jueves, 17 de septiembre de 2015

XVIII. Cadenas

Los viajes en monorraíl no parecían ser muy del agrado de Hope.

-Eres la primera persona que conozco que se marea en monorraíl-dijo Lightning observando el rostro pálido y desorientado del ángel, que no apartaba la vista de la ventana con los labios fruncidos y su piel ligeramente sudorosa-. Desde luego, Hope, lo que no te pase a ti…

Serah, que estaba sentada frente a ellos, posó una mano en la rodilla de Hope con una amable sonrisa:

-Te acostumbrarás. No te preocupes, si es la primera vez que te subes en uno, es normal. Tú relájate, no tardaremos mucho en llegar.

-Dijisteis lo mismo hace una hora-repuso el ángel con voz ronca-. Y sigo sin ver más que mar.

-Estamos viajando de un continente a otro, por si no lo recuerdas-Lightning enarcó las cejas-. Es cierto que los “continentes” de Nova Chrysalia no son precisamente grandes, pero no deja de ser un trayecto largo.

Hope no dijo nada. Se limitó a fruncir el ceño, cruzando sus manos, ligeramente temblorosas, sobre su regazo. Lightning observó la muñequera de tela amarilla que cubría su muñeca izquierda, un nuevo añadido a su atuendo desde hacía varios días, que ella le había dado para que se cubriera la cicatriz que le había quedado de su enfrentamiento con los asesinos. En teoría había cumplido su función mientras se curaba la herida, pero el ángel no se la había quitado. Parecía, de hecho, que le gustaba.

La joven suspiró, apoyando la espalda en el asiento, recordando las causas que les habían llevado a ella, a su hermana y a Hope a tomar aquel monorraíl.

* * *

Había sucedido cerca de dos semanas atrás, después del ataque que habían sufrido tras su visita a Vanille. Hope no había tardado en recuperarse de sus lesiones, pero tanto Lightning como Serah le habían encontrado mucho más serio y silencioso de lo normal tras aquel incidente. Lightning ya le había explicado a su hermana que al ángel no le había gustado escuchar que ella, Noel y Fang habían matado a los asesinos que la Suma Sacerdotisa había mandado tras ellos, pero intuía que había algo más en todo aquello. Pero Hope se mantenía en silencio, y Lightning no estaba segura si era lo más indicado indagar en todo aquello. “Quizá cuando él mismo sepa qué es lo que le ocurre, nos lo cuente”, había pensado.

Una semana más tarde, Lightning había acordado en reunirse en El Reposo del Visionario con Fang y Noel para hablar de sus averiguaciones tras su conversación con Vanille. Dado que a Hope todavía no se le había pasado el susto después de la emboscada y no quería que saliera de casa por el momento, la joven había acudido sola, y en la taberna de Noel habían hablado largo y tendido sobre lo que los espíritus les habían revelado a Hope y a Vanille.

-Ambos coincidieron en que escucharon a los espíritus hablar de un lugar al norte, cercano al mar-había resumido Lightning, inclinada como sus amigos sobre su mapa de Nova Chrysalia-. Aunque en realidad casi todo está al norte de Luxerion.

-Pero los vientos del norte no podrían soplar en las Dunas, lo cual acota la búsqueda-replicó Fang señalando la isla que quedaba ligeramente al noreste de Luxerion-. Como ya te dije, encanto, tenemos dos opciones.

-Las Marcas Salvajes y Yusnaan-dijo Noel, pensativo-. Reconozco que las Marcas son un lugar bastante tentador para buscar, pero sin más pistas podríamos pasar años sin encontrar nada en un lugar tan grande. Y Yusnaan, ¿creéis que el Corazón podría estar en una ciudad tan concurrida?

-Tampoco podemos estar seguros de que los espíritus hablaran de la ubicación exacta-Lightning estudió atentamente el mapa-. Si fuera tan fácil, cualquiera podría recurrir a un médium y preguntar dónde está. Nos dieron una pista, pero tal vez esa pista nos lleve a otra, no a la solución.

Fang se cruzó de brazos, y alzó la vista hacia la joven con los ojos brillantes.

