-Deja de rascarte-le regañó Lightning
a Hope mientras caminaban por la calle-. La gente te está mirando, y lo último
que necesitamos es que llames la atención.
-Lo siento-se disculpó él retirando la
mano con la que se había estado rascando el brazo-. Es que todavía no consigo
acostumbrarme a esta ropa. Me pica todo el cuerpo.
Lightning suspiró.
-Al menos mis compañeros ya saben lo
que eres, así que no se extrañarán mucho si te ven comportarte de forma rara.
Ante la mención a los compañeros de
Lightning, Hope frunció apenas el ceño, un gesto que la joven conocía y
significaba que el ángel no estaba del todo convencido de que aquello fuese a
salir bien.
-¿Estás nervioso porque vamos a
visitarles?-le preguntó-Ya te he prometido que no te van a hacer nada, siempre
y cuando te portes bien y no les ataques ni nada por el estilo.
-Y yo ya te prometí que no iba a
haceros daño, no tengo nada en contra vuestra. Pero ya que lo mencionas… -Hope
entornó los ojos, mirando a su alrededor-Sí que me siento inquieto. Nervioso
como tú dices. No sólo por ellos, sino porque es la primera vez que salgo al
exterior.
-Ah, cierto. Tú estabas inconsciente cuando
llegaste a nuestro mundo. Bueno, de todas formas no tiene por qué pasarte nada
si eres cuidadoso y discreto. Algo para lo que rascarte como si tuvieses pulgas
no ayuda en absoluto.
Hope volvió a retirar la mano de su
cuerpo, esta vez de los costados, con un brillo culpable en los ojos.
Siguieron caminando calle abajo en
silencio un rato, bajo aquel cielo nuboso que había amanecido en Luxerion
aquella mañana, cada uno absorto en sus propios pensamientos. Lightning todavía
tenía sus dudas acerca de sacar al ángel de casa y Hope no las tenía todas
consigo acerca de conocer a unos lu’Cie que sabía que creían que era un verdugo
sin escrúpulos.
Hope ladeó la cabeza, recordando la
larga conversación que había mantenido con Lightning cinco días atrás, poco
después de su primer baño y el momento en el que se había puesto aquella ropa
que tanto le picaba.
* * *
Cuando Hope salió del cuarto de baño y
bajó las escaleras al piso de abajo, buscando a Lightning, tropezó con Serah,
que en aquel momento salía de la cocina. La pequeña de las hermanas Farron
retrocedió, sobresaltada, hasta que reconoció al joven ángel.
-¡Oh! Vaya, Hope, no te había conocido
al principio-rió, mirándolo de arriba abajo-. No te sienta nada mal esa ropa.
Un poco grande para ti, pero yo diría que hasta hace que te quede mejor.
Hope se volvió a mirar a sí mismo,
frunciendo levemente el ceño. No sabía si le sentaba bien o no y la verdad era
que le daba bastante igual. Lo único que sabía a ciencia cierta era que le
picaba toda la piel.
-Light dice que no me daba otra porque
sólo viven dos mujeres en la casa y que la ropa de Snow no me valdría. Yo no
termino de ver la relación.
-Quiere decir que no tenemos ropa de
varón aparte de la de Snow, y ésa no te la puedes poner porque es enorme para
ti-explicó ella sonriendo-. La que llevas es de un buen amigo mío, que hace
mucho que no la usa porque se le quedó pequeña. De todas formas, no te
preocupes. Trataré de buscarte algo de ropa aparte de lo que llevas.
Hope ladeó la cabeza. No terminaba de
entender por qué los humanos tenían ropa diferente para varones y hembras. A
sus ojos eran todos iguales a excepción de algunos rasgos fisiológicos.
-¿Dónde está Light?-le preguntó,
cambiando de tema. Lightning le había pedido que no tardara y no quería hacerla
esperar.
-¿Mi hermana? Está arriba, en su
cuarto-Serah señaló la escalera tras ella-. Sabes cuál es, ¿verdad? Segunda
puerta a la izquierda.
-Gracias.-Hope inclinó la cabeza como
agradecimiento, y subió escaleras arriba, sintiendo la mirada de Serah clavada
en su espalda y preguntándose por qué de repente su aura emanaba preocupación.
