Los viajes en monorraíl no parecían
ser muy del agrado de Hope.
-Eres la primera persona que conozco
que se marea en monorraíl-dijo Lightning observando el rostro pálido y
desorientado del ángel, que no apartaba la vista de la ventana con los labios
fruncidos y su piel ligeramente sudorosa-. Desde luego, Hope, lo que no te pase
a ti…
Serah, que estaba sentada frente a
ellos, posó una mano en la rodilla de Hope con una amable sonrisa:
-Te acostumbrarás. No te preocupes, si
es la primera vez que te subes en uno, es normal. Tú relájate, no tardaremos
mucho en llegar.
-Dijisteis lo mismo hace una
hora-repuso el ángel con voz ronca-. Y sigo sin ver más que mar.
-Estamos viajando de un continente a
otro, por si no lo recuerdas-Lightning enarcó las cejas-. Es cierto que los
“continentes” de Nova Chrysalia no son precisamente grandes, pero no deja de
ser un trayecto largo.
Hope no dijo nada. Se limitó a fruncir
el ceño, cruzando sus manos, ligeramente temblorosas, sobre su regazo.
Lightning observó la muñequera de tela amarilla que cubría su muñeca izquierda,
un nuevo añadido a su atuendo desde hacía varios días, que ella le había dado
para que se cubriera la cicatriz que le había quedado de su enfrentamiento con
los asesinos. En teoría había cumplido su función mientras se curaba la herida,
pero el ángel no se la había quitado. Parecía, de hecho, que le gustaba.
La joven suspiró, apoyando la espalda
en el asiento, recordando las causas que les habían llevado a ella, a su
hermana y a Hope a tomar aquel monorraíl.
* * *
Había sucedido cerca de dos semanas
atrás, después del ataque que habían sufrido tras su visita a Vanille. Hope no
había tardado en recuperarse de sus lesiones, pero tanto Lightning como Serah
le habían encontrado mucho más serio y silencioso de lo normal tras aquel
incidente. Lightning ya le había explicado a su hermana que al ángel no le
había gustado escuchar que ella, Noel y Fang habían matado a los asesinos que
la Suma Sacerdotisa había mandado tras ellos, pero intuía que había algo más en
todo aquello. Pero Hope se mantenía en silencio, y Lightning no estaba segura
si era lo más indicado indagar en todo aquello. “Quizá cuando él mismo sepa qué es lo que le ocurre, nos lo cuente”,
había pensado.
Una semana más tarde, Lightning había
acordado en reunirse en El Reposo del
Visionario con Fang y Noel para hablar de sus averiguaciones tras su
conversación con Vanille. Dado que a Hope todavía no se le había pasado el
susto después de la emboscada y no quería que saliera de casa por el momento,
la joven había acudido sola, y en la taberna de Noel habían hablado largo y
tendido sobre lo que los espíritus les habían revelado a Hope y a Vanille.
-Ambos coincidieron en que escucharon
a los espíritus hablar de un lugar al norte, cercano al mar-había resumido
Lightning, inclinada como sus amigos sobre su mapa de Nova Chrysalia-. Aunque
en realidad casi todo está al norte de Luxerion.
-Pero los vientos del norte no podrían
soplar en las Dunas, lo cual acota la búsqueda-replicó Fang señalando la isla
que quedaba ligeramente al noreste de Luxerion-. Como ya te dije, encanto,
tenemos dos opciones.
-Las Marcas Salvajes y Yusnaan-dijo
Noel, pensativo-. Reconozco que las Marcas son un lugar bastante tentador para
buscar, pero sin más pistas podríamos pasar años sin encontrar nada en un lugar
tan grande. Y Yusnaan, ¿creéis que el Corazón podría estar en una ciudad tan concurrida?
-Tampoco podemos estar seguros de que
los espíritus hablaran de la ubicación exacta-Lightning estudió atentamente el
mapa-. Si fuera tan fácil, cualquiera podría recurrir a un médium y preguntar
dónde está. Nos dieron una pista, pero tal vez esa pista nos lleve a otra, no a
la solución.
