jueves, 17 de septiembre de 2015

IX. Aliado

Lightning no conseguía conciliar el sueño aquella noche. No hacía más que dar vueltas en el sofá del salón, incapaz de relajarse y dejar de pensar en todo lo que había sucedido aquel día, y su conversación con Serah.

Lo cierto es que tenía mucho en lo que pensar. Las dos conversaciones que había tenido aquel día habían dado la vuelta a todo lo que había planeado hacer con el ángel. Seguía rabiosa con él, ansiando poder perderlo de vista, pero ahora se daba cuenta de que tal vez, al fin y al cabo, lo necesitara, en contra de sus principios.

Aquello, por supuesto, había hecho que su odio hacia él se disparara. Por eso había preferido dormir aquella noche en el sofá del salón, no en el de su cuarto, después de lo que Serah le había dicho.

Pero la conversación que tenía en mente en concreto era la que había compartido con sus amigos en la taberna aquella tarde.

* * *

-Así que un ángel, ¿eh?-Fang sonreía de forma peligrosa; Lightning conocía aquel gesto, y sabía que implicaba peligro inminente-El ángel del Altísimo, ni más ni menos. Así que resulta que Vanille por poco lo mató de verdad…

Noel, a diferencia de Fang, se había quedado con la boca abierta.

-No me lo puedo creer. ¡Tienes a uno de nuestros mayores enemigos en casa, Lightning! ¿Y le estás dando cobijo voluntariamente?

-Ni en sueños-gruñó ella, de muy mal humor-. Si no lo he matado todavía es porque Serah no me deja. Por lo visto tanto ella como Snow son de la opinión que no tiene la culpa de ser lo que es.

-No lo entiendo-Noel sacudió la cabeza-. ¡Serah tendría que ser la primera que deseara su muerte! Sé que no le gusta matar a nadie, pero de ahí a proteger al ángel del Altísimo…

-Por eso os lo he contado. Tal vez entre todos podamos convencer a Serah para que nos permita matarlo-Lightning los miró casi con fiereza-. No nos traerá más que desgracias, y me niego a que siga interfiriendo en nuestras vidas y en nuestra misión.

Noel hizo ademán de asentir, y Lightning sintió por un momento que la batalla estaba ganada y que por fin ella y sus amigos podrían librarse de la presencia del ángel.

Pero entonces Fang alzó una mano:

-Espera, espera, encanto. Ahora que hablas de nuestra misión… ¿Seguro que has pensado bien en lo que vas a hacer con ese ángel?

Lightning la miró, sin saber a qué se refería.

-¿Qué insinúas?

-Vamos-Fang le dedicó otra de sus peligrosas sonrisas-. Tú deberías de ser la más interesada en mantener al ángel con vida, al menos de momento. No me digas que lo has olvidado ya.

La joven sacudió la cabeza, irritada, pero también desconcertada. ¿Qué era lo que había olvidado?, y ¿para qué necesitaba al ángel vivo?

-Desde luego, parece mentira que no lo recuerdes. Llevas años buscando el Corazón, y te olvidas de la leyenda. ¡Tú, precisamente!

Las palabras de Fang dejaron a Lightning pálida como un muerto. La joven bajó la mirada, sin terminar de creerse que de verdad hubiera pasado por alto aquel detalle.

“¿Cómo he podido ser tan estúpida? Me he dejado llevar tanto por el odio y la rabia que por poco pierdo la única oportunidad que tal vez me quede de dar con lo que estoy buscando…”

-Anda, ¡claro!-Noel dio una palmada, una vez se hubo repuesto de la noticia-¡Yo sí que ni me acordaba de la profecía! A lo mejor incluso es cierta, y mira que yo tenía mis dudas.

Fang acentuó su sonrisa, triunfante al ver a Lightning pálida y atónita. Si había algo capaz de abrirse paso a través de su coraza, era aquello. Sobre todo si de verdad se trataba de algo que la acercara a su meta, quizá su única oportunidad.

Lightning tardó unos instantes en responder, con cautela:

-… No tenemos garantías de que realmente la leyenda sea cierta. Y mucho menos de que ese ángel nos ayude, si sospecha para qué queremos el Corazón.