Tenía la impresión de que la pequeña de las hermanas Farron intuía por qué
Lightning quería hablar con él, y no entendía por qué eso la preocupaba.
Sacudió la cabeza, apartando aquellos
pensamientos de su mente, cuando llegó frente a la puerta del cuarto que tan
bien conocía. Llamó suavemente a la puerta con los nudillos tras vacilar un
segundo.
-Pasa, Hope-respondió la voz de
Lightning desde dentro-. Está abierto.
Él, ligeramente sorprendido, entró en
la habitación, y vio allí a Lightning sentada en la cama con algo que parecía
una hoja de papel amarillento muy grande.
-¿Cómo has sabido que era yo?
-Serah nunca llama a la
puerta-respondió Lightning encogiéndose de hombros; se volvió hacia él y enarcó
brevemente las cejas al ver su nuevo atuendo-. Qué raro se me hace verte con
ropa.
El ángel la miró sin comprender.
-Yo siempre he llevado ropa.
-Con ropa normal-especificó ella estudiándole con más atención-. Te viene
grande, pero con lo esquelético que eres hasta la ropa de mi hermana te
quedaría suelta. Pero no te queda mal del todo.
Hope estuvo a punto de responder que
él no sentía que aquella ropa le viniera grande, porque le rozaba todo el
cuerpo. Pero luego se fijó en el ceñido atuendo de Lightning y prefirió no
comentar nada. Si él tuviera que llevar algo así, estaba seguro de que en
cuestión de minutos toda su piel estaría enrojecida y llena de sarpullidos.
-Ven aquí-le indicó Lightning dando
unos golpecitos a su lado con la palma de la mano-. Quiero que hablemos un
momento sobre cómo nos vamos a organizar.
-¿Organizar?-Hope ladeó la cabeza,
sentándose a su lado y mirando con curiosidad el papel que la joven tenía
desplegado sobre las sábanas.
-Claro. No creerás que dar con el
Corazón de Bhunivelze será una tarea sencilla, ¿verdad?-Lightning alzó una
ceja, socarrona-Ni tú ni yo sabemos dónde puede estar, así que antes de nada lo
que hay que hacer es investigar para encontrarlo. Y también dependemos de cómo
te encuentres tú. No creo que todavía puedas ponerte a caminar entre riscos o
por el desierto durante días.
Ante aquella mención, Hope puso cara
de desagrado. Era obvio que se estaba imaginando el dolor de su espalda y el
agotamiento que le produciría aquello en su estado.
-Mira-Lightning le señaló el papel,
que tenía dibujadas unas grandes islas conectadas entre sí y multitud de
anotaciones escritas a mano sobre él-. Esto es un mapa de Nova Chrysalia.
Nuestro grupo los lleva usando durante siglos para organizar escaramuzas o
planes de ataque contra la Orden. Yo lo uso sobre todo para reunir información
sobre el posible paradero del Corazón.
-Entiendo-Hope se inclinó sobre el
mapa lo que pudo sin que le doliera la espalda y lo estudió con curiosidad-.
Tienes varios lugares marcados. ¿Diste con alguna pista en ellos?
-No he tenido suerte hasta la
fecha-reconoció Lightning de mala gana-, pero la diferencia es que antes no
tenía un ángel y ahora sí lo tengo. Dicen que muchos de los secretos más
peligrosos de nuestro mundo fueron sellados por los ángeles, por lo que sólo
ellos los pueden revelar.
El joven ángel asintió, pensativo. Se
preguntaba si realmente él sería capaz de romper los sellos de su raza, puesto
que había nacido mucho tiempo después de que surgieran los suyos. Eso sin
contar que, sin alas, no parecía un ángel.
-Nosotros estamos aquí, en
Luxerion-prosiguió Lightning señalando una de las cuatro islas-. Es la capital
de Nova Chrysalia, y sede de la Orden. Vivimos en territorio enemigo, por así
decirlo.
-Suena arriesgado-observó Hope-.
Siendo que sois un grupo rebelde, sería más lógico que os ocultarais en
territorios inhóspitos.