Fang se cruzó de brazos, y alzó la
vista hacia la joven con los ojos brillantes.
-¿Qué estás pensando, encanto? Si es
lo que creo, te va a costar lo tuyo.
Lightning arrugó la nariz, indecisa,
pero Noel miraba a una y a otra sin comprender muy bien de lo que hablaban:
-¿De qué estáis hablando? Me he
perdido, ¿queréis hacer el favor de tener un poco de consideración conmigo? Más
de la mitad de las veces no me entero de lo que os traéis entre manos.
-No es culpa nuestra que seas el más
novato de los nuestros-Fang se echó a reír con ganas-. Si es que podemos
considerar al ángel como uno de nosotros. Bueno, encanto, ¿estás pensando lo
que sospecho?
-Es posible-admitió Lightning con
cierta reticencia-. No sé hasta qué punto podríamos conseguir información en
las Marcas, pero en Yusnaan sí que hay algo que nos puede orientar mucho más
que los espíritus: el fal’Cie Pandemónium.
Se hizo un breve silencio. Fang se
limitó a asentir sonriendo con sorna, pero Noel estaba atónito.
-¿Pandemónium? ¿Estás diciendo que
quieres ir a preguntarle al fal’Cie directamente? ¡Pero si sabes que nadie
puede entrar donde está! Ese sitio fue sellado hace milenios.
-Sí, pero el sello fue creado por
magia angélica-hizo notar Fang rascándose la barbilla-. Ni siquiera los lu’Cie
podemos atravesarlo, pero ahora que tenemos un ángel, las cosas cambian. Ya veo
por dónde vas.
Lightning frunció el ceño.
-No sé si serviría de algo, si os digo
la verdad. A lo mejor es un riesgo, porque Pandemónium lleva miles de años sin
haber tenido contacto alguno con ningún ser vivo. Pero él es un ser semidivino,
y quizá nos oriente si Hope y él se entienden.
Fang se cruzó de brazos y miró el mapa
durante largos minutos en silencio. Era evidente que estaba considerando el
plan: lo cierto era que la presencia de Hope les estaba brindando la
oportunidad única de conocer en persona al legendario Pandemónium, pero
presentarse ante un fal’Cie no estaba exento de riesgos, y no podían avisarle
por adelantado.
-No perdemos nada por probar suerte en
Yusnaan-dijo al fin la joven dragontina, aunque por su expresión Lightning
sabía que tenía sus dudas-, pero podrías poner a tu ángel en peligro si te lo
llevas ante Pandemónium.
-¿Por qué? Es un ángel, ¿no? Creía que
los fal’Cie les tenían cierto cariño.-Noel parecía un poco desconcertado.
-Pero Hope es el ángel de
Bhunivelze-Lightning suspiró, frotándose la frente con los nudillos-. Y a los
fal’Cie no les gustan los dioses. Lo sé, Fang, pero él es el único que puede
llevarnos hasta el Corazón.
Fang asintió, sonriendo, y le puso una
mano en el hombro a la joven.
-Pues id a Yusnaan y a ver si podéis
encontraros con ese fal’Cie de leyenda. Pero estad alerta, tanto él como tú. Yo
haré lo que pueda para cubriros las espaldas, pero estando lejos, os las
tendréis que arreglar.
-No te preocupes, Fang-Lightning le
devolvió la sonrisa-. Allí también está Snow.
-Eso no es un gran consuelo.-bromeó
Noel, burlón.
-Ya lo sé. Pero es mejor que nada,
supongo.
* * *
Al llegar a casa, Lightning le había
dicho a Hope que en cuanto hubieran hecho unos cuantos preparativos, irían a la
ciudad de Yusnaan a proseguir su búsqueda. El ángel no había hecho muchos
comentarios, pero se había mostrado sorprendido cuando se había enterado de que
la idea era hablar en persona con el mítico fal’Cie Pandemónium.
Al pedirle a Serah que avisara a Snow
de que iban a dirigirse a la ciudad, su hermana había insistido en acompañarles
para poder ver a su prometido. Al principio la idea no le había hecho ninguna
gracia a Lightning, puesto que Serah todavía se estaba recuperando del despertar
de su Marca, pero la había visto tan ilusionada que había terminado por ceder.
