Lightning no conseguía conciliar el
sueño aquella noche. No hacía más que dar vueltas en el sofá del salón, incapaz
de relajarse y dejar de pensar en todo lo que había sucedido aquel día, y su
conversación con Serah.
Lo cierto es que tenía mucho en lo que
pensar. Las dos conversaciones que había tenido aquel día habían dado la vuelta
a todo lo que había planeado hacer con el ángel. Seguía rabiosa con él,
ansiando poder perderlo de vista, pero ahora se daba cuenta de que tal vez, al
fin y al cabo, lo necesitara, en contra de sus principios.
Aquello, por supuesto, había hecho que
su odio hacia él se disparara. Por eso había preferido dormir aquella noche en
el sofá del salón, no en el de su cuarto, después de lo que Serah le había
dicho.
Pero la conversación que tenía en mente
en concreto era la que había compartido con sus amigos en la taberna aquella
tarde.
* * *
-Así que un ángel, ¿eh?-Fang sonreía
de forma peligrosa; Lightning conocía aquel gesto, y sabía que implicaba
peligro inminente-El ángel del Altísimo, ni más ni menos. Así que resulta que
Vanille por poco lo mató de verdad…
Noel, a diferencia de Fang, se había
quedado con la boca abierta.
-No me lo puedo creer. ¡Tienes a uno
de nuestros mayores enemigos en casa, Lightning! ¿Y le estás dando cobijo
voluntariamente?
-Ni en sueños-gruñó ella, de muy mal
humor-. Si no lo he matado todavía es porque Serah no me deja. Por lo visto
tanto ella como Snow son de la opinión que no tiene la culpa de ser lo que es.
-No lo entiendo-Noel sacudió la
cabeza-. ¡Serah tendría que ser la primera que deseara su muerte! Sé que no le
gusta matar a nadie, pero de ahí a proteger al ángel del Altísimo…
-Por eso os lo he contado. Tal vez
entre todos podamos convencer a Serah para que nos permita matarlo-Lightning
los miró casi con fiereza-. No nos traerá más que desgracias, y me niego a que
siga interfiriendo en nuestras vidas y en nuestra misión.
Noel hizo ademán de asentir, y
Lightning sintió por un momento que la batalla estaba ganada y que por fin ella
y sus amigos podrían librarse de la presencia del ángel.
Pero entonces Fang alzó una mano:
-Espera, espera, encanto. Ahora que
hablas de nuestra misión… ¿Seguro que has pensado bien en lo que vas a hacer
con ese ángel?
Lightning la miró, sin saber a qué se
refería.
-¿Qué insinúas?
-Vamos-Fang le dedicó otra de sus
peligrosas sonrisas-. Tú deberías de ser la más interesada en mantener al ángel
con vida, al menos de momento. No me digas que lo has olvidado ya.
La joven sacudió la cabeza, irritada,
pero también desconcertada. ¿Qué era lo que había olvidado?, y ¿para qué
necesitaba al ángel vivo?
-Desde luego, parece mentira que no lo
recuerdes. Llevas años buscando el Corazón, y te olvidas de la leyenda. ¡Tú,
precisamente!
Las palabras de Fang dejaron a
Lightning pálida como un muerto. La joven bajó la mirada, sin terminar de
creerse que de verdad hubiera pasado por alto aquel detalle.
“¿Cómo he podido ser tan estúpida? Me he
dejado llevar tanto por el odio y la rabia que por poco pierdo la única
oportunidad que tal vez me quede de dar con lo que estoy buscando…”
-Anda, ¡claro!-Noel dio una palmada,
una vez se hubo repuesto de la noticia-¡Yo sí que ni me acordaba de la profecía!
A lo mejor incluso es cierta, y mira que yo tenía mis dudas.
Fang acentuó su sonrisa, triunfante al
ver a Lightning pálida y atónita. Si había algo capaz de abrirse paso a través
de su coraza, era aquello. Sobre todo si de verdad se trataba de algo que la
acercara a su meta, quizá su única oportunidad.