-¿Qué estás pensando, encanto? Si es lo que creo, te va a costar lo tuyo.

Lightning arrugó la nariz, indecisa, pero Noel miraba a una y a otra sin comprender muy bien de lo que hablaban:

-¿De qué estáis hablando? Me he perdido, ¿queréis hacer el favor de tener un poco de consideración conmigo? Más de la mitad de las veces no me entero de lo que os traéis entre manos.

-No es culpa nuestra que seas el más novato de los nuestros-Fang se echó a reír con ganas-. Si es que podemos considerar al ángel como uno de nosotros. Bueno, encanto, ¿estás pensando lo que sospecho?

-Es posible-admitió Lightning con cierta reticencia-. No sé hasta qué punto podríamos conseguir información en las Marcas, pero en Yusnaan sí que hay algo que nos puede orientar mucho más que los espíritus: el fal’Cie Pandemónium.

Se hizo un breve silencio. Fang se limitó a asentir sonriendo con sorna, pero Noel estaba atónito.

-¿Pandemónium? ¿Estás diciendo que quieres ir a preguntarle al fal’Cie directamente? ¡Pero si sabes que nadie puede entrar donde está! Ese sitio fue sellado hace milenios.

-Sí, pero el sello fue creado por magia angélica-hizo notar Fang rascándose la barbilla-. Ni siquiera los lu’Cie podemos atravesarlo, pero ahora que tenemos un ángel, las cosas cambian. Ya veo por dónde vas.

Lightning frunció el ceño.

-No sé si serviría de algo, si os digo la verdad. A lo mejor es un riesgo, porque Pandemónium lleva miles de años sin haber tenido contacto alguno con ningún ser vivo. Pero él es un ser semidivino, y quizá nos oriente si Hope y él se entienden.

Fang se cruzó de brazos y miró el mapa durante largos minutos en silencio. Era evidente que estaba considerando el plan: lo cierto era que la presencia de Hope les estaba brindando la oportunidad única de conocer en persona al legendario Pandemónium, pero presentarse ante un fal’Cie no estaba exento de riesgos, y no podían avisarle por adelantado.

-No perdemos nada por probar suerte en Yusnaan-dijo al fin la joven dragontina, aunque por su expresión Lightning sabía que tenía sus dudas-, pero podrías poner a tu ángel en peligro si te lo llevas ante Pandemónium.

-¿Por qué? Es un ángel, ¿no? Creía que los fal’Cie les tenían cierto cariño.-Noel parecía un poco desconcertado.

-Pero Hope es el ángel de Bhunivelze-Lightning suspiró, frotándose la frente con los nudillos-. Y a los fal’Cie no les gustan los dioses. Lo sé, Fang, pero él es el único que puede llevarnos hasta el Corazón.

Fang asintió, sonriendo, y le puso una mano en el hombro a la joven.

-Pues id a Yusnaan y a ver si podéis encontraros con ese fal’Cie de leyenda. Pero estad alerta, tanto él como tú. Yo haré lo que pueda para cubriros las espaldas, pero estando lejos, os las tendréis que arreglar.

-No te preocupes, Fang-Lightning le devolvió la sonrisa-. Allí también está Snow.

-Eso no es un gran consuelo.-bromeó Noel, burlón.

-Ya lo sé. Pero es mejor que nada, supongo.

* * *

Al llegar a casa, Lightning le había dicho a Hope que en cuanto hubieran hecho unos cuantos preparativos, irían a la ciudad de Yusnaan a proseguir su búsqueda. El ángel no había hecho muchos comentarios, pero se había mostrado sorprendido cuando se había enterado de que la idea era hablar en persona con el mítico fal’Cie Pandemónium.

Al pedirle a Serah que avisara a Snow de que iban a dirigirse a la ciudad, su hermana había insistido en acompañarles para poder ver a su prometido. Al principio la idea no le había hecho ninguna gracia a Lightning, puesto que Serah todavía se estaba recuperando del despertar de su Marca, pero la había visto tan ilusionada que había terminado por ceder. Habitualmente no podían permitirse aquellos viajes debido al variable sueldo que Lightning recibía por su trabajo como mercenaria, y Serah apenas conseguía dinero dando clases a los hijos de familias marginadas por la Orden. Pero en aquella ocasión no les había quedado otra opción, porque de lo contrario el camino a pie a Yusnaan serían días enteros.