Habitualmente no podían permitirse aquellos viajes debido al variable sueldo
que Lightning recibía por su trabajo como mercenaria, y Serah apenas conseguía
dinero dando clases a los hijos de familias marginadas por la Orden. Pero en
aquella ocasión no les había quedado otra opción, porque de lo contrario el
camino a pie a Yusnaan serían días enteros.
Así que allí estaban los tres, de
camino a la otra gran ciudad de Nova Chrysalia. A Lightning le había costado
tomar aquella decisión, pero había terminado por asumir que su misión era más
importante que los aciagos recuerdos de hacía más de dos siglos… “Serah podría ser feliz en Yusnaan si
quisiera. Pero yo no. Preferiría no haber vuelto nunca.”
Sonó una especie de campana, y Hope
alzó la vista, sobresaltado.
-Eso es porque estamos llegando-sonrió
Serah, y señaló la ventana-. Mira, seguro que ya puedes ver Yusnaan.
El ángel obedeció. Estaba mareado,
pero consiguió atisbar una enorme ciudad sobre los riscos, rodeada por vías
suspendidas en el aire y edificios de aspecto más alegre que las sobrias
construcciones de Luxerion. El monorraíl iba a gran velocidad y apenas pudo
apreciar nada, pero Hope creyó ver un gran edificio colorido coronando la parte
norte de la ciudad.
Apenas un minuto más tarde, el
monorraíl aminoró la marcha hasta detenerse por completo en la estación.
Lightning y Serah se levantaron y cogieron el poco equipaje que habían llevado;
Hope trató de imitarlas, pero a los pocos pasos le temblaron las piernas y
Lightning tuvo que sujetarle.
-¿Estás bien?-le preguntó; Hope se
limitó a fruncir el ceño-Apóyate en mi hombro, verás que el aire fresco te sentará
mejor.
Los tres salieron a la plataforma, y
miraron en rededor. No tardaron en ver tres oficiales de la guardia de Yusnaan
que se les acercaban.
-Buenos días-saludó uno de ellos, con
la voz un poco metálica por el casco que cubría toda su cabeza-. ¿Son ustedes
las señoritas que lord Villiers ha tenido a bien acoger?
-Sí-sonrió Serah; días antes, cuando
había hablado con Snow, su prometido le había dicho que enviaría a unos
escoltas para llevarles al palacio-. Soy Serah Farron, la prometida de lord Villiers,
y ella es mi hermana. Él es un amigo nuestro.
Los guardias miraron con cierto recelo
a Hope, que se apoyaba en Lightning con su habitual marmórea expresión pero con
la mirada perdida, señal de que todavía no se había recuperado del mareo.
-Se ha mareado en el viaje.-explicó
Lightning, no sin cierto fastidio.
-Comprendo-dijo uno de los guardias,
asintiendo y haciéndoles un gesto para que le siguieran-. Síganme, pues. Lord Villiers
ha ordenado que les escoltemos hasta su ala del palacio.
Ellos obedecieron. No salieron de la
estación por la puerta principal, sino que se metieron por un lateral que
llevaba hacia una zona más rocosa y arenosa, próxima a lo que parecía un
complejo industrial. Allí, sobre la arena, había aparcados tres vehículos de
propulsión antigravitatoria, que levitaban a unos centímetros del suelo.
-Súbanse-dijo otro guardia,
acercándose a Lightning y Serah y extendiendo una mano-. Permítanme sus
equipajes, señoritas.
Las dos hermanas se los entregaron, y
los guardias los depositaron en un compartimento de una de las aeronaves. Serah
se subió al asiento trasero de una de ellas; Lightning fue a imitarla, pero
Hope se había quedado quieto, y cuando la joven lo miró, descubrió que miraba
los vehículos con obvia inseguridad.
-¿Qué te pasa ahora?
-… Esos artefactos-murmuró Hope con
aquella voz ronca-. Se mueven por el aire. Me voy a marear más.
Lightning le disparó una mirada
incrédula.