Lightning tardó unos instantes en
responder, con cautela:
-… No tenemos garantías de que
realmente la leyenda sea cierta. Y mucho menos de que ese ángel nos ayude, si
sospecha para qué queremos el Corazón.
-Oh, vamos, no te hagas la escéptica
ahora-rió Fang, mordaz-. No cuela. La que siempre ha insistido en esa leyenda
con fe ciega has sido tú.
-Lo que no quieres es tener que
recurrir al ángel.-adujo Noel.
Ciertamente, no, Lightning no quería
admitir que sí que necesitaba con vida al ángel del Altísimo. Por un lado
estaba dividida entre su deseo de hallar el Corazón, y por otro el orgullo que
le impedía pedirle ayuda a aquel ser.
-No podemos confiar en él-repuso la
joven, respirando hondo-. También la Orden lleva siglos buscando el Corazón, y
él es un siervo de Bhunivelze. Podría traicionarnos a la mínima de cambio y
vendernos a su amo.
-¿Tú crees?-Fang se acarició la
barbilla-Sin conocerlo no es que pueda opinar mucho, pero por lo que nos has
contado, Bhunivelze le arrancó las alas por desobedecerle y lo ha dejado tirado
en nuestro mundo.
-Es verdad, no creo que le guarde
mucha simpatía-comentó Noel limpiando los vasos con el trapo-. Yo no lo haría,
al menos. De hecho, si a mí me hicieran algo parecido, querría devolvérsela de
alguna forma.
-Nosotros somos humanos. Él no es más
que una carcasa que se limita a cumplir órdenes, por más que le maltraten.
-Sea como sea-interrumpió Fang-, lo
cierto es que es lo único que tenemos en mucho tiempo para hacernos con el
Corazón. Y dudo que quieras desaprovechar la oportunidad.
Lightning enarcó una ceja.
-¿Y qué sugieres que haga?
-¿Quieres mi opinión? Camélatelo. No
me refiero a lo que estás pensando-Fang sonrió maliciosa al captar la mirada
asesina de la joven-, sino a que no seamos hostiles con él. Según tú, es como
un crío, ¿no? Pues bien, los críos tienden a ser más buenos con los que se portan
bien con ellos.
-Además, si le caes bien como dice
Serah, no debería costarte mucho que te echara un cable.-añadió Noel
sonriéndole alentador.
Lightning gruñó, nada convencida. La
hipocresía no era lo suyo, y tener que tragarse su odio hacia el ángel y tratarlo
con algo de amabilidad no era algo que le apeteciera hacer. Prefería terminar
antes clavándole su espada en el corazón.
Pero sus amigos tenían razón. Si aquel
ángel era su única opción para conseguir el Corazón y hacer realidad su
destino…
-… Bien-murmuró, de mala gana-. Lo
haré.
-Así se habla, encanto-Fang le dio una
palmada en el hombro-. Sacrificándote por el Corazón, ¿eh?
-Por el Rey.-corrigió ella, irritada.
-Por el Rey.-concedió su amiga,
asintiendo con una feroz sonrisa.
-¡Por el Rey!-añadió Noel levantándole
el pulgar. Era una frase que todos habían repetido en todos sus encuentros
secretos en la taberna, y aunque en general sólo se usaba como formalidad para
dar por finalizada la reunión, en aquella ocasión estaba cargada de mucho más
significado.
En especial, para Lightning.
“Por el Rey.”
* * *
Al llegar a casa, Lightning había
encontrado a Serah y a Snow esperándola con la cena en la mesa, pero ella no
tenía ganas de comer. Les había saludado brevemente y había subido al piso
superior; no a su habitación, ocupada por el dormido Hope, sino a la de Serah.
Se había tendido en la cama, sintiendo rabia y confusión contra el ángel que
dormía a escasos metros de ella.
Serah no había tardado en subir, sin
duda preocupada por ella. Pero también mucho más seria de lo normal.
Lightning no tardó en averiguar por
qué. Según Serah, su odio y sus sentimientos negativos hacia Hope estaban
drenando su energía vital, y que si eso seguía así, terminarían por agotarla
por completo. Después de lo que había averiguado aquel día, no podía permitir
que el ángel muriera por su culpa. Por mucho que le fastidiara, lo necesitaba
vivo.