Lightning esbozó una fiera media
sonrisa.
-Aquí sólo estamos los que queremos
luchar en primera línea. Los demás lu’Cie viven ocultos, como tú has dicho. Y
además, no hay mejor lugar para reunir información sobre el enemigo que su
centro de operaciones.
-Comprendo-Hope entornó los ojos y la
miró atentamente; Lightning sabía que estaba sondeando su aura-. Quieres que
comencemos nuestra investigación en Luxerion.
-Así es-confirmó Lightning. En
ocasiones era útil que el ángel pudiera adivinar lo que ella quería tan
rápidamente, porque le ahorraba tiempo gastado en explicaciones-. Además, aquí
en la ciudad no tienes por qué agotarte más de lo necesario, no como en plena
naturaleza. Había pensado en empezar investigando directamente en la Catedral,
el centro de poder de la Orden.
-Eso es muy osado-Hope frunció el
ceño-. Pretendes espiar en pleno corazón de los dominios de la Orden.
Ella rió entre dientes, con sorna.
-Tenemos amigos infiltrados allí que
pueden sernos de mucha ayuda. De hecho-la joven pareció momentáneamente
insegura-, tenía intención de que antes de empezar nuestra búsqueda,
presentarte a nuestros compañeros, los que viven aquí en la ciudad. Vamos a
necesitarles, y creo que sería lo mejor que te conocieran.
Hope se volvió hacia ella, con más
brusquedad de lo habitual en sus serenos movimientos. Lightning detectó una
chispa de temor en sus ojos, y maldijo para sus adentros cuando comprendió que
todo aquel tiempo le había estado metiendo miedo en el cuerpo sobre el odio que
su gente le profería.
-¿Quieres presentarme a los demás
lu’Cie?-el ángel negó brevemente con la cabeza-No puedes. Me matarán.
-No lo harán. Ya les he contado quién
eres-Lightning trató de hacer que su voz sonara firme y segura, aunque no lo
tuviera del todo claro-. Si te comportas como es debido y no les atacas, ellos
tampoco tienen por qué hacerlo.
Hope entornó los ojos una vez más.
-No estás segura.
Lightning suspiró. Aquél era el
inconveniente del poder del ángel de sondear la energía que los seres vivos
desprendían.
-No, no lo estoy. Lo sé de primera
mano porque yo también he estado a punto de matarte cegada por mi odio-admitió,
sacudiendo la cabeza-. Pero si has hecho que pueda confiar en ti, tú también
puedes confiar en mí si te digo que no te va a pasar nada.
-Eso no lo sabes-replicó él-. Tú misma
lo has dicho.
-Hope-la voz de Lightning sonó severa,
y lo miró a los ojos-. Te estoy diciendo que no te va a pasar nada. Somos
aliados, ¿recuerdas? Si yo confío en ti, tú también has de confiar en mí.
El ángel permaneció en silencio largos
momentos, devolviéndole una mirada desconcertada. Lightning sabía que, pese a
su marmórea expresión, estaba sorprendido por sus palabras. Ella también, pero tenía
que obligarse a confiar en él y trabajar en equipo por mucho que le fastidiara.
Si no lo hacía, toda su misión podía terminar en fracaso, y muchas cosas
dependían de su éxito.
-… De acuerdo-dijo Hope al fin, no sin
reticencia-. Confío en ti, Light. Espero que sepas lo que haces.
* * *
Lightning miró de reojo a Hope, y
suspiró sacudiendo la cabeza. No podía culparle por estar nervioso. Y en parte
la culpa era suya, por haberle insistido tanto en todo aquel tiempo en que los
lu’Cie le odiaban a muerte. Aun así, estaba contenta porque el ángel hubiera
aceptado reunirse con sus camaradas. Si todos trabajaban juntos, más
posibilidades habría de dar pronto con el Corazón de Bhunivelze y traer de
vuelta al legítimo rey Mikhail.
La simple idea hacía que el corazón de
Lightning se acelerara. Sabía que no debía exigirle a Hope esfuerzos que aún no
podía hacer, pero llevaba mucho, muchísimo tiempo esperando aquel momento.