-¿Que te vas a marear volando? Por el amor del cielo, Hope,
¿qué clase de ángel eres tú?
-Uno que no ha despegado los pies del
suelo en su vida.-replicó él con un matiz de sarcasmo en su voz, aunque esta
vez no era un sarcasmo amable sino más bien un tanto amargo.
Ella se quedó con la boca abierta ante
aquellas palabras, pero antes de poder preguntarle nada, Serah les llamó:
-¡Venga, Lightning! ¿A qué esperáis?
-Luego hablaremos-suspiró Lightning, y
tiró de la manga de la camisa de Hope para que caminara-. De momento aguántate
el mareo un rato.
El joven ángel se encaramó lentamente
a su asiento, no sin reticencia. Antes de darse la vuelta para subirse a su
vehículo, Lightning lo oyó murmurar entre dientes:
-… Primero el monorraíl y ahora esto.
* * *
-Ya entiendo-dijo Snow frotándose la
barbilla, cubierta por aquella incipiente barba mal afeitada, preocupado-.
Serah me comentó por encima lo que os había pasado, pero ahora que me lo
cuentas con más detalle, reconozco que se nos echa un poco el tiempo encima.
-Hope dice que no sintió que fueran a
por él-Lightning sacudió la cabeza-, pero aún está aprendiendo a descifrar las
emociones, y sé que le cuesta cuando se trata de desconocidos. No podemos
descartar que la Orden sospeche que es un ángel. Ya sabemos que se pueden hacer
una idea por la cantidad de magia que irradian los cuerpos, como hacen con los
lu’Cie.
Tras llegar al Palacio de Yusnaan,
Snow les había recibido en el ala que le estaba asignada. Había siete Patrones
en la ciudad, y todos ellos tenían una zona del palacio donde vivían. Los
Patrones se reunían cuando había que debatir sobre la política y la situación
de Yusnaan, pero por lo demás apenas tenían contacto entre ellos.
Hope se había quedado en una
habitación, descansando para ver si se le pasaba el mareo. Cualquiera en su
situación hubiera echado hasta las tripas por la boca, pero por alguna razón el
cuerpo del ángel no parecía capaz de aquello. Lightning recordó que Hope les
había contado que su organismo estaba diseñado para eliminar toda impureza en
su cuerpo, y tal vez eso incluyera los ácidos del aparato digestivo. Sin
embargo, aquello significaba que si bien cualquier humano no hubiera tardado en
reponerse tras echar los hígados, Hope tenía que aguantar aquella desagradable
sensación hasta que se le pasara.
-Bueno, ahora no tenéis por qué
preocuparos-sonrió Snow golpeándose el pecho con el puño-. Mientras estéis en
Yusnaan bajo mi protección, no pueden haceros nada. Siempre y cuando no
revelemos que somos lu’Cie, claro.
-Eso lo tenemos controlado-Serah le
devolvió una amplia sonrisa, apoyando la cabeza en su hombro. Estaban sentados
en un sofá, frente al sillón donde Lightning estaba sentada-. Hacía tanto
tiempo que no veníamos a Yusnaan. Y además te echaba de menos, Snow.
-Y yo a ti, preciosa.
-Perdonad que os interrumpa-intervino
Lightning, un tanto molesta por aquellos dos tortolitos-, pero recordad que no
estamos aquí de visita turística. Hemos venido por otra causa, Snow, y
dependemos en gran parte de ti, aunque eso sea una locura.
-Ya, ya lo sé. Queréis hablar con el
fal’Cie-Snow alzó las manos-. Como ya sabes, se supone que yo lo protejo. Pero
lo único que puedo hacer es escoltaros hasta los caminos que llevan hasta él.
Lo que sí puedo es cubriros las espaldas para que los demás Patrones no se
cosquen de nada.
Lightning gruñó. No podía culpar a
Snow por las pocas opciones que les estaba dando. Lo cierto es que nadie sabía
exactamente dónde se hallaba el fal’Cie Pandemónium. Los escritos de los que
disponían hablaban de que la entrada estaba en el Palacio de Yusnaan, pero no
precisaban su ubicación exacta, ni qué clase de protecciones habían puesto los
ángeles en el camino.