Empezaba a amanecer y Lightning no
había conseguido dormir ni siquiera un poco. Su confusión no se lo permitía, y
además no estaba acostumbrada a dormir en el sofá. Suspiró resignada,
levantándose y frotándose los cansados ojos. “Está claro que hasta que no solucione esto de
una vez no voy a poder descansar tranquila.”
Subió las escaleras al piso de arriba,
frunciendo el ceño brevemente al ver la puerta de la habitación de Serah, donde
su hermana y Snow dormían juntos. Snow podría ser uno de ellos, pero era muy
diferente, y Lightning no creía que fuera digno de Serah. Y llevaba todavía
peor que Serah lo hubiera elegido a él antes que a ella.
Sacudió la cabeza para no añadir más
leña al fuego de su enojo, y entró a su habitación. Descubrió allí a Hope, como
siempre tendido en la cama, pero al contrario de lo habitual en él, no estaba
dormido, sino que tenía la cabeza un poco ladeada y observaba la tenue luz del
sol que se colaba por las cortinas que cubrían la ventana con los ojos
entornados. Tal vez el hecho de que ya no sólo despertara cuando las hermanas
lo llamaban significaba que se estaba recuperando, pero lo cierto es que se le
veía pálido y ojeroso, y Lightning tuvo que reconocer que realmente parecía
estar consumiéndose.
-… ¿Lightning?-murmuró Hope al oírla
entrar, girando despacio la cabeza hacia ella. Como siempre que se encontraban
a solas, los ojos del ángel adquirían aquel brillo tan extraño. Una mezcla de
temor y tal vez interés. Curiosidad, más bien.
Ella arrugó la nariz, mirándolo en
silencio. No estaba segura sobre qué decir ni cómo actuar. Hacía unas horas,
había estado segura de querer matarlo. Ahora tenía que ganarse su confianza,
pero pese a sus dificultades para comprender las emociones humanas, Hope no era
tonto, y desconfiaría si de pronto se mostraba amable con él. Y aparte, a ella
no se le daba bien ser hipócrita. Ni amable.
Hope no le quitaba ojo de encima, y
Lightning se dio cuenta de que estaba comprobando si llevaba algún arma encima.
Comprendió que era muy consciente de que ella deseaba acabar con él, y aquello
terminó de convencerla para no molestarse en fingir.
-No voy a matarte, por ahora-gruñó la
joven acercándose al borde de la cama. Se quedó de pie a su lado, cruzándose de
brazos-. A menos que me des más motivos. Deja ya de mirarme así.
Él apartó la vista, pero siguió tenso.
Lightning se preguntó si, en el caso de que hubiera ido a matarlo, se hubiera
defendido. Aún no tenía fuerzas para levantarse, pero era un ángel después de
todo.
-Serah me ha contado lo que te
ocurre-prosiguió la joven-. Dice que mis sentimientos negativos hacia ti te
están drenando la energía vital. ¿Es cierto eso?
-… Así es-repuso Hope en voz baja-. No
es culpa tuya. Soy yo el que los capta, y por lo que os escucho decir, tienes
razones para sentirlos.
Lightning contuvo las ganas de darle
un puñetazo. No sólo por la rabia que sentía hacia él, sino porque no daba
crédito a que se estuviera disculpando
porque ella le estaba dejando sin fuerza vital. Pero, por otro lado, sus
palabras demostraban que Hope no estaba tan dormido como a veces creían: quizá
no supiera la razón concreta, pero sí había captado la idea general, que él era
el causante de todas sus desgracias.
-Voy a ser honesta contigo-suspiró la
joven, con frialdad-. Tengo motivos para odiarte, y no puedo pretender actuar
como si no fuese así. Es inútil intentar hacerte creer lo contrario, porque
eres el primero que lo percibe.
Hope no dijo nada. Se limitó a fruncir
levemente el ceño, como siempre que Lightning le dirigía duras palabras.
-Pero he estado pensando que tal vez
puedas sernos de ayuda. Y por eso he decidido no matarte, si no te muestras
hostil con nosotros.