Tenía que esperar a que el ángel recuperara fuerzas para llevarlo a lugares
mucho más inhóspitos y peligrosos, donde era más probable que un artefacto
mágico tan poderoso como el Corazón estuviese oculto. Sin embargo, tener que
esperar la ponía todavía más nerviosa.
Se detuvo, al fin, frente al pequeño y
oscuro local que estaba medio oculto en una de las callejuelas de aquel barrio a
las afueras de Luxerion. Un cartel que rezaba El Reposo del Visionario colgaba de la desconchada pared.
-Ya hemos llegado-le dijo a Hope-.
Ésta es nuestra base de operaciones.
Hope arrugó el entrecejo al estudiar
la entrada al local.
-No parece muy acogedora.
-Eso es lo de menos. Así pasa mucho
más desapercibida. Y además, por dentro es diferente-la joven le hizo una seña
para que le siguiera-. Venga, vamos.
Él no parecía muy convencido. Miraba
la puerta con aprensión, con los brazos cruzados sobre el vientre en un gesto
inconsciente que Lightning identificó como protección.
-Oye-le dijo, poniendo los brazos en
jarras-, tranquilízate, ¿vale? ¿Te acuerdas de lo que te prometí? Nadie va a
hacerte daño, siempre y cuando tú no lo hagas.
Hope ladeó la cabeza, pero terminó por
exhalar un leve suspiro y seguirla al interior de la posada. “La cuestión es que, al contrario que yo,
los humanos sí pueden faltar a la verdad o a las promesas.”
Una cosa era cierta, al menos: El Reposo del Visionario era, como
Lightning había dicho, diferente por dentro. Era un local bastante amplio, que
a causa de la falta de ventanas y consecuente luz natural estaba llena de
lámparas en cuyo interior ardía un fuego de un curioso tono azulado y
anaranjado, lo cual acentuaba la calidez de las paredes de madera vieja. Tras
la barra había multitud de estanterías llenas de botellas y vasos, y las mesas
parecían antiguas pero bien cuidadas. A Hope le sorprendió lo mucho que
cambiaba aquel lugar una vez en su interior: sin duda, los lu’Cie que operaban
clandestinamente en Luxerion no dejaban cabos sueltos.
-¡Lightning!-saludó una voz desde las
sombras; Lightning y Hope se volvieron hacia la fuente, y descubrieron tras la
barra a un chico joven, de unos dieciocho años, de melena lacia y castaña y aspecto
delgado pero fuerte. Despejada la barra como estaba, el muchacho saltó
ágilmente por encima de ella para acercarse a los recién llegados, todo un
logro considerando la anchura de los negros pantalones de caza que vestía-Has
llegado más pronto de lo que esperaba. Esto se está convirtiendo en una
costumbre, ¿eh?
-Qué gracioso eres-resopló ella con
fastidio, cruzándose de brazos-. Cómo se nota que llevas toda la mañana sin
clientes.
-Bueno, si no fuera por lo que Fang y
tú aportáis, no podría mantener esta posada. No es que venga mucha gente por
aquí, cosa que nos conviene pero va fatal para el negocio-el chico rió, y
entonces se puso serio-. Pero hablemos de otros temas. Éste es el ángel,
¿verdad?
Lightning miró hacia atrás, y
descubrió que Hope había retrocedido unos pasos prudenciales cuando el chico
había aparecido. Lo miraba con cierto recelo, pero desde luego no parecía
hostil. La joven esperaba que aquello fuese suficiente para que sus amigos no
le hicieran daño.
-Así es. Vamos, acércate, no pasa nada-le
dijo a Hope, que obedeció tras un largo segundo de vacilación-. Éste es Hope,
ya os hablé de él. Hope, éste es Noel Kreiss. Es el dueño de la posada, y uno
de nuestros mejores guerreros.
Hope inclinó la cabeza a modo de
saludo, con respeto y precaución pero con una dignidad que Lightning nunca
había apreciado antes. Aquello le sorprendió: el ángel siempre se había
mostrado tímido e inocente con ella y Serah, pero ahora su porte era mucho más
altivo y distante. Lightning se preguntó si no se trataría de un mecanismo de
defensa, o si no era más que su reacción frente a humanos desconocidos; al fin
y al cabo hasta aquel día no había salido de casa y no había conocido otros
humanos aparte de ella, su hermana y Snow.
