jueves, 17 de septiembre de 2015

XIII. Corazón

Durante casi tres días, Lightning no apareció por casa tras aquella conversación. Serah tuvo que encargarse de cambiar los vendajes y curar las heridas de Hope, que apenas pronunciaba palabra después de que la joven se hubiera marchado abruptamente tras haber intentado darle un puñetazo. No dejaba de mirar la puerta de la habitación, con aquella chispa en sus ojos que Serah ya sabía que era preocupación, y también culpabilidad, y se sobresaltaba cada vez que alguien entraba.

-No es culpa tuya, Hope-le dijo Serah por enésima vez la mañana del segundo día, mientras le curaba-. No te atormentes. Mi hermana sabe que no puede culparte.

-Pero se ha ido-murmuró él-. Y no viene.

-Volverá-le aseguró Serah con una sonrisa tranquilizadora-. No es la primera vez que lo hace. Seguramente haya ido a algún lugar para desahogarse en paz.

Hope la miró de reojo. Percibía claramente que la pequeña de las hermanas Farron no estaba siendo totalmente sincera.

-Estás preocupada por ella.

Serah suspiró.

-Claro que lo estoy. Pero Lightning no es ninguna niña, y sabe cuidarse sola. Tengo que pensar en que está bien… físicamente, al menos. Porque emocionalmente… bueno, no estoy tan segura.

Hope entornó los ojos y se llevó una mano al pecho, respirando hondo. Todavía recordaba con claridad el dolor que había percibido en el corazón de Lightning al mencionar el nombre de aquel rey.

-¿Por qué? ¿Por qué Light sufre tanto? No me gusta que sufra.

-A mí tampoco, Hope-dijo Serah, sonriendo con tristeza a causa de la inocencia con la que el joven ángel había dicho aquello-, pero no es algo que ni tú ni yo podamos solucionar. Ella es quien debe hacerlo.

Él frunció el ceño, sin duda preguntándose por qué.

-No lo entiendo.

-Ella te lo podría explicar mejor que yo-repuso Serah, vendándole de nuevo la espalda; sus heridas habían mejorado, pero aún sangraban después de un mes, lo cual hacía muy evidente que tardarían mucho en curar-. Además, es un asunto personal que no debería contarte sin su consentimiento.

Hope no había querido comentar nada al respecto, pero no creía que Lightning fuera a explicarle nada. Lo más probable era que, cuando regresara a casa, le terminara de pegar el puñetazo que no había podido antes.

“Sin embargo, cuando me miró…”, pensó el ángel, recordando el momento en el que sus miradas se habían cruzado cuando Lightning se soltó de Serah y Snow. “No había odio en su interior cuando intentó pegarme. Era como si sintiera tanta rabia y frustración que tuviera que descargarla contra lo más cercano que tuviera en ese instante…”

Y todo aquel dolor, aquella nostalgia… Hope no entendía mucho sobre emociones humanas y tampoco sabía demasiado acerca del pasado de Lightning, pero sospechaba que tenía que ver con algo que ella apreciaba sobremanera y que había perdido, y que llevaba largo tiempo sufriendo.

Una vez Serah se hubo marchado de la habitación, cerrando las cortinas para que la luz del sol no le molestara, Hope reclinó la cabeza sobre la almohada y dejó escapar un leve suspiro, mirando al techo.

“Tal vez hubiera debido dejar que me pegara. No será porque no me lo merezco.”

* * *

Lightning sacudió la cabeza brevemente antes de cruzar el umbral de su casa la noche del segundo día. No tenía muchas ganas de dar explicaciones a nadie, aunque sabía que Serah se las exigiría y lo cierto era que tenía motivos. Sin dudas la habría preocupado, pero no había podido evitarlo. Había necesitado todas aquellas horas para pensar en todo lo que había descubierto… y reafirmarse en su determinación.

“Hacía tiempo que no estaba a punto de perder el control de esa forma”, pensó la joven cerrando con cuidado la puerta tras de sí para no hacer ruido, por si acaso su hermana y Snow estuvieran durmiendo. “Si sigo así, mi Marca se activará, y no puedo permitirlo.”

Atravesó el pasillo, caminando lo más cuidadosamente posible. Se dirigió hacia la cocina, donde descubrió los restos de la cena: por lo visto Serah y Snow ya habían cenado. Pero ella no tenía mucha hambre, así que se limitó a abrir el frigorífico y sacar una botella de agua fresca. Bebió largos tragos, sedienta, hasta que dejó la botella medio vacía.

