello le producía una
extraña y desagradable sensación. Desde luego, la suerte no parecía sonreírle,
en absoluto. Lo había perdido todo por conocerla y, pese a sus avances, la
joven parecía emanar sólo negatividad hacia él.
-Supongo que conocerás mejor que nadie
las historias sobre el origen del mundo-comenzó Serah, mirando a Hope casi como
si se disculpase-. Bhunivelze el Altísimo moldeó el Caos Cósmico que le había
dado la vida a él para formar la materia, creando así el universo y los cuerpos
celestes.
-Sí, la conozco-murmuró el ángel-.
Desconozco los detalles y no había oído mencionar nunca el Caos Cósmico, pero en
general conozco la génesis.
-¿Nunca lo habías oído?-Serah pareció
sorprendida brevemente, pero enseguida sonrió-Tampoco podemos decir que sepamos
nosotros lo que es. Suponemos que es una fuerza primigenia y caótica como su
nombre indica, previa a la existencia del todo. Pero ha de ser lo bastante
poderosa como para haber dado vida a un ser como Bhunivelze. De hecho, por lo
visto el Altísimo nunca pudo someterlo a su voluntad plenamente, y ese poder
causaba destrucción sobre las cosas que él creaba.
-Y por esa razón Bhunivelze creó a sus
hijos-prosiguió Lightning-. Paals y Lindzei, a los que tú llamas las Deidades
Gemelas, y a la diosa Etro. Los tres fueron los primeros fal’Cie.
Al escuchar esto, Hope alzó la cabeza
y frunció apenas el ceño.
-¿Fal’Cie?-repitió, cauteloso-¿Los
demonios? ¿Dices que los hijos del Altísimo pertenecen a ellos?
-Ah, ¿no lo sabías? Bueno, no me
sorprende que los llames así, porque lo cierto es que los dioses no les guardan
mucha simpatía-Lightning dejó escapar una irónica risa entre dientes-. Supongo
que Bhunivelze te habrá dicho lo malos que son incontables veces, ¿verdad?
-Una de mis tareas era detectar
actividad fal’Cie en vuestro mundo-respondió Hope, todavía mirándoles con
cierta incredulidad-. El Altísimo los llamaba “demonios”, y decía que eran
malignos y traicioneros. Pero nunca percibí nada relacionado con ellos.
Serah sonrió.
-Eso tiene una explicación. Verás, el
Altísimo les encomendó a Paals y Lindzei que protegieran su creación de la
influencia del Caos Cósmico: Paals daría forma a la materia, y Lindzei debía
protegerla. Por su parte, Etro debía controlar el flujo del Caos Cósmico,
porque Bhunivelze se daba cuenta de que sus creaciones al fin y al cabo se
sustentaban de éste.
-Pero éste no es el único mundo que
existe en la creación del Altísimo-intervino Snow-, así que Paals y Lindzei
crearon sus propios fal’Cie para que hicieran su trabajo en Nova Chrysalia.
También esto cuenta cómo nació nuestra raza, porque se dice que Etro sentía
envidia de sus hermanos y quiso hacer lo mismo, pero le salió mal y los humanos
nacimos de su experimento, vete tú a saber cómo.
Hope escuchaba atentamente. De alguna
forma entendía que los humanos y los fal’Cie no eran tan diferentes. “Podría decirse que son fal’Cie fallidos”,
pensó.
-Todo esto es mitología, de todas
formas-advirtió Serah-, pero sea como fuere, es lo que se ha contado desde que
los humanos hemos recogido información. Digamos que es un contexto para los
hechos históricos posteriores.
-Dices que es mitología-observó Hope,
pensativo-, pero las Deidades Gemelas, los demonios…
-Deja de llamar demonios a los
fal’Cie-le interrumpió Lightning, cortante-. No son santo de nuestra devoción,
pero les debemos mucho.
-… Los fal’Cie-se corrigió el ángel un
poco cohibido-, y los dioses, todos ellos, existen. Eso lo sabéis.
-Por supuesto, hombre. Lo que se
considera mitología son los hechos, no que sean de verdad o no-se echó a reír
Snow-. Son cosas que se dicen, pero lo cierto es que la gente y los fal’Cie se
lo han creído desde que tienen memoria.
