jueves, 17 de septiembre de 2015

VII. Enemigo

-Vamos-insistió Lightning, sosteniendo el plato de estofado entre las manos-. Cómetelo de una vez, ¿quieres?

-No lo necesito-Hope miraba con aprensión el contenido del plato, y negó con la cabeza-. Soy un ángel. No necesito comer.

-Deja de decir chorradas. Llevas más de una semana sin tomar alimento, y cada vez estás más escuálido. Nadie aguanta sin comer y beber tantísimo tiempo.

Lightning llevaba casi media hora intentando convencerlo de que se comiera el estofado. Habían pasado dos días desde que las hermanas le habían dado un nombre al ángel, y en aquel tiempo, Hope parecía haber ido recuperando algo de fuerzas para poder hablar sin tantos esfuerzos. Seguía muy débil y apenas podía moverse, pero por lo menos ya podía incorporarse un poco en la cama.

Aquella mañana, mientras Serah aplicaba sus hechizos Cura a las heridas del joven, les había sobresaltado un extraño ruido que había asustado a Hope en particular. Aunque el ángel no era muy expresivo que digamos, las hermanas empezaban a identificar sus reacciones. Había abierto los ojos un poco más de lo normal cuando escuchó aquel ruido surgir de su interior, y las había mirado interrogante.

-… ¿Qué estás haciendo?-le había preguntado a Serah, suspicaz, apartándose un poco de ella y posando con dificultad una mano sobre su vientre. Ella lo había mirado unos momentos y se había echado a reír.

-Tienes hambre, genio.-replicó Lightning al notar el desconcierto de Hope. Él la había mirado como si le tomara el pelo, mientras Serah reía sin parar.

-El hambre es una necesidad humana… Yo no puedo tener hambre.

-Pues yo diría que tu estómago no está muy de acuerdo contigo.

Un par de horas después, allí estaba Lightning, tratando de hacer que se comiera aquel estofado. Aquello era muy ridículo. Sí, era un ángel, pero Hope tenía la apariencia de un joven de más de veinte años. Y ella estaba intentando hacerle comer como si fuera un crío.

Hope no dejaba de lanzarle miradas aprensivas al contenido del plato. Lightning no comprendía cómo alguien podía mirar de aquella forma un guiso que olía tan bien y sabía mejor, cortesía de las dotes culinarias de Serah.

-Óyeme bien-le dijo, blandiendo la cuchara amenazantemente-, como no te lo comas, te lo haré tragar yo misma. Si te quieres morir de hambre, puedo ahorrar tiempo para ambos clavándote mi espada. Y créeme, no es por falta de ganas.

El joven ángel la miró brevemente, bajó la mirada y frunció levemente el ceño. A Lightning no le hubiera sorprendido haberle herido, pero por alguna razón la irritaba más que no reaccionara como esperaba. Una persona normal protestaría como menos, pero él… era como si no fuera más que una carcasa vacía. Y a la joven la ponía de los nervios.

-¿Qué?-le espetó ante su silencio-¿Vas a comer o voy a tener que dártelo yo por la fuerza?

-… ¿Se supone que he de… tragármelo?-Hope ladeó la cabeza y torció apenas el gesto. Entonces, Lightning empezó a entender cuál era el problema: si no había necesitado comer hasta ahora, cabía esperar que la simple idea le resultara, como menos, ajena. Y a juzgar por la pregunta, tal vez incluso repugnante.

Suspiró con fastidio. Le costaba creer que tuviera que tratar a Hope como a un crío de cinco años, pues como ángel estaba segura que los superaba con creces. Pero como Serah ya había hecho notar, las costumbres y las necesidades humanas eran otro mundo para él, así que, en cierto modo, sí estaba viendo el mundo con los ojos inexpertos de un niño.

-Mira-Lightning llenó la cuchara y se la llevó a la boca, masticando exagerada y lentamente su contenido bajo la mirada reticente de Hope antes de tragárselo-. No es tan difícil. Ahora hazlo tú, porque no pienso darte yo la comida como si fueses un mocoso.

De haber querido replicar, Hope no habría podido hacerlo, porque Lightning le puso el plato en las manos y le lanzó una mirada fulminante, cruzándose de brazos. En general, el joven ángel podía sostenerle la mirada a cualquier humano sin inmutarse, pero le resultaba imposible con Lightning.

Cogió la cuchara y la observó no muy convencido, pero Lightning entornó peligrosamente los ojos, por lo que decidió no tentar más a la suerte y llenar la cuchara de estofado. Se la acercó a la boca, reticente, y miró dubitativo a Lightning. Ella asintió con brusquedad, y Hope no tuvo más remedio que abrir la boca y tragarse su contenido, literalmente. Empezó a toser cuando el estofado caliente descendió por su garganta.