-Hope, ¿verdad?-dijo Noel al cabo de un
breve silencio, mirándolo inquisitivamente. Su voz era seria, pero Lightning no
percibió amenaza en ella, y lo consideró una buena señal.
-Así me llaman.-respondió el ángel con
cautela.
-Lightning nos ha hablado de ti. Dice
que nos ayudarás con lo que nos traemos entre manos contra la Orden-Noel dejó
escapar una breve risa entre dientes-. Cuesta de creer, si te digo la verdad.
Eres el ángel del Altísimo al fin y al cabo.
Hope se irguió un poco, con un leve
gesto de dolor cuando las heridas de su espalda protestaron por el movimiento.
Pese a que el ángel tenía el aspecto físico de un joven de unos veinticinco
años, Noel era unos centímetros más alto que él.
-La Orden no es el Altísimo. No me
vincula nada a los humanos: yo elijo a quiénes ayudo y a quiénes me enfrento.
Han usado mi nombre para su tiranía y manchado el honor de mi raza. He elegido
libremente ayudar a Light en su búsqueda, y si ello conlleva ayudar a sus
amigos, así lo haré.-declaró, su voz serena y firme como hacía tiempo que
Lightning no la escuchaba. Se dio cuenta entonces de lo mucho que había
cambiado Hope en apenas dos meses, y del grado de confianza que había
desarrollado con ella y Serah.
-Vaya, esto sí que es una
sorpresa-dijo una profunda voz femenina desde el piso superior; Lightning y
Hope, sobresaltados, miraron hacia las escaleras, donde una mujer morena de
aproximadamente la edad de Lightning, de revuelto cabello negro y ojos verdes,
les observaba como un felino al acecho. Bajó las escaleras de un salto, con
gran agilidad, y se acercó a ellos con una sonrisa peligrosa dibujada en sus
labios-. Quién hubiera dicho que algún día escucharía semejantes palabras de
boca del mismísimo ángel del Altísimo.
Hope había vuelto a retroceder, esta
vez apresuradamente, y Lightning no se lo podía reprochar. Ella, que conocía de
sobra a aquella mujer, sabía que era lo más inteligente que podía hacer en su
situación.
-Tranquilo-le dijo, acercándose a él y
posando su mano en su hombro brevemente para calmarlo-. Ella es Fang Yun, Hope.
Es la líder de los nuestros.
Hope le lanzó una mirada de reojo que
Lightning hubiera jurado que venía a decir que aquello no era precisamente
tranquilizador, pero enseguida avanzó un paso dubitativo e inclinó la cabeza de
nuevo.
-Es un honor conoceros a ambos,
honorables Eternos.-dijo respetuoso, llevándose una mano al pecho. Lightning
volvió a sorprenderse ante aquella inesperada fórmula de cortesía.
Sin embargo, los más sorprendidos sin
lugar a dudas fueron Noel y Fang. Miraban a Hope como si no terminaran de
creerse lo que veían.
-Ya os dije que la Orden nos ha estado
engañando como ha querido.-dijo Lightning encogiéndose de hombros.
-Eso parece-Noel se rascó la cabeza-.
Lo cual hace que me den más ganas de borrarlos del mapa que antes, si cabe. Lo
que no imaginaba es que lo haríamos con el ángel del Altísimo de nuestro lado.
-Aún tiene que probar que es digno de
nuestra confianza-advirtió Fang, acentuando aquella peligrosa sonrisa suya-. No
hemos sobrevivido tanto tiempo fiándonos del primero que pasaba jurando que
estaba con nosotros. Más de uno ha terminado sus días empalado en mi lanza, y
ése será tu destino a la mínima traición. ¿Me he explicado bien?-le dijo a Hope
con amenazante suavidad. El ángel pareció intimidado –y con razón, pensó
Lightning– al principio, pero enseguida asintió con calma y respondió:
-No tengo motivos para atacar a los
Eternos por más que la Orden haya predicado lo contrario. Y he prometido ayudar
a Light a encontrar lo que busca. Como ángel, mi palabra es pura y veraz, y mis
actos carentes de vileza. Queden mi voluntad y honor supeditados a ellos.
