-Vamos-insistió Lightning, sosteniendo
el plato de estofado entre las manos-. Cómetelo de una vez, ¿quieres?
-No lo necesito-Hope miraba con aprensión
el contenido del plato, y negó con la cabeza-. Soy un ángel. No necesito comer.
-Deja de decir chorradas. Llevas más
de una semana sin tomar alimento, y cada vez estás más escuálido. Nadie aguanta
sin comer y beber tantísimo tiempo.
Lightning llevaba casi media hora
intentando convencerlo de que se comiera el estofado. Habían pasado dos días
desde que las hermanas le habían dado un nombre al ángel, y en aquel tiempo,
Hope parecía haber ido recuperando algo de fuerzas para poder hablar sin tantos
esfuerzos. Seguía muy débil y apenas podía moverse, pero por lo menos ya podía
incorporarse un poco en la cama.
Aquella mañana, mientras Serah
aplicaba sus hechizos Cura a las heridas del joven, les había sobresaltado un
extraño ruido que había asustado a Hope en particular. Aunque el ángel no era
muy expresivo que digamos, las hermanas empezaban a identificar sus reacciones.
Había abierto los ojos un poco más de lo normal cuando escuchó aquel ruido
surgir de su interior, y las había mirado interrogante.
-… ¿Qué estás haciendo?-le había
preguntado a Serah, suspicaz, apartándose un poco de ella y posando con
dificultad una mano sobre su vientre. Ella lo había mirado unos momentos y se
había echado a reír.
-Tienes hambre, genio.-replicó
Lightning al notar el desconcierto de Hope. Él la había mirado como si le
tomara el pelo, mientras Serah reía sin parar.
-El hambre es una necesidad humana… Yo
no puedo tener hambre.
-Pues yo diría que tu estómago no está
muy de acuerdo contigo.
Un par de horas después, allí estaba
Lightning, tratando de hacer que se comiera aquel estofado. Aquello era muy
ridículo. Sí, era un ángel, pero Hope tenía la apariencia de un joven de más de
veinte años. Y ella estaba intentando hacerle comer como si fuera un crío.
Hope no dejaba de lanzarle miradas
aprensivas al contenido del plato. Lightning no comprendía cómo alguien podía
mirar de aquella forma un guiso que olía tan bien y sabía mejor, cortesía de
las dotes culinarias de Serah.
-Óyeme bien-le dijo, blandiendo la
cuchara amenazantemente-, como no te lo comas, te lo haré tragar yo misma. Si
te quieres morir de hambre, puedo ahorrar tiempo para ambos clavándote mi
espada. Y créeme, no es por falta de ganas.
El joven ángel la miró brevemente,
bajó la mirada y frunció levemente el ceño. A Lightning no le hubiera
sorprendido haberle herido, pero por alguna razón la irritaba más que no
reaccionara como esperaba. Una persona normal protestaría como menos, pero él…
era como si no fuera más que una carcasa vacía. Y a la joven la ponía de los nervios.
-¿Qué?-le espetó ante su silencio-¿Vas
a comer o voy a tener que dártelo yo por la fuerza?
-… ¿Se supone que he de…
tragármelo?-Hope ladeó la cabeza y torció apenas el gesto. Entonces, Lightning
empezó a entender cuál era el problema: si no había necesitado comer hasta
ahora, cabía esperar que la simple idea le resultara, como menos, ajena. Y a
juzgar por la pregunta, tal vez incluso repugnante.
Suspiró con fastidio. Le costaba creer
que tuviera que tratar a Hope como a un crío de cinco años, pues como ángel
estaba segura que los superaba con creces. Pero como Serah ya había hecho
notar, las costumbres y las necesidades humanas eran otro mundo para él, así
que, en cierto modo, sí estaba viendo el mundo con los ojos inexpertos de un
niño.
-Mira-Lightning llenó la cuchara y se
la llevó a la boca, masticando exagerada y lentamente su contenido bajo la
mirada reticente de Hope antes de tragárselo-. No es tan difícil. Ahora hazlo
tú, porque no pienso darte yo la comida como si fueses un mocoso.
De haber querido replicar, Hope no
habría podido hacerlo, porque Lightning le puso el plato en las manos y le
lanzó una mirada fulminante, cruzándose de brazos. En general, el joven ángel
podía sostenerle la mirada a cualquier humano sin inmutarse, pero le resultaba
imposible con Lightning.
Cogió la cuchara y la observó no muy
convencido, pero Lightning entornó peligrosamente los ojos, por lo que decidió
no tentar más a la suerte y llenar la cuchara de estofado. Se la acercó a la
boca, reticente, y miró dubitativo a Lightning. Ella asintió con brusquedad, y
Hope no tuvo más remedio que abrir la boca y tragarse su contenido,
literalmente. Empezó a toser cuando el estofado caliente descendió por su
garganta.