-Oh, vamos, no te hagas la escéptica ahora-rió Fang, mordaz-. No cuela. La que siempre ha insistido en esa leyenda con fe ciega has sido tú.

-Lo que no quieres es tener que recurrir al ángel.-adujo Noel.

Ciertamente, no, Lightning no quería admitir que sí que necesitaba con vida al ángel del Altísimo. Por un lado estaba dividida entre su deseo de hallar el Corazón, y por otro el orgullo que le impedía pedirle ayuda a aquel ser.

-No podemos confiar en él-repuso la joven, respirando hondo-. También la Orden lleva siglos buscando el Corazón, y él es un siervo de Bhunivelze. Podría traicionarnos a la mínima de cambio y vendernos a su amo.

-¿Tú crees?-Fang se acarició la barbilla-Sin conocerlo no es que pueda opinar mucho, pero por lo que nos has contado, Bhunivelze le arrancó las alas por desobedecerle y lo ha dejado tirado en nuestro mundo.

-Es verdad, no creo que le guarde mucha simpatía-comentó Noel limpiando los vasos con el trapo-. Yo no lo haría, al menos. De hecho, si a mí me hicieran algo parecido, querría devolvérsela de alguna forma.

-Nosotros somos humanos. Él no es más que una carcasa que se limita a cumplir órdenes, por más que le maltraten.

-Sea como sea-interrumpió Fang-, lo cierto es que es lo único que tenemos en mucho tiempo para hacernos con el Corazón. Y dudo que quieras desaprovechar la oportunidad.

Lightning enarcó una ceja.

-¿Y qué sugieres que haga?

-¿Quieres mi opinión? Camélatelo. No me refiero a lo que estás pensando-Fang sonrió maliciosa al captar la mirada asesina de la joven-, sino a que no seamos hostiles con él. Según tú, es como un crío, ¿no? Pues bien, los críos tienden a ser más buenos con los que se portan bien con ellos.

-Además, si le caes bien como dice Serah, no debería costarte mucho que te echara un cable.-añadió Noel sonriéndole alentador.

Lightning gruñó, nada convencida. La hipocresía no era lo suyo, y tener que tragarse su odio hacia el ángel y tratarlo con algo de amabilidad no era algo que le apeteciera hacer. Prefería terminar antes clavándole su espada en el corazón.

Pero sus amigos tenían razón. Si aquel ángel era su única opción para conseguir el Corazón y hacer realidad su destino…

-… Bien-murmuró, de mala gana-. Lo haré.

-Así se habla, encanto-Fang le dio una palmada en el hombro-. Sacrificándote por el Corazón, ¿eh?

-Por el Rey.-corrigió ella, irritada.

-Por el Rey.-concedió su amiga, asintiendo con una feroz sonrisa.

-¡Por el Rey!-añadió Noel levantándole el pulgar. Era una frase que todos habían repetido en todos sus encuentros secretos en la taberna, y aunque en general sólo se usaba como formalidad para dar por finalizada la reunión, en aquella ocasión estaba cargada de mucho más significado.
En especial, para Lightning.

“Por el Rey.”

* * *

Al llegar a casa, Lightning había encontrado a Serah y a Snow esperándola con la cena en la mesa, pero ella no tenía ganas de comer. Les había saludado brevemente y había subido al piso superior; no a su habitación, ocupada por el dormido Hope, sino a la de Serah. Se había tendido en la cama, sintiendo rabia y confusión contra el ángel que dormía a escasos metros de ella.

Serah no había tardado en subir, sin duda preocupada por ella. Pero también mucho más seria de lo normal.

Lightning no tardó en averiguar por qué. Según Serah, su odio y sus sentimientos negativos hacia Hope estaban drenando su energía vital, y que si eso seguía así, terminarían por agotarla por completo. Después de lo que había averiguado aquel día, no podía permitir que el ángel muriera por su culpa. Por mucho que le fastidiara, lo necesitaba vivo.