Así que allí estaban los tres, de camino a la otra gran ciudad de Nova Chrysalia. A Lightning le había costado tomar aquella decisión, pero había terminado por asumir que su misión era más importante que los aciagos recuerdos de hacía más de dos siglos… “Serah podría ser feliz en Yusnaan si quisiera. Pero yo no. Preferiría no haber vuelto nunca.”

Sonó una especie de campana, y Hope alzó la vista, sobresaltado.

-Eso es porque estamos llegando-sonrió Serah, y señaló la ventana-. Mira, seguro que ya puedes ver Yusnaan.

El ángel obedeció. Estaba mareado, pero consiguió atisbar una enorme ciudad sobre los riscos, rodeada por vías suspendidas en el aire y edificios de aspecto más alegre que las sobrias construcciones de Luxerion. El monorraíl iba a gran velocidad y apenas pudo apreciar nada, pero Hope creyó ver un gran edificio colorido coronando la parte norte de la ciudad.

Apenas un minuto más tarde, el monorraíl aminoró la marcha hasta detenerse por completo en la estación. Lightning y Serah se levantaron y cogieron el poco equipaje que habían llevado; Hope trató de imitarlas, pero a los pocos pasos le temblaron las piernas y Lightning tuvo que sujetarle.

-¿Estás bien?-le preguntó; Hope se limitó a fruncir el ceño-Apóyate en mi hombro, verás que el aire fresco te sentará mejor.

Los tres salieron a la plataforma, y miraron en rededor. No tardaron en ver tres oficiales de la guardia de Yusnaan que se les acercaban.

-Buenos días-saludó uno de ellos, con la voz un poco metálica por el casco que cubría toda su cabeza-. ¿Son ustedes las señoritas que lord Villiers ha tenido a bien acoger?

-Sí-sonrió Serah; días antes, cuando había hablado con Snow, su prometido le había dicho que enviaría a unos escoltas para llevarles al palacio-. Soy Serah Farron, la prometida de lord Villiers, y ella es mi hermana. Él es un amigo nuestro.

Los guardias miraron con cierto recelo a Hope, que se apoyaba en Lightning con su habitual marmórea expresión pero con la mirada perdida, señal de que todavía no se había recuperado del mareo.

-Se ha mareado en el viaje.-explicó Lightning, no sin cierto fastidio.

-Comprendo-dijo uno de los guardias, asintiendo y haciéndoles un gesto para que le siguieran-. Síganme, pues. Lord Villiers ha ordenado que les escoltemos hasta su ala del palacio.

Ellos obedecieron. No salieron de la estación por la puerta principal, sino que se metieron por un lateral que llevaba hacia una zona más rocosa y arenosa, próxima a lo que parecía un complejo industrial. Allí, sobre la arena, había aparcados tres vehículos de propulsión antigravitatoria, que levitaban a unos centímetros del suelo.

-Súbanse-dijo otro guardia, acercándose a Lightning y Serah y extendiendo una mano-. Permítanme sus equipajes, señoritas.

Las dos hermanas se los entregaron, y los guardias los depositaron en un compartimento de una de las aeronaves. Serah se subió al asiento trasero de una de ellas; Lightning fue a imitarla, pero Hope se había quedado quieto, y cuando la joven lo miró, descubrió que miraba los vehículos con obvia inseguridad.

-¿Qué te pasa ahora?

-… Esos artefactos-murmuró Hope con aquella voz ronca-. Se mueven por el aire. Me voy a marear más.

Lightning le disparó una mirada incrédula.

-¿Que te vas a marear volando? Por el amor del cielo, Hope, ¿qué clase de ángel eres tú?

-Uno que no ha despegado los pies del suelo en su vida.-replicó él con un matiz de sarcasmo en su voz, aunque esta vez no era un sarcasmo amable sino más bien un tanto amargo.