-También hay que tener en cuenta que
la guardia de palacio patrulla los niveles inferiores, y como es lógico no
están sólo a mis órdenes-prosiguió Snow-. Meteros ahí desde la superficie sería
una locura. Sé que tiene que haber algún pasadizo exterior que lleve hasta un
lugar más bajo, pero yo no sé dónde puede estar.
-Nos tocará buscarlo, supongo-suspiró
Serah-. Pero Yusnaan es tan grande… No podemos ponernos a registrar toda la
ciudad. Además, llamaríamos la atención.
Snow se rascó la cabeza.
-Puedo poner a vuestra disposición los
archivos y registros de palacio. Los hay muy antiguos, y con suerte podremos
dar con alguna pista-sugirió-. Pero hay un porrón de material ahí. Podría
llevarnos días enteros.
Lightning frunció el ceño. No le hacía
ninguna gracia pasar días en Yusnaan, pero estaba claro que no tenía otro
remedio. Y tampoco podía culpar a Snow por aquel retraso: se trataba de un
fal’Cie, al fin y al cabo. Tenía que estar endiabladamente protegido.
-No tenemos otra opción-decidió la
joven, no sin irritación, levantándose de la silla-. Habrá que comenzar cuanto
antes, eso sí.
-¿Te vas?-preguntó Serah al ver a su
hermana dirigirse hacia la puerta.
-Voy a ver cómo se encuentra Hope. No
tenía muy buena cara después del vuelo, por irónico que suene.
Sin dar más explicaciones, Lightning
salió de los aposentos de Snow y echó a andar por el pasillo hacia la
habitación donde había dejado a Hope descansando a grandes zancadas. En parte
quería alejarse rápido de allí, porque sin duda Snow y Serah no tardarían en
celebrar su reencuentro.
A pesar de que sabía que estaban
comprometidos, Lightning no soportaba la idea de que su querida hermana pequeña
tuviera tal grado de intimidad, tanto física como emocional, con alguien que no
fuera… “No, esa idea no es nada sana,
Lightning. Ni se te ocurra ir por ahí.”
Siguió avanzando por el pasillo
durante unos minutos hasta llegar al fin a la puerta de la estancia donde Hope
se había quedado. Entreabrió la puerta y se asomó: el ángel seguía tal y como
ella lo había dejado, tendido boca arriba en la cama, aunque no estaba dormido
pues sus grandes ojos estaban abiertos, mirando el techo distraídamente. De
hecho, había cruzado las piernas una sobre otra y parecía estar moviendo
ligeramente un pie al ritmo de las distantes canciones que los juglares de
Yusnaan tocaban por las calles.
-Hola, Hope-saludó Lightning entrando
a la habitación y cerrando la puerta tras ella-. ¿Cómo te encuentras?
El joven ángel giró perezosamente la
cabeza hacia ella. A Lightning le parecía que estaba más relajado de lo normal
en él.
-Estoy mejor. Un poco cansado por el
viaje, pero no tardaré en recuperarme-Hope se estiró un poco-. ¿Y tú? ¿Ya has
hablado con Snow?
-Sí-suspiró la joven sentándose en una
silla al lado de la cama-. Pero él no sabe tampoco cómo llegar hasta
Pandemónium. Nada que no supiéramos ya, y la verdad es que no podíamos esperar
otra cosa viniendo de Snow.
-Pero sí sabéis que Pandemónium está
oculto bajo el palacio-dijo Hope, confuso-. ¿Por qué no buscarlo aquí, sin más?
Snow es el Patrón, podría dejarnos registrarlo.
Lightning lo miró con ironía.
-Porque no tienes ni idea de lo
vigilados que están los niveles inferiores, tonto. Y Snow no es el único
Patrón; si lo fuera, eso no sería ningún problema… Pero tenemos que colarnos
sin que nadie más lo sepa. Nos pondríamos en peligro si alguien nos
descubriera, y también a Pandemónium.
Hope reflexionó unos segundos, y
finalmente asintió.
-Entiendo… ¿Qué vamos a hacer, pues?