-¡Lightning!-escuchó decir a su espalda, sobresaltándola. La joven se volvió y descubrió allí a Serah, vestida con su camisón y los ojos un poco adormilados, pero con semblante profundamente aliviado-¡Por fin has vuelto!

-Serah… -empezó ella, sintiéndose culpable por la preocupación que le hubiera podido causar a su hermana, pero Serah alzó una mano, conciliadora.

-No hace falta que me expliques nada, ya sé por qué te fuiste. Pero me has tenido preocupada… ¿Dónde has estado?

-En la taberna de Noel-dijo ella, más tranquila al no tener que dar explicaciones-. Me dejó quedarme allí y no me hizo muchas preguntas, ya sabes cómo es. Quien sí hizo preguntas fue Fang. No me dejó en paz hasta contarles qué era lo que había pasado.

-¿Y se lo contaste?-Serah frunció el ceño-¿Todo lo que Hope nos ha dicho?

-No tuve más opción. A Fang no hay quien se la quite de encima cuando se le mete algo en la cabeza-resopló Lightning-. De todas formas, me ayudó a desahogarme un poco.

-Eso es bueno. ¿Y qué opinan ellos?

Lightning desvió la mirada.

-Que mientras Hope nos ayude hay que aprovecharlo. Y que siempre estamos a tiempo de matarlo si nos traiciona.

-Haré como que no he oído eso último-Serah hizo un gesto de desagrado, y cambió de tema:-. Ha estado preocupado por ti. Deberías ir a verle para que se quede tranquilo, y de paso disculparte.

La joven entornó los ojos, como debatiéndose consigo misma, pero al final suspiró:

-Ya lo sé. Aunque me fastidie, no tiene la culpa de esto. Bhunivelze es el responsable, como siempre.

-Me alegro de ver de que por una vez eres razonable con él-dijo Serah, un poco socarrona, pero sonriendo amablemente-. Anda, ve. Yo me vuelvo a la cama.

-Vale. Buenas noches, Serah… -Lightning se detuvo, y sonrió un poco-Y gracias.

Su hermana le devolvió la sonrisa y la abrazó brevemente antes de salir de la cocina:

-No hay de qué, Lightning. Y buenas noches a ti también.

Lightning se quedó un poco más en la cocina, sin saber muy bien qué hacer. Era cierto que no había estado nada bien intentar haberle pegado un puñetazo a Hope, pero después de haber deseado propinárselo durante más de un mes le resultaba muy difícil la idea de disculparse por ello.

Claro que, si lo pensaba bien… La mayoría de los motivos por los que había querido pegarle habían resultado no ser obra suya, si Hope estaba diciendo la verdad. Y en realidad, quien en aquella ocasión se había ganado el puñetazo era Bhunivelze, y no el pobre ángel.

Y además necesitaba su ayuda en la cuestión que llevaba tanto tiempo persiguiendo. Y lo único que se le ocurría era intentar pegarle. “Qué lista eres, Lightning”, se reprendió a sí misma.

Suspiró, subiendo las escaleras que llevaban a la parte del piso superior donde se hallaban los dormitorios. Procurando no hacer ruido para no despertar a Snow y a Serah en el caso de que ya se hubiera dormido, se dirigió a su cuarto. Vaciló un instante antes de abrir la puerta, pero apartó sus reticencias de su mente y asomó la cabeza con cautela al interior de la habitación.

Como siempre, Hope estaba tendido en su cama, pero a aquellas horas lo inusual era verlo despierto. Estaba boca arriba, pero con la cabeza ladeada sobre la almohada, mirando sin ver la luz de la luna que se colaba por la ventana con expresión ligeramente sombría. Tenía los ojos entornados y parecía pensativo, o tal vez preocupado.

-Hope.-llamó ella en voz baja una vez se hubo convencido de que tenía que ser sincera con él. El joven ángel se sobresaltó, incorporándose sobre la cama y ahogando un grito de dolor cuando las heridas de su espalda protestaron por el movimiento.

-¡Light! … -su voz sonó un poco más enérgica de lo habitual, algo que sorprendió a Lightning porque su tono solía ser extremadamente sereno, casi monótono-Has vuelto…

-Sí-Lightning se decidió a entrar, cerrando con cuidado la puerta tras ella, y se acercó a la cama; se dio cuenta de que Hope se encogía sobre sí mismo a cada paso que daba, y meneó la cabeza al comprender que sin duda estaba temiendo recibir el puñetazo que no había conseguido darle antes-. Deja de hacer eso. No te voy a pegar, así que tranquilízate.