Ella se quedó con la boca abierta ante aquellas palabras, pero antes de poder preguntarle nada, Serah les llamó:

-¡Venga, Lightning! ¿A qué esperáis?

-Luego hablaremos-suspiró Lightning, y tiró de la manga de la camisa de Hope para que caminara-. De momento aguántate el mareo un rato.

El joven ángel se encaramó lentamente a su asiento, no sin reticencia. Antes de darse la vuelta para subirse a su vehículo, Lightning lo oyó murmurar entre dientes:

-… Primero el monorraíl y ahora esto.

* * *

-Ya entiendo-dijo Snow frotándose la barbilla, cubierta por aquella incipiente barba mal afeitada, preocupado-. Serah me comentó por encima lo que os había pasado, pero ahora que me lo cuentas con más detalle, reconozco que se nos echa un poco el tiempo encima.

-Hope dice que no sintió que fueran a por él-Lightning sacudió la cabeza-, pero aún está aprendiendo a descifrar las emociones, y sé que le cuesta cuando se trata de desconocidos. No podemos descartar que la Orden sospeche que es un ángel. Ya sabemos que se pueden hacer una idea por la cantidad de magia que irradian los cuerpos, como hacen con los lu’Cie.

Tras llegar al Palacio de Yusnaan, Snow les había recibido en el ala que le estaba asignada. Había siete Patrones en la ciudad, y todos ellos tenían una zona del palacio donde vivían. Los Patrones se reunían cuando había que debatir sobre la política y la situación de Yusnaan, pero por lo demás apenas tenían contacto entre ellos.

Hope se había quedado en una habitación, descansando para ver si se le pasaba el mareo. Cualquiera en su situación hubiera echado hasta las tripas por la boca, pero por alguna razón el cuerpo del ángel no parecía capaz de aquello. Lightning recordó que Hope les había contado que su organismo estaba diseñado para eliminar toda impureza en su cuerpo, y tal vez eso incluyera los ácidos del aparato digestivo. Sin embargo, aquello significaba que si bien cualquier humano no hubiera tardado en reponerse tras echar los hígados, Hope tenía que aguantar aquella desagradable sensación hasta que se le pasara.

-Bueno, ahora no tenéis por qué preocuparos-sonrió Snow golpeándose el pecho con el puño-. Mientras estéis en Yusnaan bajo mi protección, no pueden haceros nada. Siempre y cuando no revelemos que somos lu’Cie, claro.

-Eso lo tenemos controlado-Serah le devolvió una amplia sonrisa, apoyando la cabeza en su hombro. Estaban sentados en un sofá, frente al sillón donde Lightning estaba sentada-. Hacía tanto tiempo que no veníamos a Yusnaan. Y además te echaba de menos, Snow.

-Y yo a ti, preciosa.

-Perdonad que os interrumpa-intervino Lightning, un tanto molesta por aquellos dos tortolitos-, pero recordad que no estamos aquí de visita turística. Hemos venido por otra causa, Snow, y dependemos en gran parte de ti, aunque eso sea una locura.

-Ya, ya lo sé. Queréis hablar con el fal’Cie-Snow alzó las manos-. Como ya sabes, se supone que yo lo protejo. Pero lo único que puedo hacer es escoltaros hasta los caminos que llevan hasta él. Lo que sí puedo es cubriros las espaldas para que los demás Patrones no se cosquen de nada.

Lightning gruñó. No podía culpar a Snow por las pocas opciones que les estaba dando. Lo cierto es que nadie sabía exactamente dónde se hallaba el fal’Cie Pandemónium. Los escritos de los que disponían hablaban de que la entrada estaba en el Palacio de Yusnaan, pero no precisaban su ubicación exacta, ni qué clase de protecciones habían puesto los ángeles en el camino.

-También hay que tener en cuenta que la guardia de palacio patrulla los niveles inferiores, y como es lógico no están sólo a mis órdenes-prosiguió Snow-. Meteros ahí desde la superficie sería una locura. Sé que tiene que haber algún pasadizo exterior que lleve hasta un lugar más bajo, pero yo no sé dónde puede estar.

