jueves, 17 de septiembre de 2015

IV. Amiga

-Tienes cara de haber dormido poco, chica-comentó Fang al ver las ojeras de Lightning, chasqueando la lengua-. Llevas ya tres días así. ¿Se puede saber qué marcha llevas?

Lightning suspiró, agotada. El estrés y la tensión empezaban a reflejarse en su rostro después de lo sucedido la noche de la tormenta de hacía tres días.

-No quieras saberlo-masculló, apoyando la espalda en la pared-. Es una auténtica locura.

-Pues desde luego parece que necesitas un hombro sobre el que llorar.

-No necesito llorar.-replicó Lightning un poco a la defensiva. Fang se rió, como siempre que la joven se hacía la dura. Siempre aparentaba ser mucho más fuerte y fría de lo que en realidad era. Aunque Lightning jamás lo había mostrado con nadie, Fang estaba segura de que no se equivocaba.

-Vamos, escúpelo. Es el cretino del prometido de tu hermana, ¿verdad? ¿Qué ha hecho esta vez?, aparte de llevársela al catre, claro.

-Snow no tiene nada que ver. Lo cual es una novedad-Lightning frunció el ceño, e hizo una mueca asqueada-. Y por favor, Fang, deja de recordarme ese tipo de cosas.

Fang se encogió de hombros, como diciendo, “es lo que es”.

-Chica, me he perdido entonces. No se me ocurre qué otra cosa podría darle a la estoica Lightning tantos dolores de cabeza y semejantes ojeras.

Lightning gruñó, clavando su espada en el suelo distraídamente. No sabía si contárselo a Fang, pero al fin y al cabo era su única amiga, y tal vez sí fuera cierto que necesitaba desahogarse.

-Te va a costar creértelo.

-Tú habla, y luego ya decidiré yo si me lo creo.

* * *

-¿Cómo está?-había preguntado Lightning al bajar del cuarto de baño con las vendas, entrando a toda prisa en su habitación.

Serah y Snow habían tendido al joven herido sobre su cama, boca abajo. Snow contemplaba con semblante consternado a su llorosa prometida, cuyas manos, apenas tocando las brutales heridas de la espalda del forastero, despedían un suave brillo azulado.

-Vive todavía-respondió Snow, sacudiendo la cabeza-, pero no sé yo si aguantará. Al menos parece que Serah ha conseguido que la hemorragia pare un poco…

Lightning se acercó a su hermana, preocupada. Serah era la mejor sanadora en lo que magia respectaba de los tres, y ciertamente parecía que sus hechizos Cura habían surtido algo de efecto. Aun así, las heridas seguían sangrando.

-Tenemos que vendarle la espalda cuanto antes-la joven le puso una mano en el hombro a Serah-. Mientras Snow y yo se la vendamos, tú intenta seguir curándole, Serah.

-Haré lo que pueda.-repuso ella con la voz tomada, asintiendo. Snow se acercó a ellas, se sentó en el borde de la cama y levantó con todo el cuidado que pudo el cuerpo inerte del joven para que Lightning pudiera vendarle el torso.

“Está frío”, pensó la joven arrugando la nariz cuando sus dedos rozaban su pálida piel. “Parece como si no tuviera sangre en las venas.”

Aunque aquel pensamiento no es que fuera muy errado, considerando su situación, Lightning sabía lo que quería decir. Era extraño, aquella temperatura corporal tan baja. Se atrevería a decir que no era humana.

Cubrió de prietas vendas el torso del joven, todo lo que pudo, para que la presión contuviera lo máximo posible la hemorragia. Cuando por fin terminó, Snow lo tendió de nuevo sobre la cama y Serah retiró las manos, exhausta.

-¿Creéis que se pondrá bien?-preguntó, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. Desde siempre le había afectado mucho ver a otras personas sufrir.

-No lo sé. Tendremos que estar pendientes de él.-contestó Lightning, cruzándose de brazos. Aquella idea no le hacía demasiada gracia. Cuidar de Serah era una cosa, pero ¿un forastero?

“De momento ya ha conseguido quitarme la cama”, pensó, conteniendo un bufido.

-Podemos turnarnos para cuidarlo-intervino Snow rascándose la nuca-. Yo me ocupo de él esta noche, ¿os parece?

-No-le cortó Lightning-. Tú mañana tienes que irte temprano a Yusnaan, y además éste es mi cuarto. Y Serah, tú ya has hecho mucho por hoy. Ya me hago cargo yo.

-Pero Lightning, mañana tienes que madrugar tú también.-protestó Serah. Lightning sacudió la cabeza.

-Sobreviviré.

Y sí, había sobrevivido. Pero llevaba tres noches sin apenas dormir, durmiendo en el sillón de su cuarto, mientras el joven forastero seguía convaleciente en su cama, sin reaccionar todavía.

* * *

-A ver si lo he entendido-Fang se apoyó en su lanza, frunciendo el ceño-. ¿Os encontrasteis a un tío a punto de criar malvas tirado en el suelo en medio del aluvión que estaba cayendo el otro día?

-Buen resumen.-Lightning reprimió un bostezo, irónica.

Fang silbó, sacudiendo la cabeza. Se pasó una mano por su revuelta melena negra, asimilando aquella sorprendente información.

-¿Y lleva desde entonces sin conocimiento? ¿No ha comido ni bebido nada, y aún vive?