Hope la miró con curiosidad y cierta incredulidad. Aunque a Lightning no le gustaba precisamente el ángel, se percataba de que Hope le tenía demasiado respeto, si no directamente miedo. Sabía que el hecho de que sus enemigos le tuvieran miedo les había salvado la vida en más de una ocasión, pero a aquellas alturas no tenía tan claro que Hope fuera un enemigo.

-Estás mejor-murmuró el ángel; era una afirmación, no una pregunta-. No del todo, pero mejor. Eso está bien.

-Los lu’Cie debemos aprender a controlar nuestras emociones-explicó Lightning sin saber muy bien qué responder a sus palabras, sentándose al borde de la cama-, porque dependemos de eso para que nuestra Marca no se active. Pero el otro día yo estuve a punto de perder el control. Hacía mucho tiempo que no me pasaba… Creía que lo había dominado.

-Lo percibí-repuso Hope con cautela-. No sabía que hacía tiempo que no te ocurría, pero sí sentí lo que tú sentiste en ese momento.

Lightning lo miró. Hope parecía afectado, y no le resultó difícil entender por qué. Si bien implicaba que el ángel era capaz de averiguar mejor que nadie los sentimientos que tanto quería ocultar. Dolor, amargura, nostalgia… Todo aquello la hacía parecer débil, y la joven no se lo podía permitir. Pero no servía de nada escondérselos a Hope, aunque él no los identificara bien, lo cual en cierto modo era un alivio.

-Supongo que te debo una disculpa-suspiró, desviando la mirada-. No sólo porque hayas tenido que soportar un dolor que no es el tuyo, sino por haber querido pegarte. En el fondo fue una estupidez, y tú no tienes la culpa de esto. No era a ti a quien quería darle el puñetazo, sólo quería… no sé, tal vez dar rienda suelta a mi rabia contra lo primero que tuviera a mano.

-O tal vez algo que te recordase al Altísimo-sugirió Hope en voz baja. Ella, sorprendida, se volvió hacia él-. Maldijiste su nombre. Lo culpaste. Yo era lo más cercano a él que tenías.

Lightning meditó sobre sus palabras. Quizá Hope tuviera razón… y no sólo con el puñetazo, sino con todo lo demás. Claro que al principio ella no había podido saberlo, pero aun siendo el caso, Hope no dejaba de ser siervo de Bhunivelze; si la tiranía de la Orden hubiese sido ordenada por él, el ángel no habría sido sino su canal, no el emisor. No sentía simpatía por él porque seguía pensando que podría haber hecho algo y el que no lo hubiera hecho lo convertía en el ser sin voluntad que despreciaba, pero también era cierto que Hope llevaba mucho tiempo sufriendo el odio no sólo de ella, sino el de mucha gente, sin ser el responsable directo de todas las cosas de las que se le acusaba.

-Puede ser-se limitó a responder, sin muchas ganas de darle la razón-. De todas formas, admito que no estuvo bien-hizo una pausa, reticente, pero al final se obligó a decir:-. … Lo siento.

Hope entornó los ojos y la miró ladeando la cabeza. Lightning suspiró al comprender que el ángel no terminaba de creerse que lo sintiera de verdad y estaba intentando sondear su aura.

-¿Quieres parar de hacer eso? Te estoy pidiendo disculpas de verdad, idiota.

-Perdón-Hope apartó la mirada rápidamente-. Es que no me esperaba que te disculparas. Aunque para mí no hay nada que disculpar.

Esta vez le tocó a Lightning sorprenderse. Sabiendo que Hope no podía mentir, aquella frase significaba mucho más. Y desde luego, siendo objetiva, estaba segura de que el ángel tenía más de un motivo para sentirse ofendido.

-¿Ah, no? He intentado pegarte un puñetazo, ¿y tú dices que no tienes que disculpar nada?

-Eso he dicho-Hope volvió a mirarla fijamente, de aquella forma que a la joven la ponía nerviosa-. Te enfadaste porque yo no reconocí un nombre que significaba mucho para ti. Técnicamente, la culpa es mía.

“¿Se puede saber qué lógica es ésa?”, se preguntó una atónita Lightning sin dar crédito a lo que oía. ¿De verdad Hope se estaba echando la culpa por aquella situación? No pudo evitar plantearse si no le estarían creando un excesivo complejo de culpabilidad entre todas las cosas que le habían contado.