-Nos tocará buscarlo, supongo-suspiró Serah-. Pero Yusnaan es tan grande… No podemos ponernos a registrar toda la ciudad. Además, llamaríamos la atención.

Snow se rascó la cabeza.

-Puedo poner a vuestra disposición los archivos y registros de palacio. Los hay muy antiguos, y con suerte podremos dar con alguna pista-sugirió-. Pero hay un porrón de material ahí. Podría llevarnos días enteros.

Lightning frunció el ceño. No le hacía ninguna gracia pasar días en Yusnaan, pero estaba claro que no tenía otro remedio. Y tampoco podía culpar a Snow por aquel retraso: se trataba de un fal’Cie, al fin y al cabo. Tenía que estar endiabladamente protegido.

-No tenemos otra opción-decidió la joven, no sin irritación, levantándose de la silla-. Habrá que comenzar cuanto antes, eso sí.

-¿Te vas?-preguntó Serah al ver a su hermana dirigirse hacia la puerta.

-Voy a ver cómo se encuentra Hope. No tenía muy buena cara después del vuelo, por irónico que suene.

Sin dar más explicaciones, Lightning salió de los aposentos de Snow y echó a andar por el pasillo hacia la habitación donde había dejado a Hope descansando a grandes zancadas. En parte quería alejarse rápido de allí, porque sin duda Snow y Serah no tardarían en celebrar su reencuentro.

A pesar de que sabía que estaban comprometidos, Lightning no soportaba la idea de que su querida hermana pequeña tuviera tal grado de intimidad, tanto física como emocional, con alguien que no fuera… “No, esa idea no es nada sana, Lightning. Ni se te ocurra ir por ahí.”

Siguió avanzando por el pasillo durante unos minutos hasta llegar al fin a la puerta de la estancia donde Hope se había quedado. Entreabrió la puerta y se asomó: el ángel seguía tal y como ella lo había dejado, tendido boca arriba en la cama, aunque no estaba dormido pues sus grandes ojos estaban abiertos, mirando el techo distraídamente. De hecho, había cruzado las piernas una sobre otra y parecía estar moviendo ligeramente un pie al ritmo de las distantes canciones que los juglares de Yusnaan tocaban por las calles.

-Hola, Hope-saludó Lightning entrando a la habitación y cerrando la puerta tras ella-. ¿Cómo te encuentras?

El joven ángel giró perezosamente la cabeza hacia ella. A Lightning le parecía que estaba más relajado de lo normal en él.

-Estoy mejor. Un poco cansado por el viaje, pero no tardaré en recuperarme-Hope se estiró un poco-. ¿Y tú? ¿Ya has hablado con Snow?

-Sí-suspiró la joven sentándose en una silla al lado de la cama-. Pero él no sabe tampoco cómo llegar hasta Pandemónium. Nada que no supiéramos ya, y la verdad es que no podíamos esperar otra cosa viniendo de Snow.

-Pero sí sabéis que Pandemónium está oculto bajo el palacio-dijo Hope, confuso-. ¿Por qué no buscarlo aquí, sin más? Snow es el Patrón, podría dejarnos registrarlo.

Lightning lo miró con ironía.

-Porque no tienes ni idea de lo vigilados que están los niveles inferiores, tonto. Y Snow no es el único Patrón; si lo fuera, eso no sería ningún problema… Pero tenemos que colarnos sin que nadie más lo sepa. Nos pondríamos en peligro si alguien nos descubriera, y también a Pandemónium.

Hope reflexionó unos segundos, y finalmente asintió.

-Entiendo… ¿Qué vamos a hacer, pues?

-Ésa es la cuestión-repuso Lightning con fastidio-. Tendremos que buscar algún pasadizo secreto o algo que nos lleve a las zonas subterráneas del palacio. Pero podría llevarnos días, entre registrar Yusnaan y buscar información en los archivos de palacio.