-Pero serás idiota… -Lightning se
había apartado con cara de asco cuando a Hope le entró el ataque de tos-¡Te he
dicho que lo mastiques primero! ¿Cómo se te ocurre tragártelo así sin más?
-Ya te he dicho… que no necesito
comer-logró decir Hope entre toses-. No sé… cómo se hace.
Lightning le tendió un vaso de agua,
suspirando resignada.
-Bebe-le dijo-. Te ayudará a tragar. Y
esto no tienes que masticarlo, tienes que hacer lo mismo que has hecho con la
comida.
Hope no estaba en condiciones de
replicar en aquel momento, así que la obedeció. Respiró aliviado cuando el agua
hizo pasar la comida y pudo dejar de toser.
-Esto es una locura-murmuró,
devolviéndole el vaso a Lightning-. No entiendo cómo los humanos podéis hacer
esto con la soltura que lo hacéis.
-Porque de ello depende que sigamos
vivos. Y por si no te has dado cuenta, parece que ahora tú también estás
incluido en el saco-replicó Lightning, y señaló el plato-. Ahora, cómetelo. Y
mastica primero.
Hope ladeó la cabeza, mirando el plato
con más desconfianza si cabe que antes, pero sabía que Lightning no iba a
aceptar un ‘no’ por respuesta. Volvió a llevarse la cuchara llena a la boca, y
esta vez trató de masticar. Al principio le costó un poco, pues no estaba
acostumbrado a aquel movimiento, pero poco a poco fue cogiéndole práctica.
-Bien-asintió Lightning cuando el joven
ángel terminó el plato y se lo dio, y le tendió de nuevo el vaso de agua-.
Bébetelo, te vendrá bien para hacer la digestión.
Él lo cogió, y bebió despacio. El agua
mermó el sabor del estofado en su boca, y sintió cierta lástima. No estaba
acostumbrado a los sabores, así que se lo había comido sin prestarle mucha
atención. Pero ahora que estaba desapareciendo, Hope se descubrió a sí mismo
lamentándolo.
En aquel momento entró Serah en la
habitación, con una cesta de ropa sucia en los brazos. Sonrió ampliamente al
ver el plato vacío que tenía Lightning en las manos.
-¡Oh! Vaya, Hope, ¿has conseguido
comértelo todo?-Serah se acercó a la cama-¿Cómo te encuentras?
-Me siento… extraño-repuso él tras una
pausa, y apoyó la cabeza en la almohada, sintiéndose repentinamente cansado-.
Es como si estuviera… lleno. Y me cuesta mantenerme despierto…
-Eso es buena señal-sonrió Serah-.
Significa que estás haciendo una buena digestión. Te vendrá muy bien dormir un
rato, ya verás.
Hope no respondió. Había cerrado los
ojos, y en cuestión de segundos estaba más dormido que despierto. Serah le
cubrió el cuerpo con la manta para que no cogiera frío, y recogió la ropa sucia
que Lightning había dejado en un rincón de la habitación.
-Se ha quedado roque-Lightning frunció
el ceño-. Al menos, mientras duerme no molesta.
-No seas tan dura con él,
Lightning-dijo Serah, severa-. No te ha hecho nada. Además, a pesar de cómo lo
tratas, creo que le caes bien.
Lightning resopló con irritación.
-Pues él a mí no.
-Sólo puedes odiar lo que representa-observó
su hermana, mirando al ángel dormido con cierta lástima-. Aún no sabes lo que
hay dentro de él.
-No hay nada, Serah. Ya lo dijo él
mismo: su voluntad es la de Bhunivelze. Es como una carcasa vacía que se limita
a hacer lo que le ordenan.
Serah ladeó la cabeza, y observó
pensativa a Hope.
-Es lo único que ha conocido hasta
ahora. Ponte en su lugar, Lightning… Lleva toda su existencia al servicio del
Altísimo, y ahora de pronto su amo le ha dejado tirado y está atrapado en un
mundo que le resulta completamente diferente. Y encima se ha quedado sin alas…
No es ni ángel ni humano. No quiero ni imaginarme lo confuso que se sentirá.
Aunque le fastidiase, Lightning tuvo
que admitir que lo que Hope estaba pasando no era precisamente agradable. Pero dudaba
que sintiera algo al respecto. Ahora que pasaba más tiempo despierto, era mucho
más evidente su falta de expresividad, tanto en su rostro como en su voz.
-Vámonos-le dijo a su hermana para
evitar seguir aquella conversación, levantándose del borde de la cama-.
Dejémosle que duerma.
Serah frunció el ceño, advirtiendo el
cambio de tema, pero asintió. Cuando hubieron salido de la habitación, las dos
hermanas se dirigieron a la cocina: Serah había hecho estofado para varias
personas, aprovechando que había tenido que cocinar algo para Hope.
-Snow vendrá esta noche-comentó Serah
mientras comían, sentadas a la mesa de la cocina. Lightning torció brevemente
el gesto-. Se quedará unos días, ahora que en Yusnaan hay fiesta.