Él la miró durante unos segundos,
fijamente. Su expresión apenas había cambiado, pero en sus ojos Lightning podía
leer el desconcierto y la curiosidad.
-No voy a haceros daño-dijo Hope con
cautela-. Soy un ángel, no puedo mentir. Pero intuyo que esa ayuda de la que
hablas no se refiere únicamente a tu hermana y a ti. Quieres algo más de mí y
por eso no vas a matarme.
“Condenado ángel”, pensó Lightning, parpadeando brevemente.
Hope había llegado al fondo de la cuestión en apenas un instante, lo cual
echaba por tierra cualquier intento sutil por ganarse su favor. “Para no entender a los humanos, lo ha
captado al vuelo.”
-Sí-se limitó a responder, tratando de
no parecer sorprendida-. Pero debes saber que si lo haces, te estarás poniendo
en contra de la Orden. Y ellos también buscan lo que nosotros.
Hope ladeó la cabeza, pensativo. La
Orden se consideraba la mano del Altísimo en el mundo, y él mismo había hecho
llegar mensajes a sus médiums de parte de su amo. No sabía si habiendo recibido
un castigo podría volver a desobedecerle.
“Un momento…”, se dijo Hope, sorprendido. “¿De verdad estoy planteándome… volver a
desobedecer al Altísimo? ¿Después de lo que me ha supuesto hacerlo una vez?”
Ciertamente, sí. Se lo estaba
planteando seriamente. Hope no podía evitar preguntarse por qué. ¿Quizá porque
había sido Lightning quien le estaba pidiendo ayuda? Al fin y al cabo, la
primera vez que había desobedecido sus órdenes había sido a causa de ella.
Lightning lo observaba fijamente. Hope
trató de tomar una decisión, alguna forma de ayudarla sin tener que pagar
después un castigo. Algún resquicio en las órdenes que su amo le había
impuesto.
Y la encontró.
-No soy siervo de la Orden-respondió
el ángel-. No les debo nada. Respecto al Altísimo… Sus órdenes eran con
respecto a él. Su única orden fue que no me mezclara con los humanos, y dado
que eso fue lo que hice y me condenó a permanecer entre vosotros, no hay nada
que me impida ayudarte. Así que, sea lo que sea, lo haré.
Ella entornó los ojos.
-¿Estás completamente seguro? Nosotros
no somos como el resto de los humanos. Y no voy a arriesgarme a confiar en ti
si no tengo una garantía de que no nos vas a vender a la Orden o a tu amo.
-No puedo mentir-Hope le dirigió una
serena mirada-. Pero sí puedo no contar toda la verdad. Eso aplica tanto a
vosotros como al Altísimo.
Una vez más, Lightning no pudo sino
quedarse brevemente sin palabras ante la brutal honestidad del ángel. Por lo
que veía, era un experto en hallar formas de evadir las órdenes impuestas.
Tenía su lógica, claro, porque en vistas de lo que le aguardaba si desobedecía,
habría aprendido a medir sus palabras.
Y, sin embargo, estaba siendo lo bastante
honesto con ella como para revelarle una baza que tenía tanto contra ellos como
contra su amo.
“¿Será una prueba de buena fe? ¿Una muestra de
que puedo confiar en él?”
Lo cierto era que Hope era un ángel, y
Lightning dudaba que fuera lo suficientemente retorcido como para hacerle creer
que podía confiar en él y luego darle la puñalada trapera. Para eso se
necesitaba un profundo conocimiento de cómo funcionaba la mente humana, y era
obvio que Hope carecía de él. Lo que sabía, lo obtenía por deducción gracias a
las energías positivas y negativas que captaba a su alrededor.
-Bien-asintió la joven, y le tendió
una mano-. Si me das tu palabra, estoy dispuesta a dejar atrás mi anterior
intención de acabar con tu vida. Pero debes saber que te odio, Hope, y que eso
no va a cambiar aunque seas nuestro aliado.
Hope bajó la mirada, pero volvió a
alzarla con seriedad, y estrechó su mano tras un breve instante de duda.