Hope percibió el desagrado en su aura al mencionar que su estancia en la ciudad podría prolongarse durante días. Le resultó extraño, ya que creía que a Lightning le gustaba viajar a juzgar por lo que había visto en el mapa de la joven.

-¿Echas de menos tu hogar?-le preguntó. Ella alzó una ceja, desconcertada por la pregunta.

-¿A qué viene eso ahora?

-Es la primera vez que nos alejamos de Luxerion en el tiempo que nos conocemos-Hope ladeó la cabeza-. Supongo que para los humanos es duro alejarse del hogar porque no suelen hacerlo a menudo. Tú pareces incómoda aquí.

Lightning tardó un poco en responder. Observaba a Hope como un halcón. “No tiene ni idea y sin embargo no se le escapa una.”

No quería hablar de ello… y definitivamente no iba a hacerlo, y menos con él. Pero la inocencia de Hope era algo a lo que, a su pesar, le costaba resistirse. La miraba con aquellos grandes ojos claros en los que brillaba la chispa de curiosidad que ya conocía, y ella no podía sino satisfacerla, aunque fuera sólo en parte.

-Luxerion no es exactamente mi hogar-respondió la joven al fin-, pero de alguna forma sí echo de menos el que sí considero que lo es. A veces pienso que llevaría una vida más tranquila si me hubiera quedado. Pero no tenía más opción que unirme a la lucha contra la Orden.

-¿No fue una elección tuya luchar?-el ángel parecía apenado. Lightning ya sabía que Hope detestaba la lucha y toda clase de violencia.

-Es complicado… -Lightning suspiró-Digamos que por un lado yo deseaba luchar… Ya sabes, tanto por liberar a mi gente como por Mikhail. Pero no sólo fue eso. De alguna manera también era mi deber.

La expresión de Hope le indicó que quería seguir preguntando, por lo que decidió cambiar de tema antes de que pudiera hacerlo:

-¿Y qué hay de ti, Hope? ¿Echas de menos tu hogar?

Él parpadeó brevemente.

-¿Hogar?

-Pues claro. El Arca, ¿no? ¿No dijiste que vivías en el Nuevo Nido?

Hope ladeó la cabeza y desvió la mirada, pensativo.

-He vivido allí desde el momento que abrí los ojos por primera vez… -murmuró-Pero nunca he considerado el Arca mi hogar. Era donde debía estar, nada más. Lo único que me vincula a ese lugar es mi servidumbre al Altísimo.

-Entonces tú y yo estamos en una situación similar-rió Lightning con cierta amargura-. Sólo que tú has vivido toda tu vida en un sitio que no consideras tu hogar hasta ahora, y yo dejé el mío para vivir en un lugar que no considero como tal.

-No sé si en este mundo existirá algún lugar que pueda ser mi hogar-Hope cerró los ojos-. Soy un forastero, al fin y al cabo. Puedo sentirme a gusto, pero no pertenezco a él.

Lightning enarcó las cejas:

-¿Te sientes a gusto en nuestro mundo?

-Bastante-a la luz de la tarde, pese a estar tumbado, el ángel parecía más enérgico que de costumbre-. Ahora mismo, me siento mucho mejor de lo que me he sentido en siglos. Me gusta Yusnaan, a pesar de lo incómodo que ha sido venir.

-¿Te gusta Yusnaan?-Lightning frunció el ceño; ella, desde luego, no compartía su opinión-¿Por qué? Si apenas has visto cómo es.

-Es por la energía del ambiente… Siento cómo flota en el aire, y me hace sentirme más fuerte-repuso él estirándose otra vez, un gesto dinámico tratándose de él-. Como ya sabes, la energía positiva fortalece mi fuerza vital, y la negativa la debilita. Y esta ciudad rebosa energía positiva. Por eso me siento tan bien aquí.

-Yusnaan es la Ciudad de los Festejos-replicó la joven con un matiz de desdén-. No te negaré que aquí la gente viene a pasárselo bien, pero no es sino una felicidad superficial. De hecho, es casi frívola.

Hope desvió la mirada hacia la ventana. Los fuegos artificiales, el mayor distintivo de Yusnaan, empezaban a dejarse ver en el cielo de la ciudad.