“El Juramento Angélico”, reconoció Lightning en aquellas últimas
palabras. Estaba segura de que Fang y Noel también lo habían reconocido: eran
las palabras con las que el primer ángel que había acudido a luchar contra las
Deidades Gemelas había declarado su lealtad a la alianza formada por lu’Cie,
humanos y fal’Cie. Desde aquel momento, se decía que los ángeles habían usado
aquel mismo juramento para afianzar la verdad en sus palabras y la lealtad a aquellos
ante los que lo pronunciaban. “No
esperaba que lo conociera, si de veras hace sólo 3000 años que fue creado y
sólo sabe lo que a Bhunivelze le da la gana que sepa.”
-Bueno, bueno… Veo que sabes bien
jugar tus cartas, ángel-Fang acentuó su sonrisa y le tendió la mano; Hope
retrocedió instintivamente, pero Lightning le dirigió una mirada
tranquilizadora, y el ángel se calmó y le estrechó la mano, cauteloso-.
Mientras hagas honor a ese juramento, no te haremos ningún daño.
-Os lo agradezco.-murmuró el joven
ángel, estrechando a continuación la mano que le tendía Noel. Lightning
suspiró, aliviada; aquello había ido mejor de lo que esperaba. Las amenazas de
Fang eran perfectamente comprensibles, pero Hope también había sabido actuar en
consecuencia. “¿Ha prestado el juramento
porque sabía que eso ayudaría a que nos fiemos de él, o porque ha considerado
que era lo correcto?”, se preguntó.
Fang dio una palmada, asintiendo
satisfecha, y se irguió cuan alta era. Era todavía más alta que Lightning, una
estatura que impresionaba para tratarse de una mujer.
-¡Bien! Vamos, entonces, a lo que nos
interesa-declaró la joven guerrera, mirando a los tres-. Porque para eso es
para lo que nos pediste que nos reuniéramos hoy, ¿verdad, encanto?
-Sí-asintió Lightning, acercándose a
la barra y desplegando sobre ella su mapa de Nova Chrysalia-. Como ya os
comenté, Hope accedió a ayudarnos en la búsqueda del Corazón. Pero aún se está
recuperando de sus heridas, por lo que no podemos llevarle todavía a lugares
como las Dunas o las Marcas Salvajes.
-No, no parece que tenga el aguante
necesario-comentó Noel tras la barra, examinando el mapa y luego mirando a
Hope. El ángel frunció el ceño ante el comentario, pero no dijo nada-. Pero tú
eres la que más ha investigado sobre el Corazón, Lightning. ¿Por dónde tienes
pensado empezar?
Lightning tardó un poco en responder;
Hope, que podía captar la energía que desprendía su aura, se percató de que la
joven se sentía insegura. Tal vez porque su plan, el cual él ya conocía, no
estaba exento de riesgos.
-Pensé que podríamos empezar por aquí,
en Luxerion. Meternos en la Catedral y sacar toda la información que podamos.
Fang se rascó la barbilla.
-Eso sí que es apuntar alto, ¿eh?
Sabes que yo podría hacerlo sin demasiados riesgos, pero supongo que querrás
entrar tú, y además llevarte al ángel dentro. Lo cual complica las cosas.
-Ya lo sé-Lightning se cruzó de
brazos-. Había pensado que lo más seguro sería encontrar la forma de
camuflarnos lo mejor posible, y que tú nos escoltaras hasta Vanille.
Ante la mención de aquel nombre, Hope
alzó la cabeza, sorprendido.
-¿Vanille?-repitió, frunciendo el
ceño-¿Vanille Dia? ¿La Santa Doncella?
-¿La conoces?-Noel esbozó una
sonrisa-Es una de los nuestros, a su manera. También es una lu’Cie, como
nosotros. Lleva años protegiéndonos de las garras de la Orden todo lo que está
en su mano.