-Entiendo-asintió Hope-. De esa forma
se suple aquellas partes de la historia que se desconocen.
-Sí, es precisamente eso-Serah le
sonrió alentadora-. Ahora vamos con lo que es la historia en sí. Lo cierto es
que por aquel entonces, cerca de unos 130000 años, los humanos no estábamos ni
mucho menos tan avanzados como ahora ni éramos tan inteligentes. Así que los
fal’Cie que Paals y Lindzei habían creado y que llevaban largo tiempo viviendo
en el mundo antes de que Etro hiciera su experimento, como ha dicho Snow, nos
veían como defectuosos, y nos esclavizaron.
-Teníamos nuestros pueblos y aldeas,
pero estábamos bajo el dominio de los fal’Cie. Ellos nos gobernaban y nos
hacían trabajar para sus propios propósitos-explicó Lightning-. Pero vieron
potencial en nosotros y pensaron que tal vez podríamos serles útiles en su
tarea de modelar y proteger Nova Chrysalia, y empezaron a tomar siervos
directos. De esa forma surgimos nosotros, los lu’Cie.
-¿Cómo?-quiso saber Hope, intrigado.
-No lo sabemos con certeza, pero
se dice que un fal’Cie de Paals muy poderoso llamado Pandemónium, que tenía
cierto poder sobre el Caos Cósmico, lanzó un hechizo sobre nuestra raza
otorgándonos parte de éste-dijo Serah-. La magia, es decir, el control sobre
las energías, proviene de esta fuerza. Según los relatos, esto causó tanto el
hecho de que los humanos pudieran usarla como el nacimiento de los lu’Cie, que
no dejamos de ser humanos con un poder mágico muy superior y algunas
características aparte.
Hope reflexionó unos segundos sobre
aquello.
-Se podría decir que ese dem… es
decir, ese fal’Cie, os concedió también algo de poder sobre el Caos Cósmico. Y
los lu’Cie están un paso por encima al resto de los demás humanos.
-Sí, supongo que se podría
decir-asintió Serah-. Pero volviendo al tema, a partir del hechizo de
Pandemónium, empezaron a nacer los lu’Cie, niños que tenían la Marca y tenían
un poder mágico sumamente superior a los demás de su raza. Como había tantos
millones de fal’Cie en el mundo, desde los menores hasta los más importantes,
empezaron a tomar sus lu’Cie como siervos. Cada fal’Cie tenía el suyo, y aún
había muchos que no tenían. Y obviamente con el tiempo se reemplazaban, porque
como ya te hemos contado no somos inmortales.
-Esto duró varios milenios, hasta que
los humanos comenzaron a desarrollar su propia cultura y sus propias ideas.
Como es lógico, no coincidían mucho con el gobierno de los fal’Cie, que los
veían como poco más que mano de obra adicional-Lightning hizo un gesto
irónico-. Por aquel entonces los lu’Cie ya no éramos tan esclavos de los
fal’Cie, así que nuestra gente pudo apoyar la rebelión de los humanos.
-Hubo una guerra, entonces.-murmuró
Hope frunciendo el ceño. Nunca le había gustado la idea de la guerra.
-Muy larga, además-puntualizó Snow, y
rió brevemente-. Duró milenios, literalmente. Los fal’Cie eran muy poderosos,
claro. Pero realmente los lu’Cie éramos los únicos que podíamos hacerles
frente, y cuando caíamos había que esperar a que nacieran más, y no somos tan
abundantes. Nacer lu’Cie es una cuestión totalmente aleatoria, no es
hereditario. De hecho, es raro que nazca más de uno en una misma generación,
como les pasa a Serah y la cuñada.
-No soy tu cuñada.
Snow siguió como si no hubiera habido
ninguna interrupción:
-El caso es que durante mucho tiempo
los fal’Cie y los humanos nos enfrentamos los unos a los otros, y hay que
admitir que por muy heroico que hoy en día se haga aparentar nuestra libertad
lo cierto es que los fal’Cie iban ganando. Pero eso cambió cuando Paals y
Lindzei vieron la que se había montado y pensaron que el Caos Cósmico se había
apoderado de nosotros y que para solucionar el problema lo mejor sería destruir
el mundo y empezar desde cero.
Hope ladeó la cabeza.
-Pero no lo hicieron.