-Es posible. Pero sigue siendo una energía positiva. Sin duda si fuera más profunda tendría un mayor efecto en mí, pero después de todo este tiempo sintiéndome tan débil, es un cambio agradable.

Lightning lo observó atentamente. La verdad es que tenía mucho mejor aspecto que antes, no sólo después de que se le pasara el mareo sino en aquellos dos meses en general. “Eso es bueno. Cuanto antes se recupere, antes podremos buscar pistas en lugares más inhóspitos.”

-¿Quieres dar una vuelta por la ciudad?-le preguntó a Hope tras un silencio. El ángel la miró, ligeramente sorprendido.

-¿Una vuelta? ¿Contigo?

-A menos que quieras perderte, sí-rió ella-. Como dices que la ciudad te hace sentir mejor, pensé que tal vez te gustaría visitarla. Es mucho más bonita de noche.

-Hum… -Hope parecía dubitativo-Pero a ti no te gusta, Light.

-No mucho-reconoció Lightning, encogiéndose de hombros-. Pero la conozco bien. Y tampoco me apetece pasarme días encerrada en este palacio. Bueno, ¿qué dices?

Se hizo un breve silencio en el que Hope la miraba inseguro, pensándose si aceptar la oferta o no, quizá por el miedo a salir al exterior en un lugar desconocido. Pero, finalmente, sacudió levemente la cabeza y se incorporó, con los ojos brillantes:

-… ¿Por qué no?

* * *

-¡Mirad!-exclamó Serah, encantada, alzando la vista hacia el edificio más alto y lujoso de la Villa de los Banquetes-¿Ves eso, Hope? Es el Banquete del Patrón. ¡El restaurante más elegante de todo Yusnaan!

-Olvídalo, Serah-rió Lightning sin ganas-. No tenemos dinero para pagar una mísera sopa en ese sitio.

-Oye, sólo se lo estaba enseñando a Hope-protestó su hermana cruzándose de brazos, fingiendo enfurruñarse-. Además, quién sabe. Mi prometido es uno de los Patrones. ¡Podríamos celebrar nuestra boda aquí, y entonces sí que podríamos invitaros a todos!

Lightning alzó las cejas, pero no respondió. Hope, a su lado, observaba con curiosidad todo lo que le rodeaba; parecía especialmente fascinado por los fuegos artificiales y las incontables luces que engalanaban la ciudad.

-¿Os hacen pagar por comer?-el ángel frunció el entrecejo-¿Por qué? Es una de vuestras necesidades vitales. Es como si os hicieran pagar por respirar.

-No exactamente-explicó Serah-. Es cierto que negar alimento a un necesitado es una sentencia de muerte a menos que uno sepa cazar o se vea obligado a robar. Míralo de esta forma: en los restaurantes no se paga la comida en sí, sino el esfuerzo de quien lo ha cocinado. A mayor esfuerzo, más se paga.

Hope no parecía estar muy de acuerdo con aquella idea, pero no hizo ningún comentario. Se limitó a estudiar intrigado los puestos de comida que abarrotaban la Villa de los Banquetes.

-¿Tienes hambre?-le preguntó Lightning cuando lo vio examinando con gran interés las muestras expuestas en un pequeño puesto de pescado.

-Un poco. Pero si tenéis que pagar, no lo hagáis por mí.

Serah movió la cabeza y sonrió, sacando unas monedas de los bolsillos de su vestido. Se acercó al puesto, llamó la atención del vendedor y dijo:

-Pónganos tres brochetas de sahuagín, por favor.

Sorprendido, Hope fue a protestar, pero antes de que pudiera hacerlo, Serah le plantó una humeante brocheta en las narices.

-Calla y come.

Lightning se echó a reír, cogiendo la brocheta que su hermana le tendía y mirando divertida cómo Hope estudiaba con curiosidad la comida y la mordisqueaba cauteloso. Serah era así, siempre tenía detalles con la gente aunque no los conociera. Ella no podía decir lo mismo, algo que Serah había tratado de pulir desde que eran niñas. “Soy demasiado desconfiada para acercarme a la gente. No puede decirse que no tenga motivos, pero Serah siempre ha tenido mucho más éxito entre los demás que yo.”