Empezaba a amanecer y Lightning no había conseguido dormir ni siquiera un poco. Su confusión no se lo permitía, y además no estaba acostumbrada a dormir en el sofá. Suspiró resignada, levantándose y frotándose los cansados ojos. “Está claro que hasta que no solucione esto de una vez no voy a poder descansar tranquila.”

Subió las escaleras al piso de arriba, frunciendo el ceño brevemente al ver la puerta de la habitación de Serah, donde su hermana y Snow dormían juntos. Snow podría ser uno de ellos, pero era muy diferente, y Lightning no creía que fuera digno de Serah. Y llevaba todavía peor que Serah lo hubiera elegido a él antes que a ella.

Sacudió la cabeza para no añadir más leña al fuego de su enojo, y entró a su habitación. Descubrió allí a Hope, como siempre tendido en la cama, pero al contrario de lo habitual en él, no estaba dormido, sino que tenía la cabeza un poco ladeada y observaba la tenue luz del sol que se colaba por las cortinas que cubrían la ventana con los ojos entornados. Tal vez el hecho de que ya no sólo despertara cuando las hermanas lo llamaban significaba que se estaba recuperando, pero lo cierto es que se le veía pálido y ojeroso, y Lightning tuvo que reconocer que realmente parecía estar consumiéndose.

-… ¿Lightning?-murmuró Hope al oírla entrar, girando despacio la cabeza hacia ella. Como siempre que se encontraban a solas, los ojos del ángel adquirían aquel brillo tan extraño. Una mezcla de temor y tal vez interés. Curiosidad, más bien.

Ella arrugó la nariz, mirándolo en silencio. No estaba segura sobre qué decir ni cómo actuar. Hacía unas horas, había estado segura de querer matarlo. Ahora tenía que ganarse su confianza, pero pese a sus dificultades para comprender las emociones humanas, Hope no era tonto, y desconfiaría si de pronto se mostraba amable con él. Y aparte, a ella no se le daba bien ser hipócrita. Ni amable.

Hope no le quitaba ojo de encima, y Lightning se dio cuenta de que estaba comprobando si llevaba algún arma encima. Comprendió que era muy consciente de que ella deseaba acabar con él, y aquello terminó de convencerla para no molestarse en fingir.

-No voy a matarte, por ahora-gruñó la joven acercándose al borde de la cama. Se quedó de pie a su lado, cruzándose de brazos-. A menos que me des más motivos. Deja ya de mirarme así.

Él apartó la vista, pero siguió tenso. Lightning se preguntó si, en el caso de que hubiera ido a matarlo, se hubiera defendido. Aún no tenía fuerzas para levantarse, pero era un ángel después de todo.

-Serah me ha contado lo que te ocurre-prosiguió la joven-. Dice que mis sentimientos negativos hacia ti te están drenando la energía vital. ¿Es cierto eso?

-… Así es-repuso Hope en voz baja-. No es culpa tuya. Soy yo el que los capta, y por lo que os escucho decir, tienes razones para sentirlos.

Lightning contuvo las ganas de darle un puñetazo. No sólo por la rabia que sentía hacia él, sino porque no daba crédito a que se estuviera disculpando porque ella le estaba dejando sin fuerza vital. Pero, por otro lado, sus palabras demostraban que Hope no estaba tan dormido como a veces creían: quizá no supiera la razón concreta, pero sí había captado la idea general, que él era el causante de todas sus desgracias.

-Voy a ser honesta contigo-suspiró la joven, con frialdad-. Tengo motivos para odiarte, y no puedo pretender actuar como si no fuese así. Es inútil intentar hacerte creer lo contrario, porque eres el primero que lo percibe.

Hope no dijo nada. Se limitó a fruncir levemente el ceño, como siempre que Lightning le dirigía duras palabras.

-Pero he estado pensando que tal vez puedas sernos de ayuda. Y por eso he decidido no matarte, si no te muestras hostil con nosotros.

Él la miró durante unos segundos, fijamente. Su expresión apenas había cambiado, pero en sus ojos Lightning podía leer el desconcierto y la curiosidad.