-Pero serás idiota… -Lightning se había apartado con cara de asco cuando a Hope le entró el ataque de tos-¡Te he dicho que lo mastiques primero! ¿Cómo se te ocurre tragártelo así sin más?

-Ya te he dicho… que no necesito comer-logró decir Hope entre toses-. No sé… cómo se hace.

Lightning le tendió un vaso de agua, suspirando resignada.

-Bebe-le dijo-. Te ayudará a tragar. Y esto no tienes que masticarlo, tienes que hacer lo mismo que has hecho con la comida.

Hope no estaba en condiciones de replicar en aquel momento, así que la obedeció. Respiró aliviado cuando el agua hizo pasar la comida y pudo dejar de toser.

-Esto es una locura-murmuró, devolviéndole el vaso a Lightning-. No entiendo cómo los humanos podéis hacer esto con la soltura que lo hacéis.

-Porque de ello depende que sigamos vivos. Y por si no te has dado cuenta, parece que ahora tú también estás incluido en el saco-replicó Lightning, y señaló el plato-. Ahora, cómetelo. Y mastica primero.

Hope ladeó la cabeza, mirando el plato con más desconfianza si cabe que antes, pero sabía que Lightning no iba a aceptar un ‘no’ por respuesta. Volvió a llevarse la cuchara llena a la boca, y esta vez trató de masticar. Al principio le costó un poco, pues no estaba acostumbrado a aquel movimiento, pero poco a poco fue cogiéndole práctica.

-Bien-asintió Lightning cuando el joven ángel terminó el plato y se lo dio, y le tendió de nuevo el vaso de agua-. Bébetelo, te vendrá bien para hacer la digestión.

Él lo cogió, y bebió despacio. El agua mermó el sabor del estofado en su boca, y sintió cierta lástima. No estaba acostumbrado a los sabores, así que se lo había comido sin prestarle mucha atención. Pero ahora que estaba desapareciendo, Hope se descubrió a sí mismo lamentándolo.

En aquel momento entró Serah en la habitación, con una cesta de ropa sucia en los brazos. Sonrió ampliamente al ver el plato vacío que tenía Lightning en las manos.

-¡Oh! Vaya, Hope, ¿has conseguido comértelo todo?-Serah se acercó a la cama-¿Cómo te encuentras?

-Me siento… extraño-repuso él tras una pausa, y apoyó la cabeza en la almohada, sintiéndose repentinamente cansado-. Es como si estuviera… lleno. Y me cuesta mantenerme despierto…

-Eso es buena señal-sonrió Serah-. Significa que estás haciendo una buena digestión. Te vendrá muy bien dormir un rato, ya verás.

Hope no respondió. Había cerrado los ojos, y en cuestión de segundos estaba más dormido que despierto. Serah le cubrió el cuerpo con la manta para que no cogiera frío, y recogió la ropa sucia que Lightning había dejado en un rincón de la habitación.

-Se ha quedado roque-Lightning frunció el ceño-. Al menos, mientras duerme no molesta.

-No seas tan dura con él, Lightning-dijo Serah, severa-. No te ha hecho nada. Además, a pesar de cómo lo tratas, creo que le caes bien.

Lightning resopló con irritación.

-Pues él a mí no.

-Sólo puedes odiar lo que representa-observó su hermana, mirando al ángel dormido con cierta lástima-. Aún no sabes lo que hay dentro de él.

-No hay nada, Serah. Ya lo dijo él mismo: su voluntad es la de Bhunivelze. Es como una carcasa vacía que se limita a hacer lo que le ordenan.

Serah ladeó la cabeza, y observó pensativa a Hope.

-Es lo único que ha conocido hasta ahora. Ponte en su lugar, Lightning… Lleva toda su existencia al servicio del Altísimo, y ahora de pronto su amo le ha dejado tirado y está atrapado en un mundo que le resulta completamente diferente. Y encima se ha quedado sin alas… No es ni ángel ni humano. No quiero ni imaginarme lo confuso que se sentirá.

Aunque le fastidiase, Lightning tuvo que admitir que lo que Hope estaba pasando no era precisamente agradable. Pero dudaba que sintiera algo al respecto. Ahora que pasaba más tiempo despierto, era mucho más evidente su falta de expresividad, tanto en su rostro como en su voz.

-Vámonos-le dijo a su hermana para evitar seguir aquella conversación, levantándose del borde de la cama-. Dejémosle que duerma.

Serah frunció el ceño, advirtiendo el cambio de tema, pero asintió. Cuando hubieron salido de la habitación, las dos hermanas se dirigieron a la cocina: Serah había hecho estofado para varias personas, aprovechando que había tenido que cocinar algo para Hope.

-Snow vendrá esta noche-comentó Serah mientras comían, sentadas a la mesa de la cocina. Lightning torció brevemente el gesto-. Se quedará unos días, ahora que en Yusnaan hay fiesta.