Los tres pasearon durante largo rato por la Villa de los Banquetes mientras comían sus brochetas: había mucha más comida de aspecto delicioso en los puestos, pero se habían quedado sin guiles sueltos y no podían permitirse comprar más. Se limitaron a disfrutar del ambiente nocturno de Yusnaan y del maravilloso olor que flotaba en el aire.

-Es una pena que no podamos deleitarnos tanto como quisiera en la ciudad-comentó Serah con cierta tristeza-. Tenemos que buscar a Pandemónium antes de que llamemos demasiado la atención.

-No estamos haciendo turismo-rezongó Lightning-, pero estoy de acuerdo. Lo de esta noche es una excepción, pero a partir de ahora tenemos que centrar todos nuestros esfuerzos en descubrir cómo llegar hasta el fal’Cie lo antes posible.

-¿Tienes alguna idea, Hope?-le preguntó Serah de improviso al ángel. Él, que había estado distraído mirando los fuegos artificiales, parpadeó brevemente.

-¿Yo?

-Claro, nos dijiste que una de tus tareas era buscar actividad fal’Cie en el mundo. Tal vez tus poderes puedan orientarnos para buscar el pasadizo que necesitamos.

Hope se lo pensó un poco. Lightning recordó que los poderes del ángel funcionaban de manera diferente en Nova Chrysalia, pero aun así su hermana tenía razón: de alguna forma y con algo de suerte, Hope podría orientarles.

-Podría intentarlo-repuso el ángel, dubitativo-. No sé exactamente qué patrón aural desprenden los fal’Cie, ya que nunca he detectado ninguno. Pero supongo que será diferente a los de humanos y lu’Cie. No obstante, tendría que rastrear toda la ciudad: hay demasiadas interferencias como para poder hacerlo a distancia.

-Al menos es un comienzo-sonrió Serah, más animada-. Por cierto, Hope, ¿es cosa mía, o te veo más alegre que de costumbre?

Él se encogió brevemente de hombros.

-La alegría no es mía. Es lo que hay a mi alrededor lo que ves. Yo estoy… digamos, bastante limitado para experimentarla por mí mismo.

Serah aceptó su respuesta, pero no dejaba de observar al ángel con sumo interés, como quien espera una reacción en cualquier momento. De vez en cuando miraba a Lightning, algo que a la joven la estaba poniendo nerviosa. “¿En qué demonios estará pensando?”

Era contradictorio, pensaba Lightning. Hope era como un espejo de lo que sucedía a su alrededor, una especie de canalizador. Reflejaba tanto la alegría y la dicha como la ira y el odio, pero no era sino un mero reflejo. Una sombra de conceptos mucho más profundos. “Pero por sí solo es incapaz de reproducirlos. O por lo menos, él dice que está limitado. ¿Hasta qué punto puede sentir algo, si es que lo hace?”

Sacudió la cabeza, tratando de no darle vueltas a la cuestión. Pero en su fuero interno, Lightning estaba cada vez más intrigada por lo que iba descubriendo sobre Hope. Su existencia estaba llena de cadenas de todo tipo. No sólo físicas, como su marca de servidumbre, sino cadenas impuestas en su mismo ser. Cadenas a un lugar que no consideraba su hogar y ahora en un mundo al cual no pertenecía. Costaba pensar que un ser alado como él estuviera tan prisionero.

Pero recordó que Hope había mencionado que él nunca antes había volado, la mañana de aquel día. “Lleva encadenado desde que fue creado. No sabe lo que es la vida, ni la libertad, a tal nivel que ni siquiera puede experimentar sensaciones propias.”

Sin embargo, al tiempo que los tres recorrían las concurridas calles de Yusnaan, llenas de gente que reían y disfrutaban de los festejos, Lightning no pudo evitar esbozar una media sonrisa llena de amargura.

“La verdad es que él no es el único que lleva encadenado toda su vida.”

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