Sacudió la cabeza y frunció el ceño, mirándolo severa:

-En todo caso el culpable sería Bhunivelze por no contártelo. Si tú naciste siglos después de la caída del rey Mikhail, no podrías saberlo si él no te lo decía.

Hope se quedó pensativo.

-Fui creado con el conocimiento de determinadas cosas. Pero al fin y al cabo lo que sé fue decisión del Altísimo. Lo que sé sobre cosas que no he presenciado es en su totalidad lo que él consideró que debía saber.

-Ya nos lo contaste. Y el rey Mikhail no era una de esas cosas-Lightning cerró un puño, rabiosa de nuevo; Hope retrocedió un poco al percatarse-. Te he dicho que no te voy a pegar, Hope. Para ya.

El joven ángel la miró no muy convencido. Tras unos momentos, Lightning pareció relajarse, pero él podía sentir una vez más aquel dolor, la frustración y la añoranza en su corazón. Eran energías confusas que él no había sino comenzado a descifrar, pero eran tan intensas que no tenía dudas acerca de lo que eran. Y siempre aparecían cuando aquel nombre era mencionado.

-Sufres por ese rey-dijo en voz baja; ella se volvió hacia él, con una chispa fiera en sus ojos-. Mikhail es su nombre, ¿verdad?

Lightning tardó en responder. Su expresión era desafiante y fría, pero Hope le sostuvo la mirada en espera inocente de la respuesta. Y es que el ángel sentía perfectamente que la joven se estaba debatiendo entre responderle o no.

Finalmente, se impuso su debilidad. Lightning hundió los hombros y bajó la cabeza, exhalando un suspiro teñido de tristeza. Hope captó aquella tristeza con cristalina claridad, y se llevó brevemente la mano al pecho vendado: por un momento le había dejado sin respiración.

-Sí.-susurró la joven, con la voz ligeramente temblorosa.

-¿Él es el culpable de tu dolor?-quiso saber Hope; de no ser porque le parecía imposible, a Lightning le pareció captar un levísimo matiz de dureza en su habitualmente tono sereno-¿Te ha hecho daño?

-No, no en el sentido que piensas-Lightning negó con la cabeza, temiendo que Hope se hiciera la idea equivocada-. Es una historia muy… complicada.

Hope ladeó la cabeza, dubitativo, pero la miraba con aquel brillo de curiosidad en sus ojos claros, que a la luz de la luna parecían aún más brillantes.

-No tienes por qué contármelo si no quieres.

Ella vaciló.

-En realidad lo justo sería que te lo contara, sabes… Porque tiene algo que ver contigo.

-¿Conmigo?-el ángel parpadeó-Pero yo no sé nada sobre el rey Mikhail.

Lightning volvió a dudar. Nunca antes le había contado aquella historia a nadie; lo que sus amigos sabían era la parte que le concernía a ella. Ellos ya sabían de sobra las pocas leyendas que quedaban intactas sobre el rey que simbolizaba su causa. Pero de alguna forma, sentía que lo correcto era contárselo a Hope.

-Verás… -la joven tomó aire, pensando la mejor manera de resumírselo-Como supongo que dedujiste de nuestra conversación, Mikhail fue el último de los miembros de la Dinastía del Astro Naciente. Fue el que subió al trono más joven, y sin duda el más querido por su pueblo. Era un gran sabio, y luchó implacablemente contra todo aquel que tratara de someter a su gente al yugo de los dioses. Su reinado se recuerda entre los que aún conocen su nombre como la época más dorada de la humanidad.

-Pero murió.-observó Hope. Ella hizo un gesto de dolor, pero negó con la cabeza.

-En realidad no lo sabemos. Ningún documento registra su muerte, siempre lo hemos considerado como desaparecido.

-Pero vivió hace 3131 años según me contasteis. Los humanos no vivís tanto.

-Él era un lu’Cie, como nosotros-replicó Lightning-. El primero que nacía en la Dinastía desde su antepasada, quien la inauguró, así que por primera vez en muchos siglos los Astro Naciente volvían a ser reyes de humanos y lu’Cie. Y el tiempo no es precisamente algo letal para los lu’Cie. Lo cual deja sólo tres opciones. Estoy segura de que las recuerdas.

Hope trató de recordar la conversación en la que ella, Snow y Serah le habían hablado sobre los Eternos.

-O bien os cristalizáis, o bien os convertís en Cie’th.