-No será porque no lo
intentaron-resopló Lightning-. Pero por eso estamos en deuda con los fal’Cie,
aunque nos fastidie. Cuando se enteraron del plan de sus progenitores, la
mayoría se indignó tanto o más como nosotros. Afirmaban que ellos habían dado
forma a Nova Chrysalia y lo habían protegido durante el tiempo que sus amos les
habían abandonado, y que tenían mucho más derecho a decidir el destino del
mundo que ellos. Una buena parte decidió rebelarse, y por suerte para nosotros
en ese grupo había varios fal’Cie muy poderosos.
-Se forjó una alianza que nunca
pensamos que sucedería-relató Serah, sonriendo-. Se reunieron el anciano rey de
Luxerion, que por aquel entonces era un pueblo rebelde, y su hija, que era una
lu’Cie y lideraba a los nuestros, con los dos fal’Cie rebeldes más poderosos de
cada casa: Fenrir, de la Casa de Paals, y Fénix, de la Casa de Lindzei. Y se
hizo un pacto entre ambos bandos para luchar contra las Deidades Gemelas y los
fal’Cie que les apoyaban.
-Se unieron contra un enemigo
común-reflexionó Hope, sorprendido-. ¿Cuál fue el acuerdo?
-Los humanos serían libres y
decidirían su propio destino-respondió Lightning-, y los fal’Cie velarían por
ellos sin intervenir si accedían a ayudarles en la conservación del que
consideraban su mundo. Los lu’Cie también quedábamos fuera de la servidumbre,
cosa que realmente a los fal’Cie ya les daba igual, ya que hacía tiempo que
tenían sus ángeles.
Ante aquella revelación, Hope casi se
irguió como un resorte, lo cual le provocó un agudo dolor en la espalda a causa
del brusco movimiento. Reprimió un grito y se obligó a relajar su cuerpo, algo
que le costó debido a la reacción que se había producido en su interior,
mientras los tres lu’Cie lo miraron extrañados.
-… ¿Ángeles?-repitió Hope, tratando de
recobrar el aliento-¿Has dicho ángeles?
-Sí, por supuesto-Lightning alzó las
cejas-. No me digas que de verdad no sabías que no eres el único. En la última
conversación que tuvimos me pareció entender que sí.
-Sé el concepto general en lo que me
concierne a mí. Pero nunca he tenido conocimiento de la existencia de otros
ángeles.-el joven ángel sacudió la cabeza, con los ojos muy abiertos. “Si lo que dicen es cierto, no estoy solo.
Hay más como yo.”
-Es comprensible, Hope-terció Serah
amablemente-. Es casi mitología, al fin y al cabo. Los escritos de la época
nunca se aclaran sobre si los ángeles eran en realidad fal’Cie en forma humana
con alas, o si eran una especie independiente. Aunque habiéndote conocido, podríamos
considerar versión oficial la última opción, porque tú no eres ningún fal’Cie.
Pero lo que sí se dice en los registros históricos que los consideraban otra
especie es que fueron creados por los fal’Cie. No especifica mucho más, pero
supongo que coincide contigo.
-Así es-asintió Hope en voz baja-. Yo
soy creación del Altísimo.
Lightning dejó escapar un resoplido.
El ángel captó su desdén, y una vez más, aquella dolorosa punzada en el pecho.
-No es que queramos decepcionarte,
tío-intervino Snow rascándose la nuca-, pero el caso es que hace milenios que
los ángeles desaparecieron de Nova Chrysalia. Nadie sabe por qué, si es que la
palmaron o simplemente se escondieron. Seguro que por eso es por lo que nunca
los has visto.
Hope bajó la mirada. No quería hacerse
expectativas, pero la simple idea de que no fuera el único de su especie le
abría las puertas en el caso de que Bhunivelze no tuviera intención de llevarle
de vuelta al Arca.
-Los ángeles eran siervos de los
fal’Cie, por lo que decís.-dijo, tratando de reconducir la historia para no
pensar mucho más en ello.
-Sí, y mucho más poderosos que los
lu’Cie, así que por eso ya no nos tenían en tanta estima y bajo tanto
control-dijo Lightning-. Fue su aparición lo que nos permitió rebelarnos, y
luego durante la guerra contra las Deidades Gemelas nos ayudaron y actuaron de
mediadores entre humanos y fal’Cie en nuestro bando. Hubo algunos que incluso
abandonaron a sus fal’Cie que luchaban contra nosotros para unirse a nosotros.
