-Tienes cara de haber dormido poco,
chica-comentó Fang al ver las ojeras de Lightning, chasqueando la lengua-.
Llevas ya tres días así. ¿Se puede saber qué marcha llevas?
Lightning suspiró, agotada. El estrés
y la tensión empezaban a reflejarse en su rostro después de lo sucedido la
noche de la tormenta de hacía tres días.
-No quieras saberlo-masculló, apoyando
la espalda en la pared-. Es una auténtica locura.
-Pues desde luego parece que necesitas
un hombro sobre el que llorar.
-No necesito llorar.-replicó Lightning
un poco a la defensiva. Fang se rió, como siempre que la joven se hacía la
dura. Siempre aparentaba ser mucho más fuerte y fría de lo que en realidad era.
Aunque Lightning jamás lo había mostrado con nadie, Fang estaba segura de que
no se equivocaba.
-Vamos, escúpelo. Es el cretino del
prometido de tu hermana, ¿verdad? ¿Qué ha hecho esta vez?, aparte de llevársela
al catre, claro.
-Snow no tiene nada que ver. Lo cual
es una novedad-Lightning frunció el ceño, e hizo una mueca asqueada-. Y por
favor, Fang, deja de recordarme ese tipo de cosas.
Fang se encogió de hombros, como
diciendo, “es lo que es”.
-Chica, me he perdido entonces. No se
me ocurre qué otra cosa podría darle a la estoica Lightning tantos dolores de
cabeza y semejantes ojeras.
Lightning gruñó, clavando su espada en
el suelo distraídamente. No sabía si contárselo a Fang, pero al fin y al cabo
era su única amiga, y tal vez sí fuera cierto que necesitaba desahogarse.
-Te va a costar creértelo.
-Tú habla, y luego ya decidiré yo si
me lo creo.
* * *
-¿Cómo está?-había preguntado
Lightning al bajar del cuarto de baño con las vendas, entrando a toda prisa en
su habitación.
Serah y Snow habían tendido al joven
herido sobre su cama, boca abajo. Snow contemplaba con semblante consternado a
su llorosa prometida, cuyas manos, apenas tocando las brutales heridas de la
espalda del forastero, despedían un suave brillo azulado.
-Vive todavía-respondió Snow,
sacudiendo la cabeza-, pero no sé yo si aguantará. Al menos parece que Serah ha
conseguido que la hemorragia pare un poco…
Lightning se acercó a su hermana,
preocupada. Serah era la mejor sanadora en lo que magia respectaba de los tres,
y ciertamente parecía que sus hechizos Cura habían surtido algo de efecto. Aun
así, las heridas seguían sangrando.
-Tenemos que vendarle la espalda
cuanto antes-la joven le puso una mano en el hombro a Serah-. Mientras Snow y
yo se la vendamos, tú intenta seguir curándole, Serah.
-Haré lo que pueda.-repuso ella con la
voz tomada, asintiendo. Snow se acercó a ellas, se sentó en el borde de la cama
y levantó con todo el cuidado que pudo el cuerpo inerte del joven para que
Lightning pudiera vendarle el torso.
“Está frío”,
pensó la joven arrugando la nariz cuando sus dedos rozaban su pálida piel. “Parece como si no tuviera sangre en las
venas.”
Aunque aquel pensamiento no es que
fuera muy errado, considerando su situación, Lightning sabía lo que quería
decir. Era extraño, aquella temperatura corporal tan baja. Se atrevería a decir
que no era humana.
Cubrió de prietas vendas el torso del
joven, todo lo que pudo, para que la presión contuviera lo máximo posible la
hemorragia. Cuando por fin terminó, Snow lo tendió de nuevo sobre la cama y
Serah retiró las manos, exhausta.
-¿Creéis que se pondrá bien?-preguntó,
secándose las lágrimas con el dorso de la mano. Desde siempre le había afectado
mucho ver a otras personas sufrir.
-No lo sé. Tendremos que estar
pendientes de él.-contestó Lightning, cruzándose de brazos. Aquella idea no le
hacía demasiada gracia. Cuidar de Serah era una cosa, pero ¿un forastero?
“De momento ya ha conseguido quitarme la cama”, pensó, conteniendo un bufido.
-Podemos turnarnos para
cuidarlo-intervino Snow rascándose la nuca-. Yo me ocupo de él esta noche, ¿os
parece?
-No-le cortó Lightning-. Tú mañana
tienes que irte temprano a Yusnaan, y además éste es mi cuarto. Y Serah, tú ya
has hecho mucho por hoy. Ya me hago cargo yo.
-Pero Lightning, mañana tienes que
madrugar tú también.-protestó Serah. Lightning sacudió la cabeza.
-Sobreviviré.
Y sí, había sobrevivido. Pero llevaba
tres noches sin apenas dormir, durmiendo en el sillón de su cuarto, mientras el
joven forastero seguía convaleciente en su cama, sin reaccionar todavía.
* * *
-A ver si lo he entendido-Fang se
apoyó en su lanza, frunciendo el ceño-. ¿Os encontrasteis a un tío a punto de
criar malvas tirado en el suelo en medio del aluvión que estaba cayendo el otro
día?
-Buen resumen.-Lightning reprimió un
bostezo, irónica.
Fang silbó, sacudiendo la cabeza. Se
pasó una mano por su revuelta melena negra, asimilando aquella sorprendente
información.
-¿Y lleva desde entonces sin
conocimiento? ¿No ha comido ni bebido nada, y aún vive?