-Podré vivir con ello. El odio
controlado no me matará.
Lightning enarcó brevemente las cejas
ante sus palabras. ¿Era cosa suya, o por un momento Hope había imprimido un
matiz de sarcasmo en su voz? Desde luego, había sonado menos formal que de
costumbre.
“De hecho…”,
la joven observó la pálida mano que estrechaba la suya, “juraría que no está tan frío como antes.”
Una vez más, la confusión la asaltaba.
Lightning soltó la mano de Hope con brusquedad, irritada, y se obligó a
recordarse que era un ángel al servicio del Altísimo, un aliado por
conveniencia, y que lo odiaba y siempre lo odiaría.
-Lightning-murmuró Hope entonces, y
esta vez la joven estuvo segura de que era un deje de tristeza lo que oía en su
voz-. Sé que me odias, que desearías verme muerto y por lo que percibo de tu
aura, me lo merezco. Pero puedo asegurarte que no os haré daño ni os traicionaré
jamás. Me habéis salvado la vida, y estoy y estaré siempre en deuda contigo y
con tu hermana.
Ante su silencio, Hope alzó la vista
hacia ella y la miró a los ojos. Pese a que su expresión permanecía casi
marmórea, Lightning apreció en aquellos ojos verdes una chispa que nunca antes
había visto. Parecía… diversión. O tal vez sarcasmo. O una mezcla de ambos.
-Sabes que no puedo mentir.-dijo el
joven ángel, ladeando la cabeza, con aquella chispa en los ojos que la había
dejado sin habla. Sin duda alguna, estaba siendo sarcástico. Como un niño que
empezaba a abrirse camino en el mundo de las emociones, sí. Pero una emoción al
fin y al cabo.
-También puedes no contar toda la
verdad.-replicó ella, alzando una ceja. A lo que Hope respondió imitándola
durante una fracción de segundo, tan fugaz que no lo hubiera creído de no ser
por su respuesta:
-Depende de ti confiar en tu aliado,
Lightning.
Lightning sacudió la cabeza, tratando
de reprimir una pequeña sonrisa. Tal vez, después de todo, sí que podría
ayudarle en su búsqueda del Corazón sin necesidad de recurrir a trucos sucios.
-Date la vuelta-le dijo, sentándose al
borde de la cama; ante la mirada interrogante de Hope, agregó:-. Voy a ver cómo
llevas esas heridas.
Hope pareció desconcertado al
principio, pero obedeció, dándose la vuelta con dificultad. Estaba claro que
aquellas heridas todavía le dolían mucho, y que iban a tardar mucho en sanar.
Sin embargo, cuanto más tiempo
tardaran, más tiempo permanecería Hope con ellos, y por tanto tendrían más
probabilidades de encontrar lo que buscaba.
Permanecieron en silencio largo rato,
mientras Lightning le retiraba al joven ángel los vendajes del día anterior y
usaba su magia curativa sobre aquellas horribles heridas todavía sangrantes que
marcaban su pálida y huesuda espalda.
Él apenas reaccionó:
-¿Sí?
-… Puedes llamarme Light.
Hope giró la cabeza hacia ella,
desconcertado.
-¿Q-Qué?-preguntó con cautela, sin comprender,
casi con timidez.
Ella le dirigió una media sonrisa
llena de sarcasmo.
-¿No se supone que somos aliados? Tú
antes me has ofrecido una prueba de buena voluntad. Es justo que yo haga lo
mismo. Considéralo una prueba de nuestro pacto. Para que cuando me llames por
ese nombre, recuerdes que eres el aliado al que tanto odio.
El joven no dijo nada durante unos
instantes, pero finalmente asintió. De espaldas como estaba a ella, Lightning
se preguntó si aquel brillo divertido que había visto en sus ojos habría
regresado.
-Estamos en paz entonces, Light.
Sin agregar nada más, Lightning siguió
curando las heridas de Hope, en silencio, sin dejar de darle vueltas al
inusitado pacto que acababa de sellar con el ángel del Altísimo.
“Ahora somos aliados”, pensó la joven, cerrando los ojos
brevemente. “Por el Rey.”
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