-O eso, o morimos a causa de alguna enfermedad… o asesinados-Lightning sacudió la cabeza-. No existe ninguna información sobre que Mikhail estuviera enfermo, así que esa hipótesis siempre la descartamos. Perfectamente podría seguir vivo en algún lugar del mundo, pero también podría haberse convertido en cristal o en Cie’th… o haber sido asesinado por la Orden.

Había verdadera rabia en su voz. Hope nunca había visto a la habitualmente estoica Lightning con las emociones tan a flor de piel.

-Nuestro grupo tiene como objetivo traer de vuelta al legítimo rey de Nova Chrysalia para derrocar a la Orden-siguió contando Lightning-. Mi hermana y yo, Snow, varios amigos y algunos agentes en diferentes partes del continente… todos somos parte de este grupo. Llevamos mucho tiempo enfrentándonos en las sombras a la Orden y vigilando la prisión donde habita Pandemónium, el último fal’Cie, para que no caiga en sus garras. Pero la realidad es que no somos nada contra las fuerzas de la Orden. Necesitamos encontrar la forma de traer de vuelta a Mikhail… Él es nuestra única verdadera oportunidad para devolver la libertad a Nova Chrysalia tanto a humanos como a lu’Cie.

Sus palabras eran firmes, pero su voz no lo era tanto. En las últimas palabras se había quebrado ligeramente, y las emociones que Hope percibía en su aura se habían hecho más confusas, el dolor predominando, como últimamente parecía sentir Lightning constantemente.

Frunció levemente el ceño, con los labios apenas separados, como si quisiera decir algo y no supiera cómo. Lo cual no dejaba de ser cierto, porque lo que Hope empezaba a intuir era algo que de no haber sido por su convivencia –todavía breve– entre humanos, en concreto y en los últimos días, por la presencia de Snow.

Pero la idea de Lightning experimentando aquello… El ángel sintió una extraña punzada en el pecho que creía haber sentido en alguna otra ocasión.

-No es la única razón por la cual quieres traer de vuelta a Mikhail-murmuró-. ¿Verdad?

Lightning alzó la mirada hacia él, atónita. La aguda vista de Hope alcanzó a distinguir, con sorpresa, un leve rubor en las mejillas de la joven. “Los humanos se ponen rojos cuando sienten vergüenza”, pensó el ángel, mirándola con curiosidad. “O cuando tienen calor. Pero ahora no hace calor.”

-¿Cómo…?-empezó ella, casi entrecortadamente-¿Qué estás…?

Los ojos de Hope parecían clavarse directamente en su alma y leerla como un libro abierto.

-Lo amas, ¿verdad?-preguntó el ángel en aquel tono tan cauteloso-A Mikhail, quiero decir.

La joven se había quedado sin habla, su sonrojo acentuándose. Era inaudito que Hope hubiera llegado tan al fondo de su corazón sin siquiera comprender lo que los sentimientos eran. Y mucho menos algo como eso. Algo que los demás habían tardado años en deducir.

-Tú… tú… -Lightning trató de articular sin éxito palabras con sentido, hasta que consiguió espetar:-… ¿Tú qué sabes? Tú no… ¡tú no tienes ni idea de lo que es eso!

-Tienes razón-concedió Hope ladeando la cabeza suavemente-. Las emociones humanas no son algo que sepa identificar con facilidad. Pero sé que el amor es la más confusa de todas ellas. Y tu aura emana mucha confusión cuando mencionas a Mikhail. Y mucha rabia porque la Orden te lo ha arrebatado.

Lightning seguía mirándolo sin hallar las palabras. Una vez más, Hope sentía que se debatía entre dos opciones radicalmente opuestas entre ellas. Pero el ángel aguardó en silencio una vez más, sin presionarla, simplemente esperando que se decantara por una opción.

Y de nuevo, la joven desvió la mirada, con aquella apariencia derrotada que tan poco le gustaba a Hope ver en ella, una humana que consideraba fuerte e implacable.

-Tch… -Lightning esbozó una amarga media sonrisa-Mucha gente no consideraría amor lo que siento. ¿Crees que se puede amar lo que nunca se ha tenido?

-¿Qué quieres decir?-Hope parecía sorprendido.

-Yo no conozco a Mikhail. Nunca lo he conocido en persona-un suspiro escapó de los labios de Lightning-. Soy igual que el resto del mundo en ese sentido. Ni siquiera sé cómo es.