-No voy a haceros daño-dijo Hope con cautela-. Soy un ángel, no puedo mentir. Pero intuyo que esa ayuda de la que hablas no se refiere únicamente a tu hermana y a ti. Quieres algo más de mí y por eso no vas a matarme.

“Condenado ángel”, pensó Lightning, parpadeando brevemente. Hope había llegado al fondo de la cuestión en apenas un instante, lo cual echaba por tierra cualquier intento sutil por ganarse su favor. “Para no entender a los humanos, lo ha captado al vuelo.”

-Sí-se limitó a responder, tratando de no parecer sorprendida-. Pero debes saber que si lo haces, te estarás poniendo en contra de la Orden. Y ellos también buscan lo que nosotros.

Hope ladeó la cabeza, pensativo. La Orden se consideraba la mano del Altísimo en el mundo, y él mismo había hecho llegar mensajes a sus médiums de parte de su amo. No sabía si habiendo recibido un castigo podría volver a desobedecerle.

“Un momento…”, se dijo Hope, sorprendido. “¿De verdad estoy planteándome… volver a desobedecer al Altísimo? ¿Después de lo que me ha supuesto hacerlo una vez?”

Ciertamente, sí. Se lo estaba planteando seriamente. Hope no podía evitar preguntarse por qué. ¿Quizá porque había sido Lightning quien le estaba pidiendo ayuda? Al fin y al cabo, la primera vez que había desobedecido sus órdenes había sido a causa de ella.

Lightning lo observaba fijamente. Hope trató de tomar una decisión, alguna forma de ayudarla sin tener que pagar después un castigo. Algún resquicio en las órdenes que su amo le había impuesto.

Y la encontró.

-No soy siervo de la Orden-respondió el ángel-. No les debo nada. Respecto al Altísimo… Sus órdenes eran con respecto a él. Su única orden fue que no me mezclara con los humanos, y dado que eso fue lo que hice y me condenó a permanecer entre vosotros, no hay nada que me impida ayudarte. Así que, sea lo que sea, lo haré.

Ella entornó los ojos.

-¿Estás completamente seguro? Nosotros no somos como el resto de los humanos. Y no voy a arriesgarme a confiar en ti si no tengo una garantía de que no nos vas a vender a la Orden o a tu amo.

-No puedo mentir-Hope le dirigió una serena mirada-. Pero sí puedo no contar toda la verdad. Eso aplica tanto a vosotros como al Altísimo.

Una vez más, Lightning no pudo sino quedarse brevemente sin palabras ante la brutal honestidad del ángel. Por lo que veía, era un experto en hallar formas de evadir las órdenes impuestas. Tenía su lógica, claro, porque en vistas de lo que le aguardaba si desobedecía, habría aprendido a medir sus palabras.

Y, sin embargo, estaba siendo lo bastante honesto con ella como para revelarle una baza que tenía tanto contra ellos como contra su amo.

“¿Será una prueba de buena fe? ¿Una muestra de que puedo confiar en él?”

Lo cierto era que Hope era un ángel, y Lightning dudaba que fuera lo suficientemente retorcido como para hacerle creer que podía confiar en él y luego darle la puñalada trapera. Para eso se necesitaba un profundo conocimiento de cómo funcionaba la mente humana, y era obvio que Hope carecía de él. Lo que sabía, lo obtenía por deducción gracias a las energías positivas y negativas que captaba a su alrededor.

-Bien-asintió la joven, y le tendió una mano-. Si me das tu palabra, estoy dispuesta a dejar atrás mi anterior intención de acabar con tu vida. Pero debes saber que te odio, Hope, y que eso no va a cambiar aunque seas nuestro aliado.

Hope bajó la mirada, pero volvió a alzarla con seriedad, y estrechó su mano tras un breve instante de duda.

-Podré vivir con ello. El odio controlado no me matará.

Lightning enarcó brevemente las cejas ante sus palabras. ¿Era cosa suya, o por un momento Hope había imprimido un matiz de sarcasmo en su voz? Desde luego, había sonado menos formal que de costumbre.

“De hecho…”, la joven observó la pálida mano que estrechaba la suya, “juraría que no está tan frío como antes.”