-Eso parece. Desde luego está
escuálido, y parece como si no le hubiera dado nunca el sol-comentó Lightning.
Aquello la tenía intrigada: no parecía que el joven tuviera el aguante
necesario para soportar sin comer ni beber con semejantes heridas, pero no
había empeorado-. Serah lo cura cada vez que llega a casa un rato, pero eso no
explica cómo diablos aguanta.
Una risa mordaz brotó de la garganta
de Fang. La joven dragontina parecía bastante intrigada con la historia que le
contaba Lightning.
-Desde luego tendría que verlo para
creerlo. Por lo que me cuentas, estoy por pensar que ese chaval no es humano,
porque tal y como dices que está no es normal que aún no la haya palmado.
-Eso no tiene ni pies ni
cabeza-Lightning frunció el ceño-. Vale que sea muy raro, pero parece humano.
Quiero decir, no tiene aspecto de monstruo.
-Cosas más extrañas se han visto. Y te
lo digo yo, que de fenómenos paranormales sé un rato.
Lightning la miró, enarcando una ceja.
-¿Tú? Pero si tú eres de las que cuando
sucede algo fuera de lo común empalan primero y después preguntan.
-Yo sí, pero con Vanille al lado, me
he tragado historias de espíritus y movidas el doble de raras que ésta, así que
no me cuentas nada nuevo.-Fang se encogió de hombros.
-Ah, claro… -murmuró Lightning,
desviando la mirada. Por las circunstancias personales de Fang, le costaba
elegir las palabras cuando salía el tema de Vanille-¿Cómo le va? Hace tiempo
que no me cuentas nada de ella.
-Pues como siempre, encerrada en la
Catedral y sin más compañía que sus espíritus y yo, cuando me dejan
entrar-resopló Fang, claramente irritada, y dejó escapar una risotada sin
ganas-. La Orden terminará haciéndole perder la cabeza con tanto rollo de la
voluntad del Altísimo. Hace dos días, sin ir más lejos, estaba histérica.
-¿Y eso?
-¡Tendrías que haberla visto! Decía
que el ángel mensajero del Altísimo que les comunica a las médiums sus órdenes
le había pedido que le guiara en una transición espiritual o algo así para
descender a nuestro plano. Y según ella, salió fatal. Vamos, que se cree que se
ha cargado al mismísimo ángel de Bhunivelze-Fang se rió de nuevo, con un deje
de exasperación-. ¡Lo que hay que oír! Aunque quién sabe, a lo mejor es verdad
que lo ha matado y nos ha hecho un favor a todos.-agregó, guiñándole un ojo a
Lightning.
-Estoy de acuerdo-repuso la joven. Su
voz adquirió un tono un tanto áspero-. Pero no creo que nos caiga esa breva.
-Yo tampoco, por desgracia. En
fin-Fang se echó la lanza al hombro y se separó del muro-, se está haciendo
tarde y tú ya has terminado tu turno de vigilancia. Yo voy a ver si llorándole a esos
sacerdotes me dejan ver a Vanille esta noche. Y más te vale descansar, o mañana
te pongo a dar mil vueltas a Luxerion corriendo como calentamiento.
Lightning esbozó una media sonrisa
sardónica.
-Vale, vale. A sus órdenes, capitana
Yun.
Fang le dio una palmada en el hombro,
y se alejó en dirección a la Catedral. Lightning permaneció apoyada en el muro
un par de minutos más, pensativa, antes de emprender el camino de vuelta a
casa.
“Y ahora me toca volver a pasar otra noche
cuidando de él”, pensó irritada,
guardando su espada en la funda.
Lo cierto es que aquella charla con
Fang le había venido bien para desahogar su estrés. Y también para compartir
las dudas que le asaltaban acerca de aquel misterioso joven. No tenía intención
de darle a entender a Serah que no podía cargar ella con el peso de sus
cuidados.
Mientras caminaba, pensó en lo que
Fang le había contado sobre Vanille. Tenía que ser terriblemente duro para su
mejor amiga ver cómo la Orden utilizaba a su novia para dictar las leyes que se
le antojaban en nombre del Altísimo. Órdenes que, según se contaba, eran
comunicadas vía el ángel al servicio de Bhunivelze.
Según parecía, Vanille había intentado
una transición con este ángel, con nefastas consecuencias. Lightning rió entre
dientes.
“Lo cierto es que Fang tiene razón. Vanille
nos habría hecho un gran favor si lo hubiera matado.”
Y entonces fue cuando los dos
pensamientos que en aquel momento tenía en la mente se cruzaron, haciéndola
detenerse en seco.
El ángel siervo del Altísimo que había
pedido a la Santa Doncella que le hiciera descender. El joven que había
aparecido moribundo frente a su casa hacía tres días.
Recordó las dos horribles heridas en
la espalda del joven. Cómo estaban posicionadas, en perfecto paralelo, una en
cada omóplato.
Cuando cayó en la cuenta, el corazón
de Lightning dio un vuelco. Su rostro perdió todo rastro de color a causa de la
impresión.
“No es posible.”
Recordó las palabras de Fang, acerca
de que según lo que le había contado sobre él, no parecía humano. Y recordó la
inusitada baja temperatura de su cuerpo, y todos los pequeños, extraños
detalles.
Las piezas encajaban a la perfección,
y sin embargo a Lightning la simple idea le parecía una absoluta locura.
Y entre su asombro e incredulidad,
afloró también la rabia.
“La persona que está medio muerta en mi casa…
¿es el ángel de Bhunivelze?”
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