-¿De verdad?-Hope ladeó la cabeza, intrigado-Por la forma en la que hablabas de él creía que le conocías. Eres una Eterna.

-Sí, igual que tú, de diferente manera-repuso Lightning con una breve risa desganada-. Yo también nací mucho tiempo después de que el rey Mikhail desapareciera, hace 213 años concretamente. Y todos aquellos que lo conocían murieron con el tiempo o fueron asesinados por la Orden. Al ser su mayor enemigo, llevan tantos siglos tratando de eliminar su recuerdo que tampoco ellos guardan registros sobre él. La idea era borrar su recuerdo, sabes. Lo poco que sabemos del último Astro Naciente es lo que logramos conservar en un lugar secreto aquí, en Luxerion.

-Entonces, si no le conoces, ¿por qué lo amas?-quiso saber Hope, mirándola con curiosidad. Ella le devolvió una mirada triste.

-Por mi hermana. Ya sabes que es una Oráculo-respondió-. En una de sus primeras profecías vio que él y yo nos encontraríamos. Que salvaríamos Nova Chrysalia… juntos.

El ángel ladeó la cabeza.

-¿Tanto confías en esa profecía como para amar a un hombre al que no conoces?

Lightning le disparó una mirada desafiante.

-Ya sé que suena estúpido-replicó a la defensiva-, pero… es así. Sé que el rey Mikhail y yo estamos destinados el uno al otro. Nadie me toma en serio, desde hace mucho tiempo. Todos, Serah en especial, insisten en que me olvide, me dicen que las profecías no son más que posibilidades, pero… Bah, es igual-se interrumpió e hizo un gesto brusco-. Te va a seguir pareciendo estúpido igualmente.

-No-dijo Hope negando rápidamente con la cabeza-. Es sólo que los sentimientos de los humanos me parecen muy complejos. Pero por eso mismo he aprendido que están lejos de ser estúpidos.

Se produjo un largo silencio. Lightning todavía no terminaba de creerse que estuviera teniendo aquella conversación con Hope, el ángel del Altísimo. El que había creído el más acérrimo enemigo de su causa… y por ende, la del rey Mikhail. Pero necesitaba a aquel ángel. Y había llegado el momento de revelarle por qué.

-Sea como sea, lo cierto es que necesitamos traer de vuelta a Mikhail, sea o no cierta la profecía de mi hermana-dijo Lightning entonces, recuperando parte de su aplomo-. Y para eso es para lo que te necesito, Hope.

-¿A mí?-él frunció apenas el ceño-¿Por qué?

-¿Recuerdas lo que hablamos hace unos días? Cuando nos declaramos aliados. Te dije que necesitaba tu ayuda-le dijo la joven, e inspiró hondo-. Pues es para esto para lo que te necesito. Tú eres la llave que nos puede ayudar a traer de vuelta al rey, fuera cual fuera su destino.

Hope la miró fijamente. Esta vez no era para sondear sus emociones, sino por puro y sincero desconcierto.

-¿Quieres que yo traiga de vuelta a Mikhail? Light, soy un ángel, pero no puedo obrar milagros. No sé si puedo revertir una cristalización o una transformación en Cie’th, pero desde luego no puedo devolver la vida a los muertos.

-Ya sé que tú no puedes. Pero no te estoy pidiendo que seas tú quien lo haga. Lo que quiero es que me ayudes a encontrar lo que sí puede hacerlo-los ojos de Lightning tenían un fiero brillo de determinación-. El Corazón de Bhunivelze.

-¿El Corazón del Altísimo?-repitió el ángel sin comprender.

-El Corazón de Bhunivelze-rectificó ella-. No tiene que ver con el dios. Se llama así, según una antigua profecía. Las historias cuentan que es un tesoro capaz de obrar milagros, y que su poseedor obtendrá aquello que su propio corazón más anhele mientras sea suyo.

-Nunca había oído hablar de él-murmuró Hope-. El Altísimo jamás mencionó la existencia de un artefacto tan poderoso como dices.

-Ya te he dicho que tu dios no tiene que ver con él. Conoces el idioma angélico, digo yo.

-Claro que sí-el ángel parecía un poco ofendido por la pregunta-. ¿Tú lo conoces?

-Un poco, mi hermana es la que más lo ha estudiado, pero por supuesto tú tienes que ser el experto aquí. “Bhunivelze” es una palabra angélica, ¿no es así?

-Así es. Significa “luz cósmica”. El Altísimo es el Dios de la Luz después de todo.