-Siempre hay fiesta en Yusnaan.
-Bueno, tú ya me entiendes. Cuando le
permiten tomarse unos días de vacaciones-repuso Serah, sonriente-. Nos vendrá
bien su ayuda para cuidar a Hope sin que nos afecte a nuestra rutina.
Lightning enarcó las cejas.
-¿Dejar a Snow a cargo de Hope? Se lo
cargaría en menos de dos días. Aunque, ahora que lo pienso, no es mala idea.
-Qué mala eres-Serah se echó a reír-.
¿De verdad es lo que piensas?
-¿Acaso lo dudas?-Lightning bajó la
mirada al plato, con el gesto tenso-No sabes las ganas que tengo de que ese ángel
desaparezca de mi vista.
Su hermana suspiró.
-Me cuesta creer que sea yo la única
que puede ponerse en su lugar. Tanto tú como yo sabemos lo que se siente cuando
el mundo te teme y quiere matarte por lo que eres, y no por quién eres.
Las palabras de Serah dejaron a
Lightning sin habla durante unos segundos. Se llevó una mano al pecho,
instintivamente, y vio que su hermana hacía lo propio con su antebrazo
izquierdo. Sí, lo sabían. Claro que lo sabían. Al igual que las personas de su
entorno.
“Rechazados por todos y viviendo con miedo a
lo que la gente pueda hacernos”,
Lightning frunció los labios. “Por eso
terminamos juntándonos, de una forma u otra, porque sólo nos tenemos los unos a
los otros. Pero este ángel está completamente solo.”
-La Orden estaría encantada de
acogerlo.-replicó, no obstante.
-¿Tú crees?-Serah sacudió la cabeza-Yo
no estaría tan segura. Sin alas, Hope no se parece tanto a un ángel. Probablemente
lo matarían por blasfemo.
Aquello era cierto. La Orden jamás
creería que Hope era su adorado ángel mensajero del todopoderoso Bhunivelze.
Tendrían que verlo ahora, convaleciente, desorientado y con las alas
arrancadas.
-No me hace ninguna gracia tenerlo en
casa-gruñó Lightning-. ¿Ya le has dicho a Snow lo que es?
-Sí. Al principio se ha sorprendido
mucho, pero dice que mientras no se comporte como un enemigo, no debemos
tratarlo como tal.
“Tal para cual”, Lightning resopló con fastidio. No
comprendía cómo ni Serah ni Snow veían el peligro que representaba aquel ángel.
Era un siervo del Altísimo, y las personas como ellos eran non gratas a ojos de Bhunivelze. O al menos, eso predicaba la
Orden, y lo que la Orden decía, se suponía que había sido transmitido vía el
mensajero de Bhunivelze, ergo Hope.
-Me voy-dijo la joven, levantándose de
la mesa y metiendo su plato al fregadero-. Volveré para cenar.
-¿Adónde vas?-Serah la miró,
preocupada.
-A la taberna de Noel-respondió ella,
evitando mirar a su hermana-. Quedé allí con Fang ayer.
Lightning asintió. No tardó en
prepararse y salir de la casa, en parte porque no quería pagar su malhumor con
Serah. Se sentía muy frustrada, y no le gustaba aquella sensación. Y la culpa
la tenía aquel condenado ángel caído.
Se sentía dividida. Quería acabar con
él y con la amenaza que representaba, pero por otro lado lo comprendía. Tal vez
se sentía incluso un poco identificada con él. Un ser temido y odiado por la
mayoría de la gente, excepto por un reducido grupo.
Pero ella al menos tenía a Serah, y a
su amiga Fang, y a sus otros “conocidos”, por así decirlo. Hope no tenía a
nadie. Y Lightning estaba segura de que era consciente de ello en cierto modo.
Tal vez él también temía a los
humanos. No sabía si se debía a su carencia de emociones, pero le daba la
impresión de que él también se cerraba a aquellos que lo rodeaban, lo mismo que
ella hacía, con el fin de protegerse.
Y sin embargo… Recordó lo que Serah
había dicho. A pesar de su duro trato hacia él, Hope parecía mucho más
receptivo con ella. Se preguntó si acaso Bhunivelze también lo trataría así, y
por eso actuaba de aquella forma más sumisa con ella. Sintió repulsión con sólo
pensarlo.
No quería ser como Bhunivelze. De
ninguna manera. ¿Un ser que trataba de aquella forma tan horrible a sus
sirvientes y los abandonaba a su suerte en su peor momento? Antes prefería
quitarse la vida.
Mientras caminaba por la calle,
Lightning se preguntó por primera vez si en su odio y rabia no estaba, de
hecho, poniéndose a la altura de su más odiado enemigo. Y sintió todavía más
odio y rabia hacia el ángel que la estaba sumiendo en semejante océano de confusión.
“Te odio. No sabes cuánto.”
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