-Ésa es la cuestión-repuso Lightning
con fastidio-. Tendremos que buscar algún pasadizo secreto o algo que nos lleve
a las zonas subterráneas del palacio. Pero podría llevarnos días, entre
registrar Yusnaan y buscar información en los archivos de palacio.
Hope percibió el desagrado en su aura
al mencionar que su estancia en la ciudad podría prolongarse durante días. Le
resultó extraño, ya que creía que a Lightning le gustaba viajar a juzgar por lo
que había visto en el mapa de la joven.
-¿Echas de menos tu hogar?-le
preguntó. Ella alzó una ceja, desconcertada por la pregunta.
-¿A qué viene eso ahora?
Lightning tardó un poco en responder.
Observaba a Hope como un halcón. “No
tiene ni idea y sin embargo no se le escapa una.”
No quería hablar de ello… y
definitivamente no iba a hacerlo, y menos con él. Pero la inocencia de Hope era
algo a lo que, a su pesar, le costaba resistirse. La miraba con aquellos
grandes ojos claros en los que brillaba la chispa de curiosidad que ya conocía,
y ella no podía sino satisfacerla, aunque fuera sólo en parte.
-Luxerion no es exactamente mi
hogar-respondió la joven al fin-, pero de alguna forma sí echo de menos el que
sí considero que lo es. A veces pienso que llevaría una vida más tranquila si
me hubiera quedado. Pero no tenía más opción que unirme a la lucha contra la
Orden.
-¿No fue una elección tuya luchar?-el
ángel parecía apenado. Lightning ya sabía que Hope detestaba la lucha y toda
clase de violencia.
-Es complicado… -Lightning
suspiró-Digamos que por un lado yo deseaba luchar… Ya sabes, tanto por liberar
a mi gente como por Mikhail. Pero no sólo fue eso. De alguna manera también era
mi deber.
La expresión de Hope le indicó que
quería seguir preguntando, por lo que decidió cambiar de tema antes de que
pudiera hacerlo:
-¿Y qué hay de ti, Hope? ¿Echas de
menos tu hogar?
Él parpadeó brevemente.
-¿Hogar?
-Pues claro. El Arca, ¿no? ¿No dijiste
que vivías en el Nuevo Nido?
Hope ladeó la cabeza y desvió la
mirada, pensativo.
-He vivido allí desde el momento que
abrí los ojos por primera vez… -murmuró-Pero nunca he considerado el Arca mi
hogar. Era donde debía estar, nada más. Lo único que me vincula a ese lugar es
mi servidumbre al Altísimo.
-Entonces tú y yo estamos en una
situación similar-rió Lightning con cierta amargura-. Sólo que tú has vivido
toda tu vida en un sitio que no consideras tu hogar hasta ahora, y yo dejé el
mío para vivir en un lugar que no considero como tal.
-No sé si en este mundo existirá algún
lugar que pueda ser mi hogar-Hope cerró los ojos-. Soy un forastero, al fin y
al cabo. Puedo sentirme a gusto, pero no pertenezco a él.
Lightning enarcó las cejas:
-¿Te sientes a gusto en nuestro mundo?
-Bastante-a la luz de la tarde, pese a
estar tumbado, el ángel parecía más enérgico que de costumbre-. Ahora mismo, me
siento mucho mejor de lo que me he sentido en siglos. Me gusta Yusnaan, a pesar
de lo incómodo que ha sido venir.
-¿Te gusta Yusnaan?-Lightning frunció
el ceño; ella, desde luego, no compartía su opinión-¿Por qué? Si apenas has
visto cómo es.
-Es por la energía del ambiente…
Siento cómo flota en el aire, y me hace sentirme más fuerte-repuso él
estirándose otra vez, un gesto dinámico tratándose de él-. Como ya sabes, la
energía positiva fortalece mi fuerza vital, y la negativa la debilita. Y esta
ciudad rebosa energía positiva. Por eso me siento tan bien aquí.
-Yusnaan es la Ciudad de los
Festejos-replicó la joven con un matiz de desdén-. No te negaré que aquí la
gente viene a pasárselo bien, pero no es sino una felicidad superficial. De
hecho, es casi frívola.