-Siempre hay fiesta en Yusnaan.

-Bueno, tú ya me entiendes. Cuando le permiten tomarse unos días de vacaciones-repuso Serah, sonriente-. Nos vendrá bien su ayuda para cuidar a Hope sin que nos afecte a nuestra rutina.

Lightning enarcó las cejas.

-¿Dejar a Snow a cargo de Hope? Se lo cargaría en menos de dos días. Aunque, ahora que lo pienso, no es mala idea.

-Qué mala eres-Serah se echó a reír-. ¿De verdad es lo que piensas?

-¿Acaso lo dudas?-Lightning bajó la mirada al plato, con el gesto tenso-No sabes las ganas que tengo de que ese ángel desaparezca de mi vista.

Su hermana suspiró.

-Me cuesta creer que sea yo la única que puede ponerse en su lugar. Tanto tú como yo sabemos lo que se siente cuando el mundo te teme y quiere matarte por lo que eres, y no por quién eres.

Las palabras de Serah dejaron a Lightning sin habla durante unos segundos. Se llevó una mano al pecho, instintivamente, y vio que su hermana hacía lo propio con su antebrazo izquierdo. Sí, lo sabían. Claro que lo sabían. Al igual que las personas de su entorno.

“Rechazados por todos y viviendo con miedo a lo que la gente pueda hacernos”, Lightning frunció los labios. “Por eso terminamos juntándonos, de una forma u otra, porque sólo nos tenemos los unos a los otros. Pero este ángel está completamente solo.”

-La Orden estaría encantada de acogerlo.-replicó, no obstante.

-¿Tú crees?-Serah sacudió la cabeza-Yo no estaría tan segura. Sin alas, Hope no se parece tanto a un ángel. Probablemente lo matarían por blasfemo.

Aquello era cierto. La Orden jamás creería que Hope era su adorado ángel mensajero del todopoderoso Bhunivelze. Tendrían que verlo ahora, convaleciente, desorientado y con las alas arrancadas.

-No me hace ninguna gracia tenerlo en casa-gruñó Lightning-. ¿Ya le has dicho a Snow lo que es?

-Sí. Al principio se ha sorprendido mucho, pero dice que mientras no se comporte como un enemigo, no debemos tratarlo como tal.

“Tal para cual”, Lightning resopló con fastidio. No comprendía cómo ni Serah ni Snow veían el peligro que representaba aquel ángel. Era un siervo del Altísimo, y las personas como ellos eran non gratas a ojos de Bhunivelze. O al menos, eso predicaba la Orden, y lo que la Orden decía, se suponía que había sido transmitido vía el mensajero de Bhunivelze, ergo Hope.

-Me voy-dijo la joven, levantándose de la mesa y metiendo su plato al fregadero-. Volveré para cenar.

-¿Adónde vas?-Serah la miró, preocupada.

-A la taberna de Noel-respondió ella, evitando mirar a su hermana-. Quedé allí con Fang ayer.

-Oh… Bueno, salúdales de mi parte. Y diles que estoy mejorando; Noel se llevará una alegría.

Lightning asintió. No tardó en prepararse y salir de la casa, en parte porque no quería pagar su malhumor con Serah. Se sentía muy frustrada, y no le gustaba aquella sensación. Y la culpa la tenía aquel condenado ángel caído.

Se sentía dividida. Quería acabar con él y con la amenaza que representaba, pero por otro lado lo comprendía. Tal vez se sentía incluso un poco identificada con él. Un ser temido y odiado por la mayoría de la gente, excepto por un reducido grupo.

Pero ella al menos tenía a Serah, y a su amiga Fang, y a sus otros “conocidos”, por así decirlo. Hope no tenía a nadie. Y Lightning estaba segura de que era consciente de ello en cierto modo.

Tal vez él también temía a los humanos. No sabía si se debía a su carencia de emociones, pero le daba la impresión de que él también se cerraba a aquellos que lo rodeaban, lo mismo que ella hacía, con el fin de protegerse.

Y sin embargo… Recordó lo que Serah había dicho. A pesar de su duro trato hacia él, Hope parecía mucho más receptivo con ella. Se preguntó si acaso Bhunivelze también lo trataría así, y por eso actuaba de aquella forma más sumisa con ella. Sintió repulsión con sólo pensarlo.

No quería ser como Bhunivelze. De ninguna manera. ¿Un ser que trataba de aquella forma tan horrible a sus sirvientes y los abandonaba a su suerte en su peor momento? Antes prefería quitarse la vida.

Mientras caminaba por la calle, Lightning se preguntó por primera vez si en su odio y rabia no estaba, de hecho, poniéndose a la altura de su más odiado enemigo. Y sintió todavía más odio y rabia hacia el ángel que la estaba sumiendo en semejante océano de confusión.

“Te odio. No sabes cuánto.”

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