-Eso parece. Desde luego está escuálido, y parece como si no le hubiera dado nunca el sol-comentó Lightning. Aquello la tenía intrigada: no parecía que el joven tuviera el aguante necesario para soportar sin comer ni beber con semejantes heridas, pero no había empeorado-. Serah lo cura cada vez que llega a casa un rato, pero eso no explica cómo diablos aguanta.

Una risa mordaz brotó de la garganta de Fang. La joven dragontina parecía bastante intrigada con la historia que le contaba Lightning.

-Desde luego tendría que verlo para creerlo. Por lo que me cuentas, estoy por pensar que ese chaval no es humano, porque tal y como dices que está no es normal que aún no la haya palmado.

-Eso no tiene ni pies ni cabeza-Lightning frunció el ceño-. Vale que sea muy raro, pero parece humano. Quiero decir, no tiene aspecto de monstruo.

-Cosas más extrañas se han visto. Y te lo digo yo, que de fenómenos paranormales sé un rato.

Lightning la miró, enarcando una ceja.

-¿Tú? Pero si tú eres de las que cuando sucede algo fuera de lo común empalan primero y después preguntan.

-Yo sí, pero con Vanille al lado, me he tragado historias de espíritus y movidas el doble de raras que ésta, así que no me cuentas nada nuevo.-Fang se encogió de hombros.

-Ah, claro… -murmuró Lightning, desviando la mirada. Por las circunstancias personales de Fang, le costaba elegir las palabras cuando salía el tema de Vanille-¿Cómo le va? Hace tiempo que no me cuentas nada de ella.

-Pues como siempre, encerrada en la Catedral y sin más compañía que sus espíritus y yo, cuando me dejan entrar-resopló Fang, claramente irritada, y dejó escapar una risotada sin ganas-. La Orden terminará haciéndole perder la cabeza con tanto rollo de la voluntad del Altísimo. Hace dos días, sin ir más lejos, estaba histérica.

-¿Y eso?

-¡Tendrías que haberla visto! Decía que el ángel mensajero del Altísimo que les comunica a las médiums sus órdenes le había pedido que le guiara en una transición espiritual o algo así para descender a nuestro plano. Y según ella, salió fatal. Vamos, que se cree que se ha cargado al mismísimo ángel de Bhunivelze-Fang se rió de nuevo, con un deje de exasperación-. ¡Lo que hay que oír! Aunque quién sabe, a lo mejor es verdad que lo ha matado y nos ha hecho un favor a todos.-agregó, guiñándole un ojo a Lightning.

-Estoy de acuerdo-repuso la joven. Su voz adquirió un tono un tanto áspero-. Pero no creo que nos caiga esa breva.

-Yo tampoco, por desgracia. En fin-Fang se echó la lanza al hombro y se separó del muro-, se está haciendo tarde y tú ya has terminado tu turno de vigilancia. Yo voy a ver si llorándole a esos sacerdotes me dejan ver a Vanille esta noche. Y más te vale descansar, o mañana te pongo a dar mil vueltas a Luxerion corriendo como calentamiento.

Lightning esbozó una media sonrisa sardónica.

-Vale, vale. A sus órdenes, capitana Yun.

Fang le dio una palmada en el hombro, y se alejó en dirección a la Catedral. Lightning permaneció apoyada en el muro un par de minutos más, pensativa, antes de emprender el camino de vuelta a casa.

“Y ahora me toca volver a pasar otra noche cuidando de él”, pensó irritada, guardando su espada en la funda.

Lo cierto es que aquella charla con Fang le había venido bien para desahogar su estrés. Y también para compartir las dudas que le asaltaban acerca de aquel misterioso joven. No tenía intención de darle a entender a Serah que no podía cargar ella con el peso de sus cuidados.

Mientras caminaba, pensó en lo que Fang le había contado sobre Vanille. Tenía que ser terriblemente duro para su mejor amiga ver cómo la Orden utilizaba a su novia para dictar las leyes que se le antojaban en nombre del Altísimo. Órdenes que, según se contaba, eran comunicadas vía el ángel al servicio de Bhunivelze.

Según parecía, Vanille había intentado una transición con este ángel, con nefastas consecuencias. Lightning rió entre dientes.

“Lo cierto es que Fang tiene razón. Vanille nos habría hecho un gran favor si lo hubiera matado.”

Y entonces fue cuando los dos pensamientos que en aquel momento tenía en la mente se cruzaron, haciéndola detenerse en seco.

El ángel siervo del Altísimo que había pedido a la Santa Doncella que le hiciera descender. El joven que había aparecido moribundo frente a su casa hacía tres días.

Recordó las dos horribles heridas en la espalda del joven. Cómo estaban posicionadas, en perfecto paralelo, una en cada omóplato.

Cuando cayó en la cuenta, el corazón de Lightning dio un vuelco. Su rostro perdió todo rastro de color a causa de la impresión.

“No es posible.”

Recordó las palabras de Fang, acerca de que según lo que le había contado sobre él, no parecía humano. Y recordó la inusitada baja temperatura de su cuerpo, y todos los pequeños, extraños detalles.

Las piezas encajaban a la perfección, y sin embargo a Lightning la simple idea le parecía una absoluta locura.

Y entre su asombro e incredulidad, afloró también la rabia.

“La persona que está medio muerta en mi casa… ¿es el ángel de Bhunivelze?”

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