Hope desvió la mirada hacia la
ventana. Los fuegos artificiales, el mayor distintivo de Yusnaan, empezaban a
dejarse ver en el cielo de la ciudad.
-Es posible. Pero sigue siendo una
energía positiva. Sin duda si fuera más profunda tendría un mayor efecto en mí,
pero después de todo este tiempo sintiéndome tan débil, es un cambio agradable.
Lightning lo observó atentamente. La
verdad es que tenía mucho mejor aspecto que antes, no sólo después de que se le
pasara el mareo sino en aquellos dos meses en general. “Eso es bueno. Cuanto antes se recupere, antes podremos buscar pistas
en lugares más inhóspitos.”
-¿Quieres dar una vuelta por la
ciudad?-le preguntó a Hope tras un silencio. El ángel la miró, ligeramente
sorprendido.
-¿Una vuelta? ¿Contigo?
-A menos que quieras perderte, sí-rió
ella-. Como dices que la ciudad te hace sentir mejor, pensé que tal vez te
gustaría visitarla. Es mucho más bonita de noche.
-Hum… -Hope parecía dubitativo-Pero a
ti no te gusta, Light.
-No mucho-reconoció Lightning,
encogiéndose de hombros-. Pero la conozco bien. Y tampoco me apetece pasarme
días encerrada en este palacio. Bueno, ¿qué dices?
Se hizo un breve silencio en el que
Hope la miraba inseguro, pensándose si aceptar la oferta o no, quizá por el
miedo a salir al exterior en un lugar desconocido. Pero, finalmente, sacudió
levemente la cabeza y se incorporó, con los ojos brillantes:
-… ¿Por qué no?
* * *
-¡Mirad!-exclamó Serah, encantada,
alzando la vista hacia el edificio más alto y lujoso de la Villa de los
Banquetes-¿Ves eso, Hope? Es el Banquete del Patrón. ¡El restaurante más
elegante de todo Yusnaan!
-Olvídalo, Serah-rió Lightning sin
ganas-. No tenemos dinero para pagar una mísera sopa en ese sitio.
Lightning alzó las cejas, pero no
respondió. Hope, a su lado, observaba con curiosidad todo lo que le rodeaba;
parecía especialmente fascinado por los fuegos artificiales y las incontables
luces que engalanaban la ciudad.
-¿Os hacen pagar por comer?-el ángel
frunció el entrecejo-¿Por qué? Es una de vuestras necesidades vitales. Es como
si os hicieran pagar por respirar.
-No exactamente-explicó Serah-. Es
cierto que negar alimento a un necesitado es una sentencia de muerte a menos
que uno sepa cazar o se vea obligado a robar. Míralo de esta forma: en los
restaurantes no se paga la comida en sí, sino el esfuerzo de quien lo ha
cocinado. A mayor esfuerzo, más se paga.
Hope no parecía estar muy de acuerdo
con aquella idea, pero no hizo ningún comentario. Se limitó a estudiar
intrigado los puestos de comida que abarrotaban la Villa de los Banquetes.
-¿Tienes hambre?-le preguntó Lightning
cuando lo vio examinando con gran interés las muestras expuestas en un pequeño
puesto de pescado.
-Un poco. Pero si tenéis que pagar, no
lo hagáis por mí.
Serah movió la cabeza y sonrió,
sacando unas monedas de los bolsillos de su vestido. Se acercó al puesto, llamó
la atención del vendedor y dijo:
-Pónganos tres brochetas de sahuagín,
por favor.
Sorprendido, Hope fue a protestar,
pero antes de que pudiera hacerlo, Serah le plantó una humeante brocheta en las
narices.
Lightning se echó a reír, cogiendo la
brocheta que su hermana le tendía y mirando divertida cómo Hope estudiaba con
curiosidad la comida y la mordisqueaba cauteloso. Serah era así, siempre tenía
detalles con la gente aunque no los conociera. Ella no podía decir lo mismo,
algo que Serah había tratado de pulir desde que eran niñas. “Soy demasiado desconfiada para acercarme a
la gente. No puede decirse que no tenga motivos, pero Serah siempre ha tenido
mucho más éxito entre los demás que yo.”