Una vez más, la confusión la asaltaba. Lightning soltó la mano de Hope con brusquedad, irritada, y se obligó a recordarse que era un ángel al servicio del Altísimo, un aliado por conveniencia, y que lo odiaba y siempre lo odiaría.

-Lightning-murmuró Hope entonces, y esta vez la joven estuvo segura de que era un deje de tristeza lo que oía en su voz-. Sé que me odias, que desearías verme muerto y por lo que percibo de tu aura, me lo merezco. Pero puedo asegurarte que no os haré daño ni os traicionaré jamás. Me habéis salvado la vida, y estoy y estaré siempre en deuda contigo y con tu hermana.

“Maldito seas”, pensó Lightning, mirándolo tan sorprendida como confusa. Aquello sí que no se lo esperaba, y menos viniendo del ángel de Bhunivelze. ¿Qué estaría tramando? ¿Por qué de pronto le decía algo así, si no era más que una carcasa vacía que sólo obedecía a su amo?

Ante su silencio, Hope alzó la vista hacia ella y la miró a los ojos. Pese a que su expresión permanecía casi marmórea, Lightning apreció en aquellos ojos verdes una chispa que nunca antes había visto. Parecía… diversión. O tal vez sarcasmo. O una mezcla de ambos.

-Sabes que no puedo mentir.-dijo el joven ángel, ladeando la cabeza, con aquella chispa en los ojos que la había dejado sin habla. Sin duda alguna, estaba siendo sarcástico. Como un niño que empezaba a abrirse camino en el mundo de las emociones, sí. Pero una emoción al fin y al cabo.

-También puedes no contar toda la verdad.-replicó ella, alzando una ceja. A lo que Hope respondió imitándola durante una fracción de segundo, tan fugaz que no lo hubiera creído de no ser por su respuesta:

-Depende de ti confiar en tu aliado, Lightning.

Lightning sacudió la cabeza, tratando de reprimir una pequeña sonrisa. Tal vez, después de todo, sí que podría ayudarle en su búsqueda del Corazón sin necesidad de recurrir a trucos sucios.

-Date la vuelta-le dijo, sentándose al borde de la cama; ante la mirada interrogante de Hope, agregó:-. Voy a ver cómo llevas esas heridas.

Hope pareció desconcertado al principio, pero obedeció, dándose la vuelta con dificultad. Estaba claro que aquellas heridas todavía le dolían mucho, y que iban a tardar mucho en sanar.

Sin embargo, cuanto más tiempo tardaran, más tiempo permanecería Hope con ellos, y por tanto tendrían más probabilidades de encontrar lo que buscaba.

Permanecieron en silencio largo rato, mientras Lightning le retiraba al joven ángel los vendajes del día anterior y usaba su magia curativa sobre aquellas horribles heridas todavía sangrantes que marcaban su pálida y huesuda espalda.

-¿Hope?-dijo Lightning al cabo de largos minutos, tras cavilar profundamente.

Él apenas reaccionó:

-¿Sí?

-… Puedes llamarme Light.

Hope giró la cabeza hacia ella, desconcertado.

-¿Q-Qué?-preguntó con cautela, sin comprender, casi con timidez.

Ella le dirigió una media sonrisa llena de sarcasmo.

-¿No se supone que somos aliados? Tú antes me has ofrecido una prueba de buena voluntad. Es justo que yo haga lo mismo. Considéralo una prueba de nuestro pacto. Para que cuando me llames por ese nombre, recuerdes que eres el aliado al que tanto odio.

El joven no dijo nada durante unos instantes, pero finalmente asintió. De espaldas como estaba a ella, Lightning se preguntó si aquel brillo divertido que había visto en sus ojos habría regresado.

-Estamos en paz entonces, Light.  

Sin agregar nada más, Lightning siguió curando las heridas de Hope, en silencio, sin dejar de darle vueltas al inusitado pacto que acababa de sellar con el ángel del Altísimo.

“Ahora somos aliados”, pensó la joven, cerrando los ojos brevemente. “Por el Rey.”

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