Durante mucho tiempo, hasta que la Orden subió al poder, los ángeles eran
considerados héroes.
-Luchar contra Paals y Lindzei y los
fal’Cie que estaban de su lado no era una situación ventajosa para
nosotros-explicó Serah, y suspiró-. Así que los fal’Cie tuvieron una idea para
que al menos los humanos y los lu’Cie saliéramos lo menos perjudicados.
Decidieron transferir todo su poder a los dos fal’Cie que los lideraban y que
se sacrificarían para derrotar a las Deidades Gemelas y a los otros fal’Cie de
una sola vez, y sólo uno de ellos permanecería activo como representante de su
raza. Fenrir y Fénix desafiaron en campo abierto a Paals y Lindzei, y entonces
se fusionaron para golpearles con todo su poder y el que los demás fal’Cie les
transfirieron.
-Fue una catástrofe, la verdad-Snow
rió sin ganas-. Imagínate que un planeta entero chocase contra otro, pues eso
fue más o menos lo que pasó. La explosión borró nuestra luna del mapa, hundió
prácticamente toda la tierra en el mar y alteró para siempre la estabilidad de
Nova Chrysalia. Fenrir y Fénix fueron destruidos, pero lograron derrotar a
Paals y Lindzei y sellarlos en otra dimensión. Y todos los fal’Cie salvo
Pandemónium, que es el único que queda activo, se cristalizaron tras haber
agotado todo su poder.
La sorpresa hizo que el rostro de Hope
se ensombreciera brevemente. Empezaba a entender por qué había tantos
desequilibrios en el mundo. Algo capaz de desterrar a las Deidades Gemelas
perfectamente podría destruir la armonía del espacio-tiempo para siempre.
-La cuestión es que ése fue el
comienzo de una nueva era para la humanidad. El rey de Luxerion había fallecido
durante la guerra, así que su hija, la reina Leonora, tomó la corona. Se
convirtió en la reina de los humanos y los lu’Cie por igual, y con ella se
inauguró la Dinastía del Astro Naciente-en los ojos de Lightning se apreciaba
un brillo extraño, casi nostálgico-. Fue la época de la edad dorada de humanos
y lu’Cie. Pandemónium hizo honor al pacto que Fenrir y Fénix forjaron con
Leonora y su padre, y veló por el mundo ayudando a la reconstrucción gracias a
su poder sobre el Caos Cósmico.
-La Dinastía del Astro Naciente
siempre abogó por la independencia de los humanos y lu’Cie, así que nos
protegía de sectas que predicaban la servidumbre a los dioses-prosiguió Snow-.
La Orden de la Salvación, que ahora gobierna Nova Chrysalia, era la más
prominente de todas ellas, pero los reyes y reinas del Astro Naciente se
enfrentaron a ellos sin ceder terreno por el bien de toda la humanidad.
-Pero ahora son ellos los que os
gobiernan-observó Hope, extrañado-. Si vuestros reyes lucharon contra ellos,
¿por qué la Orden reina ahora?
Los tres lu’Cie se miraron entre
ellos. Hope percibió su frustración, su rabia contenida, y en el caso de
Lightning, dolor y odio.
-La Orden tomó el poder cuando la
Dinastía y su último miembro desaparecieron, hace 3131 años-repuso Serah con
tristeza-. Desde entonces se dedicaron a destruir todo documento acerca de los Astro
Naciente y la edad dorada, y a perseguir a los lu’Cie, que desde siempre fueron
los protegidos de la Dinastía y sus más apreciados guerreros, e imponer el
culto al Altísimo. En su nombre y en el tuyo, Hope, llevan todo ese tiempo
justificando sus crímenes.
-Espera-Hope ladeó la cabeza-. Has
dicho que hace 3131 años que la Orden tomó el poder. ¿Llevan usando mi nombre
desde entonces?
Serah frunció el ceño, sorprendida por
la pregunta. Lightning y Snow miraron a Hope inquisitivamente.
-Eso no lo sé… ¿Por qué lo preguntas?
-Porque sería imposible-respondió el
joven ángel llanamente-. Yo no existía hace 3131 años. Mis primeros recuerdos
datan de pocos siglos después de que la Orden subiera al poder.