Los tres pasearon durante largo rato
por la Villa de los Banquetes mientras comían sus brochetas: había mucha más
comida de aspecto delicioso en los puestos, pero se habían quedado sin guiles
sueltos y no podían permitirse comprar más. Se limitaron a disfrutar del
ambiente nocturno de Yusnaan y del maravilloso olor que flotaba en el aire.
-Es una pena que no podamos
deleitarnos tanto como quisiera en la ciudad-comentó Serah con cierta
tristeza-. Tenemos que buscar a Pandemónium antes de que llamemos demasiado la
atención.
-No estamos haciendo turismo-rezongó
Lightning-, pero estoy de acuerdo. Lo de esta noche es una excepción, pero a
partir de ahora tenemos que centrar todos nuestros esfuerzos en descubrir cómo
llegar hasta el fal’Cie lo antes posible.
-¿Tienes alguna idea, Hope?-le
preguntó Serah de improviso al ángel. Él, que había estado distraído mirando
los fuegos artificiales, parpadeó brevemente.
-¿Yo?
-Claro, nos dijiste que una de tus
tareas era buscar actividad fal’Cie en el mundo. Tal vez tus poderes puedan
orientarnos para buscar el pasadizo que necesitamos.
Hope se lo pensó un poco. Lightning
recordó que los poderes del ángel funcionaban de manera diferente en Nova
Chrysalia, pero aun así su hermana tenía razón: de alguna forma y con algo de
suerte, Hope podría orientarles.
-Podría intentarlo-repuso el ángel,
dubitativo-. No sé exactamente qué patrón aural desprenden los fal’Cie, ya que
nunca he detectado ninguno. Pero supongo que será diferente a los de humanos y
lu’Cie. No obstante, tendría que rastrear toda la ciudad: hay demasiadas
interferencias como para poder hacerlo a distancia.
-Al menos es un comienzo-sonrió Serah,
más animada-. Por cierto, Hope, ¿es cosa mía, o te veo más alegre que de
costumbre?
Él se encogió brevemente de hombros.
-La alegría no es mía. Es lo que hay a
mi alrededor lo que ves. Yo estoy… digamos, bastante limitado para
experimentarla por mí mismo.
Serah aceptó su respuesta, pero no
dejaba de observar al ángel con sumo interés, como quien espera una reacción en
cualquier momento. De vez en cuando miraba a Lightning, algo que a la joven la
estaba poniendo nerviosa. “¿En qué
demonios estará pensando?”
Era contradictorio, pensaba Lightning.
Hope era como un espejo de lo que sucedía a su alrededor, una especie de
canalizador. Reflejaba tanto la alegría y la dicha como la ira y el odio, pero
no era sino un mero reflejo. Una sombra de conceptos mucho más profundos. “Pero por sí solo es incapaz de
reproducirlos. O por lo menos, él dice que está limitado. ¿Hasta qué punto
puede sentir algo, si es que lo hace?”
Sacudió la cabeza, tratando de no
darle vueltas a la cuestión. Pero en su fuero interno, Lightning estaba cada
vez más intrigada por lo que iba descubriendo sobre Hope. Su existencia estaba
llena de cadenas de todo tipo. No sólo físicas, como su marca de servidumbre,
sino cadenas impuestas en su mismo ser. Cadenas a un lugar que no consideraba
su hogar y ahora en un mundo al cual no pertenecía. Costaba pensar que un ser
alado como él estuviera tan prisionero.
Pero recordó que Hope había mencionado
que él nunca antes había volado, la mañana de aquel día. “Lleva encadenado desde que fue creado. No sabe lo que es la vida, ni
la libertad, a tal nivel que ni siquiera puede experimentar sensaciones
propias.”
Sin embargo, al tiempo que los tres
recorrían las concurridas calles de Yusnaan, llenas de gente que reían y
disfrutaban de los festejos, Lightning no pudo evitar esbozar una media sonrisa
llena de amargura.
“La verdad es que él no es el único que lleva
encadenado toda su vida.”
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