Lightning asintió.

-Bhunivelze es el nombre que con el tiempo se le ha dado a ese dios, no es que sea su nombre específicamente. Así que en realidad el Corazón de Bhunivelze se podría llamar Corazón de la Luz Cósmica. El poder creador del cosmos, condensado en un cuerpo físico.

-Entiendo-dijo Hope, reflexionando sobre lo que estaba escuchando-. Pero no comprendo qué tengo que ver yo con ese artefacto.

Ella tardó un poco en responder. Parecía que le costaba encontrar las palabras.

-Verás, la profecía que habla del Corazón también dice que sólo un ángel podría conducir a su poseedor a su paradero-explicó al fin-. Y como ya te contamos, los ángeles desaparecieron de Nova Chrysalia hace milenios. Nuestra única posibilidad real era una utopía hasta que tú apareciste, Hope. Tú eres el único ángel que conocemos, y el único que puede conducirnos al Corazón de Bhunivelze para traer de vuelta al rey Mikhail y derrocar a la Orden.

Se hizo un breve silencio. Hope se limitó a poner orden a la nueva información, aunque Lightning podía apreciar, a la tenue luz blanquecina de la luna, un rastro de sorpresa en su expresión.

-Por eso me dijiste que si aceptaba convertirme en vuestro aliado podría ponerme en contra del Altísimo-dijo entonces el ángel-. Pero en realidad se trata de luchar contra la Orden, no contra el Altísimo.

-Pero Mikhail fue su mayor detractor-advirtió Lightning-. Recuerda que el rey luchó contra todo aquel que tratara de imponer el gobierno de los dioses sobre Nova Chrysalia. Si Mikhail volviera, el reinado de Bhunivelze se acabaría.

Hope volvió a guardar silencio, frunciendo el ceño. A diferencia de él, Lightning no podía leer sus emociones, si es que tenía alguna. Podía hacerse una ligera idea de lo que estaba pensando por sus reacciones, pero en aquel momento no tenía ninguna pista. Y él era lo único que podía conducirla a lo que llevaba tanto tiempo buscando sin éxito. Si Hope se negaba…

El simple hecho de pensar en aquella posibilidad fue como una puñalada en su corazón. Pero tenía que reconocer que era muy plausible, y que ella misma se lo habría buscado. “No me debe nada. No he hecho más que tratarlo como escoria, y aunque no me caiga bien, no puedo obligarlo a jugársela otra vez por alguien del que teme que a la mínima lo atraviese con una espada.”

-Sé que es un riesgo que no querrás tomar-dijo Lightning, maldiciendo el hecho de que su voz sonara casi suplicante-. Y además podrías jugarte otro castigo. Ya sé que no debería pedirte nada considerando cómo te he tratado, pero…

-Lo haré-interrumpió de pronto Hope-. Te ayudaré a encontrar el Corazón.

Lightning se quedó de piedra. De todas las respuestas que había esperado escuchar, aquélla era la que menos había esperado. Se había mentalizado de que no podía hacerse ilusiones, mucho menos después de haber intentado pegarle apenas dos días antes.

-… ¿Qué? …

-He dicho que te ayudaré a encontrar el Corazón-repitió él con calma-. Haré lo que pueda para que Mikhail y tú os podáis conocer.

Si había algo que podía dejar a la joven todavía más estupefacta, aquéllas eran las palabras.

-Pero… No lo entiendo, Hope… -Lightning lo miraba sin dar crédito a lo que oía-¿Por qué…?

Él alzó la cabeza y la miró directamente a los ojos. Era una mirada límpida, serena y sincera, llena de genuina inocencia, casi tan pura como la de un niño.

-Porque sufres.

Era una respuesta llana y escueta, como todas las que Hope solía dar. Pero Lightning comprendió su significado: el ángel sabía que ella sufría por el hecho de que Mikhail no estuviera con ella. No había cuestionado en ningún momento el que amara a un hombre al que ni siquiera conocía, a diferencia del resto de su mundo. Hope la había comprendido desde el primer momento, y estaba ofreciéndole su ayuda para hacer realidad ese sueño que hasta entonces había creído imposible, para que dejara de experimentar ese sufrimiento que él, más que nadie –irónicamente–, podía compartir.

-Hope… -por primera vez, Lightning sintió que el nombre que le había dado al ángel, producto en un primer momento del sarcasmo, le definía de verdad. Él era su esperanza. La esperanza que se había materializado en su mundo, de una forma que jamás habría concebido, para hacer realidad la profecía que todos creían falsa-No sé… no sé qué decir. Si de verdad consigues llevarme hasta el Corazón… Nunca te estaría lo bastante agradecida.