El ángel desvió la mirada,
comprendiendo muchas cosas en aquel momento. Recordó aquel contacto con la
Santa Doncella previamente a descender a Nova Chrysalia. Había transmitido
varios mensajes a Vanille Dia antes que aquél, pero en aquella ocasión había
pedido información sobre la mujer que ahora sabía que era Lightning. Recordó la
reticencia de Vanille a hablarle sobre las hermanas Farron, argumentando que
era información confidencial. “Si la
Santa Doncella sabía quiénes eran Light y Serah y creía que yo iba a ejercer
como el verdugo de Eternos que la Orden predica que soy, es lógico que me
mintiera para protegerlas”, pensó, y dejó escapar un leve suspiro. “Si no hubiera sido por su mentira, tal vez
yo no hubiera decidido descender para averiguar más sobre Light. Y quizá no
hubiera perdido las alas…”
Sacudió la cabeza, tratando de alejar
aquellos pensamientos. Tampoco podía echarle la culpa a la Santa Doncella de su
desgracia. Ella había hecho lo que consideraba que debía hacer para proteger a
los suyos.
-Exacto-Fang clavó sus ojos en Hope,
que volvió a sentirse intimidado por la potencia de aquella fiera mirada-. La
Orden lleva mucho tiempo lavándole el cerebro, pero aun así es nuestro más
importante contacto dentro del mismo corazón del enemigo. Lo que sugerís podría
poner a Vanille en serio peligro. De ti sospechan que eres una lu’Cie como tu
hermana, Lightning, y aunque tu ángel no tenga alas, no se puede decir que pase
por un humano común y corriente.
-Pero Vanille tiene el poder de
comunicarse con los espíritus-replicó Lightning con la misma energía-. Ellos
podrían darnos alguna pista, y sólo Vanille puede orientarnos sobre dónde
deberíamos comenzar a buscar.
Fang arrugó el entrecejo. Hope no
estaba tan acostumbrado a las auras de ella y Noel, pero podía sentir que la
guerrera no estaba nada convencida. Comprendía que la Santa Doncella podía
correr riesgos, pero la necesidad de protección que Fang sentía hacia ella era
muy superior a la que percibía de Lightning y Noel.
-Si me permitís intervenir-terció
Noel, jugueteando distraídamente con un vaso-, estoy de acuerdo con Lightning.
Si empezáramos a buscar por cualquier otra parte estaríamos dando palos de
ciego, hemos registrado toda la ciudad montones de veces y no hemos encontrado
más rastros de magia antigua que en el Arrabal, y ahí no podremos entrar hasta
ya sabéis cuándo. Y rascarnos la tripa hasta entonces tampoco es una solución.
-Además, la Orden no puede hacer daño
a Vanille-adujo Lightning con gravedad, mirando a Fang a los ojos, con firmeza
pero tranquilizadora-. Sabes que no les conviene.
Fang chasqueó la lengua, con desdén, y
apartó la mirada en un arrogante gesto.
-Ya lo creo que no les conviene. Si le
ponen una sola mano encima, me aseguraré de que todos esos cerdos sectarios
terminen ensartados en mi lanza.
“Qué carácter más fuerte”, pensó Hope, impresionado por la
determinación y la fiereza que sentía emanar del aura de Fang. Su entereza y su
fuerza eran abrumadoras. “Mucho más que
el de Light. Ella es más vulnerable de lo que quiere aparentar. Esta mujer
sería capaz de batirse en duelo con el Altísimo por la Santa Doncella.”
-Fang, por favor-insistió Lightning-.
Tú trabajas para la Orden, puedes escoltarnos a la Catedral. Es lo único que
tenemos por ahora. Vanille es la única que puede guiarnos, aunque sea sólo una
pista. Es mucho mejor que no tener nada.
La guerrera se apoyó en la barra,
suspirando pesadamente. Observó el mapa en silencio durante largos momentos.
-Ángel, ¿qué crees que puedes sacar de
todo esto?-le preguntó directamente a Hope-¿Piensas que hablar con Vanille
puede ofrecerte alguna pista?