Aquél fue el momento en el que a
Lightning, Serah y Snow les tocó quedarse sin palabras. Los tres, pálidos, se
quedaron mirándolo fijamente, con la boca abierta.
-Me tomas el pelo, ¿no?-Snow no se lo
podía creer-¿Quieres decir que todo lo que te hemos contado… no lo sabías?
-Eso es lo que quiero decir. Deduzco
que mi creación data de siglos después de que la Orden os gobernara, porque
desde siempre los recuerdo gobernando toda Nova Chrysalia. Pero todo lo que me
habéis contado es nuevo para mí.-Hope frunció el ceño.
-Entonces… -Serah estaba blanca como
el papel, con los ojos clavados en él-La creación del mundo, las guerras, la
edad dorada, la fundación de la Orden… ¿nunca viste nada de ello?
-Nunca. Yo sólo sabía lo que debía
saber, Serah.
Un repentino movimiento captó la
atención de Hope. Cuando giró la cabeza, el joven ángel se percató de que
Lightning se había acercado a él, sumamente pálida, con los ojos fijos en él y
cargados de rabia, estupefacción, indignación y sobre todo, aquel profundo
dolor y añoranza que había percibido cuando se había mencionado la Dinastía del
Astro Naciente.
-Tú… -empezó la joven, su voz cortante
y amenazadora, pero también rota-Tú… Quieres decir que Bhunivelze… ese desgraciado
engreído… ¿nunca consideró importante mencionarle a su siervo… la existencia
del más grande de sus enemigos? ¿Que jamás te habló del rey Mikhail?
Hope, que instintivamente había ido
retrocediendo lo que su posición en la cama y sus heridas le permitían a medida
que Lightning se había acercado, ladeó la cabeza, sin comprender.
-¿El rey Mikhail?-repitió, mirándola
con aquellos ojos que parecían más grandes siempre que el ángel no entendía qué
ocurría.
Lightning se detuvo. Hope podía
apreciar la avalancha de sentimientos que el simple nombre producía en el
interior de la joven, y se sintió abrumado por aquel torrente de nostalgia y
dolor que la inundaba y que él captaba. La vio temblar de rabia, sus ojos
azules echaban chispas, pero al mismo tiempo el ángel vio que estaban
ligeramente llorosos. Vio que su mano derecha se cerraba en un puño, y comprendió
lo que Lightning estaba a punto de hacer cuando la alzó contra él. Cerró los
ojos instintivamente y se preparó para el golpe.
-¡Lightning!-oyó gritar a Serah; Hope
se atrevió a abrir un ojo, y vio que tanto ella como Snow estaban reteniendo su
brazo alzado-¡Basta! ¡Déjalo en paz!
-¡Vamos, cuñada! ¡No te lo tomes tan a
pecho!
Lightning forcejeó y se soltó de
ambos, respirando entrecortadamente. Le lanzó una mirada asesina a Hope, pero
el ángel no sintió odio contra él. Era indignación, rabia y sobre todo, dolor.
-El rey Mikhail… olvidado por todos.
Incluso por ese miserable de Bhunivelze… y su siervo ni siquiera sabe que
existe-sacudió la cabeza, y les dio la espalda mientras echaba a andar hacia la
puerta de la habitación-. Pero yo… no pienso permitir que esto siga así.
-Light… -Hope empezó a decir, tal vez
para disculparse, pero llegó demasiado tarde: la joven ya había salido de la
habitación y había cerrado con un fuerte portazo. El joven ángel se encogió
sobre sí mismo por el fuerte sonido.
Serah y Snow, a su lado, compartieron
una mirada. Hope tenía los ojos fijos en la puerta, sin comprender qué era lo
que había hecho mal.
-Lo siento, tío. No te lo tomes como
algo personal-Snow le puso una mano en el hombro al percatarse de su expresión;
Hope torció apenas el gesto por el contacto físico-. La cuñada siempre se pone
así cuando habla de estas cosas.
-Siente tanto dolor-el ángel entornó
los ojos, afectado, y se llevo una mano al pecho-. Nunca la había visto así.
Ella es fuerte. ¿Por qué?
Serah esbozó una triste sonrisa, y
desvió la mirada con un suspiro de resignación.
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