-No tienes por qué agradecerme nada-repuso Hope con su voz más suave de lo normal-. Tú sufres porque Mikhail no está contigo. A mí no me gusta sentir cómo sufres. Así que quiero ayudarte a que consigas lo que te hará feliz para que no sufras más. ¿No es eso lo que se supone que se debe hacer?

En realidad, el mundo era mucho más hostil y egoísta. La gente no tendía a jugarse lo que Hope podría estar jugándose porque alguien sufría por algo que no les concernía. Lightning no podía evitar pensar que la inocencia y la sencillez del ángel le ponían más en peligro en el mundo de los humanos que cualquier otra cosa. Por primera vez, sintió un extraño instinto protector hacia él. Seguía sin gustarle el ángel –o eso quería creer– pero no podía evitar verlo como un niño en un cuerpo adulto, que veía el mundo de una forma mucho más pura que cualquier humano, lu’Cie, fal’Cie o dios.

-Gracias, Hope.-se limitó a decir, pese a todo sintiendo real gratitud hacia él. No pudo evitar esbozar una brevísima media sonrisa. Él no sonrió, pero sus claros ojos verdes relucieron, y la joven supo que se sentía feliz.

Sin embargo, ella no podía saber que, en el momento en el que Hope había hecho su promesa de ayudarla a reunirse con Mikhail, aquella extraña y dolorosa punzada había vuelto a hacer acto de presencia en el pecho del joven ángel.

“No importa. Ella sufre, y si ese rey es lo que puede hacerla feliz, nada más importa.”

-No se merecen-repuso él, y ladeó la cabeza-. Confío en que pronto podremos partir en busca del Corazón.

-Pero aún has de recuperarte, Hope.

Él la miró fijamente unos instantes antes de cerrar los ojos, y entonces se centró en aquellas emociones más positivas de lo habitual que Lightning sentía hacia él, y recordó aquella breve sonrisa.

Y entonces trasladó aquellas energías renovadas a los debilitados miembros de su cuerpo. Con un gran esfuerzo, comenzó a mover sus agarrotadas piernas, lentamente, moviéndose hacia el borde de la cama. Al mismo tiempo, su espalda empezó a protestar dolorosamente, pero él ignoró deliberadamente el dolor.

-¡Hope!-exclamó Lightning, levantándose como un resorte, alarmada, al comprender lo que estaba haciendo-¡¿Qué haces?! ¡Para! ¡Aún estás convaleciente! …

Se cortó en seco cuando antes de que pudiera terminar la frase descubrió a Hope sentado al borde de la cama, respirando entrecortadamente con el rostro un poco más pálido de lo normal y húmedo por el sudor del esfuerzo. Una vez más, Lightning se quedó sin palabras.

Hope captó su mirada, y se la devolvió de reojo, tratando de recobrar el aliento, sus ojos verdes presentando aquella chispa divertida que en otras ocasiones ella había visto.

-Puedo percibir… las energías positivas y negativas… -le recordó el joven ángel entre respiraciones agitadas-La energía que se proyecta hacia mí… me afecta positiva o negativamente. Hasta ahora mi recuperación… ha estado estancada por la negatividad que sentías hacia mí. Pero fíjate, Light… Ha bastado con una sonrisa… para recuperar las fuerzas que me faltaban. Si eso es lo que puedes hacer conmigo… imagínate las maravillas que podrías obrar junto a Mikhail… -desvió la mirada, con los ojos brillantes-Quiero ver eso, Light… Quiero ver esa sonrisa obrar los milagros de los que me has hablado… y ayudarte a conseguirlo.

Ella permaneció en silencio largo rato, asimilando lo que Hope acababa de decirle. Nunca se habría esperado que el ángel del Altísimo le dijera tal cosa. Un ser sin emociones. Un sirviente sin voluntad. La criatura que odiaba.

“Lo odio. Eso no ha cambiado, ni jamás cambiará.”

Pero en el fondo de su corazón, algo había cambiado. Por primera vez, Lightning no había visto a Hope como ninguna de aquellas cosas que había pensado de él hasta el momento. Y tampoco como el ángel al servicio del Altísimo.

Por primera vez, lo había visto como un verdadero ángel.

El ángel que encarnaba la esperanza del más profundo anhelo de su corazón.

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