Hope no supo qué responder, al
principio. En parte porque era consciente de que de su respuesta podía depender
que Fang diera o no su permiso para poner en marcha el plan. Él era un ángel y
no tenía por qué obedecer las órdenes de una humana, en principio. Pero Fang
era una lu’Cie, y además la superior de Lightning, y sabía que ella sí que no
actuaría sin el consentimiento de su líder. Y además, Fang era capaz de
intimidarle de una forma diferente a Lightning.
Buscó la mirada de Lightning, y vio
que su aliada le devolvía una casi suplicante. Sabía lo mucho que ella quería
dar con el Corazón de Bhunivelze, y lo mucho que le hacía sufrir el hecho de no
tener al rey Mikhail a su lado. Aquel pensamiento le inspiró para poder
responder a Fang:
-La Santa Doncella siempre ha sido de
ayuda en todas las ocasiones que he contactado con ella. Confío en que su poder
pueda guiarnos y ofrecer respuesta a nuestras incógnitas. No es la primera vez
que lo ha hecho.
Era una respuesta sincera. Ambigua,
pero sincera. Hope prefería no entrar en detalles, y menos con Lightning
delante. No sabía por qué, pero creía que lo mejor era que no se enterara.
Fang lo escrutó atentamente, como si
lo estuviera evaluando. El ángel se sintió incómodo, pero se mantuvo todo lo
firme y sereno que pudo y lo que su dolorida espalda le permitía; sentía
también la inquietud de Lightning y la expectación –creía que era eso– de Noel.
-Me fastidia admitirlo, ángel, pero
podrías convencer a la Suma Sacerdotisa de que Bhunivelze ama a los lu'Cie tanto que duerme con peluches con Marca si quisieras-dijo al final Fang, socarrona, y sacudió la cabeza-. Muy bien.
Pero más os vale que Vanille no sufra ningún daño con todo esto.
Lightning sonrió, aliviada, y Noel le
levantó un pulgar a Hope riendo entre dientes. El ángel no terminaba de
entender qué significaba aquel gesto, pero supuso que había conseguido lo que
Lightning quería: el apoyo de su líder.
-Gracias, Fang.-Lightning inclinó la
cabeza hacia ella, pero Fang le restó importancia con un gesto.
-A mí no me las des, encanto. Dáselas
a tu ángel, se las ha ganado mucho más que yo.
La joven frunció el ceño, pero terminó
por suspirar y volverse hacia Hope con una media sonrisa dibujada en su
habitualmente serio rostro.
-La verdad es que sí. Gracias a ti
también, Hope.
-No hay de qué.
-Pero no te acostumbres.
Noel se echó a reír con ganas, con un
brillo divertido en sus ojos azules. Fang también sonrió, aunque su sonrisa
era, como siempre, más inquietante que reconfortante.
-Bueno, dejémonos de cháchara-advirtió
la líder de los lu’Cie con una palmada, reclamando la atención de los
presentes-. Si voy a meteros en la Catedral, no quiero ningún fallo. Vamos a
preparar un plan, y quiero que lo sigáis al pie de la letra. ¿Me he explicado
bien?
-Sí, capitana Yun.-respondieron
Lightning y Noel a la vez. Fang dirigió una mirada socarrona a Hope, que había
permanecido en silencio, y ladeó la cabeza sin comprender por qué de repente le
estaban mirando de aquella forma.
-¿Qué ocurre?-preguntó, incómodo.
Lightning y Noel esbozaron idéntica sonrisa divertida, y Fang enarcó las cejas,
mirándolo alternativamente a él y a Lightning.
-Vaya ángel más rebelde que te has
encontrado, encanto-la sonrisa de la guerrera se tornó tan burlona como
peligrosa-. Me gusta tu estilo, ángel. Si mantienes tu palabra, nos vas a ser
de mucha ayuda en nuestro plan.
Hope no pudo evitar preguntarse una
vez más cómo había hecho para meterse en semejante lío. “Voy a meterme en el corazón de la Orden que ha usado mi nombre para justificar
sus fechorías en compañía de Eternos que hasta hace nada querían matarme”,
pensó, rascándose inconscientemente el brazo. “Qué plan más inteligente por mi parte.”
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